En la oficina del director, tanto Harry como Hans soltaron un suspiro de resignación, puesto que al pedirles ayuda a los centauros uno de ellos los retuvo mientras otro daba aviso al director y en cuestión de minutos Dumbledore ya los tenía de vuelta en el castillo.
Hans estaba sumido en sus pensamientos hasta que escuchó la voz del director hablarles.
— ¿Porque fueron a buscar a Sirius Black? —los cuestionó el director mirando a ambos —¿Se dan cuenta que pudieron morir?
Harry frunció el ceño, acomodando sus gafas — ¿Usted nos pregunta el porqué,profesor? Cuando sabe perfectamenteque Black fue el que entregó a mis padres a Tom Riddle. Ese maldito traidor es el culpable de que mi vida fuera un infierno—le gritó el pelinegro golpeando el escritorio con el puño cerrado.
—Harry tiene razon—apoyó Hans—Tom Riddle a tratado de poseernos y si no hacemos algo pronto…
—Hans tiene razon, tengo pesadillas con eso… cuando miro la cara de Tom Riddle en mis sueños me veo a mi .Quizá no somos tan diferentes a él.
Dumbledore se acercó a ambos chicos, colocando sus manos sobre sus hombros.
—Si Lily y James Potter estuvieran vivos no quisieran que ustedes se consumieran por una venganza y Hans, si los Potter estuvieran vivos estoy seguro que te hubieran aceptado y criado como a un hijo mas —les dijo Dumbledore intentando que se calmaran —Harry, Hans —los llamó —Ninguno de ustedes dos es Voldemort ambos tienen algo que él no tiene y nunca tendrá.
Ambos chicos se voltearon a ver, confundidos. Ninguno entendía a que se refería ¿Que tenían ellos que Voldemort no?
—Profesor, no entiendo a que se refiere —le cuestionó el decimotercer príncipe, confundido —¿Qué podemos tener nosotros que Tom Riddle no?
—Eso deberán descubrirlo ustedes mismos, pero estoy seguro que lo harán, estoy convencido que ustedes salvarán nuestro mundo—les sonrió con una enigmática sonrisa— por cierto, tienen buenos amigos que se preocupan por ustedes, no los hagan a un lado, los necesitarán.
Ambos chicos salieron de la oficina. Dumbledore los dejó más confundidos que antes y se preguntaban que era lo que ellos tenían y Voldemort no, con eso en mente doblaron por uno de los pasillos para llegar al comedor. Estaban por entrar cuando…
—Ni un paso más, Hans Westergaard — el pelirrojo quedó pálido, tragando seco y sintió una corriente de aire frio que lo detenía.
—Lo mismo para ti, Harry James Potter. No des un paso más o terminarás colgado de la torre mas alta del castillo —Potter sudaba frio ante la amenaza.
Elsa habia atado los pies del pelirrojo con una ráfaga de hielo, estaba enojadae intentaba controlar sus poderes para no terminar congelándolo.
—Elsa, yo ... Sé que estas enojada, pero—la platinada levantó la mano evitando que siguiera hablando.
— Ningún pero, Westergaardo Potter te tendrá que arrastrar a Griffyndordentro de un trozo de hielo —la platinada amenazó —¿Como diablos se te ocurrió ir a buscar a Sirius Black? ¿En que estabas pensando?
— No pensamos, Elsa. Sólo queríamos vengar lo que le hicieron a los padres de Harry, queríamos encontrar a Sirius Black antes de que él nos encuentre a nosotros.
— Me siento muy decepcionada de ti, Hans —Elsa suspiró —Mientras estaba en Arendelle luchando y enfrentando a mis padres para que aceptaran lo nuestro, el Señor Elegidose encontraba cazando a un loco maniático jugando al héroe ¿Pensaste en mi, Hans?
El pelirrojo bajó la mirada, avergonzado. Se habia comportado como un estúpido egoísta, no habia pensado más que en vengar la muerte de los Potter, trató mal a sus amigos. Elsa tenia razón, era un estúpido.
— No queria que nadie saliera lastimado por nuestra culpa, queríamos protegerlos. Elsa, eres mi tesoro mas preciado, no quiero poner tu vida en peligro.
—Esa no es tu decisión, Westergaard. Tú y Potter tienen un jodido problema de culpa ¡entiendan que lo que pase no su culpa! somos lo suficientemente maduros para elegir el lado donde lucharemos —la princesa le dio la espalda —Si vas a ocultarme cosas y a excluirme de tus planes, deberíamos replantearnos esta relación, Hans.
El príncipe abrió la boca, intentando hablar pero no salía palabra alguna. No queria perder a Elsa e intentó detenerla pero la chica se soltó y caminó a su torre, le dolía pero no podía permitir que Hans la hiciera a un lado.
—Elsa… espera ...—El chico corrió para alcanzarla —Por favor, Elsa tenemos que hablar, por favor perdóname — suplicaba el pelirrojo yendo detrás de ella —Elsa, espera … escucha.
La futura Reina se detuvo de golpe para encararlo —Deja de seguirme Westergaard o me enojare aún mas, no me busques, seré Yo quien lo haga y será cuando se me baje el enojo, ahora déjame sola.
Hans se quedó en medio del pasillo, se sentía como un idiota. Elsa era la mujer que amaba y no queria perderla, le daría tiempo para que se calmara .
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—Tory ... yo —el pelinegro intentó hablar pero su novia se lo impidió .
—No hables James, seré yo quien hableesta vez ¿cómo diablos se te ocurrió ir a buscar a Sirius Black? ¿En qué demoniosestabas pensando?¡Tú y Hans son un par de desconsiderados!
De los ojos de la Slytherin comenzaron a salir lágrimas.El pelinegro se sentía como un imbécil, por su culpa su Tory estaba llorando,intentó abrazarla pero ella lo alejó.
—Astoria, por favor si me dejaras explicarte podrías entenderme .
—Estoy cansada James, intenté ser una buena novia pero no he recibido lo mismo de tu parte ¿cuantas veces te he pedido que conozcas a mis padres? Siempre te niegas con tontas escusas. Intenté entender cada una de ellas pero veo que prefieres jugar al héroe ¿Pensaste en lo que me dolería si algo te pasa?
—Tory… amor, claro que me importas, escúchame por favor, claro que pensé en ti, queria mantenerte lejos de todo peligro. Por favor tienes que entenderme.
— No mas, James... Esto se terminó, me duele pero no pienso tolerar que me dejes de lado, te dejo el camino libre para que tu y Westergaard continúen jugando al héroe.
La chica se dio la vuelta, marchándose y dejando al pelinegro devastado. Habia perdido a la chica que queria por su estupidez. Astoria lo era todo para él y lo habia dejado, era un idiota.
Ambos regresaron a su dormitorio, se disculparon con Ron y Hermione.
Al día siguiente, se encontraban cerca de las canchas de Quidditch. Malfoy mantenía la mano entrelazada con la de Hermione, quien intentaba animar a sus amigos sin conseguirlo, cuando una lechuza dejó caer una carta en manos de Draco. El la abrió y al leerla su cara cambio a una de pánico.
Tenían que buscar a Hagrid inmediatamente.
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—Todo fue culpa mía. Me quedé petrificado. Estaban todos allí con sus togas negras, y a mí se me caían continuamente las notas y se me olvidaron todas las fechas que me habías buscado, Hermione. Y entonces se levantó Lucius Malfoy, soltó su discurso y la Comisión hizo exactamente lo que él dijo... – Explicaba Hagrid cuando los chicos lo visitaron.
— En verdad lo siento. – se disculpó Draco. – De verdad Hagrid yo no quería que esto pasara.
— Tranquilo, se que tu no tuviste la culpa. – lo consoló.
—¡Todavía podemos apelar! —dijo Hanscon entusiasmo—¡No tires la toalla! ¡Estamos trabajando en ello!
—No servirá de mucho, Hans—le dijo Hagrid con tristeza.
—¿Dónde está Buckbeak, Hagrid? —preguntó Harry.
—Lo... lo tengo en el exterior —dijo Hagrid, sirviéndose un vaso de agua. — Está atado en el huerto, junto a las calabazas. Pensé que debía ver los árboles y oler el aire fresco antes de...
A Hagrid le temblaba tanto la mano que la jarra se le cayó y se hizo añicos.
—Yo lo haré, Hagrid —dijo Hermione inmediatamente, apresurándose a limpiar el suelo.
—Dumbledore estará presente. Me ha escrito esta mañana. Dice que quiere estar conmigo. Un gran hombre, Dumbledore... —
Hermione, que había estado rebuscando en el aparador de Hagrid, dejó escapar un leve sollozo, que reprimió rápidamente. Se incorporó con la jarra en las manos y esforzándose por contener las lágrimas.
—Nosotros también estaremos contigo, Hagrid — hablaron Hans y Harry al mismo tiempo, pero Hagrid lo interrumpió diciendo, que no podían quedarse.
—Ustedes tienen que volver al castillo. Les he dicho que no quería que lo vieran. Y tampoco deben estar aquí. Si Fudge y Dumbledore lospillan afuera sin permiso, Harry, Hans, se verán en aprietos.
Draco sentía una terrible sensación de abatimiento, se culpaba a si mismo por lo que le pasaría al pobre de Buckbeak, y por la tristeza de Hagrid.
Por el rostro de Hermione corrían lágrimas silenciosas, pero disimuló ante Hagrid preparando el té. Al coger la botella de leche para verter parte de ella en la jarra, dio un grito.
—¡Ron! No... no puedo creerlo. ¡Es Scabbers!
Ron la miró boquiabierto.
—¿Qué dices?
Hermione acercó la jarra a la mesa y la volcó. Con un gritito asustado y desesperado por volver a meterse en el recipiente, Scabbers apareció correteando por la mesa.
—¡Scabbers! —exclamó Ron desconcertado. — Scabbers, ¿qué haces aquí?
Tomó a la rata, que forcejeaba por escapar; y la levantó para verla a la luz.
Tenía un aspecto horrible. Estaba más delgada que nunca. Se le había caído mucho pelo, dejándole amplias lagunas, y se retorcía en las manos de Ron, desesperada por escapar.
—No te preocupes, Scabbers —dijo Ron.—No hay gatos. No hay nada que temer.
De pronto, Hagrid se puso en pie, mirando la ventana fijamente. Su cara, habitualmente rubicunda, se había puesto del color del pergamino.
—Ya vienen...
Harry, Hans, Ron, Draco y Hermione se dieron rápidamente la vuelta. Un grupo de hombres bajaba por los lejanos escalones de la puerta principal del castillo.
Delante iba Albus Dumbledore. A su lado iba Cornelius Fudge. Tras ellos marchaban el viejo y débil miembro de la Comisión y el verdugo Macnair.
—Tienen que irse. —dijo Hagrid. Le temblaba todo el cuerpo—. No deben veros aquí... Márchense ya.
Ron se metió a Scabbers en el bolsillo.
—Salgan por detrás.
Lo siguieron hacia la puerta trasera que daba al huerto. Hansse sentía muy raro y aún más al ver a Buckbeak a pocos metros, atado a un árbol, detrás de las calabazas. Buckbeak parecía presentir algo. Volvió la cara afilada de un lado a otro y golpeó el suelo con la zarpa, nervioso.
—No temas, Buckbeak —dijo Hagrid con voz suave—. No temas. —Se volvió hacia los chicos—. Venga, márchense.
Pero no se movieron.
—Hagrid, no podemos... Les diremos lo que de verdad sucedió.
—No pueden matarlo...
—¡Que se vayan! —ordenó Hagrid con firmeza.
No tenían opción.
Lentamente, como en trance,Hans Harry, Ron, Draco y Hermione rodearon silenciosamente la casa. Al llegar al otro lado, la puerta se cerró con un golpe seco.
—Vámonos aprisa, por favor —susurró Hermione—. No puedo seguir aquí, no lo puedo soportar...
—Maldita sea —Hans apretó su puño con impotencia —No podemos permitir que Buckbeak sea sacrificado, algo tenemos que hacer.
Empezaron a subir hacia el castillo. El sol se apresuraba a ocultarse; el cielo se había vuelto de un gris claro teñido de púrpura, pero en el oeste había destellos de rojo rubí.
Ron se detuvo en seco.
—Por favor; Ron —comenzó Hermione.
—Se trata de Scabbers, quiere salir.
— Pues entonces mantén a tu rata controlada. – Escupió Draco tras de él. – Yo tampoco quiero ver esto.
Ron se inclinaba intentando impedir que Scabbers se escapara, pero la rata estaba fuera de sí; chillando como loca, se debatía y trataba de morder a Ron en la mano.
—Scabbers, tonta, soy yo —le susurró Ron.
Oyeron abrirse una puerta y luego voces masculinas.
—¡Por favor; Ron, vámonos, están a punto de hacerlo! —insistió Hermione.
—¡Quédate quieta, Scabbers!
Siguieron caminando; al igual que Hermione y Draco. Hans y Harry procuraban no oír el sordo rumor de las voces que sonaban detrás de ellos. Ron volvió a detenerse.
—No la puedo sujetar... Calla, Scabbers, o nos oirá todo el mundo.
La rata chillaba como loca, pero no lo bastante fuerte para eclipsar los sonidos que llegaban del jardín de Hagrid. Las voces de hombre se mezclaban y se confundían. Hubo un silencio y luego, sin previo aviso, el inconfundible silbido del hacha rasgando el aire. Hermione se tambaleó.
—¡Ya está! —susurró a Hans —. ¡No me lo puedo creer; lo han hecho!
A Harry se le quedó la mente en blanco a causa de la impresión. Los cinco se habían quedado paralizados junto a uno de los muros en el castillo. Hermione se abrazó a Draco en busca de consuelo, el rubio sentía que era él quien moría, y Ron seguía forcejeando con su rata. Hans se dejó caer al piso derramando algunas lágrimas, quizá si hubieran hecho mas pudieron evitar que mataran a la mascota de Hagrid.
Los últimos rayos del sol arrojaron una luz sanguinolenta sobre los terrenos, en los que las sombras se dibujaban muy alargadas. Detrás de ellos oyeron un aullido salvaje.
La rata escapó por entre los dedos de Ron, se echó al suelo y huyó a toda prisa. De un salto, antes de que Hans, Harry, Draco o Hermione pudieran detenerlo, Ron fue tras ella y se internó en la oscuridad.
—¡Ron! —Gritó Harry.
Los cuatro se miraron y lo siguieron. Oían delante de ellos el ruido de sus pasos y los gritos del pelirrojo.
—Scabbers, ven aquí...
Casi chocaron contra Ron. Estaba tendido en el suelo. Scabbers había vuelto a su bolsillo y Ron sujetaba con ambas manos el tembloroso bulto.
—Vamos, Ron, volvamos. —dijo Harry jadeando. —Dumbledore y el ministro saldrán dentro de un minuto.
Pero antes de que pudieran volver a taparse, antes incluso de que pudieran recuperar el aliento, oyeron los pasos de unas patas gigantes. Algo se acercaba a ellos en la oscuridad: un enorme perro negro de ojos claros.
Hans quiso tomar su varita, pero era ya demasiado tarde. El perro había dado un gran salto, llegó hasta Ron y lo jaló mordiéndole la pierna hacia un agujero dentro del sauce boxeador.
— ¡Auxilio! – gritaba el chico. – Hermione alcanzó a tomar su mano, pero el perro tenía tal fuerza que se los llevó a los dos.
— ¡Hermione! – gritaronlos tres, listos para ir por ellos. Entonces, algo surgido de no se sabía dónde lo golpeó tan fuerte en la cara que lo derribó. Oyó a Harry chillar de dolor y caer también.
Harry manoteó en busca de la varita, parpadeando para quitarse la sangre de los ojos.
—¡Lumos! —susurró.
La luz de la varita iluminó un grueso árbol. Las ramas del sauce boxeador crujían como azotadas por un fortísimo viento y oscilaban de atrás adelante para impedir que se aproximaran. Los dos chicos habían desaparecido en aquel momento.
—Westergaard , tenemos que pedir ayuda —gritó Draco. Él también sangraba. El sauce le había hecho un corte en el hombro.
—¡No! ¡Este ser es lo bastante grande para comérselo! ¡No tenemos tiempo!
Hans se puso de pie con dificultad tenia una gran herida en la frente
—Hermione… Ron —repetía intentando caminar pero el golpe habia sido fuerte.
—No conseguiremos pasar sin ayuda.
Otra rama les lanzó otro latigazo, con las ramitas enroscadas como puños.
—Si ese perro ha podido entrar, nosotros también —jadearon Hans yHarry, corriendo y zigzagueando, tratando de encontrar un camino a través de las ramas que daban trallazos al aire, pero era imposible acercarse un centímetro más sin ser golpeados por el árbol.
En unos segundos recorrieron la distancia que les separaba del tronco, pero antes de que llegaran al hueco que había entre las raíces, entonces Draco logró escabullirse por el hueco. Harry y Hanslo siguieron Entraron a gatas, metiendo primero la cabeza, y se deslizaron por una rampa de tierra hasta la boca de un túnel de techo muy bajo.
—¿Dónde está Ron? —le preguntó Draco con voz aterrorizada.
—Por aquí —indicó Harry, poniéndose en camino con la espalda arqueada.
—Tenemos que encontrarlos. Esa cosa puede matarlos —hablo él decimotercer príncipe
—¿Adónde irá este túnel? —les preguntó el rubio, sin aliento.
—No sé... Está señalado en el mapa del merodeador; pero Fred y George creían que nadie lo había utilizado nunca. Se sale del límite del mapa, pero daba la impresión de que iba a Hogsmeade...
Avanzaban tan aprisa como podían, casi doblados por la cintura. El pasadizo no se acababa.
Parecía tan largo como el que iba a Honeydukes. Lo único en que podía pensar Draco era en Hermione y en lo que le podía estar haciendo el perro... Al correr agachado, le costaba trabajo respirar y le dolía...
Y entonces el túnel empezó a elevarse, y luego a serpentear; y luego una tenue luz que penetraba por una pequeña abertura.
Se detuvieron jadeando, para tomar aire. Avanzaron con cautela hasta la abertura. Levantaron las varitas para ver lo que había al otro lado.
Había una habitación, muy desordenada y llena de polvo. El papel se despegaba de las paredes. El suelo estaba lleno de manchas. Todos los muebles estaban rotos, como si alguien los hubiera destrozado. Las ventanas estaban todas cegadas con maderas. Harry miró a Draco, que parecía muy confundido, pero asintió con la cabeza.
— Creo que estamos en la Casa de los Gritos. —dijo Hans mirando a ambos lados.
En ese momento oyeron un crujido en lo alto. Algo se había movido en la parte de arriba. Miraron al techo.
Tan en silencio como pudieron, entraron en el vestíbulo y subieron por la escalera, que se estaba desmoronando. Todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, salvo el suelo, donde algo arrastrado escaleras arriba había dejado una estela ancha y brillante.
Llegaron hasta el oscuro descansillo.
—Nox —susurraron a un tiempo, y se apagaron las luces de las varitas.
Solamente había una puerta abierta. Al dirigirse despacio hacia ella, oyeron un movimiento al otro lado. Un suave gemido. Cambiaron una última mirada y un último asentimiento con la cabeza.
Sosteniendo la varita ante sí, Harry y Hansabrieronlapuerta de una patada.
En el suelo, sujetándose la pierna que sobresalía en un ángulo anormal, estaba Ron y Hermione a su lado se frotaba el estómago adolorida. Se les acercaron rápidamente. Draco de inmediato la tomó entre sus brazos.
—¡Hermione!, ¿te encuentras bien?
—¿Dónde está el perro? – preguntaron Harry y Hans.
—No hay perro —gimió Ron. El dolor le hacía apretar los dientes—Harry... Hans, es una trampa tienen que irse de aquí...
—¿Qué...?
—No pensamos irnos y dejarlos aquí —el decimotercer príncipe se acerco para ayudar a su amigo.
—Él es el perro. Es un animago... – contestó Hermione.
Ambos miraban por encima del hombro de Harry. Hansse dio la vuelta. El hombre oculto en las sombras cerró la puerta tras ellos.
Una masa de pelo sucio y revuelto le caía hasta los codos. La piel de cera estaba tan estirada sobre los huesos de la cara que parecía una calavera. Una mueca dejaba al descubierto sus dientes amarillos. Era Sirius Black.
—¡Expeliarmus! —exclamó, dirigiendo hacia ellos la varita de Ron.
Las varitas que empuñaban Harry, Hans y Draco saltaron de sus manos, y Black las recogió. Dio un paso hacia ellos, con los ojos fijos en Harry y Hans .
—Sabiaque vendrían a ayudar a sus amigos. —dijo con voz ronca. —Tu padre habría hecho lo mismo por mí —desvió la mirada al pelirrojo — Así que eres el hijo de mi desequilibrada prima, Bellatrix. No sabes lo mucho que odiaba a esa mujer—Le sonrió al pelirrojo —Vaya, eres todo lo contrario a ella, he estado observándolos. Han sido muy valientes por no salir corriendo en busca de un profesor. Muchas gracias. Esto lo hará todo mucho más fácil...
Harry oyó la burla sobre su padre como si Black la hubiera proferido a voces. Notó la quemazón del odio, que no dejaba lugar al miedo. Por primera vez en su vida habría querido volver a tener en su mano la varita, no para defenderse, sino para atacar... para matar. Sin saber lo que hacía, se adelantó, pero algo se movió a sus costados, y dos pares de manos lo sujetaron y lo hicieron retroceder.
—¡No, Potter ! —exclamó Draco.
—No me recuerdes la sangre que corre por mis venas —escupió el pelirrojo —para mi desgraciacompartimosla misma sangre.Estás igual de desequilibrado que esa mujer, ambos me dan asco— Hermione tomó al pelirrojo de su brazo.
Ron, sin embargo, se dirigió a Black:
—Si quieres matarlos, tendrás que matarnos también a nosotros —dijo con fiereza, aunque el esfuerzo que había hecho para levantarse lo había dejado aún más pálido, y oscilaba al hablar.
Algo titiló en los ojos sombríos de Black.
—Échate —le dijo a Ron en voz baja—o será peor para tu pierna.
—¿Me ha oído? —dijo Ron débilmente, apoyándose en Harry para mantenerse en pie—. Tendrá que matarnos a los cinco.
—Sólo habrá un asesinato esta noche —respondió Black, acentuando la mueca.
—¿Por qué? —preguntó Harry, tratando de soltarse ahora de Malfoytambién.—No le importó la última vez, ¿verdad? No le importó matar a todos aquellos muggles al mismo tiempo que a Pettigrew... ¿Qué ocurre, se ha ablandado usted en Azkaban?
—¿Qué pasa Black, nos matarás como el cobarde que eres o vas a enfrentarnos? —Hans se soltó de la castaña —No eres más que un asqueroso traidor que mata a traición, eres igual a Bellatrix... No, tu eres peor que ella, un cobarde que trabaja desde las sombras.
—¡Harry, Hans ! —sollozó Hermione—¡Cállense!
—¡ÉL MATÓ A MIS PADRES! —gritó Harry.
—MALDITA SEA HERMIONE, NO ES MAS QUE UN COBARDE— Hans escupió con desprecio
Y haciendo un último esfuerzo ambosse liberaron, y se lanzaron. Lo único que sabíanera que querían hacerlea Black todo el daño posible, y que no les importaba las consecuencias.
Hermione y Ron gritaron. Vieron un resplandor cegador cuando las varitas que Black tenía en la mano lanzaron un chorro de chispas que por unos centímetros no dieron a Harry y Hansen la cara. Hanssintió retorcerse bajo sus dedos el brazo de Black, pero no lo soltó y golpeó con la otra mano.
Draco buscaba su varita por todos lados, para poder terminar con esto de una buena vez pero no tenía éxito.
Black aferró con su mano libre el cuello de Harry.
Hans se levantó con dificultad. Black lo habia golpeado en el rostro al ver que tenia del cuello a su amigo se aventócontra el.
—No —susurró.—He esperado demasiado tiempo.
Apretó los dedos. Harry se ahogaba. Las gafas se le habían caído hacia un lado.
Entonces vio el pie de Hans, salido de no se sabía dónde. Black soltó a Harry profiriendo un alarido de dolor. Hermione se arrojó sobre la mano con que Black sujetaba la varita y Harry oyó un débil tintineo.
Se soltó del nudo de cuerpos y vio su propia varita en el suelo. Se tiró hacia ella, pero no pudo alcanzarla, pues se topó con Black que trataba de alcanzarla.
Draco recogió la varita y se dio la vuelta.
—¡Apártense! —gritó a Ron y a Hermione.
No necesitaron oírlo dos veces. Hermione, sin aliento y con sangre en el labio, se hizo a un lado, recogiendo su varita y la de Ron. Ron se arrastró hasta la cama y se derrumbó sobre ella, jadeando y con la cara ya casi verde, asiéndose la pierna rota con las manos.
Lespasó la varita a Harry y Hans. Esa no era su pelea.
Black yacía junto a la pared. Su estrecho tórax subía y bajaba con rapidez mientras veía a los elegidosaproximarse muy despacio, apuntándole directamente al corazón con la varita.
—¿Van a matarme ? —preguntó.
—¿Como puedes ser tan cínico? De preguntarnos eso cuando por tu culpa los Potter estan muertos —Hans mantenía su varita apuntando a su corazón.
Harry se paró delante de él, sin dejar de apuntarle con la varita, y bajando la vista para observarle la cara. El ojo izquierdo se le estaba hinchando y le sangraba la nariz.
—Usted mató a mis padres —dijo Harry con voz algo temblorosa, pero con la mano firme.
Black lo miró fijamente con aquellos ojos hundidos.
—No lo niego —dijo en voz baja—. Pero si supieras toda la historia...
—¿Toda la historia? —repitió Hans, con un furioso martilleo en los oídos—Los entregó a Voldemort, eso es todo lo que necesitamos saber, los Potter confiaron en ti ¡Maldita sea! ¿cómo pudo traicionarlos? Prefiero la muerte que traicionar a Harry.
—Tienen que escucharme —dijo Black con un dejo de apremio en la voz—Lo lamentarán si no... si no comprendes...
—Comprendo más de lo que cree —dijo Harry con la voz cada vez más temblorosa—Usted no la ha oído nunca, ¿verdad? A mi madre, impidiendo que Voldemort me matara... Y usted lo hizo. Lo hizo...
Los elegidoslevantaron la varita. Había llegado el momento de vengar a los Potter. Iban a matar a Black. Tenían que matarlo. Era su oportunidad...
Pasaron unos segundos y ambos seguían inmóviles, con la varita en alto. Black los miraba fijamente. En la cama en la que estaba tendido Ron se oía una respiración jadeante. Hermione y Draco permanecían en silencio.
Y entonces oyeron algo que no habían oído hasta entonces. Unos pasos amortiguados. Alguien caminaba por el piso inferior.
—¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA! —gritó Hermione de pronto—. ¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA! ¡SIRIUS BLACK! ¡DENSE PRISA!
Black sufrió tal sobresalto que los demás se asustaron.
Hans apretó la varita con una fuerza irracional. ¡Mátalo ya!, dijo una voz en su cabeza. De nuevo esa maldita voz incitándolo hacer cosas malas, pero los pasos que subían las escaleras se oían cada vez más fuertes, y ambosseguían sin moverse.
La puerta de la habitación se abrió de golpe entre una lluvia de chispas rojas, Hans y Harry se volvieron cuando el profesor Lupin entró en la habitación como un rayo. El profesor Lupin tenía la cara exangüe, y la varita levantada y dispuesta.
Miró a Ron, que yacía en la cama; a Hermione, encogida de miedo abrazada al brazo de Draco y a Hans y Harry, que no dejaban de apuntar a Black con sus varitas; y al mismo Black, desplomado a los pies de Harry y sangrando.
—¡Expeliarmus! —gritó Lupin.
La varita de ambossalieronvolando de su mano. También lo hicieron las dos que sujetaba Draco. Lupin las tomó todas hábilmente y luego entró en la habitación, mirando a Black.
Entonces habló, con una voz extraña que temblaba de emoción contenida:
—¿Dónde está, Sirius?
Harryy Hans miraron a Lupin. No comprendía qué quería decir. ¿De quién hablaba? Se volvió para mirar de nuevo a Black, cuyo rostro carecía completamente de expresión. Durante unos segundos no se movió. Luego, muy despacio, levantó la mano y señaló a Ron. Desconcertado, ambos se giraron hacia el sorprendido Ron.
—Pero entonces... —murmuró Lupin, mirando tan intensamente a Black que parecía leer sus pensamientos—¿por qué no se ha manifestado antes? A menos que... —De repente, los ojos de Lupin se dilataron como si viera algo más allá de Black, algo que no podía ver ninguno de los presentes—... a menos que fuera él quien... a menos que te transmutaras... sin decírmelo...
Muy despacio, sin apartar los hundidos ojos de Lupin, Black asintió con la cabeza.
—Profesor Lupin, ¿qué pasa? —interrumpió Hans en voz alta—. ¿Qué...?
Pero no terminó la pregunta, porque lo que vio lo dejó mudo. Lupin bajaba la varita. Un instante después, se acercó a Black, le cogió la mano, tiró de él para incorporarlo, y abrazó a Black como a un hermano.
Harry y Hansse sintieron como si les hubieran agujereado el fondo del estómago.
—¡NO LO PUEDO CREER! —gritó Hermione.
Lupin soltó a Black y se volvió hacia ella. Hermione se había soltado de Draco y señalaba a Lupin con ojos espantados.
—Usted... usted...
—Hermione...
—¡... usted y él!
—Tranquilízate, Hermione.
—¡No se lo dijimos a nadie! —gritó Hermione—. ¡Lo hemos estado encubriendo!
—¡Hermione, escúchame, por favor! —exclamó Lupin—Puedo explicarlo... — Harry y Hanstemblaban, no de miedo, sino de una ira renovada.
—Confiamos en usted —gritó a Lupin, flaqueándole la voz—y en realidad era amigo de él.
—Estas en un error —explicó Lupin—. No he sido amigo suyo durante estos doce años, pero ahora sí... Déjenme que lo explique...
—¡NO! —gritó esta vez Draco.—Potter, Westergaard, no confíen en él. Ha ayudado a Black a entrar en el castillo. También él quiere matarlos. ¡Es un hombre lobo!
Se hizo un vibrante silencio. Todos miraban a Lupin, que parecía tranquilo, aunque estaba muy pálido.
—Están acertando mucho menos que de costumbre, Draco y Hermione. —dijo—Me temo que sólo una de tres. No es verdad que haya ayudado a Sirius a entrar en el castillo, y les aseguro que no quiero matara Hans ni a Harry al contrario debo protegerlos ... —Se estremeció visiblemente—. Pero no negaré que soy un hombre lobo— se volvió a Draco y le dijo:
—¿Cuánto hace que lo saben?
—Siglos —contestó Hermione—. Desde que hicimos el trabajo para el profesor Snape.
—Estará encantado —dijo Lupin con poco entusiasmo. —Les puso ese trabajo para que alguno de ustedes se percatara de mis síntomas. ¿Comprobaste el mapa lunar y te diste cuenta de que yo siempre estaba enfermo en luna llena? ¿Te diste cuenta de que el boggart se transformaba en luna al verme?
—Ese fui yo. —respondió Draco. – Pero la verdad Snape fue mas directo conmigo.
Lupin lanzó una risa forzada.
—Vaya, vaya no cabe duda de que son el dúo dinámico de Gryffindor.
—No somos tan inteligentes. —susurró Hermione—. ¡Si lo fuéramos, le habría dicho a todo el mundo lo que es usted!
—Ya lo saben —dijo Lupin. —Al menos, el personal docente lo sabe.
—¿Dumbledore lo contrató sabiendo que era usted un licántropo? —preguntó Ron con voz ahogada. —¿Está loco?
—Hay profesores que opinan que sí —admitió Lupin—. Le costó convencer a ciertos profesores de que yo era de fiar.
—¡Y ESTABA EN UN ERROR! —gritaronHarry y Hans fuera de si—. ¡HA ESTADO AYUDÁNDOLO TODO ESTE TIEMPO!
Señalaba a Black, que se había dirigido hacia la cama y se había echado encima, ocultando el rostro con mano temblorosa. Ron se alejó, arrastrando la pierna.
—No he ayudado a Sirius —dijo Lupin—. Si me dejan lo explicaré. Miren... —Separó las varitas de Harry ,Hans, Ron, Draco y Hermione y las lanzó hacia sus respectivos dueños. Ambos cogieron la suya asombrados. —Ya ven. —prosiguió.
Harry y Hans se voltearon a ver no sabía qué pensar. ¿Sería un truco?
—Si no lo ha estado ayudando —dijo mirando furiosamente a Black—¿cómo sabía que se encontraba aquí?
—Por el mapa —explicó Lupin—. Por el mapa del merodeador. Estaba en mi despacho examinándolo...
—¿Sabe utilizarlo? —le preguntó Hanscon suspicacia.
—Por supuesto —contestó Lupin, haciendo con la mano un ademán de impaciencia—. Yo colaboré en su elaboración. Yo soy Lunático... Es el apodo que me pusieron mis amigos en el colegio.
—¿Usted hizo...?
—Lo importante es que esta tarde lo estaba examinando porque tenía la idea de que ustedes intentarían salir del castillo para visitar a Hagrid antes de que su hipogrifo fuera ejecutado. Y estaba en lo cierto, ¿a que sí? —Comenzó a pasear sin dejar de mirarlos, levantando el polvo con los pies. — Los vi cruzar los terrenos del colegio y entrar en la cabaña de Hagrid. Veinte minutos más tarde lo dejaron y volvieron hacia el castillo. Pero en aquella ocasión los acompañaba alguien.
—¿Qué dice? —interrumpió Harry—. Nada de eso. No nos acompañaba nadie.
—No podía creer lo que veía —prosiguió Lupin, todavía paseando, sin escuchar a Harry—. Creía que el mapa estaría estropeado. ¿Cómo podía estar él con ustedes?
—¡No había nadie con nosotros!—gritó Hans —deje de tratarnos como idiotas.
—Y entonces vi otro punto que se les acercaba rápidamente, con la inscripción «Sirius Black». Vi que chocaba con vosotros, vi que arrastraba a Tres de ustedes hasta el interior del sauce boxeador.
—¡A dos de nosotros! —dijo Ron enfadado.
—No, Ron —dijo Lupin—. A tres.
Dejó de pasearse y miró a Ron.
—¿Me dejas echarle un vistazo a la rata? —dijo con amabilidad.
—¿Qué? —preguntó Ron—. ¿Qué tiene que ver Scabbers en todo esto?
—Todo —respondió Lupin—. ¿Podría echarle un vistazo, por favor?
Ron dudó. Metió la mano en la túnica. Scabbers salió agitándose como loca. Ron tuvo que agarrarla por la larga cola sin pelo para impedirle escapar.
Lupin se acercó más a Ron. Contuvo el aliento mientras examinaba detenidamente a Scabbers.
—¿Qué? —volvió a preguntar Ron, con cara de asustado y manteniendo a Scabbers junto a él—. ¿Qué tiene que ver la rata en todo esto?
—No es una rata —graznó de repente Sirius Black.
—¿Qué quiere decir? ¡Claro que es una rata!
—No lo es —dijo Lupin en voz baja—. Es un mago.
—Un animago —aclaró Black—llamado Peter Pettigrew.
—¡Peter Pettigrew está muerto! ¡Lo mató hace doce años!
Señalaron Harry y Hans a Black, cuya cara sufría en ese momento un movimiento espasmódico.
—Esa era mi intención —explicó, enseñando los dientes amarillos—pero el pequeño Peter me venció. ¡Pero esta vez me vengaré!
Ron gritó de dolor cuando Black cayó sobre su pierna rota al abalanzarse sobre Scabbers.
—¡Sirius, NO! —gritó Lupin, corriendo hacia ellos y separando a Black de Ron—. ¡ESPERA! ¡No puedes hacerlo así! ¡Tienen que comprender! ¡Tenemos que explicárselo!
—Podemos explicarlo después —gruñó Black, intentando desprenderse de Lupin y dando un zarpazo al aire para atrapar a Scabbers, que gritaba como un cochinillo y arañaba a Ron en la cara y en el cuello, tratando de escapar.
—¡Tienen derecho... a saberlo... todo! —jadeó Lupin sujetando a Black—¡Es la mascota de Ron! ¡Hay cosas que ni siquiera yo comprendo! ...! ¡Tienes que explicarle la verdad a Harry y Hans , Sirius!
Black dejó de forcejear; aunque mantuvo los hundidos ojos fijos en Scabbers, a la que Ron protegía con sus manos arañadas, mordidas y manchadas de sangre.
—De acuerdo, pues —dijo Black, sin apartar la mirada de la rata—Explícales lo que quieras, pero date prisa, Remus. Quiero cometer el asesinato por el que fui encarcelado...
—Están locos los dos —dijo Ron.
—Hubo testigos que vieron morir a Pettigrew —dijo Harry.—Toda una calle llena de testigos.
—¡No vieron, creyeron ver! —respondió Black con furia, vigilando a Scabbers, que se debatía en las manos de Ron.
—Todo el mundo creyó que Sirius mató a Peter —confirmó Lupin. —Yo mismo lo creía hasta que he visto el mapa esta noche. Porque el mapa del merodeador nunca miente... Peter está vivo.
Ron lo tiene entre las manos, Harry, Hans .
Entonces habló Hermione, con una voz temblorosa que pretendía parecer calmada, como si quisiera que el profesor Lupin recobrara la sensatez.
—Pero profesor Lupin: Scabbers no puede ser Pettigrew... Sencillamente es imposible, usted lo sabe.
—¿Por qué no puede serlo? —preguntó Lupin tranquilamente, como si estuvieran en clase.
—Porque si Peter Pettigrew hubiera sido un animago, la gente lo habría sabido. Estudiamos a los animagos con la profesora McGonagall. El Ministerio vigila a los magos que pueden convertirse en animales. Hay un registro que indica en qué animal se convierten y las señales que tienen. El nombre de Peter Pettigrew no figuraba en la lista. – le contestó Draco.
—¡Muy Bien, Malfoy! —dijo—. Pero el Ministerio ignora su existencia.
—Exactamente —admitió una voz fría y burlona que provenía de la puerta. Era Severus Snape que llegó sin que los demás se hubiesen dado cuenta.
Snape estaba casi sin aliento, pero su cara rebosaba sensación de triunfo.
—Tal vez se pregunten cómo he sabido que estaban aquí —dijo con los ojos relampagueantes. —Acabo de ir a tu despacho, Lupin. Te olvidaste de tomar la poción esta noche, así que te llevé una copa llena. Fue una suerte. En tu mesa había cierto mapa. Me bastó un vistazo para saber todo lo que necesitaba. Te vi correr por el pasadizo.
—Severus... —comenzó Lupin, pero Snape no lo oyó.
—Le he dicho una y otra vez al director que ayudabas a tu viejo amigo Black a entrar en el castillo, Lupin. Y aquí está la prueba. Ni siquiera se me ocurrió que tuvieras el valor de utilizar este lugar como escondrijo.
—Te equivocas, Severus —dijo Lupin, hablando aprisa—. No lo has oído todo. Puedo explicarlo…
—Dos más para Azkaban esta noche —dijo Snape, con los ojos llenos de odio—. Me encantará saber cómo se lo toma Dumbledore.
—Idiota —dijo Lupin en voz baja—. ¿Vale la pena volver a meter en Azkaban a un hombre inocente por una pelea de colegiales?
¡PUM!
Del final de la varita de Snape surgieron unas cuerdas delgadas, semejantes a serpientes, que se enroscaron alrededor de la boca, las muñecas y los tobillos de Lupin. Este perdió el equilibrio y cayó al suelo, incapaz de moverse. Con un rugido de rabia, Black se abalanzó sobre Snape, pero Snape apuntó directamente a sus ojos con la varita.
—Dame un motivo —susurró—. Dame un motivo para hacerlo y te juro que lo haré.
Black se detuvo en seco. Harry y Hansse quedaronparalizados, sin saber qué hacer ni a quién creer. Dirigieron una mirada a Ron a Draco y Hermione. Ron parecía tan confundido como ellos, intentando todavía retener a Scabbers. Hermione, sin embargo, dio hacia Snape un paso vacilante y dijo casi sin aliento:
—Profesor Snape, no... no perdería nada oyendo lo que tienen que decir; ¿no cree? – Pero él no la escuchaba.
— La venganza es muy dulce —le dijo a Black en voz baja—. ¡Habría dado un brazo por ser yo quien te capturara!
—Eres tú quien no comprende, Severus —gruñó Black—. Mientras este muchacho meta su rata en el castillo —señaló a Ron con la cabeza—, entraré en él sigilosamente.
—¿En el castillo? —preguntó Snape con voz melosa—. No creo que tengamos que ir tan lejos. Lo único que tengo que hacer es llamar a los dementores en cuanto salgamos del sauce. Estarán encantados de verte, Black.
El rostro de Black perdió el escaso color que tenía.
Hans por un momento sintió lastima por Sirius, lo mas probable es que los dementores lo llevaran de regreso a Azkaban, habia escuchado sobre el castigo para los que escapaban,solo les esperaba el Beso del dementor.
¿Estaba sintiendo pena por Black? ¿Quizá la sangre era mas fuerte que nada?
—Tienes que escucharme —volvió a decir—La rata, mira la rata...
Pero había un destello de locura en la expresión de Snape que Harry y Hansno habían visto nunca. Parecía fuera de sí.
—Vamos todos —ordenó. Chascó los dedos y las puntas de las cuerdas con que había atado a Lupin volvieron a sus manos—. Arrastraré al licántropo. Puede que los dementores lo besen también a él.
Sin saber lo que hacía, Hanscruzó la habitación con tres zancadas y bloqueó la puerta.
—¡Expeliarmus! —gritó el pelirrojo . Una ráfaga de aire movió la puerta sobre sus goznes. Snape fue alzado en el aire y lanzado contra la pared. Luego resbaló hasta el suelo, con un hilo de sangre que le brotaba de la cabeza. Estaba sin conocimiento.
—¡Hans acabas de atacar a un profesor! ¿por que lo hiciste? —Hermione se acercó a Snape, quien estaba inconsciente .
El pelirrojo no sabia el porque lo habia hecho, volteó su mirada a Harry, quien lo miraba sorprendido.
— No lo sé ... Solo algo en mi no podía permitir que Snape entregara a Black a los dementores. Sabemos cual será su castigo por escapar.
—No deberías haberlo hecho —dijo Black mirando a Hans. —Tendrías que habérmelo dejado a mí...
—Aún no creo en usted —repuso Hans .
—Estoy confundido, no sé que pensar —Potter llevó sus manos a su cabello —Pero estoy de acuerdo que nadie merece el beso del dementor .
—Entonces es hora de que te ofrezcamos alguna prueba —dijo Black. —Muchacho, entrégame a Peter. Ya.
—¿Qué va a hacer con ella si se la doy? —preguntó Ron con nerviosismo.
—Obligarla a transformarse —respondió Lupin—. Si de verdad es sólo una rata, no sufrirá ningún daño.
Ron dudó. Finalmente puso a Scabbers en las manos de Lupin. Scabbers se puso a chillar sin parar; retorciéndose y agitándose. Sus ojos diminutos y negros parecían salirse de las órbitas. Un destello de luz azul y blanca salió de varita que Lupin le quitó a Ron. Durante un momento Scabbers se quedó petrificada en el aire, torcida, en posición extraña. Ron gritó. La rata golpeó el suelo al caer. Hubo otro destello cegador y entonces...
En el lugar de Scabbers se hallaba un hombre, muy bajito. Tenía el pelo ralo y descolorido, con calva en la coronilla. Parecía encogido, como un gordo que hubiera adelgazado rápidamente. Su piel parecía roñosa, casi como la de Scabbers, y le quedaba algo de su anterior condición roedora en lo puntiagudo de la nariz y en los ojos pequeños y húmedos. Los miró a todos, respirando rápida y superficialmente. Hans vio que sus ojos iban rápidamente hacia la puerta.
—Hola, Peter —dijo Lupin con voz amable, como si fuera normal que las ratas se convirtieran en antiguos compañeros de estudios. —Cuánto tiempo sin verte.
—Si... Sirius. Re... Remus —incluso la voz de Pettigrew era como de rata. Volvió a mirar a la puerta—. Amigos, queridos amigos... Black levantó el brazo de la varita, pero Lupin lo sujetó por la muñeca y le echó una mirada de advertencia. Entonces se volvió a Pettigrew con voz ligera y despreocupada.
—Acabamos de tener una pequeña charla, Peter, sobre lo que sucedió la noche en que murieron Lily y James. Quizás te hayas perdido alguno de los detalles más interesantes mientras chillabas en la cama.
—Remus —dijo Pettigrew con voz entrecortada, y Harry vio gotas de sudor en su pálido rostro—, no lo creerás, ¿verdad? Intentó matarme a mí...
—Eso es lo que hemos oído —dijo Lupin más fríamente—. Me gustaría aclarar contigo un par de puntos, Peter; si fueras tan...
—¡Ha venido porque otra vez quiere matarme! —chilló Pettigrew señalando a Black.—¡Mató a Lily y a James, y ahora quiere matarme a mí...! ¡Tienes que protegerme, Remus!
—Nadie intentará matarte antes de que aclaremos algunos puntos —dijo Lupin. – Tu fuiste quien entregó a James y Lily a Voldemort. – Confirmó.
— No tenía opción, no tienen idea de las armas que posee. – Trató de excusarse Peter. — ¿qué hubieras echo tu Sirius? – Reprochó.
— ¡Hubiera muerto antes de traicionarlos!
Pettigrew se había arrodillado. Fue arrastrándose de rodillas, humillándose, con las manos unidas en actitud de rezo.
—Sirius, soy yo, soy Peter... tu amigo. No..., tú no...
Black amagó un puntapié y Pettigrew retrocedió.
—Ya hay bastante suciedad en mi túnica sin que tú la toques.
—¡Remus! —chilló Pettigrew volviéndose hacia Lupin, retorciéndose ante él, implorante—. Tú no lo crees. ¿verdad?
Peter estaba desesperado sabia que Sirius y Remus lo matarían hasta que sus ojos se posaron sobre Hans, se arrodilló tomándolo de su túnica .
—Muchacho, eres el hijo del Señor oscuro. Protégeme, puedo ser tu fiel esclavo, no permitas que me maten —Rogaba con desesperación.
Hans se soltó con brusquedad —No me toques, no eres mas que un cobarde traidor, los Potter confiaron en ti y los entregaste para salvar tu asqueroso trasero. Mereces la muerte pero no somos unos asesinos.
Lupin estaba a punto de asesinar a Peter junto con Sirius pero Harry y Hans los detuvieron.
—¡No! —gritó Harry. Se adelantó corriendo y se puso entre Pettigrew y las varitas—. ¡No pueden matarlo!
Tanto Black como Lupin se quedaron de piedra.
—Harry, esta alimaña es la causa de que no tengas padres —gruñó
—sabemos que no merece vivir pero no se manchen las manos con un traidor —jadeó Hans . —Lo llevaremos al castillo. Lo entregaremos a los dementores. Puede ir a Azkaban. Pero no lo maten.
—!Hans, Harry ! —exclamó Pettigrew entrecortadamente, y rodeó las rodillas de ambos con los brazos—. Tú... gracias. Es más de lo que merezco. Gracias.
—Suéltanos—dijo Hans, apartando las manos de Pettigrew con asco. —No lo hacemos por ti. Lo hacemos porque creo que los padres de Harry no habrían deseado que sus mejores amigos se convirtieran en asesinos por culpa tuya.
Ya estaba decidido, Peter tenía la vida perdonada, los siete habían salido del pasadizo y se congregaron unos metros mas allá del sauce boxeador, excepto Snape quien seguía inconsciente en la casa de los gritos.
Lupin estaba vigilando a Peter, Hermione junto a Dracocuidaban a Ron, quien estaba sentado en el pasto con su pierna lastimada, Sirius veía el castillo, recordando viejos tiempos. En ese momento, Harry y Hansaprovecharon para acercarse.
— Sirius, lamento todas las cosas desagradables que te dije, realmente lo siento mucho… — comenzó el pelirrojo— Es solo que desprecio esa maldita ideología de sangre.
— No tienes que disculparte Hans, te he estado vigilando desde hace mucho tiempo… escuché de ti cuando escapé de Azkaban. No te pareces en nada a tus padres . – Le respondió. – Me sorprendió el parecido que tienes con Regulus de no ser por el cabello serias una copia de mi hermano menor, me da gusto que seas un Black.
— También me da gusto tenerte como familia. – Le contestó Hans . – De verdad. – Ambos se abrazaron.
Draco, quien se habia mantenido alejado se levantó del pasto para acercarsea Sirius .
— Creo que no me conoces, mi nombre es Draco Malfoy —el rubio extendió su mano .
Sirius le sonrió, estrechándola —Se quien eres ..Te pareces mucho a tu padre pero tienes la personalidad de tu madre, salúdame a Cissy. Quizá algún día pueda hablar con ella. Narcissa junto a Andrómeda eran las únicas primas que me agradan.
El rubio lo abrazó para luego alejarse, dándole a Hans y Harry un momento a solas con él.
Una nube se desplazó. De repente, aparecieron en el suelo unas sombras oscuras. La luz de la luna caía sobre el grupo.
Hans vio la silueta de Lupin. Se puso rígido y empezó a temblar.
—¡Dios mío! —dijo Hermione con voz entrecortada—. ¡No se ha tomado la poción esta noche! ¡Es peligroso!
—Corran. —gritó Sirius. — ¡Corran! ¡Ya!
Pero tanto Harry como Hans no podía correr. Ron trataba de ponerse en pie, Draco protegía a Hermione poniéndola tras él, y Pettigrew aprovechó para volverse rata y huir.
Lupin saltó hacia delante, pero Sirius lo agarró por el pecho y lo echó hacia atrás.
—¡Les digo que corran!
—No pienso abandonarte, eres mi único familiar —Hans sacó su varita dispuesto a defenderse del hombre lobo.
—Hans tiene razon, no te dejaremos Sirius, no pensamos dejarte aquí, lucharemos a tu lado.
—Lárguense de aquí —Les gritó Black, sujetando a Remus —regresen al castillo ¡ahora mismo!
Oyeron un terrible gruñido. La cabeza de Lupin se alargaba, igual que su cuerpo. Los hombros le sobresalían. El pelo le brotaba en el rostro y las manos, que se retorcían hasta convertirse en garras.
Mientras el licántropo retrocedía, abriendo y cerrando las fauces, Sirius intentaba mantenerlo sujeto. Setransformó. El perro grande como un oso saltó hacia delante. Cuando el licántropo se liberó de las esposas que lo sujetaban, el perro lo atrapó por el cuello y lo arrastró hacia atrás. Estaban enzarzados, mandíbula con mandíbula, rasgándose el uno al otro con las zarpas.
El perro y el licántropo siguieron su pelea hacia el bosque, Harry y Hanstrataron de seguirlos mientras Hermione y Draco se quedaban con Ron, corrieron todo lo que podían golpeándose contra ramas y rocas, hasta que llegaron a las orillas del lago, de pronto a lo lejos se escuchó un aullido que alejó a Lupin.
Los chicos se quedaron con Sirius tendido sobre el suelo mal herido. Justo en ese instante los vieron. Al menos cien, y se acercaban a ellos como una masa negra. Dementores. Los estaban rodeando...
—¡Malfoy piensa en algo alegre! —gritaron al mismo tiempo los Gryffindors levantando sus varitas y parpadeando con rapidez para aclararse la visión, sacudiendo la cabeza para alejar el débil grito que había empezado a oír por dentro. Mientras el rubio pensaba en el beso que se dio con Hermione, que hasta ahora era el recuerdo mas feliz que tenía.
Pero no pasaba nada, por mas que Harry y Hans trataba de conjurar el patronus no aparecía, y los dementores eran cada vez mas, habían llegado a tal punto que Sirius ya no tenía salvación.
Y entonces, a través de la niebla que los ahogaba, les pareció ver una luz plateada que adquiría brillo. Se dejaron caer débiles sobre la hierba junto a Black, Hansabrió los ojos. Una luz cegadora iluminaba la hierba... Habían cesado los gritos, el frío se iba...
Algo hacía retroceder a los dementores... algo que daba vueltas en torno a él, a Sirius y a Harry. Los estertores dejaban de oírse. Se iban. Volvía a hacer calor.
El rubio no pudo ver nada, y perdió el conocimiento segundos antes que Harry y Hans.
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Despertaron los cinco en la enfermería, de inmediato Harry, Hans, Draco y Hermione se pusieron de pie y se acercaron a Ron.
— ¿Estas bien, Weasley ? – Preguntó Draco.
— ¿Dónde está Sirius? – cuestionó de inmediato Hans .
Los cinco comenzaron a hablar al mismo tiempo cuando el sonido de la puerta abriéndose los interrumpió. Era el profesor Dumbledore.
—Profesor Dumbledore, Sirius Black...
—Señor profesor; Black dice la verdad: nosotros vimos a Pettigrew. – Hans interrumpió a Hermione.
—Escapó cuando el profesor Lupin se convirtió en hombre lobo.
—Es una rata.
—La pata delantera de Pettigrew... quiero decir; el dedo: él mismo se lo cortó.
—Pettigrew atacó a Ron. No fue Sirius.
Pero Dumbledore levantó una mano para detener la avalancha de explicaciones.
—Black no tiene ninguna prueba de lo que dice, salvo su palabra. Y la palabra de cinco estudiantes de trece años no convencerá a nadie.
—El profesor Lupin también puede testificarlo —dijo Harry, incapaz de mantenerse callado.
—El profesor Lupin se encuentra en estos momentos en la espesura del bosque, incapaz de contarle nada a nadie.
—Pero...
—Escúchenme, ambos . Es demasiado tarde, ¿lo entienden? Tienen que comprender que la versión del profesor Snape es mucho más convincente que la suya.
—Pero usted nos cree. – Repuso Ron.
—Sí, yo sí —respondió en voz baja—. Pero no puedo convencer a los demás ni desautorizar al ministro de Magia. Lo que necesitamos es ganar tiempo —dijo Dumbledore despacio. Sus ojos azul claro estaban fijos en Hermione.
—Pero... —empezó Hermione, poniendo los ojos muy redondos—. ¡AH!
—Ahora prestadme atención —dijo Dumbledore, hablando muy bajo y muy claro—. Sirius está encerrado en el despacho del profesor Flitwick. Si todo va bien, esta noche salvarán más de una vida inocente. Pero recuerden, no los pueden ver. Señorita Granger, ya conoces las normas. Sabes lo que está en juego. No deben verlos.
Harry y Hans se voltearon a ver ninguno entendía nada. Dumbledore se alejó y al llegar a la puerta se volvió.
—Son las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.
—¿Buena suerte? —repitió Ron, cuando la puerta se hubo cerrado tras Dumbledore—. ¿Tres vueltas? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es lo que tenemos que hacer?
Pero Draco y Hermione parecían entender a la perfección. La chica rebuscaba en el cuello de su túnica, sacó su giratiempo.
—Hans, Harry vengan aquí, lo siento Ron no puedes venir. —dijo perentoriamente—¡Rápido! —ambos parpadearon, perplejos, se acercaron a ellos. Hermione estiró la cadena por fuera de la túnica cubriendo a los tres. — ¿Preparados? —dijo jadeante.
—¿Qué hacemos? —preguntó Hans sin comprender.
La sala oscura desapareció. Draco, Hansy Harry tenían la sensación de que volaban muy rápidamente hacia atrás. A su alrededor veían pasar manchas de formas y colores borrosos. Notaban palpitaciones en los oídos. Todo volvió a aclararse. Se hallaban de pie, al lado de Hermione, en el vacío vestíbulo, era de día.
—¿Qué..., cómo...? Hermione, ¿qué ha pasado? – Harry estaba confundido.
—Hemos retrocedido en el tiempo —susurró Draco sin creérselo.
—Pero...
—¡Chist! ¡Escucha! ¡Alguien viene! ¡Creo que somos nosotros! —Hermione había pegado el oído a la puerta de la enfermería. —Pasos por el vestíbulo... Sí, creo que somos nosotros yendo hacia la cabaña de Hagrid.
—¿Quieres decir que estamos aquí en la enfermería y que también estamos ahí fuera?
—Sí —respondió Hermione.—. Estoy segura de que somos nosotros. No parecen más de cincopersonas. Y...
Hermione se sentó en un cubo puesto boca abajo. Harry y Hansestaban impacientes y querían que Hermione les respondiera que era lo que estaba pasando. Ella les explicó como obtuvo el giratiempo, y que Draco también estaba enterado.
—Quizás ocurriera algo que podemos cambiar ahora —dijo Draco pensativo. —¿Qué puede ser? Hace tres horas nos dirigíamos a la cabaña de Hagrid...
—Ya estamos tres horas antes, nos dirigimos a la cabaña —explicó Hermione. — Hans frunció el entrecejo.
—Dumbledore dijo simplemente... dijo simplemente que podíamos salvar más de una vida inocente...
— ¡Buckbeak! – Dijo entonces Malfoy.
—Pero... ¿en qué ayudará eso a Sirius? – Contestó Harry.
—Tenemos que volar con Buckbeak hasta la ventana y rescatar a Sirius. Sirius puede escapar montado en Buckbeak. – Afirmó Hermione.
—Bueno, tenemos que intentarlo, ¿no creen? —dijo Hans . Pegando el oído a la puerta de salida. — No parece que haya nadie. Vamos...
Harry empujó y abrió la puerta. El vestíbulo estaba desierto. Tan en silencio y tan rápido como pudieron, salieron de la enfermería y bajaron corriendo los escalones. Las sombras se alargaban. Las copas de los árboles del bosque prohibido volvían a brillar con un fulgor dorado.
—¡Si alguien se asomara a la ventana..! —chilló Hermione, mirando hacia atrás, hacia el castillo.
—Huiremos —dijo Draco con determinación—. Nos internaremos en el bosque. Tendremos que ocultarnos detrás de un árbol o algo así, y estar atentos.
—¡De acuerdo, pero iremos por detrás de los invernaderos! —dijo Hans, sin aliento.
Atravesaron los huertos hasta los invernaderos, se detuvieron un momento detrás de éstos y reanudaron el camino a toda velocidad, rodeando el sauce boxeador y yendo a ocultarse en el bosque a salvo en la oscuridad de los árboles, Harry y Hans se dieron la vuelta y unos segundos más tarde, llegaron Hermione y Draco jadeando.
—Bueno —dijo Hermione con voz entrecortada. —tenemos que ir a la cabaña sin que se note. Que no nos vean.
Anduvieron en silencio entre los árboles, por la orilla del bosque. Al vislumbrar la fachada de la cabaña de Hagrid, oyeron que alguien llamaba a la puerta. Se escondieron tras un grueso roble y miraron por ambos lados. Hagrid apareció en la puerta.
—No deberían haber venido —susurró Hagrid a los cuatro Gryffindor. Los dejó entrar y cerró rápidamente la puerta.
—Esto es lo más raro en que me he metido en mi vida —dijo Hanscon entusiasmo— Elsa tiene razon me gusta meterme en problemas
—Tory me dijo lo mismo —Sonrió con nostalgia Potter —la extraño, si regresamos vivos hablaré con ella para que me perdone.
Hans le sonrió a su amigo colocando su mano sobre su hombro, demostrándole que estaba con él y que todo se solucionaría.
— Se siente malditamente increíble. – Lo siguió Draco, ambos se vieron y rieron.
—Vamos a adelantarnos un poco —susurró Hermione—. ¡Tenemos que acercarnos más a Buckbeak!
Avanzaron sigilosamente hasta que vieron al nervioso hipogrifo atado a la valla que circundaba la plantación de calabazas de Hagrid.
—¿Ahora? —susurró Hans.
—¡No! —dijo Hermione—. Si nos lo llevamos ahora, los hombres de la comisión creerán que Hagrid lo ha liberado. ¡Tenemos que esperar hasta que lo vean atado!
—Eso supone unos sesenta segundos —dijo Draco. Les empezaba a parecer irrealizable.
En ese momento oyeron romperse una pieza de porcelana.
—Ya se le ha caído a Hagrid la jarra de leche —dijo Hermione—. Dentro de un momento encontraré a Scabbers. – Efectivamente, minutos después oyeron el chillido de sorpresa de Hermione.
—Hermione —dijo Harry de repente—, ¿y si entráramos en la cabaña y nos apoderásemos de Pettigrew?
—¡No! —exclamó Hermione con temor—. ¿No lo entiendes? ¡Estamos rompiendo una de las leyes más importantes de la brujería! ¡Nadie puede cambiar lo ocurrido, nadie! Ya has oído a Dumbledore... Si nos ven...
—Sólo nos verían Hagrid y nosotros mismos. – La interrumpió Draco.
—¿Qué creen que pasaría si se vieron a si mismos entrando en la cabaña de Hagrid? —dijo Hermione.
—Creería... creería que me había vuelto loco —dijo hans
— O que había magia oscura por medio. – Comentó Draco.
—Exactamente. No lo comprenderían. Han pasado cosas malas por alterar el tiempo.
—Vale —dijo Harry—, sólo era una idea. Yo pensaba nada más que...
Pero Hermione le dio un codazo y señaló hacia el castillo. Hansmovió la cabeza unos centímetros para tener una visión más clara de la puerta central. Dumbledore, Fudge, el anciano de la comisión y Macnair, el verdugo, bajaban los escalones.
—Vamos, Buckbeak —murmuró Harry acercándose junto con Draco al hipogrifo una vez que los hombres entraron a la cabaña y ellos mismos se habían ido.—ven, vamos a salvarte.
Ambos tiraron de la cuerda con todas sus fuerzas, pero Buckbeak había clavado en el suelo las patas delanteras.
—¡Muévete, Buckbeak! —susurró Draco. – Se que me odias pero muévete.
Hans tiró de la cuerda con más fuerza. El hipogrifo echó a andar agitando un poco las alas con talante irritado. Aún se hallaban a tres metros del bosque y se les podía ver perfectamente desde la puerta trasera de la cabaña de Hagrid.
La cara pálida de Hermione asomaba por detrás de un árbol.
—¡Dense prisa! —dijo. Aún se oía la voz de Dumbledore en la cabaña. Dieron otro tirón a la cuerda. Buckbeak se puso a trotar a regañadientes. Llegaron a los árboles...
—¡Rápido, rápido! —gritó Hermione, saliendo como una flecha de detrás del árbol, asiendo también la cuerda y tirando para que Buckbeak avanzara más aprisa. Harry y Hansmiraron por encima del hombro. Ya estaban fuera del alcance de las miradas.
Desde allí no veían el huerto de Hagrid.
Huyeron al bosque, a esperar a que todos salieran del encuentro en la casa de los gritos. Mientras esperaban, ambos le contaron a Draco que lo que los salvó de los dementores en el bosque había sido un patronus muy poderoso que él no conjuró.
—¿No viste qué aspecto tenía? —preguntó Hermione con impaciencia—. ¿Era uno de los profesores?
—No. Pero tuvo que ser un brujo muy poderoso para alejar a todos los dementores... Si el patronus brillaba tanto…
— ¿No pudiste ver...? – Preguntó Draco.
—Sí que lo vi —dijo Harry pensativo—. Aunque tal vez lo imaginase. No pensaba con claridad. Me desmayé inmediatamente después...
—¿Quién te pareció que era?
—Me pareció —Harry tragó saliva, consciente de lo raro que iba a sonar aquello—, me pareció alguien familiar .
El rubio y la castaña se miraron.
—Harry, pero ¿pudiste ve a alguien más? Quizá lo imaginaste —dijo Draco.
—No imaginé nada, Malfoy —dijo Harry rápidamente.
—¡Están saliendo! – Exclamó Hermione después de un rato, los cuatro se asonaron por entre los árboles, y se vieron a sí mismos junto con los demás cerca del sauce boxeador. De pronto Lupin se había transformado en hombre lobo y Sirius peleaba con el en su forma de animago. Los dos animales corrieron hacia el bosque.
— Hay que hacer algo. – Dijo Draco.
— Déjenme pensar. – Contestó Hermione nerviosa. Entonces se le ocurrió, aulló tratando de sonar como un hombre lobo, cosa que funcionó porque hizo que el profesor Lupin corriera en otra dirección, luego ellos fueron cerca de donde estaba Sirius tendido, junto con Harry y Draco, mientras eran atacados por cientos de dementores.
— El aparecerá estoy seguro . Ya lo verán. – Decía Harry emocionado. Pero no pasaba nada.
— ¿Estás seguro? – Preguntó Hans .
— Ya verán. – Pasaban mas segundos, que parecían horas y los jóvenes comenzaron a impacientarse.
— Harry creo que… — Hermione no alcanzó a terminar. Hans avanzó y convocó un poderoso patronus, que enseguida tomó la forma de un Caballo.
Los dementores comenzaron a alejarse.
Después de ver como Harry, Hans y Draco del pasado se habían desmayado, y de como llegó el profesor Snape los tres se dirigieron volando sobre Buckbeak a la oficina del profesor Flitwick para rescatar a Sirius. Y llegaron a la enfermería a tiempo para volver con Ron. Lo habían logrado.
Sirius habia escapado junto a Buckbeak con la promesa de que cuando todo terminara vivirían juntos como una verdadera familia. Se mantendrían en contacto mediante cartas. Y por fin las clases terminaron y cada uno debia regresar a casa.
Hans caminaba por uno de los pasillos cuando se topó con Elsa, quien se dirigía rumbo a la salida del castillo con su equipaje. Ambos al verse cara a cara, se sonrojaron y no sabían que decirse.
—Hola — dijo Hans de forma tímida —Elsa, quiero disculparme contigo, no quiero perderte, te amo. Jamás fue mi intención hacerte a un lado, sólo no queria que salieras lastimada. Eres mi tesoromás preciado y tenia miedo de que algo te pasara. Perdóname, te prometo que nunca volverá a pasar… dame una oportunidad.
Se formó un silencio incomodo que puso nervioso al pelirrojo hasta que Elsa lo jaló de su corbata uniendo sus labios con los suyos. Él chico la tomó de la cintura, acercando el cuerpo de la platinada y se besaron por largos momentos hasta que se vieron obligados a separarse por la falta de oxígeno.
—Te perdono… también la pase mal estos días lejos de ti. Hans, no quiero que me vuelvas a hacer a un lado. Tampoco que pongas en riesgo tu vida, sé que eres el Elegido pero eso no significa que deban luchar solos. Estaré a tu lado.
El pelirrojo pasó el pulgar sobre su mejilla en una suave caricia y se inclinó para dejar un pequeño beso sobre la mejilla de la princesa.
—Lo sé, Elsa. Entendimos que no estamos solos. Tenemos amigos y ahora también a Sirius. Soy afortunado por tenerte a mi lado… pase lo que pase estaremos juntos.
—¿Sirius? ¿Te refieres a Black ? Oh, es verdad. Malfoy me contó todo lo que pasocon Sirius Black, me da gusto que tengas a un familiar que de verdad te quiera y no a esos idiotas hermanos adoptivos.
—Estoy feliz de tener a Sirius, cuando todo lo de Voldemort termine viviremos juntos. Me hace mucha ilusión poder tener una verdadera familia.
Elsa abrió los ojos de repente al recordar que sus padres querían hablar con Hans sobre su relación.
—bebé —Elsa lo tomó del brazo, deteniendo su andar —Hans, quiero que vengas aArendelle conmigo, mis padres quieren hablar contigo. Sabes que algún día seré Reina y sé que lo nuestro es serio y quizá algún día te conviertas en Rey.
Hans se detuvo de golpe volteando a ver a Elsa, la palabra Rey se repetía una y otra vez en su cabeza.
—¿Rey? ¿Hablas en serio Elsa? Antes la idea de ser Rey era muy tentadora pero ahora no lo sé, pero de algo estoy seguro:quiero estar a tu lado siempre. Mis intenciones contigo son las mejores, le pediré a Sirius que me acompañe a hablar con tus padres.
Hans estaba feliz, los padres de Elsa habían aceptado su relación y pasaría el verano juntos. Ya le mandaría una lechuza a Sirius para que lo acompañara en el momento de hablar con el padre de su novia.
Ambos abordaron el tren de regreso a Arendelle .
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Harry esperó a que Astoria estuviera sola para acercarse a ella, necesitaba hablarle y cuando vio la oportunidad se acercó a ella rápidamente, sujetándola del brazo.
—Tory, por favor debemos hablar —le pidió el niño que vivió, mirándola esperanzado.
—Déjame ir James, me estan esperando —La Slytherin se soltó de su agarre— No tenemos nada que hablar, todo quedó dicho entre nosotros, sigue jugando al Héroe.
—Por favor, Tory, escúchame, actué como un idiota pero créeme que cuando te digo que me importas lo digo en serio. Me gustas, eres la única persona que conoce todo sobre mi.Astoria no quiero perderte .
Astoria se detuvo volteando a verlo, le dolía verlo de esa manera y entendía todo lo que Harry habia pasado, la perdida de sus padres y la chica suspiró.
—¡Maldita sea James, siempre logras lo que quieres!—La chica se cruzó de brazos, mirándolo — odio que seas tan adorable, tienes suerte de ser guapo. Esta bien, voy a perdonarte pero te juro que no habrá una próxima vez ¡Si me vuelves a dejar de lado te mandaré al demonio!
El rostro del castaño se iluminó y la tomó del rostro para besarla apasionadamente, el chico mantenia sus manos sobre su cintura acercándola a su cuerpo y al separarse le dijo:
—Quiero ir a hablar con tus padres, quiero que ellos sepan que mis intenciones contigo son las mejores , que cuidare de su princesa. Tory, lamento si pensaste que no me importabas o que lo nuestro no era serio para mi, solo tenia miedo de que tus padres pensaran que no soy bueno para ti, que ellos no aceptaran lo nuestro —el joven bajó la mirada avergonzado.
—¡Harry James Potter, no digas tonterías! Me da lo mismo lo que mis padres piensensobre nuestra relación, no pienso dejar que estúpidasideologías de sangre nos separen, si ellos no lo aceptan me da lo mismo, lo que importa es que te amo —le dijo tomándolo de sus mejillas — estoy dispuesta a renunciar a todo por ti.
Harry se sintió feliz. No importaba nada, ni siquiera tener a un loco purista intentando matarlo, siempre y cuando Astoria estuviera a su lado y, así con una amplia sonrisa abordaron el tren de regreso a casa.
