16- PARTO

Y ahí estaba ahora… Intentando parir un bebé enorme, dar a luz era como querer hacer pasar una sandía por un agujerito. Era lo más doloroso que había sentido en la vida, prefería mil veces que le volvieran a hacer 10 de las heridas más graves que había sufrido en esos años como shinobi, que no el estar ahí abierto de piernas mientras su cuñado le miraba ahí abajo y le daba instrucciones, a él y a sus ayudante, y su pareja estaba a su lado… Dándole más instrucciones. Que si Hashirama le pedía que respirase, Tobirama haciendo de loro se lo repetía, si el médico le pedía que esperase y que iba bien, la jodida rata albina a repetirlo en tono de orden… Y eso que le había mirado mal para que se callase, pero el Senju menor ni enterado, no se daba por aludido. Su función en eso era darle palabras de animo, ser su soporte y/o besarle en la frente y no ordenarle todo, repitiendo a voz en grito lo que Hashirama decía con voz amable y suave. ¡Estaba de parto no sordo!

–Muy bien Izuna, vas bien… Respira, así muy bien… Se que duele, pero eres fuerte…– Palabras de Hashirama dichas con una voz tranquila y calmada, una tranquilidad y buen hacer que no sabía que ese tonto poseía.– Hajime es grande…

–¡Muy bien Izuna, dice que vas bien! ¡Respira, así como Hashirama dice. ¡No, así no! ¿Es que no has visto como lo hace? ¡Ahora si! ¡Bien, bien! ¡Eso mismo, duele pero eres fuerte! – Palabras de Tobirama dichas con voz firme y en tono autoritario y bastante elevado, sabía que era porque el albino estaba nervioso. Pero parecía que los hermanos se habían intercambiado los papeles y Tobirama fuera incapaz de encontrar su habitual temple.– ¡Hajime es grande!

Gruñó de nuevo, frustrado, agotado, estresado, adolorido… ¿Había dicho que estaba sumamente cansado y sufriendo mucho dolor?

–¡MALDITA SEA, TOBIRAMA! ¡CIERRA LA PUTA BOCA YA O TE METO EN UN PUTO GENJUTUSU Y SALDRÁS CREYENDO QUE ERES REALMENTE UN JODIDO ROEDOR!– Gritó ya al límite de su paciencia, que ya normalmente no era mucha, ahora imaginaos estando ahí abierto de piernas pariendo un crío enorme y todo eso ante personas que no le merecían su confianza. Necesitaba el apoyo de su compañero, su soporte, palabras de ánimo, saber que podía contar con él y no escuchando esas ordenes bruscas y con ese tonito de idiota.

La cara de susto de Tobirama fue muy cómica y, sino estuviera sufriendo esa agonía se habría burlado de él… ¡Que narices! Habría grabado esa cara con su sharingan y se la habría mostrado a todo habitante de Konoha. El problema es que en ese momento no podía controlar muy bien su chakra y en consecuencia su doujutsu, que durante segundos se mostraba haciendo que todos se tensaran ligeramente y luego desaparecía, mostrando de nuevo sus ojos negros.

Hashirama sólo rió con suavidad y el personal sanitario, una enfermera y un doncel, que le asistía continuaron con lo suyo. Para ellos era normal que las parturientas y parturientes amenazaran y gritaran liberando su estrés y furia por el dolor del parto en sus parejas. Habían escuchado insultos y gritos mucho peores saliendo de las bocas de los que estaban realizando la titánica tarea de dar a luz… Además a todos les estaba poniendo algo nerviosos el comportamiento de Tobirama Senju. Reconocían que también era algo típico en padres primerizos -y no tan primerizos-, ponerse histéricos por ver sufrir a sus parejas ese agónico dolor y/o preocupadísimos de que algo saliera mal.

–Tranquilo hermano… Sólo dale tu soporte, déjale gritar si siente la necesidad y hazle notar que estás con él.– Musitó Hashirama apiadándose de su, casi siempre, inmutable hermano que parecía algo perdido con la situación y con cual era su función ahí. Se alegraba de que Tobirama amara con tanta intensidad a Izuna, pues sino estaría mostrando su habitual mente fría y su temple. También agradecía que el pequeño Uchiha amara tanto a su hermano menor; estaba segurísimo de que era así pues no le estaba maldiciendo entre contracciones o amenazando o, directamente, achicharrándole usando su temible poder ocular. Recuerda la última mujer del clan del abanico que dio a luz… Los del sharingan eran vengativos y bastante rencorosos y, recuerda a la fémina mirar a su compañero con furia asesina por las dolorosas contracciones que sufría, mientras le amenazaba y, aprovechando uno de los momentos que su doujutsu estaba activo, le hizo caer en una ilusión horrible que dejó al hombre traumatizado y postrado en cama durante dos semanas y media. Izuna en cambio no estaba amenazando a nadie, excepto cuando Tobirama se lo mereció; tampoco les estaba lanzando miradas asesinas, sino que estaba cumpliendo las consignas que le pedían para que se diera el nacimiento de Hajime y menos gritaba en contra de los genitales de su pareja como habían visto hacer a otras y otros.

Un suave sollozo escapó del azabache mientras echaba la cabeza hacía atrás algo agotado tras otra fuerte contracción, le miró viendo como de sus ojos escapaban algunas lágrimas mientras buscaba regular su respiración. Mira a su vez a su hermano, como esta haciendo bien su papel, animando de forma suave al doncel, besando su frente, sujetando su mano, limpiándole el sudor que corría por su rostro, dándole pequeños sorbos de agua.

–Lo haces bien Izuna… Eres muy fuerte, gatito.

Sonrió con ternura al escuchar las suaves palabras cómplices de su hermano menor dirigidas al Uchiha y como éste le devolvía una mirada cansada pero le asentía con lentitud.

–Duele, Tobi… Y estoy tan agotado.– Un susurro ronco, apenas musitado para ser sólo escuchado por los oídos del albino, pero que él logró captar por ser un shinobi con los sentidos muy bien entrenados. Igualmente se hizo el sordo y el ciego ante la tierna escena de dos personas que se amaban, confiaban mucho entre ellas y estaban viviendo un momento tenso y doloroso pero a la vez muy hermoso.

–Ya lo se, pequeño… Pero pronto pasará y tendremos a nuestro bello bebé entre los brazos. –La sonrisa del azabache fue débil, apenas una ligera sombra de una sonrisa, pero que Tobirama captó a la perfección.– Estoy muy orgulloso de ti. Mi fuerte y fiero guerrero, estás librando una nueva y dura batalla; una batalla que traerá dicha y alegría a nuestras vidas.

La tensión volvió a reflejarse en el bello rostro del Uchiha y Hashirama miró entre esas esbeltas piernas algo manchadas de sangre, el bebé estaba coronando.

–Muy bien Izuna, vuestro hijo está en posición y está listo para que en la siguiente contracción empujes con todas tus fuerzas.

El azabache le miró intensamente y supo que seguiría esa instrucción por muy cansado que estuviera, habían sido largas horas las que llevaban allí, sufriendo contracción tras contracción y dilatando, un proceso que había sido especialmente largo. Los donceles solían tardar algo más en dilatar que las mujeres y al Uchiha aun le había costado algo más llegar a estar lo suficientemente dilatado para poder "expulsar" a su bebé. Hashirama, además había podido ir comprobando, revisión tras revisión, que Hajime había ido creciendo a buen ritmo hasta convertirse en un bebé de buen tamaño, demasiado grande y todo para su pobre mami. No le iba a ser nada fácil a Izuna parir a su primogénito, el pequeño era de gran tamaño y el Uchiha era estrecho de caderas, todo él era pequeño y delgado.

Y cuando las pulsaciones del azabache subieron y la tensión de su cuerpo se hizo palpable fue que supo que era el momento, respiró en profundidad y se preparó para intervenir, no iba a dejar que su cuñado sufriera ningún inconveniente, tampoco el que sería su primer sobrinito, no iba a perderlos a ninguno de los dos.

"Todo saldrá bien." Se autoafirmó para darse la seguridad y la calma que necesitaría.

Izuna apretó las mandíbulas y empezó a pujar con todas sus fuerzas tal como le pedía Hashirama. El sudor cubría su piel y las lágrimas bajaron furtivas por su rostro ante el dolor que estaba sufriendo. Sin reconocer el sonido que salió de su boca, había liberado un grito agónico, mientras seguía presionando sus músculos para favorecer el nacimiento de su hijo. La contracción cesó y él se dejó caer contra la cama, agotado, buscando respirar tras el titánico esfuerzo. Tobirama a su lado le animaba y le refrescaba la febril piel… Pero no era capaz ni de entender que le estaba diciendo. Negó frustrado y adolorido, tenía que seguir esforzándose y estaba tan cansado, y eso que él era un guerrero fuerte y resistente, no quería ni imaginarse como lo vivían los donceles que no tenían esa preparación física que poseía él.

–Hermano, ¿qué sucede? Izuna está sufriendo mucho y él es fuerte… No le he visto quejarse así por heridas producidas en combate.– Le dijo tenso y preocupado a su hermano mayor por ver de esa forma a su pareja y escuchar sus quejidos. Izuna era fuerte y nunca le había visto en ese estado de sufrimiento, ni con las peores heridas en el cuerpo.

–Tranquilo… Ya te expliqué que el parto de un doncel es más complicado, largo y arriesgado que el de una mujer. Izuna es muy pequeño y estrecho y en cambio vuestro bebé es muy grande, a comparación.– Por eso a su pobre cuñado le estaba costando tanto esfuerzo y estaba sufriendo de esa forma. Tendría que haberle puesto un poco a dieta, no porque el azabache lo necesitara (era piel, músculos fibrados y elásticos y huesos), sino para intentar limitar un poco el crecimiento de Hajime.

–¿No puedes hacer nada?– Intentó de nuevo al escuchar un nuevo gemido adolorido del doncel.

–No Tobirama, esto es lo mejor aunque ahora no lo veas y te molestes pensando que quiero el sufrimiento de Izu-bebé.– Añadió al ver la mirada rojiza de su menor mostrando cabreo.– Necesito a Izuna despierto y atento a las instrucciones, al parto y a lo que siente. Se que te duele verle así, a mi también pero prefiero esto a que pueda ocurrir algo fatal. Izuna es fuerte, Tobirama, tu mismo lo has dicho muchas veces.

Estando en un estado somnoliento, inducido por drogas o alguna sustancia, el Uchiha no sentiría tanto dolor pero eso sería contraproducente y podría significar la muerte del doncel o del bebé, o de ambos… Y lo sabía por experiencia, era algo que había ocurrido y por eso prefería no usar nada en los partos; sobretodo en los partos de donceles, que eran más sensibles a verse afectados rápidamente por sustancias, y aun se veían más afectados los que tenían preparación física como ninjas. Era como si al ser shinobis y tener su cuerpo sano, rápido en reaccionar a cualquier mínima situación y sustancia, les afectara aun más los medicamentos y sedantes que se les suministrara. No, ya había perdido a algún doncel por querer mitigarle el dolor y había aprendido la lección. Mejor sufrir durante esas horas en que daban a luz y seguir vivos al terminar, que no sentir nada y terminar muriendo. Pero algo iba mal… Algo estaba mal en ese parto.

–El bebé está atascado…– Por eso Izuna, por mucho que pujase, por mucho que se esforzase e hiciera todo lo posible por seguir sus instrucciones, no conseguía nada… Bueno si, estaba agotándose y debilitándose. – Izuna debo palparte, no pujes… ¿Me oyes? ¡Izuna!– Consiguió que el doncel le dedicase su atención.– Sobretodo, ahora no pujes aunque sientas la necesidad, debo ver que sucede con tu pequeño.

Metió la mano ignorando el quejido de molestia del doncel y si, el bebé estaba encajado en la pelvis de su madre... Pero había algo más. Algo que no se había esperado, algo que se le había escapado durante las revisiones. ¡Mierda! ¿Cómo se le había podido escapar este hecho?

–¿Hashirama, que sucede? ¡Hashirama! ¡Dímelo!– Tobirama estaba de los nervios. Izuna estaba mal y conocía lo suficiente a su hermano para saber que algo ocurría, ese musculo al lado de la boca mostrando esa tensión, ese ceño… Algo le ocurría a su Uchiha, pero Hashirama no le respondía… Excepto dándole mirada tensa, que le hizo dejar de buscar respuestas. Tenía que dejar trabajar a su hermano mayor.– Es mi culpa… Es mi culpa…– Musitó angustiado. Si él no hubiera jugado sucio para retener al doncel que amaba, no quería perder a Izuna y actuó de forma tan vil y ahora…– Lo siento, Izuna…

Izuna le dedicó una débil mirada, brillante y febril por las lagrimas de dolor y por el agotamiento y presionó con suavidad su mano, sin fuerzas casi, acariciándole con su dedo pulgar. Le miró con lágrimas en los ojos, sin importarle que no estuvieran solos y que los demás fueran presentes de esa vulnerabilidad… Amaba tanto a su azabache, Izuna estaba intentando transmitirle consuelo incluso en su estado.

No podía hacerle una cesárea a su cuñado… Izuna había perdido ya demasiada sangre. Lo normal en un parto era perder medio litro aproximadamente, algo más en los partos de donceles, pero Izuna había perdido más que eso… Ahora hacerle una cesárea seria su muerte, pues en ella se podía perder litro y medio.

–Esto va a ser doloroso Izuna… Pero debo hacerlo sino podéis morir todos.– Le miró con una disculpa plasmada en el rostro mientras recibía un suave asentimiento por parte del doncel del abanico.– Lo siento mucho por esto.

Metió una mano dentro del canal del azabache, buscando girar a Hajime, era el que estaba colocado para salir, buscando ponerle en otra postura para conseguir que se desatascara. Izuna gimió de dolor y buscó removerse un poco, sin fuerza real porque estaba demasiado agotado, sus ayudantes le sujetaron con suavidad. Tobirama intentaba hacerle olvidar ese dolor, esa incomodidad con palabras llenas de cariño y ternura.

–Ya casi… Sólo un poco más, Izuna. Un último esfuerzo y podréis tenerlos entre vuestros brazos.– Y por fin estaba, el bebé estaba desencallado y preparado para nacer.– Ahora ya puedes pujar, Izuna.

–Ya lo has oído, Izu, sólo un esfuerzo más amor. Y veremos a nuestro hijo… Seguro que será tan bello como su mami y tan fuerte y tan perfecto como tú.

E Izuna lo hizo, sacó fuerzas de flaqueza y en la siguiente contracción que le sobrevino pujó con todas las fuerzas que le quedaban.

Hashirama observó como su cuñado apretó los dientes, se agarró a la barandilla de la cama con su mano libre y tensó todos sus músculos en un esfuerzo titánico por expulsar a su bebé. Escuchó como los huesos de mano de Tobirama crujían por esas últimas fuerzas que ejercía el doncel, aunque su hermano aguantó estoicamente sin emitir queja alguna, como Izuna gritó mientras pujaba, la cabeza del bebé costaba de salir por mucho que el azabache pujó. Y por fin Hajime salió, siendo tirado con suavidad para ayudar a su madre y desencajar los hombros. Se lo pasó a su ayudante. En otras ocasiones lo colocaría encima de su madre para que realizaran el primer contacto piel con piel, pero aun no era el momento. Hajime sollozó, en brazos de la matrona que lo limpió y le cortó el cordón, buscando esas voces que conocía y que sabía que le acunarían con gran amor. Buscando el contacto de ese corazón que conocía, el de su madre.

–Un poco más y ya estaréis... Venga Izuna, se que estás cansado pero tu puedes hacerlo... Eres muy fuerte, Madara siempre lo dice y mi hermano y tus alumnos… – Pero en esa segunda ocasión al doncel ya le fallaban las fuerzas y tuvo que presionar un poco el vientre, en una practica que no le gustaba emplear pero fue necesaria para ayudar al Uchiha. Y ahí estaba ese segundo bebé tímido que no había conseguido ver con su jutsu; ese bebé que siendo más pequeño que su hermano mayor, siempre se escondía tras ese.– ¡Jejejejeje!¡Pero mirad que tenemos aquí! ¡Nos habían bien engañad...

–¡Izuna! ¡IZUNAAAA! No, no, no… No por favor, ¡no! No te atrevas a dejarme… Por favor, gatito… ¡Izuna! Lucha, ¡lucha por favor! IZUNA... Por favor...– Los gritos desgarradores de Tobirama rompían el silencio que se había formado de golpe en esa sala.