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Cruzando el Puente
Por Ladygon
Capítulo 6: Relaciones peligrosas.
Preso de un arrebato que venía de lo profundo de su ser, sus pies se movieron con inercia hacia adelante. Dio un paso, luego otro y alcanzó su codo. Apretó el brazo de Castiel para voltearlo. Castiel fue llevado por la energía y chocó con los ojos verdes del cazador. Eso fue todo. Dean ni siquiera escuchó la vocecita interior y la obedeció al instante. Se dejó llevar por el instinto.
Saltó sobre Castiel y le plantó un beso. Sus brazos rodearon el cuello del ángel, apretando su pecho contra el suyo. Entonces, profundizó el beso en esa boca un tanto dócil por la confusión. Los besos no venían de su boca, sino de sus sentimientos reprimidos por tantos años. Toda la intención estaba ahí puesta, con su corazón y con su alma. Traspasó su desesperación y Castiel sintió las emociones como propias, porque eran muy intensas.
El ángel respondió con sus manos, rodeando su cintura. Atrajo más el cuerpo hacia sí. Los dos estaban en otro mundo, un mundo donde solo existían ellos dos. Nunca estuvieron así, siempre había alguien: Sam; o algo: evitar el Apocalipsis. Por este motivo, esto fue muy significativo para ambos, así lo sintieron en lo profundo de su ser.
El beso continuó hasta hacerse desesperado como si estuvieran comiendo. Besos de un lado para el otro, las manos comenzaron la exploración y quiénes estaban al lado de ellos, ya estaban incómodos con el ambiente sexual. Sam no sabía actuar, tenía la mente en blanco; Maia observaba sin expresión en su rostro, pero poco a poco comenzó a esbozar una sonrisa burlona. Después dio una carcajada feroz y rio sin control.
Esto separó al instante a la pareja. Castiel lo apartó con sus manos y lo empujó como si tuviera la peste. Dean seguía con su ensoñación, sin saber bien lo que sucedía. Solo las carcajadas de la reina pudieron traerlo de regreso a la realidad y vio con horror el rostro de Castiel, mirándolo, mientras atrás de él seguía la mujer con su risa estridente. El cuadro era tan surrealista, que faltaba el humo para terminar de pintarlo como corresponde.
Dean boqueó como un pez y la voz no le salía. Sam reaccionó cuando su mente comprendió lo que estaba sucediendo. Se acercó con cuidado por atrás a su hermano y le tomó el brazo con cuidado. Luego le susurró:
—Ese no es Cas...
El rostro de su hermano se puso rojo como un tomate maduro. El calor nebuloso de su excitación a causa del beso, se convirtió en pura vergüenza. Ahora vio el humo, pero estaba en su imaginación a causa de lo abochornado que estaba. Sus labios temblaron, parecía a punto de llorar.
Maia seguía muerta de la risa. Se agarraba el estómago con una mano y ya cansada con falta de aire terminó las últimas risotadas.
—¡Ay, ay! —exclamó exhausta—. Es lo más divertido que vi en siglos ¡Qué digo! ¡Milenios!
—No le veo lo gracioso —dijo Castiel con un tono extraño, pero conocido.
—¿No lo ves? Eso te pasa por ponerte en la piel de otro —acusó Maia con risita divertida.
Dean pasó por muchos colores, pues del rojo, pasó al azul, verde y por último al blanco. La reacción solo le dio más humor a la escena. Sam dio un paso al frente, porque tenía una duda.
—¿Dónde está Castiel? —preguntó con seriedad.
—¿Cómo? ¿No lo sabes?
La mujer preguntaba con su típica sonrisa socarrona. Alzó una ceja y su expresión fue tan simpática, que el mismo Sam quiso sonreír, pero no podía, solo por el temor que le provocaba la entidad delante de él.
—¡Déjalo libre! —chilló Dean, ahora rojo de ira.
El rostro de Castiel cambió de improviso a uno evidente. El extraño acento delató al ente dentro del ángel. El Vacío nunca dejó el cuerpo. Estaba ahí, incluso recibió el beso de Dean como suyo. Finalmente, no pudo aguantar la repulsión y soltó al cazador.
—No te me acerques asqueroso —dijo la entidad.
Dean sintió una bofetada física, sin realmente ser dada. Maia puso la mano en el hombro de su esposo.
—Espero que no me trates así cuando compartamos el lecho conyugal —dijo la reina con diversión.
El Vacío volteó para enfrentarla.
—Eso nunca pasará —escupió con molestia el Vacío.
Ella le mostró su hermosa sonrisa.
—¿Entonces, a qué viniste? —preguntó Maia muy entretenida—. Pensé que me extrañabas y por eso te metiste dentro de mi esposo para una visita. Ahora sales con esa actitud poco agradable.
—Nunca lo fui.
—Ya lo sé ¿Y qué pretendías? ¿Creíste que no me daría cuenta?
El silencio fue su respuesta y ella volvió a reír divertida, aunque se tranquilizó casi al instante.
—Nah, yo sí te extrañé.
—Yo no —escupió el Vacío.
—¿Ni siquiera un poco? —preguntó ella con coquetería.
—No.
—Buh, rompes mi corazoncito.
—Tú no tienes corazón.
—¡Auch!, pero no tiene nada de malo, tú tampoco lo tienes.
Lo dijo con la misma sonrisa coqueta. Sam y Dean veían la escena surrealista con total confusión sin saber qué pensar, ya que estaban totalmente, desplazados. Muchas veces estuvieron en una situación parecida, frente a seres poderosos que podían exterminarlos con el chasquido de sus dedos. Sin embargo, esta vez era diferente, porque no había ninguna misión de por medio. Tampoco Apocalipsis, ni familia o damisela en peligro, solo estaban ellos. El único que sentían en real peligro era Castiel.
Dean estaba enojado, demasiado enojado. Sam veía la situación volátil. La decisión de salvar a Castiel ya estaba tomada en la mente de su hermano y eso no cambiaría con nada ni nadie. Ni siquiera él sería capaz de hacerlo desistir, por el bien de ambos. Vio el movimiento y se apresuró a detenerlo. Tocó su brazo para tirarlo hacia atrás.
—Dean, vamos. Después...
—Quiero que salgas ahora mismo del interior de Cas —interrumpió.
Sam no pudo detenerlo. Ni siquiera se sorprendió y suspiró cansado. El Vacío los miró a ambos con desdén como si los viera por primera vez.
—¿Por qué lo haría? Él es mío —aseguró el Vacío.
Eso lo puso como furia. Ya suficiente tener esa reina que se lo quería quedar y sale este otro monstruo con lo mismo.
—No es tuyo —escupió Dean.
—Claro que no, es mío —dijo Maia.
Dean se puso rojo.
—¡Qué! ¡Tampoco tuyo! —chilló.
—¿Y de quién es? ¿Tuyo? —increpó la mujer, acercándose a él con peligrosidad.
Ahora el blanco apareció en el rostro del cazador.
—N-no, Cas no es de nadie ¡Déjenlo tranquilo!
—Por supuesto que tiene dueño. Él hizo un trato conmigo —explicó el Vacío.
—Conmigo se casó —puntualizó Maia.
—¡Él me ama a mí! —exclamó Dean con pasión.
Dean estaba a punto del llanto, porque se sentía impotente frente a esos dos monstruos que los tenían a todos atrapados. Su posición casi infantil, es lo único humano fuera de raciocinio que le permitía enfrentar la situación nada favorable. Ni siquiera tenían un plan, e irse significaba perder a Castiel para siempre. No podía permitirlo, aunque le costara la vida o el alma.
Estaba en pie de guerra con esa actitud desafiante, infantil y esperando que el mundo cayera sobre su cabeza. No le importaba nada más, para sorpresa de Maia, quien veía a Sam con ojos entrecerrados.
—¿Y Sam? —preguntó Maia—. Él también te ama ¿Lo dejarías así como así?
—Él entenderá —dijo Dean.
—Es tu amante, no creo que entienda.
—¡Es mi hermano! ¡No digas estupideces!
—¿Cómo? ¿No son amantes? ¿No te acuestas con él? Pensé que sí.
—¡Hace tiempo que no me acuesto con nadie!
—¿En serio? ¿Y Ash?
Dean calló de inmediato. Se le pasó toda la rabia y quedó sumido en su mutismo avergonzado. Pensó confundido lo que estaba sucediendo. Se sentía extraño y por un rato miró su alrededor, por si veía algo fuera de lugar. Quizás estaba en uno de los sueños de la djinn. Sam comprendió lo que le sucedía a su hermano y también miró su alrededor para ver si era cierto.
—Esto es real —aseguró Maia.
—Debemos estar seguros —dijo Sam, sin estar seguro de nada.
—No podrían estar dormidos aunque quisieran.
—No, no entiendo.
—Yo traté de darles duro y sus mentes no dejaron. Lo que les hizo Lucecita fue bien efectivo.
La reacción de Dean al verse manipulado volvió a la carga.
—¿Quieren dejar de meterse en nuestras cabezas? —Dean estaba impotente.
—¿Lucecita? ¿Se refiere a Chuck? —preguntó Sam.
—Él se metió más que nosotros con sus mentes y ustedes solo nos critican por un poquito.
—Esperen un momento —detuvo Dean muy confundido— ¿Quién eres tú en realidad?
Maia dio una gran sonrisa, haciéndose la enigmática. Sam dio sus pasitos incómodos y luego habló:
—Maia, es Maya la diosa de la ilusión.
—¿Maya? —pensó en voz alta Dean—. No es la diosa de la primavera y mamá de flash.
—¿Flash? —preguntó Maia.
—No, la madre de Mercurio es Maya, la diosa griega. Maia es hindú.
—¿No es lo mismo? Diferentes culturas y las mismas cosas —aseguró Dean.
—Dean...
El Vacío miró a Maia como pensando. Luego recordó algo de lo dicho por el cazador un tiempo atrás. Tuvo una duda al respecto.
—¿Tuviste hijos? —preguntó el Vacío.
—Varios, los puedes ver. Aquellos de ahí los creé yo —dijo Maia con orgullo, señalando a los djinns.
—¿Entonces eres esa Maya que dicen ellos?
—Sí y no, ya sabes cómo son los humanos de fantasiosos, pero la mayoría de las cosas son ciertas. No conozco al tal flash, parece que el otro de los nombres de Hermes. Tienden a darnos muchos nombres.
—¿Por eso te cambiaste el nombre?
—El único que no se cambia el nombre eres tú. Es muy feo, podría ponerte uno muy lindo, ¿qué opinas de...?
—No necesito un nombre. Vine a preguntarte algo —dijo el Vacío con seriedad.
—Yo también te extrañé mucho, querido. Me alegra tu visita. Hace tiempo no nos vemos y podríamos...
—Hablar.
—Estamos hablando. Dime.
Miró hacia los cazadores. Se veía incómodo con la situación.
—Tranquilo, vaya a conversar con su... —cortó Dean.
—Es mi hermana —dijo con rapidez el Vacío y después ignoró a los cazadores para dirigirse a la reina—, y no iré a ningún lado...
Maia supo lo que haría su hermano antes de verlo. Así que lo detuvo, tomando su brazo y moviendo la cabeza de un lado hacia el otro. Luego, solo bastó una mirada hacia Sam para que este comprendiera. Este agarró a Dean del brazo y trató de sacar a su hermano de ahí. Dean estaba un tanto confundido con la revelación, ya que no podía imaginar a ese ser con una hermana. Es decir, Chuck tenía a su hermana Amara, pero el Vacío era un ente muy solitario. La cabeza la tenía revuelta con tanto enredo. Esto lo aprovechó Sam para sacarlo antes de sentir la ira de estos seres. Frente a la resistencia de Dean, le susurró algo en el oído y este por fin dejó que lo escoltaran los djinns.
—No me iré de aquí sin Cas —aseguró Dean, después de salir del salón del trono.
Sam quería hacerlo entender que no podían quedarse en ese lugar sin un plan, porque frente a esos dos no había nada que pudieran hacer. Estaban rodeados de djinns hombres y mujeres con esos taparrabos de pieles exóticas. Tenían largas lanzas, que parecían ser de algún metal extraterrestre por el brillo. Los dibujos de las pieles, si bien parecían a las de siempre, eran diferentes de alguna forma extraña, porque no las reconocía de ningún lado.
—Dean, entiende, solo estamos vivos, porque Maia nos dejó salir de la habitación. El Vacío casi nos mató —explicó Sam.
Aquí el cazador guardó silencio como recobrando el juicio perdido, después de verse otra vez, manipulado por fuerzas que no puede controlar. Esa manipulación lo sacaba de quicio. Sentía que no tenía ningún control de su vida como si fuera una marioneta muy compleja, donde ni él mismo se entendía para nada. Incluso en este instante, cuando creía que por fin se habían librado de Chuck, venía otro tipo poderoso para volver a manipularlos con ese infinito poder.
Fin capítulo 6
