Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 3
En la mañana del lunes Edward estacionó con esa personalidad tan fiera a las afueras de la escuela. Él junto a su mujer bajaron del coche, necesitaban explicaciones del porqué actuar así de la maestra.
Miró el caminar despampanante de Bella. No le sorprendió que llevara anclada en la cadera a su pequeña niña a la vez que se desplazaba en esos tacones y ese pantalón de cuero tan apretado.
Era jodidamente hermosa y segura de sí misma. Eso lo volvía loco.
Dejó de verle el culo a su mujer y se dirigieron hasta la recepcionista.
― Buenos días ―saludó su mujer siempre tan amable. Porque él ni por maldita educación lo haría―. Necesitamos una conferencia con la maestra de preescolar, Jane Pine.
La recepcionista mantuvo una sonrisa en sus labios al ver a la niña. Claro, primero lo barrió a él, de pies a cabeza.
― Es difícil obtener una conferencia a esta hora de la mañana ―dijo la mujer mientras le daba un sorbo al café que traía en la mano―. Las clases están por empezar.
― Entonces, permítanos hablar con el director de la escuela ―intervino él―. Necesitamos tratar un tema delicado y no nos iremos hasta resolverlo.
La mujer al ver el tono desafiante de él asintió rápidamente. Presionó algunos botones del teléfono que estaba junto a la computadora y habló en voz muy baja.
La recepcionista se incorporó guiándolos hasta las oficinas traseras. Un hombre alto y calvo vestido de traje oscuro, los recibió de pie.
― Buenos días ―dijo el hombre― soy el director de la institución. Pueden tomar asiento ―les señaló las sillas frente al escritorio―. ¿Qué es lo que sucede?
Su mujer tomó la palabra,
― Nuestra hija asegura que la maestra Jane no la deja participar y la mantiene sentada mientras los demás niños juegan.
El hombre movió la cabeza lentamente, manteniendo los ojos en ellos. Rascó la frente pareciendo que analizaba lo que había escuchado.
― Disculpen ―les dijo―. No pueden creer lo que una niña de tres años dice.
― ¿Estás diciendo que mi niña miente? ―Edward lo encaró. Ya sentía que la sangre corría como lava ardiente por su torrente sanguíneo.
El hombre prosiguió con significativa calma.
― La maestra Jane es una de las mejores en su área de preescolar, lleva diez años educando a los más pequeños.
― Así puede llevar una vida entera dando clases, no la convierte en mejor docente ―acotó Bella―. Si mi niña está diciendo que no la deja participar, es porque es así.
El hombre sonrió.
― ¿Te estás burlando de nosotros? ―Edward se había puesto de pie con sus puños encima del escritorio. Tenía ganas de estrellar su puño sobre la cara del estúpido tipo.
― Tranquilo, señor Cullen ―pidió el hombre con severa calma―. Estamos hablando de una niña de tres años que bien puede decir hoy una cosa y mañana otra. No pueden creer todo lo que dice y venir a una institución educativa para alterar el orden.
Edward también soltó una leve risa. Pero él no era que se burlara, sino que estaba sintiéndose encabronado de una forma descomunal.
― ¿Tienes una puta idea de lo que me estás diciendo? ―Inquirió el cobrizo.
El rostro del hombre pasó por toda la gama de colores púrpura. De hecho se aflojó la corbata.
― Guardemos la compostura ―susurró casi sin voz.
― Estás demeritando las palabras de mi hija tan solo por tener tres años ―habló Bella, también poniéndose de pie y volviendo a anclar las piernas de su pequeña niña en su cadera―. Nos iremos al distrito escolar a poner una queja, ya que no contamos con su ayuda.
El hombre se había puesto de pie y parecía querer calmar la situación.
― Tranquilos, señores Cullen. Podemos traer a la maestra Jane y hablar la situación conmigo ―les explicó―. Si ustedes me permiten su hija y la maestra tendrán una conversación conmigo y ustedes pueden esperar allá afuera en lo que resolvemos de la mejor manera esta situación.
Edward dejó un puñetazo en el escritorio que hizo a Azul sentirse inquieta, acurrucando su rostro en el hombro de su madre.
― ¿Quieres hacer un maldito careo con una niña de tres años y una adulta? ―le espetó Edward con los dientes muy apretados―. Sobre mi puto cadáver dejaré a mi hija sola con dos personas adultas que fácilmente pueden manipularla y hacerla cambiar su versión. ¿Acaso me crees estúpido?
― No dejaré que se acerquen al personal docente ―el hombre dijo sin titubear.
― ¿Crees que eso nos va a detener? ―Increpó Bella.
― Pediremos una cita con el superintendente del distrito escolar ―advirtió Edward―. Iremos con quién tengamos que ir, pero no dejaremos las cosas así.
― Bien ―susurró el hombre― las puertas de la escuela siguen abiertas para su hija.
Su mujer acomodó el pequeño cuerpo de su hija en brazos caminando fuera del pequeño cuarto. Una vez vio que salieron e hizo un movimiento tosco; casi cara a cara, logró que el hombre quedara nuevamente sentado y con un semblante blancuzco. Lo había asustado.
― ¡Vete a la mierda! ―musitó, viendo fijamente los ojos negros.
Edward quería apostar que el hombre se había hecho en los pantalones.
.
Ahora estaban peor que cuando llegaron a la ciudad.
Su hija prácticamente estaba sin escuela. Porque por ninguna jodida razón la regresarían con esa gente.
Vio a su mujer caminar de un lado a otro mientras seguía hablando por teléfono, llevaba media hora intentando programar una cita con el superintendente del distrito.
― ¿Hice mal?
Volteó a ver a su niña. Ella estaba sentada a los pies del sofá donde él también estaba, alargó su mano y la sentó en su regazo.
Era tan fácil sostener su poco peso. Con sus manos intentó peinar esas hebras cobrizas y manejables. Al menos despejó su bonita cara quitando algunos mechones.
Azul se mantuvo a la expectativa de su respuesta.
― Decir la verdad nunca es malo.
La niña arrugó la frente. Sus labios diminutos y de un bonito tono rosa estaban en línea recta.
Edward la acercó más a él y bajó la falda de su vestido, acomodando la tela esponjosa en sus cortas piernas. Azul aún olvidaba sentarse bien.
»Debes confiar en nosotros, pequeña. Si alguien te grita, hace gestos o se acerca demasiado a ti, debes decirnos inmediatamente. ¿Recuerdas que siempre hablamos de la magia de papá?
La niña asintió sonriente. Esa mirada jade volviéndose brillante.
― Tú puedes con todo ―susurró con sus manos vueltas puños porque le causa emoción.
Edward la abrazó fuertemente. Como si con sus brazos pudiera escudarla de toda la mierda de los seres humanos.
― Te amo tanto mi pequeña gruñona ―arrulló su cuerpo en su regazo.
― Papá ―Azul levantó su vista―. En la escuela dijiste groserías y me has dicho que no se pueden decir.
― Bueno, eso fue porque estaba muy enojado.
― Qué no vuelva a ocurrir ―señaló con su pequeño índice―. Debes comportarte como un papá.
Él rio.
― ¡Listo! ―escuchó decir a Bella que venía saliendo de la cocina―. Tenemos cita con el superintendente para el jueves y es el mismo día que será la evaluación de Azul.
Se quedó confundido. No porque no razonara de forma adecuada, sino porque solo pensaba qué pasaría con su hija todos estos días que estuviera sin ir a clases. ¿Quién cuidaría de ella?
Hola, aquí viene un poco las aventuras qué tendrán con su pequeña gruñona. Un poco de alegría para el caos que nuestra pareja está viviendo. Por supuesto que Edward pudo darle una paliza al tipo, sin embargo se sabe que no es el lugar ni el mejor ejemplo para su hija, ellos procederán de la forma correcta. ¿Qué opinan ustedes?
Les agradezco mucho la oportunidad para la historia, como les había mencionado ya, es una historia corta y ligera que decidí publicar antes de volver a publicar una historia de drama.
Infinitas gracias por sus comentarios: Car Cullen Stewart Pattinson, Valeria Sinai Cullen, Noriitha, Gabby352, ALBANIDIA, Daniela Masen, cocoa blizzard, LOQUIBELL, Diannita Robles, Patty, Patito feo, Kasslpz, sandy56, mrs puff, Pepita GY, saraipineda44, nataliastewart, Dulce Carolina, Adriana Molina, Flor McCarty-Cullen, Adriu(te respondí en mensaje, si es secuela de Santa Is Coming), marisolpattinson, francicullen, Cassandra Cantu, Lizdayanna, Cary, Moni Belmudes, Heart on winter, Lili Cullen-Swan, Antonella Masen, rociolujan y comentarios Guest
Gracias totales por leer 💜
