2- NAUSEAS

Su terco Uchiha se había olvidado de nuevo el almuerzo en la cocina, ahí donde se lo había dejado preparado para que se lo llevara. Y encima sabía que se había ido a entrenar con su equipo... Si es que no había manera con Izuna.

Había conseguido que le aceptara el no ir a peligrosas misiones, sobretodo gracias a la ayuda de su hermano que fue el primero en decirle al azabache que las misiones a las que estaba acostumbrado se habían terminado. Menuda bronca tuvieron ese día, como si él fuera el culpable que el Hokage, y doctor, le hubiera prohibido a Izuna el realizar esos trabajos.

–Tu se lo has pedido, ¿verdad?.

–No digas tonterías, Uchiha. –Resopló.– Pero ya que preguntas, me parece algo de lógica que si estás preñado no hagas misiones, ni te arriesgues. Es más si fuera por mi tampoco te permitiría entrenar.

–¡Y un cuerno, maldita rata! – Eso era hasta humillante. ¿Pero cómo se atrevían a opinar sobre su vida?

–Ya, ya... Hashirama te ha dicho que puedes seguir haciéndolo.– Y mira que había apretado para que también le prohibiera hacerlo. Pero Madara intervino y convenció a su amado, o sea el vendido de su hermano... Eso de que fueran pareja era una autentica mierda pues el pelos de erizo tenía gran poder sobre su mayor.– Pero ya le has escuchado y espero que sigas sus directrices que por algo es tu médico.

–Él se ha autonombrado mi médico... ¡Yo no se lo pedí!– Gruñó molesto. Sentía que esos jodidos Senju le quitaban su poder de decidir a cada día que pasaba. Miró molesto a Tobirama, su pareja.

Esa mirada cabreada de Izuna... Sino estuviera acostumbrado a él, y si fuera alguien menos valiente, ya habría retrocedido... ¡Y eso no que tenía su sharingan activo!

–Izuna, es el mejor doctor de la Hoja. Sé que mi hermano es alguien... "Especial" pero se preocupa por ti, igual que yo. Estoy en esto contigo, lo afrontamos juntos... Pero tu no me dejas cuidarte.

–¡No necesito que me cuides!– Soltó con brusquedad.

Cerró los ojos y contó hasta 10. Hashirama ya le había advertido que las hormonas harían estragos en el Uchiha, que podría notar alteraciones de su humor y que le tuviera paciencia. Madara le amenazó que mejor no hiciera cabrear a su hermanito, porque, además de que Izuna se lo haría pagar de forma muy dolorosa, él iría detrás a convertirlo en una tea ardiente. Y Mito solo le sonrió y le explicó que el embarazo alteraba a mujeres y donceles, que era complicado compaginar lo que eras con lo que sentías o empezabas a sentir, también en como iría cambiando el cuerpo con los meses, que tuviera paciencia... Luego le susurró que los Uchiha daban miedo cuando se alteraban, pero que recordara que Izuna le quería y que mejor que no le hiciera enfadar.

–Se que eres fuerte y no necesitas que te protejan, pero si que te apoyen.– Le dijo mientras se arriesgaba y le acariciaba la mejilla.– Por favor.

Al final Izuna le había asentido, mientras apoyaba su rostro contra su mano.

–Tendré cuidado y acepto lo de no ir a misiones hasta que no nazca el crío.– Dijo aun algo reticente.

–Gracias.

Y por suerte esa batalla la ganó, Izuna dejó de insistir por seguir realizando misiones. Pero siguió entrenando a su equipo de shinobis de élite y a los jóvenes que tenía asignados para que aprendieran de él; también entrenado él mismo sin bajar su nivel de exigencia.

Y ahí iba él ahora, llevándole el almuerzo a Izuna que estaba en el campo de entrenamiento número 3, junto a jóvenes que empezaban su entrenamiento como shinobis, diciéndoles que después de comer se adentrarían en el bosque de la muerte para un ejercicio de supervivencia extrema.

–Kami-sama dame fuerzas...– Musitó para sí al escuchar a su azabache, porque ganas de agarrar a su pareja de la larga coleta y arrastrarle de vuelta a su hogar compartido no le faltaban.

Izuna había detenido sus explicaciones al sentir la presencia del albino a su espaldas, se giró para encararle analizándole.

–Tobirama.–Saludó y se mantuvo a la espera.

–Traje la comida, te la habías dejado.– Mostrándole los dos bentos.– De paso podemos comer juntos.

–No tenías porque molestarte, ahora me iba a acercar a la aldea a buscar algo.

–Ya... Pero los dangos no son comida adecuada.– Observó la leve mueca de Izuna por verse descubierto.– ¿Creías que no iba a saberlo?

Izuna llevaba ya unos días, esos mismos que se dejaba el bento que le preparaba, yendo a comer al puesto de dangos. Esa no era una dieta adecuada para un doncel en estado, además su hijo en gestación se merecía lo mejor y eso era alimento nutritivo, sano y equilibrado… Precisamente lo que él se molestaba en prepararle cada mañana al azabache.

En cambio Izuna levantó los hombros quitándole importancia a lo dicho por el albino, pues a él le venía de gusto comer dangos; le sentaban bien y estaban buenos. Pero todo y eso siguió a Tobirama para sentarse bajo la sombra de un árbol, notando que sus alumnos también se habían repartido por la zona para comer. El Senju le alargó uno de los bentos para que lo tomara y al destaparlo hizo una mueca al ver la comida y llegarle el aroma de la misma, se cubrió la boca y le devolvió el recipiente al albino, habiéndolo tapado previamente para no seguir viendo ni oliendo el alimento.

–¿Qué ocurre?– Agarró el bento que Izuna le devolvía y le volvió a quitar la tapa. La comida estaba bien, tenía buen aspecto, buen color y olía delicioso.– Izuna, no me seas quisquilloso y comételo. ¡Los dangos no son sanos!

Izuna le negó tercamente, pero le ignoroó y siguió alargándole el recipiente con la comida destapado a su caprichosa pareja. Y ahí fue cuando Izuna realizó una nueva mueca más evidente y, sin poderlo contener más, se inclinó y vomitó... Se quedó quieto, alucinando y asqueado, mientras su pareja le potaba encima... Ahí entendió lo que le ocurría al Uchiha. Que torpe había sido, cuando Hashirama ya le habló de las nauseas y los vómitos, que aunque la mayoría de veces se daban por la mañana, en ocasiones se producían durante cualquier momento del día.

En el claro se hizo el silencio mientras ambos shinobis de nivel, uno delante del otro, se miraban largamente sin creerse lo ocurrido. Izuna abrió sus ojos al máximo mientras su mirada iba del rostro de su pareja al gran vomito que cubría su ropa, sintiéndose algo avergonzado por la falta de control de sus impulsos. Tobirama miraba a su pareja, notándole abochornado, mientras intentaba respirar lo mínimo para que a su nariz no llegara el nauseabundo olor a vomito en su ropa.

–¡Ha sido culpa tuya!– Soltó el Uchiha de golpe.

–¿Mía? ¡Yo soy el que está cubierto de tú vomito!

–¡Ucs! ¡Que ascazo Sensei le ha potado encima...– La voz del pre púber denotaba el asco que sentía al haber contemplado tal escena.

La voz de uno de los alumnos del azabache les hizo notar a ambos implicados que los jóvenes estaban ahí a su lado. También vieron, al girar la cara muy lentamente hacía los muchachos, que otro de ellos le daba un codazo al que había hablado primero.

–Izuna-sama, ¿está usted bien?– El joven que había hablado ahora le miraba acusatoriamente notó Tobirama. –¿Qué le ha hecho a Izuna-sensei?

Achicó los ojos... Esos jóvenes eran unos irrespetuosos. ¿Acaso ya los clanes no sabían educar a las nuevas generaciones? Eso a su hijo no le pasaría.

–No le he hecho nada, es algo normal en su estado.

–¿Su estado?– Los tres pre-adolescentes le miraban extrañados y con la cabeza ladeada, parecían un grupo de perritos que esperaban comprender una situación que se les escapaba.

–No ha sido nada, volved a vuestros asuntos.– Instó a sus alumnos.

–Pero Izuna-taichou... Si se encuentra mal o está usted enfermo...

–¿Está enfermo Izuna-sensei?– Se alarmó el que parecía el más joven de todos.

–Espera... ¿No le has contado a nadie que estás embarazado?– Comprendiendo que esos tres mocosos no sabían nada.

–No.– Masculló mirando a su pareja con molestia por decirlo en ese momento.

–¡¿ESTÁ USTED EMBARAZADO, SENSEI?!– Gritaron los tres jóvenes ahora.–No sabía que Izuna-sama era un doncel.

–Parece tan fuerte y varonil...

–Genial... Gracias, rata albina.– Masculló Izuna a su pareja.

–¡Tiene usted que cuidarse bien!

–Si, dice mi mamá que un embarazo de doncel no es sencillo...

–No podemos entrenar tan duro, Izuna-sensei... Tenemos que cuidar a nuestro próximo sobrinito.

Y Tobirama se apartó dejando a los tres muchachos incordiando a Izuna que le miraba como si quisiera despellejarle ahí mismo, y es que los tres mocosos le habían rodeado y estaban hablando los tres a la vez sobre como cuidarían a sensei y no le permitirían que hiciera ningún tipo de esfuerzo... Y Tobirama en esos momentos comprendió que quizás apestar a vomito y estar cubierto del mismo no era algo tan malo si servía para que más personas le ayudaran a vigilar que su orgullosa pareja no se sobre esforzara... Aunque tenía claro que esa noche su Uchiha se lo haría pagar.