Notas de inicio:

Mientras escribía el inicio de esto le pedí ayuda a Eligos (mi demonio/secretario/ayudante) y Oh God, mala idea, muy mala idea~

Este capítulo va con dedicación especial para una personita y es ¡Neki-Sempai!

"Gracias, en serio gracias por construir palacios en el aire conmigo"

One, Two, Three ¡Go!

~*~ El Rey de Piedra ~*~

Cuando Alfred despertó estaba medio recargado en el sofá, justo en donde se había quedado la noche anterior, su cabeza retumbó y dio vueltas cuando trató de enfocarse, el piso frente a él era una explosión de cartas de póker que no hicieron nada más que aumentar su mareo.

Vagamente recordaba algunos pedazos del hechizo de la noche anterior, pero cuando recordó lo más importante se trató de incorporar conteniendo las náuseas del movimiento brusco, el cuerpo se le sentía entumido y cansado, la magia de la noche anterior ya no vibraba en sus sentidos. Se sentía débil, desprotegido y quizás más vulnerable que nunca.

En lugar de buscar su reloj entre el desastre del suelo, que era su primera idea, camino con torpeza hasta el cuarto de Arthur con la intención de pedirle ayuda, de alertarlo de su estado o incluso protegerlo de la misma magia que él había invocado en la sala.

La puerta estaba entreabierta y Alfred no dudo en entrar, Arthur dormía tan profundamente que Alfred no quiso perturbarlo, de alguna forma, la simple visión del otro fue suficiente como para sentirse a salvo.

Alfred se acercó a la cama y se sentó en el suelo junto en el borde, para poder contemplar al otro lo más cerca posible sin despertarlo, al final el sueño volvió a vencerlo en algún punto pues no volvió a saber de nada hasta que Arthur lo llamó con una voz suave, como si temiera despertarlo.

—Alfred ¿Te sientes bien? — Alcanzó a escuchar que Arthur le preguntaba bajito, lleno de una genuina preocupación.

—Las pesadillas, también las tengo…— Susurró con debilidad, sintiendo que su cuerpo se aflojaba después de cada esfuerzo.

—Estas ardiendo en fiebre…— Determinó Arthur después de notar el sudor y los temblores del cuerpo de Alfred.

—Recuperé el reloj, mi reloj— Contó Alfred con la voz entre cortada porque estaba tiritando, su voz era más que un susurro disperso.

—Sí, lo sé, es importante recuperarlo, pero no lo harás en ese estado, vamos, voy a subirte a la cama— Alfred sintió el vértigo invadirlo cuando todo a su alrededor se movió y el piso se inclinó, Arthur lo impulso con dificultad a la cama y Alfred sintió que todo su cuerpo se hundía en el colchón. Oh por el reloj, fue como sumergirse en el agua sin posibilidades de flotar. —Iré por algo húmedo para bajarte la fiebre— Murmuró Arthur desapareciendo de su distorsionado campo de visión y Alfred no supo más, todo se volvió un tubo negro que lo devoró de un momento a otro.

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Arthur tuvo que debatirse entre llamar a un médico o a Yao, al final llamó al segundo, cuando la Sota Real llegó, Arthur lo guio sin demoras a su habitación, el chico reviso a su Rey con un aplomo que no coincidía con el rostro del universitario que Arthur tenía delante.

—Parece que lo envenenaron…— Informó el chico después de un rato revisando los ojos y los labios de Alfred, tocándolo con unos guantes blancos de látex todo el tiempo. —No sé qué tipo de veneno usaron, pero si fuera letal ya lo habría matado— Arthur paso saliva y se sintió intimidado por la mirada acusatoria del otro.

—Estaba en la sala, no creo que saliera a ningún lado en la noche…— Arthur salió del cuarto y reparó mejor en el desastre de cartas de la sala, se acercó primero al sofá a investigar, ahí era donde había dejado a Alfred la noche anterior. Fue ahí donde lo vio, el reloj del museo estaba tirado entre un montón de cartas.

—No lo toques con las manos— Le recomendó Yao que lo había seguido de cerca. Arthur lo dejó adelantarse y observar mejor el reloj que yacía en el piso de su sala. —Puede ser una maldición, quizás usaron el reloj como cebo…— Yao olfateó el aire, sacó un pañuelo de su chaqueta, pese a tener los guantes puestos tomó el reloj con el pañuelo y lo envolvió en la tela. —Debo tener mi equipo, podría examinarlo de cerca con el microscopio, pero tampoco quiero dejar al Rey solo por si su estado empeora…— Arthur asintió de acuerdo con lo último, Alfred se notaba mal y él no tenía idea de cómo ayudarlo.

—¿Cómo es que pudo ir hasta el museo y regresar con el reloj en una sola noche? — Indagó Arthur de pronto cayendo en cuenta.

—No lo hiso, abrió un portal mágico… Es el primer Rey de Spades en la historia en usar su poder sin tener el reloj para canalizarlo… Quizás por eso el portal se cerró y causo el desastre de cartas— Arthur no se imaginaba como aquello podría ser posible, ni siquiera terminaba de aceptar que Alfred se había transformado de una roca solida a un humano en la cima de la montaña como para aceptar que más magia siguiera ocurriendo.

—Hay algo escrito en esa carta— Señaló Arthur cuando la tinta negra le llamó la atención, se notaba fresca.

—No fue el reloj entonces— Murmuró Yao arrugando la nariz ante la pestilencia que le llegó cuando se acercó a la carta del Rey. —Sangre de cuervo y quizás alguna toxina proveniente de las ranas… Potenciado con algún hechizo oscuro— Comentó Yao con suavidad, aquello era una magia elaborada y cuidadosamente dirigida a una persona en especial, lo podía notar por el mensaje y la carta elegida. —Aun esta fresca, necesito un frasco y unas pinzas de cocina si tienes…—

Arthur se movió a los cajones de su cocina y revolvió todo en busca de los pedidos de Yao, no sabía de qué iba todo aquello, pero tampoco tenía la intensión de cuestionar al chico que era experto en la materia de ciencias y en la magia de Alfred.

Después de proporcionarle lo requerido a la Sota Real, Arthur volvió junto a Alfred con la ligera paranoia de que si lo dejaban mucho tiempo solo su estado iba a empeorar o iba a recibir otro ataque.

Alfred lucía atormentado en su sueño, Arthur se acercó a cambiar el paño húmedo de la frente de Alfred por uno más fresco, los rasgos del Rey se contorsionaron en malestar y Arthur deseo poder hacer más.

—Yao ya está investigando y al parecer recuperaste el reloj… No te preocupes, ahora solo concéntrate en recuperarte…— Habló despacio y cerca de Alfred, el Rey se estremeció una segunda vez, pero pareció relajarse un poco después de que la frescura del paño tocara su piel febril.

—Debo ir al laboratorio y con suerte encontrar un contra hechizo…— Murmuró Yao asomándose a la habitación, Arthur asintió. —Me llevaré el reloj, veré si puedo darle mantenimiento para que vuelva a funcionar…— Aunque aquello último le parecía casi imposible a Yao, la magia del reloj era más antigua que cualquier ser viviente en la tierra.

—De acuerdo, volveré a llamarte si pasa algo, cuidaré de Alfred lo mejor que pueda— Yao asintió, dio una reverencia a su Rey y se retiró a tratar de solucionar eso.

Habían pasado casi trecientos años de espera, no iba a perder a su Rey justo en ese momento en el que lo había recuperado.

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La pesadilla iniciaba en Picas, en aquella sala de reuniones en la que había pasado la mayor parte de su niñez y juventud, la reunión era con sus principales consejeros del Reino, así como otros aristócratas influyentes de la sociedad.

Su sirvienta le servía té despacio, un té que no dejaba de derramarse sobre la taza creando un sonido de agua fluyendo que llenaba el silencio de la sala. Los asuntos que se trataban ahí eran secretos del Reino y por ello nadie hablaba mientras se les servía el té. Una vez que los sirvientes se retirasen iban a retomar la exposición de los casos del Reino.

Fue entonces que Alfred sintió que aquel té se había derramado en la taza por demasiado tiempo, observo a la sirvienta, de alguna forma sin poder retener su rostro, después bajo su mirada a la taza, el líquido había pasado de los bordes y estaba derramándose por toda la mesa, justo cuando iba a llamarle la atención a su sirvienta ella se le adelanto.

El té esta envenenado, Majestad— Le susurro la chica con la voz de su Sota real, el Rey sintió un frío helarle la sangre, volvió la mirada al frente, temiendo que alguien hubiese escuchado el aviso de su sirvienta. Los presentes también tenían sus tazas de té y en todas se derraba aquel líquido sin detenerse, alcanzando todo a su paso.

Alfred quiso levantarse de la silla para evitar mojarse con aquel liquido venenoso, pero descubrió que no podía hacerlo, se había vuelto de piedra mientras todo se inundaba a su alrededor.

No. No de nuevo.

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Yao se volvió a recolocar los lentes que se deslizaban por el puente de su nariz y le daban otro enfoque ante sus investigaciones.

Después de un chequeo al reloj había descubierto solo escasas huellas del veneno que abundaba en la carta, su Rey debió haber tocado primero la carta y después el reloj, lejos de eso la composición del veneno era difícil, claramente tenía magia, lo que hacía su investigación confusa.

Llevaba casi una hora de investigación y aunque había probado con algunos contravenenos normales ante las toxinas conocidas no hacían ningún efecto pues la magia alteraba las toxinas y las potenciaba.

Necesitaba magia para combatir magia. El problema es que Yao solo era poco más que un humano común y corriente. La magia se había congelado y suspendido junto con su Rey trecientos años atrás.

Lo recordaba bien, Picas había perecido entre el hambre y la escases, las enfermedades habían brotado como mala hierba y después de perder a más de la mitad de su población fue que Tréboles, Diamantes y Corazones habían intervenido.

Cuando aquellos Reinos habían comprendido que Picas ya no se regía por la magia del gran reloj fue que se disputaron las tierras como si jugasen al monopoly, el vencedor había sido Tréboles, Picas se tapizo de ondeantes banderas verdes y bronces, pero fue lo único que hizo el Rey Iván por ellos, mandar una tonelada de banderas para reclamar las tierras. Jamás enviaron comida o medicinas y entonces ocurrió la gran rebelión.

Muchos se refugiaron en Diamantes y Corazones, otros permanecieron en las tierras de Picas y forjaron sus propias reglas, en aquel tiempo Yao no sabía cómo llamarlo, en la actualidad se conocía como Republica. Picas repudió las monarquías tiránicas y en cambio adoptaron un tipo de gobierno más justo. Las conexiones con los refugiados en Hearts y Diamonds les permitieron comerciar con aquellos Reinos de una manera más efectiva de lo esperado.

Picas había renacido como una Republica libre y autosuficiente que ya no necesitaba de la magia para sobrevivir.

Cuando Tréboles quiso reclamar su lugar en aquella sociedad se enfrentó a un País fuerte que lo derroco en largos años de guerras. Con Tréboles y Picas fuera, el equilibrio de los cuatro Reinos se rompió de una forma tan profunda que no podía ser recuperable.

Poco a poco, las cuidades evolucionadas en tecnología fueron absorbiendo a los dos Reinos anticuados, la magia se fue perdiendo tan lentamente que nadie lo notó, porque por supuesto, tenían tecnología, ciencia y razonamientos para remplazarla.

La Sota Real suspiro frustrado, si tan solo tuviese una chispa de magia.

—Lo tienes en tus manos— La voz pronunció antes de dar rostro al ser que lo dijo, Yao se asustó y cayó de espaldas de su silla al tratar de levantarse y huir. Era Peter, uno de los Jokers, estaba sentado en su mesa de trabajo, parecía intangible ya que no había roto nada cercano cuando se sentó deliberadamente en el borde de la mesa con las piernas cruzadas. —Quizás es ahora el único objeto en la tierra que aún posee una chispa de magia… tic tac, dile al Rey que se le acaba el tiempo— Y después de aquello Peter se desvaneció tal y como había aparecido, dejando a Yao con el corazón agitado y más preguntas que resoluciones.

Pero en algo había tenido razón Peter, no había tiempo y el reloj era posiblemente el único objeto mágico que Yao tenía a su alcance.

Se levantó de donde había caído, se volvió a colocar los lentes y tomo el reloj. Eligió una de las argollas de la cadena que colgaba del reloj, extrajo el metal con cuidado de no dañar más el estado de aquel reloj, en cuanto sumergió la argolla en uno de los antídotos que había compuesto, la magia hizo efecto al instante, haciendo burbujear el tubo de ensayo como si la cosa estuviera hirviendo, colocó una gota del brebaje sobre la carta envenenada y el veneno se diluyo al instante.

En todos aquellos años, Yao había olvidado lo fácil que era hacer magia, lo fácil que la magia del tiempo respondía ante el llamado de alguien de Picas, todo era tan simple como pensarlo, aisló el antídoto y llamó a Arthur para darle las buenas noticias, sin embargo, después de colgar tuvo un mal presentimiento, los Jokers habían intervenido, y seguramente iban a pedir algo a cambio, algo que no sabía si podrían pagar.

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Alfred despertó agitado y sudoroso, en medio de un jadeo ronco, Arthur llegó a su lado en los pocos segundos en los que le tomó cobrar consciencia del lugar y el espacio en donde estaban, las manos le temblaban y las náuseas empeoraban a medida que trataba de mantenerse sentado en la cama.

—Has estado teniendo pesadillas…— Le informó Arthur con suavidad, Alfred se dejó volver a recostar en la cama cuando Arthur lo guio despacio. —Yao dice que era veneno lo que había en la carta del Rey, llamó hace poco, pronto va a llegar aquí con el contraveneno— Alfred asintió casi de forma robótica a la información. —¿Cómo te sientes ahora? — Alfred negó en silencio, no confiaba en su garganta para poder sacar las palabras sin lastimarse así que se conformó con aquellas vagas respuestas. —De acuerdo, trata de descansar un poco, te despertaré en cuanto Yao llegue— Y pareció ser una orden porque su mente se volvió a sumergir casi de inmediato en la inconciencia.

Cuando Yao llegó con el contraveneno el sol ya casi se ponía en el horizonte, la poca luz alargaba las sombras de la habitación de una forma siniestra. Arthur estaba más nervioso que nunca porque Alfred no mejoraba y tener que pasar el día entero observándolo perecer era de alguna forma difícil de manejar.

De pronto el Rey deliraba por la fiebre y decía algunas cosas al azar, a veces se quedaba tan quieto que Arthur tenía que acercarse a confirmar que aun respiraba.

—Dime que tienes algo útil…— Mencionó Arthur ansioso en cuanto le abrió la puerta a Yao, el chico asintió con gravedad y se encaminó a la habitación con paso rápido.

Se le estaba acabando el tiempo al Rey, eso había dicho Peter, pero Yao compraría todo el tiempo que fuera posible a cualquier costo con tal de ver levantarse el imperio de Picas una vez más.

Arthur ayudó a mover al Rey para darle el antídoto, cuando Yao vació el contenido en la boca de Alfred pareció ahogarse un poco antes de por fin pasarlo, esperaron unos minutos y el efecto fue lento, pero poco a poco Alfred dejo de temblar y su piel dejo de arder, Arthur sintió el alma volverle al cuerpo cuando Alfred abrió los ojos y se enfocó lo suficiente.

—Ya sé cómo recuperar el Reino— Susurró Alfred en cuanto despertó por completo, Yao asintió entregándole su reloj al Rey, limpio de cualquier toxina y suciedad.

—Los Jokers aparecieron, dijeron que se le acaba el tiempo, Majestad— Informó la Sota con el tono solemne, sabiendo que cualquier movimiento que el Rey decidiera él iba a seguirlo, aquel había sido su juramento.

—Lo sé, tuve un sueño con ellos…— Susurró Alfred con cierta dificultad, Yao lo observó preocupado pero el Rey no dijo más, en cambio miró a Arthur de reojo, el británico se movió incomodo una vez que notó ambas miradas sobre él.

—De acuerdo, supongo que es algo que no debo escuchar…— Arthur se puso de pie y aun así no se pudo obligar a salir de la habitación hasta que Alfred se lo confirmó con palabras.

—Solo será un momento… Ya te he arrastrado lo suficiente en esto, Arthur, y no deseo ponerte en peligro más de lo que ya lo he hecho…— Explicó el Rey con el mayor tacto que pudo, Arthur extrañamente se sintió herido y excluido, pero salió de la habitación con una dignidad envidiable, sin mirar atrás o argumentar algo en contra.

—¿Majestad? — Preguntó Yao de forma sutil cuando el silencio se extendió lo suficiente para ser preocupante.

—Encontré a la Reina de Picas…— Respondió en cambio a su Sota con cierto dolor en el pecho, porque había encontrado en sus sueños mucho más que respuestas, había encontrado verdades.

—Eso es… ¡Lo que los Jokers pidieron desde el inicio! ¡Alabado sea el reloj, estamos salvados! — Yao se animó rápidamente en comparación con el abatimiento de Alfred.

El Rey quiso decirle que no era tan simple, que las mismas decisiones erróneas que tomo en el pasado estaban por ocurrir también en el presente, en cambio solo sonrió con debilidad sabiendo otra cosa con claridad.

La magia no era eterna y si se quedaba demasiado tiempo ahí posiblemente iba a terminar desapareciendo como cualquier rastro de magia que desapareció en la historia.

—Podremos volver a nuestro hogar— Murmuró la Sota bastante alegre.

Hogar. Era una palabra tan simple y compleja a la vez, él jamás había tenido algo siquiera parecido a aquello desde que su padre había muerto. Ah, su padre, si tan solo estuviera vivo para guiar a Alfred una vez más.

Alfred suspiró resignado antes de tomar su reloj y delinear las figuras talladas alrededor. Un regalo de un amor tan devoto de una Reyna a su Rey, Alfred se preguntaba si alguna vez tendría aquello.

Lo único que sabía con seguridad era que si tenía que forzar a la persona para ello entonces jamás obtendría el amor del que las leyendas de su tierra hablaban.

—¿Y? ¿A dónde debemos ir para encontrar a la Reina de Picas? — Preguntó Yao sacando al Rey de sus pensamientos.

—Oh, eso es lo complicado y me temo que en este asunto necesitaremos algo mucho más efectivo que la magia… Que el Rey de Hearts nos ampare~—