8- ESTRIAS
Izuna sale del baño con una toalla rodeando su cuerpo. Tobirama puede confirmar que su Uchiha ha perdido esa forma esbelta en la zona abdominal, ese estomago plano que poseía ha desaparecido. Un vientre, que anteriormente a su estado grávido había estado marcado por fuerte musculatura, ahora se muestra abultado signo de que su hijo está creciendo en ese lugar y eso le convierte en alguien perfecto a sus ojos. Le observa embelesado mientras el doncel está distraído terminando de secar las puntas de su largo pelo, cuando deja la toalla de la cabeza, en el baño y sale de nuevo solo con la que le rodea el cuerpo su mirada rojiza cambia a una hambrienta, su azabache es aun más sexy que antes. Nota un hormigueo recorrerle el cuerpo, instalándose en su ingle, se relame los labios mientras empieza a acariciar su miembro con suavidad... Izuna se está desenredando el pelo con sus dedos, de pronto se gira al notarse observado con esa intensidad y le levanta una ceja.
–¿Qué?
–Ven aquí Uchiha.– Ve su mueca.– ¿Acaso tienes miedo de un Senju?
Izuna levanta su mirada hacía el techo un milisegundo, ha captado las intenciones del albino y su juego.
–¿Es en serio Tobirama?– Ve como su pareja le responde con acciones, destapando su cuerpo de la colcha de la cama y mostrando su erección a través del fino pantalón que lleva. Suspira algo divertido, aunque sintiendo el calor recorrerle al verle.– Un Uchiha no tiene miedo a un Senju, y menos a ti, rata.
Izuna camina hacía él, puede que ya no muestre la misma elasticidad y gracia felina que antes de estar embarazado, pero para sus ojos sigue poseyendo ese erotismo y sensualidad en sus movimientos. Se sienta en la cama al detenerse el azabache en el borde del colchón y levanta sus manos acariciando esas fuertes piernas, subiendo por el contorno de su cuerpo todo y la toalla, mientras sus labios dejan un superficial beso en su vientre, todo y el tejido que se interpone. Sus manos llegan al final de la toalla y la arranca del cuerpo de su pareja.
–Así mejor.– Ahora podrá tocar la suave y cálida piel de su Uchiha.
Le abraza contra su cuerpo y acunándole le hace tumbarse en la cama, está siendo cuidadoso por el estado de su pareja, pues antes le hubiera tirado contra el colchón para iniciar sus juegos sexuales.
Observa que Izuna tiene marcas en su vientre, producto de que la piel se está distendiendo. Las resigue con un dedo, mientras le observa con cariño.
Izuna le mira sin moverse de su posición, extrañado de que se haya detenido y solo le toque con esa suavidad y le observe.
–Tienes estrías.– Le responde la muda pregunta.
–¿Estrías? –Se incorpora un poco para ver que es eso.
Tobirama se las muestra, están en su vientre, sobretodo en los laterales.
–Son producto del estiramiento de la piel por el crecimiento del vientre al crecer nuestro bebé.
–Ah... ¿Deberían preocuparme?–Eran una marca más en su piel, estaba lleno de cicatrices producto de heridas de entrenamientos y batallas. La más grande y llamativa la de su estomago donde ese mismo hombre que le ha robado el corazón le asestó un tajo mortal años atrás.
–Para nada. Es sexy saber el motivo de las mismas. Serán marcas producto de dar vida y no por muerte y odio. –Besó esa zona.
Tobirama tenía razón, serían las primeras marcas producto de generar vida y no muerte. Volvió a colocarse cómodamente y fue para acariciar ese pelo del Senju que adoraba, mientras este seguía besando su piel y pasando su mano en lánguidas caricias por su cuerpo. No le preocupaba que el fuego de hace apenas unos minutos se hubiera extinguido y ahora solo estuvieran acariciándose con calma y ternura.
Las manos finalmente se mueven con mayor vehemencia y los besos suben de intensidad. Izuna jadea mientras agarra el pelo de Tobirama en gruesos mechones entre sus dedos... Está calentándole de nuevo, aunque no es muy difícil que el Senju consiga eso, sabe donde debe tocarle para excitarle. Esa noche terminaron haciendo el amor de una forma más suave y pausada que en ocasiones anteriores, su vientre y su estado tampoco permitían hacer algo más impetuoso, pero si que aun estaba capacitado para cabalgar a su hombre hasta el final, con una leve ayuda del albino para facilitarle el movimiento.
