12- FUGAS DE LECHE
Se agacha y le sale leche. Estornuda y le sale leche. Hace cualquier mínimo esfuerzo y le sale leche... Esta un poco, muy, harto. No sólo tenía que lavar cada día varios de sus haoris y camisetas, sino que encima, pasaba mucha vergüenza por tener que ir con los redondeles en sus pectorales, ¡por el medio de la maldita calle! O, ¡supervisando a su equipo!, por culpa de las perdidas de leche. Era tan jodidamente bochornoso... Y encima se le quedaban mirando y él sólo tenía ganas de asar a todos esos malditos mirones con un amaterasu.
Pero espera, ¿a quien quería engañar? Lo suyo ya no eran pectorales como los que poseía antes: duros, firmes, fuertes... Vale, no tan abultados como los de su hermano o su pareja, pero pectorales fuertes y fibrados eran lo que había conseguido a base de entrenamiento y peleas, y ahora... ¡Le habían crecido tetas! No es que fueran tetas como las de una mujer, pero si que se le habían abultado los pectorales y no, no era de músculo, tal como mostraba su estado preñadísimo y esas malditas fugas de leche... ¡Joder si a veces parecía un jodido surtidor! Negó cabreado mientras liberaba un gruñido. Tobirama hacía técnicas acuáticas expulsando un potente chorro de agua por la boca al concentrar su chakra y él, él podía hacer una técnica de leche, porque si, a veces le salía un buen chorrito. Y ahora otra vez a cambiarse... De nuevo... Por quinta vez en lo que llevaba de día.
Llegó a su hogar y al ver a su esposo le miró mal, pasándole de largo para ir al cuarto y así poder deshacerse del haori, limpiarse y ponerse otra cosa... Que seguro que en dos segundos ensuciaría, de nuevo.
–¿Izuna?– Pero su pareja le pasó de largo. Suspiró mientras ponía su mano derecha encima de sus ojos, para seguidamente seguirle.– Seguro que haces que me arrepienta de preguntar pero, ¿qué te sucede?
–Por tu culpa solo hago que acumular ropa sucia... Imbécil.– ¿Es que acaso no era evidente? Ambos lavaban la ropa y estaba claro que Tobirama habría visto el ejercito de camisetas y prendas superiores que había puesto para lavar.
–Si que la he visto... No entiendo porque pones tanta ropa a lavar.– Pero como los Uchiha eran algo especiales no había querido encarar a su pareja por una explicación.
–¿No lo entiendes? ¡Qué no lo entiendes!– Se giró aun con lo puesto encima.– ¿Me vas a decir ahora que sigues sin entenderlo?
Tobirama negó sin haberse fijado en las dos más que evidentes manchas en la zona de donde estaban los pezones de su pareja, que gruñó ante su negativa.
Izuna le agarró del cuello de su propio haori y tiró de él con fuerza, haciendo que su cara quedara pegada a los hinchados pectorales del azabache y, a ver por fin la húmeda mancha, sintiendo también el aroma que desprendía esa mancha.
–¿Lo ves ahora? ¿O de tanto usar el sharingan en ti te has quedado ciego o medio tonto?– Soltó cabreado, tanto que no se dio cuenta de lo que acababa de soltar sobre su pequeño crimen hacía el albino.
–Espera, ¿qué?– ¿Había dicho que usaba el sharingan seguido con él?– ¡Izuna! ¿Me puedes explicar lo que acabas de decir?
–Ahora no viene al caso, ¡mierda!– Estaba tan ofuscado que había confesado. El embarazo le estaba pasando factura... Buscó desviar el tema.– Lo importante es que me duelen los pectorales y me sale leche como si fuera un jodido surtidor. ¡Eso es lo importante aquí!
Soltó un sonido molesto... ¡Uchihas! A su retaco se le escapaba que usaba su doujutsu en él, pero lo importante era eso... Que le salía ¿leche? Sacó la lengua y la pasó por el tejido, sabía dulce... Aunque extraño. Pero lo que le dejó quieto fue el suave jadeo que liberó su amado y el notar lo suculentamente sensibles e hinchados que estaban esos pechos. Le miró intensamente y le abrió el haori. Ahí vio una gotita saliendo del erecto e hinchado pezón derecho de su pareja. Levantó la mirada de nuevo y vio a su azabache expectante, mordisqueándose el labio inferior, deseoso de que hiciera algo más que mirar... Y eso hizo. Lamió el camino de esa gota hasta la aureola y ese pezón erecto y engrosado al cual se enganchó. E Izuna gimió en alto mientras le sujetó la cabeza contra su pecho. No le gustaba el dulce, pero por ser algo que producía su pareja y que parecía gustarle que le diera esa estimulación, continuó. Notaba leves gotitas de ese líquido que rezumaba el pecho de su pareja. Levantó las manos y masajeó los llenos pechos haciendo que más de ese líquido saliera del pezón de Izuna. E Izuna gemía y gritaba su gozo, nombrándole de vez en cuando con algún grito agudo. Su otra mano masajeó el otro pecho desatendido y presionó, con mucha suavidad, el otro pezón entre sus dedos. De pronto su amado arqueó la espalda, todo lo que le permitía su abultado vientre y gritó mientras temblaba contra su cuerpo y esa pared contra la que le había aprisionado. Y después.. Se quedó flácido, tanto que le sujetó un poco por si acaso; con la respiración acelerada y jadeante.
–¿Izuna?– Se separó de los pectorales de su amado y le miró. Mejillas sonrojadas, mirada velada y boca entreabierta... Se quedó pasmado.– ¿Has... Has llegado al orgasmo?
Bajó más la vista y vio la mancha en sus pantalones antes de que el azabache le empujara con suavidad para apartarle.
–No...– Dijo no muy convencido y con las mejillas ahora de un furioso rojo que le llegaba hasta las orejas.
Tobirama también vio la más que evidente mancha en su trasero, signo de que si que había llegado a culminar, tanto por delante como por detrás.
–Ya, lo que tu digas Uchiha... Pero las evidencias ahí están.– Mientras le señalaba los pantalones. Sonrió arrogante... Era un genio, había dado a su pareja un buen orgasmo solo por amasarle los pechos y estimulárselos con la boca.
–¡No te rías, idiota! Esto es tu culpa... Estoy... Estoy sensible y hormonado y... ¡No he podido controlarlo!– Furioso porque Tobirama le remarcara lo evidente. Que le hubiera sucedido eso por unos simples magreos le minaba su gran orgullo.– ¡No volverás a tocarme hasta que yo lo quiera!
–Pues entonces no tardaré mucho en hacerlo de nuevo.– Buscó bromearle y a la vez remarcarle una gran verdad. Como el mismo Izuna había dicho, estaba hormonado y caliente la mayoría de veces, por esas mismas hormonas, con lo cual no tardaría mucho en buscarle o incitarle para que mantuvieran relaciones.
Su ceño se frunció peligrosamente y le fulminó con la mirada, consiguiendo que el albino se cuadrase tenso por la intensidad de su cabreo. Le dio tremendo puñetazo a su pareja y lo echó del cuarto de baño.
–Imbécil, hoy dormirás en la calle.– Le soltó con voz de ultratumba, antes de cerrar de un portazo. Y encima le había vuelto a salir jodida leche por sus malditos pezones al tensarse para golpear a esa rata albina de mierda que tenía por pareja. ¡Esto era una mierda!
–Uchihas...– Suspiró mientras se sobaba la mandíbula golpeada y se alejaba para dar tiempo a que su azabache se calmara.
