4- NINPPOU: VISIÓN Y ESCUCHA INTERNA NO JUTSU
Y ahí estaban ahora, en el hospital para esa cita programada hace un mes atrás donde según el exagerado de Hashirama le haría una técnica secreta que creó para verle por dentro el útero. Sinceramente no tenía ni idea de que en que consistía dicha técnica y lo cierto es que no tenía claro si dejársela hacer. Sabía que el mismo moreno se lo había intentando explicar pero... ¡Maldita sea! Hashirama hablaba hasta por los codos y a las dos frases del moreno, que encima se ponía nervioso ante el escrutinio firme al que le sometía, terminaba desconectando o buscando un pretexto para escabullirse. No sabía como su hermano mayor podía tolerar la gran bocaza del Senju. Vale eso no era cierto, si que lo sabía... Madara había sonreído maliciosamente, cuando se lo había preguntado, mientras hacía un gesto obsceno con la boca y la mano. Ahí le quedaron claras las cosas… la boca de Hashirama no sólo servía para hablar y hablar durante horas, sino para hacer unas buenas mamadas según Dara.
–Exacto, Izuna... Hashirama tiene una boca perfecta para menesteres más adecuados que hablar.
–Ya, ya... Tampoco quería que fueras tan explicito. Yo no te voy contando para que es buena la rata albina.
–Mejor que no... Bastante tengo con saber que folláis y que por eso tienes un mini Uchiha-Senju ahí dentro.– Mientras gruñía señalándole el vientre.– ¡Que gustos más asquerosos tienes Izuna!
–Al menos mi Senju no es un bocazas al que necesito meterle el pene en la boca para conseguir que se calle.– Contraatacó. Admiraba mucho a su mayor, aunque desde que le pilló siendo follado por Hashirama ya no en la misma medida que antes. Un mito había caído ese día y un trauma nació en él. Vale eso no era cierto pero si que le entraron ganas de vomitar y tuvo pesadillas durante semanas sobre ese tema… Pero seguía queriéndole mucho, por algo era su hermano mayor.
–No, dejas que el tuyo...
–¡Cuidado con lo que vas a decir! Y más sabiendo que no es nada que no hayas hecho tú con Hashirama y Mito.
–Pero yo no soy el que se queda preñado...
–Tuviste suerte de nacer varón y no doncel.– Levantando los hombros para quitarle importancia; igual que hacía él pues era algo que ya había aceptado hace tiempo. Ser doncel no le hacía menos como ya había demostrado con creces.
–Esta bien... Lo cierto es que me alegra ser tío.– Aunque hizo una mueca.– Lo único que me molesta es quien es el padre de mi sobrino. Espero que le pongas ganas a la gestación y hagas que todas las características que herede el niño sean de un Uchiha.
Izuna levantó una ceja. Él no podía decidir nada respecto a como saldría el crío... No era como si pudiera conferirle chakra o hacer alguna técnica secreta para que ese bebé naciera pareciendo lo máximo posible un Uchiha... Además, no lo había confesado nunca y no pensaba hacerlo ahora, pero, el cabello tan blanco de Tobirama le gustaba demasiado. Adoraba pasar sus dedos entre esas hebras tan níveas, ver como el pelo se ensortijaba rebelde entre sus finos dedos era uno de sus grandes gustos. Así que no le molestaría que ese crío que iba a tener poseyera esa característica del albino.
–Mañana vas a la cita con Hashirama para que te haga su jutsu especial... Es emocionante ver al pequeño y escucharle.– Él lo había vivido con los dos embarazos de su princesita pelirroja y le emocionó. Por una vez tuvo que reconocer que Hashirama se había esmerado con la creación de esa técnica, le premió bien esa noche.
–No creo, estoy ocupado...– No se fiaba de Hashirama, por mucho que fuera la pareja de su hermano. Una cosa es que no le terminara de desagradar el moreno o, que también disfrutara de tratarle con indiferencia y frialdad para joderle y ver como Hashirama se esforzaba en intentar caerle bien; la otra es que confiara en que Hashirama Senju, un ex rival al que no pudieron vencer durante las guerras entre sus clanes, le aplicara algún extraño jutsu que había creado... ¿Y si ese buscaba dañarle de alguna forma? No, definitivamente no dejaría que ese Senju aplicara alguna técnica en él.
–¡Izuna Uchiha! Vas a acudir a esa cita y dejaras que Hashirama Senju aplique su técnica en ti.– Observó la mirada molesta de Izuna, mezclada con duda y cierto temor.– Oh, por favor hermano... ¡Basta ya con esto! Hashirama no quiere dañarte, los tiempos de batallas entre nuestros clanes quedaron atrás y recuerda que él siempre buscó la tregua con nosotros... ¡Si te salvó la vida tras el ataque de tu amada rata!
–Con la rata ya superemos eso... Pasemos mucho tiempo peleando incluso aquí en Konoha para al final terminar soportándonos y luego... Lo otro.
–No me lo recuerdes... Día si y día también teníamos que estar vigilando que no os agarrarais a luchar.– Y de eso pasaron a tener sexo como conejos... Menudos dos.– Hashirama nunca nos quiso mal y ahora solo está emocionado por ese sobrino que crece en tu interior.
–No me lo recuerdes... Mi pobre crío también tendrá que soportarle. Hasta yo me arrepiento de que la rata sea el padre de este bebé que gesto...
Un suave golpe en la frente fue la respuesta de su mayor.
–¡Ya basta! Se que no odias a Hashirama, se que más bien disfrutas en hacérselo creer para que actúe más idiota de lo que ya es.– Y toleraba ese jueguecito de su hermano porque también le divertía ver a Hashirama preocupado y llorándole porque:
"No consigo caerle bien a Izu, Mady... ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?".
Esos eran los dramáticos llantos del moreno... Algo de lo que se aprovechaba. A cambio de conseguir lo que deseaba... coff coff sexo duro coff coff... Le prometía a Hashirama ayudarle en ese problema con Izuna. Y ese era el motivo por el cual no paraba a Izuna, porque él también le sacaba provecho a la situación.
–Como si no te divirtiera verle así... –No pensaba disculparse por su comportamiento, se encabezonó el Uchiha menor.
–La cuestión es que sabes perfectamente que Hashirama no te va a dañar, quiere mucho a su hermano, también quiere a ese pequeño que crece en tu interior y te aprecia mucho a ti.– Le vio fruncir el ceño con terquedad.– ¡Vas a ir y punto! Y cuando salgas del consultorio me lo agradecerás... Ya lo verás.
Y ahí estaba, esperando junto a Tobirama. Los dos con una falsa apariencia de calma que engañaba a ojos menos expertos, pero los grandes shinobis podrían notar que ambos estaban algo tensos. Uno porque deseaba por fin ver a su pequeño en el útero de su Uchiha, y más después de haber visto el funcionamiento de esa técnica y lo que dejaba ver a los que estaban en el mismo cuarto donde su hermano la aplicaría. El azabache en cambio estaba tenso porque no sabía que esperar... Su hermano le había dicho que al terminar se lo agradecería, pero él sólo podía pensar que Hashirama Senju le haría algo a su cuerpo al aplicarle un extraño jutsu que había creado.
En esos momentos Izuna temía por él y no porque le pudiera suceder algo al bebé que crecía en su vientre, su mente aun no había llegado a ese punto, su instinto maternal no existía aún para ese entonces... Izuna aun tenía un pensamiento egocéntrico a diferencia de otros donceles gestantes; no le juzguéis, él no esperaba quedarse embarazado y lo único que había conocido en su vida, para lo que se había preparado siempre, era para ser un avezado y sanguinario guerrero.
–Tobi, Izu, pasad por favor.– Un sonriente Hashirama abrió la puerta para que entraran. –¿Estáis preparados para ver a vuestro hijo? ¡Yo estoy muy emocionado!
La pareja entraron como sino sucediera nada. Ambos entrenados en ocultar sus emociones, aunque a Hashirama no le engañaban, pero el moreno no quiso decirles nada... Entendía lo que debían estar sintiendo en esos momentos.
–Por favor Izuna, túmbate en la camilla y desnuda tu zona abdominal.– Pidió, no necesitaba preguntar nada sobre como se había sentido Izuna durante ese mes entre su anterior 'revisión' y esta. Primero porque la respuesta del doncel Uchiha sería: "bien", así sin añadir nada más por mucho que le preguntara; segundo porque todas esas cuestiones se las terminaba explicando su hermano, que conocía muy bien a su Uchiha y, con el cual se veían cada día.
Una vez el azabache cumplió lo que le pidió, le miró sonriente antes de proceder... Para encontrarse una mirada fulminante y desconfiada. Realmente Izuna le odiaba, pensó guardándose las ganas de irse al rincón a deprimir.
–Uchiha...– Avisó su hermano Tobi para que su pareja no siguiera con eso. A cambio recibió un bufido, si, si, cuál gato casi y como el azabache realizaba una mueca molesta.
–Voy... Voy a proceder. Quizás sientas un cosquilleo.– Y procedió haciendo los sellos para luego aplicar sus manos encima de Izuna, que se tensó mientras le fruncía las cejas amenazante.– Lo siento... Lo siento... Jejejeje.
Poco a poco sus manos empezaron a brillar en verde, una esfera que iba visionándose entre sus manos a medida que las iba separando... También empezó a escucharse cada vez con mayor nitidez un 'bum-bum' veloz y agitado. Era el corazón de un bebé. A su lado Tobirama abrió grande los ojos mirando la esfera y escuchando el sonido.
–¿Eso... Es... Es su corazón?
–Así es y éste es... Es él. Es un chico.
Con nitidez en la esfera se apreciaba la silueta de un bebé aun en formación, pero del cual se podían apreciar todas sus partes a la perfección, entre ellas sus genitales. Tobirama miraba la esfera con una mirada emocionada y una pequeña sonrisa en sus labios.
–¿Esta todo bien en él?
–Si, está perfecto hermano.
Miró a Izuna para saber si tenía alguna pregunta o algo, porque lo cierto es que su cuñado no había abierto la boca y normalmente eran las futuras mamás las que estaban muy emocionadas ante ese instante y las que mostraban esas miradas embelesadas y cargadas de felicidad. En cambio el Uchiha estaba observando todo en silencio, su expresión no había cambiado ni un ápice... Ni una sonrisa, ni una lagrimita de felicidad por estar viendo a su bebé, ni ojos brillantes... Nada. Parecía como ausente, pero a la vez observaba todo como si estuviera analizando, como cuando analizaba y meditaba sus siguientes pasos en las batallas. Su propio rostro se tensó, disconforme ante esa forma de sentir del hermano de Madara. Incluso su Mady había reaccionado ante la primera vez que aplicó la técnica en Mito... Vale no había derramado lágrimas como le ocurrió a él al observar a sus futuros hijos, pero sí había mostrado una mirada cargada de orgullo y una sonrisa de feliz complacencia. Pero no le dijo nada a Izuna al recibir una mirada de advertencia de Tobirama que se había dado cuenta de la molestia que sintió hacía el doncel Uchiha por su desinterés en su propio hijo.
–Voy a deshacer ya el jutsu. Tu hijo está bien Tobirama, está sano y está creciendo bien.– No es que fuera alguien que se molestara por tonterías, pero si que le sentaba mal la nula respuesta de Izuna ante el bebé. Él estaba emocionado por ese sobrino, Madara y Mito también; su hermano menor estaba feliz porque iba a ser padre... Izuna no. Y eso le dolía y por ese motivo se estaba dirigiendo a Tobirama e ignorando a Izuna.– Puede vestirse y levantarse.
–Hashirama...– Advirtió el albino a su hermano que estaba juzgando a su Uchiha sin conocerle. Le miró molesto mientras ayudaba al azabache a incorporarse y le guiaba fuera del consultorio.–Vamos Izuna.
Izuna camina delante suyo, distante, ensimismado en si mismo sin fijarse en nada de su alrededor, ni siquiera viendo que él no está a su lado... Camina fijo hacía el hogar que comparten. Él no va a juzgarle pues le conoce bien, conoce a su Uchiha mejor de lo que se conoce el azabache a si mismo.
Llegan a casa e Izuna se queda quieto, dándole la espalda, su cuerpo tiembla imperceptiblemente y le da la vuelta con suavidad, viendo lo que ya sabía... En sus ojos negros la emoción que ya no ha podido seguir enmascarando, una mirada cargada de humedad en esos bellos ojos negros. Acaricia su rostro y es entonces que su Uchiha le mira, sus ojos brillantes que se elevan hasta perderse con los suyos, su labio inferior tiembla y le ve bajar las manos con lentitud hacía su vientre.
–Tobi...– Susurra como si no quisiera romper la magia del momento, una lágrima cae de sus ojos mientras una suave sonrisa se forma en esas delicadas facciones. –Voy a ser mamá... Vamos a ser padres.
–Si, Izu... Un pequeño bebé. –Una de sus manos se posa encima de las de su doncel en ese lugar donde su hijo está creciendo.
–Era perfecto...– Rememorando esas imágenes que le han emocionado tanto que le han superado en ese momento.
Lo abraza encontrándole tan adorable. Le besa con suavidad e Izuna corresponde.
–Si lo era... Igual que su bella y fuerte madre.
A Izuna le ha costado aceptar que realmente tenía una vida creciendo en su interior, igual que le cuesta gestionar las fuertes emociones que posee e igual que se le dificultan los cambios. Conoce bien a su Uchiha.
