17/18- CORDÓN UMBILICAL / LLANTO

No… No lo iba a permitir. Le había prometido a Madara que cuidaría de su hermano menor; su propio hermano menor era muy feliz desde que estaba con Izuna Uchiha... Esos dos bebés iban a necesitar a sus padres, a ambos. Y, quería a Izuna, por mucho que el doncel le tuviera cierta antipatía, él apreciaba con sinceridad al pequeño azabache. Así que no, ¡no iba a permitir que Izuna Uchiha muriera!

Se acercó, aun con el segundo bebé en brazos.

–Nao, permíteme.– Desde que el segundo bebé naciera, uno de sus ayudantes en el parto, se había acercado prestamente cuando Izuna sufrió la parada y de forma profesional realizaba las compresiones para intentar hacer que el corazón de Izuna Uchiha reaccionara… En vano.

–Hashirama, hermano… ¡Haz algo! ¡Sálvale, por favor!– Imploró roto de dolor.

Colocó su mano libre en el pecho del Uchiha y envió chakra, pero… Izuna seguía sin reaccionar. Negó dolido y apenado a su hermano menor.

Los dos bebés empezaron a llorar con un desgarrador llanto, como si sintieran la perdida de su madre. Un llanto que destrozaba el alma y le partía el corazón, un llanto que se unió a la pena de su progenitor.

–Nao…– Una mirada fue suficiente para que su ayudante entendiera.

–¡NO! ¿Qué haces? ¡No te detengas! Izuna va a reaccionar, su corazón va a latir… ¡Sigue con el masaje!

Hashirama miró con gran tristeza a su hermano mientras mecía al bebé. Lo colocó encima de su madre, dejando que se despidieran, permitiendo que esos pequeños sintieran el calor que aun desprendía Izuna. Hajime también fue puesto al lado de su hermano encima del doncel Uchiha.

–Lo siento, Tobirama… Lo siento muchísimo hermano.

–¡Hokage-sama!– Hanna, que acababa de dejar a Hajime junto a su hermano encima de su madre, le llamó con la voz cargada de emoción, en su rostro una mirada incrédula.– Está… Izuna Uchiha está respirando.

Los bebés poco a poco disminuyeron su llanto, sentían a su madre, sentían su corazón latir de nuevo, débil y algo enlentecido pero escuchaban ese sonido conocido; ese sonido que llevaban escuchando desde que se formaron en el acogedor interior de su progenitora. Izuna estaba respirando de nuevo. ¡Era increíble! Con lentitud, un movimiento trémulo y vacilante, el azabache había levantado sus manos y acunaba a sus bebés de forma protectora, débil pero lo hacía. Sus ojos se abrieron, entornados, afiebrados, pero ahí estaba ese brillo de la vida en su mirada.

–¡Izuna! ¡Izuna, cariño!– Tobirama se inclinó sobre su pareja y le besó en la frente. Lágrimas de alivio caían de los ojos de Tobirama encima de la piel blanca del azabache al estar el albino inclinado encima suyo. Rodeo a su familia de forma protectora entre sus brazos– No vuelvas a asustarme de esta manera, Uchiha. ¡Nunca más vuelvas a hacerme algo así!

Hashirama salió de su estado estupefacto y empezó a darle de su chakra a su cuñado para que se recuperara, para que tuviera fuerzas. También se ocupó de detener la hemorragia, el Uchiha no debía perder más sangre, estaba seguro que estaría en un estado de anemia tras el sangrado durante el parto.

Era un milagro, lo ocurrido en esa habitación era un milagro. Alguna vez le habían contado casos parecidos, de cómo al colocar al bebé encima de su madre muerta ésta había vuelto a la vida y lo mismo al revés, bebés que parecían sin vida y que al ponerles piel con piel con su madre volvían a "nacer"… Pero nunca, hasta ahora, había podido contemplar un milagro parecido. El instinto materno y el vínculo de amor que se formaba entre madre e hijos eran algo increíble y que le maravillaba. Sonrió enternecido y sorbió un poco por su nariz mientras las saladas gotas deslizaban por sus ojos, la emoción era mucha. Su cuñado había soportado un parto largo, difícil, doloroso y ahora ahí estaba, tras perderlo unos minutos, vivo, rodeando a sus bebés y siendo rodeados por su hermano.

–Señor, debemos limpiar y cortarle el cordón al segundo bebé.

–Oh, si… Cierto.– Dijo mirando la escena desde una perspectiva médica esta vez. Hajime estaba más o menos limpio gracias a Hanna y su cordón había sido cortado por la misma a falta de no poder hacerlo Tobirama. En cambio el segundo bebé aun estaba sucio y con el cordón.

Por su parte los padres estaban disfrutando aun de ese dulce momento, abrazados y abrazando a sus pequeños. Ajenos al resto de personas en esa habitación. Izuna respiraba de forma más firme y constante, aunque el cansancio estaba ahí, se notaba en su rostro adormilado pero a la vez feliz, lleno de amor y emoción por sus bebés.

–No… Tenemos nombre para él…– Susurró con voz cansada. Sus bebés eran tan bonitos. Estaba muerto de agotamiento, pero no los quería soltar y no podía dejar de mirarles y besar sus cabecitas; unas cabecitas que parecían calvas pero que estaban llenas de pelusilla blanca. Sonrió débilmente, sus bebés tenían el bonito cabello de su padre y eso le encantaba. Besó a uno y al otro y sintió la mano de Tobirama acariciarle la mejilla con ternura, ahí se dio cuenta de que estaba llorando; él estaba llorando de amor y de la emoción de tener a sus pequeños en su pecho… También se dio cuenta de que Tobirama tenía los ojos rojos y brillantes, su pareja también había o estaba llorando. Menudos eran los dos.

–Pónselo tu, gatito. Yo se lo puse a Hajime y creo que tú debes darle nombre al pequeño ninja.– Ese segundo bebé que nadie había previsto. Volvió a pasar un par de dedos con suavidad por la mejilla de Izuna, su pareja lloraba henchido de amor por sus hijos, por tenerlos en brazos, por sentirles piel con piel, por la intensidad de las emociones vividas en ese parto. Y él lloraba de alivio, se sentía aliviado de que su amado estuviera vivo. Había sido desgarrador cuando no le sintió respirar, cuando no le respondió a sus llamados, cuando no reaccionaba. Le amaba tanto que no hubiera soportado que su Uchiha muriera.

–Kano… Me gusta Kano… ¿Y a ti?– Le miró con ojos soñolientos y los cerró cuando Tobirama se inclinó a darle un nuevo beso en la frente, para luego besar la cabeza de sus bebés.

–Me encanta, Izu. Es un nombre precioso. Hajime y Kano, bienvenidos al mundo, hijos.

–Son unos nombres muy bonitos pero debemos limpiar a Kano y cortarle el cordón umbilical.– Se acercó con una sonrisa amistosa y llena de ternura por la imagen familiar y el gran amor que desprendía el momento. Su sonrisa creció al ver a sus sobrinitos.– Hola pequeños, soy vuestro tito Hashirama.

Hanna también se acercó, conocía a su jefe y sabía que podía quedarse ensimismado ante los que eran sus sobrinitos. Negó divertida mientras estiraba los brazos hacía ese segundo bebé y sujetándolo con cuidado fue levantándolo del pecho de su cansada madre, con una promesa de devolverlo en unos minutos. Pero Kano tenía otros planes. El pequeño reconocía a su madre y le gustaba estar encima de ella y sentir su calor y su corazón latiendo bajo sus oídos, también le gustaba ser rodeado por su padre, reconocía esa voz fuerte, grave y amorosa, y por supuesto, estaba junto a su hermano gemelo con el que habían estado compartiendo durante todos esos meses el pequeño espacio dentro de su amada madre y no, no deseaba ser alejado de ese lugar donde se sentía protegido y amado con los que reconocía. Kano empezó a llorar agitado y con miedo, un llanto que rompía el corazón de quien le oyera de tan desamparado que sonaba. Kano sentía que una extraña le estaba apartando de su lugar seguro y cálido, y… El instinto de Izuna se desató, virulento, agresivo, potente... El azabache podía estar agotado, podía estar débil tras el parto y lo sufrido, pero Izuna era Izuna, el segundo al mando de uno de los clanes más poderosos del mundo shinobi y también era cierto que gracias al poderoso y curativo chakra de Hashirama se había recuperado lo suficiente como para que sacara fuerzas de flaqueza y convertirse en alguien muy peligroso por el instinto. Un doncel Uchiha recién parido tenía un fuerte instinto de protección hacía sus pequeños bebés, sobretodo si estos daban la alarma al sentirse desprotegidos y amenazados ante sujetos extraños. El sharingan brilló amenazante en esos ojos y, Hanna cayó dormida encima de sus piernas, mientras él recuperaba a su bebé y volvía a la calma y somnolencia anterior por el agotador parto; eso si acunando de forma protectora a sus dos hijos de nuevo.

Un parpadeo es lo que había tardado el Uchiha en hacer caer a Hanna en una ilusión. Nao tardó cinco segundos en comprender que había pasado y apartarse medio metro mientras cerraba los ojos… Si Izuna le hubiese querido atacar ya haría cuatro segundos que también estaría durmiendo.

–Izuna eso no era necesario. Realmente Hanna tenía que limpiar a Kano y cortarle el cordón umbilical. Sólo estaba haciendo su trabajo…– Regañó sin mucha convicción Hashirama… ¿Le preocupaba Hanna? Si claro… Pero Izuna había sido tan mono sacando fuerzas de flaqueza para proteger a su bebé que no podía dejar de sonreír y maravillarse de lo buena mami que sería su fiero cuñado.– Me ocuparé yo, ¿de acuerdo? Pero debes dejarme hacerlo… Por favor.– Le puso carita de cachorrito para ver si le ablandaba, pero el azabache frunció un poco el ceño así que recurrió a su hermano menor que reviró los ojos y asintió a su petición.

–Izu, es por el bien de Kano. Si quieres yo le sujetaré o no me apartaré de su lado.

Y así Hashirama pudo ocuparse de revisar a Kano, de cortarle el cordón umbilical y de limpiarlo un poquito. También pudo volverle a cargar y comprobar, esta vez calmadamente y sin una situación critica de por medio, que era un bebé monísimo y muy adorable. Lo mismo que Hajime, al cual también revisó. Aunque el primogénito, a diferencia de Kano, era un bebé más grande.

Mientras él se ocupaba de los pequeños, Nao se llevó a Hanna del cuarto. No había sufrido ningún daño, y más tarde despertó de la ilusión algo mareada y desconcertada.

–Voy a ir a avisar a Madara y Mito, están deseando conocer a estos pequeños… Aunque bueno, se llevaran una sorpresa al saber que son dos…– Se llevó una mano al mentón sonriendo algo travieso.– Mmmm, quizás no se lo digo y cuando vengan y los vean se van a asombrar.

–O quizás piensen que no sabes hacer bien tu trabajo.– Apostilló Tobirama haciendo que su hermano se deprimiera dramáticamente. – Mira que no detectar que eran dos… Ya me imagino al puercoespín dándote una colleja y llamándote inútil.

–¡Tobiiii, no me seas cruel!– Aunque sabía perfectamente que Madara si haría eso que había descrito su hermano.

Todo este dialogo entre los hermanos era sostenido en voces susurrantes, no querían despertar a Izuna ni a los bebés, que dormían en un merecido descanso tras el dificultoso trabajo de parto. Ya les habían trasladado a una cómoda y confortable habitación privada.