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Cruzando el Puente

Por Ladygon

Capítulo 3: Una verdadera reina.

Esa fruta tenía solo un custodio:

—La Reina de los Djinns —dijo Sam.

Dean la miró como si le saliera un signo de interrogación en la cabeza. Después abrió los ojos.

—¿Eso quiere decir que volamos? —preguntó aterrorizado.

Sam se mordió el labio inferior, porque no sabía la respuesta, aunque todo demostraba que era afirmativa. Miró fijo a la criatura que tenía al frente, demasiada fantástica para ser real y había visto muchas de esas.

—Oye, ¿y qué quiere de nosotros? —preguntó Sam.

—Venganza —dijo la mujer.

—¿Por unas frutas robadas? —preguntó Dean.

—No, por mi esposo.

—¿Tu esposo? No lo conozco.

—Mi esposo, el rey, el Rey de los Djinns.

—A ese rey no lo conozco —informó Dean.

La reina sonrió con suficiencia.

—No, si ya veo. Siguen pensando que mi rey no tiene a nadie que lo defienda o pida cuentas por él.

Caminó hasta ellos en una actitud de felina hambrienta. Eso los asustó mucho, pese a ser una mujer se veía muy peligrosa y tenía un aire diferente que no sabía de donde salía. Se veía desconocido. Algo atemorizante, algo que ellos no habían tomado en cuenta. Como si sintieran que algo se gestaba y recién se dieran cuenta de qué cosa era.

—Mi rey era un ser excepcional. Debieron verlo cuando vino por la fruta, fue como… —dijo la reina con sus manos alzadas en círculos, tratando de explicarlo—… algo divino y eso que vi a varios de su especie, pero este es… excepcional.

Dean estaba muy confundido y Sam comenzó a ponerse de los pelos por las implicancias de las palabras de la mujer. Solo había alguien con esa descripción y cuando lo supiera Dean, no sabía lo que sucedería.

—¡De qué demonios estás hablando! —gritó Dean ya exasperado con la situación.

—Dean… —dijo su hermano a modo de calma.

Lo estaba intuyendo y todavía no decían todo. La mujer solo sonrió con suficiencia. Esto dio un escalofrío espantoso en la espina dorsal de Sam.

—Mis mejores hombres lo rodearon y el deslizó su espada por su manga —siguió contando la reina con ensoñación—. El poder emanaba de su interior como un aura de luz maravillosa. Pensé que usaría sus poderes de ángel, pero no lo hizo. No tomó ventaja de sus poderes y atacó…

—¿Un ángel? —preguntó Dean.

—¿Todavía no lo ves? Está hablando de Cas —dijo Sam.

A Dean le dio un vuelco en el corazón al escuchar ese nombre. Las imágenes pasadas le llegaron de golpe a su cabeza y sintió desesperación. La misma de ese día fatídico donde lo perdió.

—¿Cas?

El aire le faltó en sus pulmones.

—Decidí que sería mi rey —siguió la mujer—. Él aceptó, no fue difícil. Después de dejar su encargo volvería a tomar su lugar a mi lado, pero… no volvió… y eso fue culpa de ustedes.

—¿Cómo? ¿Tu rey?

—Mi esposo es el rey de los djinns. Debió ocupar su trono junto a mí. Ahora está muerto y ustedes lo mataron.

—¿Cas es el rey de los djinns? —preguntó Dean confundido.

—Exacto, lo es.

—¿Lo es? No puedo creerlo.

—No me interesa si lo crees o no. Lo importante es hacerlos pagar por lo sucedido.

Volvió a caminar hacia los chicos, quienes seguían amarrados sin poder zafarse. La mujer no necesitaba mostrarse para que vieran su exuberancia y belleza. Prácticamente lo proyectaba como si tuviera un aura incorpórea.

—Castiel murió por su causa y yo perdí a mi rey.

—¡Cas no es tu rey! —gritó Dean.

La mujer levantó una ceja.

—¿Por qué no? —preguntó la reina—. Tenía todas las cualidades para ser rey.

—Tenía muchas cualidades, pero no para ser tu rey.

—¿Y para el tuyo?

Dean quedó en silencio como si estuviera pensando en qué le estaban preguntando. Parecía perdido, ya que las imágenes de la muerte de Castiel estaban activas. Dolían mucho, demasiado.

—Fue culpa de ustedes, el error fue pensar que no tenía a nadie. Vuelvan, es mejor para ustedes —dijo la reina con una voz suave.

Dean y Sam iban a decir algo, pero no pudieron, en vez de eso cayeron en un sopor dulce. Volvieron al cielo junto a Bobby en el Roadhouse. Dean limpiaba un vaso detrás del mostrador, sin pensar en nada, con la vista perdida en el espacio.

Entonces les dieron ganas de salir e ir al puente. Escuchó unos ladridos y despertó de ese trance. Vio a Milagros por la ventana y salió a saludarlo.

—Hola Milagros ¿Viniste a verme?

El perro le ladró y luego corrió.

—¡Ey, espera! ¡Adónde vas! —gritó Dean y salió corriendo detrás de él.

No escuchó los gritos, ni de su hermano o de Bobby. Salió como un loco detrás del perro y corrió con todo lo que tenía, porque alcanzarlo lo era todo en ese momento. No supo lo rápido que iba, ni a dónde iba, solo veía al perro hacia adelante. Fue cuando vio el puente y se detuvo.

—¿Qué hace el puente aquí?

Esa pregunta no tenía ninguna lógica como tampoco el hecho de estar ese puente, el cual necesitaba un viaje en auto de casi una vida. Aun así, no lo pensó más y se acercó al perro que lo esperaba al final. Cuando estuvo a punto de tocarlo, Milagros salió corriendo. Dean abrió los ojos y supo que algo pasaba. Corrió tras él, sin vacilar. Sabía que lo llevaría donde quería ir.

—¡Milagros! —gritó— ¡Cas!

En ese instante el suelo se abrió y el cayó por él. La oscuridad lo volvió a rodear.

—No puede ser ¿Otra vez? ¿Qué está pasando aquí?

Vio a la mujer, ya no era la primera vez y pudo identificarla en el acto. Recordó toda la conversación que pareció tener hace siglos, cuando en realidad fue hace unos minutos atrás. Todavía le parecía un sueño y estaba muy confundido, pero pese a eso la figura de Castiel le dio la respuesta.

—¿Por qué no nos sueltas? Esto no funcionará con nosotros ¿Qué no lo ves?

—Veo lo tercos que son y esa misma terquedad mató a Castiel.

Eso fue un golpe bajo para el ego de Dean, el cual estaba por los suelos y supuestamente cicatrizando gracias al sacrificio del ángel. Ahora la herida volvía a abrirse con mucho dolor. Esas heridas peores a las físicas y que no podía soportar.

—Nosotros no lo matamos, fue el Vacío. Él se lo llevó a su mundo.

—¿El vacío? ¿Qué es eso?

—Es donde van los ángeles y demonios al morir.

—¿Entonces, el Vacío es el ente que lo gobierna? —preguntó con interés la reina.

Sorprendió la fácil comprensión de la mujer. Parecía ser muy sabia, porque no se burló de ellos, sino que estaba pensando en algo.

—Así es —respondió Dean con curiosidad.

—Si es un lugar, puede volver —dijo la reina.

—¿Sabes cómo podríamos ir a buscarlo?

—Debe existir un portal ¿Tienen idea dónde puede estar?

Dean miró a Sam y este pareció pensarlo.

—Puede ser —dijo Sam.

—Si me muestran el lugar, podría abrirlo.

—Te lo mostraremos… ¿Podrías? —preguntó Dean, mostrando las ataduras a la silla.

La reina los miró con cara de pocos amigos y ellos sonrieron afectados. Ella solo miró a sus súbditos y estos respondieron a la orden de su reina. Las cadenas sueltas fueron un alivio para sus cuerpos estrangulados. Se sobaron las muñecas sin dejar de mirar a la reina.

—Debemos volver a casa —dijo Sam.

—¿No volaremos? ¿Verdad? —preguntó Dean muy asustado.

—Yo no vuelo —aseguró la reina.

—¿Y entonces?

—Síganme.

Seguir a esa hermosa mujer era toda una visión efervescente. No se les pasaba por la cabeza a ninguno de los dos, que podía ser la esposa de Castiel. De ninguna manera, pero parecía cierto. Así que debían creerlo como sea para ver lo próximo.

Ella caminó de forma sinuosa, hasta un cardero dorado hecho de oro puro. Tomó unos polvos mágicos de unos frascos y con un cuchillo, cortó su mano. Un hilo de su sangre llegó al caldero para revolverse con los ingredientes. Un hilo azul apareció encima del caldero. Ella lo tomó con una mano y la deslizó hacia un arco tallado en mármol negro con motivos de cuerpos desnudos retorcidos. El hilo de luz se abrió y cubrió el portal, haciendo una puerta de luz.

—¿Y bien? ¿Nos vamos? —preguntó la mujer.

—Cuando usted quiera su majestad —dijo Dean.

La mujer ni siquiera lo miró y le hizo la señal a uno de los suyos que traspasara la puerta primero. Este cruzó, luego lo hicieron los hermanos y otro grupo de cinco djinns, por último, la reina. Fueron llevados a su casa: el búnker. Sorprendidos miraron para todos lados y estaban rodeados por los djinns.

—¿Y bien dónde es?

La reina daba una orden y debían cumplirla. Obedientes como poseídos por un demonio, fueron hasta el lugar donde se llevaron a Castiel. Dean se paró frente a la pared, recordando como si fuera una pesadilla.

—¿Ahí? —preguntó la reina.

Dean asintió con calma. Ella levantó una de sus manos y en el acto pusieron la olla en la pared. Otro movimiento de su mano y aparecieron los ingredientes a su alcance. El último ingrediente fue la sangre de la reina, vertida por ella misma de su mano. El hilo de color espeso cubrió los otros ingredientes como si fuera una salsa dulce deliciosa. Entonces el lugar se iluminó con fuerza como cuando fueron al Purgatorio. El portal se abrió para los Winchester.

—Bien, el turno es todo suyo. Tráelo de vuelta o mataré a tu hermano —amenazó la reina.

Dean miró a Sam.

—Lo necesito conmigo. Estamos hablando del Vacío, un ente súperpoderoso —arguyó Dean.

—Ese no es mi problema —respondió la reina—. Considéralo un incentivo para que vuelvas con Castiel.

Sam se movió en su puesto de forma incómoda.

—Tendremos más oportunidad si voy con él —insistió Dean.

—Seguramente —dijo la reina con frialdad.

Esto sacó de las casillas a Dean, quien quería tirarle toda la maquinaria encima de su mal genio. Sam decidió intervenir antes de la inminente explosión de emociones.

—Dean…

Eso fue suficiente para que su hermano mirara hacia su dirección y pudiera leer la intención en su rostro. Sam asintió en una mueca de aceptación y Dean comprendió lo que le querían decir.

—Entendido gran reina madre —escupió Dean con desgano.

Ella quiso estrangular a Dean, pero lo que dijo no estaba mal dicho. Definitivamente, ella es la gran reina madre. Dejó que se fuera en paz y con mucha desconfianza. Entonces miró a Sam.

—Átenlo con cadenas —ordenó la reina—. Si se mueve, ya saben qué hacer.

El agujero en el muro parecía de alquitrán viviente. Dean se enfrentó a esto como siempre lo hacía: con curiosidad y decisión. Metió la mano en esa masa. Hizo una mueca de asco al tacto, pero eso no lo detuvo, sino por el contrario, le dio el aliciente para avanzar. Puso un pie adelante y con una gran zancada, traspasó el umbral como si fuera absorbido por la masa negra.

Sam se vio rodeado al instante y lo atrajeron a la silla donde lo ataron. Parecía una broma de mal gusto estar amarrado a su propia silla, pero tal como estaban las cosas no podía quejarse. Aquí mismo tuvo a su hermano cuando era un demonio gracias a la marca de Caín. Fue bastante aterradora esa experiencia y ahora no quería pensar en cómo le iría a su hermano en el Vacío, ya que ese ser poderoso podría dejarlo encerrado. Debía esperar con paciencia y confiar en que su hermano volvería con Castiel. El problema vendría después con la reina, pero un problema a la vez. Así lo habían hecho desde siempre y así sería.

Fin capítulo 3