3- ANTOJOS
Izuna suspiró molesto por onceaba vez consecutiva... ¿El motivo? Estar en el despacho de Hashirama para que este le revisara cuando terminara la reunión. En primer lugar no entendía porque tenía que estar ahí, él se encontraba bien y tantos jodidos controles eran innecesarios; en segundo lugar, había otros doctores a los que prefería antes que su cuñado. Sabía que Hashirama Senju era el mejor doctor de toda la maldita aldea, después de todo fue él quien enseñó al resto sobre las artes curatorias... Pero él no necesitaba al mejor, aunque sabía que era por la emoción del moreno al estar gestando a su sobrino. Y ese era el motivo por el cual Izuna no deseaba al Senju como su médico, esa eufórica emoción que gobernaba al moreno... Hashirama le agotaba con esa alegría y esos cambios de ánimos y esa expresividad, aun le costaba entender como Madara soportaba el histrionismo del moreno.
"Debe chuparla muy bien...". Esa era la única explicación plausible a que su hermano mayor llevara años de amante de ese hombre y posteriormente unidos en esa extraña unión de tres con la Uzumaki. Resopló de nuevo.
–¡Basta Uchiha! Si sigues así te vas a deshinchar y te quedaras aun más pequeño de lo que ya eres.
El gruñido del azabache y su insulto no se hizo esperar. Pero al menos sabía que no le buscaría pelea en el hospital por sus palabras y tampoco se iría de allí. Quizás Izuna no le respetaba a él, pero si al pelos de erizo de su hermano. Recurrir a Madara había sido un golpe bajo pero necesario... Pero es que su pareja era muy terco...
"¿Como alguien tan raquítico puede ser tan jodidamente tozudo?"
A ver que amaba mucho a su Uchiha, pero tenía ojos en la cara y sabía ver que Izuna era pequeño y delgado, no era un doncel con curvas y todo eso, más bien era alguien enjuto, fibrado y fuerte, pero así le amaba. Y si, que le amara no significaba que no reconociera que el Uchiha, además de ser arrogante y orgulloso, era la terquedad personificada... Tan cabezota que no quería ir a las revisiones de embarazo alegando de que estaba bien y que como se encontraba bien que no necesitaba de eso. Hashirama le había intentado explicar que hacer un seguimiento adecuado era crucial y más tratándose de su amado sobrinito... Izuna le ignoró completamente…
–Esto no son asuntos de la aldea, Hashirama Senju... Así que no tengo que obedecerte. Me rehúso a la revisión.– Fue la respuesta de su peleón Uchiha, ante la recomendación de Hashirama.
Su hermano mayor se había ido a deprimir a una esquina, mientras decía que su cuñado era muy cruel con él y que no le apreciaba. Luego se había puesto a llorar exageradamente diciendo que quería ganarse el cariño de Izu-bebé.
Para ese entonces él estaba rogando que su pequeño guerrero sangriento no hubiera escuchado a su mayor nombrándole Izu-bebé... No le gustaría nada y seguro que metería a Hashirama en un doloroso y cruel genjutsu. Por suerte Izuna ya había salido a paso vivo de allí y no se enteró del drama de Hashirama. Suspiró frustrado.
–¿Qué sucede?– Preguntó una suave voz entrando en el despacho.
–Mitooooo, Izuna no me aprecia...– Mito puso una cara de circunstancias, mientras intentaba consolar a su esposo.– No quiere hacerse revisiones.
Mito le miró a él en busca de respuestas. La pelirroja sabía que su cuñado era algo complicado de tratar... Era incluso más arisco que Madara, más distante que su pareja azabache y solo permitía ciertos acercamientos con las personas en que confiaba, y encima con esas mismas personas había niveles que dejaba que traspasasen según su grado de familiaridad. Por ejemplo había visto a Izuna sonriendo y hablando amenamente con Madara, incluso podía decir que se mostraba dulce con su hermano mayor; pero eso no era extraño pues los hermanos Uchiha se querían mucho. Suponía que con Tobirama también era así, sino no se habría dejado tocar y compartir intimidad con el albino... Con ella era cordial y educado, con Hashirama en cambio era algo frío y siempre marcaba las distancias, por mucho que su esposo se empeñase en derrumbarlas y querer ser cercanos y buenos amigos con el doncel. Y con sus hijos... Con Hanna, Izuna era protector, cercano, incluso dulce y cariñoso; en cambio con Taichi mantenía ciertas distancias, como si temiera el bebé; eso le causaba gracia pues sabía que si el doncel actuaba de esa forma era porque veía a su bebé muy pequeño y parecía tener miedo de dañarle de alguna forma...También había comprobado de con sus alumnos, Izuna era duro e inflexible, pero que lo hacía porque los apreciaba y quería que se volvieran fuertes para que nadie les pudiera hacer daño.
– Hashirama, déjalo ya... Izuna estará aquí mañana, yo hablaré con él y aunque tenga que llevarle cargado sobre mi hombro ahí estaremos para que le revises.
Pero no fue así, Tobirama se presentó al día siguiente con un ojo a la virulé* y un humor de perros y, evidentemente, sin Izuna. Mito sonrió para si misma cuando su esposo se lo explicó entre grandes carcajadas... Izuna era mucho Izuna, no era fácil tratar con él y no obedecería a Tobirama, aunque le quisiera. Y no sólo no le obedecía sino que si el albino quería obligarle a algo le golpeaba.
–Intentaré hablar con él.– Se ofreció la pelirroja.
Y si, intentó hablar con el azabache... Y aunque este era cordial y educado con ella, después de todo era la pareja sentimental de su hermano mayor, fue tajante en su negativa.
–Me siento bien, no hacen falta tantas revisiones, Mito-san.
–Izuna llevo dos embarazos, por la seguridad de ese bebé que gestas es bueno realizar un chequeo mensualmente.
–Es un perdida de tiempo, tanto para mi como para Tobirama y Hashirama.– Porque el albino le acompañaba a esas revisiones.– Si me disculpas tengo mucho por hacer.
Izuna se inclinó dispuesto a marcharse.
–A Madara no le gustará que no vayas a esas consultas. Él mismo agradeció a Hashirama que se hubiera ofrecido a hacer un seguimiento de tu embarazo.– Mito sonrió al ver al Uchiha detenerse ante su frase y cuadrarse tenso. Si había alguien a quien Izuna obedeciera y respetara es a Madara.– ¿Cómo se va a sentir cuando vuelva, pregunte como evoluciona tu estado, como estás y... Hashirama le diga que no quieres asistir a las revisiones programadas e ignoras sus intentos por ofrecerte información y ayuda?
Observó con un gesto satisfecho como Izuna apretaba los puños, respiraba en profundidad, se quedaba meditando, si hasta casi escuchó los engranajes de su cabeza... Y al final liberaba el aire lentamente.
–Iré.– Y después de fue.
Y tal como Mito le aseguró a Hashirama esa noche tras su encuentro con el doncel azabache, Izuna estaba esa mañana llamando a su despacho acompañado de su hermano.
–Bueno... Para la próxima cita mejor vernos en el hospital, pero ya que estás aquí déjame revisarte.– Observó donde colocarle y le indicó el sofá donde estaría cómodo.– Primero déjame ver como va ese embarazo. Recuéstate por favor.
Izuna se tumbó en el sofá y levantándose el haori le pasó las manos con chakra por el vientre.
–Esta muy bien. Va creciendo bien y tiene un tamaño adecuado. El próximo día en el hospital usaré una técnica para que podáis verlo vosotros también.–Sonrió, le emocionaba que su hermano fuera a ser padre con su persona amada. Amaría a su sobrino igual que amaba a sus hijos.– ¿La dieta la vas siguiendo bien?
–Si, sin problemas.– Expresó calmo.
Tobirama gruñó ante la respuesta del azabache y él sonrió sin querer meterse y más al ver la mirada fulminante del pequeño Uchiha hacía ellos dos amenazándoles si se atrevían a contradecirle. Luego le preguntaría a Tobirama, aunque ya se imaginaba que Izuna se saltaba la sana dieta que le obligaba a comer su hermano... Hasta su amada esposa se la había saltado en sus dos embarazos y si se atrevían a decirle algo en contra les castigaba, y eso que Mito era alguien tranquila, afectuosa y de trato fácil y cordial, pero embarazada era el diablo, ni Madara se atrevía a decirle que no a algo que ella quería... Así que no quería imaginarse como respondería el Uchiha si le decían que sabían que estaba mintiendo. Los embarazados y embarazadas eran terribles, las hormonas les dominaban y los ánimos se caldeaban rápidamente, explotando si creían que les juzgabas. Además que Izuna no le tenía en mucha estima y él deseaba caerle bien, así que no haría nada para enfadarle y caerle aun peor.
–Bien... Bien... ¡Jejejeje! En este tiempo puede que empieces a sufrir de antojos... Tranquilos es algo normal y no es nada malo consentirlos, sobretodo sino es nada perjudicial ni para la madre, ni para el bebé.– Les guiñó un ojo.– Saltarse un poco la dieta premamá no es malo.
Así quizás conseguiría ganarse algo de afecto de su cuñado, si le daba el permiso para saltarse un poco la estricta dieta de Tobirama. Y viendo que su menor iba a rebatirle le negó y le gesticuló: Tu no le juzgues.
–Además ya está bien que Tobirama te consienta un poco en eso...
–Yo no tengo de esas cosas, antojos.– Expresó con frialdad. Sabía lo que causaba en Hashirama y lo adoraba. Saber que el poderoso Senju, que se había ganado la atención y amor de su hermano, se afanaba tanto en querer ganarse su amistad le gustaba... Verle arrastrarse para conseguir caerle bien le resultaba divertido, pero ese era su secreto.–A mi éstas cosas no me van a ocurrir, eso es típico de mujeres y donceles ociosos y caprichosos que solo buscan atención y perpetuar unos mitos estúpidos.
Hashirama se ríe sin saber que decirle a su cuñado... Sólo ve que es como Madara pero en doncel, aunque quizás más reacio, terco y más arisco que el varón Uchiha. Así que solo le queda despedirles por ese día y citarles para el próximo mes en el hospital.
Esa misma noche, tras cenar e irse a dormir, Tobirama nota al Uchiha removerse en la cama. Primero a un lado, luego cambia de posición hacía el otro lado y así varias veces sin parecer encontrar la postura idónea para poder dormirse, no le dice nada... No quiere volver a ser golpeado por un Izuna algo susceptible por las hormonas del embarazo. Suspira para si y se arma de paciencia. Finalmente todo movimiento se detiene y piensa que por fin podrá relajarse él también, empieza a dormirse cada vez más profundamente, o todo lo profundamente que puede dormir un shinobi... Eso hasta que su azabache se levanta sin hacer ningún ruido, incluso le siente inclinándose hacía él mirándole, como cerciorándose de que está dormido y cuando ya está satisfecho, sale de la habitación cual misión de infiltración; silencioso, moviéndose felinamente, a hurtadillas. No le da importancia a que se levante, seguramente Izuna debe ir al baño de nuevo. Su hermano ya le ha informado de los cambios y de las incomodidades que puede sufrir mes a mes el Uchiha. Tampoco va a quejarse por esos cambios que afectan a Izuna, él buscó el preñar a su pareja y le toca aguantar todos y cada uno de los estados del doncel en esa nueva etapa de sus vidas… Pero, su azabache tarda demasiado, así que se concentra y siente el chakra del Uchiha en la cocina... Frunce el ceño al escamarle eso y más al escuchar el ruido de la nevera y de cómo trastea por ahí. Se levanta sin hacer ruido y, se dirige donde le nota escondiendo su chakra o intentándolo, el embarazo le afecta en esas capacidades en especifico. Izuna, al igual que él, es buen sensor y si está actuando a hurtadillas eso es para esconder algo, y él quiere descubrir que trama...
Le pilla con medio cuerpo en la nevera, hurgando entre varios productos que agarra con los ojos brillantes de emoción, para llevarlos a la encimera y empezarlos a mezclar... Su labio se arruga en repulsión al ver las extrañas mezclas que hace el Uchiha, que de tan ensimismado ni se siente observado... Pescado con mermelada, fresas con curry, todo aderezado con un poco de sirope de chocolate... Que no recordaba haber visto en la cocina, lo que significaba que su azabache esconde comida que sabe que no está incluida en esa dieta sana que tiene para él en su etapa de gestante.
Enciende la luz ya no aguantándolo más. Su pareja SÍ tiene antojos por mucho que quiera hacerse el digno y haga todo un discurso sobre que él como buen y gran guerrero, del poderoso clan Uchiha, no sufre de esas tonterías y caprichos de preñados de baja clase y menos dignidad.
Izuna salta, tensándose y quedándose quieto en su lugar, algo encogido y con los mofletes llenos por la gran cucharada de comida que se ha llevado a la boca… Como si así no fuera a verlo... Revira los ojos.
–Izuna... Se lo que estás haciendo.– De pronto sonríe en burla.– Ya verás cuando se entere Hashirama tras las palabras arrogantes que le has soltado.
Y de pronto Izuna se giró veloz... Y él no estuvo a tiempo de cerrar los ojos...
...
Cuando despertó la luz se colaba por la ventana de la cocina, se incorporó sintiendo dolor en todo su cuerpo por haber estado durmiendo sobre el parquet del suelo y sobretodo adolorido de su lado izquierdo: cara, hombros, brazo... Como si se hubiera caído hacía ese lado. No recuerda nada, no recuerda que hace en la cocina ni porque durmió allí... Se frota la frente y frunce sus cejas intentando recordar que le ha sucedido... Nada, no recuerda nada.
CONTINUARÁ…
*Ojo a la virulé=Ojo amoratado.
