IV. La linterna mágica
La unicornio se adentró al bosque sin importarle a donde pudiera llegar. La decepción que le causaba al pensar que estaba cercas de lograrlo, y que ella misma lo había estropeado todo, la hacían sentir inútil.
Cuando aquella poni le dijo que había creído que era interesante, se produjo una especie de ilusión en ella; pero cuando la rechazó, llegó a pensar que ni ella misma podría cambiar lo que ya estaba hecho. Nadie iba a considerarla su amiga si seguía siendo de esa forma, no obstante, su corazón sabía que algo no estaba bien; pues la extraordinaria personalidad de Izzy era algo realmente inusual; por eso su corazón suplicaba por que comprendieran la parte más hermosa y sincera de su ser, pero desafortunadamente lo único que querían, era que llevara ese gran ingenio a un lugar donde nadie pudiera verlo jamás, y que fingiera ser otro poni; como si eso fuera lo más normal del mundo. La verdad, es que Izzy nunca iba encontrar aquel disfraz, aunque lo buscara más allá de lo desconocido.
La potrilla seguía caminando por el bosque. No sabía hasta donde había llegado, pero al sentirse segura, dejó descansar sus cascos y se acostó debajo de un árbol. Luego vio como una hoja caía delicadamente; ella no dudo en sostenerla y con una frágil voz, le dijo:
—Eres diferente, ¿verdad?, por eso caíste más pronto que las demás, y ahora estás sola; pero al menos nadie podrá juzgarte.
Después de haber expresado sus sentimientos, todo se ponía cada vez más oscuro. La hoja se iba cubriendo con la sombra de las nubes; que se escondían para que las estrellas fueran las que adornaran el cielo. Fue ahí, cuando empezó a preocuparse, pues la oscuridad no era algo muy divertido para una pequeña poni, y menos, cuando no había nadie alrededor.
Luego de un par de minutos, empezó a sentir el aire frío del anochecer; que recorría su cuerpo cada vez más; sin embargo, no iba dejar que ese fuerte frío la venciera, así que se apoyó en el árbol y dejó que sus brazos la abrigaran.
No sabía cómo iba a salir de ahí; y ni por ninguna circunstancia se atrevía a caminar por el bosque, en medio de tantas cosas tenebrosas, pues los búhos y el sonido de los animales hicieron que sintiera mucho miedo. Con más razón, empezó a lamentarse por lo que había hecho y quería que mágicamente un regalo muy especial apareciera frente a ella, ya sea la aparición de Alphabittle o una luz que la guiara hacia el camino de vuelta a casa.
—Perdóname, Alphabittle, te prometí que no iría tan lejos. De seguro ya sabes que me fui; y si estás enojado conmigo, no te culpo.
Luego levantó un poco la mirada, en espera de que tal vez ese regalo, pudiera hacerse realidad. Y como si se lo hubiera pedido a una mágica estrella, de repente vio como una linterna viajaba por el cielo; parecía una nube nocturna, que interrumpía su viaje para finalmente posarse encima de un acogedor árbol.
En ese momento, Izzy creyó que el universo había sido piadoso con ella, y de inmediato confío en la poca luz le otorgaban las estrellas, ignorando el aspecto tenebroso del bosque. Sin ninguna dificultad llegó al árbol donde estaba la linterna; intentó sacudirlo, pero sus pequeñas fuerzas no lograron ningún resultado. Luego se acordó de su habilidad para trepar árboles, lo cual no iba ser un problema, ya que la luz que emitía aquel objeto era suficiente para saber dónde pisaban sus cascos.
Subió a él con mucho cuidado y al llegar a la altura indicada, se sentó en una rama muy resistente. Después estiró su brazo para alcanzarla; pese a eso no lo logró, así que se acercó más e hizo otro intento. Y hasta que por fin la tuvo con ella, pudo notar lo magnífica que se veía de cercas. Su destello hizo que su cara se llenara de paz y que todo se sintiera mágico ante tal alegría; ese invaluable sentimiento se elevó todavía más, cuando encontró en ella un dibujo, donde estaban tres ponis disfrutando de unos deliciosos pastelillos. Todos ellos eran diferentes entre sí, uno tenía un cuerno en su cabeza como ella; otro, tenía un par de alas y el último parecía ser un poni normal. Pero lo que más la impactó fueron las palabras que estaban escritas sobre la hoja:
"Queridos pegasos y unicornios; tienen amigos en Maretime Bay, visítenos."
Al leerlo, inmediatamente supo que ese mensaje estaba dirigido a ella; era el regalo que no sabía que alguien podía recibir.
La linterna no sólo la tranquilizó, sino también le dio un amigo, le ayudó a entender que Equestria era muchísimo más grande que el Bosque Bridlewood. Era posible que hubiera ponis allá afuera que la estuvieran esperando y que, tal vez, deseaban tener una amiga como ella.
—¡Sí!¡Sí! —exclamó —. Tenía razón, algo muy grandioso me espera y no pararé hasta encontrarlo —dijo Izzy, que sólo tenía ojos para mirar hacia adelante.
Abrazó el papel tiernamente, como si se tratara de un fiel hermano, que está ahí para recordarte que los sueños sólo pueden volverse realidad cuando te aceptas a ti mismo.
Permaneció así, hasta que se acordó de que tenía que regresar a su casa; y ahora que la suerte estaba de su lado, ya no temía de la oscuridad, ni de los incomodos ruidos del bosque. Guardó el mensaje en su melena, y sin soltar su nueva posesión bajó del árbol.
Cuando por fin tocó el césped caminó a paso lento y trató de recordar la dirección que había tomado después de salir de casa.
Continuaba siendo difícil, pero ahora podía ver con más claridad los árboles y las plantas de su alrededor. Luego de unos minutos se cruzó con dos caminos muy estrechos; uno parecía ir en una sola dirección y el otro, tenía varias curvas. Izzy los analizó con detenimiento y llegó a la conclusión de que no venía del camino de la derecha, así que obviamente iba a cruzar el camino sin curvas, pero al reanudar su paso, vio a lo lejos otra linterna. Izzy se acercó y gracias a la luz que emitía, pudo ver el rostro de Alphabittle, quien mostró una cara de alivio al ver a la pequeña Izzy.
La potranca por su parte también se alegró, y corrió hacia su amigo muy emocionada.
—¡Izzy!, me tenías tan preocupado —dijo Alphabittle, dándole un abrazo que no duró demasiado, pero suficiente para expresar su preocupación por ella—, ¿por qué estás aquí tan tarde?
—Lo lamento, te juro que traté de mantener mi promesa, pero después de haber invitado a unos ponis a mi casa y de saber que no les agradaba, me sentí tan mal, que quise alejarme de todo.
—Yo sé que esto es duro para ti, pero recuerda que yo siempre estaré esperándote; eres el poni más cercano que tengo y odiaría que algo te pasara —le respondió, con unas palabras que ni él mismo alcanzaba a reconocer.
La pequeña unicornio quedó fascinada, definitivamente hoy fue un día muy especial y agradecida por haber recibido no uno, sino dos regalos, abrazó a Alphabittle con mucha fuerza; más, de la que lo tenía acostumbrado. Y él como siempre la correspondió, pero ahora con una disposición y un cariño muchísimo más grandes.
—¡Ya lo entiendo!, realmente nunca estuve sola. —Retiró su abrazo y volteó a ver a Alphabittle —. Tú y Toby siempre fueron mis amigos y ahora en adelanté recordaré su amistad cada día.
—Es normal que te sientas así, la verdad es que no me ha dado el tiempo suficiente para estar contigo. Yo no debería dejarte sola, fue un error pensar que entre más grande fueras, menos atenciones de mi parte ocupabas, pero ahora me doy cuenta que no, siempre ocuparás alguien que te dé la compañía necesaria y yo estaré ahí para dártela. Si quieres, puedo tomarme algunos días libres; la cantina sobrevivirá, aunque no trabaje de la misma forma como antes.
—¡O tal vez pueda acompañarte!
—No creo que sea un lugar tan interesante para una niña.
— Bueno, realmente siempre me ha dado curiosidad todos los juegos y apuestas que haces. Quisiera ver cómo las ganas o aún mejor, puedo ayudarte a ganarlas; así como lo hacía papá.
—No es una mala idea, puede que descubras aspectos de él que no sabías que tenías.
—¡Grandioso! ¡Ya quiero empezar!
—Está bien, pero si voy a estar más tiempo contigo, me gustaría que el trabajo no se entrometiera tanto.
—¡Hecho! ¡Cómo tú digas!
—Creo que es hora de irnos —dijo, dirigiendo su vista hacia el bosque.
—Pero aún no he terminado, hay algo que quiero mostrarte.
—Lo harás cuando lleguemos a casa, no podemos seguir aquí —le recalcó, y agarrando su linterna se dispuso a caminar.
La potrilla se caminó a lado de él, causando que el unicornio por fin le pusiera atención a aquel objeto luminoso que sostenía Izzy con mucha satisfacción.
—¿En dónde encontraste esa linterna?
—Estaba atorada en un árbol y como tenía mucho miedo a la oscuridad, la recogí para que me alumbrara un poco.
—¿Y cómo lograste alcanzarla?
—Soy buena trepando árboles, ¿lo recuerdas?
—Cierto, se me había olvidado.
Luego hubo un breve silencio, hasta que Izzy preguntó lo siguiente:
—¿Puedo decirte tío Alphabittle?, ya sé que me has dicho que sólo eres mi cuidador, pero estoy segura que eras casi familia para mis papás y no puedo evitar considerarte la mía.
—Tienes razón, no sé por qué no lo había visto de esa forma.
—¿¡Eso quiere decir que sí!? —preguntó, interrumpiendo su paso de repente.
—Claro, no creo que haya ningún problema —dijo después de creer que le debía algo a la unicornio; prometiéndose a sí mismo ser más atento con ella.
Izzy dejó salir un pequeño grito de emoción, y Alphabittle sólo se adelantó diciéndole:
—Vamos, no te quedes atrás.
La pequeña poni reaccionó de inmediato y los dos siguieron caminando tranquilamente, dejando que la luz de las linternas definiera el camino que debían de seguir.
