10- COMPRAS
¡Mierda! ¿Cómo podía tener tan mala suerte? Bufó exasperado mientras caminaba detrás de esos dos, sus cuñados. Hashirama y Mito le habían obligado a ir de compras con ellos. Recuerda que le había ido a buscar a su hogar esa mañana y con la excusa de ir a desayunar y que le invitaba -así se saltaba la sana dieta que tenía programada Tobirama para ambos-, y cayó... Mito le había engañado pero bien. Cuando estaban desayunando con la pelirroja, llegó Hashirama y le dio la gran noticia: No tenía que ir a supervisar el entrenamiento de sus alumnos y podían ir de compras juntos. Rodó los ojos e hizo una mueca.
–Vamos Izu-bebé, va a ser divertido.– Le dijo el Senju mientras le guiñaba un ojo.
Y él gruñía por el mote que le daba el moreno y por no poder escaquearse, mientras Mito sonreía divertida.
Tobirama se había excusado alegando trabajo... Y claro, Hashirama encantado pues su hermano y Madara le cubrirían y él podría descansar de su puesto de Hokage por un día, además de convivir con su arisco cuñado y quizás seguir limando las asperezas entre ellos. Lo cierto es que ver a Izuna embarazado, a medida que le iba creciendo el vientre, le daba ternura y ver esos gestos y miradas furibundas del Uchiha hacía él, que antes le provocaban nerviosismo por no poder conseguir agradarle, ahora le parecían adorables... Era tan bajito, delgadito, mono y adorable con esa barriguita cada vez más abultada y esos gestos molestos y ofendidos... Le daban unas ganas terribles de abrazarle y mimarle, ahora entendía que había visto Tobi en Izuna.
Y así empezó la tortura del azabache, después de ese desayuno, al que le invitaron, y siguiéndoles por las calles más comerciales de la Hoja mientras maldecía el haberse dejado engañar por poder comer algunos dulces como desayuno. Le habían pillado por goloso y por glotonería. Pero Izuna era mucho Izuna, aunque tuviera una barriga de embarazado que le hiciera caminar algo lento y bamboleante, encontró la manera de escabullirse... Su oportunidad llegó mientras visitaban la primera tienda, al ver enloquecer a sus dos acompañantes en un frenesí comprador.
–Sabia que no durarías mucho acompañándoles, hermano– Fue el saludó del Uchiha mayor al aparecer su hermano por el despacho donde estaban ocupándose de las funciones del Hokage con la rata albina. Tobirama por su parte se levantó de su asiento y guió a Izuna al sofá para que descansara su espalda y piernas.
–Sabes que sería mejor que no usases chakra.– Le rgañó, y es que su pareja había aparecido con un sunshin no jutsu. Miró el reloj en la pared. Izuna no había durado ni 10 minutos con Hashirama y Mito de compras.
Izuna levantó la vista y observó ese reloj del despacho, así que hacía 10 minutos que Hashirama había abandonado su puesto para reunirse con ellos en la cafetería y así empezar la jornada de compras... Y en apenas ese tiempo ya le dolía la cabeza de escucharles parlotear, sobretodo al Senju, Mito se mostraba más serena y calmada.
–No se como lo aguantáis... –Pues ambos en ese despacho tenían que aguantar a Hashirama.
Madara sonrió y realizó un gesto obsceno mientras se relamía el labio inferior.
–No quería haber visto eso. –Gruñó el albino.
–Ya, rata moralista... Porque está claro que a Izuna le preñó la voluntad de fuego...
–¡Basta! –Miró a su pareja levantándole un dedo en amenaza.–No te atrevas a contestarle a eso.
No deseaba que su intimidad fuera puesta sobre la mesa, no quería que él y el sexo qué compartían con su albino fuera tema de discusión.
–Mejor vamos a trabajar y dejamos cualquier referencia a otros temas que no sea de Konoha o los clanes de lado.
–¡Izuna! Has desaparecido de golpe. –No han estado buscándolo porque su chakra se había esfumado demostrando que había desaparecido de la zona. –Pero tranquilo ya lo tenemos todo y os lo he dejado en casa bien colocado.
Sonríe animado, su hermano y cuñado ya no tendrán que preocuparse. Ambos están muy ocupados y así les quita un peso de encima, de paso se ha podido escaquear unas largas horas del aburrido y tedioso trabajo de oficina y eso para él es motivo de felicidad... Nadie le había dicho nunca que ser Hokage iba a ser un trabajo tan pesado y monótono.
Cuando Izuna y Tobirama llegan a su hogar, junto a Hashirama que les ha querido acompañar para observar su dicha por su buen trabajo realizado, abren los ojos llenos de asombro, ¿qué representa todo eso? ¡Hay demasiadas cosas por todos lados! Ambos miran a Hashirama que sonríe alegre.
–Es...– No le salen las palabras a lo que está contemplando.
–Si, es...– Coincide con su pareja.
–¡Es perfecto! ¿Verdad?– Hashirama pregunta emocionado.
–No, hermano... Es demasiado.
–Si ni se puede entrar. –Mire por donde mire hay demasiado de todo. Se siente hasta claustrofóbico por tantas cosas por todos los rincones y espacios. –¡Devuélvelo!
Le dice con seriedad su cuñado sintiéndose abrumado.
Mito y Madara llegan en ese instante. Y el Uchiha mayor le da una colleja a su pareja morena.
–Hashirama, ¿Has vuelto a las tiendas después de separarnos?– Pregunta la pelirroja sin salir de su asombro. Hay tanto de todo... No hay espacios libres por ningún lugar de esa habitación... Demasiados juguetes, demasiados adornos, demasiada ropa, demasiados colores llamativos... Todo mezclado con muy mal gusto.
Asiente mientras se soba la cabeza donde su tirano azabache le ha golpeado.
–¿No habéis comprado juntos todo esto? –Pregunta Tobirama a la Uzumaki.
–¡No! Esto es demasiado y yo le había puesto freno a mi esposo... Solo un par de adornos para encima de la cuna, algún adorno para darle color a las paredes, algún juguete y juegos interactivos y estimulantes, chupetes, pijamas y otras cosas que se que vais a necesitar por experiencia.
Pero eso que estaba viendo era agobiante y exagerado. Miró a su marido moreno y suspiró... Cuando Hashirama se emocionaba debían ponerle freno.
Observó las muecas de sus cuñados, Izuna realmente parecía superado ante tanto objeto, a punto de saltársele una vena de la frente mientras su ceño se fruncía cada vez más ante la avalancha de objetos y más objetos de la habitación de su bebé. Era claro que se sentía superado y a punto de cabrearse de verdad.
–Nosotros nos ocupamos, Izuna, Tobirama... Ya que ha sido Hashirama el culpable.
–Pe-pero... Si está genial.– Se queja el moreno.
–¡Idiota! Está discusión ya la tuvimos cuando nuestra princesita estaba preñada de Hanna.
Hashirama miró a su amante azabache y entrecerró los ojos... A su memoria llegó esas discusiones con Mady por él querer comprar toda la tienda y el Uchiha negándose... Mito tuvo que intervenir y poner paz, o lo que es lo mismo: al final se hizo lo que la Uzumaki quería.
Miró a Izuna y le ve realmente afectado y en un estado ansioso por mucho que intentara controlarlo, y todo por esos cambios y esos excesos. Había comprado emocionado porque iba a ser tío sin tener en cuenta la forma de ser de su cuñado y su hermano.
–¡Lo siento mucho!– Se inclinó respetuoso sintiéndose mal por causarle eso a Izuna. –La emoción de consentir a mi sobrino me ha podido. Lo dejaremos tal como estaba.
–Gracias hermano, y no te preocupes. Se que estás feliz y te preocupas por nosotros.– Miró a su pareja y le hizo un leve movimiento con sus ojos. Su hermano no lo había hecho con malicia, realmente quería ayudarles. Terminó susurrando su nombre.–Izuna...
Miró a Hashirama viéndole realmente compungido.
–Puedes dejar lo que habías escogido junto a Mito.– Aceptó. Esos pequeños adornos y objetos escogidos también por Mito los aceptaría. Si la Uzumaki con su experiencia de dos embarazos le decía que eran necesarios le haría caso.
–¿Si? –Preguntó animado y alegre a su pequeño cuñado. Éste le asintió. –Gracias Izuna.
Y antes de que Izuna abandonara el cuarto había podido ver en él un leve sonrojo en sus mejillas y cierto bochorno. Le resultó tan adorable el comportamiento azorado del doncel Uchiha... Definitivamente empezaba comprenderle y saberle leer, aunque habías de ser muy observador... Por eso con Tobi se entendían tan bien, su hermano siempre había sido muy minucioso y observador.
–Eso es un gracias al estilo Uchiha...– Le explicó Tobirama a Hashirama al ver a su pareja marcharse a la planta baja de su hogar y dejarles allí.
–¡Oye! Que estoy aquí maldita rata.– Se quejó el Uchiha más mayor.
–¡Lo se!–Le respondió a su hermano ignorando a Madara y sus quejas, con una gran sonrisa en sus labios. Por fin entendía a Izuna Uchiha y no era tan diferente a su Uchiha.
–¿Tú también inútil?– Ahora también le ignoraba su pareja y encima le daba la razón a esa maldita rata albina.
–¡Te quiero Mady! –Mientras le daba un suave beso y le guiñaba un ojo para contentar a su azabache, que bufó, pero se calmó.
Mito de mientras sonreía.
–¡Venga! Manos a la obra que mañana tenemos que devolver un montón de cosas a sus respectivas tiendas.
