13. CONTRACCIONES
Esta sensación que sentía no le gustaba, pero todo y esa incomodidad, esa molestia, que estaba sufriendo en su bajo vientre, nadie se lo notaría al mirarle o al tratar con él. Gruñó con suavidad y se apoyó un poco en el mostrador de ese restaurante donde había decidido llevar a sus jóvenes alumnos tras saber su gran actuación durante la misión a la que asistieron junto a Tobirama y el equipo del Senju. Estaba orgulloso de sus tres alumnos: Danzou Shimura, Kagami Uchiha y Torifu Akimichi. Había escuchado el informe directamente de los labios de su pareja, que fue el líder de escuadrón, y éste le explicó que sus alumnos habían trabajado en perfecta conjunción y sincronía con el equipo Tobirama. Y como era alguien justo, y les había entrenado con gran dureza durante meses, creía que se merecían una recompensa por el gran trabajo que hacían, aunque eso fuera un enorme gasto para su bolsillo teniendo en cuenta que Torifu, como buen Akimichi, comía por diez.
–Señor Izuna, su mesa está preparada. Si me acompañan.– Asintió con gesto adusto y siguió al joven mesero junto a sus alumnos.
Al sentarse, y mientras leían la carta, cerró los ojos y expulsó el aire con suavidad, buscando una relajación que no hallaba.
"Hajime… ¿Qué haces?". Habló mentalmente a su bebé, algo que se había acostumbrado a hacer; era estúpido si tenías en cuenta que un bebé creciendo dentro de un útero no hablaba.
¿Era su hijo quien le estaba sometiendo a esa tensión y tortura? Esos pinchazos que le asaltaban eran dolorosos y cada vez iban a más.
"Por todos los dioses, ¡estate quieto un rato!"
Llevó su mano a su vientre, ignorando la animada conversación de los jóvenes, o todo lo animada que podía ser participando Danzou en ella, el adolescente solía ser algo serio. Sintió su vientre tenso, muy duro y algo más bajo de lo que estaba esa mañana. Un nuevo pinchazo le asaltó, notándolo en su piel. Retuvo el aire y volvió a soltarlo con suavidad cuando ese pinchazo se detuvo.
–¿Izuna-sensei?– Preguntó Kagami al verle con los ojos cerrados y sin notar que el mesero estaba ahí pendiente de tomarle nota.
Miró la carta sin muchas ganas, no tenía ánimos de comer nada… Estaba seguro de que le sentaría mal en su estado actual.
–No tengo hambre.– Le dijo al joven mesero.
Observó a sus alumnos y les preguntó sobre la misión, ya sabía lo sucedido pero quería conocer sus impresiones y como lo vivieron. Y aunque sus chicos solían ser muy obedientes, se miraron entre ellos con duda y luego le volvieron a mirar a él con semblantes preocupados ignorando su pregunta.
–¿Está seguro de que no desea comer nada, taichou? Mis padres dicen que no es bueno saltarse las comidas.
–No, por ahora no voy a comer Torifu.– El adolescente le miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.– ¿Vais a responder mi pregunta o seguiréis mirándome?
Shimura empezó a relatarle la misión, con anécdotas por parte del Akimichi y apuntes de Kagami en algunas partes. Mientras él iba asintiendo en señal de que les escuchaba, intentando que su respiración no se acelerara o realizar algún pequeño estremecimiento que le delatara en su creciente malestar.
–Taichou… ¿Está seguro de que está bien?– Interrumpió Kagami tras mirarse con Danzou.
Les asintió mientras apoyaba el codo en la mesa y la mejilla en su mano.
–Mi hijo está algo revoltoso, eso es todo.– Mientras realizaba una respiración algo más profunda, retenía el aire unos segundos por un nuevo pinchazo y luego lo soltaba.
– Madre me explicó que yo era bastante tranquilo y que pocas veces me movía. Dice que no se preocupó porque con el sharingan, padre, concentrándose bien, podía ver mi flujo de chakra estable, fuerte.
–Yo me movía mucho dice mi mamá. Dice que no la dejaba dormir y que sobretodo le daba muchos antojos nocturnos.– Participó Torifu con la boca llena.
–Agh, Torifu… No hables con la comida en la boca.– Se quejó Danzou.
El joven Uchiha activó su sharingan, mientras sus dos compañeros tenían un pequeña riña por ese tema y sensei intervenía, para fijarse en el flujo de chakra de taichou y su bebé. Abrió los ojos asombrado y estando seguro de que eso que estaba sucediendo en el vientre de Izuna-san no era el típico movimiento de un bebé cambiando de postura o inquieto dentro del útero de su madre. Tenía que avisar a alguien y aprovechando que la discusión entre Akimichi y Shimura había subido de tono, se marchó de allí.
Corrió por las calles de la aldea hasta localizar a la persona que había estado rastreando, que estaba con su propio equipo.
–¡Tobirama-san! ¡Debe acompañarme!– Se inclinó respetuoso pues admiraba mucho a la pareja de su sensei; en realidad les admiraba a ambos y también les tenía en alta estima.
–¿Qué sucede?
–Izuna-sensei nos ha invitado a comer para celebrar la misión del otro día y, algo le sucede. Dice que está bien, que sólo es Hajime-chan moviéndose, pero… He observado otras veces como Hajime-chan se mueve con mi sharingan y esto es diferente.
Enseguida vio al albino tensarse y empezar a correr mientras le pedía que le guiara, su equipo les empezó a seguir, también preocupados.
–¿Está Izuna mal?
–No, bueno algo tenso… No creo que sea nada malo, Tobirama-san.
En apenas un par de minutos llegaron al local y entraron de forma impetuosa.
–¿Dónde estabas Kagami?– Se escuchó el susurró de Shimura. Pero pronto se calló al ver a los recién llegados.
–¿Tobirama?– Clavando su mirada en el albino y luego en su alumno que estaba claro que era quien había hecho ir a su pareja hasta allí. Levantó una ceja sin entender.
Tobirama se plantó delante de su pareja, ignorando a los otros dos muchachos con rostro compungido y analizó a su Uchiha.
–¿Estás bien?– Preguntó al fin. Entendía que quería decir el joven Uchiha cuando fue a buscarle.
–Si. Kagami te ha hecho venir por nada…– Mirando a su alumno.
–Uchiha… No me seas terco.– Mira que eran cabezotas en ese clan y su pareja se llevaba la palma.– ¿Qué ocurre?
–Hajime está moviéndose mucho.
Miró atentamente a su pareja y vio ese leve cambio en su forma de respirar, esa tensión en su cuerpo, ese ligero malestar que cruzó su rostro, algo imperceptible para quien no conociera muy bien al azabache… ¡Malditos Uchiha, ellos y su orgullo y cabezonería! Estaba claro que algo le dolía a Izuna y le ocurría cada poco tiempo… ¿Podría ser…? Alargó la mano y la posó en el abultado vientre de su pareja y lo sintió, la tensión, como la piel se endurecía y la contracción. Observó con asombro a su pareja.
–Izuna… Estás de parto. Esto que notas son contracciones.
–¿Ya va a nacer?–Parpadeó confuso, no terminando de creerse que ya le tocaba ponerse de parto y tener a su bebé. Tobirama le asintió, mientras le sujetaba un brazo para ayudarle a ponerse de pie.
–Que alguien vaya a la Torre Hokage y avise a Hashirama. Nosotros iremos al hospital.– Sacó su cartera y dejó dinero sobre la mesa.– Seguid comiendo, yo invito.
No era cuestión que un grupo de seis púberes les siguiera hasta el hospital y luego se quedaran en la sala de espera, con sus preguntas, los grititos emocionados diciendo que serían tíos de su bebé y todas esas cuestiones. Lo que necesitaba su pareja en esos momentos era calma y paz para afrontar las largas horas de parto de tendría por delante, y con los muchachos intentando estar presentes no tendría nada de eso.
