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Cruzando el Puente

Por Ladygon

Capítulo 4: Guiado por el instinto.

Dean estaba en el vacío y el lugar tan oscuro que parecía estar fuera de gravedad. Se sentía flotar, pero por algún motivo los pies estaban sobre algún tipo de plataforma. Todo negro, aun así podía ver sus manos o su cuerpo. Eso llamó su atención, pero también significaba que podía buscar al tener la sensación de moverse. Dio varios pasos hacia adelante con aparente seguridad, ni siquiera estaba asustado, sino ansioso por encontrar a Castiel.

Sentía que Castiel estaba en ese lugar. No podía explicarlo, pero estaba seguro de que lo encontraría. Esa afirmación lo hacía caminar por el negro ambiente. Estaba seguro que caminando de esa forma lo encontraría tarde o temprano de la misma manera como lo encontró en el Purgatorio aquella vez. Nunca supo cómo lo logró, porque no tenía una explicación lógica. Ese mismo logro debía realizarlo acá, no importando si otra vez no lo entendía. Así que apresuró el paso con la misma decisión de antes y casi con el mismo desespero. No se iría de ese lugar sin Castiel, sea como sea, regresarían juntos. Siguió caminando con esa idea en la cabeza. Su seguridad superaba a su esperanza. Los pasos fueron firmes y decididos. Siguió por otros metros más adelante, esperando a cada momento encontrarlo sin siquiera con una señal. Entonces las sombras parecieron venir hacia él y se preparó para confrontarlas. Parecía ridículo hacer una cosa como esa, porque aparte de venir un ser todopoderoso, este ser estaba en su territorio, así que no tenía ninguna oportunidad. Aun así lo confrontaría de alguna forma digna de ver o respetarse.

Un sentimiento conocido lo embargó, pese a no ver nada. Debía encontrarlo como fuera y no retrocedía, aunque estuviera muerto de miedo. Quiso levantar su espada de ángel, pero vio que se la quitaron cuando lo capturaron, así que estaba desarmado sin oportunidades de defensa de ningún tipo salvo sus manos. La espada no significaba una defensa, sino un sentir menos vulnerable a como se sentía en esos instantes. Sentía que andaba desnudo, rodeado de seres escondidos en la oscuridad que lo veían y se reían de él.

—Malditos... pueden esconderse...

Murmuraba mientras daba un paso tras otro y después ya no pensó más.

—Hola, sé que hay alguien ahí —dijo tanteando el terreno.

Nadie le respondió, solo el silencio con su tétrica oscuridad. Estuvo a punto de darle un ataque de rabia o de pánico, no supo cuál era cuál en ese instante. Volvió a tener la sensación extraña.

—¡Hola! ¡Ya salgan de ahí! —gritó de improviso.

Era un estado de paranoia sin precedentes en su vida. Estaba muy mal por sentirlo. Una inquietud que surgía del interior de su ser y se expandía por todo su cuerpo hasta sofocarlo. Lo estaban haciendo a propósito. El problema es que sentía a muchos y no solo al Vacío o su poder. Eso abrumador, que sintió cuando Castiel fue envuelto en esa cosa negra para desaparecer frente a sus ojos.

Pensar en su sacrificio lo paralizaba como ningún otro sacrificio realizado por él o por sí mismo. No era la primera vez que él se sacrificaba, pero era la primera vez que lo hacía de una forma tan devastadora que lo dejó hecho trizas en el suelo. Ese mismo sentimiento lo estaba invadiendo ahora.

Dobló su cuerpo como si de un golpe físico se tratara. Sus rodillas cedieron, no pudieron sostenerlo y comenzó a caer con lentitud a un pozo profundo. Dolía demasiado como para reponerse. Entonces supo que no lo lograría, que quedaría en ese lugar para siempre, sin encontrar a Castiel, sin volver a verlo, sin ver sus ojos azules tan expresivos.

—¡Cas, dónde estás! —gritó.

Luego quiso reír con lo que estaba gritando.

—Sal de ahí Scooby-Doo... necesito verte... quiero verte... sal, por favor... por favor...

Ya no le interesaba si lo miraban suplicar como un niño.

—Cas, Cas, ven... sé que estás ahí...

Trató de levantarse. Debía hacerlo, un pie después del otro y seguiría adelante. Su hermoso ángel estaba en ese lugar y lo encontraría. Siguió caminando sin rumbo aparente, tropezaba con mucho dolor en cada paso que daba. No podía respirar, pues se estaba sofocando.

"No puedo morir aquí" —se repetía sin cesar.

También pensó en su hermano Sam en las manos de la reina, pero la imagen no estaba muy clara y no supo la razón de no ver el peligro sobre su cabeza, lo cual era totalmente, real. Ni siquiera lo pudo pensar bien, como una imagen deslavada de otro tiempo. Esta imagen vino tan rápido como si fue de la misma manera. Algo cambió en su corazón al respecto de eso y no lo tenía muy consciente todavía.

Entonces recordó que esta pesadilla se parecía mucho a la pesadilla del cielo. Cuando corría detrás de Milagros y este no se detenía hasta llegar donde Castiel.

"La misma sensación" —pensó— "¿Qué estará pasando?". Luego tuvo la sospecha de la reina djinn.

No podía ser cierto de ninguna manera. Ellos comprobaron que no podían caer en su estúpido sueño de muerte. Definitivamente, estaba en el Vacío, debía ser de esta manera.

—Dean, ¿Qué dice tu instinto? —sonó la voz rasposa.

—¿Cas? ¡Cas! ¡Dime dónde puedo encontrarte!

Miraba sobre su hombro y se dio una vuelta en círculo de trescientos sesenta grados sobre su propio eje, buscando al ángel en los alrededores de esa oscuridad tan perenne. No pudo verlo y siguió, gritando con desesperación varias veces. Volvió a callar, porque no estaba loco. Sabía que escuchó bien.

"¿Qué dice mi instinto?" —se preguntó a sí mismo.

Fue cuando llegó a la conclusión de que Castiel seguía con él de alguna manera. Quizás, incluso, dentro de él, sin saberlo siquiera. Eso lo hizo sentir muy bien y quiso seguir adelante, pese a ese mal sentimiento que no lo dejaba en paz. Mucha energía negativa sofocaba como si le quitara la vida. Pese a esto continuaba, ya no pensaba nada, solo se dejó guiar. Dentro de todo ese revoltijo de emociones horribles, ahí estaba escondido y fue como una luz. Siguió esa luz hipotética y surreal, porque no había ninguna, no existía, todo estaba en su visión.

Caminó directo, sabiendo la dirección, sin saberlo en realidad. Guiado por algo misterioso, estuvo caminando un buen rato, hasta que se detuvo de pronto. Quedó parado en una posición extraña como si fuera un soldado sin pelotón. Miró hacia al frente y lo supo: ahí estaba Castiel.

—Cas, sé que estás aquí. Ven, debemos irnos. Vamos a casa.

—No puedo —dijo la voz.

Eso fue un escalofrío. Él aparecería en cualquier momento, lo sabía y sintió mucha ansiedad. No pudo de dejar de mirar en un punto fijo de la oscuridad presente. Por ahí venía, incluso escuchaba sus pasos. El rostro aparecería en cualquier momento. El color volvió al mundo cuando vio su cara. Salía de la oscuridad de la misma forma como había entrado y eso le quitó el aliento a Dean.

Supo que no se recuperaría de la impresión de forma instantánea. Estaría indefenso por un lapso de tiempo muy largo para ser atacado. Podrían destruirlo en cualquier momento y lo hizo sentir vulnerable. Entonces, tampoco le importó y quiso disfrutar la visión que venía hacia él.

La imagen se desplazaba en cámara lenta, sobresaliendo en la oscuridad. El rostro de Castiel relucía como nunca, definitivamente, un ser fantástico en todas sus letras. La gabardina apareció por completo, luego su imagen se hizo nítida. Pudo respirar.

—Cas...

—¿Por qué viniste? —le respondió.

Tenía su misma cara parca de siempre, pero vio todos los matices de Castiel como si fuera un libro abierto. Fue cuando comprendió lo expresivo que era el ángel, pese a comportarse como un robot la mayoría de las veces. Fue un tonto al pensar alguna vez, que él no sentía como un humano.

—Fui un tonto...

—Por supuesto, lo eres —aseguró Castiel.

Sintió vergüenza, pero también alivio. Castiel seguía siendo el mismo de siempre, mal entendiendo a los humanos. Recriminaba no verlo antes y estuvo siempre latente en el ángel.

—Tenía que verte, debemos irnos de aquí.

—No podemos. No nos dejará ir.

—¿Te refieres al Vacío?

—¿Quién más?

—¿Te lo dijo?

—No tiene que decirme nada. Está dentro de mí.

Dean no pudo escuchar las últimas palabras. Fue como una especie de peso que cayó en su cabeza. Sus oídos zumbaron a punto de estallar y un ligero mareo rondó su cabeza.

—¿Qué?

El rostro de Castiel cambió de improviso frente al aterrorizado de Dean.

—Estoy dentro de él —respondió la voz dentro de Castiel.

Eso fue muy horrible de experimentar. Como si lo hubieren cortado y su cara se deformó. Esto provocó una sonrisa, extremadamente grande en el rostro de su ángel, lo cual fue devastador.

—Vaya, no pensé que fuera tan divertido ver tu cara al verme en esta situación. Si hubiera sabido, lo hacía antes —confesó el Vacío.

—Sale, sale de él —refunfuñó Dean.

—¿Cómo? Si salgo podría hacerlo estallar y sus pedazos quedarían regados por todos lados.

Dean lo miró con horror. El Vacío se estaba divirtiendo con las expresiones del pobre chico desesperado, por salvar a su amigo. Esto era entretenido, aunque quisiera ir a dormir y la paz, saboreaba un poco de venganza al tener a Castiel como su mascota favorita.

—Pensé que querías dormir —dijo Dean.

La mente del cazador trataba de buscar una respuesta que lo pudiera poner en una posición ventajosa, prácticamente imposible. No tenía idea de cómo salir de ese problema sin dañar a Castiel. Podría hacer lo que siempre hacía en estos casos.

—Tómame a mí, déjalo libre, él no tiene la culpa de lo que pasó. Yo sí —dijo Dean—. Fue mi culpa. Yo hice que todo esto pasara.

El Vacío quiso largarse a reír a carcajada limpia, pero no sabía cómo hacer eso.

—¿Tú solo? —preguntó fascinado.

—Lo confieso, culpable de todo —dijo Dean, encogiendo los hombros.

Abrió los ojos y eso le dio otro tono horripilante aparte del acento extraño. Se burlaría de ese acento, sino estuviera tan asustado de salvar a Castiel. Pensaba a mil por segundo, eso lo veía el ser con mucho interés.

—Porque eres el protagonista de esta historia, ¿no?

Fue como un golpe en el estómago, peor al que le dio unos minutos antes cuando trataba de encontrarlo. Antes de caer en la desesperación debía tratar con todo.

—Tú lo has dicho, soy el maldito protagonista...

—De una historia que ya terminó.

Otro golpe en el estómago. Le estaban dando una paliza y con unas pocas palabras. No podía ser tan sensible. No era una chica en sus días como para ponerse a llorar, por cualquier cosa que le dijera un ser tan odioso, como el que tenía al frente. El problema era su rostro, el rostro de su ángel, diciendo esas cosas dolorosas y él aguantando querer decirle lo que sentía en realidad. Se lo habían robado. Ese ser que tenía al frente lo tenía cautivo y no tenía idea cómo salvarlo.

—¿Nunca piensas en ti?

Ese era su ángel.

—Cas, ¿eres tú? —dio varios pasos hacia adelante.

—A veces lo soy —respondió Castiel con firmeza.

—¿Estás libre? ¿Te dejó?

Estaba esperanzado, aunque en realidad en el fondo no lo creía para nada. Solo se engañaba así mismo, pero no tenía otra manera de superar esto. Si no era de esta forma, no había salvación.

"Instinto"

"Tú instinto"

Sonaba en su interior, no en su mente, ni en su cerebro. Tampoco en su corazón, sino en su alma. Esto le dio fe y esperanza. También algo muy importante para seguir parado frente al Vacío: le dio valor. Una de esas fuerzas tanto misteriosas como ridículas que tenían los Winchester.

—Estás ahí, ¿no es cierto? No tienes intención de dejar a Castiel en libertad —aseguró Dean con seriedad.

La sonrisa macabra volvió a los labios del ser sobrenatural con esa frialdad característica de él que hacía congelarse su corazón. La oscuridad amenazaba con imponerse en su ser y no estaba hablando de Amanda.

—¿Quieres dejar de hacer eso? Es de mal gusto —dijo Dean.

La sonrisa no se retiró del rostro de su ángel y fue horrible la sensación, pero no se dejaría esta vez intimidar.

—No nos engañemos. En el fondo sabes que debes dejar ir a Castiel —persuadió Dean—. Es la única forma de tener paz entre ambos mundos. Nunca quisimos...

—¿Molestar?

Dean estuvo a punto de asentir su cabeza, pero luego el sentimiento de terror que siempre estuvo presente, se volvió aún más profundo. El Vacío tenía esa paciencia que los seres todopoderosos parecían tener en mucha medida, como también la confianza bocona para hablar palabras hirientes. Castiel poseído caminó hacia él con esa misma actitud poderosa.

—Todos ustedes son muy molestosos. Destruirlos ahora sería muy fácil. Me refiero a destruirlos y pulverizados desde su interior. Desintegrarlos de tal forma, sin dejar nada para volverlos a unir —dijo el Vacío, deteniéndose en frente a él casi tocando su nariz— ¿Qué opinas? ¿No sería suficiente?

Dean trató de mantener la calma como pudo al ver los ojos azules de su ángel con una expresión tan malvada, que ni siquiera en sus tiempos de leviatán tenía. También había una especie de locura, un pequeño brillo inquietante que solo podía ver si alguien lo conociera, tanto como Dean conocía cada uno de los brillos de los ojos de Castiel, tintineantes como aquellos que despedían una alegría tonta al recibir una cerveza de su mano. Pese a esto y de alguna forma, estaba tranquilo. No dejó de mirar la profundidad de sus ojos, porque en ellos se encontraba una verdad de la cual no podía seguir dejando en la ignorancia.

Fin capítulo 4