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Sorafenix: He de decirte que a mí no me agradan para nada los bebés, pero con Leo haría una sacrificada excepción n.n y ya he leído tus tres fics donde el prota es Leo y que casi los llevas a la par n.n Eso sí es amor del bueno, que lleves tres fics de Leo a la vez, sí es pesado, pero vale la pena cuando se hace con amor n.n
Michu: ¡Qué onda man´ta! Gracias por dejar un review. Qué bueno que te gustó el primer capítulo, espero que disfrutes éste también.
Max: Qué bueno que te ha gustado el capítulo anterior. Ojalá y éste también sea de tu agrado.
Yun: Creo que no te había leído por aquí, entonces permíteme darte la bienvenida a Fanfiction punto net: ¡BIENVENIDO(A) A FANFICTION PUNTO NET! Disculpa por no saber si eres chico o chica, pero no supe si tu nombre es de niño o niña, discúlpame. Ahora quiero decirte que me alegra que te haya gustado el primer capítulo, y como lo prometí, aquí tienes el segundo; que lo disfrutes.
Soul: Gracias por tomarte tiempo y leer el primer capítulo. Creí que no ibas a poder leer ni uno sólo. Gracias por darte un respiro para leer mi fic. Ya te dije que si no tienes tiempo, no te preocupes, llévatela lo más tranquila que puedas con tus estudios, que ya después, tendrás tiempo de sobra para leer y para que comencemos con tú ya sabes qué n.n y lo último que me dices: ¡La Z está suelta! (Yunuen sale deprisa de la pieza, pero antes, logra reaccionar y pucha ADD y se sube el segundo capítulo de El Secreto de Santa)
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Los niños ya tienen seis, han transcurrido varios meses.
Disclamer: LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi idolatrado Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis queridísimas tortugas.
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El Secreto de Santa
2. ¿Compartir es bueno?
Los cuatro niños duermen sobre la colchoneta. Leonardo está durmiendo junto a Donatelo en un extremo. Rafael junto a Miguel Ángel en el otro. Cada niño tiene su propio osito de peluche con el que duerme muy a gusto.
Salvo que Rafael ha estado algo inquieto, y su oso lo ha alejado de su lado. Sintiéndose solo, abre los ojos algo adormilado el niño, y palpa a su alrededor, buscando a su compañero de sueños. Al sentir algo blandito, lo jala.
Pero lo que jala es el oso de Miguel Ángel. Éste, al sentir que alguien se lleva su oso, con los ojos semi abiertos, se sienta.
-Es mío.- Miguel Ángel susurra, sin soltar el oso que lo agarra de un brazo.
Rafael se despierta por completo, se sienta y aferra al oso de ambas patitas.
-¡Es mío!
Miguel Ángel termina de despertar, y los dos niños comienzan a jalar el oso para quedarse con él.
-¡Suéltalo, Miguel, es mío!
-¡No es cierto! ¡Es mío!
Ambos tiran con todas sus fuerzas.
El oso se parte en varios pedazos y el relleno se esparce por todas partes.
-¡No! ¡Lo rompiste!- reclama Rafael.
Miguel Ángel no protesta, observa el destrozado cuerpo de su oso, y llora.
Rafael también.
-¿Qué pasa?
Leonardo se despierta por el llanto de sus hermanos; frota sus ojos para alejar el sueño.
Donatelo también se despierta y comienza a llorar.
Leonardo echa un vistazo rápido. Nota que un osito está hecho pedazos y con el relleno de fuera. Abraza al suyo con fuerza, temiendo que le pase lo mismo.
Splinter aparece enseguida al oír el llanto de sus hijos.
-Niños, ¿qué ha pasado?
-¡Miguel… rompió… mi… oso!- se hace oír Rafael entre sollozos.
Splinter se agacha para acercarse al susodicho.
-Miguel Ángel, ¿es cierto lo que dice tu hermano?
Miguel Ángel no responde, continúa llorando desconsolado.
-Sensei,- interviene Leonardo -el oso de Rafa está en el suelo.
Splinter busca, encuentra el oso de Rafael tirado en el piso, y se lo entrega.
El niño deja de llorar de inmediato.
Splinter lo recuesta y lo arropa. Luego calma a Donatelo que se duerme enseguida. Por último, recoge los desperdigados pedazos del oso y los deja a un lado de la colchoneta y carga a Miguel Ángel para calmarlo.
-Leonardo, trata de dormir. Miguel Ángel, cálmate.- se lo lleva a la habitación contigua que es la cocina, para que no se despierten de nuevo Rafael y Donatelo; bastante tiene con un niño en llanto -Rafael se equivocó, no quiso romper tu oso a propósito. No debieron pelear. Date cuenta de lo que ha sucedido.
-¡Mi… oso!
Splinter se sienta en una silla de madera que está junto a la mesa, trata en vano, consolar a Miguel Ángel.
-¡Mi… oso!
Leonardo se levanta, llevando su oso entre sus brazos; camina hacia donde está Splinter.
-Toma el mío Miguel. Comparto mi oso contigo.
Miguel Ángel toma el oso de Leonardo, lo abraza y deja de llorar.
-Gracias Leonardo. – le dice Splinter - Miguel Ángel, dile gracias a tu hermano.
-¡Es mío!
-No es tuyo Miguel Ángel. Tu hermano está compartiendo su oso contigo. – se vuelve hacia su otro hijo - ¿De dónde aprendiste esa palabra, Leonardo?
-Vi un programa en la tele donde dijeron que es bueno compartir.
-Un programa de televisión.
-Sí. Mis hermanos y yo lo vimos. ¿Por qué Miguel no quiere compartir?
-Tu hermano no pudo comprenderlo. ¿Cómo te sientes tú?
-Feliz porque él ya está tranquilo.
Splinter asiente contento porque su hijo Leonardo fue capaz de aprender el mensaje educativo del programa para niños.
-Vamos.
Splinter carga con un brazo a Miguel Ángel y con su brazo libre toma la mano de su otro hijo.
Llegando a la colchoneta, acuesta a Miguel Ángel y lo arropa.
Leonardo se arrodilla junto a su hermano para intentar separar su oso de Miguel Ángel.
-Miguel, debes compartir el oso.- Leonardo se lo pide de nuevo.
-Es mío.
Miguel Ángel no lo suelta.
Leonardo da un pequeño tirón y ni así lo suelta. Desiste. No quiere que le pase lo mismo a su oso que lo que le pasó al de Miguel Ángel.
Ya sintiéndose cansado pero tranquilo, Miguel Ángel cierra los ojos y se queda dormido.
Leonardo se queda un rato así, mirando a su oso que ahora está en los brazos de su hermano.
-¿Por qué Miguel no entendió que es bueno compartir, papá?
-Bueno hijo,- Splinter se agacha para estar a la altura de su pequeño hijo, y coloca una mano en el hombro de él- tú eres más grande. Entiendes las cosas mejor que tus hermanos. Tú… eres el hermano mayor, Leonardo.
-¿Soy el hermano mayor?
-Así es. Comprendes las cosas más rápidamente, y también te preocupas por ellos. Miguel Ángel estaba llorando, y le prestaste tu oso para que se consolara.
-Pero él no va a regresármelo.- dice triste.
-Leonardo, tendrás que regalarle tu oso a tu hermano. El hermano mayor siempre debe cuidar a sus hermanos que son más pequeños. Estoy orgulloso de ti, hijo: le diste tu oso a tu hermano para que se quedara tranquilo. A eso se le llama Amor.
-¿Amor?
-Así es.
-Debo cuidar a mis hermanos, porque los amo.
-Es correcto.
-¿Aunque me duela?
-El amor no es dolor, el amor es dicha. Amas a tus hermanos, y no debes sentir dolor, por el contrario, debes sentirte feliz.
-Siento feo regalarle mi oso a Miguel porque él lo romperá. No es muy cuidadoso con sus juguetes. Él romperá mi osito y… me duele.
-¿Dónde te duele?
-Aquí.
El niño toca su pecho, justo donde está su corazón.
Las lágrimas aparecen en sus ojos, y rompe en llanto.
-Ven.- lo carga -Esta noche dormirás conmigo.
Lo abraza con fuerza y se lo lleva a su cama.
-Leonardo, ya lo entenderás.
El niño no deja de llorar aunque su padre le habla con delicadeza.
-Te ayudaré a que lo entiendas.
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Muchas gracias por tomarte tu tiempo para leer este fic.
n.n
