Disclaimer: Naruto solo pertenece a Kishimoto. El fanfic Itami no satsu pertenece al escritor de fanfiction Dantefox, yo solo lo público con el permiso de Dantefox. Este va a ser un darkfic, con situaciones muy complejas y fuertes, sugiero su lectura a los que sean mayores de 16 años.
Diez años de la aparición del Kyūbi
Primera semana de primavera
Konoha
Un hombre que ha vivido lo suficiente comprende cada día mejor el mundo que lo rodea. El tornarse viejo es para las personas fuertes de espíritu y corazón; es una lástima que estos dos aspectos se debiliten con la misma edad. Tal vez cometió un error, pero, si era así, quizá fue el error más acertado que pudo cometer. Su corazón lo lamentaba; su cabeza, lo afirmaba. Con tal idea en la mente, se permitió observar a través del ventanal de su oficina. Gracias al vivo reflejo de la luna primaveral, Sarutobi observó a sus acompañantes. Exhaló humo de tabaco desde su boca y compartió su opinión:
—La Aldea del Sonido es nueva en el mundo shinobi. Puesto que fue fundada por un Sannin, aun si fue un traidor, el Sonido debe ser nuestra responsabilidad. Tras la firma del tratado el Sonido será considerada anexa a Konoha, aunque independiente en su régimen. —Se pausó para retirarse la pipa de la boca, y continuó: —El feudal al que servían murió a manos de Orochimaru; por tanto, para evitar cualquier intento de conquista por parte de los demás países, enviaremos a shinobis para asesoría y protección. En otras palabras, la Aldea del Sonido desde ahora pasa a ser parte de la Nación del Fuego, protegida por Konoha y una ciudad estratégica para la defensa de la región cuya delicada situación política la hace foco constante de guerras. —El anciano giró sobre sí mismo; los presentes lo vieron con temor y admiración pues en los ojos del Sandaime la ferocidad de un líder iracundo se atisbó. Aquellos ojos se parecían mucho a los de una juventud casi olvidada. La sangre guerrera del viejo, apaciguada por décadas, despertaba una vez más. —En cuanto a los informes —continuó: —, la conexión entre algunos de nuestros consejeros y el traidor de los Sannin fue comprobada gracias a los documentos recuperados de los laboratorios de Orochimaru.
«Mientras Sarutobi impartía ordenes en Konoha, en un lugar lejano se veía como cuatro AMBU entraban con dos prisioneros a un complejo. Las miembros élites AMBU llevaron a los detenidos hasta un tribunal donde se apreciaban a tres personas sentadas en lo alto. A lo largo de la mesa los jueces veían indelebles a los prisioneros».
—Tanto el feudal del Fuego como sus consejeros ha dado la orden por la traición.
«El hombre sentado en el centro de la mesa del tribunal, que por su aspecto era alguien de edad avanzada, vestido con una túnica roja que simbolizaba a la Nación que presidia, decretó la sentencia».
—¡El castigo es la muerte! —siseó Sarutobi con desidia.
«Al bajar el feudal la mano, las cabezas de los prisioneros cayeron. Los traidores juraron proteger Konoha con su vida, y cumplieron: con su muerte, la protegían de ellos y de su ambición».
—Danzō Shimura y Homura Mitokado serán omitidos de la historia de Konoha.
«Casas, registros, oficinas; todo era quemado. Las familias de los sentenciados, si es que la tenían, eran obligadas a ir a la otra parte de la aldea recién anexada, en otras palabras, al Sonido. En tanto, un establecimiento que tenía la palabra Ne (raíz) en su entrada era incendiada a la vista de los huérfanos que fueron instruidos ahí».
—Fui ciego y no me percaté de que estamos en constante guerra —se lamentó—. Olvidé que se debe ser enérgico para proteger la paz. ¡Somos shinobi, y juro por el nombre de Konoha que esto no volverá a ocurrir! ¡Estuvimos a un par de años de caer con innumerables pérdidas gracias a la traición de sus propios protectores! —Miró a las dos personas frente a sí con dureza, y prosiguió con el mismo tono: —El daño causado por mi sentimentalismo no puede ser reparado. Orochimaru hizo demasiado. Me responsabilizo de no matarlo cuando tuve la oportunidad —inhaló el humo del tabaco—, ¡pero no estoy muerto! Me han dado la oportunidad de hacer algo, así que, como Sandaime Hokage, juro que lo haré.
«El Sonido, el País del Arroz, el País del Colmillo, el País del Té; en todos aquellos lugares, al mismo tiempo, las desdichadas personas tratadas como experimentos eran rescatadas por shinobis con el hi-tai de Konoha; los que no podían ser salvados, eran liberados de su sufrimiento».
—He tomado decisiones —dijo al caminar por la oficina—. La primera es que un consejo de mi entera confianza, bajo mi supervisión personal y constante, se encargará de administrar, proteger y ayudar a la aldea anexa de Konoha: El Sonido estará bajo el mandato indirecto del Hokage.
«En el Sonido, Koharu Utatane, la consejera más fiable de Sarutobi, se ponía a la cabeza del gobierno. La anciana kunoichi sería los ojos, oídos y kunai, de ser necesario, del Sandaime. Los líderes y los shinobi del Sonido cambiaban sus hi-tai por otros con el símbolo de Konoha. La diferencia radicaba en que, en el centro de la hoja característica, se veía una nota musical».
—La segunda es que los shinobis de Konoha hagan lo que hace tiempo atrás debimos haber hecho: reforzaremos fronteras, alianzas, y elevaremos el nivel de la Academia. También crearemos bases militares fuera de Konoha. El Sonido será nuestra primera gran defensa en la lucha por la paz—. Hiruzen afiló los ojos, abatidos pero llenos de un vigor redivivo—. Y, por ultima —reanudó: —, la más importante de las muchas otras decisiones tomadas; no solo por mí, pues los clanes de Konoha están de acuerdo, es —se acercó a sus acompañantes a paso lento y concluyó con voz cansada: —mi retiro.
Al finalizar su intervención, el Sandaime salió con marcha adusta hasta el balcón de la torre. Al hacerlo, admiró dichoso cómo Konoha se preparaba para un festival enorme.
—Sarutobi-sensei, ¿estás seguro? —preguntó uno de sus acompañantes: el segundo miembro masculino de los Sannin, Jiraya, quien siguió a pocos pasos al anciano para luego traspasarlo y apoyarse en las rusticas barandillas de piedra del balcón.
—Estoy demasiado viejo para el cargo. Konoha necesita una nueva generación. Mi deseo más grande era que tú me sucedieras, pero lo veo distante —dijo y sacó la pipa de su boca—. Ahora, Tsunade…
—¿Eh? No creo que acepte.
—El mundo shinobi se desmorona en las sombras, aunque todo parece bien en la superficie. Deberías saberlo mejor que yo. También está esa organización Akatsuki. Según los informes hallados en las guaridas de Orochimaru, habría shinobi más poderosos que un kage entre sus miembros. Esa clase de sujetos nos ha superado en una guerra que no peleábamos, es más: ¡ni estábamos enterados de ella!, incluso estando delante de nuestras narices. Así que, como maestro, como Sandaime Hokage, es mi orden y petición que Tsunade se quede en Konoha para tomar el puesto de consejera junto a ti y mi persona—. Sarutobi vio la montaña Hokage y se detuvo en el rostro del Yondaime. Entonces, con voz más clara y calmada, explicó: —No aceptaré un «no» por respuesta. Ni de parte tuya, que quede claro.
Al terminar la orden, el otro acompañante del viejo apareció desde atrás
de Jiraiya; salía del interior de la oficina. Se desveló así a la integrante femenina
de los Sannin.
—¿Es todo lo que dirás? —preguntó Tsunade dolida. Sarutobi, por su lado, se limitó a mirar al frente.
—Te he dado la libertad suficiente para curar tus heridas —fumó—, pero debes aceptar que todo shinobi pierde algo. Yo mismo he visto morir a uno de mis tres hijos, he perdido a mis esposas y enterrado a una gran cantidad de amigos. Conozco el dolor que ocasiona. Pensé que, al darte libertad, podrías superar el dolor. Pero tus heridas no cicatrizan con el tiempo. Han sido diez años desde que abandonaste la aldea. Muchos más desde que ellos murieron. Tsunade, el dolor jamás se irá. Lo único que puedes hacer es proteger lo que quisieron y honrar la memoria de tu abuelo y tus demás seres amados. Como dije, esta vez cumplirás con la responsabilidad de tu rango y de tu poder, lo quieras o no. La responsabilidad del Sannin de Konoha es más importante que tus sentimientos. No me importa si me odias. En esta ocasión, Tsunade, tendrás que enfrentarme en combate si quieres salir de la aldea —regresó a ver a la kunoichi—. Soy viejo, pero todavía soy tu maestro y tu superior. Aunque llegaras a derrotarme, solo traerías vergüenza a quienes depositaron su fe en ti, pues Konoha te daría la espalda para siempre.
—Sarutobi-sensei —apenas susurró. Tsunade bajó la mirada entre confundida y enojada. Cómo podía argumentar algo si lo decía de forma tan directa. Era como si la hubiera golpeado. No era una niña, pero estaba comportándose como una. Era una Sannin—. Está bien —dijo derrotada.
Tsunade debía respetar a su maestro. Tampoco podía faltar a la memoria de su abuelo o dar la espalda a la aldea que tanto amaron su novio y su hermano. Fue una forma bastante ruda pero eficaz de volverla a la realidad. En conclusión, lo que le dijo frente a Jiraiya era algo resumido de lo que habló cuando él fue a buscarla. Hace dos días, ni en el más loco sueño, hubiera imaginado ver al Sandaime entrar por la puerta de un casino de mala muerte de un poblado olvidado, seguido por dos patrullas AMBU.
—Hace mucho tiempo que no tenías la actitud del «Profesor», Sarutobi-sensei —dijo Jiraiya entre sonrisas—. Está bien, seré parte del consejo, pero no impedirás que siga con mis investigaciones—. Sarutobi giró a verlo con desaprobación, a lo que el Sannin replicó: —¡No estoy hablando de aquellas investigaciones!, aunque tampoco esas las dejaré.
—El Godaime no te lo impedirá mientras cumplas con tu trabajo.
—Pensar que mañana lo haces oficial y le entregarás ese sombrero. —Jiraya miró hacia el enorme cielo gris que cubría a la aldea. —Después de Minato, no pensé que alguien llegaría al puesto tan rápido.
—Cuando asumí el cargo tenía más o menos su edad —excusó Sarutobi—. Sus hazañas se han explayado a lo largo y ancho del mundo. El que pudiera derrotar a Orochimaru es clara muestra de que me ha superado.
—Pensar en todo es irreal —dijo Tsunade mientras seguía a los dos hombres al interior de la oficina—. Un mocoso asumirá el cargo. Las nuevas generaciones son fuertes.
—Lo sé… —contestó Sarutobi. Luego, procedió a sentarse en el escritorio por última ocasión; a la mañana siguiente, el Godaime sería posesionado—. Un líder fuerte junto a un consejo confiable es lo que necesitamos. Por tanto, Tsunade, te encargarás de los niños que Danzó entrenaba en Ne. Todos son impresionantes. Algunos de ellos se convertirán en formidables shinobis. Puedes disponer de cualquier cosa para su formación.
—Sí.
—Jiraiya…
—No tienes que decirlo —interrumpió—, sé bien lo que tengo que hacer. Pero una cosa me intriga —la seriedad de las palabras de Jiraiya fueron inéditas tanto para Sarutobi como para Tsunade. Muy pocas veces lo habían visto de tal forma. El shinobi endureció la voz y continuó: —Con sinceridad, más que intrigarme, me molesta.
—¡Es un tema muerto!
—¿¡Cómo puedes decir eso!? —vociferó con rabia por la respuesta antes siquiera de hacer la pregunta. Con el mismo tono, gritó: —Yo prometí…
—¡Crees que no lo sé! ¿¡Sabes cómo me siento!? ¡No sé si mi decisión fue la peor, pero no podemos hacer nada, ni tú ni yo! Cargaré con la culpa por el resto de mis días, y sabes una cosa —Sarutobi encaró a su estudiante y arrojó su cabeza hasta estar a centímetros del rostro del Jiraiya. Los ojos de ambos hombres emitían tal instinto de poder que aun Tsunade sintió escalofríos—: tal vez debió suceder así.
—¡Minato no sacrificó su vida y a su hijo para esto! —Jiraiya se enfrentaba a su maestro con furia. No le bajaría la mirada como cuando era un crío.
La última vez que Tsunade los vio así fue cuando la traición de Orochimaru se descubrió. Ahora miraba a los dos en su faceta más oscura. Del tonto y fanfarrón Jiraiya no había nada, y menos de gentil y amoroso Sarutobi. Ahora eran los temidos Gama-Sennin y el Profesor.
—¿¡Cómo permitiste que esto pasara!? ¿¡Cómo encararé mi muerte si no pude proteger mi promesa!? ¡Mi estudiante confió en mí, y yo lo defraudé dejando que su hijo…!
—¡Su vida cambio cuando el Kyūbi apareció y Minato lo encerró en él! —Sarutobi interrumpió con violencia—. ¡Puede ser cruel, inhumano, repugnante, pero esa es la realidad! En algún momento sucedió, quisiera revertir todo, pero no puedo —bajó la vista, derrotado, y continuó más calmado: —También fallé. No podré morir en paz. Pero, dadas las circunstancias, y como Hokage, fue lo mejor que pudo pasar. Evitaron que Konoha cayera en algunos años. ¡Mi corazón lo condena, pero mi mente no se arrepiente!
—Te desconozco, Sarutobi-sensei —dijo Jiraiya, giró y empezó a caminar. Si se quedaba, iba a golpear a su maestro. Mejor optó por salir, no sin antes azotar la puerta. Sarutobi se sentó, recobró la compostura y recogió su pipa.
—Necesita estar solo, Tsunade.
—Estoy de acuerdo con Jiraiya.
—También yo, Tsunade. También yo.
—¿Entonces?
—Es mi error. Se me escapó de las manos. —Antes de que Tsunade preguntara algo, prolongó: —Fui ciego una vez más. Si pudiera hacer algo, lo haría; pero mi ciclo termina hoy. Ahora el Godaime tiene la palabra; confió en su criterio.
—Espero que no te arrepientas.
—Es tarde para eso. Hace mucho que estoy arrepentido.
Un formidable viento azotó la ventana de la oficina. Este se llevó las tiernas hojas que brotaban en los árboles. Un destino cruel; nunca tuvieron oportunidad de crecer.
Diez años desde el ataque del Kyūbi
Primer día del Reinado
del Godaime Hokage
Konoha se cubría de júbilo. La administración de la aladea tenía todo preparado para una celebración colosal. No era para menos; Sarutobi por fin había elegido a un sucesor. Miles de personas se aglomeraron en las calles bajo la Torre Hokage para admirar al nuevo líder. Le tenían gran respeto, pues su reputación era conocida, elogiada y temida en el mundo entero. Sus hazañas eran memorables, tanto como para compararlo con el Yondaime. Su fuerza fue suficiente para derrotar al genio de los Sannin, solo; y así evitó las guerras y el plan que tenía el traidor para dejar a Konoha en cenizas. Su nuevo líder acabó con la guerra antes de que esta empezara.
Konoha aclamaba el nombre de Uchiha Itachi como Godaime Hokage.
Sarutobi presidió el acto oficial junto con los nuevos consejeros, que eran nada más y nada menos que los restantes Sannin. Itachi vestía la ropa oficial, y cuando el Sandaime le colocó el sombrero que lo identificaba como la Sombra del Fuego, un enorme bramido se escuchó por millas, en especial desde el área donde el clan Uchiha, henchido de orgullo, contemplaba a su líder. Itachi se convertía en el líder de Konoha y cumplía el juramento de aquella nefasta noche. Al frente del poderoso clan Uchiha, dos niños miraban a su hermano mayor con un inocente fanatismo. Tanto Iori como Sasuke idolatraban a su hermano, que ahora se convertía en el guerrero más fuerte de la aldea. Los mellizos Uchiha eran abrazados por Mikoto, su madre, quien no cabía en la felicidad; la bella mujer no pudo evitar derramar lágrimas al ver que Itachi cumplió el sueño del clan. La aldea los reconocía y, mejor aún, los Uchiha tenían el lugar que se merecían. Mikoto abrazó con fuerza a sus dos pequeños y el bramido de Konoha se hizo portentoso. Tras unos momentos, el nuevo líder levantó la mano, pidiendo silencio.
—Konoha —empezó el discurso—, como Godaime defenderé a la aldea. Lucharé porque los ideales de mis antecesores no se pierdan en el olvido de un mañana oscuro. Aunque tiempos difíciles nos esperan, tengan fe de que lograremos superarlos. Tengan la seguridad que me superaré para protegerlos. Lo juro por el nombre de Uchiha Itachi y del clan Uchiha.
Un formidable bramido de aplausos se escuchó por doquier. La fuerza y la determinación del joven genio Uchiha hacían que en los shinobi aflorara la confianza y el valor. Aunque joven, era todo un líder. A sus dieciséis años se convertía en el kage más prometedor del mundo.
Horas después se seguía celebrando en las calles. Según el cronograma, Konoha tendría un festival entrada la noche en honor al Godaime. Pero otra situación se daba en la sala de juntas de la Torre Hokage, más importante que cualquier fiesta: los cabezas de cada clan shinobi de Konoha presentaban su respeto y lealtad al nuevo Godaime y a los nuevos consejeros. A la izquierda de Itachi estaba una voluptuosa kunoichi de grandes atributos que aparentaba los treinta años; su belleza, cautivadora. A la derecha del nuevo kage, rebosante de experiencia y sabiduría, se hallaba Sarutobi. Apartado y de pie, Jiraiya, a quien jamás le agradó el formalismo, miraba por una ventana al poblado. Los cabezas de clan empezaron. Cada uno doblaba en edad a Itachi, pero ninguno de ellos podía dudar del poder del Uchiha tras la conquista del Sonido.
—El clan Hyūga esta con usted, Hokage-sama —dijo formal Hyūga Hiashi. A su idea, únicamente los Uchiha eran dignos contendientes de los Hyūga, y en ese aspecto Itachi era un genio que eclipsó a ambos clanes.
—Cuento con usted, Hiashi-dono.
—Por parte del clan Nara, lo mismo, Godaime-sama.
—El clan Akimichi de igual forma, Itachi-sama.
—Como cabeza del clan Inuzuka, te aceptamos como líder.
—Gracias, Tsume-sempai —dijo el Uchiha. Tsume sonrió y respondió:
—El sempai está demás, Itachi.
—El clan Yamanaka esta con usted, Itachi-sama.
—El clan Aburame lo sigue y acepta, Hokage-sama.
Los reconocimientos duraron un poco más, pues buena parte de líderes aliados y de clientes frecuentes de Konoha habían llegado a la aldea con ese fin. Fue una suerte que días antes Itachi hubo ido al castillo del feudal del Fuego, y más que este último no asistiera a la aldea para la celebración; de haberlo hecho, el protocolo habría sido agotador.
Media hora más y la noche acaecería. Para esas instancias, quedaron el actual Hokage, Sarutobi y los dos Sannin. Itachi entonces habló:
—Siempre puntual —dijo. La atención de los presentes se dirigió a la ventana. Tal vez en muchos lugares hubiera pasado desapercibido gracias a su pulida técnica de infiltración; pero en aquella oficina estaba la élite de la élite—. Entra —ordenó Itachi.
Jiraiya abrió la ventana. Naruto ingresó y se arrodilló mostrando respeto al líder. Bajó la cabeza y dijo:
—¿Qué deseaba de mí, Itachi-san?
El sol caía perezoso detrás del monte Hokage. Los últimos rayos de luz entraron a la oficina y ahogaron todo en una melancolía color miel. Los presentes observaron a Naruto con el tórax, el brazo y la cabeza vendadas. Fue extraño, además, apreciar la vestimenta que llevaba: un yukata de corte tradicional. A Jiraiya le recordó su ropa de niño. En aquellos días era raro que alguien utilizara tales vestimentas.
—Levántate —decretó Itachi—, estamos aquí para decidir tu destino.
Ninguno esperó eso. Todos abrieron la boca; el aludido se levantó sin pausa. Jiraiya y Tsunade decidieron guardar silencio; más Sarutobi recalcó:
—¿Qué significa, Itachi? ¿Por qué no se nos informó? Naruto debería estar descansando.
—Lo siento, Sarutobi-sama, este es un asunto urgente. Lo mandé a buscar en la mañana para que viniera a esta hora. Si me pregunta la razón, creo que es justo que la decisión se tome de esta forma, con todos los altos mandos de Konoha presentes. Siento la forma brusca, pero lo creí mejor así.
—Como médico, estoy en desacuerdo. Debiste consultar. El niño sufrió graves quemaduras, huesos rotos… estaba peor que tú, según el informe que revisé.
—Mis más sinceras disculpas, Tsunade-san. Sé mejor que nadie de sus heridas, y la forma cómo se recupera. Pero no volverá a ocurrir de nuevo.
—Eso no importa. Lo que importa es aquello de decidir su destino. ¿A qué te refieres, Itachi? —preguntó Jiraiya apoyado en la ventana, cruzado de brazos y con expresión seria. Naruto, por su parte, se mantenía al margen.
—Naruto salvó mi vida, Jiraiya-sama. Es el shinobi con más potencial que he conocido. Usted se sorprendió cuándo nos rescató. Sabe que la única razón de mi presencia aquí es porque el chakra de Kyūbi no permitió que quedáramos aplastados por las rocas.
—Hemos leído los informes, sabemos qué sucedió. Hasta tenemos la estatua de Orochimaru. También conocemos que Naruto, aquí presente, no quiso ningún tipo de reconocimiento, aunque contribuyó con la muerte de Orochimaru. Ante la aldea y el mundo entero, tú derrotaste a Orochimaru sin ayuda alguna. ¿No entiendo qué objeto tiene eso de decidir su destino?
—Tsunade, Naruto fue quien no quiso reconocimiento. No has respondido a mi pregunta, Itachi. ¿Qué quieres decir con decidir su destino? —repitió Sarutobi y arrojó la mirada por la ventana; el sol apenas y se veía en los filos rocosos del monte Hokage.
—Le doy la oportunidad de decidir cómo quiere desempeñarse: si quiere regresar a la Academia, si quiere ser promovido, si quiere ser reconocido por lo que hizo en el Sonido, estoy dispuesto a concedérselo.
—Itachi, ¿quieres recompensarlo por salvarte? ¿Tanto aprecias tu vida? ¿Es acaso tu forma de hacerlo? —analizó receloso Sarutobi.
—En lo absoluto. Solo velo por Konoha. Naruto demostró que puede ser lo que quiera ser. Tal vez no puedan comprender; no han pasado tanto tiempo como yo con él, pero tiene mi confianza. Así que, ¿qué decides Naruto?
Las miradas se centraron en el niño. Segundos después, él levantó la mirada. Tenía ojos indescriptibles, con un rojizo en la parte inferior de los irises cuyo albor desprendía un ánimo melancólico y sosegado.
—Itachi-san…, Hokage-sama. Cualquier cosa que pida, la haré. Estoy a su disposición y la del consejo. Mi vida está ligada a sus órdenes.
Los consejeros nunca pensaron oír esas palabras. Estaban conmocionados.
—¿Es tu última palabra? —preguntó Itachi.
—Sí.
—No habrá vuelta atrás —dijo Jiraiya mientras Tsunade y Sarutobi veían como el niño se convertía en algo más.
—Soy consciente, Jiraiya-san. Pero mientras el Hokage y el consejo cuenten con los ideales que me han enseñado, estaré a su disposición; aunque no me agrade Itachi-san. —Naruto mantuvo fija la vista, dirigiéndola al Godaime.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Reconoces que Itachi no te agrada!
—Tsunade —interrumpió Jiraiya—, es más complicado de lo que crees. Estuve dos días con ellos, pero comprendí que a Itachi no le agrada Naruto y a Naruto no le agrada Itachi. Ambos son conscientes. Pero está en su naturaleza de genios, en otras palabras: su naturaleza es extraña.
—Sus palabras son sabias, Jiraiya-sama.
—En ese caso, ¿qué planes tienes para él, Itachi?
Sarutobi se levantó del asiento y caminó hasta donde Naruto estaba de pie. La noche había caído. Itachi imitó al Sandaime, recogió su sombrero, se lo colocó y caminó a la salida; en minutos tenía que estar en el festival. Cuando estuvo al lado de Naruto, dijo:
—Serás mi mano izquierda y derecha. Eres hábil para cualquier misión. Así que saldrás de la Academia. Desde hoy serás la sombra del Hokage, quien arde en la oscuridad. Cuando te recuperes, tu misión será asignada.
—Como ordene. —Los consejeros no sabían si debían estar tristes, pues Naruto se convirtió en un arma por voluntad propia. —Pero tengo una petición que hacer —dijo de improvisto—. Más que una petición, quiero aceptar lo que me ofreció. Mi destino está sellado, pero quiero cambiar el destino de otros. Quiero constatar que sobre un sacrificio se construye el destino de todo lo demás.
—Escucho.
—En la guarida de Orochimaru cambié treinta vidas por tres. Las tres vidas fueron traídas a Konoha por Jiraiya-san y han estado en un orfanato sin saber qué sucedió. No se les ha permitido salir. Por tanto, esas tres vidas… es mi petición que sean aceptados aquí. Sacrifiqué la felicidad de otros por su existencia, y estoy seguro de que ellos valdrán la pena. Tienen que valerlo.
Itachi tenía la mano en la perilla de la puerta. Sin inmutarse, prosiguió ante el silencio de su discípulo:
—¿Cuál es la petición Naruto? ¿Las quieres como equipo?
—No. Es más: si preguntan, deseo que les informen de mi muerte. Quiero que vivan sin cadenas, que se les dé una familia, que demuestren que una voluntad nacida del sufrimiento es más fuerte que cualquier otra. No es un mal trato. Cada una tiene barreras de sangre. Quiero que se conviertan en los mejores y salven tantas vidas como les sea posible. Quiero que confirmen mi decisión de salvarlos. Es un capricho, lo sé…
—Entiendo. Desde la próxima semana serán estudiantes de la Academia y después shinobis de Konoha. Les buscaré una familia y hablaré con ellas—. Tras decir esas últimas palabras, Itachi abrió la puerta y salió por ella.
—Naruto —dijo Sarutobi depositando una mano en el hombro del niño. Los Sannin veían la escena desde atrás con una maraña de pensamientos y emociones.
—Tranquilo, abuelo, es mi decisión. Después de ver lo podrido que está el mundo, siento que debo hacer algo con este poder —tocó su abdomen.
—Eres cabezota, ¿verdad? —señaló Jiraiya revolviendo el cabello del niño.
—Debes descansar —intervino Tsunade—, después iré a ver cómo sigues.
—Gracias. —Naruto caminó, jaló la puerta, pero antes de salir, les devolvió la mirada con una gran sonrisa—. Este mundo cambiará. Yo me encargaré. ¡Es una promesa!
Soledad es lo que añora un corazón que no ha sentido la calidez de otros. Se hicieron fuertes gracias a una profunda tristeza que nunca debieron conocer; la realidad es distinta. Despertar de la añoranza, de los recuerdos, en un lugar desconocido, fue clara muestra de que su vida cambió.
En un establecimiento rústico, el Godaime terminó de hablar con tres niños; el primero, un joven de facciones finas; la segunda, una niña de grandes lentes; y, la última, una muchacha de cabello rojizo y ojos color miel.
—No hay nada más qué contar, eso sucedió —concluyó Itachi.
—¿Orochimaru murió? ¿Usted lo mató?
—¿Por qué nos trajo aquí? Es mucho tiempo y nadie nos dice nada. Tampoco podemos salir. ¿Qué harán con nosotros? —preguntó el joven llamado Haku.
—Tengo una deuda con quién los ayudó. Salvó mi vida y le prometí que los cuidaría.
Los jóvenes bajaron la mirada.
—Él murió —antes de que cayeran, Tayuya se secó las lágrimas. Aquel niño rubio la ayudó tanto, y no tuvo la oportunidad de saber siquiera su nombre.
—Itachi-sama, perdón: Hokage-sama, ¿Qué sucederá con nosotros? —preguntó Karin, la niña de grandes lentes.
—Lo he dicho: los cuidaré. Los aceptaré en la aldea y entrarán a la Academia shinobi de Konoha. Tienen barreras de sangre y se convertirán en excelentes shinobis.
—¿Por qué lo hace? —preguntó esta vez Tayuya.
—Lo he dicho también: él dijo que probarían que salvarlos fue la decisión correcta, que en el futuro salvarían más vidas de las que él llegó a sacrificar para protegerlos.
—Karin, Tayuya, es el deseo de la persona a quien le debemos nuestras vidas. Quiero aceptarlo, pero si ustedes lo aceptan. Él lo dijo, ¿recuerdan?
—Sí, lo recuerdo. —Karin se acomodó los lentes.
—También lo recuerdo—susurró Tayuya—. Él dijo: «desde ahora se cuidarán para poder sobrevivir».
Los tres niños accedieron a la propuesta de Itachi. Naruto vigilaba lo que sucedía desde una cornisa cercana. El sacrificio debía dar frutos. Si no era así, nada tenía sentido.
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Respuestas a reviews
cecilio: la verdad pido perdón por la tardanza, pero el proceso de titulación me absorbió mucho tiempo, y corregir mis otros fics también me consumió algo de tiempo. Seguiré publicando este fic hasta donde su autor me lo permita, y espero terminar antes de que todos tengamos 100 años.
Brendan94: es admirable encontrar otro antiguo seguidor de este fic. Lo que a mí me pico más era la futura batalla de shikamaru contra Leonato. Para los que están leyendo este fic por primera vez, aquí dejo de comentar.
david.98: comparto tu opinión. Aunque comprendo el hecho de borrar historias si no puedes terminarlas, o para corregirlas, esta historia no debió haber sido borrada. Pero cada quien maneja sus fics como mejor le parezca.
Nota del publicador
Sigue la continuación de este fic, perdón por la tardanza, pero mis otras ocupaciones y mis propios fics no me dejaron actualizar tan seguido este fic como me hubiera gustado. También me gustaría informar que en el blog que intento desarrollar (narutoelitecovenantpuntocom) comenzare a publicar fics que no publicare en fanfiction (serán fics basados en mis fanfics favoritos).
