Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 2

Bella corrió en esos altos tacones por toda la cocina.

Sí. Ella seguía siendo toda una diva para vestir. Seguía amando teñirse el cabello y usar el maquillaje necesario para sentirse mejor. Aunque, había dejado de usar lentillas de colores, ahora mostraba orgullosa su hermoso color de ojos, cafés achocolatados, pero de vez en cuando usaba lentes de aumento para leer, sobre todo, cuando necesitaba leer para su pequeña gruñona.

Escuchó el sonido de un nuevo correo electrónico en su celular. Lo abrió y leyó: el Distrito escolar le pedía un cita para una evaluación oral para Azul.

Bella estaba a punto de hacer un baile de absoluta felicidad. En ese momento fue cuando entró como un vendaval, su pequeña gruñona.

― ¡Mamii!

Bella atrapó a la preciosa y diminuta criatura en sus brazos. Ella era perfecta y hermosa en toda la extensión de la palabra.

La niña ancló sus cortas piernas en la cadera.

Bella después de llenar de besos el rostro de su hija, miró a su hombre y besó los labios, en un corto beso.

― Hay noticias ―anunció entusiasta y sin esconder su amplia sonrisa―. Tenemos una cita para la evaluación oral de Azul.

La niña estiró los brazos a la vez que bailaba, tan solo un movimiento de cintura. Entretanto, Edward sonreía más satisfecho.

― ¿Crees que podremos encontrar una escuela? ―El cobrizo preguntó, era evidente que ocultaba su angustia en una sonrisa.

― Esperemos que sí ―Bella se aferró a sus anchos hombros y apoyó la cabeza en él.

Los tres unidos en un abrazo.

Ser padres de Azul no era fácil. Ellos sabían que tenían una gran labor por delante, no solo en crianza sino en educación académica. Al ser una niña superdotada sus necesidades eran diferentes, ellos como padres lo reconocían y estaban trabajando en resolverlo.

Sin embargo, en su lucha se habían dado cuenta que el sistema escolar no estaba capacitado para niños como su hija.

Era decepcionante, a la vez que preocupante.

Al ser padres primerizos, siguen lidiando con tantas cosas, pero que su hija fuera especial le daba otro grado de complicación.

― ¿No le dirás a mamá que fui por ti nuevamente a la escuela? ―Edward instó a su pequeña.

Después de cenar estaban solo compartiendo su día. Juntos, alrededor de la mesa.

― No debemos contar pequeñeces ―farfulló Azul arrugado la frente, a la vez que sorbía de la pajita su jugo de manzana.

Estrechó los ojos hasta volverlos dos rendijas y miró a su madre un par de segundos y luego volvió a lo suyo; dejando que sus mejillas se hundieran por la absorción que hacía con la pajita. Cayó un poco del cabello cobrizo en su rostro e inmediatamente con sus pequeños dedos, lo quitó. Mostrando esos alegres y vivaces ojos verdes tan idénticos a los de su padre.

― ¿Otra vez? ―Bella preguntó.

― De nuevo le subió la presión ―contó él, conteniendo la risa.

Ambos se miraron tan cómplices. Estaban a punto de reír, sin embargo, terminaron apretando los labios.

Con azul tenían que ser más precavidos y nada de tomar a juego su educación.

― La próxima vez no iremos por ti ―sentenció Bella. Era tipo una advertencia, ella buscaba que su niña no estuviera perdiendo clases―. No puedes estar saliendo cada semana de clases, Azul.

― Me aburro, mami ―comentó, pasando una mano por su frente―. No me gusta esa escuela. La maestra nunca me deja participar y siempre me calla.

Bella observó a su niña. Algo en su interior le decía que no mentía, porque Azul podía ser fantasiosa, pero jamás una niña mentirosa.

― ¿Cómo que la jodida maestra te calla? ―Edward intervino.

Sabía que si no controlaba a su esposo, él era capaz de salir ahora mismo hasta la escuela y hacer un gran escándalo. ¿Cómo de qué no? Conocía a su marido y Azul era su gran debilidad, qué nadie se atreviera siquiera a gritarle.

Lo siguió y tocó sus hombros. Porque Edward se había puesto de pie y estaba qué echaba humo.

― Amor, tranquilo. Hablemos con Azul, ¿si?

― ¡Dice que esa mujer la calla!

Él explicó pasando las manos por su corto pelo cobrizo. Su mirada fúrica lo decía todo. Tenía un maldito carácter de mierda y poca paciencia, pero ella siempre lograba calmarlo.

― Lo escuché, cariño.

― No le permite participar ―añadió.

― Hablemos con nuestra niña.

― No esperes que me contenga ―manifestó.

― Antes tenemos qué saber lo que ocurre. ¿Está bien?

Él frunció las cejas y exhaló muy suave. Bella aprovechó su momento de tranquilidad entrelazando sus dedos con los de él. Lo llevó lentamente al comedor, donde lo hizo sentarse.

Trataron de manejar la situación con apacibilidad; sonriendo a su hija para brindarle su confianza y seguridad. Edward la tomó en brazos, sentándola encima de la mesa.

Azul seguía bebiendo su jugo de manzana, como si fuera lo único importante.

― ¿Por qué dices que la maestra no deja que participes? ―Bella preguntó en un tono amigable.

La niña encogió sus hombros. Dio otro sorbo a su jugo, mirándolos.

― Porque cuando jugamos nunca me deja que vaya con mis compañeros. Me deja sentada en la clase.

― Mi amor ―Edward acunó su pequeña cara― ¿lo hace siempre?

La niña asintió.

― Solo me quiere cuando tú vas ―señaló con el índice a su papá― se pone su cara colorada cuando te ve, ¿por qué, papi?

Bella lo miró fijamente. Por supuesto que esperaba la respuesta de su marido.

― ¿Qué diablos! ―gruñó él, siempre siendo tan tosco y poco prudente―. No lo sé, Azul. Aquí lo que importa es que no debe hacerte menos, eres una alumna y mereces el mismo trato que los demás.

― Igual es aburrido ―la niña continuó― todo lo que dice ya lo sé. Solo no me gusta que me deje sentada mientras mis compañeros juegan. Yo también quiero jugar.

Bella la cargó cuando el semblante de su niña entristeció. Arrulló su pequeño cuerpo y frotó los dedos en la espalda de su hija.

― No es correcto que te deje sentada, Azul ―Bella le explicó―. Ustedes están para aprender y no importa que tus conocimientos sean un poco más avanzados. El trato debe ser igual, princesa.

Azul irguió la cabeza y miró con curiosidad el rostro de su madre.

― Por eso no me gusta ir ―confesó en apenas un susurro.

― ¿Desde cuándo pasa esto, Azul? ―Edward preguntó captando la atención de la niña que giró a verlo.

― Creo que la maestra se molesta porque sé las respuestas ―la niña murmuró en medio de su inocencia.

Bella miró el rostro de su esposo. Sabía que estaba conteniendo toda la rabia para no salir a reclamar.

Ella se sentía de la misma forma que él, podía jurarlo y, también sabía lo que tenía qué hacer.


¡Hola! Sé que no tengo perdón por haber tardado 5 meses en actualizar. Lo único bueno es que habrá capítulos constantes y con ayuda de ustedes la llevaremos al final. Ahora díganme. ¿Les gustó el capítulo?

Para imágenes alusivas estoy en mi grupo de Facebook.

*Publiqué nueva historia: Crazy Fantasy 🍒 por si gustan darle una oportunidad.

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