La Cruzada Eterna

Consumido por el Odio

Una tarde nublada e intranquila, perfecta para que una joven troll sangre jade de nombre Kylean Loftus se preocupara por el que es líder de la religión más grande de Tierra C pues últimamente ha estado agitado, por no decir perturbado, y es algo que su amiga Cestus Acktau bien lo sabía, pero ¿a qué se debía el hecho de que aquel troll este aquejado de algo que lo ha tenido en soledad absoluta por dias?

Sirius Thulle, aquel troll por el que las dos chicas se preocupaban sentía poco a poco brutales batallas en su mente entre la cordura y la locura, entre permanecer animoso o consumirse al odio, todo desde que recibe las visitas inesperadas de Calliope que usando el cuerpo de Jade sin querer ha metido a la cabeza de Thulle una perturbación que no lo deja dormir, ¿qué podía hacer contra eso? La respuesta la ha buscado, quizás hoy la encuentre.

- Oye Cestus, últimamente me preocupa el estado de Sirius. – le comento Kylean a su amiga.
- ¿A que te refieres?
- De repente ha estado en meditación y soledad varios dias, ya no recibe a nadie y redujo el número de audiencias ¿Qué le estará pasando?
- No tengo idea, yo quisiera saber que le pasa a Issa.
- ¿Qué tiene lady Bell?
- Pues desde lo que me contaste de que Gideon entro a ese agujero negro ella se ha vuelto depresiva, se ha encerrado en su claustro por dias, solo recibe a una salamandra que le trae comida, ni siquiera su marido Lukwer ha podido verla.
- Madre del Sufridor, pobre Issa.
- ¿Y Sirius te dijo que hoy si está dispuesto a su deber?
- Dijo que iría a "La Roca"
- ¿La prisión de los más peligrosos?
- En efecto, tiene que ver a la prisionera mas importante del lugar.
- Solo espero este bien.
- Eso es lo que vere.

En una de las habitaciones, mas precisamente en su despacho, un intranquilo Sirius Thulle empezó a verse en un espejo buscando señales de algo malo, al parecer no tenia nada mas que las ojeras por la falta de sueño, hasta que de pronto mientras mira su reflejo escucha una voz.

- ¿Qué es lo que te pasa? – le pregunta la voz.
- ¿Quién eres?
- ¿No lo sabes Sirius? Y no, no estas drogado, estas sobrio al completo.
- Dime quien eres.
- Tú.
- ¿Yo?
- Si.
- ¿Yo que?
- Yo soy tu.
- ¿Yo?
- Si, mira al espejo.

Sirius vuelve a verse en el espejo y en vez de ver su reflejo habitual mira que es el, pero con un aspecto diferente, la túnica que lo cubre esta completamente negra cubriendo sus ojos, solo su boca esta visible, sus rastas están mas grises y los cuernos iguales, era el ¿o no?

- Pero… eres yo. – decía Sirius a la voz.
- Asi es, somos nosotros.
- ¿Qué quieres decir?
- No te has dado cuenta aun ¿no sabes hasta donde te llevan Jane y Calliope con el cuerpo de Jade?
- No, no lo se.
- Este es el camino que terminaras siguiendo si sigues asi.
- ¿Cómo?
- Seguir consumiendo el odio.
- ¿Odio?
- Ese sentimiento extraño Sirius ¿no se te hace raro que de repente empiezas a sentir odio hasta por las orejas?
- Ahora que lo dices…
- Es el camino que seguirás, y el camino que nos unirá.
- Podré sentir odio, pero jamás dejare que me domine.
- Te dominara Sirius, es inevitable, hagas lo que hagas te consumirá.
- Claro que no.
- No hay escape, NO HAY.
- ¡No me dejare consumir!

Una explosión de energía cubría la habitación y después desaparecía, en eso Kylean toca la puerta sin abrir.

- Sirius ¿estás ahí?
- Eh si Kylean, lo estoy.
- Ya te esperan los Keanne en La Roca.

Al momento de volverse a ver en el espejo su reflejo es su apariencia normal, solo era una visión pesadillesca nada mas ¿o quizás no?

Aquella prisión de infame nombre de "La Roca", construida específicamente en uno de los tantos asteroides de la zona conocida como "El Velo" es una de las prisiones mas seguras e inexpugnables del universo, sus reclusos se cuentan entre los criminales mas peligrosos y con los delitos mas pesados e imperdonables posibles, para muchos que lo han visitado solo hay dos formas de salir: redimido o muerto. La prisión a la que Sirius se había teleportado a través de los transmaterializadores había agendado una visita para él, su único interés era la joya de la corona, la prisionera mas importante del lugar, una persona que solamente era conocida como "Condesa".

Conducido por los laberinticos pasillos de la prisión por Dalila Keanne el troll que quería hablar con la que llamaban "Su Imperiosa Condescendencia" se quedó mirándola afuera de su celda, nadie imaginaba que la que fue en su día la emperatriz de la raza troll terminara demacrada, con sus largos cabellos cortados casi como corte militar, sus imponentes y enormes cuernos habían desaparecido dejando solo dos pequeños muñones sobresaliendo de su cabeza, aquella joyería deslumbrante que portaba en sus labios, nariz y orejas había desaparecido dejando solo espacios donde la misma se encontraba siendo arrancada con todo y pedazos de pellejo, sus deslumbrantes vestiduras que contorneaban sus curvas totalmente reducidas a harapos que casi mostraban partes de ella que no dejaban nada a la imaginación, sin contar además las heridas recibidas por los latigazos como parte de su escarnio… esa era la Condesa que Sirius se encontró y era a la que vería.

- ¿Seguro que quieres hablar con ella Sirius? – preguntaba Dalila.
- Mas que seguro.
- Solo trátala con cuidado, podrá haber sido la mayor hija de perra de toda la historia, pero al menos merece dignidad.
- Lo intentare.

Las puertas de la celda mas segura de toda la prisión se abrían para Sirius que solamente veía a su débil y agonizante rehén mirándole con furia, las puertas se vuelven a cerrar y ambos quedan solos, Sirius se acerca lentamente a la Condesa que solo se limito a escupirle en la cara con lo que le quedaba de fuerzas.

- Miren a quien tenemos aquí, el lobo que pastorea a su rebaño de ovejas.
- Cállate.

El comentario solo hizo que un Sirius que se ponía irritado le lanzara rayos a Condesa que no podía hacer nada para defenderse, solo sufrir.

- Mírate ahora, remedo de emperatriz. – bramo molesto Sirius.
- ¿Por qué tanta furia Thulle? ¿No te basta tenerme aquí como un perro encadenado?
- Es el pago por todos tus pecados Condesa, te lo has ganado con creces.
- ¿Qué vas a saber de pecados? ¿No eres acaso un hombre de Dios?
- No te burles del Sufridor.
- Patético sangre mutante al que le besas los pies.

De nuevo Sirius lanzo sus rayos sobre Condesa infringiéndole dolor mientras ella solo recibía sin misericordia.

- ¿Qué ganas con torturarme Sirius? Para ti ya no tengo salvación, aunque me arrepintiera. – le dijo La Condesa.
- Es para que sientas el dolor que le hiciste a los que estaban bajo tu reinado, que vivas ese sufrimiento en carne viva.
- ¿Y que te hace pensar que no hay nadie mas que terminara siguiendo mi ejemplo?
- Yo evitare que eso pase.
- Acéptalo Sirius, es inútil tu lucha, siempre habrá tiranos como yo.
- Y siempre habrá alguien para detenerlos.
- ¿Qué te da tanta seguridad? Quizás ni te hayas dado cuenta que te has convertido en uno.

Ese comentario le causo irritación a Sirius, haciendo que castigara con mas rayos a la Condesa que se retorcía de dolor hasta casi toser sangre por todo el daño.

- Yo no soy un tirano, soy un siervo del Sufridor y mi deber es impedir que los malvados como tu o Jane Crocker prosperen.
- ¿La humana Crocker sigue mis pasos? Que lindo.
- Por desgracia, pero su orgullo y temor la han vencido, pronto su poder será nada y terminara contigo en este agujero.
- ¿Qué te da tanta seguridad de que es asi? ¿No habrás tenido algo que ver?
- Solo me limito a observar, no meteré mis manos en un fuego que ni siquiera es mío.
- Pero del cual te vas a aprovechar.
- ¿Qué estas diciendo?
- ¿Acaso no ves lo que haces? Quieres que todo funcione como las manecillas del reloj, pero contigo como el relojero.
- ¿El Relojero?
- Todo lo que haces es para imponer tu voluntad, crees que puedes tener el control de todo, pero no es asi, lo mismo pensé yo hace tiempo, pero al verte me di cuenta que es imposible.
- Solo quiero que nadie se vuelva tan loco de poder como tú.
- ¿Y tu crees que eres inocente en eso?
- Yo no hago esto por poder, hago esto por la paz entre todas las razas de Tierra C.
- Eso es lo que piensas, pero en realidad quieres que todos los que gobiernan Tierra C sean tus títeres.
- ¡Mentira!
- Mientras mas lo niegues mas es cierto.
- Solo…
- ¿Solo qué?
- ¡CALLATE!

Sirius hirviendo de rabia le lanzar rayos mas fuertes sobre Condesa lastimándola aún más, los gritos de dolor de la troll se escuchan en todos los pasillos de la prisión, Dalila se empieza a preocupar y deja su despacho para ir a aquella celda.

- Acéptalo Sirius. – le decía Condesa entrecortada. – Tu no puedes escapar del destino.

De pronto mira como una de las manos de Sirius se cargaba de rayos color rojo, tan rojos como la misma sangre que corría por los humanos, el levantaba la cabeza mostrando unos ojos igual de rojos en medio de un fuerte ceño fruncido crujiendo los dientes mientras miraba a la Condesa que solamente veía preocupada su mano.

- El destino no esta escrito.
- ¿Tan seguro estas?
- Tan seguro que acabas de firmar tu sentencia de muerte.

Con toda la furia posible Sirius toma por la garganta a La Condesa apretándole el cuello casi asfixiándola, con la poca respiración que le quedaba ella soltó algunas palabras.

- ¿Crees que matándome estarás satisfecho? Has seguido el camino equivocado.
- Hay destinos peores que la muerte… y sabes… ya lo seguí, ya no hay marcha atrás.

Con toda la furia y potencia posible Sirius apretó tan fuerte el cuello de Condesa hasta quebrárselo y acto seguido le arranco salvajemente la cabeza con todo y espina dorsal, del inerte cuerpo un fuerte chorro de sangre fucsia salía empapando todo a su alrededor, Sirius con la mirada sobre el cuerpo decapitado se limito a no hacer gesto alguno, luego miro a la cabeza.

- Tienes razón, este es el destino, ya no hay marcha atrás.

En silencio y dejando un charco de sangre detrás de el es como sale de la celda donde una preocupada Dalila se queda congelada al verlo con una cabeza arrancada con su columna vertebral, Demian también aparece y queda igual que su dancestro, ambos se adentran en la celda y solo queda el cuerpo inerte y empapado de sangre colgando de las cadenas que salen del techo, Dalila aun aterrorizada toma su radio y da órdenes.

- Aquí alcaide Dalila, inicien purificación de celda y preparen el horno crematorio urgentemente.

Kylean que había llegado después se topo con un Sirius callado y serio sujetando la cabeza sin vida de la Condesa, ella no pudo decir palabra hasta después.

- Sirius ¿Qué paso? – preguntaba Kylean.
- Simplemente he tomado el camino, es todo.
- Pero ¿Qué haras con esa cabeza?
- Sera una advertencia para cualquiera que quiera terminar como ella, empezando con Jane.
- Pero…

Kylean no podía creer lo que pasaba, la cabeza era lo de menos, era Sirius lo preocupante, sus expresiones habían cambiado, él había cambiado… tiempos difíciles se acercan.