Ginny caminaba por los pasillos rumbo a su torre, a descansar, sonrió levemente al recordar los momentos divertidos junto a Theo, a pesar de que no eran muy amigos, el chico fue atento con ella y bailaron pero se dio cuenta que su atención estaba en cierta chica, su amiga Luna y esto no le molestó en lo mas mínimo, lo entendió y se despidió deseándole suerte. Cuando dobló por uno de los pasillos escuchó un leve sollozo que venia de las escaleras, intentó ignorarlo y seguir caminando pero no pudo,así que caminó con cautela, no sabia que esperar y no queria ser inoportuna, sin embargo,abrió los ojos sorprendida, debajo de las escaleras se encontraba Gregory Goyle, tenia cubierto su rostro con las piernas y escuchaba los leves sollozos, queria irse pero no pudo, suspiró para acercarse con cuidado.

— Goyle —la pelirroja lo llamó —¿te encuentras bien?

El Slytherin alzó la mirada, se levantó limpiando sus ojos, no queria que nadie lo viera llorar. Él no era débil.

—Lárgate de aquí Weasley, déjame solo. Ve con tus amigos sangre sucia, no eres mas que una asquerosa traidora a la sangre. Ni siquiera sé por que tu familia esta en los sagrados veintiocho.

Ginny se cruzó los brazos, enojada, solo habia querido ayudar y ese idiota la trataba como basura, con todo su orgullo lo encaró.

—¿Sabes algo, Goyle? Eres realmente un imbécil, prefiero amigos muglees que ser tratado como un perro faldero… de todos modos, si quieres hablar sabes donde buscarme.

Ginny lo dejó solo en las escaleras, estaba disgustada por la manera en que ese idiota le trató pero sabia que Goyle la buscaría mas adelante, con esa idea se acostó a descansar.

Theodore Nott tenía que ser ante todo un caballero, eso le enseñaron sus padres, debía tratar con el mayor respeto una mujer, fuera quien fuera, pero eso no significaba que podía relacionarse con una chica que no fuera sangre pura. Por eso sólo hablaba con Pansy y Draco, en realidad no le interesaba mucho relacionarse con los demás, aunque no se oponía a las nuevas amistades de sus compañeros. Siempre se limitaba a ser callado y taciturno.

Hasta que Luna apareció. No negaría la primera impresión que le dio no fue del todo buena, que las dos veces que se encontraron no fueron las mejores. Pero había algo en esa chica que en las demás no. No veía maldad en sus ojos cuando hablaban, ni si quiera una gota de sarcasmo o ironía en sus comentarios. Era por eso y por otras razones que se había convertido en su compañera ideal para conversar. Podían hablar durante horas de cualquier cosa, aunque el tema favorito de ambos eran las criaturas mágicas.

A Luna le interesaban mas las criaturas pequeñas, las hadas, los bowtruckle, a Theo le gustaban mas los dragones o los thunderbird. Pasaban juntos mucho tiempo y cierta tarde se encontraban caminando juntos cerca de lago. Luna buscaba a una familia de Thestrals que solía alimentar, y Theo sería de mucha ayuda ya que era casi el único amigo que podía verlos.

—Gracias por acompañarme, Theodore Nott. – Comentó la chica buscando con la mirada a las criaturas entre los árboles.

—No hay por que. – Respondió el joven. – Aunque los Thestrals no son mis criaturas favoritas es agradable caminar un rato.

—Me gusta caminar contigo. – Theodore sonrió.

—Supongo que a mi también.

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—¿También Dumbledore cree que Quien-tú-sabes está recuperando fuerzas? —murmuró Ron.

Harry y Hansya había hecho partícipes a Elsa, Astoria, Ron, Hermione y Draco de todo cuanto habían visto en el pensadero y de casi todo lo que Dumbledore les había dicho y mostrado después, de como vieron a Barty Junior siendo arrestado por mortífago… todo. Y, naturalmente, también habían hecho partícipe a Sirius, a quien había enviado una lechuza en cuanto salió del despacho de Dumbledore.

Aquella noche loscuatro volvieron a quedarse hasta tarde hablando de todas esas cosas en la sala común, hasta que a ambos chicos comenzaron a darle vueltas la cabeza y comprendieron a qué se refería Dumbledore cuando les había dicho que tenía tantos pensamientos en la cabeza que resultaba un alivio sacarlos.

Ron miraba la chimenea. A Hansle pareció que su amigo temblaba un poco, aunque la noche era cálida.

—¿Y confía en Snape? —preguntó Ron—. ¿De verdad confía en Snape, aunque sabe que fue un mortífago?

—Sí —respondieron al mismo tiempo Harry y Hans.

Hermione llevaba diez minutos sin hablar. Estaba sentada con la frente apoyada en las manos y mirando al suelo. A Hans se le ocurrió que también a ella le hubiera sido útil un pensadero.

—Rita Skeeter —murmuró al final.

—¿Cómo puedes preocuparte ahora por ella? —exclamó Ron, sin dar crédito a sus oídos.

—No me preocupo por ella —dijo Hermione sin dejar de mirar al suelo—. Sólo estoy pensando... ¿recuerdan lo que me dijo en Las Tres Escobas? «Yo sé cosas sobre Ludo Bagman que te pondrían los pelos de punta...» Supongo que se refería a eso. Ella hizo la crónica del juicio, sabía que les había pasado información a los mortífagos. Y Winky también lo sabía, ¿recuerdan? «¡El señor Bagman es un mago malo!» Seguro que el señor Crouch se puso furioso cuando lo dejaron en libertad y lo comentó en su casa.

—Ya, pero Bagman no pasó la información a sabiendas, ¿o sí? – Respondió Harry. Hermione se encogió de hombros.

—Todo esto es una locura no sabemos en quien confiar o no —Exclamó frustrado el decimotercer príncipe — vimos como Bellatrix Lestrange fue llevada a Azkaban ¡Por Merlín esa mujer no tenia una pisca de arrepentimiento por haber torturado a los padres de Neville, se sentía orgullosa! Cuando se la llevaba gritaba que su Señor regresaría, fue traumático escucharla.

Harry llevó su mano al hombro de su mejor amigo — Hans no te tortures mas con eso ... También fue difícil para mi pero no debemos dejar que nos afecte recuerda que a Voldemort le gusta jugar con nuestra mente.

El pelirrojo asintio con la cabeza, suspirando. Harry tenia razón, el pasado no se puede cambiar pero se puede aprender a vivir con el .

—Sera mejor ir a dormir.

—Hermione tiene razon ,mañana debemos madrugar, Hans ya no sigas torturándote, no eres responsable de lo que esa mujer hizo. No vivas en el pasado por que nunca serás feliz.

Harry, Ron y Hermione tenían que estudiar para los exámenes, que terminarían el día de la tercera prueba, pero gastaban la mayor parte de sus energías en ayudar a Hans a prepararse.

—No te preocupes por nosotros —le dijo Hermione, cuando Hans se lo hizo ver y les aseguró que no le importaba entrenarse él solo por un rato—. Al menos tendremos sobresaliente en Defensa Contra las Artes Oscuras: en clase nunca habríamos aprendido tantos maleficios.

Elsa se encontraba junto a Draco, habían terminado sus deberes antes para ayudar a Hans a prepararse para la tercera prueba.

— Granger tiene razon no debes preocuparte por nosotros. Tienes que estar concentrado en la tercera prueba —habló la platinada inclinándose para besar su mejilla.

—Es un buen entrenamiento para cuando seamos aurores —comentó Ron entusiasmado, utilizando el embrujo obstaculizador contra una avispa que acababa de entrar en el aula, que quedó paralizada en pleno vuelo.

Todos esperaban con impaciencia la tercera prueba, que tendría lugar una semana antes de fin de curso. Hansaprovechaba cualquier momento para practicar los maleficios junto con Harry y se sentía más confiado ante aquella prueba que ante las anteriores. Aunque indudablemente sería difícil y peligrosa, Moody tenía razón: él ya se las había apañado en ocasiones anteriores con engendros monstruosos y barreras encantadas, y por lo menos aquella vez lo sabía de antemano y tenía posibilidades de prepararse para lo que le esperaba.

Hans fue poniéndose más nervioso conforme se acercaba el 24 de junio, pero no tanto como ante las dos pruebas anteriores: por un lado, tenía la confianza de que, esta vez, había hecho cuanto estaba en su mano para prepararse para la prueba; por otro, aquél era el último tramo, y, lo hiciera bien o mal, el Torneo iba a finalizar, lo que sería un gran alivio.

El gran día llegó.

La última prueba sería al anochecer, por lo cual en lugar de pasarse el día entrenando Elsa tuvo la idea de que por primera vez en todo el año escolar descansaran de todo el alboroto por el torneo.

Elsa, Harry, Astoria, Ginny, Ron, Pansy, Hermione y Draco e inclusive Luna y Theodore pasaron el día juntos, charlando y paseando cerca de el lago negro. Jugaron, se rieron hasta la hora de la cena. Hansse sentía con mas valor para enfrentarse a la tercera prueba, con el apoyo de todos sus amigos, sabía que no importaba lo que fuese a pasar esa noche, ellos estarían ahí para él.

El pelirrojo se estaba preparando para la ultima prueba estaba nervioso, por alguna razón no podía estar tranquilo, sonrió al ver a Elsa quien le devolvió la sonrisa, el chico le extendió la mano para que la tomara sentandose a un lado de el.

—¿Te sientes bien, bebé ? —la platinada le preguntó acariciando su mejilla, sonriéndole —Lo harás muy bien, debes confiar en ti, eres un gran mago, solo debes creer en ti, por cierto te tengo una sorpresa.

Hans le sonrió, cerrando los ojos al sentir el tacto de su novia sobre su piel, a pesar que la mano de Elsa era fría, el sentía lo cálido de su corazón .

—Estoy bien copo de nieve solo un poco nervioso pero es normal ¿no crees ? —rio acomodando un mechón del cabello de Elsa detrás de su oreja —Gracias por ser mi fortaleza en los peores momentos, eres la razón por la cual me mantengo cuerdo. Dime ¿Cuál es la sorpresa?

La chica se levantó y caminó a la claridad mientras hablaba —Bueno, no fue fácil, tuve que hablar con Dumbledore y el habló con algunas personas del Ministerio y al fin logramos que nos dieran permiso para que Anna, Kristtof y el Príncipe Lars pudieran venir.

La chica abrió la puerta y el pelirrojo abrió los ojos sorprendido, no lo podía creer, estaban allí los tres y le sonreían. El pelirrojo se levantó de golpe para correr a abrazar a su mejor amiga.

—Anna, me alegra verte has crecido mucho —el pelirrojo la abrazó, cargándola para darle vueltas —Mírate, eres preciosa —el chico la dejó en el piso con una amplia sonrisa en su rostro —Me da gusto que estés aquí.

— También has crecido Hans, te ves mas guapo ¡oh! Te quitaste esas feas patillas te ves mucho mejor así —la pelirroja le hizo un cumplido, llevando sus manos a su cabello lo tomódel rostro mirando el lugar donde estaban sus patillas —definitivamente te ves mejor.

Hans rodó los ojos y se dirigió a su hermano.

—Lars,pensé que te encontrabas de viaje —el decimotercer príncipe se acerco a abrazar a su hermano — Me hace muy feliz verte Her...—el pelirrojo secalló de golpe —perdón, creo que Runo y Rudy ya deben haberte dicho que no somos hermanos.

Lars negó con la cabeza acercándose al decimotercer Príncipe y le abrazó ganándose una mirada de sorpresa por parte de Hans.

—Hans, no importa lo que ese par de idiotas digan tu siempre serás mi hermano menor, el unico que me agrada —el Pelirrojo mayor se separó de el despeinándolo con una amplia sonrisa — por cierto, Caleb te manda saludos, le hubiera gustado venir pero papá lo envió a un asunto de estado.

—¿Caleb? ¿De Verdad? —preguntó sorprendido — Supongo que deberé agradecerle —dijo con duda.

Hans saludo a Kristtof y después abrazó a Elsa, estaba agradecido con ella, buscó sus labios y le plantó un beso en el que se perdieron en un mar de sensaciones y emociones.

— No me esperaba esta sorpresa, Copo de nieve. Muchas Gracias, Te amo —Hans le susurró separándose unos centímetros de ella.

—Hans, por ti haré lo que sea no permitiré que nos separen ... Quiero pedirte perdón por lo que paso en tu fiesta de cumpleaños, las pesadillas aún me persiguen, perdóname amor.

Elsa nunca habia llorado ni siquiera cuando sus padres la encerraron en su habitación, aprendió a crear un escudo en sus emociones pero el recuerdo de Hans siendo azotado le dolía ¿Como pudo ser tan estupida?

—No llores copo de nieve, es pasado, debemos ver al futuro… te perdone desde hace mucho no quiero verte llorar —el joven limpió sus lagrimas —No te atormentes mas por eso, créeme lo olvide hace mucho.

—Bueno ... Vamos. No recordemos cosas desagradables y quitenesas caras largas… venimos a apoyar a Hans, olvidemos el pasado y pensemos en el futuro —Anna se acercó abrazando a ambos —Me da tanto gusto verlos juntos, lo sabía Elsa, estabas enamorada de Hans pero eras tan testaruda.

—Oye —se defendió la futura reina —quizá tienesrazón ...Bueno, vamos a dejarnos de sentimentalismos dejemos eso para los come flores de Hufflepuff.

No paso mucho, Harry venia tomado de la mano con Astoria y junto a ellos estaban Theodore Nott, Pansy, Ron , Hermione junto a Draco y Ginny. Hans les presentó a su Hermano mayor y el chico fue del agrado de sus amigos.

—Hans, ha llegado el momento —Potter se acercó y abrazó a su mejor amigo —Cuídate y no olvides usar los hechizos que practicamos —le dijo en parcel.

—Gracias Harry, gracias por todo por favor cuida de Elsa —le pidió en Parcel, separándose de su amigo

—Estoy muy orgullosa de ti, Hans. Te has vuelto un gran mago creo en ti —Hermione lo abrazó — estaremos esperando que regreses.

—Creemos en ti Hans, se que lo lograrásde nuevo te pido perdón por dudar de ti, eres uno de mis mejores amigos — Ron se acercó, abrazándolo.

— cuídate mucho, Hansy —lo animó Ginny —Estamos orgullosos de ti.

Astoria junto con Pansy lo abrazaron dejando un beso en ambas mejillas.

— Estaremos esperando que regreses victorioso, no olvides que creemos en ti pero debes tu creer en que lo lograrás.

El chico asistio conmovido, quizá no contaba con el apoyo de las demás casas pero con sus amigos bastaba, caminó a donde estaba Draco, ambos se miraron por algunos segundos hasta que Draco habló:

—Suerte Primo, sé que lo harás bien, estaremos esperándote.

Era la primera vez que Draco le decía "Primo" por lo general era Westergaard o simplemente Hans. Se despidió de ellos, seguro de si mismo.

—Damas y caballeros, dentro de cinco minutos les pediré que vayamos todos hacia el campo de quidditch para presenciar la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos.—Habló Dumbledore cuando terminó el banquete.

Hans se levantó. A lo largo de la mesa, todos los de Gryffindor lo aplaudieron. Elsa, Anna, Kristtof, Lars Harry, Astoria, Los Weasley, Draco y Hermione le desearon buena suerte, y salió del Gran Comedor, con Cedric, Fleur y Krum.

Llegaron al campo de quidditch, que estaba totalmente irreconocible. Un seto de seis metros de altura lo bordeaba. Había un hueco justo delante de ellos: era la entrada al enorme laberinto. El camino que había dentro parecía oscuro y terrorífico.

Cinco minutos después empezaron a ocuparse las tribunas. El aire se llenó de voces excitadas y del ruido de pisadas de cientos de alumnos que se dirigían a sus sitios. El cielo era de un azul intenso pero claro, y empezaban a aparecer las primeras estrellas. Hagrid, el profesor Moody, la profesora McGonagall y el profesor Flitwick llegaron al estadio y se aproximaron a Bagman y los campeones. Llevaban en el sombrero estrellas luminosas, grandes y rojas. Todos menos Hagrid, que las llevaba en la espalda de su chaleco de piel de topo.

—Estaremos haciendo una ronda por la parte exterior del laberinto —dijo la profesora McGonagall a los campeones—. Si tienen dificultades y quieren que los rescaten, suelten al aire chispas rojas, y uno de nosotros irá a salvarlos, ¿entendido?

Los campeones asintieron con la cabeza.

—Pues entonces... ya pueden irse—les dijo Bagman con voz alegre a los cuatro que iban a hacer la ronda.

—Buena suerte, Hans —susurró Hagrid, y los cuatro se fueron en diferentes direcciones para situarse alrededor del laberinto.

Bagman se apuntó a la garganta con la varita, murmuró «¡Sonorus!», y su voz, amplificada por arte de magia, retumbó en las tribunas:

—¡Damas y caballeros, va a dar comienzo la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos! Permítanme que les recuerde el estado de las puntuaciones: empatados en el primer puesto, con ochenta y cinco puntos cada uno... ¡el señor Cedric Diggory y el señor Hans Westergaard, ambos del colegio Hogwarts!

—Los aplausos y vítores provocaron que algunos pájaros salieran revoloteando del bosque prohibido y se perdieran en el cielo cada vez más oscuro—. En segundo lugar, con ochenta puntos, ¡el señor Viktor Krum, del Instituto Durmstrang! —Más aplausos—. Y, en tercer lugar, ¡la señorita Fleur Delacour, de la Academia Beauxbatons!

Hanspudo distinguir a duras penas, en medio de las tribunas, a la señora Weasley, junto a ella sus amigos y su novia lo saludaban con una sonrisa.

—Por fin tenemos el honor de conocer a la novia de Hans —la saludó la Señora Weasley —Eres muy bella, por cierto mi nombre es Molly Weasley, encantada de conocerte.

Elsa se levantó y le extendió la mano — el gusto es mío, Señora —se interrumpió —quiero decir, Molly espero llevarnos bien. Gracias por cuidar de Hans.

—Ningún Señora, querida, solo dime Molly —le sonrió tomando su mano — Creo que debo decir lo mismo. Gracias a ti por cuidar y amar a Hans, el no ha tenido una vida fácil pero cuando habla de ti su rostro se ilumina.

Intercambiaron unas cuantas palabras más y ambas continuaron mirando la competencia. Elsa se encontraba nerviosa pero confiaba en que Hans lo lograría.

—¡Entonces... cuando sople el silbato, entrarán Hansy Cedric! —dijo Bagman—. Tres... dos... uno...

Dio un fuerte pitido, y Hansy Cedric penetraron rápidamente en el laberinto. Los altísimos setos arrojaban en el camino sombras negras y, ya fuera a causa de su altura y su espesor, o porque estaban encantados, el bramido de la multitud se apagó en cuanto traspasaron la entrada. Hans se sentía casi solo, como si volviera a estar sumergido. Sacó la varita, susurró «¡Lumos!», y oyó a Cedric que hacía lo mismo detrás de él. Después de unos cincuenta metros, llegaron a una bifurcación. Se miraron el uno al otro.

—Hasta luego —dijo Hans, y tiró por el de la izquierda, mientras Cedric cogía el de la derecha.

Hans oyó por segunda vez el silbato de Bagman: Krum acababa de entrar en el laberinto. Hans se apresuró. El camino que había escogido parecía completamente desierto. Giró a la derecha y corrió, sosteniendo la varita por encima de la cabeza para tratar de ver lo más lejos posible. Pero seguía sin haber nada a la vista.

Se escuchó por tercera vez, distante, el silbato de Ludo Bagman. Ya estaban todos los campeones dentro del laberinto. El pelirrojomiraba atrás a cada rato. Sentía la ya conocida sensación de que alguien lo vigilaba.

El laberinto se volvía más oscuro a cada minuto, conforme el cielo se oscurecía. Llegó a una segunda bifurcación.

—¡Oriéntame! —le susurró a su varita, poniéndola horizontalmente sobre la palma de la mano.

La varita giró y señaló hacia la derecha, a pleno seto. Eso era el norte, y sabía que tenía que ir hacia el noroeste para llegar al centro del laberinto. La mejor opción era tomar la calle de la izquierda, y girar a la derecha en cuanto pudiera.

También aquella calle estaba vacía, y cuando encontró un desvío a la derecha y lo cogió, volvió a hallar su camino libre de obstáculos. No sabía por qué, pero aquella ausencia de problemas lo desconcertaba. ¿No tendría que haberse encontrado ya con algo? Parecía que el laberinto le estuviera tendiendo una trampa para que se sintiera seguro y confiado. Luego oyó moverse algo justo tras él. Levantó la varita, lista para el ataque, pero el haz de luz que salía de ella se proyectó solamente en Cedric, que acababa de salir de una calle que había a mano derecha. Cedric parecía muy asustado: llevaba ardiendo una manga de la túnica.

—¡Los escregutos de cola explosiva de Hagrid! —dijo entre dientes—. ¡Son enormes! ¡Acabo de escapar ahora mismo.

Movió la cabeza a los lados, y salió de la vista por otro camino. Deseando poner la máxima distancia posible entre él y los escregutos, Hans se alejó a toda prisa. Entonces, al volver una esquina, vio...

Un dementor caminaba hacia él. Avanzaba con sus más de tres metros de altura, el rostro tapado por la capucha, las manos extendidas, putrefactas, llenas de pústulas, palpando a ciegas el camino hacia él. Hansoyó su respiración ruidosa, sintió que su húmeda frialdad empezaba a absorberlo, pero sabía lo que tenía que hacer...

Intentó pensar en la cosa más feliz que se le ocurriera; se concentró con todas sus fuerzas en la idea de salir del laberinto y celebrarlo con Elsa Harry, Ron, Draco y Hermione, levantó la varita y gritó:

—¡Expecto patronum!

Un gran caballosalió del extremo de su varita y fue galopando hacia el dementor, que cayó de espaldas, tropezando en el bajo de la túnica. Hans no había visto nunca tropezar a un dementor.

—¡Anda! —exclamó, yendo tras el patronus plateado—, ¡tú eres un boggart! ¡Riddíkulo!

Se oyó un golpe, y el mutable ser estalló en una voluta de humo. El caballode plata se desvaneció. A Hans le hubiera gustado que se quedara para acompañarlo... Pero siguió, avanzando todo lo rápida y sigilosamente que podía, aguzando los oídos, con la varita en alto.

Izquierda, derecha, de nuevo izquierda... Dos veces se encontró en callejones sin salida. Repitió el encantamiento brújula, y se dio cuenta de que se había desviado demasiado hacia el este. Volvió sobre sus pasos, tomó una calle a la derecha, y vio una extraña neblina dorada que flotaba delante de él.

Hans se acercó con cautela, apuntando con el haz de luz de la varita. Parecía algún tipo de encantamiento. Se preguntó si podría deshacerse de ella.

—¡Reducio! —exclamó.

El encantamiento salió como un disparo y atravesó la niebla, dejándola intacta. Se lo tendría que haber imaginado: la maldición reductora era sólo para objetos sólidos. ¿Qué ocurriría si seguía a través de la niebla? ¿Merecía la pena probar, o sería mejor retroceder?

Seguía dudando cuando un grito agudo quebró el silencio.

—¿Fleur? —gritó Hans.

Nadie contestó. Miró hacia todos lados. ¿Qué le habría sucedido a ella? El grito parecía proceder de delante. Tomó aire, y se internó corriendo en la niebla encantada.

Pasaron otros diez minutos sin más encuentro que el de las calles sin salida. Dos veces torció por la misma calle equivocada. Finalmente dio con una ruta distinta, y comenzó a avanzar por ella, ya no tan aprisa. La varita se balanceaba en su mano haciendo oscilar su sombra en los setos. Luego dobló otra esquina, y se encontró ante un escreguto de cola explosiva.

Cedric tenía razón: era enorme. De unos tres metros de largo, era lo más parecido a un escorpión gigante: tenía el aguijón curvado sobre la espalda, y su grueso caparazón brillaba a la luz de la varita de Hans , con la que le apuntaba.

—¡Desmaius!

El encantamiento dio en el caparazón del escreguto y rebotó. Hans se agachó justo a tiempo, pero le llegó olor de pelo quemado: el encantamiento le había chamuscado la parte superior del cabello. El escreguto lanzó una ráfaga de fuego por la cola, y se lanzó raudo hacia él.

—¡Impedimenta! —gritó Hans. El embrujo dio de nuevo en el caparazón del escreguto y rebotó. Hans retrocedió algunos pasos tambaleándose antes de caer—. ¡IMPEDIMENTA!

El escreguto se hallaba a unos centímetros de él en el momento en que quedó paralizado: había conseguido darle en la parte de abajo, que era carnosa y sin caparazón. Jadeando, Hansse apartó de él y corrió, con todas sus fuerzas en la dirección opuesta: el embrujo obstaculizador no era permanente, y el escreguto recuperaría de un momento a otro la movilidad de las patas.

Tomó un camino a la izquierda y resultó ser un callejón sin salida; otro a la derecha, y dio en otro. No tuvo más remedio que detenerse y volver a utilizar el encantamiento brújula.

Desanduvo lo andado y escogió un camino que parecía ir al noroeste.

Llevaba unos minutos caminando a toda prisa por el nuevo camino, cuando oyó algo en la calle que iba paralela a la suya que lo hizo detenerse en seco.

—¿Qué vas a hacer? —gritaba la voz de Cedric—. ¿Qué demonios pretendes hacer?

Y a continuación se oyó la voz de Krum:

—¡Crucio!

El aire se llenó de repente con los gritos de Cedric. Horrorizado, Hans echó a correr, tratando de encontrar la manera de entrar en la calle de Cedric.

Como no vio ningún acceso, intentó utilizar de nuevo la maldición reductora. No resultó muy efectiva, pero consiguió hacer un pequeño agujero en el seto, a través del cual metió la pierna y pataleó contra ramas y zarzas hasta conseguir abrir un boquete. Se metió por él rasgándose la túnica y, al mirar a la derecha, vio a Cedric, que se retorcía y sacudía en el suelo, y a Krum de pie a su lado.

Hans salió del agujero y se levantó, apuntando a Krum con la varita justo cuando éste miraba hacia él. Entonces Krum se volvió y echó a correr.

—¡Desmaius! —gritó Hans .

El encantamiento pegó a Krum en la espalda. Se detuvo en seco, cayó de bruces y se quedó inmóvil, boca abajo, tendido en la hierba. Hanscorrió hacia Cedric, que había dejado de retorcerse y jadeaba con las manos en la cara.

—¿Estás bien? —le preguntó, tomándolo del brazo.

—Sí —dijo Cedric sin aliento—. Sí... no puedo creerlo... Venía hacia mí por detrás... Lo oí, me volví y me apuntó con la varita.

Se levantó. Seguía temblando. Los dos miraron a Krum.

—¿Oíste antes el grito de Fleur? —preguntó Hans .

—Sí —respondió Cedric—. ¿Crees que Krum la alcanzó también a ella?

—No lo sé.

—¿Lo dejamos aquí? —preguntó Cedric.

—No. Creo que deberíamos lanzar chispas rojas. Alguien vendrá a recogerlo... Si no, lo más fácil es que se lo coma un escreguto.

—Es lo que se merece —musitó Cedric, pero aun así levantó la varita y disparó al aire una lluvia roja que brilló por encima de Krum, marcando el punto en que se encontraba.

Hans y Cedric permanecieron por un momento en la oscuridad, mirando a su alrededor. Luego Cedric dijo:

—Bueno, supongo que lo mejor es seguir...

—¿Qué? —dijo Hans —. Ah... sí... bien...

Fue un instante extraño: él y Cedric se habían sentido brevemente unidos contra Krum, pero enseguida volvieron a comprender que eran contrincantes.

Harry se encontraba preocupado tenia un mal presentimiento, se sentía inquieto como si algo malo fuera a pasar, estaba mirando al laberinto cuando vio salir chispas rojas y por instinto se levantó.

—Hans —susurró para si mismo —Tory, amor quédate aquí, por favor, algo no esta bien —el chico tomó su varita pero Elsa lo detuvo de su túnica.

—Harry iré contigo, mi poder puede ser de mucha utilidad si Hans esta en peligro.

—Iremos contigo Harry — sus amigos se pusieron de pie dispuesto a seguirlo.

—¡No ! ...ustedes quédense aquí. Tory, no estaré tranquilo sabiendo que puedes salir lastimada, Elsa si algo te pasa Hans me matará —el pelinegro intento bromear — Regresaré pronto chicos, cuídenlas.

Harry bajaba por las gradas dispuesto a entrar al Laberinto pero alguien lo sujetó del brazo y al voltear a ver se sorprendió al vera ojo loco Moddy quien lo miraba sin expresión alguna.

—Potter, si entrassolo te perderás, no tiene caso… se como puedes llegar a donde se encuentra Westergaard —Ojo Loco lo tomó del brazo y lo llevó a una parte apartada del campo —es un traslador te llevarácon Westergaard.

—Muchas gracias, Profesor Moody —Harry tomó el traslador dejando al profesor solo.

Su trabajo ya estaba hecho.

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Siguieron por el oscuro camino sin hablar; luego Hans giró a la izquierda, y Cedric a la derecha. Pronto dejaron de oírse sus pasos.

Hanssiguió adelante, usando el encantamiento brújula para asegurarse de que caminaba en la dirección correcta. Ahora el reto estaba entre él y Cedric.

El deseo de llegar el primero a la Copa era en aquel momento más intenso que nunca, pero apenas podía concebir lo que acababa de ver hacer a Krum. El uso de una maldición imperdonable contra un ser humano se castigaba con cadena perpetua en Azkaban: eso era lo que les había dicho Moody. No era posible que Krum deseara la Copa de los tres magos hasta aquel punto.

Empezó a caminar más aprisa. De vez en cuando llegaba a otro callejón sin salida, pero la creciente oscuridad era una señal inequívoca de que se iba acercando al centro del laberinto.

Ya tenía que estar más cerca, tenía que estarlo... la varita le indicaba que iba bien encaminado. Si no encontraba nada demasiado horrible, podría...

Llegó a una bifurcación de caminos.

—¡Oriéntame! —le susurró a la varita, que giró y se paró apuntando al camino de la derecha. Giró corriendo por él, y vio luz delante.

La Copa de los tres magos brillaba sobre un pedestal a menos de cien metros de distancia. Hansacababa de echar a correr cuando una mancha oscura salió al camino, corriendo como una bala por delante de él. Cedric iba a llegar primero. Corría hacia la copa tan rápido como podía, y Hanssabía que nunca podría alcanzarlo, porque Cedric era mucho más alto y tenía las piernas más largas.

Entonces Hans vio algo inmenso que asomaba por encima de un seto que había a su izquierda y que se movía velozmente por un camino que cruzaba el suyo. Iba tan rápido que Cedric estaba a punto de chocar contra aquello, y, con los ojos fijos en la copa, no lo había visto...

—¡Cedric! —gritó Hans —. ¡A tu izquierda! - Cedric miró justo a tiempo de esquivar la cosa y evitar chocar con ella, pero, en su apresuramiento, tropezó.

La varita se le cayó de la mano, mientras la araña gigante entraba en el camino y se abalanzaba sobre él.

—¡Desmaius! —volvió a gritar Hans .

El encantamiento dio de lleno en el gigantesco cuerpo, negro y peludo, pero fue como si le hubiera tirado una piedra: el bicho dio una sacudida, se balanceó un momento y luego corrió hacia Hansen lugar de hacerlo hacia Cedric.

—¡Desmaius! ¡Impedimenta! ¡Desmaius!

Pero no servía de nada: la araña era tan grande, o tan mágica, que los encantamientos no hacían más que provocaría. Antes de que estuviera sobre él, Hans vio la imagen horrible de ocho patas negras brillantes y de pinzas afiladas como cuchillas.

Lo levantó en el aire con sus patas delanteras. Forcejeando como loco, Hansintentaba darle patadas: su pierna pegó en las pinzas del animal, y sintió de inmediato un dolor insoportable. Oyó que Cedric también gritaba «¡Desmaius!», pero sin más éxito que él. Cuando la araña volvió a abrir las pinzas, Hans levantó la varita y gritó:

—¡Expelliarmus!

Funcionó: el encantamiento de desarme hizo que el bicho lo soltara, pero eso supuso una caída de casi cuatro metros de altura sobre la pierna herida, que se aplastó bajo su peso. Sin detenerse a pensar, apuntó hacia arriba, a la panza de la araña, tal como había hecho con el escreguto, y gritó «¡Desmaius!» al mismo tiempo que Cedric. Combinados, los dos encantamientos lograron lo que uno solo no podía: el animal se desplomó de lado, sobre un seto, y quedó obstruyendo el camino con una maraña de patas peludas.

—¡Hans ! —oyó gritar a Cedric—. ¿Estás bien? ¿Cayó sobre ti?

—¡No! —respondió Hans, jadeando.

Se miró la pierna: sangraba mucho; tenía la túnica manchada con una secreción viscosa de las pinzas. Trató de levantarse, pero la pierna le temblaba y se negaba a soportar el peso de su cuerpo. Se apoyó en el seto, falto de aire, y miró a su alrededor.

Cedric estaba a muy poca distancia de la Copa de los tres magos, que brillaba tras él.

—Tómala —le dijo Hans sin aliento—. Vamos, tómala. Ya has llegado.

Pero Cedric no se movió. Se quedó allí, mirando al pelirrojo. Luego se volvió para observarla. Hansvio la expresión de anhelo en su rostro, iluminado por el resplandor dorado de la Copa. Cedric volvió a mirar a Hans, que se agarraba ahora al seto para sostenerse en pie.

Cedric respiró hondo y dijo:

—Tómala tú. Tú mereces ganar: me has salvado la vida dos veces.

—No es así el Torneo —replicó Hans .

—No —contestó Cedric, dando unos pasos más hacia Hans.

Éste vio que Cedric era sincero. Quería renunciar a un tipo de gloria que la casa de Hufflepuff no había conquistado desde hacía siglos.

—Vamos, tómala tú —dijo Cedric. Era como si le costara todas sus fuerzas, pero había cruzado los brazos y su rostro no dejaba lugar a dudas: estaba decidido.

—Vamos los dos —propusó Hans.

—¿Qué?

—La tomamos los dos al mismo tiempo. Será la victoria de Hogwarts. Empataremos.

Cedric observó a Hans. Descruzó los brazos.

—¿Es... estás seguro?

—Sí —afirmó Hans —. Sí... Nos hemos ayudado el uno al otro, ¿no? Los dos hemos llegado hasta aquí. Tenemos que cogerla juntos. Por un momento pareció que Cedric no daba crédito a sus oídos. Luego sonrió.

—Adelante, pues —dijo—. Vamos.

Tomó a Hans del brazo, por debajo del hombro, y lo ayudó a ir hacia el pedestal en que descansaba la Copa. Al llegar, uno y otro acercaron sendas manos a las relucientes asas.

—A la de tres, ¿vale? —propuso Hans —. Uno... dos... tres... Cedric y él agarraron las asas de la Copa.

Al instante, Hanssintió una sacudida en el estómago. Sus pies despegaron del suelo. No podía aflojar la mano que sostenía la Copa de los tres magos: lo llevaba hacia delante, en un torbellino de viento y colores, y Cedric iba a su lado.

Hans sintió que los pies daban contra el suelo. La pierna herida flaqueó, y cayó de bruces. La mano, por fin, soltó la Copa de los tres magos.

—¿Dónde estamos? —preguntó.

Cedric sacudió la cabeza. Se levantó, ayudó a Hans a ponerse en pie, y los dos miraron en torno. Habían abandonado los terrenos de Hogwarts. Era evidente que habían viajado muchos kilómetros, porque ni siquiera se veían las montañas que rodeaban el castillo. Se hallaban en el cementerio oscuro y descuidado de una pequeña iglesia, cuya silueta se podía ver tras un tejo grande que tenían a la derecha. A la izquierda se alzaba una colina. En la ladera de aquella colina se distinguía apenas la silueta de una casa antigua y magnífica.

Cedric miró la Copa y luego a Hans .

—¿Te dijo alguien que la Copa fuera un traslador? —preguntó.

—Nadie —respondió Hans, mirando el cementerio. El silencio era total y algo inquietante—. ¿Será esto parte de la prueba?

—Ni idea —dijo Cedric. Parecía nervioso—. ¿No deberíamos sacar la varita?

—Sí —asintió Hans, contento de que Cedric se hubiera anticipado a sugerirlo.

Harry sintió ganas de vomitar cuando por fin sus pies tocaron el piso, cuando se recuperó un poco levantó la mirada encontrando a Hans y Cedric, estaba aliviado que su amigo estuviera bien, sin embargo, al ver a ambos lados se dio cuenta que no estaban en Hogwarts y dudaba siquiera que estuvieran cerca.

—¿Harry, que haces aquí? —escuchó que su amigo le preguntó — ¿como llegaste?

—Hans... Gracias a Merlín que estas bien, estoy aquí gracias a Ojo loco, que bueno que Cedric y tu estan bien. Por cierto ¿donde estamos?

Hans observó a su alrededor buscando algo que le resultara familiar pero no habia nada, lo único eran tumbasviejas y ambos elegidos tenían un mal presentimiento, querían salir de allí.

Harry seguía observando a su alrededor. Tenía otra vez la extraña sensación de que los vigilaban.

—Alguien viene —dijo de pronto Harry.

Escudriñando en la oscuridad, vislumbraron una figura que se acercaba caminando derecho hacia ellos por entre las tumbas. Ningunopodía distinguirle la cara; pero, por la forma en que andaba y la postura de los brazos, pensó que llevaba algo en ellos. Quienquiera que fuera, era de pequeña estatura, y llevaba sobre la cabeza una capa con capucha que le ocultaba el rostro. La distancia entre ellos se acortaba a cada paso, permitiéndoles ver que lo que llevaba el encapuchado parecía un bebé... ¿o era simplemente una túnica arrebujada?

Desde lo lejos, por encima de su cabeza, oyó una voz fría y aguda que decía:

—Mata al otro.

Entonces escuchó un silbido y una segunda voz, que gritó al aire de la noche estas palabras:

¡Avada Kedavra!

A través de los párpados cerrados, ambos percibieron el destello de un rayo de luz verde, y oyeron que algo pesado caía al suelo, a su lado. El dolor de la cicatriz alcanzó tal intensidad que sintió arcadas, y luego empezó a disminuir. Aterrorizado por lo que vería, abrieron los ojos escocidos.

Cedric yacía a su lado, sobre la hierba, con las piernas y los brazos extendidos. Estaba muerto. Durante un segundo que contuvo toda una eternidad, Hansmiró la cara de Cedric, sus ojos abiertos, inexpresivos como las ventanas de una casa abandonada, su boca medio abierta, que parecía expresar sorpresa. Y entonces, antes de que su mente hubiera aceptado lo que veía, antes de que pudiera sentir otra cosa que aturdimiento e incredulidad, alguien lo levantó.

El hombrecillo de la capa había posado su lío de ropa y, con la varita encendida, arrastraba a amboshacia laslápidas de mármol. A la luz de la varita, Harry vio el nombre inscrito en la lápida antes de ser arrojado contra ella:

TOM RYDDLE

El hombre de la capa hizo aparecer por arte de magia unas cuerdas que sujetaron firmemente a ambos chicos, atándolos a la lápida desde el cuello a los tobillos. Harry podía oír el sonido de una respiración rápida y superficial que provenía de dentro de la capucha. Forcejeó, y el hombre lo golpeó: lo golpeó con una mano a la que le faltaba un dedo, y entonces ambos comprendió quién se ocultaba bajo la capucha: Colagusano.

—¡Tú! —dijo jadeando—Eres un maldito traidor cobarde, suéltanos —Hans forcejeaba para soltarse.

Pero Colagusano, que había terminado de sujetarlo, no contestó: estaba demasiado ocupado comprobando las firmezas de las cuerdas, y sus dedos temblaban incontrolablemente hurgando en los nudos. Cuando estuvo seguro de que amboshabían quedado tan firmemente atados a las lápidas que no pudiesen moverse ni un centímetro, Colagusano sacó de la capa una tira larga de tela negra y se las metió a Harry y Hansen sus bocas. Luego, sin decir una palabra, le dio la espalda y se marchó a toda prisa. Ningunopodía decir nada, ni podían ver adónde había ido Colagusano. No podían volver la cabeza para mirar al otro lado de la lápida: sólo podía ver lo que había justo delante de ellos.

El cuerpo de Cedric yacía a unos seis metros de distancia. Un poco más allá, brillando a la luz de las estrellas, estaba la Copa de los tres magos. Las varita de Harry y Hansse encontraba en el suelo, a sus pies. El lío de ropa que amboshabían pensado que sería un bebé se hallaba cerca de él, junto a la sepultura.

—Maldita sea, era una trampa —pensó Hans intentando zafarse de las ataduras.

Se agitaba de manera inquietante. Harry y Hans lo miraron y la cicatriz de Harry le volvió a doler... Hans sentía que la cabeza le iba a estallar de nuevo, la maldita conexión con Voldemorty de pronto comprendieron que no querían ver lo que había dentro de aquella ropa... no quería que el lío se abriera...

Oyeron un ruido a sus pies. Bajaron la mirada, y vieron una serpiente gigante que se deslizaba por la hierba, rodeando la lápida a la que estaban atados. Volvieron a oír, cada vez más fuerte, la respiración rápida y dificultosa de Colagusano, que sonaba como si estuviera acarreando algo pesado. Entonces entró en el campo de visión de Hans y Harry, que los vieron empujando hasta la sepultura algo que parecía un caldero de piedra, aparentemente lleno de agua. Oyeron que salpicaba al suelo, y era más grande que ningún caldero que hubieran utilizado nunca: era una especie de pila de piedra capaz de contener a un hombre adulto sentado.

La cosa que había dentro del lío de ropa, en el suelo, se agitaba con más persistencia, como si tratara de liberarse. En aquel momento, Colagusano hacía algo en el fondo del caldero con la varita. De repente brotaron bajo él unas llamas crepitantes. La serpiente se alejó reptando hasta adentrarse en la oscuridad.

El líquido que contenía el caldero parecía calentarse muy rápidamente. El vapor se espesaba emborronando la silueta de Colagusano, que atendía el fuego.

—Ya está listo, amo.

—Ahora... —dijo la voz fría.

Colagusano abrió el lío de ropa, que parecía una túnica, revelando lo que había dentro, y tanto Harry como Hans soltaron un grito que fue ahogado por lo que Colagusano les había metido en la boca.

Era como si Colagusano hubiera levantado una piedra y dejado a la vista algo oculto, horrendo y viscoso... pero cien veces peor de lo que se pueda decir. Lo que Colagusano llevaba con él tenía la forma de un niño agachado, pero ningunohabía visto nunca nada menos parecido a un niño: no tenía pelo, y la piel era de aspecto escamoso, de un negro rojizo oscuro, como carne viva; los brazos y las piernas eran muy delgados y débiles; y la cara... Ningún niño vivo tendría nunca una cara parecida a aquélla.

Ambos percibieron, a la luz de la fogata, una expresión de asco en el pálido rostro de Colagusano mientras lo llevaba hasta el borde del caldero. Luego vio, por un momento, el rostro plano y malvado iluminado por las chispas que saltaban de la superficie de la poción, y oyó el golpe sordo del frágil cuerpo contra el fondo del caldero.

Colagusano habló. La voz le salió temblorosa, y parecía aterrorizado. Levantó la varita, cerró los ojos y habló a la noche:

—¡Hueso del padre, otorgado sin saberlo, renovarás a tu hijo!

La superficie de la sepultura se resquebrajó a los pies de Hans. Horrorizado, vio que salía de debajo un fino chorro de polvo y caía suavemente en el caldero. La superficie diamantina del agua se agitó y lanzó un chisporroteo; arrojó chispas en todas direcciones, y se volvió de un azul vivido de aspecto ponzoñoso.

En aquel momento, Colagusano estaba lloriqueando. Sacó del interior de su túnica una daga plateada, brillante, larga y de hoja delgada. La voz se le quebraba en sollozos de espanto.

—¡Carne... del vasallo... voluntariamente ofrecida... revivirás a tu señor!

Tanto Harry como Hans estaban aterrados, ambos sabían lo que estaba pasando, sus mayores miedos se estaban haciendo realidad y no podían evitarlo .

Extendió su mano derecha, la mano a la que le faltaba un dedo. Agarró la daga muy fuerte con la mano izquierda, y la levantó. Amboscomprendieron lo que iba a hacer tan sólo un segundo antes de que ocurriera. Cerraron los ojos con todas sus fuerzas, pero no pudieron taparse los oídos para evitar oír el grito que perforó la noche y que losatravesó a ambos como si ellos también hubiera sido acuchillados con la daga. Oyeron un golpe contra el suelo, los jadeos de angustia, y luego el ruido de una salpicadura que les dio asco, como de algo que caía dentro del caldero. Ninguno de los dosse atrevieron a mirar, pero la poción se había vuelto de un rojo ardiente, y producía una luz que traspasaba los párpados de ambos. Colagusano sollozaba y gemía de dolor. Hasta que notó en la cara su agitada respiración, ninguno se dio cuenta que se encontraba justo frente a ellos.

—Sa... sangre de los enemigos... tomada por la fuerza... resucitarás al que odias.

Tambaleándose, llevó la sangre de amboshasta el caldero y la vertió en su interior. Al instante el liquido adquirió un color blanco cegador. Habiendo concluido el trabajo, Colagusano cayó de rodillas al lado del caldero; luego se desplomó de lado y quedó tendido en la hierba, agarrándose el muñón ensangrentado, sollozando y dando gritos ahogados.

El caldero hervía a borbotones, salpicando en todas direcciones chispas de un brillo tan cegador que todo lo demás parecía de una negrura aterciopelada.

Y entonces, de repente, se extinguieron las chispas que saltaban del caldero. Una enorme cantidad de vapor blanco surgió formando nubes espesas y lo envolvió todo, de forma que no podian ver ni a Colagusano ni a Cedric ni ninguna otra cosa aparte del vapor suspendido en el aire, a través de la niebla, vieron, aterrorizados, que del interior del caldero se levantaba lentamente la oscura silueta de un hombre, alto y delgado como un esqueleto.

—Vísteme —dijo por entre el vapor la voz fría y aguda, y Colagusano, sollozando y gimiendo, sin dejar de agarrarse el brazo mutilado, alcanzó con dificultad la túnica negra del suelo, se puso en pie, se acercó a su señor y se la colocó por encima con una sola mano.

El hombre delgado salió del caldero, mirando a ambos chicosfijamente. Harry y Hans contemplaron el rostro que había nutrido sus pesadillas durante los últimos tres años. Más blanco que una calavera, con ojos de un rojo amoratado, y la nariz tan aplastada como la de una serpiente, con pequeñas rajas en ella en vez de orificios.

Lord Voldemort había vuelto.

—Luego de catorce años por fin he regresado —Voldemort tomo su varita e invocó la marca tenebrosa.

Los jóvenes miraban como los mortifagos iban llegadoy reconocían a algunos entre ellos estaba Lucius Malfoy, quien no traía su mascara puesta.

—Colagusano, me has sido de utilidad aunque fuera solo para salvar tu patética vida — Voldemort le colocó una mano de metal.

Hans y Harry forcejeaban para soltarse pero les era imposible, estaban atados y terminaron por llamar la atención de Voldemort, quien los miró riéndose y caminó hacia ellos.

— Descortesía de mi parte de no saludar a nuestros invitados, pero entenderán que luego de trece años algunas costumbres se pierden — al quedar a pocos centímetros de ellos, los chicos sintieron ganas de vomitar — Harry Potter y Hans Westergaard, asqueroso nombre muggle el que llevas—Voldemort hizo una mueca de asco — he escuchado que son tan famosos como yo lo soy, Potter el Niño que Vivió y Hans Westergaard, mi adorado hijo — dijo con sarcasmo —Es una verdadera lastima que seas un Gryffindor, la sangre de Salazar Slytherin desperdiciada de esa manera ¡es una aberración!

Voldemort caminaba de un lado a otro burlándose de ellos, sabían que Tom no dudaría en matarlos y tanto Harry como Hans lograron escupir el trapo que tenían en la boca.

—Era un muchacho apuesto —Voldemort se acercó al cuerpo de Cedric moviéndolo con su pie desnudo —es una verdadera lastima que estuviera en el lugar y momento equivocado.

—No lo toque —gritó Hans.

—Aléjate de el —lo secundó Harry.

Voldemort rio de lado alejándose del cuerpo de Cedric y se acercó de nuevo a los muchachos, ninguno le demostraba miedo.

—Me siento bastante decepcionado, ninguno intento buscarme, han pasado trece años aún así todos vinieron como si hubiera sido ayer… ninguno hizo el mínimo intento de buscarme —caminó a donde se encontraba uno de sus mortifagos —Lucius Malfoy.

—Mi señor — Lucius intentó excusarse.

—¡Cállate Lucius! Arreglaremos cuentas después, todos serán severamente castigados.

—Pe...ro mi señor yo lo hice, fui quien lo encontró—Colagusano temblaba de miedo .

—Lo hiciste por miedo, no por verdadera lealtad .

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Nacisssa caminaba por los largos pasillos de Hogwarts rumbo a los campos de Quidditch, donde se llevaba a cabo el Torneo de los tres magos subió por las gradas con paso firme y elegante, estaba nerviosa y asustada.

—Dumbledore, debemos hablar ahora mismo es muy importante.

El director notó su semblante serio y asintió con la cabeza, levantándose para seguirla a un lugar apartado, tras de el iba Snape y McGonagall, ellos eran los únicos que sabían que Narcissa era un doble agente dentro de la orden del fénix .

—¿Que pasa Narcissa, querida ?—preguntó Dumbledore.

—El regresó hace unos minutos, la marca tenebrosa que Lucius tiene en su brazo comenzó a quemarle, el me dijo que el Señor tenebroso ha regresado y lo ha llamado. Lucius acudió a su llamado.

El semblante de Dumbledore cambio a uno serio, a lo lejos se encontraba Ojo Loco quien se veía bastante tranquilo y miraba a donde ellos estaban. Algo no estaba bien, por lo general Moody era un hombre desconfiado y bastante paranoico.

—Severus quiero que vigiles al profesor Moody —Dumbledore le pidió —Narcissa quiero que tomes asiento a mi lado, no podemos hacer nada por el momento.

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En el cementerio, Harry y Hans se mantenían atados, estaban asustados pero no lo demostraban, ambos se miraron a los ojos.

—Harry Hans... casi olvido que se encontraban aquí parados sobre los restos de tu abuelo, Hans. ¿Sabes? a diferencia tuya, desprecio mi patético nombre muggle… Los presentaría pero sé que últimamente son casi tan famosos como yo. Harry Potter, el niño que vivió —Voldemort quedó frente al pelinegro y llevó su mano a la frente del chico, apretando la cicatriz.

Los gritos de Harry retumbaban por todo el cementerio y Hans intentaba ayudar a su amigo pero no podía, se sentía impotente.

—Déjalo en paz —gritó Hans, llamando la atención de Voldemort — No eres mas que un sucio cobarde.

—No te olvidé, hijo — soltó a Harry y caminó hacia Hans —que gran mentira es la leyenda de ambos ¿Quieren que les cuente que pasó hace trece años? ... Debo hacerlo—murmuró. Fue el amor, verán cuando la querida Lily Potter dio la vida por su único hijo le proporcionó la máxima protección, no pude tocarlo esa noche.

—Harry, ¿estás bien? —le preguntó Hans preocupado, ignorando las palabras de Voldemort.

—Estoy bien, no te preocupes.

— Te contaré como fuiste engendrado, Hans. Fuiste el producto de una calentura por parte de tu madre, ella siempre se me ofrecía, me buscaba, se metía en mi cama y soy un hombre, después de todo, una de esas noches le hice el favor a tu madre pero fue tan estupida que no se cuidó. Tu madre era mi puta personal, ella lo aceptó pero la muy idiota nada hizo bien, dio a luz a un pequeño bastardo como tu, ni siquiera eres digno de llevar la sangre de Salazar Slytherin, no eres mas que un repugnante Griffyndor.

—Eres un desgraciado, Tom —Hans queria lanzarse para golpearlo —No sabes lo mucho que desprecio tener tu sangre y a de esa maldita mujer.

— Mantén lejos el nombre de mi madre de tu asquerosa boca, Riddle — Potter lo miró con desprecio.

Voldemort se burlo de ellos y se aproximó a Hans, el joven sintió ganas de vomitar ante su cercanía, le era desagradable tenerlo cerca.

— Soy misericordioso y llevas la sangre de Slytherin, pienso perdonarte la vida si me juras de rodillas fidelidad y obediencia. Solo así perdonaré tu patética vida.

—¡Nunca! —le escupió Hans a la cara —prefiero que nos maten que ser tu esclavo, Tom Riddle. Odio la sola idea de ser tu hijo pero se que eres tan cobarde que nos matarás desarmados… ¡permite que nos defendamos!

Harry se burló de Voldemort secundando a Hans, ninguno le demostraría que tenían miedo, ante todo eran Griffyndor.

—¿Que pasa, Tom? ¿Nos tienes miedo?... No te culpo, has demostrado ser un cobarde al matar a mi padre a traición.

Las palabras de los muchachos parecieron ofender a Voldemort, quien se acercó y golpeó en el rostro a Hans, el joven tenia un poco de sangre bajando por su labio pero le sostenía la mirada, escupió un poco de sangre al piso.

—Se creen lo suficientemente valientes como para enfrentarme, pero no les va a durar mucho, los mataré pero antes …

Voldemort sujetó el brazo de Hans, levantando su manga tomó su varita para dibujar la marca tenebrosa, algo que le recordaría quien era y sus orígenes. El chico gritaba de dolor, sentía que su piel ardía como si lo estuvieran quemando y podía ver como Voldemort lo disfrutaba.

El dolor provenía de su brazo y se sentía como si estuviera quemando desde adentro hacia afuera, después de unos segundos finalmente el hechizo que usó el señor tenebroso llegó a su fin y el dolor se detuvo tan pronto como llegó.

—Hans —gritaba Harry intentando soltarse para ayudarlo —¡Tom, no te atrevas!

Harry podía ver con impotencia como aparecía la marca tenebrosa en el brazo de su mejor amigo, de pronto las cuerdas se soltaron y cayeron al piso. Harry jaló a Hans, quien se encontraba en estado de shock.

—¡Tomen su varita y enfréntenme! Los mataré.

Hans no del todo recuperado se levantó con la poca dignidad que le quedaba y agarró su varita para defenderse o morir. Voldemort les lanzó la maldición asesina y sus varitas chocaron, cuando pensaban que morirían los padres de Harry junto a Cedric los ayudaron a regresar a Hogwarts .

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—Me pregunto ¿cuanto mas va a tardar Hans?. – Decía Elsa nerviosa, frotando con impaciencia la mano de Anna.

- Tranquila, seguro que sale de un momento a otro. – Le respondió el rubio.

—Me preocupa Harry —dijo Astoria acomodando sus cosas.

Hacia ya un rato que Fleur y Krum habían perdido la batalla en el laberinto, y toda la escuela se encontraba a la espera de los dos campeones restantes.

Los minutos pasaban, y ni Hans, Harry ni Cedric daban señales de estar por salir, tampoco se oía ningún ruido proveniente del laberinto. Algunos alumnos habían optado por irse, y otros conversaban para pasar el rato.

— Gracias a Merlín que esta es la última prueba, este año ha sido un caos con el torneo. – habló Ron.

—Es cierto, he aprendido un montón de cosas ayudando a Hans pero ya he tenido suficiente. – Contestó Hermione. – Espero que el próximo año sea mejor.

— Al menos estaremos menos ocupados. – pronunció el rubio abrazando a la castaña. – así podremos pasar mas tiempo juntos. – Ambos se miraron y sonrieron.

—¿lo prometes? – susurró Hermione.

—Lo prometo, de hecho… —

Pero no alcanzó a terminar la frase, una oleada de aplausos, y gritos inundó el lugar. Todo el mundo se puso de pie para recibir a los recién llegados. Los tres Gryffindor no dudaron en seguirlos, y buscaron con la mirada a su amigo.

El corazón de Elsa latía rápido, sabia que algo malo habia pasado, tenia un mal presentimiento.

Hans, Harry y Cedric estaban tirados en el suelo, de inmediato Dumbledore y algunos profesores se acercaron a ayudarlos.

—No puedo ver nada. – Se quejó Ron que se giró para mirar a su amigo y preguntarle si alcanzaba a distinguir a Hans y Harry, pero Draco tenía la cara pálida, como si hubiera visto al mismísimo Voldemort.

—¡Harry!, ¡Hans ! – habló Dumbledore.

Los chico aún tenían los ojos cerrados y el traslador en la mano. Harry soltó la Copa, pero agarró a Cedric aún con más fuerza. Levantó la mano que le quedaba libre y cogió la muñeca de Dumbledore, cuyo rostro se desenfocaba por momentos.

—Ha vuelto —gritaron Harry y Hans —. Ha vuelto. Voldemort.

—¿Qué ocurre? ¿Qué ha sucedido?

El rostro de Cornelius Fudge apareció sobre Hans vuelto del revés. Parecía blanco y consternado. Desde las gradas Hermione sujetaba con fuerza el brazo de Malfoy.

—¿Qué ocurre? – Preguntó con preocupación, pero el rubio no respondía, seguía viendo con terror la escena. —¡Draco!

—¡Dios... Dios mío, Diggory! —exclamó Fudge.—. ¡Está muerto, Dumbledore!

Aquellas palabras se reprodujeron, y las sombras que los rodeaban se las repetían a los de atrás, y luego otros las gritaron, las chillaron en la noche: «¡Está muerto!», «¡Está muerto!», «¡Cedric Diggory está muerto!».

— ¿Qué han dicho? – habló Ron. – Hermione…

La castaña apenas y podía contener las lágrimas, seguía aferrada al brazo de Malfoy.

Draco quien había podido escuchar todo lo que Harry y Hans dijeron se quedó helado, si estaba consternado por la muerte de Diggory aquello no era nada comparado con lo que había venido después. Ha vuelto. Pensó, casi de inmediato pudo imaginarse todo lo que se vendría, el próximo año no sería tan tranquilo como creyó.

Ahora, después de tantos años de dementores, trolls, y arañas gigantes, sentía que la vida de sus amigos peligraba en serio, y no solo ellos, de toda la escuela, Hermione, pensó, era ella quien mas le preocupaba.

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Las semanas fueron pasando, Hans y Harry evitaban a todos, estaban traumados. El príncipe usaba camisas de manga larga, no queria que nadie viera la marca en su brazo, se sentía humillado, asqueado de la marca que llevaba.

Tanto Elsa como Astoria le dieron espacio a sus novios pero después de varios días en que los notaron fríos y distantes decidieron confrontarlos y los esperaron afuera del comedor una mañana después del desayuno.

Hans y Harry iban saliendo del comedor y de pronto sintieron un jalón hacia atrás y se trataba de sus respectivas novias empujándolos contra la pared con varitas en mano.

Astoria quería algo de privacidad así que tomó a Potter de la túnica y lo llevó al aula abandonada donde solían verse a escondidas dejando a Hans y Elsa a solas.

—A ver Hans Westergaard, he sido muy paciente contigo, sé por lo que pasaste y me duele mucho pero ya fue suficiente de que te escondas como un ratón asustado y me huyas cada vez que trato de acercarme a ti ¡Ya basta!

Él aludido negó con la cabeza, la apartó dándole la espalda y con el semblante dolido, tomó aire y se giró mostrándole la marca.

Elsa ahogó un grito de sorpresa y quiso acercarse para tocarlo, Hans esquivó su toque y con lágrimas escociendo sus ojos, habló:

—Aléjate, Elsa. Ya no soy digno de ti.

—¿Qué?¿De qué estás…

La princesa intentó acercarse nuevamente pero él la apartó nuevamente.

—No me toques, ahora soy un monstruo. Vete y déjame en paz—le gritó aunque su mirada le decía todo lo contrario—No tienes idea de lo que tuvimos que presenciar… y ¡ese maldito me marcó para siempre!

—Hans—respondió con gentileza—¡Quiero ayudarte!

—¡Que me dejes en paz dije!—gritó dejando escapar un sollozo.

—Hans…

—¡No necesito tu piedad!

Elsa exhaló y se acercó con cautela y le tomó del brazo, él intentó apartarla pero ya no tenía fuerzas para seguir resistiéndose.

—Amor, esto no fue tu elección. Saldremos de esto juntos.

Se sostuvieron la mirada, sintiendo el frío y al mismo tiempo la calidez de Elsa, sus ojos azul hielo y sus largas pestañas. Ahora mismo tenía la expresión herida y le dolió saber que el fue el causante de ello.

Elsa deslizó sus manos hacia las de Hans, el las aceptó y la apretó con fuerza mientras apoyaba su cabeza en su hombro, derrotado.