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Reki: ¡Hola! ¡Me da gusto volver a leerte! Qué bueno que tu pc ya sirve, gracias a eso ya pudiste leer este otro fic mío. Y gracias por la suerte que me deseas, y pues aquí tienes el siguiente capítulo.
Soul: ¡Gracias por hacerte de otro tiempecito para leer el capítulo anterior! Pues sí, los mayores debemos cuidar a los peques n.n y bueno, Rafa estaba medio dormido por eso no se fijó que no era su oso T_T pero eso pasa entre hermanos, nos peleamos, pero luego nos contentamos. Yo una vez me peleé con una de mi hermana por un cepillo de dientes, ella decía que era suyo y yo decía que era mío y total, que se lo dejo, y yo tuve que comprarme otro, y al rato estábamos como si nada, así somos los hermanos n.n Doni llora porque lo despertaron sus hermanos, nada más por eso, si uno que es grande se molesta que lo despierten, un bebé pues se pone a llorar porque estaba muy a gusto durmiendo n.n Y por favor, ¡ya amarra esa Z, o algo horrible puede pasar! T_T
Manfi: ¡Hola! ¡Qué gusto volverte a leer! Y qué bueno que te haya gustado los dos capítulos anteriores. A ver qué te parece éste que es un poco más largo.
Yun: Otra vez te pido disculpas porque no sabía que eras niña n.n Bueno, eres bienvenida a ffnet n.n y gracias por lo que dices de mi fic n.n Aquí tienes la continuación, es un capítulo un poco más largo que los anteriores; ojalá y también te guste.
Sorafenix: Gracias por leer este fic, y no te preocupes que no hayas podido dejarme un review, me es suficiente saber que ya lo has leído y que te ha gustado XD
Juanis: Perdóname pero discúlpame, pero tengo que meter mi cuchara, no puedo dejar impune el crimen que ha cometido esa Fer, aunque necesitaré algo de ayuda… -Musa mía, ¿podrías…? Yunuen le pide a su musa (una linda hada-tortuga) que vaya tras la criminal Fer. La hada usa su magia para teletransportarse en el espacio y en el tiempo, y aparece justo cuando una mocosa, es decir, una chibi-Fer le ha quitado el osito al pequeño Miguel Ángel. La hada usa de nuevo su magia y las orejas de la chibi-Fer se hacen más grandes, muy grandes, la niña se asusta, suelta el osito y ella regresa al portal de donde salió y desaparece. La hada revolotea, y se acerca al pequeño Miguel Ángel que está llore y llore el pobrecito, pero en cuanto ve a la linda hada, se tranquiliza y ríe contento. La hada usa su magia para que el osito vuele y regrese a los brazos de su dueño. Miguel Ángel lo toma, se recuesta y se duerme ya tranquilo. Ella contempla un momento al lindo bebé, y se pregunta por qué esa escuincla haría algo así, pero ya tuvo su merecido, aunque… quizás fue mala idea que el hechizo fuera permanente, tal vez eso afecte la vida futura de Fer. La hada está pensando en ir de nuevo a través del espacio y del tiempo, para cerciorarse que no se le haya pasado la mano con la niña, pero… presiente que su protegida está en peligro... -¡Musa, ayúdame! ¡La Z…la Z…! Grita con desesperación Yunuen, en alguna otra parte y en algún otro tiempo. La hada debe ir a ayudar a Yunuen. Desaparece… y aparece en la habitación de Yunuen. Ella no está, y la habitación está en completo orden. Nota que la compu está encendida, se acerca y ve que el tercer capítulo de El Secreto de Santa sin subir, así que mueve el mouse, pucha ADD, y ella se va para buscar a su protegida en lo que la compu hace su trabajo.
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Ha pasado el tiempo y ya es la noche previa a la navidad, los niños tienen seis años y cachito.
Disclamer: LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi idolatrado Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis queridísimas tortugas.
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El Secreto de Santa
3. El secreto revelado
En la cocina, Donatelo, Miguel Ángel y Rafael terminan de cenar.
-¿Podemos retirarnos, Sensei?- pregunta Donatelo.
-Comieron muy rápido, hijos.
-Tenemos que dormir temprano.- dice Miguel Ángel.
-¿Y cuál es la razón?
-¿No lo sabe?- pregunta incrédulo Rafael
-Sensei, mañana es navidad. ¡Hoy en la noche viene Santa!- dice entusiasta Donatelo.
-Ah… Si, navidad. Lo había olvidado.
Leonardo oculta una sonrisa limpiando su boca con una servilleta.
-Si Santa le trajera regalos también a usted, no lo olvidaría.- agrega Rafael.
-¿Podemos retirarnos?-pregunta impaciente Miguel Ángel- ¡Mira papá! Nos acabamos todo, hasta las verduras.
El niño muestra su plato vacío. Sus dos hermanos hacen lo mismo.
-Muy bien niños, pueden retirarse. No olviden lavarse los dientes.
-¡GRACIAS!
Los tres niños se levantan de sus asientos, dejan sus trastes en una pequeña tina que se encuentra en el suelo, y se retiran rápidamente.
Leonardo se queda ha terminar su cena. Él no tiene tanta prisa por ir a la cama.
Cuando Splinter se asegura que sus otros hijos ya no están, le habla a Leonardo, de una manera muy confidencial.
-Leonardo.
-¿Sí, Sensei?
-¿Recuerdas qué sucede en Navidad?
-Sí. Ya lo dijeron mis hermanos, y también en la tele lo dicen mucho: Santa vendrá hoy en la noche a dejar juguetes a los niños que se han portado bien este año.
-¿A ti… te gustaría ayudar a Santa con los juguetes?
-¿YO, AYUDAR A…?
-Shhh.
-Lo siento.- baja la voz -¿Saldré contigo a la superficie?
-Sí hijo. Me has demostrado que eres un niño muy responsable y comprometido. No sólo renunciaste a tu querido oso entregándoselo a Miguel Ángel para que él estuviera contento, sino que además has cumplido tu palabra sobre no decir nada acerca de Santa a tus hermanos.
Leonardo sonríe y se levanta de su silla para abraza a su padre.
-Porque me alegra que seas tú y no Santa quien nos trae los juguetes. Yo te quiero mucho papá. No entiendo por qué alguien extraño debe darnos juguetes.
-Bueno, eso te lo puedo explicar mañana.
-¡Iré contigo a la superficie!- susurra su emoción- ¡Mi primera salida a la superficie!
Splinter lo aparta de sí con delicadeza.
-Termina de cenar. En un rato más iré por ti.
-Cuando acabe, ¿puedo ayudarte con los trastes?
-No es necesario.
-Pero quiero ayudar.
-¿Puedes explicarme el por qué de tu acción?
-En el programa que me gusta, los niños ayudan a sus papás en lo que pueden hacer. Ya soy grande y quiero ayudarte.
-Veo que aprendes muchas cosas viendo la televisión mientras yo estoy ausente. Bien, me ayudarás a partir de mañana. Mejor termina tu cena y ve con tus hermanos.
-Bien.
Leonardo regresa a su asiento y come muy rápido, toma sus trastes, los deja en la tina y se va corriendo para alcanzar a sus hermanos. En el trayecto no puede evitar exclamar un grito de alegría.
-¡YUJU!
-¿Por qué gritas?- pregunta Rafael.
-Porque... porque… eh… ¡Viene Santa!
Los cuatro niños se dan prisa para asearse e ir a la cama cuanto antes.
Esa misma noche, pero un poco más tarde...
Leonardo está recostado, con los ojos cerrados, junto a sus hermanos.
Entonces, la luz que entra por la puerta, le da de lleno en la cara.
De repente, la luz se va.
Abre los ojos.
Splinter está en el umbral; es quien se interpone entre la luz y él.
Leonardo se levanta con sigilo para no despertar a sus hermanos.
Splinter lo toma de un hombro y se lo lleva.
Caminan tomados de la mano por las alcantarillas. Splinter va envuelto en una abrigadora manta y Leonardo usa ropa y zapatos de niño, una gorra y una bufanda. Está bien cubierto pues hace frío.
Salen por una tapadera de la alcantarilla.
Ya afuera, se encuentran con que por doquier hay nieve y también con basura apilada en innumerables montículos.
Pero lo que llama la atención de Leonardo es la nieve. Se maravilla al ver la nieve por primera vez.
-¡Wow!- se agacha y toma un poco, pero la arroja enseguida -¡Está fría!
-Vamos hijo, que nos atrasamos.
Splinter alarga su mano y Leonardo la toma.
Caminan unos metros, se adentran más en el basurero. Se quedan detrás de unos montículos de desperdicios. Un poco más allá, hay una fogata, y alrededor, de ésta, hay tres humanos.
-¡Humanos!
-Sí Leonardo, son amigos.
-¿Amigos? ¿Tienes amigos humanos?
-Sígueme.
Splinter se aparta de su hijo para adelantarse.
Leonardo lo sigue sin dudar y sale al descubierto.
-¡Feliz Navidad!- saluda Splinter
-¡Oh! ¡Splinter! ¡Amigo mío! ¡Feliz Navidad para ti también!
Un señor de piel morena y ya con canas en el pelo se acerca a la rata y le da un abrazo.
-¡Hola Splinter!
-¿Cómo ha estado?
Saludan también los otros dos humanos con un abrazo.
-Bien, en lo que cabe.
Leonardo permanece algo distante.
-¿Ese niño es uno de tus hijos?- pregunta el primer hombre al darse cuenta que Splinter no viene sólo esta vez.
-Sí. Les presento a Leonardo.
-Hola Leo. ¿Te puedo llamar Leo?
-Sí señor.
-Yo soy Esteban.- le estrecha la mano -Ellos son Eduardo y Alejandro.
-Hola.
-Mucho gusto.
Le estrechan la mano cada uno.
-Bueno Splinter, lo dejamos con Esteban. Eduardo y yo debemos preparar la cena. Fue un gusto verlo de nuevo.
-A mí también me dio gusto.
-Hasta luego.
Se retiran los dos hombres.
-Por favor, tomen asiento.
-Le agradezco.
Splinter y Leonardo se sientan donde estaban sentados los dos hombres.
-Con que eres Leo. Tu padre me ha contado de ti.
-¿De veras?
-Sí. Me ha dicho que eres un niño muy bueno. Y por eso él te tiene un regalo muy especial.
-¿SÍ? ¿QUÉ ES?
Esteban se levanta y va por un saco. Lo trae consigo y se sienta de nuevo. Hurga en su interior y saca una bolsa negra de plástico.
-Toma.
Le entrega la bolsa a Leonardo. Él la abre y mete su mano en el interior. Saca algo envuelto en una tela azul. Deja la bolsa a sus pies y desenrolla la tela.
-¡Un oso!- lo abraza -¡Gracias papá!- y abraza a su padre.
-De nada hijo. Sabía que extrañabas a tu otro oso, así que creí que te haría feliz tener éste.
-Es más grande que mi otro osito,- dice con emoción- y…- lo acaricia -se siente más suavecito y…-lo acerca a su cara -huele muy rico.
-Es que es casi nuevo.- aclara Esteban.
-¿Casi nuevo?
-Fíjate en su hombro.
Leonardo obedece. Nota que en el hombro izquierdo del osito tiene unas costuras diferentes, son grandes comparadas con el resto que son más pequeñas, incluso el color del hilo es diferente. El osito es color crema, un tono de amarillo muy claro, tiene un enorme moño en su cuello color café oscuro, y las costuras del brazo son color azul oscuro.
-Estas costuras… Estaba roto.
-Así es. Eres un niño muy listo.
Leonardo sonríe por el elogio, pero luego pregunta con algo de preocupación.
-¿Quién lo rompió?
-Otro niño que antes tenía el osito.
-¿Por qué? Si es un oso muy bonito.
-No es lo que le pidió a Santa.
-Tal vez Santa se equivocó de regalo pero… el niño debió aceptarlo ¿No? Papá siempre nos dice que debemos ser agradecidos con lo que recibimos.
-Hay niños que les cuesta trabajo aprender lo que es bueno.
-Mmhhh… ¿Cómo mi hermano Miguel que no quiere comer verduras?
-Sí, como tu hermano Miguel. Tú sí comes verduras, ¿verdad?
-Sí. Papá dice que nos ayudan a crecer grandes y fuertes. No entiendo por qué a Miguel no le gustan.
-Es porque él es más pequeño que tú y no entiende todavía. Le tomará un poco más de tiempo, pero lo entenderá, al igual que el otro niño que no ha entendido que cualquier regalo que recibamos es dado con cariño, y sólo por eso es valioso. Tú sí lo sabes, por eso el osito estará más feliz contigo. Tú sabes que no importa si el regalo es un oso de peluche o si es una pista de carreras, igual es dado con cariño. Seguro que uno de tus hermanos pidió una pista de carreras.
-¡Sí! Mi hermano Rafa.
-Bueno, tendrás el privilegio de llevársela, igual que los otros regalos que tu padre tiene para tus hermanos. Él solo no puede llevarlos, son muy grandes, por eso necesita de tu ayuda.
-¡Claro!
Splinter se levanta del asiento.
-Pues vamos, hijo.
Esteban también se levanta y echa a andar.
Leonardo deja los envoltorios a un lado y se levanta con su nuevo oso en sus brazos; sigue a los adultos.
Splinter y Leonardo ya van de regreso a casa. Splinter lleva dos bolsas en cada mano y Leonardo lleva una porque también lleva a su osito cargándolo con el otro brazo.
El padre nota muy pensativo a su hijo.
-Leonardo, si la bolsa está pesada, yo puedo llevarla.
-No papá, no pesa tanto.
-¿Entonces porque estás tan callado? Creí que estabas concentrando tus fuerzas por lo pesado del regalo.
-Estaba pensando en que debió dolerle mucho cuando el niño le rompió el brazo.
-Hablas del oso que ahora es tuyo.
-Sí.
-Por eso el oso es para ti, Leonardo. Tú eres un niño muy responsable. Tú sabrás cuidarlo.
-Prometo que lo cuidaré, siempre.
Splinter le sonríe.
-¿Y cómo lo llamarás?
-Ogima.
-Es un nombre muy bonito. Seguramente lo escuchaste en la televisión.
-No. Lo leí en uno de los libros que trajiste, en el que el Príncipe Ogima rescata a la princesa Laurel del terrible dragón. Fue un cuento muy bonito ¿Puedes conseguir más libros?
-¿Has terminado de leerlo?
-Sí.
-Entonces te traeré más.
-Gracias.
Le sonríe a su padre y éste le corresponde.
Caminan un momento en silencio, hasta que Leonardo recuerda algo.
-¡Lo olvidaba, papá! No me dijiste por qué Santa regala juguetes a los niños, si no son sus hijos ¿No sería mejor que los papás de los niños les dieran los regalos? Como tú lo haces.
-Bueno hijo, es que a ese señor le gusta dar regalos a los niños.
-¡Qué bueno que tú le dijiste que no lo hiciera con nosotros! Prefiero que tú nos des los regalos, así tienen más cariño.
-Sí, tienen mucho, mucho cariño, pero hijo, ¿por qué crees que yo le pedí que no le trajera regalos a ustedes?
-Bueno, en la tele dicen que él le da regalos a los niños de todo el mundo, no importa en donde vivan o si no tienen una chimenea, pero él nunca ha venido a nuestra casa, y yo creí que tú le pediste que no bajara porque querías darnos tú mismo los regalos, y así le evitaste bajar a las alcantarillas. Debió agradecértelo mucho. Bajar aquí sería muy difícil con sus renos y su carruaje.
Splinter sonríe ante la sorprendente deducción a la que llegó Leonardo.
-Leonardo, tu eres un niño grande.
-Sí, ya soy grande, también lo dijo el señor Esteban.
-El motivo por el cual Santa entrega obsequios a los niños es un secreto.
-¿Un secreto?
-Así es, y únicamente a los niños grandes se les revela.
-¿CUÁL ES EL SECRETO?- Leonardo pregunta ansioso por saberlo.
-Escucha con atención, hijo…
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Les tengo una pequeña sorpresa para el día 25 de diciembre, aunque algunos ya lo saben, pero quienes no, les aviso que les tengo una sorpresa para el 25 n.n
Muchas gracias a todos por sus lindos comentarios que han dejado.
n.n
