Hola!!!! Lo prometido es deuda aqui les traigo un nuevo Capitulo quiero agradecer a todos los que se han tomado unos minutos de su tiempo para leer de verdad muchisimas Gracias la historia se esta comenzando a poner interesante pronto tendremos drama mas romance Helsa y dramione sin mas que decir disfruten el capitulo


— No es cierto, no es cierto—se decía una y otra vez Hans en voz baja.

El pelirrojo salía de la enfermería a toda prisa, no podía pedirle ayuda a Dumbledore. Jamás le diría donde se encontraba la cámara de los secretos. Tenía que hacer algo pronto, ya no podía seguir actuando desde las sombras pidiéndole a Dobby que lo ayudara y cuidara de Hermione y Ron mientras el y Harry arriesgaban el pellejo. Ahora también Elsa estaba de por medio y tenia que hacer algo.

— ¡Espera Hans ! — Ron y Harry lo venían siguiendo. — ¿qué sucede? ¿qué estás ocultando? — preguntó Ronald.

Era la hora de decir la verdad, pero no ahí.

— Vamos habla— Le exigió Ron. — ¿O es que no te importa lo que le pasó a Hermione?

—Vengan conmigo, ahora. — Les ordenó.

Los tres se dirigieron a un aula vacía que cerraron con llave para que nadie pudiera escuchar.

— Escúchenme— Comenzó— estuve junto a Harry investigando todo sobre la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años, y por tanto todo se mantuvo en secreto .

Se detuvo unos segundos en los cuales Ron se decepciono, pensando en que de nuevo no les diría nada.

— Pero sabemos algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un hijo de muggles. — sus amigos se estremecieron, al igual que él. — Escuche a un Slytherin hablar de eso, dice que probablemente sólo es cuestión de tiempo que muera otro sangre sucia . — En su voz se notaba el temor de que su amiga y Elsa pudiesen ser las víctimas mortales.

Hans se veía terriblemente afectado, llevó sus manos a su rostro. Intentó proteger a sus amigos manteniendo su distancia con ellos pero no había funcionado y ahora Hermione estaba petrificada, su mejor amiga y se arrepentía de haber discutido con ella y también, Elsa, la chica que le gustaba.

¡Diablos! todo se estaba saliendo de control, estaba devastado

De pronto escuchó a alguien aplaudir y levantó la vista.

—Potter, Westergaard debo felicitarlos. Por su jodida culpa Elsa fue petrificada y no solo eso, también Granger —el rubio habló con sarcasmo— son un par de imbéciles, no pueden hacer nada bien, dudo que puedan con el señor tenebroso —los insultó con desprecio.

Harry frunció el ceño al escuchar el tono sarcástico con el que Malfoy los insultaba. Potter se puso en medio de sus amigos encarándolo, no pensaba soportar sus insultos.

—No tenemos tiempo para tus venenosos comentarios, Malfoy. Si no tienes nada inteligente que decir ¡lárgate de aquí!

—Para suerte tuya, Potter, pienso ayudarlos pero no lo hago por ustedes, lo hago por Elsa ¿les queda claro? Lo que pase con la Sangre sucia Granger me da lo mismo.

En ese momento Ron tuvo que sostener a Hans de los brazos para que no se le fuera de nuevo a los golpes al Slytherin por insultar a Hermione y por imaginar a Malfoy y Elsa juntos.

—Límpiate la boca antes de hablar de Hermione —escupió Hans intentando soltarse de Ron —Además genio, también la Princesa de Hielo esta petrificada.

— Les contaré todo lo que se de la cámara de los secretos pero a cambio no pueden mencionar a mi padre ¿les quedó claro ? Mamá dice que si alguien se entera de todo volverán a investigar a mi padre. ¿Qué tal si lo llevan a Azkaban? — Draco estaba cada vez más alterado.

Malfoy no era de su agrado pero tampoco querían meterlo en problemas. Después de todo los iba ayudar, mantendrían el nombre de Lucius fuera de esto.

— Tranquilo Malfoy no le diremos a nadie. — trató de calmarlo Harry.

— Confía en nosotros. — Continuó Ron.

— Pero ¿dónde está esa cámara? — Volvió a interrogarlo el pelirrojo . — Tu padre debió decirte algo.

— No, no me dijo nada, sólo se que el heredero de Slytherin esta entre nosotros pero les puedo asegurar que no es ninguno de mis amigos… incluso dudo que sea un Slytherin, créeme que si lo supiera te lo diría. — respiró hondo. — Ojalá les hubiera dicho esto antes, Elsa no estaría petrificada ahora.

Y de nuevo ese sentimiento de rabia cuando Malfoy mencionaba a la platinada.

¡Diablos! tenia que controlar sus celos si queria salvar a Hermione y Elsa.

—¿Como sabemos que no mientes, Malfoy ? Después de todo cuando nos tomamos la poción multijugos y nos convertimos en Crabbe y Goyle te atreviste a desearle la muerte a Hermione ¿Como poder confiar en una persona tan despreciable como tu?

Esta vez fue Draco quien iba a golpear al pelirrojo pero Harry lo sujetó para evitarlo. La mirada de Malfoy era de desprecio, queria darle una paliza.

—Vete al diablo Westergaard —el platinado lo insultó –Siempre supe que eran ustedes los que tomaron la forma de Crabbe y Goyle. ¡Imbécil! ¿Como confiar en mi? De la misma forma en que Potter y Weasley confían en el hijo del Señor oscuro —le echó en cara sus orígenes.

—¡Maldito bastardo! no me compares con ese asesino yo no soy como el —Hans forcejaba para soltarse de su amigo y golpearlo —Suéltame Ron lo mataré.

Ron cansado de la discusión sin sentido tomó a Hans de la camisa y lo puso contra la pared para calmarlo.

—¿Quieres tranquilizarte, Hans? este no es el momento de discusiones tontas, si queremos salvar a Hermione será mejor confiar. Además no creo que Malfoy nos traicione, su amiga esta en peligro —lo intentó hacer razonar.

—Ron tiene razón, Hans tendremos que confiar en Malfoy, nos guste o no, así que cálmate.

0000000000000000000

Había toque de queda para todos los alumnos debido al aumento en los ataques, y Harry junto a Hans lo veían como una oportunidad perfecta para salir a investigar. Era su única posibilidad para salir a hurtadillas del colegio y visitar a Hagrid sin que nadie se enterara. Así que los tres fueron a la cama a la hora habitual y esperaron a que Neville, Dean y Seamus hubieran dejado de hablar sobre la Cámara de los Secretos y se durmieran. Entonces se levantaron, volvieron a vestirse y se cubrieron con su Capa de invisibilidad, verían a Malfoy en los pasillos que conectaban a la salida del castillo.

Harry y Hans sabían que Hagrid estaba involucrado con lo sucedido en el pasado referente al monstruo y a la cámara de los secretos, pues como le había contado a Malfoy y Ron un par de horas antes, tuvieron una especie de visión en la que al parecer el semi-gigante era culpable por la muerte de la niña, debido a que poseía una araña gigante. Aunque este al igual que lo había hecho Hermione en su tiempo le cuestionó si el tal Tom Ryddle no se había equivocado de monstruo y persona. Tenían demasiadas dudas al respecto, por lo que resolvieron ir a preguntarle ellos mismos.

El recorrido por los corredores oscuros del castillo no fue en absoluto agradable. Harry y Hans ya en ocasiones anteriores habían caminado por allí de noche, no lo había visto nunca, después de la puesta del sol, tan lleno de gente: profesores, prefectos y fantasmas circulaban por los corredores en parejas, buscando cualquier detalle sospechoso, pero sin olvidarse de señalar a Harry y Hans como los posibles herederos de Slytherin.

A pesar de llevar la capa invisible, abrieron la puerta principal de roble, suspiraron aliviados.

Era una noche clara y estrellada.

Avanzaron con rapidez guiándose por la luz de las ventanas de la cabaña de Hagrid, y no se desprendieron de la capa hasta que hubieron llegado ante la puerta.

Unos segundos después de llamar, Hagrid les abrió. Les apuntaba con una ballesta, y Fang ladraba furiosamente detrás de él.

—¡Ah! —dijo, bajando el arma y mirándolos—. ¿Qué hacen aquí?

Al ver a Draco el semi gigante volteó a ver a Harry buscando una explicación a lo cual el pelinegro se encogió de hombros restándole importancia

—¿Para qué es eso? —preguntó Harry, señalando la ballesta cuando entraban.

—Nada, nada... —susurró Hagrid—. Estaba esperando... No importa... Siéntense, les prepararé té. — Parecía que apenas sabía lo que hacía. Casi apagó el fuego al derramar agua de la tetera metálica, y luego rompió la de cerámica de puros nervios al golpearla con la mano.

—¿Estás bien, Hagrid? —dijo Hans —. ¿Has oído lo de Hermione y Elsa ?

Draco miraba con asco el té pero no queria problemas con el Semi gigante por lo cual lo bebió dándose cuenta que no sabia nada mal .

—Para ti es princesa Elsa, muestra respeto Westergaard, ella y tu no son iguales— habló con petulancia el rubio .

—Vete al diablo Malfoy.

—¡Ah, sí, ya me enteré! —dijo Hagrid con la voz entrecortada. Miró por la ventana, nervioso. Cuando les estaba poniendo en un plato un trozo de pastel de frutas, aporrearon la puerta.

Se le cayó el pastel.

Harry, Hans, Draco y Ron intercambiaron miradas de pánico, se echaron encima las capas para hacerse invisibles y se retiraron a un rincón oculto. Tras asegurarse de que no se les veía, Hagrid tomó la ballesta y fue otra vez a abrir la puerta.

—Buenas noches, Hagrid.

Era Dumbledore. Entró, muy serio, seguido por un hombre bajo y corpulento, con el pelo gris alborotado y expresión nerviosa. Llevaba una extraña combinación de ropas: traje de raya diplomática, corbata roja, capa negra larga y botas púrpura acabadas en punta. Sujetaba bajo el brazo un bombín verde lima.

—Es Cornelius Fudge, el ministro de Magia — Susurró Malfoy a Hans quien prestó atención al hombre.

— ¡El jefe de mi padre! — dijo Ron. A quien Harry le dio un codazo para que se callara.

—¡Feo asunto, Hagrid! —dijo Fudge, mientras él y el director entraban a la cabaña.

— Muy feo. He tenido que venir. Cuatro ataques contra hijos de muggles. El Ministerio tiene que intervenir.

—Yo nunca... —dijo Hagrid, mirando implorante a Dumbledore—. Usted sabe que yo nunca, profesor Dumbledore, señor...

—Quiero que quede claro, Cornelius, que Hagrid cuenta con mi plena confianza —dijo Dumbledore, mirando a Fudge con el entrecejo fruncido.

—Mira, Albus —dijo Fudge incómodo—. Hagrid tiene antecedentes. El Ministerio tiene que hacer algo... El consejo escolar se ha puesto en contacto...

—Aun así, Cornelius, insisto en que echar a Hagrid no va a solucionar nada —dijo Dumbledore. Los ojos azules le brillaban de una manera que Harry y Hans no habían visto nunca.

—Míralo desde mi punto de vista —dijo Fudge, cogiendo el sombrero y haciéndolo girar entre las manos—. Me están presionando. Tengo que acreditar que hacemos algo. Si se demuestra que no fue Hagrid, regresará y no habrá más que decir. Pero tengo que llevármelo. Tengo que hacerlo. Si no, no estaría cumpliendo con mi deber...

—¿Llevarme? —dijo Hagrid, molesto y asustado—. ¿Llevarme adónde?

—Sólo por poco tiempo —dijo Fudge, evitando los ojos de Hagrid—. No se trata de un castigo, Hagrid, sino más bien de una precaución. Si atrapamos al culpable, a usted se le dejará salir.

—¿No estarán pensando llevarme a Azkaban? —preguntó Hagrid con voz ronca.

Antes de que Fudge pudiera responder, llamaron con fuerza a la puerta. Abrió Dumbledore. Ahora fue Draco quien recibió un codazo en las costillas, porque había dejado escapar un grito ahogado bien audible.

—Quieres callarte Mafoy —se quejó Hans —Maldita sea, nos van a descubrir por tu jodida culpa.

El señor Lucius Malfoy entró en la cabaña de Hagrid con paso decidido, envuelto en una capa de viaje negra y con una gélida sonrisa de satisfacción. Fang se puso a aullar.

—¡Ah, ya está aquí, Fudge! —dijo complacido al entrar— Bien, bien...

—¿Qué hace usted aquí? —le dijo Hagrid furioso, aunque se esforzó mucho por moderar su volumen debido a su hijo. — ¡Salga de mi casa!

—Créeme, que no me produce ningún placer entrar en esta... ¿la has llamado casa? —repuso Lucius Malfoy contemplando la cabaña con desprecio— He ido al colegio y me han dicho que el director estaba aquí.

—¿Y qué es lo que quiere de mí, exactamente, Lucius? —dijo Dumbledore.

Hablaba cortésmente, pero aún tenía los ojos azules llenos de furia.

—Es lamentable, Dumbledore —dijo perezosamente el señor Malfoy, sacando un rollo de pergamino— pero el consejo escolar ha pensado que es hora de que usted abandone el cargo de director. Aquí traigo una orden de cese, y aquí están las doce firmas. Me temo que este asunto se le ha escapado de las manos. Mi hijo y mi sobrino corren peligro teniéndote a ti como director.

Hans estaba enojado ¿como se atrevía a mencionar su parentesco para hacer que echen a Dumbledore de Hogwarts. Estuvo a punto de quitarse la capa de invisibilidad y enfrentar a Lucius pero Malfoy lo detuvo.

—Escúchame no hables o nos descubrirán—le susurró Malfoy en voz baja — Complicaras las cosas.

—Déjame Malfoy —le dijo en voz baja, intentando soltarse —Tu padre no puede salirse con la suya .

Debajo de la capa Harry apretaba los puños molesto, y Draco bajaba la mirada avergonzado, era impresionante, el cómo había cambiado la manera de ver a su padre, siempre lo vio como un héroe, como la persona que lo sabía todo y que siempre estaba en lo correcto, se había esforzado por tratar de seguir sus ideales, pero estaba comenzando a sentir desagrado por su actuar. Comenzaba a formar su propio criterio, y no se había dado cuenta de que iban por un camino muy distinto.

— ¿Cuántos ataques ha habido ya? Otros tres esta tarde, la amiga de mi hijo fue una de ellas ¿no es cierto? A este ritmo, no quedarán en Hogwarts alumnos de familia muggle, y todos sabemos el gran perjuicio que ello supondría para el colegio.

—¿Qué? ¡Vaya, Lucius! —dijo Fudge, alarmado— Dumbledore cesado... No, no… lo último que querría, precisamente ahora...

—El nombramiento y el cese del director son competencia del consejo escolar, Fudge —dijo con suavidad el señor Malfoy— Y como Dumbledore no ha logrado detener las agresiones...

—Pero, Lucius, si Dumbledore no ha logrado detenerlas —dijo Fudge, que tenía el labio superior empapado en sudor—, ¿quién va a poder?

—Ya se verá —respondió el señor Malfoy con una desagradable sonrisa— Pero como los doce hemos votado...

Hagrid se levantó de un salto, y su enredada cabellera negra rozó el techo.

—¿Y a cuántos ha tenido que amenazar y chantajear para que accedieran, eh, Malfoy? —preguntó, olvidándose de que los tres niños se encontraban ahí.

—Muchacho, muchacho, por Dios, este temperamento suyo le dará un disgusto un día de éstos —dijo Malfoy— Me permito aconsejarle que no grite de esta manera a los carceleros de Azkaban. No creo que se lo tomen a bien.

—¡Puede quitar a Dumbledore! —chilló Hagrid. — ¡Lléveselo, y los alumnos de familia muggle no tendrán ni una oportunidad! ¡habrá más asesinatos!

—Cálmate, Hagrid —le dijo bruscamente Dumbledore.

Luego se dirigió a Lucius Malfoy—. Si el consejo escolar quiere mi renuncia, Lucius, me iré.

—Pero... —tartamudeó Fudge.

—¡No! —gimió Hagrid.

Dumbledore no había apartado sus vivos ojos azules de los ojos fríos y grises de Malfoy.

—Sin embargo —dijo Dumbledore, hablando muy claro y despacio, para que todos entendieran cada una de sus palabras—, sólo abandonaré de verdad el colegio cuando no me quede nadie fiel. Y Hogwarts siempre ayudará al que lo pida.

Durante un instante, Harry y Hans estuvieron convencidos de que Dumbledore les había guiñado un ojo, mirando hacia el rincón donde Malfoy y Ron estaban ocultos.

—Admirables sentimientos —dijo Malfoy, haciendo una inclinación— Todos echaremos de menos su personalísima forma de dirigir este colegio. Albus y una cosa mas mi sobrino vendrá a vivir con nosotros, el debe saber cual es su lugar y con quien tiene que estar su lealtad. Aún es tiempo de hacerlo un digno Black.

Hans sintió un profundo desprecio. Él nunca apoyaría los ideales de los Sangre Pura. Él era un Griffyndor, su lealtad estaba con su casa y Dumbledore y por primera vez agradeció al director por dejarlo en las islas del sur, de lo contrario seria un estúpido clasista.

—Créeme Malfoy, eso jamás pasará. Hans nunca será como el señor tenebroso, para tu mala suerte ,el es todo un Gryffindor— expresó el director.

Lucius no dijo nada, solo se dirigió con paso decidido a la puerta de la cabaña, la abrió, saludó a Dumbledore con una inclinación y le indicó que saliera.

Fudge esperaba, sin dejar de manosear su sombrero, a que Hagrid pasara delante, pero Hagrid no se movió, sino que respiró hondo y dijo pausadamente:

—Si alguien quisiera desentrañar este embrollo, lo único que tendría que hacer es seguir a las arañas. Ellas lo conducirían. Eso es todo lo que tengo que decir. —Fudge lo miró extrañado—. De acuerdo, ya voy —añadió, poniéndose el abrigo de piel de topo. Cuando estaba a punto de seguir a Fudge por la puerta, se detuvo y dijo en voz alta—: Y alguien tendrá que darle de comer a Fang mientras estoy fuera.

La puerta se cerró de un golpe y Harry y el decimotercer príncipe se quitaron las capas de invisibilidad.

— Bonito problema el que nos hemos conseguido. —dijo con voz ronca Ron.

— Sin Dumbledore. Podrían cerrar el colegio esta misma noche. Sin él, habrá un ataque cada día. — Dijo Draco muy preocupado. — Jamás pensé que mi padre fuera capaz de esto .

— Tenemos que averiguar lo que pasa, ya. — Decidió Harry.

—Esto se esta saliendo de control ,sin Dumbledore habrá más ataques de hijos de muglees— comentó el decimo tercer príncipe.

0000000000000000000

—Déjenme. —protestó el decimo tercer príncipe, en la salida de pociones cuando lo sujetaron entre Harry y Ron para que no se abalanzara sobre un Slytherin , pues este había dicho que era una pena que el heredero de Salazar no asesinara a Hermione. — Ni si quiera necesito varita, lo voy a matar con mis propias manos...

Draco quien se dirigía a defensas contra las artes oscuras, frunció el ceño al escuchar las burlas de su compañero de casa. Lo tomó de su túnica poniéndolo contra la pared —repite en mi cara lo que dijiste —lo retó Malfoy —escúchame bien grandísimo idiota. Mantén tu boca cerrada, Elsa también fue petrificada, no solo Granger ¡imbécil!

El chico asintió, tragando grueso, ninguno queria problemas con el príncipe de Slytherin. Una cosa era molestar a Westergaard y a Potter y otra era meterse con Draco Malfoy .

— Cálmate. — Dijo Ron. — Vamos, tenemos que ir a herbolaría. Por cierto gracias Malfoy.

Todo el grupo se dirigió junto a el profesor Snape al invernadero, donde Hans se sintió tremendamente triste, al no tener a su amiga junto a él como siempre, el lugar de Elsa estaba vació y sintió su mundo venirse abajo. A mitad de la clase Ron se había percatado de que había una fila de arañas dirigiéndose al bosque prohibido.

Al acabar la clase, el profesor Snape acompañó a los alumnos al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Harry, Ron y Hans se rezagaron un poco para hablar sin que los oyeran.

—Tenemos que recurrir otra vez a las capas para hacernos invisibles —dijo Harry.

— Podemos llevar con nosotros a Fang. Hagrid lo lleva con él al bosque, así que podría sernos de ayuda. — Se animó Hans.

—De acuerdo —dijo Ron, que movía su varita mágica nerviosamente entre los dedos—. Pero... ¿no hay..., no hay hombres lobo en el bosque? —añadió, mientras ocupaban sus puestos habituales al final del aula de Lockhart.

Prefiriendo no responder a aquella pregunta, Harry dijo:

—También hay allí cosas buenas. Los centauros son buenos, y los unicornios también.

Hans arrancó una hoja y la hechizo para mandársela a Draco, diciendo que se verían en las escaleras que conectaba a la cocina, tenia que estar a las diez de la noche, de lo contrario se irían sin el.

Después de cenar, Harry y Hans sacaron del baúl sus capas para hacerse invisible y pasaron la noche sentados encima de ellas, esperando que la sala se despejara. Fred y George los retaron a jugar al snap explosivo. Harry, Hans y Ron perdieron a propósito, intentando acabar pronto, pero incluso así, era bien pasada la medianoche cuando Fred y George se marcharon por fin a la cama.

Los tres esperaron a oír cerrarse las puertas de los dos dormitorios antes de tomar la capa, echársela encima y salir por el agujero del retrato.

Este recorrido por el castillo también fue difícil, porque tenían que ir esquivando a los profesores.

Malfoy los esperaba debajo de las escaleras escondiéndose de los profesores que merodeaban el lugar. Hans compartió su capa con el .

Al fin llegaron al vestíbulo, descorrieron el pasador de la puerta principal y se colaron por ella, intentando evitar que hiciera ruido, y salieron a los campos iluminados por la luz de la luna.

Llegaron a la cabaña de Hagrid, que parecía muy triste con sus ventanas tapadas. Cuando Harry abrió la puerta, Fang enloqueció de alegría al verlos. Temiendo que despertara a todo el castillo con sus potentes ladridos, se apresuraron a darle de comer caramelos de café con leche que había en una lata sobre la chimenea. Hans dejó la capa sobre la mesa de Hagrid. No la necesitarían en el bosque completamente oscuro.

—Vamos a dar una vuelta Fang —le dijo Harry, dándole unas palmaditas en la pata, y Fang salió de la cabaña detrás de ellos. Harry ,Hans y Draco sacaron sus varitas, y murmuraron un Lumos, y en su extremo apareció una lucecita diminuta, suficiente para permitirles buscar indicios de las arañas por el camino.

—Bien pensado —dijo Ron— Yo haría lo mismo con la mía, pero ya saben..., seguramente estallaría o algo parecido... — Harry le puso una mano en el hombro y señaló la hierba. Dos arañas solitarias huían de la luz de la varita para protegerse en la sombra de los árboles.

—Vamos — Dijo Hans decididamente.

— Estoy listo. Vamos. — Musitó Ron resignado.

—Hay que tener cuidado, lo mas probable es que algún profesor haga ronda por los patios—habló Malfoy comenzando a caminar.

Entraron al bosque, con Fang a su lado, olfateando las hojas y las raíces de los árboles. A la luz de las varitas, siguieron la hilera ininterrumpida de arañas que circulaban por el camino. Caminaron unos veinte minutos, sin hablar, con el oído atento a otros ruidos que no fueran los de ramas al romperse o el susurro de las hojas.

Más adelante, cuando el bosque se volvió tan espeso que ya no se veían las estrellas del cielo y la única luz provenía del rubio y el pelinegro, vieron que las arañas se salían del camino. Hans se detuvo y miró hacia donde se dirigían las arañas, pero, fuera de los pequeños círculos de luz, todo era oscuridad impenetrable. Nunca se habían internado tanto en el bosque.

Siguieron a las arañas que se internaban en la espesura. No podían avanzar muy rápido, porque había tocones y raíces de árboles en su ruta, apenas visibles en la oscuridad. Harry notaba en la mano el cálido aliento de Fang. Tuvieron que detenerse más de una vez para que, en cuclillas, a la luz de la varita, Harry pudiera volver a encontrar el rastro de las arañas.

Caminaron durante una media hora por lo menos. Las túnicas se les enganchaban en las ramas bajas y en las zarzas. Al cabo de un rato notaron que el terreno descendía, aunque el bosque seguía igual de espeso. De repente, Fang dejó escapar un ladrido potente, resonante, dándoles un susto tremendo.

Ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar. Una araña del tamaño de un elefante pequeño salió de entre los árboles, acompañado de muchas otras pequeñas y grandes. El negro de su cuerpo y sus piernas estaba manchado de gris, y los ocho ojos que tenía en su cabeza horrenda y llena de pinzas eran de un blanco lechoso. Era ciega.

—¿Quién es? —dijo, chascando muy deprisa sus pinzas.

—Hombres —dijo una araña.

—¿Es Hagrid? —Aragog se acercó, moviendo vagamente sus múltiples ojos lechosos.

—Desconocidos —respondió la misma araña.

—Mátenlos —ordenó Aragog con fastidio.

—Somos amigos de Hagrid —gritaron Hans y Harry. Sentían como si el corazón se les hubiera escapado del pecho y estuviera retumbando en su garganta. Aragog se detuvo.

—Hagrid nunca ha enviado hombres a nuestro escondite—dijo despacio.

—Hagrid está metido en un grave problema —dijo Harry, respirando muy deprisa—. Por eso hemos venido nosotros.

—¿En un grave problema? —dijo la vieja araña con preocupación—. Pero ¿por qué los ha enviado?

—En el colegio piensan que Hagrid se ha metido en.… en.… algo con los estudiantes. Se lo han llevado a Azkaban.

Aragog chascó sus pinzas enojado, y el resto de las arañas hizo lo mismo.

—Pero aquello fue hace años —dijo Aragog con fastidio—. Hace un montón de años. Lo recuerdo bien. Por eso lo echaron del colegio. Creyeron que yo era el monstruo que vivía en lo que ellos llaman la Cámara de los Secretos. Creyeron que Hagrid había abierto la cámara y me había liberado.

—Y tú... ¿tú no saliste de la Cámara de los Secretos? —pregunto Hans , notando un sudor frío en la frente.

—¡Yo! —dijo Aragog, chascando de enfado—. Yo no nací en el castillo. Vine de una tierra lejana. Un viajero me regaló a Hagrid cuando yo estaba en el huevo. Hagrid sólo era un niño, pero me cuidó, me escondió en un armario del castillo, me alimentó con sobras de la mesa. Hagrid es un gran amigo mío, y un gran hombre.

Ron y Draco miraban a su alrededor nerviosos de ver tantas arañas juntas.

— Cuando me descubrieron y me culparon de la muerte de la niña, él me protegió. Desde entonces, he vivido siempre en el bosque, donde Hagrid aún viene a verme.

Harry y Hans reunieron todo el valor que le quedaba.

—¿Así que tú nunca... nunca atacaste a nadie?

—Nunca —dijo la vieja araña con voz ronca—. Mi instinto me habría empujado a ello, pero, por consideración a Hagrid, nunca hice daño a un ser humano. El cuerpo de la muchacha asesinada fue descubierto en los aseos. Yo nunca vi nada del castillo salvo el armario en que crecí.

—Pero entonces... ¿sabes qué es lo que mató a la chica? —preguntó Hans —. Porque, sea lo que sea, ha vuelto a atacar a la gente...

—Lo que habita en el castillo —dijo Aragog— es una antigua criatura a la que las arañas tememos más que a ninguna otra cosa.

—¿Qué es? —dijo Harry enseguida.

Las pinzas chascaron más fuerte. Parecía que las arañas se acercaban.

—¡No hablamos de eso! —dijo con furia Aragog—. ¡No lo nombramos! Ni siquiera a Hagrid le dije nunca el nombre de esa horrible criatura, aunque me preguntó varias veces.

Malfoy y Ron comenzaban a ponerse nerviosos al ver a las arañas acercándose a ellos. Él platinado notó como el pelirrojo comenzaba a sudar frio.

—Weasley ¿estas bien?– preguntó el Slytherin —Estas cosas me estan poniendo nervioso y los idiotas de Potter y Westergaard no se dan prisa —se impaciento.

—Creo que si ...¡que diablos! tengo fobia a las arañas .

Ni el pelirrojo y el pelinegro quisieron insistir, y menos con las arañas que se acercaban cada vez más por todos lados. Aragog parecía cansada de hablar. Iba retrocediendo despacio hacia su tela, pero las demás arañas seguían acercándose, poco a poco, a los tres niños.

—En ese caso, ya nos vamos —dijo Harry desesperadamente a Aragog, al oír los crujidos muy cerca.

—¿Irse? —dijo Aragog despacio— Creo que no...

—Pero, pero...—Se puso nervioso Hans —Somos amigos de Hagrid– explicó nervioso.

—Mis hijos e hijas no hacen daño a Hagrid, ésa es mi orden. Pero no puedo negarles un poco de carne fresca cuando se nos pone delante voluntariamente. Adiós, amigos de Hagrid.

Draco miró a todos lados. A muy poca distancia, mucho más alto que él, había un frente de arañas, como un muro macizo, chascando sus pinzas y con sus múltiples ojos brillando en las horribles cabezas negras.

Harry, Hans y Draco tomaron fuerte su varita, mientras Ron se mantenía alerta, aunque sabían que no iba a servir, que había demasiadas arañas, pero estaban decididos a hacerles frente, dispuestos a morir luchando, antes de ser devorados por las criaturas. Pero en aquel instante se oyó un ruido fuerte, y un destello de luz iluminó la hondonada.

El coche del padre de Ron rugía bajando la hondonada, con los faros encendidos, tocando la bocina, apartando a las arañas al chocar con ellas.

El coche se detuvo con un chirrido delante de los cuatro, y abrió las puertas.

—¡Entren! —gritó Harry, metiéndose por la puerta delantera. Ron tomó al perro, que no paraba de aullar, por la barriga y lo metió en los asientos de atrás, y se apretujó en el asiento del piloto junto a Draco y el decimotercer príncipe . Las puertas se cerraron de un portazo. Ni Ron puso el pie en el acelerador ni falta que hizo. El motor dio un rugido, y el coche salió atropellando arañas.

Subieron la cuesta a toda velocidad, salieron del escondite y enseguida se internaron en el bosque chocando contra todo lo que se les ponía por delante, con las ramas golpeando las ventanillas, mientras el coche se abría camino hábilmente a través de los espacios más amplios, siguiendo un camino que obviamente conocía.

Se miraron los cuatro. Todos conservaban en el rostro una mueca de espanto, pero al menos ya no se encontraban a punto de morir.

El coche frenó tan bruscamente que casi salen por el parabrisas. Habían llegado al final del bosque. Fang se abalanzó contra la ventanilla en su impaciencia por salir, y cuando Hans le abrió la puerta, corrió por entre los árboles, con la cola entre las piernas, hasta la cabaña de Hagrid. Harry y Hans también salieron. Ron y Draco tardaron un poco mas, quisieron esperar para recuperar el aliento, una vez que recuperaron el movimiento en sus miembros, (pero aún con el cuello rígido y los ojos fijos) se les unieron. Harry dio al coche una palmada de agradecimiento, y éste volvió a internarse en el bosque y desapareció de la vista.

Los elegidos entraron en la cabaña de Hagrid a recoger las capas invisibles. Fang se había acurrucado en su cesta, temblando debajo de la manta. Cuando Harry y Hans volvieron a salir, vio a Draco apoyando las manos sobre las rodillas y a Ron vomitando cerca de las calabazas.

—¡Sigan a las arañas! —dijo Ron sin fuerzas, limpiándose la boca con la manga— Nunca perdonaré a Hagrid. Estamos vivos de milagro.

—Estoy seguro que Hagrid no pensó que nos haria daño — intentó defender Hans.

— ¡Juro que si logra salir de Azkaban yo mismo lo asesinaré! — lo siguió Draco.

—Apuesto a que no pensaba que Aragog pudiera hacernos daño. —dijo Harry.

—¡Ése es exactamente el problema de Hagrid! —dijo Ron, pateando una calabaza— ¡Cree que los monstruos no son tan malos como parecen, y mira adónde lo ha llevado esa creencia: a una celda en Azkaban! —No podía dejar de temblar.

— ¿Qué pretendía enviándonos allá? Me gustaría saber qué es lo que hemos averiguado. — masculló Draco, cruzándose de brazos, tratando de quitarse los escalofríos de encima.

—Que Hagrid no abrió nunca la Cámara de los Secretos —contestó Hans, echando la capa sobre los tres y empujándolos por el brazo para hacerlos andar— Es inocente.

Ron y Draco resoplaron.

Evidentemente, criar a Aragog en un armario no era su idea de la inocencia.

—Harry—Hans se acercó y coloco su mano en su hombro— tienes que decirle a Astoria que se cuide, que no ande por los pasillos sola, no sabemos que es lo que se oculta.

Harry llevó sus manos a la cabezo con frustración, sabia que Astoria podía ser tan testaruda, tenia que protegerla, no permitiría que la lastimaran.

—Lo se Hans y me preocupa pero Astoria es tan testaruda, le dije que evite salir de su torre sola pero no hace caso, prefiere ir a la biblioteca .

Al aproximarse al castillo, Harry y Hans enderezaron las capas para asegurarse de que no se les veían los pies, luego empujó despacio la puerta principal, para que no chirriara, sólo hasta dejarla entreabierta. Cruzaron con cuidado el vestíbulo y subieron la escalera de mármol, conteniendo la respiración al encontrarse con los centinelas que vigilaban los corredores. Por fin llegaron a la sala común de Gryffindor, donde el fuego se había convertido en cenizas y unas pocas brasas. Al hallarse en lugar seguro, se desprendieron de la capa y ascendieron por la escalera circular hasta el dormitorio. Ron cayó en la cama sin preocuparse de desvestirse, al tiempo que Hans y Harry guardaban sus capas.

Draco por su parte se sentó lento al borde de su cama, había estado evitando vomitar desde que bajaron del coche.

Malfoy se había quedado cerca de la torre de Slytherin, estaba caminando para llegar a su dormitorio pero quiso ir a la enfermería, al entrar no había nadie por lo cual, se acercó a la cama de Elsa, suspiró tomando su mano, le dolía ver a su amiga en ese estado.

—Elsa, estamos haciendo todo para ayudarte… realmente me haces falta, quiero de regreso a mi mejor amiga —el platinado dejó un beso en el torso de su mano—quizá me congelaras pero ha cambiado mi manera de ver a Potter y Westergaard… no son tan malos tipos.

El chico acarició el cabello de Elsa con ternura, para después acercarse a donde estaba Hermione, fue en ese momento que no pudo evitar llorar. Se sentía tan culpable por desearle la muerte.

–Granger, lamento todo lo que te dije… por favor quiero que seas la misma sabelotodo insufrible —Se inclinó dejando un beso cerca de sus labios —Me gustas Granger, me gustas mucho.

Las lágrimas bajaban por sus ojos, sintiendo impotencia por no poder ayudarla.

Debía salir de allí antes que lo descubrieran, pero prometió regresar.

En los dormitorios, Harry y Hans esperaron que Ron se fuera a dormir para hablar, no queria que los fueran a escuchar por lo cual hablaban en parcel.

—La chica que murió. Aragog dijo que fue hallada en unos aseos —dijo Harry en parcel ,dirigiéndose a Hans — ¿Y si no hubiera abandonado nunca los aseos? ¿Y si todavía estuviera allí?

—¿No pensarás... en Myrtle la Llorona? — le respondió el pelirrojo ,en parcel —Podemos investigar.

00000000000000000000

Al día siguiente los cuatro se habían escapado de su grupo para ir a ver a Myrtle la llorona, pero McGonagall los descubrió y fingieron ir a ver a Hermione, así que no les quedó mas remedio que ir a la enfermería. Ron se había sentado en la cama de a lado, Draco estaba a la izquierda y Harry a la derecha.

— Ahora me pregunto, si vería a su atacante.— Dijo Draco, mirando con tristeza el rostro rígido de Hermione y Elsa — Porque si se apareció sigilosamente, quizá no viera a nadie...

Pero Hans no miraba el rostro de Hermione, porque se había fijado en que su mano derecha, apretada encima de las mantas, aferraba en el puño un trozo de papel estrujado. Asegurándose de que la señora Pomfrey no estaba cerca, se lo señaló a sus amigos.

—Intenta sacárselo —susurró Ron, parándose para ocultar a Hans de la vista de la señora Pomfrey.

No fue una tarea fácil. La mano de Hermione apretaba con tal fuerza el papel que Hans creía que al tirar se rompería. Mientras Ron lo cubría, Draco y Harry lo ayudaron tratando de abrir un poco la mano, al fin, después de varios minutos de tensión, el papel salió.

Era una página arrancada de un libro muy viejo. El rubio se la quitó de las manos, la alisó con emoción y leyó en voz alta.

De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco, conocido como el rey de las serpientes. Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuantos fijaren su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal.

Debajo de esto, había escrita una sola palabra, con una letra que Draco reconoció como la de Hermione: «Cañerías.» Fue como si alguien hubiera encendido la luz de repente en su cerebro.

— ¡Eso es! Aquí está la respuesta. El monstruo de la cámara es un basilisco, ¡una serpiente gigante! Por eso Harry y yo lo escuchamos por todo el colegio, y nadie más la ha oído: porque nosotros comprendemos la lengua pársel...

Harry miró las camas que había a su alrededor.

—El basilisco mata a la gente con la mirada.

— Pero no ha muerto nadie. — objetó Draco.

— Porque ninguno de ellos lo miró directo a los ojos. — respondieron Ron y Harry y el pelinegro comenzó a explicar.

— Colin lo vio a través de su cámara de fotos. El basilisco quemó toda la película que había dentro, pero a Colin sólo lo petrificó. Justin... ¡Justin debe de haber visto al basilisco a través de Nick Casi Decapitado! Nick lo vería perfectamente, pero no podía morir otra vez... Y a Hermione , Elsa y la prefecta de Ravenclaw las hallaron con aquel espejo al lado. Hermione acababa de enterarse de que el monstruo era un basilisco. ¡Me apostaría algo a que ella les advirtió a Elsa y la chica que mirara por un espejo antes de doblar las esquinas! Y entonces sacó el espejo y...

Sus amigos se habían quedado con la boca abierta.

—¿Y la Señora Norris? —susurró con interés Ron.

Harry y Hans hicieron un gran esfuerzo para concentrarse, recordando la imagen de la noche de Halloween.

—El agua... — Esta vez fue Draco. — la inundación que venía de los aseos de Myrtle la Llorona. Seguro que la Señora Norris sólo vio el reflejo...

Con impaciencia, examinó la hoja que tenía en la mano. Cuanto más la miraba más sentido le hallaba.

—Pero ¿cómo se mueve el basilisco por el castillo? —dijo Ron— Una serpiente tan grande... alguien tendría que verla... — Harry, sin embargo, le señaló la palabra que Hermione había garabateado al pie de la página.

—Cañerías —leyó—. Cañerías... Ha estado usando las cañerías. Y lo hemos oído dentro de las paredes...

—¡La entrada de la Cámara de los Secretos! —dijo Hans con la voz quebrada. — ¿Y si es uno de los aseos? ¿Y si estuviera en...?

—... los aseos de Myrtle la Llorona —terminó Harry. —Esto quiere decir —añadió — que no debo de ser el único que habla pársel en el colegio. El heredero de Slytherin también lo hace. De esa forma domina al basilisco.

—¿Qué hacemos? ¿Vamos directamente a hablar con McGonagall? — Dijo Ron.

—Vamos a la sala de profesores —dijo Harry, levantándose de un salto— Irá allí dentro de diez minutos, ya es casi el recreo.

Bajaron las escaleras corriendo. Como no querían que los volvieran a encontrar merodeando por otro pasillo, fueron directamente a la sala de profesores, que estaba desierta.

Los tres salieron pero Hans se quedó unos minutos mas. Sería arriesgado si era verdad lo que habían descubierto, aquella criatura podría matarlos pero salvaría a Elsa por Anna, por sus padres, lo haría.

Se fue acercando indeciso y tomó las heladas manos de Elsa, mientras miraba los ojos azules de la joven, que miraban a la nada.

—No sabes lo mucho que te odiaba , odiaba no poder sacarte de mi mente. Elsa soy un estúpido, porque a pesar que me desprecias simplemente no puedo sacarte de mis pensamientos.

El se fue inclinando, con algo de indecisión, sin embargo suspiro y finalmente rozó sus labios contra los suyos. Su primer beso.

Estaba mal y era consciente que si ella estuviera bien lo mas probable es que lo congelaría .

—¿Sabes? vale la pena ser congelado si puedo tocar tus labios… te juro que te salvaré… Elsa lo prometo.

Sin decir más, salió de la enfermería. Había besado a la platinada, su primer beso y se sintió tan bien aunque no fue como el lo hubiera deseado pero ese beso le infundio ánimos y valor para lo que le tocaba enfrentar.

….

Era una sala amplia con una gran mesa y muchas sillas alrededor. Los tres caminaron por ella, estaban demasiado nerviosos para sentarse. Pero la campana que señalaba el comienzo del recreo no sonó. En su lugar se oyó la voz de la profesora McGonagall, amplificada por medios mágicos.

—Todos los alumnos volverán inmediatamente a los dormitorios de sus respectivas casas. Los profesores deben dirigirse a la sala de profesores. Les ruego que se den prisa.

Harry y Hans se dieron la vuelta hacia sus amigos.

—¿Habrá habido otro ataque? ¿Precisamente ahora?

—¿Qué hacemos? —dijo Ron, aterrorizado

— ¿Regresamos al dormitorio?

—No —dijo Hans, mirando alrededor. Había una especie de ropero a su izquierda, lleno de capas de profesores— Si nos escondemos aquí, podremos enterarnos de qué ha pasado. Luego les diremos lo que hemos averiguado.

Los cuatro se ocultaron dentro del ropero. Oían el ruido de cientos de personas que pasaban por el corredor. La puerta de la sala de profesores se abrió de golpe. Por entre los pliegues de las capas, que olían a humedad, vieron a los profesores que iban entrando en la sala. Algunos parecían desconcertados, otros claramente preocupados. Al final llegó la profesora McGonagall.

—Ha sucedido —dijo a la sala, que la escuchaba en silencio

— Una alumna ha sido raptada por el monstruo. Se la ha llevado a la cámara.

El profesor Flitwick dejó escapar un grito. La profesora Sprout se tapó la boca con las manos. Snape se cogió con fuerza al respaldo de una silla y preguntó:

—¿Está usted segura?

—El heredero de Slytherin —dijo la profesora McGonagall, que estaba pálida— ha dejado un nuevo mensaje, debajo del primero: «Sus huesos reposarán en la cámara por siempre.»

El profesor Flitwick derramó unas cuantas lágrimas.

—¿Quién ha sido? —preguntó la señora Hooch, que se había sentado en una silla porque las rodillas no la sostenían— ¿Qué alumna?

—Ginny Weasley —dijo la profesora McGonagall.

Hans miró con preocupación a su amigo Ron, estaba pálido, colocó una mano sobre su hombro.

—Ron ,tranquilo vamos salvarla te lo prometo —le habló Hans, intentando apoyarlo —vamos a la cámara de los secretos sacaremos a Ginny.

000000000000000000

— Deberíamos ir a ver a Lockhart para decirle lo que sabemos. Va a intentar entrar en la cámara. Podemos decirle dónde sospechamos que está la entrada y explicarle que lo que hay dentro es un basilisco. — Dijo Draco acomodando su túnica.

— ¡Sí hay que hacerlo! — de inmediato lo apoyó Ron.

Harry y Hans se mostraron de acuerdo, porque no se le ocurría nada mejor y quería hacer algo. Los demás alumnos de Gryffindor estaban tan tristes, y sentían tanta pena de los Weasley, que nadie trató de detenerlos cuando se levantaron, cruzaron la sala y salieron por el agujero del retrato.

Oscurecía mientras se acercaban al despacho de Lockhart. Les dio la impresión de que dentro había gran actividad: podían oír sonido de roces, golpes y pasos apresurados.

Harry llamó. Dentro se hizo un repentino silencio. Luego la puerta se entreabrió y Lockhart asomó un ojo por la rendija.

—¡Ah...! Señor Potter, señor Weasley... Señor Malfoy y señor Westergaard —dijo, abriendo la puerta un poco más— En este momento estaba muy ocupado...

—Profesor, tenemos información para usted —dijo Hans— Creemos que le será útil.

—Ah... bueno... no es muy..

—Lockhart parecía encontrarse muy incómodo, a juzgar por el trozo de cara que veían—. Quiero decir, bueno, bien. —

Abrió la puerta y entraron. El despacho estaba casi completamente vacío. En el suelo había dos grandes baúles abiertos. Uno contenía túnicas y el otro, libros mezclados desordenadamente. Las fotografías que habían cubierto las paredes estaban ahora guardadas en cajas encima de la mesa.

—¿Se va a algún lado? —preguntó Harry.

—Esto..., bueno, sí... —admitió Lockhart, arrancando un póster de sí mismo de tamaño natural y comenzando a enrollarlo— Una llamada urgente..., insoslayable..., tengo que marchar...

— ¡Sólo esta huyendo como un cobarde! — le espetó Hans furioso.

—¿Y mi hermana? —preguntó Ron con voz entrecortada.

—Bueno, en cuanto a eso... es ciertamente lamentable —dijo Lockhart, evitando mirarlo a los ojos mientras sacaba un cajón y empezaba a vaciar el contenido en una bolsa—. Nadie lo lamenta más que yo...

—¡Usted es el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras! —dijo Harry— ¡No puede irse ahora! ¡Con todas las cosas oscuras que están pasando!

—Bueno, he de decir que... cuando acepté el empleo... —murmuró Lockhart, amontonando calcetines sobre las túnicas— no constaba nada en el contrato... Yo no esperaba...

—¿Quiere decir que va a salir corriendo? — contestó Draco sin poder creérselo— ¿Después de todo lo que cuenta en sus libros?

—Los libros pueden ser mal interpretados —repuso Lockhart con sutileza.

—¡Usted los ha escrito! —gritó Hans .

—Muchacho, usa el sentido común. No habría vendido mis libros si la gente no hubiera creído que yo hice todas esas cosas. Quiero decir..., vamos, que...

—¿Así que usted se ha estado llevando la gloria de lo que ha hecho otra gente? —dijo Ron, que no daba crédito a lo que oía.

—Niños, niños —dijo Lockhart, negando con la cabeza— no es tan simple. Tuve que hacer un gran trabajo. Si hay algo que me llena de orgullo son mis embrujos desmemorizantes. Ah..., me ha llevado mucho esfuerzo. No todo consiste en firmar libros y fotos publicitarias.

Cerró las tapas de los baúles y les echó la llave.

—Veamos —dijo— Creo que eso es todo. Sí. Sólo queda un detalle. — Sacó su varita mágica y se volvió hacia ellos.

—Lo lamento profundamente, muchachos, pero ahora tengo que desmemoriarlos. No puedo permitir que revelen a todo el mundo mis secretos. No volvería a vender ni un solo libro...

Harry y Hans sacaron su varita justo a tiempo. Lockhart apenas había alzado la suya cuando Harry y el décimo tercer príncipe gritaron:

—¡Expelliarmus! — Lockhart salió despedido hacia atrás y cayó sobre uno de los baúles. La varita voló por el aire. Ron la tomó y la tiró por la ventana.

—¿Qué quieren que haga yo? —dijo Lockhart con voz débil— No sé dónde está la Cámara de los Secretos. No puedo hacer nada.

—Tiene suerte —dijeron Draco y Ron , obligándole a levantarse a punta de varita— Nosotros sí.

Hicieron salir a Lockhart de su despacho, descendieron por las escaleras más cercanas y fueron por el largo corredor de los mensajes en la pared, hasta la puerta de los aseos de Myrtle la Llorona. Hicieron pasar a Lockhart delante. A Harry y Hans le hizo gracia que temblara. Myrtle la Llorona estaba sentada sobre la cisterna del último retrete.

—¡Ah, eres tú! —dijo ella, al ver a Hans —. ¿Qué quieres esta vez?

—Preguntarte cómo moriste —dijo Harry. Myrtle le contó la historia completa de donde y cuando murió, sin perder detalles.

—¿Exactamente dónde viste los ojos? —preguntó Hans

—Por ahí —contestó Myrtle, señalando vagamente hacia el lavabo que había enfrente de su retrete. —Ese grifo no ha funcionado nunca —dijo cuando intentaron accionarlo.

—Westergaard—lo llamó Malfoy .— Di algo. Algo en lengua pársel.

—Ábrete —dijo en pársel.

Después de unos segundos el lavabo empezó a moverse. Se hundió, desapareció, dejando a la vista una tubería grande, lo bastante ancha para meter un hombre dentro. — Bajaremos por él —dijo.

—Yo también —dijeron sus tres amigos. — Hubo una pausa.

—Bien, creo que ya no hago falta —dijo Lockhart, con una reminiscencia de su antigua sonrisa—. Así que me... — Puso la mano en el pomo de la puerta, pero Draco le apuntó de nuevo con su varita.

—Usted bajará delante —gruñó.

Con la cara completamente blanca y desprovisto de varita, Lockhart se acercó a la abertura.

— ¿de qué va a servir? — Protestó temeroso. El rubio le pegó en la espalda con su varita. Lockhart metió las piernas en la tubería.

—No creo realmente... —empezó a decir, pero Draco lo Empujó tubería abajo con una patada. Harry y Hans se apresuró a seguirlo. Se metió en la tubería y se dejó caer.

Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Podía ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella por la que iban, que se curvaba y retorcía, descendiendo súbitamente. Calculaba que ya estaban por debajo incluso de las mazmorras del castillo. Detrás de él podía oír a Ron y Malfoy que hacían un ruido sordo al doblar las curvas. La tubería tomó una dirección horizontal, y él cayó del extremo del tubo al húmedo suelo de un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie. Lockhart se estaba incorporando un poco más allá, cubierto de barro y blanco como un fantasma. Harry se hizo a un lado y Westergaard saco su varita y la apunto al profesor sus amigos salieron también del tubo.

—Debemos encontrarnos a kilómetros de distancia del colegio —dijo Harry.

—Y debajo del lago, quizá —dijo Ron, afinando la vista para vislumbrar los muros negruzcos y llenos de barro. Los tres intentaron ver en la oscuridad lo que había delante.

—¡Lumos! —ordenaron Harry y Hans a sus varitas.

— Vamos —dijo Harry y los cinco comenzaron a andar. Sus pasos retumbaban en el húmedo suelo. Harry bajó la varita para alumbrar el suelo y vio que estaba repleto de huesos de pequeños animales. Haciendo un esfuerzo para no imaginarse el aspecto que podría presentar Ginny si la encontraban, Harry caminaba detrás de Hans manteniendo vigilado al profesor, Ron lo seguía frente a Lockhart, y Draco lo vigilaba desde atrás apuntándole a la espalda.

Doblaron una oscura curva.

—Harry , Hans , ahí hay algo... —dijo Ron con la voz ronca. Se quedaron quietos, mirando.

Hans podía ver tan sólo la silueta de una cosa grande y encorvada que yacía de un lado a otro del túnel. No se movía.

—Quizás esté dormido —musitó, volviéndose a mirar a los demás. Lockhart se tapaba los ojos con las manos, Draco y Ron volvían a poner una cara espanto como en el bosque.

Harry volvió a mirar aquello.

Muy despacio, abriendo los ojos sólo lo justo para ver, Harry avanzó con la varita en alto. La luz iluminó la piel de una serpiente gigantesca, una piel de un verde intenso, ponzoñoso, que yacía atravesada en el suelo del túnel, retorcida y vacía. El animal que había dejado allí su muda debía de medir al menos siete metros.

—¡Caray! —exclamó Ron con voz débil. Algo se movió de pronto detrás de ellos. Gilderoy Lockhart se había caído de rodillas.

—Levántese —le dijo Draco al tiempo que lo pateaba, apuntando a Lockhart con su varita. Lockhart se puso de pie, pero se abalanzó sobre él y lo derribó al suelo de un golpe, haciendo que la varita de este cayera lejos de su alcance.

Hans saltó hacia delante, pero ya era demasiado tarde. Lockhart se incorporaba, jadeando, con la varita de Ron ahora en la mano y su sonrisa esplendorosa de nuevo en la cara.

—¡Aquí termina la aventura, niños! —dijo— tomaré un trozo de esta piel y volveré al colegio, diré que era demasiado tarde para salvar a la niña y que ustedes tres se volvieron locos al ver su cuerpo desmembrado. ¡Despídanse de su memoria! — Levantó en el aire la varita mágica de Ron, recompuesta con celo, y gritó:

—¡Obliviate!

La varita estalló con la fuerza de una pequeña bomba. Harry y Hans se cubrieron la cabeza con las manos y echó a correr hacia la piel de serpiente, escapando de los grandes trozos de techo que se desplomaban contra el suelo. Enseguida vieron que se había quedado aislado y tenía ante si una sólida pared formada por las piedras desprendidas. Sus amigos se encontraban del otro lado.

—¡¿están bien?! — Gritó. — ¡Ron! ¡Draco!

—¡Estamos aquí! —La voz de Ron llegaba apagada, desde el otro lado de las piedras caídas.

— Estamos bien. — Escuchó decir a Draco. — Pero este idiota no. La varita se volvió contra él.

Escuchó un ruido sordo y un fuerte «¡ay!», como si el rubio le acabara de dar una patada en la espinilla a Lockhart.

—¿Y ahora qué? —dijo la voz de Ron, con desespero—. No podemos pasar. Nos llevaría una eternidad...

—Aguarden aquí —indicaron el pelinegro y el Príncipe .— Iremos nosotros . Si dentro de una hora no hemos vuelto...

Hubo una pausa muy elocuente.

—Intentaremos quitar algunas piedras —dijo Draco, que parecía hacer esfuerzos para que su voz sonara segura—. Para que puedas... para que puedas cruzar al volver. Y..

—¡Esta bien, volvemos en un rato! —dijeron , tratando de dar a su voz temblorosa un tono de confianza.

Se hizo un silencio, en el cual Ron y Draco entendieron que Harry y Hans se había ido ambos decidieron sentarse a esperar, era lo único que les quedaba. Esperar.

— Ellos volverán… estoy seguro. — Dijo Ron. Apoyando los codos en sus rodillas.

— Lo sé. — contestó el rubio junto a él. Mientras conversaban, Gilderoy desvariaba frente a ellos, hablando sobre la caverna. Draco tomó una roca y le golpeó la cabeza. — Tenía que callarse. — Musitó.

— ¿Crees que Ginny se encuentre?...

— Ella estará bien Weasley, no te preocupes. — lo calmó el Rubio. — Potter y Westergaard volverán pronto con ella a salvo.

— Si, se que ellos pueden hacerlo, si pudieron el año pasado también podrán ahora. — Suspiró.

— Pero no se si llegue a tiempo, o si quiera si tenga oportunidad. — miró a su compañero.

— Ginny es mi hermana, mi familia, aunque seamos muchos… no se que pasaría si ella…

— Tienes suerte de tener la familia que tienes Weasley, yo no tengo ni un hermano , mi padre ya no me quiere, probablemente lo único que tenga es a mi madre… y a Elsa ,cambiaría a mi familia por la tuya, aunque no tuvieran ni un galeón.

— Tienes a Hans, él es tu primo… podrías intentar llevarte bien con el — le dijo Ron cambiando el tema.

— No es tan fácil, Westergaard representa todo lo que mi padre desprecia, además el esta con Granger .

Ron soltó una fuerte carcajada al escuchar a Draco, todos mal interpretaban la relación que Hermione y Hans tenían.

—Escucha Malfoy entre Hans y Hermione solo hay una amistad, nada más, no se porque todos malinterpretan eso.

— Eso ya no importa.

— Te gusta Hermione ¿no?

— ¿De qué hablas Weasley?

— Es por la forma en que te enojaste cuando pensaste que Hans y ella eran novios .

El rubio abrió la boca y exhaló aliviado.

— Si, supongo que si me gusta.

— Si es así comienza a tratarla bien. Créeme Hermione es diferente a las otras chicas, trátala bien y aleja esos celos — dijo Ron riendo.

Pasaron un largo rato hablando sobre tonterías, hasta que ambos decidieron excavar para quitar las rocas y buscar a Harry y Hans , ya casi terminaban cuando escucharon su voz.

—¡Ron! — gritó Harry, apresurándose— ¡Ginny está bien! ¡viene con nosotros!

Quitaron las rocas con mas entusiasmo, hasta que pudieron pasar a través de ellas.

—¡Ginny! —Ron sacó un brazo por el agujero para ayudarla a pasar—. ¡Estás viva! ¡No me lo puedo creer! ¿Qué ocurrió?

Intentó abrazarla, pero Ginny se apartó, sollozando.

—Pero estás bien, Ginny —dijo Ron, sonriéndole—Todo ha pasado.

— ¿De dónde ha salido ese pájaro? — interrumpió Draco.

Fawkes había pasado por el agujero después de Ginny.

—Es de Dumbledore —dijo Hans , encogiéndose para pasar.

—¿Y cómo has conseguido esa espada? —dijo Ron, mirando con la boca abierta el arma que brillaba en la mano de Harry.

— Les explicaré cuando salgamos —dijo Harry, mirando a Ginny de soslayo.

—Pero...

—Más tarde —insistió Hans .

No creía que fuera buena idea decirle en aquel momento quién había abierto la cámara, y menos delante de Ginny.

— ¿Dónde está Lockhart?

— Está inconsciente. —dijo Ron, sonriendo y señalando con la cabeza hacia el principio del túnel— Draco lo golpeó con una roca, pero estará bien.

Harry se metió la espada y el Sombrero Seleccionador en el cinto. Draco tomó de la mano a Lockhart y se sujetó de Ron, él se agarró a los bajos de la túnica de Ginny quien abrazaba a Harry y Harry, a las plumas de la cola de Fawkes, que resultaban curiosamente cálidas al tacto.

Una extraordinaria luminosidad pareció extenderse por todo el cuerpo del ave, y en un segundo se encontraron subiendo por la tubería a toda velocidad. Harry y Hans podían oír a Lockhart que había despertado y gritaba a los cuatro vientos que esto era cosa de magia.

Cuando regresaron al dormitorio Harry les relató como Tom Riddle resultó ser Lord Voldemort ,quien había hechizado su diario y que fue el mismo Lucius Malfoy quien se lo entregó a Ginny.

Potter colocó su mano sobre el hombro de Hans sonriendo.

—Hans resultó ser el Heredero de Slytherin ,cuando Tom dejó salir al basilisco nuestro amigo se ofreció a distraerlo mientras salvaba a Ginny… fue en ese momento que le pedí que intentara controlarlo.

—Realmente pensé que nos mataría pero pude controlar al basilisco por unos minutos ,pero al final fue inútil Tom recuperó el control de esa criatura ,de no ser por Harry quien ayudó a Ginny… ese tipo se hubiera salido con la suya .

—Pero fuiste tu quien asesino al basilisco con la espada de Griffyndor — recalcó Harry —como sea evitamos que ese sujeto siguiera petrificando hijos Muglees.

000000000000000000

—Creo recordar que les dije que tendría que expulsaros si volvían a quebrantar alguna norma del colegio —dijo Dumbledore.

Ron abrió la boca horrorizado.

—Lo cual demuestra que todos tenemos que tragarnos nuestras palabras. —prosiguió Dumbledore, sonriendo— Así que he decidido darles el Premio por Servicios Especiales al Colegio y... veamos..., sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor y 150 puntos para Slytherin, por cada uno. Estoy orgulloso de usted Joven Malfoy .

Ron se puso tan sonrosado como las flores de San Valentín de Lockhart, y volvió a cerrar la boca. Draco esbozó una sonrisa arrogante, Harry y Hans estaban rebosantes de alegría.

—¿Podrían enviar esta carta a Azkaban? — dijo Dumbledore a Ron y Draco.— Es la liberación de Hagrid, además quisiera tener unas palabras con Harry y Hans a solas .

— ¡Claro profesor! — Dijeron ambos, y salieron por la puerta. Ron miró con curiosidad a sus amigos y Dumbledore mientras cerraba la puerta.

Ambos chicos bajaron las escaleras, felices de recibir el premio, Draco pensaba que seguramente su padre estaría contento con el reconocimiento, aunque no estaba seguro si se enorgullecería. Seguía pensando en eso hasta que vio a su padre acercándose por el pasillo, detrás de él venía Dobby que hizo una reverencia al verlo, inclusive Ron se había quedado petrificado al verlo.

El pobre tragó saliva nervioso por lo que su padre le fuera a decir, cuando se paró frente a él… pero este le sonrió feliz.

— Felicitaciones hijo… ya me enteré de que ayudaste a evitar que quien-tu-sabes regresara. Tu madre estará muy contenta cuando se lo cuente.

— Gracias… padre. — El hombre no respondió y se fue directo a la oficina de Dumbledore.

— Algo me dice que no esta contento—dijo Ron.

Draco sonrió.

— Mi padre esta furioso Weasley, pero tenia que ayudar a Elsa, no podía dejarla petrificada .

00000000000000000

Los cuatro se encontraba cenando en el gran comedor, cuando Neville Longbottom jaloneó el brazo de Hans .

— Mira quien viene ahí. — Los tres voltearon hacia las puertas, y ahí estaba Hermione Granger, feliz de estar de vuelta. No lo pensaron, salieron a su encuentro. Harry fue el primero que la abrazó, después Ron y al final Hans, lo que hizo que se sonrojara, este también le prometió no volverla a ignorar nunca.

El pelirrojo busco con la mirada a la platinada, quien abrazaba a Malfoy. Suspiró negando con la cabeza, Elsa nunca lo abrazaría de esa manera, lo odiaba y eso era lo mejor, así estaría a salvo.

Al fin el año escolar había terminado, Hagrid regresó a la escuela, y el profesor Lockhart fue enviado a San Mungo.

Harry le había contado a Malfoy que su padre fue quien le dio el diario de Tom a Ginny, cosa que el sospechaba desde el principio. Dobby lo visitó la última noche en Hogwarts y le dijo que Harry y Hans lo liberaron y que ahora trabajaría en las cocinas, pero que si algún día necesitaba su ayuda no dudara en pedírselo.

Elsa caminaba junto a Draco rumbo a expreso que los llevaría a casa, aún le parecía raro la familiaridad con la que el platinado habia hablado con Potter.

—Entonces ¿te volviste un traidor a la sangre, Malfoy? — bromeó la platinada a lo cual su amigo sonrió—Pero debo agradecerte ,sin tu ayuda aún estaría petrificada .

—Créeme al principio no me hizo gracia trabajar con ellos, pero no quedó de otra y a quien debes agradecer es a Westergaard ,el idiota casi muere .

Ambos chicos caminaban cuando se encontraron a Hermione y Hans a la salida. Se formó un silencio incomodo.

Elsa suspiró, tendría que dar el primer paso, después de todo le debía por lo menos un gracias a Hans .

–Westergaard —lo llamó la platinada —Esto no es fácil, pero quiero agradecerte …se que tu y Potter me salvaron, Gracias .

La cara de Hans era un poema, estaba sorprendido. Nunca pensó que Elsa le agradecería o tuviera una palabra amable con el. Después de todo lo odiaba .

—Pero no te emociones, sigo pensando que eres un insufrible león .

Hans rio.

—No esperaba menos de usted alteza, también sigo pensando que eres una insufrible niña mimada.

Lo que Hans no espero es que Elsa se acercara y dejara un suave beso en su mejilla, sonrojándolo, el chico por inercia llevó su mano a su mejilla.

—Nos vemos Granger, espera mi lechuza—le dijo Draco causando el sonrojo de la chica —nos vemos Westergaard .

—Cuídate Malfoy y estaré esperando tu lechuza… disfruta tu verano— dijo Hermione con una sonrisa.

El cambio de actitud en Malfoy le desconcertaba pero a la vez le agradaba. Le agradaba ese nuevo Malfoy.

Ambos platinados se alejaron dejando a los Gryffindor en las afueras del castillo . Hans mantenía su mano sobre su mejilla, el chico estaba sonrojado y en su rostro se dibujó una amplia sonrisa que le duraría todo el día.

Valió la pena casi morir en la cámara de los secretos, por un beso de Elsa.

No pudo evitar recordar la sensación de los labios de Elsa aquella noche y se estremeció.

Colocó su brazo alrededor del cuello de Hermione, caminando con ella.

—Nos mantendremos en contacto Hermione ,claro si Malfoy lo permite –rio bromeando.

Hermione se sonrojó para luego reír.

—Lo mismo digo Hans, espero no se enojé su Majestad .

Ambos rieron encontrándose con sus amigos. Harry se despedía de Astoria prometiendo escribirse diario. Ron estaba junto a Ginny quien continuaba aún afectada con todo lo sucedido.

Se fueron en el expreso a casa junto a sus tres amigos, igual que el año pasado, y ya no temía a lo que fuera a decir su padre o sus hermanos , ahora entendía que su verdadera familia eran ellos.


Para el libro la camara de los secretos me tome 3 capitulos y creo que me quedo bastante bien en lo personal es mi libro menos favorito pero senti que si escribia un solo capitulo no seria suficiente

Para el Pricionero de Azbakan he pensado seran 2 capitulos ya que a mi parecer es de los mejores libro

Sin mas que decir muchisimas gracias

Les deseo un feliz y Prospero año nos continuamos leyendo

31 de noviembre 2022