La Cruzada Eterna
Se levanta el viento
Un valle desolado, una payasa solitaria y callada solo mira como dos poderosos psíquicos se enfrentan a muerte, más sin embargo mira como uno de ellos está cubierto de heridas y con su ropa hecha harapos por los estragos del combate, por otro lado, su oponente pareciera como si no le hubiera pasado nada, pero el chico aún seguía en pie de guerra, solo era cuestión de tiempo para que cayera.
Ese chico tan lastimado, Yurek Norton, no parecía que quisiera rendirse y menos ante el espíritu que había poseído el cuerpo de su hermana, ahora conocida como "Lady Spanish", la quería de vuelta y para ello debía vencer, cosa que no le ha sido difícil.
- No tiene caso Norton, más vale que te rindas. – le dijo Spanish.
- ¿Rendirme? Tu no me conoces. – respondio Yurek. – Jamás me rindo.
- Eres igual de necio que Gideon.
- Lo sé, alguien debe llenar su lugar.
En un abrir y cerrar de ojos Yurek apareció frente a Spanish dándole un golpe brutal en la cara y mandándola contra el suelo, Spanish abre los ojos y mira al chico flotando sobre ella.
- ¿Tienes idea que lastimas a tu hermana? Imbécil. – le dijo Spanish a Yurek.
- CALLATE fantasma, saldrás de ella a golpes me guste o no.
- Tu lo dijiste infeliz.
La payasa de nombre Yemiko Kannar solo podía observar la lluvia de violencia entre ambos ¿Cuándo podría meter sus manos en esto? Ni idea, solamente observaría los hechos y es todo.
- ¿No te basta con las heridas que tienes? – dijo Spanish de nuevo a Yurek.
- Son solo heridas.
- Solo mírate, ya no eres Lord English.
- Pero conservo su poder.
Yurek cierra los ojos mientras alza las manos, justo antes de que Spanish se acerque sus ojos se tornan verde y negro, de sus manos flamas verdes salen y al juntarlas lanza un enorme proyectil de energía que golpea a Spanish y la estrella contra una montaña destruyéndola en el proceso, el ataque fue potente pero lo debilita bastante haciendo que caiga al suelo cansado y herido, Yemiko intenta acercarse pero solo mira de entre los escombros a una Spanish que con unos cuantos rasguños sigue entera, ella retrocede para evitar la imprudencia de morir a manos de ella, limitándose a ver como levanta al moribundo Yurek con una de sus manos mirándolo fijamente.
- No tiene caso que me enfrentes… además, tampoco tiene caso matarte. – le dice Spanish. – Tu habrás matado a tu hermana, pero yo no hare lo mismo, sin embargo, hay alguien que, si merece la muerte, asi que languidece aquí.
Spanish deja caer el cuerpo de Yurek al suelo mientras ella se eleva y desaparece en medio de la nada en dirección desconocida, Yurek intenta levantarse sin éxito mientras se arrastra por la hierba del bosque, una indiferente Yemiko se para frente a él quedándose inmóvil viendo lo que quedo de él.
- Si que te dio una paliza ¿eh amigo? – le decía Yemiko.
- No… soy… tu amigo. – responde entrecortado Yurek.
- Oye tranquilo, vi toda la pelea, luchaste bien, pero… siendo honesta ella tiene razón, ya no eres Lord English, estabas en franca desventaja ante ella.
- No me digas eso, quizás el monstruo este muerto, pero yo sigo siendo formidable.
- Te derroto.
- No me ayudas en nada.
- Lo que digas ¿ahora adonde se dirige?
- Posiblemente con… Jane y… ¡STELLA!
- Aguarda, dijiste ¿Stella?
- Si ¿la conoces?
- Ella mato a Joculine en un campo cercano a este.
- Si, me dijeron.
- Parece que te preocupa esa chica.
- Pues ella se preocupó por mi cuando estaba yo en el espacio.
- ¿Tú eras de los de la dichosa "Cruzada Eterna"?
- Vicealmirante.
- Entiendo.
- No dejare que Spanish le haga algo.
Yurek cubierto de molestias además de heridas intenta levantarse, pero le resulta inútil, Yemiko se acerca y lo sujeta antes de volver al suelo.
- Estas para el arrastre vato, deja pedirte ayuda.
- Gracias, pero no gracias.
- Esta bien, si quieres morir aquí adelante, yo solo quería darte una mano.
- Si insistes… llama a quien tengas que llamar.
Mientras tanto en el Santuario y sabiendo la situación que ocurría en esos momentos, una seria Kylean Loftus caminaba hacia la fortaleza monasterio de la Orden del Martillo donde estaba acompañada de Alister Exilien y de los acólitos Astrid Thulle, Yuseia Kyofza y Boris Lavrov; con el cetro de Sirius en sus manos Kylean tenia un plan en mente y para ello debían a una de las cámaras abovedadas del lugar.
- Lady Loftus, puedo preguntarle ¿Qué hace con el cetro de mi papá y hacia donde vamos? – le preguntaba Astrid.
- Vamos a la fortaleza de los martillos, iremos a ver a alguien.
- ¿A la maestra Asharis? – preguntaba también Yuseia.
- No, a John Egbert.
- Pero él está muerto señoría. – comento Boris.
- No por mucho tiempo.
- ¿Cómo planeas revivirlo? – preguntaba Alister. – Hasta donde yo se el ataque que sufrió a manos de Lord English impide la resurrección de cualquier tipo.
- Excepto de una… de una fuente divina.
- ¿Cree que funcionara el poder de mi papi?
- Funcionara… eso creo.
A las afueras de la ciudad santa, bajo un cerezo seco se encontraban Yemiko y Yurek que a duras penas se había teletransportado junto a su curiosa amiga hasta donde podían pedir ayuda o mejor dicho, adonde Yemiko acordó encontrarse con dos aliados inesperados.
- ¿A que hora llegaran tus amigos? – preguntaba Yurek adolorido.
- Llegaran, no seas impaciente.
- Mas te vale.
Entre una nube de polvo aparecían dos caballeros del martillo a lomos de sus caballos, eran Jason Morgan y Lukwer Werkteigh, no se podían creer con quien estaba Yemiko.
- ¿Yurek Norton? ¿Eres tú? – preguntaba Jason conmocionada. - ¿Qué le hiciste Yemiko?
- Absolutamente nada, solamente me ayudo a reunirlos aquí, lo que le paso fue causa de Spanish. – se defendió Yemiko.
- ¿Los conoces payasa? – le preguntaba Yurek a Yemiko.
- Claro que si ¿tu quien crees que les dio información de la batalla del Valle de Aran?
Yurek se quedo detenidamente mirando a los caballeros que aun seguían impactados.
- Pero Yurek ¿entonces el demonio que mato a Sirius también quiso matarte a ti? – le pregunto Jason.
- Asi es.
- Por lo menos sobreviviste. – le dijo Lukwer.
- Por desgracia, Gideon fue a pelear con ella.
- Tu amigo terminara muerto rápidamente. – comento Yemiko.
- No me digas, a el le importa un carajo su vida.
- Debemos llevarte al monasterio a tratar tus heridas, Lukwer súbelo a tu caballo.
- Puedo teleportarme ¿sabes?
- Lo mejor Norton es que descanses, además el monasterio no esta lejos.
- ¿Tu no vienes payasa?
- ¿Tienes idea de lo que soy? Me asesinarían.
- Lo olvide.
- Es mejor para nosotros que Yemiko se empiece a alejar de Sancta Sanctorum.
- Entonces… gracias por ayudarme eh…
- Yemiko. – respondio la payasa.
- De nada.
Luego de ello la payasa desaparece en el horizonte mientras el par de caballeros se llevan a Norton a "El Yunque" (fortaleza-monasterio de la Orden del Martillo), al llegar ven que Kylean, Alister y los acólitos están apunto de entrar a la puerta de la camara abovedada de los sótanos, Kylean se detiene y mira a Yurek.
- ¿Qué te paso Norton? – pregunto Kylean.
- Lady Spanish, he ahí tu respuesta.
- Por la Madre Dolorosa.
- Debemos llevarle al Apothecarion santidad, las heridas que sufrió son graves. – le comento Jason. – Por cierto ¿Qué hace con el cetro de Sirius?
- Reviviré a John Egbert.
- ¿Qué hara que cosa?
- Ya me escucho capitana.
- Quiero ver eso. – le dijo Yurek a Kylean.
- No deberías, estas herido, debes recibir atención medica primero.
- No sin antes ver a John levantarse de nuevo.
A pesar de los ruegos y protestas de los presentes Yurek insistió, Kylean no tuvo más opción más que ceder y de inmediato, sabiendo las claves que Sirius le había pasado abrió las puertas de la cámara y en su interior se encontraba el objetivo, el cuerpo de John Egbert. Aquel cuerpo cubierto por una sabana blanca y rodeado de velas especiales que evitaban la putrefacción del cuerpo era lo que buscaba Kylean, bajo la sabana estaba el cadáver de un chico cuyas vestiduras de modo dios estaban rasgadas y con heridas aun sin sanar del cuerpo, los dientes que sobresalían del chico que tenía sus ojos cerrados y tapados por sus notorios anteojos, todos miraban aquel esperpento cuerpo inerte al cual Loftus se acercaba tímidamente aun empuñando el viejo báculo de Sirius.
- Lady Exilien ¿Qué hara lady Loftus con el báculo de mi padre? – preguntaba Astrid.
- Un milagro.
Nerviosa, Kylean retiro la manta fina que cubría el cuerpo de John Egbert, al verlo le daba la sensación de que estaba profundamente dormido, se aferro al báculo y lo puso sobre el cuerpo de John, mas no pasaba absolutamente nada, Yurek se soltó de Jason y Lukwer y se encamino hacia Kylean sujetándose para no caerse, ella no pudo reaccionar y solo vio como el miraba el cuerpo inerte.
- No sabes hacer esto ¿cierto? – preguntaba Yurek.
- No, la verdad no.
- Te ayudare.
- ¿En esa condición?
- Lord English acabó con él, eso me da algo de responsabilidad, déjame ayudarte.
- Esta bien ¿Qué debo hacer?
- Concentra tu energía en tus manos.
Kylean cerro los ojos y al juntar sus manos sin tocarlas se empezaron a llenar de energía con la cual creo una especie de orbe que no dejaba de brillar.
- Ahora acércalo al cuerpo, el báculo tomara esa energía y con el se lo clavaras en la herida mortal de John.
- ¿Estas seguro?
- Déjame ayudarte.
Ambos toman el báculo cargado de energía y lo clavan en la herida que acabo con la vida de Egbert, pronto una tormenta de energía llena la sala, todos salen volando hacia las paredes, pero Kylean y Yurek recuperan el control del báculo y encausan la energía de mismo hacia John, ambos sentían esa misma energía recorrer su cuerpo y con la sobrecarga un destello cubre todo el lugar hasta que después solo queda oscuridad.
El silencio reinaba en la sala, todos estaban inconscientes y aturdidos por lo que había pasado, solo Kylean y Yurek pudieron recobrar la conciencia y ver algo impactante: la mano de John se empezaba a mover y pronto todo el cuerpo de forma lenta y paulatina, los dos no se podían creer lo que veían, el cuerpo de John se levanto hasta solamente sentarse sobre la mesa de piedra donde yacía, su corazon volvía a latir, movimientos que habían llegado de forma increíble a ser sentidos por otra persona que no estaba alli pero que se dio cuenta al instante lo que ocurría: Roxy Lalonde.
- Oh John… has vuelto… has vuelto.
Soltando lagrimas de felicidad una recién despertada Roxy sentía desde la distancia los latidos del padre de la criatura que ella esperaba en su vientre, mismo que ella empezó a tocar y a mirar, sintiendo su barriga habitada por Harry Anderson Egbert ella solamente podía decir entre sollozos.
- ¿Sentiste lo mismo que yo? Tu padre ha vuelto a la vida, pronto lo conocerás… espero.
Logrando recuperar los sentidos todos los que estaban en la sala veían aun John Egbert vivito y coleando, pero el seguía viéndose y preguntándose que había pasado, las palabras de Calliope se habían cumplido, "Para que uno regrese, el otro se sacrificara…"
En tanto en Washington DC, Jane Crocker preocupada solo podía esperar callada y congelada mirando por las ventanas de la oficina oval mientras el mas preocupado Motter Ataxas solo podía pensar en que tanta seguridad había puesto sobre la Casa Blanca.
- Deberíamos ir a un lugar seguro presidenta, aquí podría morir. – le dijo Motter.
- ¿Y qué? Me encontrara y me matara.
- Usted es la presidenta.
Antes de que pudieran seguir una invitada inesperada llega a la oficina oval por las ventanas, Motter solo puede esconderse tras los sillones mientras Jane de pie la encara.
- Al fin llegas ¿tienes algo que decir?
- Si Jane, ¡TU SIGUES!
