Disclaimer: Naruto solo pertenece a Kishimoto. El fanfic Itami no satsu pertenece al escritor de fanfiction Dantefox, yo solo lo público con el permiso de Dantefox. Este va a ser un darkfic, con situaciones muy complejas y fuertes, sugiero su lectura a los que sean mayores de 16 años.
Meses después del incidente Uchiha
Konoha
—«¡Diablos! —Forzaba la respiración al punto de aspirar el máximo de aire que alcanzara en sus jovencísimos pulmones. — Quedan dos».
—¡Rápido, fuerte, letal; no te pares a pensar! ¡Medítalo al atacar y acostúmbrate sobre la marcha! ¡Domina el terreno y utiliza lo que tienes al alcance, y si no es suficiente, ve más rápido, más fuerte, más valiente, hasta que caigas rendido; e incluso ahí sigue peleando!
Naruto escuchó los enérgicos gritos desde algún lugar del bosque oscuro. Sin tener la oportunidad para meditar las palabras, observó una infinidad de cuchillos kunai lloviendo hacia su posición. Algunos de ellos alcanzaron a dejar heridas visibles gracias a la certeza y brutalidad del atacante.
—¡Shinobi es aquel que cumple con la misión y protege a la aldea, dejando a un lado intereses y sueños propios! —gritó Itachi, apareciendo a pasos de Naruto. Realizó sellos de manos que no alcanzaron a distinguirse. —Elemento fuego: bolas de fuego—rugió; desde su boca, pequeñas bolas de fuego salieron expelidas.
Con acrobacias vertiginosas y movimientos circulares, Naruto esquivó la mayoría de proyectiles; mas una impactó en su pecho mandándolo a volar hasta golpear y trisar un gran árbol. Su atacante no se detuvo. Al contrario, apresuró las acciones.
—Todo el entrenamiento del mundo es insuficiente. Toma decisiones rápidas, precisas.
Itachi reveló un cuchillo kunai y, blandiéndolo de forma prodigiosa, se lanzó a una velocidad endemoniada. Estuvo a punto de clavar el cuchillo en el hombro de su aprendiz, quien aún estaba confuso y dolido por la bola de fuego. Naruto apenas y consiguió, con una conmoción extrema, concentrar chakra en los pies para correr por el tronco del árbol y evitar ser empalado. Aunque el cuchillo kunai sí alcanzó a cortar uno que otro de sus cabellos rubios.
—¡No reveles tus habilidades a menos que sea necesario! ¡La sorpresa es la clave para no morir en esa batalla, sino en la próxima!
El joven maestro sacó la mano izquierda desde el interior de sus anchos ropajes. Entre sus dedos resplandecieron tres afiladísimas estrellas shuriken. Sin dar tiempo a su aprendiz para descansar, las arrojó con violencia. Naruto intuyó el peligro a sus espaldas y saltó en una mortal invertida, yendo a parar a las espaldas de Itachi. Sin perder tiempo, el niño se colocó en postura de taijutsu. Demostró una velocidad prodigiosa al embestir contra el líder de los Uchiha, pero un golpe seco en la boca del estómago lo dejó sin aire. Con los ojos entrecerrados por el dolor, logró avistar a un segundo clon emerger desde el suelo.
—En la batalla no dejes de prestar atención a tu alrededor. Vigila cada cambio, cada movimiento, cada sutileza en el ambiente. ¡Utiliza la intuición y actúa con base en la técnica y el instinto! —dijo el clon de Itachi mientras pateaba al niño. Tras el impacto de la pierna contra el abdomen de Naruto, el clon desapareció en una nube de humo.
La patada fue tan fuerte que Naruto, al enderezase, no logró orientarse. A su alrededor veía borroso, como si el paisaje se moviera en cada exhalación. Escuchó entonces a las hojas trisarse bajo el peso de unos pasos. Hizo enormes esfuerzos para no caer inconsciente y levantar la cabeza. Advirtió al dueño de los clones contra los que había estado peleando. Itachi, su mentor, con voz áspera y fría, concluyó con el resultado de la lección:
—Diez meses; ¿has mejorado algo? No me encontraste.
—Lo… —Naruto tosió fuerte y cayó sobre las rodillas. Respiró hondo y completó: —Lo siento, Itachi-san. —Acumulando fuerzas, se levantó; aún se sostenía el abdomen—. Pero logré desaparecer a dos de sus clones. Faltaban dos más.
—¿¡Es la excusa que pondrás!? —Empezó a caminar hacia la salida del bosque. —Será mejor que empieces. Un clon mío supervisará que termines.
Al pasar al lado del niño, el maestro observó infinidad de cortes y quemaduras en su aprendiz. Mas lo sorprendente era que las más superficiales se curaban al instante; las más profundas, dejaban de sangrar y empezaban a cicatrizar. Eran heridas que costaría una semana cerrarse en cualquier guerrero experimentado.
—S… Sí —susurró el niño y empezó a correr sin aliento.
La ley de entrenamiento de las últimas semanas señalaba que, si no podía hacer desaparecer los clones con cualquier artimaña, él debía dar media vuelta a la periferia de Konoha el igual del número de clones que no desaparecieron. Esa noche tenía que dar una vuelta completa en la cantidad de tiempo que duró la batalla: dos horas. Si no lograba cumplir a tiempo, el castigo, por cada cinco minutos tarde, era media vuelta más. Por lo tanto, era menester hacerlo rápido.
—Dos más. ¡Solo me faltaban dos! —siseó un dolido Naruto, y empezó a correr utilizando la frustración como combustible.
Al día siguiente, en la oficina principal de la Torre Hokage, Sarutobi miraba con severidad, sorpresa y duda a Itachi.
—¿Quieres hacer qué? —preguntó y exhaló el humo del tabaco. Necesitaba pensar, y fumar ayudaba.
—A este ritmo es necesario.
—No sé si fue buena idea dejar que lo entrenes a tu modo. No puedo negar los resultados, pero lo que me pides —negó con la cabeza—.
—Es tan necesario como empezar a entrenarlo a esta edad. Es demasiado poder para alguien que apenas sabe multiplicar. Cuando lo vea, me dará la razón. El niño absorbe todo, en tan corto tiempo, que no sé si es un genio o un completo monstruo.
—Él no te agrada.
—Mis sentimientos no tienen nada que ver. Lo importante es lo beneficioso que pueda ser para la aldea. Y lo será, puedo dar fe.
—¿No le hemos hecho suficiente daño? —Sarutobi se llevó las manos al rostro; estaba cansado e inseguro. —Lo hemos aislado, exigido, ocultado y obligado a actuar como idiota frente a todos sabiendo el potencial que tiene. Y quieres más, obligarlo a más.
—Hokage-sama, usted ha visto los entrenamientos. Dígame, si ese niño hubiera sido su estudiante, ¿qué hubiese hecho?
—Es diferente —suspiró—. La época en la que luché fue una de guerras.
—Sarutobi-sama, aun en tiempos de paz hay guerra. Lo sabe bien. No conteste como Hokage sino como el shinobi que experimentó cientos de batallas. ¿¡Qué haría en mi lugar!?
—Lo llenaría de poder—sonrió afligido—, le exigiría hasta lo último de sí y le inculcaría que Konoha es lo primero. Haría que la voluntad de fuego sea por lo que viva y por lo que muera, y no repetiría los errores. —El Sandaime miró a los ojos de Itachi. —Haría lo mismo que tú. «Lo siento Naruto»—señaló para sus adentros. Se levantó y se dirigió al ventanal de su oficina. —Está bien, todo seguirá igual. Y puedes pedir ayuda a la persona que deseas. Explícale que es un secreto rango S lo que ocurra en ese bosque.
—Gracias, Hokage-sama.
Academia shinobi
Konoha, invierno
El clima se templó y los escuálidos rayos del sol apenas alcanzaban a arañar las calles, las casas y los bosques. Minutos más y el ocho se marcaría en los relojes. Los niños llegaban a la Academia. Muchos iban de la mano de sus padres u otros, hijos de los clanes más importantes, arribaban con su guardia personal. Entre todos los niños, Naruto, con los ojos cerrados, entraba aburrido, solo. Posterior a ingresar al salón, se recostó en la banca.
—Ahí está otra vez. Llega y se queda dormido —bisbiseó un niño.
—Mi mamá dice que no me acerque. Míralo, está todo sucio. ¿Alguna vez se habrá bañado? —dijo una voz más suave; se trataba de una niña.
—Si se acercan a él, se les pegará su estupidez. Ni siquiera responde preguntas fáciles —completó un tercero.
Los murmullos seguían y seguían. Naruto les prestaba poca importancia; estaba acostumbrado. La puerta del salón se volvió a abrir. La bienvenida esta vez fue diferente. Se escucharon gritillos de admiración que retumbaron por el salón, y los comentarios no se hicieron esperar:
—¡Mira mira; es Sasuke e Iori!
—¡Son los mejores alumnos en generaciones! —afirmó otra.
—Iori es tan linda. Algún día será mi novia.
—Idiota. Alguien como ella jamás se fijará en ti —increpó una cuarta.
—Lo dices porque Sasuke ni siquiera sabe que existes.
Los comentarios y las disputas siguieron. Los hermanos Uchiha eran acosados por la mayoría. Ellos restaron importancia a la conmoción y se sentaron, ignorando a todos. Tenían la reputación de ser los mejores, los más populares, exitosos y bellos de toda la Academia, incluso de cursos superiores.
—¡Cállense, son muy molestos!
Los orgullosos mellizos Uchiha regresaron la mirada. Observaron con cierta aprensión al niño que rara vez abría los ojos.
Como te atreves.
Es un idiota.
Nadie quiere acercarse a ti.
Eres un estorbo.
Los comentarios se dispararon ante tal osadía. Naruto, por su parte, se limitó a recostarse; la Academia era el único lugar donde podía descansar. Para su alivio, entró el profesor y los demás se sentaron. El instructor comenzó:
—Esperó que hayan estudiado las reglas shinobi. Hoy tendrán una pequeña evaluación… —iba a proseguir, pero advirtió a Naruto recostado sobre la banca. Arrojó un marcador que fue a parar en la cabeza del durmiente, y chilló: —¡Eh, tú! Espero que sepas las primeras. No entiendo por qué sigues aquí. Dime las primeras tres.
—Encontré mi manual en el suelo, lleno de lodo; no pude estudiar —respondió sin alzar la cabeza.
—Lo suponía. Total, nadie espera nada de ti —dijo el profesor y siguió con la lección.
—«Sí, nadie espera nada de mí».
Naruto no alzó la cabeza en toda la clase. Se limitó a escuchar las risas e insultos. Todos lo conocían como el idiota. Dudaba mucho que alguien conociera su nombre.
Una vez terminada la Academia debía dirigirse a entrenar. Caminó por Konoha, como de costumbre, con expresión aburrida. Había sido un día común en su cotidianidad. Si era sincero, permanecer la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados ayudaba a sobrellevar el desprecio. Además, y a pesar de que no encontró la razón, cuando abría los parpados la luz del sol lo molestaba en sobremanera. Así que se limitaba a abrirlos en la noche. Itachi le dijo que, mientras no sea necesario, mantuviera los ojos cerrados. No le molestaba; nunca tropezó con algo y le ayudaba a enfocarse en sus otros sentidos. Descubrió que la frase: «hay cosas que tus ojos no pueden ver» era muy acertada.
Divagando en sus pensamientos, no se percató de que había entrado al lugar de entrenamiento. Encumbró la cabeza y empezó a sentir, oír y oler todo de aquel bosque oscuro. Se detuvo de improvisto; algo era diferente. Marchó con cuidado hasta el área de encuentro.
De un instante a otro, dos cuchillos kunai volaron hacia él; los esquivó dando una mortal invertida, pero percibió más cuchillos dirigiéndose a sí. Cinco de ellos impactaron: dos en el hombro, uno en el estómago y uno en cada pierna. Los cuchillos habían sido arrojados con la intención de no tocar ningún punto vital.
—No es tan bueno.
—Atrás de usted.
—¿Eh? —alcanzó a decir al momento que vio al niño salir del suelo con un cuchillo kunai listo para matar. Si no fuera porque Itachi lo detuvo, ahora ella estaría con la pierna herida. Reparó hacia delante y, en vez del niño rubio, halló un tronco. —¿Un remplazo? Interesante.
—¡Itachi-san, lo lamento! Mi cuerpo reaccionó solo. Sabía que estaba con usted, pero… cuando quise parar…
—¡Las reglas! —Dijo Itachi sin prestarle atención a las explicaciones. Naruto,
sudando y temblado a mares, se limitó a contestar:
—1. Protege Konoha a toda costa.
» 2. Cumple con la misión asignada.
» 3. No reveles tu fuerza o tus técnicas.
» 4. No dejes testigos ni objetivos con vida.
» 5. No hay moral en una misión.
—Las más importante —riñó Itachi.
—9. Shinobi es quien cumple misiones y protege a la aldea, dejando intereses y
sueños propios.
—De las trece, es la más importante. Ya sabes qué hacer. Tienes cinco minutos.
—Sí, Itachi-san.
Sin decir otra palabra, desapareció en la oscuridad del bosque. La persona que
estaba junto al líder del clan Uchiha quedó impactada.
—¡No son las reglas básicas! ¿Qué intentas con ese niño? ¿Por qué le enseñas las reglas de espionaje y asesinato?
—Por el mismo motivo que pedí su ayuda, Tsume-san. Ya lo entenderá —dijo de manera secreta. —Acompáñeme, iremos a la zona de encuentro.
—¿Estará bien el mocoso?; aunque Kuromaru lo está siguiendo, este sitio es peligroso.
—Hay otra razón para que su compañero lo siga. Lo entenderá. Si hay alguien que conozca este lugar mejor que usted, es ese niño.
—¡Pero es el bosque de la muerte en la noche! Ni los Genin experimentados se arriesgan.
—Esperemos, Tsume-san. Repito, lo entenderá. Y comprenderá por qué él es información rango S —continuó con el halo de misterio. Itachi saltó hacia la profundidad del bosque. Tras de unos segundos de cavilación, la matriarca del clan Inuzuka lo siguió.
La zona de encuentro se situaba en la parte sur del bosque de la muerte, en un área abierta y arcillosa rodeada por árboles que hacían un espacio natural de dos mil metros. Apenas entraron al sitio, la líder del Clan Inuzuka observó señales de batalla y de jutsus de clase fuego. Muchas preguntas surcaron su mente, pero las despejó al vislumbrar a Itachi pararse abajo de un gran roble y decir:
—Dos minutos tarde, tiempo suficiente para fracasar.
El joven miraba con el sharingan la parte frondosa del roble. Tsume lo imitó, pero no consiguió ver algo por la oscuridad tan espesa. Iba a utilizar el olfato cuando su formidable compañero canino cayó frente a ella. El perro tenía una expresión seria y emitía un leve gruñido. Tsume se proponía a preguntar algo, mas Itachi prosiguió:
—¡Disciplina, responsabilidad, habilidad, sigilo; todo ello conforma parte de ser shinobi! Un segundo puede decidir el destino de una batalla.
—Lo siento, Itachi-san —se escuchó desde algún lugar. Pasados unos segundos, Naruto se dejó caer sujetando por el cuello, con una sola mano, a un ciervo de considerable tamaño. La líder del clan Inuzuka no pudo evitar dejar salir un eco de sorpresa.
—No hay escusas. Hoy no comerás tu presa. La dejaremos para las fieras.
—Lo que diga, Itachi-san.
El niño arrojó el animal a lo profundo del bosque. No tardó en escucharse gruñidos que pelearon por la comida gratis. De inmediato, Naruto se posicionó frente a su maestro.
—Empecemos—dijo el joven maestro e hizo sellos con las manos imposibles de ver. Con una técnica en las manos, ubicó sellos de restricción en las muñecas del niño—. Serán tres clones. —Ni bien terminó de decirlo, la cantidad de clones apareció detrás de él—. Puedes utilizar esto —sacó y tiró un cuchillo kunai. Naruto interceptó el arma con los dientes; los brazos los tenía muertos. Itachi se apartó un poco y prosiguió con las órdenes: —Veinte minutos.
Los siguientes minutos fueron una conmoción para Tsume Inuzuka. Era poético ver cómo los movimientos del niño se fundían unos con otros a la par de la batalla. Aquel crío, tan pequeño como su propio hijo, era impresionante. Decir que pelear contra los clones de uno de los shinobi más fuertes de la aldea era de por sí asombroso; pero la sutileza, la fuerza y la destreza con las cuales lo hacía, salía del margen de la genialidad.
Con los brazos sellados, Naruto no solo esquivaba lo suficiente para que los ataques no lo dañaran, sino que evitaba desperdiciar movimientos y atacaba con el cuchillo kunai sujeto por sus dientes. Armonizaba, de manera elegante y letal, extensos e interminables patadas. La velocidad era espeluznante si se consideraba la corta edad, ni qué expresar de la intuición y el instinto. Tsume quedó sin palabras para describirlo. A un shinobi le costaba años aprender a confiar en los dos últimos aspectos, pero el niño lo hacía de manera natural. Mientras lo veía, una voz grave comentó sobresaltada:
—¡Ese crío —gruñó irascible —no es normal!
—Lo veo, Kuromaru. Si me lo llegan a contar, no lo creía. Incluso viéndolo no lo creo —dijo mirando al crío saltar entre dos ninjatō.
Naruto se deslizó entre el espacio que dejaron las espadas cortas. Las afiladas hojas apuntaban a su pecho y a sus piernas, respectivamente. Cayó en cuclillas y, rapidísimo, se lanzó a chocar un ninjatō enemigo con el cuchillo que traía sujeto entre sus dientes. Con las ráfagas de patadas intentaba golpear los muslos del clon de turno. Pero un segundo clon arribó desde atrás intentando apuñalarlo. Naruto saltó dando una extraña voltereta en el aire e hizo que, por milímetros, el clon apuñalara a su igual. Al advertir que falló en la estrategia, el niño corrió a ocultarse; un tercer clon emergió del suelo y le dio tal patada que lo mandó a volar hasta chocarse brutalmente contra un árbol. Al disiparse el polvo que levantó el choque, en lugar del cuerpo infantil, estaban troncos. Una vez más emprendió la arremetida contra el clon que lo golpeara. Los otros clones se replegaron.
—No es eso —gruñó el perro Inuzuka. —¡El mocoso es como una bestia! —Su ama lo regresó a ver exaltada.
—¿Qué quieres decir?
—La forma de cazar al ciervo, cómo se desliza por el bosque. ¡Se mueve como un animal! Es un depredador silencioso que no sabes que está allí sino hasta que sientes los dientes. La presa no supo cuando fue atrapada, siendo tan veloz e intuitiva como para sobrevivir aquí. El niño ni siquiera utilizó un arma. ¡Lo hizo con las manos desnudas! Y…
—¿Y qué, Kuromaru? —preguntó. En este punto, Tsume estaba horrorizada.
El enorme perro bajó la cabeza como si tratara de encontrar palabras. Una vez las pensó, respondió extrañado: —El olor a sangre atrajo a tigres formidables. Pero cuando vieron al mocoso salieron corriendo, asustados. Ese niño —escrutó a un Naruto con múltiples contusiones y heridas lacerantes, aunque ya había derrotado a un clon—. ¡Tiene instinto asesino, sed de sangre y ferocidad! En otras palabras: ¡es un depredador!
—No puede ser… —susurró Tsume abrumada.
—Es una perfecta descripción. No puedo explicarlo de otra manera. ¡Naruto es un depredador! —Con tal declaración, Itachi se posicionó al lado de la matriarca Inuzuka. Entonces agregó: — ¿Lo entiende, Tsume-san?
—¿Cómo es posible?
—¿Quién sabe? —reconoció con simpleza.
—¿Cuánto tiempo lo entrenaste?
—Diez meses.
—¡Imposible! En tan poco tiempo no se alcanza ese nivel de combate. Luchar contra tus clones es sorprendente. Ese niño, ¿qué es?
—Debe estar al tanto del incidente que ocurrió hace tiempo con un shinobi extranjero. Hana debe haber comentado algo. La versión completa es—miró fijamente a Tsume—: Naruto dejó casi muerto al jōnin. El Sandaime lo mantuvo en secreto, pero adquirió habilidades al conectarse por un segundo con ya sabe qué. Y obtuvo lo que ve.
—¿Qué quieres decir?
—Agilidad, ferocidad, fuerza, intuición, sentidos más desarrollados, instinto asesino, sed de sangre, destreza y una habilidad regenerativa monstruosa. No la podemos catalogar como línea de sangre; no nació con ello. Lo adquirió de la cosa sellada en su interior. Tiene el instinto de eso, y algunos otros.
—¿Algunos otros?
—Sí, Kuromaru-san. Su intuición le permite conocer los cambios en el entorno por pequeños que sean, es como otro sentido. Su olfato es sensible; su oído, igual, aunque en menor grado; su tacto es tan fino que puede reconocer el peso, flexibilidad y dureza de un objeto; su resistencia es abrumadora y no necesita más armas que las manos, pues puede hacer crecer las uñas de los dedos hasta un máximo de seis centímetros, y estas son tan filosas que cortan madera, sospecho que se harán más duras y largas mientras su cuerpo crezca. La forma de combate, junto a sus habilidades, es la razón por la que necesito de su ayuda. Son parecidas a las de vuestro clan, Tsume-san.
—¡Le quieres dar más poder! ¿¡Acaso estás loco!?—dijo exaltada, observando a Naruto chocar contra el suelo y abrir un cráter con su espalda. Uno de los clones de Itachi cayó sobre él, acomodándole un rodillazo en el estómago tan fuerte que escupió sangre. Tsume apartó la mirada y continuó enardecida: —¡Su nivel rivaliza con un Chūnin, y no puede utilizar los brazos!; aunque tus clones no sean muy fuertes, ¡siguen siendo tus clones! Recuerdo muy bien lo fuerte que eres. No olvides quién fue tu superior cuando ingresaste al AMBU.
—Tsume-san, cada clon tiene un tercio de mi poder—objetó Itachi. Aquella declaración fue suficiente para que Inuzuka Tsume se quedara callada, y más aterrada de ser posible. —Tiempos oscuros nos esperan—siguió—; la guerra está expandiéndose desde la Aldea Oculta de la Niebla. Algunos poblados ya han entrado en conflictos. El Yondaime nos dejó a este niño para superar esos tiempos. Podemos inculcarle, moldearle ahora que está pequeño. Su sentido de manada también quiero que le enseñe. ¿Lo entiende, Tsume-san?
—¡Tsume, Itachi tiene razón! Puedo ver que no tiene idea de su poder. Es muy pequeño, le enseñaremos nuestras normas y reglas. Al igual que los cachorros, los críos humanos son moldeables en esta época de sus vidas. Será un perfecto guardián para la aldea —apoyó el enorme perro negro.
—Tal vez sería más peligroso no hacerlo —dijo Tsume.
—Sabía que contaría con su ayuda. Ahora, Naruto es un secreto por las razones que ha visto. Únicamente nosotros y Sarutobi-sama sabemos de él. Si las otras aldeas se enteran, querrían matarlo, o, lo más probable, raptarlo. Su conexión con él será en las noches...
Mientras Itachi continuaba explicando las condiciones, Inuzuka Tsume seguía a su intuición.
Ocho años desde el ataque del Kyūbi
Eran los últimos días de diciembre, la nevada cubrió el bosque y lo sumergió en una exacerbada monotonía. Las heladas noches y las frías mañanas fueron lo cotidiano en la mayoría del territorio de la Nación del Fuego.
—¡Vamos Naruto! ¿Qué rayos pasa contigo? —gritó la líder del clan Inuzuka parada frente al niño. A su diestra se hallaba su compañero canino. Sus alientos resoplaban en la helada noche.
—Lo… Lo siento; no me gusta el frío. Me congela los huesos.
—¡Debilucho! —rió Kuromaru con voz de trueno, y añadió con orgullo canino: — ¡Aprende de mí!
—¡No te rías, Kuromaru-san! Tú vienes con abrigo incorporado. ¡Y te comiste la mayoría de las presas, ahora que están tan escasas!
—¡Es tu culpa! ¡Qué vergüenza atrapar solo tres conejos!
—Por lo menos atrapé algo, a diferencia de alguien —dijo provocando que el enorme perro dejara de reír. Antes de que una sonrisa se delinee en los labios de Naruto, se oyó: Gatsuuga.
—¡No seas infantil, Kuromaru! —dijo Tsume—. Naruto, terminamos por hoy.
—Como diga.
—Y otra cosa —le hizo señas con la mano para que se acerque. Cuando lo hizo, colocó una mano en la cabeza del niño y se arrodilló hasta ponerse a su altura. —Toma. Es mi regalo —dijo entregándole un pequeño paquete—. No le digas a Itachi.
—¿Es… esto es para mí? —preguntó Naruto emocionado. Sin querer, pequeñas lágrimas brotaron de sus ojos azules. En su vida le regalaron algo—. Gracias —expresó acariciando cada sílaba.
—No es nada —respondió Tsume; le acarició la mejilla y le borró las lágrimas. —¡Pero bueno!, ahora tenemos que irnos. Nos vemos mañana, y tráelo puesto; ¡quiero ver cómo te queda!, ¿sí? —Finalizó y le dio un golpecito en la frente—. Cuídate, Naruto. Kuromaru, vamos a casa.
La mujer giró sobre sí misma y empezó a caminar a la salida del bosque de la muerte. Entonces el formidable perro se acercó a Naruto.
—No hagas preguntas y tómalo cachorro —refunfuñó inentendible; tirado de su hocico llevaba algo envuelto en un pañuelo. Dejó el paquete en las manos de Naruto.
—¿Kuromaru-san?
—Es un poco de la comida de Hana. ¡Cómetelo todo!
Antes de que pudiera objetar algo, Kuromaru se encaminó tras su ama.
«El reconocimiento viene después», recordó. Vislumbró el camino por donde se fueron Tsume y Kuromaru, y sintió que valía la pena. Sonrió mientras gordas lágrimas bajaban por sus mejillas.
—Muchísimas gracias, Tsume-san, Kuromaru-san. Tengo tres amigos ahora.
Apenas llegó a su pequeña casa, abrió la cajita envuelta en el pañuelo que le había dado el perro Inuzuka. Jamás imaginó que algo podía saber tan bien. Se disponía a abrir el regalo de Tsume cuando alguien abrió la ventana e ingresó a la habitación. Era alguien muy conocido.
—Itachi-san —gritó exaltado, casi le da un infarto verlo ahí. El nombrado, como era costumbre, pasó de él y habló con voz neutra.
—Prepárate, saldremos de viaje. Hokage-sama me ha permitido darte un regalo que servirá para toda tu existencia.
—En… ¿enserio? —balbuceó ilusionado. Dos regalos en una noche, vaya que estaba agitado.
—Sí. Iremos a una misión en las fronteras del Colmillo y la Garra. Te mostraré lo que es la guerra.
Aprendería también que no todos los regalos son buenos.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Respuestas a reviews
pedro123: es un placer, se que todavía hay muchos fanáticos de esta fantástica historia.
Ranpoo4ever: no es mi historia, lo aclaro al principio de cada capítulo. También por eso pongo publicador en vez de autor. Hare lo posible por publicarla hasta el final, pues es el autor el que me pasa los capítulos.
carlos29: si es la primera vez que la lees te vas a llevar buenas sorpresas.
Nota del publicador
Lamento la tardanza. Como he dicho en otros fics, primero publicare los fics en mi blog (narutoelitecovenantpuntocom) y luego en fanfiction.
