Ranma 1/2 no me pertenece. Este fanfic está escrito por mero entretenimiento.

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—Cero—

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Capítulo 5: En mis sueños

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Sentía como el vacío ingrávido tiraba de él desde la boca del estómago. Caía sin remedio, cada vez más rápido mientras que a su alrededor el espacio era engullido por la oscuridad.

Todo se deshacía, sólo estaban él y la eterna caída.

Consumido por la desesperación, sabiendo que para él no había esperanzas ni sueños por cumplir, sólo le restaba dejarse consumir por la negrura, que su cuerpo fuera engullido por la verticalidad.

Y de pronto una mano se estiró hacia él en medio de la nada, pálida y fina, desnuda.

Ranma se agarró a aquella mano salvadora sintiendo que era su único anclaje al mundo, a la vida misma. La mano le contenía, frenaba en seco su desplome. Tiró de ella cargado de ansiedad y entre la oscuridad surgió un cuerpo que recibió entre sus brazos, una mujer.

Era él mismo, pero de otra forma. Era su mitad y estaba muerta. Volvía a sentir la caída pero estaba quieto, volvía a sentirse engullido por el precipicio a pesar de estar parado sobre sus pies. Volvía a mirarla, ya no era ella.

Ahora sostenía el cuerpo frío y muerto de Akane.

¡Nononononononononono!

—¡Akane!

Despertó.

Los sueños eran cada vez más habituales, más complejos. Sentía el corazón cabalgando desesperado, el sudor acumulándose en su pecho y en sus manos, la ropa pegada a su torso como una segunda piel.

No pudo más que apartar el cobertor del futón y llevarse ambas manos al rostro. No soportaba más noches de pesadillas, llevaba sin dormir del tirón meses. El cansancio se acumulaba y durante el día apenas vagaba por la casa sintiéndose débil y abrumado, esquivando el momento de regresar al sueño, temiendo con toda su alma volver a verla muerta una noche más. Estiró el cuello lleno de horribles y dolorosas contracturas.

Estaba llegando a su límite. Se levantó errante y trastabillando con los pies caminó por el pasillo de la casa de los Tendô. Quizás aún seguía dormido o eran cosas de su imaginación, pero parecía que desde el suelo que pisaba hasta las paredes estaban recorridas de una especie de electricidad estática que erizaba sus cabello. O quizás era sólo que se avecinaba una tormenta.

Entró al baño y se lavó la cara, intentaba espabilarse, siquiera sabía la hora que era pero no le apetecía volver a dormir. No, no otra vez. Sabía en lo que terminaba eso y no estaba dispuesto a pasar por ello de nuevo.

Y mientras su vida se iba a la mierda engullida en continuadas y terribles pesadillas, Akane parecía estar pasando por uno de sus mejores momentos personales.

Acababa de hacer los exámenes para el ingreso en la universidad, con bastante éxito, por cierto. Reía feliz, ajena a cuanto pasaba a su alrededor, con la cabeza demasiado llena de temarios y planes de futuro.

Al mirarla Ranma sentía que había algo que estaba pasando por alto, que de alguna forma había algo que no solo no iba bien, si no que estaba terriblemente mal. En su desazón su propio cerebro trataba de razonar, de contarle un hecho que se traducía en aquellas pesadillas. Al principio pensó que sólo se trataba de estrés postraumático, pero ahora no estaba tan seguro.

Salió del baño atontado, con la cabeza demasiado embotada, tanto que no se percató de hacia dónde le conducían sus pies hasta que no estuvo delante de la puerta de su habitación. Sí, eso era, allí dormía la protagonista de sus sueños y pesadillas ajena al torbellino de sentimientos que despertaba en él.

Jusenkyo había quedado muy atrás, y desde entonces había vuelto a haber aventuras y locuras… pero sólo de vez en cuando, y siempre en menor medida. Parecía que parte de madurar también incluía el tener menos tiempo para vivir en aquella vorágine de enfrentamientos, citas y prometidas.

Todo parecía especialmente tranquilo de un tiempo a esta parte, tanto que se tornaba irreal.

Tanto que Ranma no podía más que sospechar.

Aún no llegaba la madrugada, por lo que el hecho de tocar a la puerta se le antojó absurdo. La empujó con cuidado y conteniendo los latidos de su corazón se coló dentro con la más absoluta cautela.

Sobre el escritorio de Akane había una montaña de libros, algunos abiertos, al igual que varios cuadernos, lápices y bolígrafos. Ella se estaba entregando a sus estudios con tanto empeño que de vez en cuando Ranma se sentía abandonado.

Por supuesto jamás había siquiera insinuado que echaba de menos las atenciones de su prometida, en su lugar optó por salir varias veces de viaje de entrenamiento. Pensó que si se alejaba lo suficiente quizás también conseguiría apartar las pesadillas… y así había sido, al menos durante todo el tiempo que entrenó lejos de ella consiguió conciliar el sueño más de cuatro horas seguidas, y cuando soñaba después no lograba recordarlo. Eso resultaba reconfortante.

Pensar que ella era la fuente de su desquiciante falta de sueño no era justo, y más cuando Akane estaba siendo especialmente atenta con él. Le sonreía con sinceridad e incluso le preguntaba por técnicas nuevas, a lo que el pobre muchacho no sabía muy bien cómo contestar.

Daba respuestas vagas y esquivas, avergonzado por lo que en realidad era la fuente de sus tribulaciones. Separarse de ella funcionaba, pero sustituía las pesadillas nocturnas por una intranquilidad sin fin. De día temía de forma real y sangrante por su vida hasta el punto de enloquecer, entonces regresaba y al volver a ver su sonrisa, su despreocupado parloteo parecía que el mundo volvía a estar en su justo lugar.

No podía seguir así, estaba llegando al límite físico y mental.

Se quedó un instante observándola dormir, miraba su pecho subir y bajar entre respiraciones, tan tranquila… De alguna forma se sintió estúpido, no había nada mal, ¿verdad? Todo estaba en su maldita cabeza. Ella estaba bien, llevaba más de dos años bien. No iba a morir de pronto, no iba a volver a pisar Junsekyo jamás.

Le dio la espalda y se dispuso a salir de la habitación, cuando su pie tropezó con lo que parecía una pesa abandonada de mala manera en el suelo. Gruñó con los dientes apretados y dió un par de saltitos ridículos maldiciendo el desorden en el que vivía Akane.

Eso fue suficiente para despertar a la chica, quién con un quejido adorable se levantó ligeramente de la cama frotándose los ojos.

—¿Ranma? —adivinó en la oscuridad, y al artista marcial no le quedó más remedio que dejar de pegar saltos y volver a posar el pie en el suelo, sabiéndose descubierto.

—Ya… sí, soy yo —confesó en un susurro, irremediablemente tímido y sin más excusas a su favor que la pura verdad.

—¿Qué haces en mi cuarto? —volvió a preguntar ella, un poco más atenta, a lo que él se agachó a su lado y torció el gesto.

—Nada, duérmete.

—¿Va todo bien? —dijo extrañada, hizo amago de levantarse pero el chico posó sus manos en sus hombros, indicándole que no era necesario.

—Sí, duérmete —repitió con impaciencia, y Akane no pudo más que sentir la suave pátina de sudor que empapaba a su prometido, su respiración superficial y amortiguada que recidivaba de su aliento al acercarse, intentando que volviera a acostarse.

Y ella era lista, sabía leer sus gestos esquivos y entendió que, una vez más, mentía.

—Ven —susurró Akane agarrando su mano con desenvoltura—, tengo frío.

No era más que una mentira piadosa, porque el que estaba helado era él. Eran pocas las noches en las que se atrevía a cruzar su puerta, alguna vez también lo había hecho por la ventana. Akane solía hacerse la dormida pues sabía que de alguna forma su prometido necesitaba de aquella calma que ella le brindaba con su silencio. Nunca había ido más allá, pero en los últimos tiempos Ranma estaba raro, y quizás, sólo quizás, necesitaba de ella más que sonrisas y palabras alegres. Un gesto inequívoco.

El chico se resistió, tembló de nervios ante la perspectiva de compartir un espacio vital cercano, tan íntimo y cálido con su prometida. Akane se echó a un lado en la cama invitándole nuevamente, y la escuálida voluntad del agotado muchacho no pudo más que aceptar aquel refugio. Se acurrucó en la candidez del olor de Akane, arropándose con las sábanas, temblando a causa de un frío que no había sentido hasta el momento, muerto de miedo, realmente asustado de sí mismo.

Ella le observó a la contraluz que entraba por la ventana, apartó los cabellos de su frente y puso su mano contra su piel.

—No parece que tengas fiebre —comentó con tono preocupado ante el lamentable estado del muchacho. Ahora que le observaba de cerca lucía grandísimas ojeras y su piel, habitualmente fresca y tostada parecía pálida, casi cetrina.

Ranma se apresuró a tomar su mano, la apartó de su frente y con un movimiento osado entrelazó sus dedos. Se miraron serios con sus manos en medio, mientras el pulgar del chico dibujaba círculos en la fina mano de su prometida, aún entre espasmos de frío.

—Akane… —susurró arrugando las cejas, sintiendo cierto alivio por el contacto—, en mis sueños tú…

—¿Has tenido una pesadilla? ¿Es eso? —preguntó ella, sintiendo el frío penetrar en su propio cuerpo.

Ranma tragó saliva y cerró los ojos, no se sentía capaz de poner en palabras todos sus temores, y ella comprendió sin más, se acurrucó en su pecho intentando brindarle calor, sacar de su cabeza los malos pensamientos.

—Estoy bien, Ranma —dijo con sus mejillas encendidas y las pulsaciones golpeteando en su garganta—. No te preocupes.

Y él no pudo más que aceptarla a su lado, dejándose al fin acunar por aquel menudo cuerpo suave y caliente, repleto de vida. Suspiró en su cuello sintiendo como él mismo revivía. El calor regresó a sus anquilosados músculos. Hasta las contracturas del cuello parecieron ceder a la vez que era invadido por un irresistible sopor.

Su respiración se tranquilizó, se hizo pesada, sus brazos envolvieron la cintura de Akane y enterró la nariz entre sus cabellos. Se sintió en paz como hacía meses, años que no estaba. El sueño le arrastró sin piedad a su mundo donde en esta ocasión y por fortuna, no le torturaron las habituales pesadillas.

Durmió en un necesario descanso hasta que la chica a su lado comenzó a moverle intranquila.

—Ranma, eh, despierta —rogaba su voz, él consiguió abrir un ojo, atrapado como estaba en una calidez tan cómoda que podría haber pasado allí una vida.

Había amanecido, y ya hacía un buen rato.

—¿Eh? —dijo aún somnoliento, percatándose de que tenía a la chica atrapada en un fortísimo abrazo del que sus extremidades se negaban a liberarla.

—Vuelve a tu cama, si nos descubre estaremos casados antes de medio día.

Pestañeó aún intentando comprender qué estaba haciendo, o siquiera cómo había llegado hasta allí. Con el corazón súbitamente desbocado miró a su prometida.

—P-Perdón, yo…

—Shhh —siseó Akane visiblemente nerviosa, apoyando un dedo en sus labios e indicando que guardara silencio. Estaban metidos en un buen lío.

Ranma tragó saliva comprendiendo que la única decisión sensata era intentar escabullirse por la ventana y regresar a su habitación lo más discretamente posible. Y sin embargo… Algo en su interior se resistía a moverse.

El tacto de su piel era adictivo, se sentía enganchado a la sensación de calma después de tanto tiempo viviendo entre tinieblas. Su cabeza le gritaba que la dejara ir de una vez, pero su instinto animal se aferraba a ella comprendiendo que su misma esencia le proporcionaba vida. Era extraño, casi místico.

Aquel era su lugar.

—¡Ranma! —volvió a rogar ella, esta vez más exigente, luchando por deshacerse de los brazos del muchacho, y más cuando los conocidos pasos de Kasumi comenzaron a resonar por el pasillo, rumbo a su habitación.

Con dolor físico finalmente consiguió soltarla, pero ya era tarde, no tenía a donde huir. Ambos contemplaron el picaporte de la puerta girar lentamente, Akane agarró la trenza del chico y le obligó a esconderse entre las sábanas, prácticamente le enterró la cara entre sus muslos antes de acomodar la colcha y poner su mejor cara de buena chica.

—Akane, hora de despertarse —dijo Kasumi asomándose discretamente tras la puerta.

—S-sí gracias, ya voy hermana —respondió desde la cama, por fortuna Kasumi salió sin percatarse de la escena.

Mientras, Ranma luchaba por no respirar, no hacer ni tocar nada que le pusiera en un compromiso mayor del que ya se encontraba. Sentía las pulsaciones palpitar en el cuello y el sudor impregnarse en su frente.

Finalmente Akane levantó la sábana y miró hacia abajo.

—Vete ya —ordenó sin contemplaciones, en un susurro áspero.

Ranma se alzó sobre ella, reptando sobre su cuerpo de forma sensual, posesiva. No se contuvo de apoyar todo su peso sobre su abdomen haciendo que Akane quedara tendida y sin escapatoria. Tuvo cuidado de calcular sus movimientos, encajando una rodilla entre sus piernas, tan atrevido.

No estaba pensando con lucidez, sólo se dejaba llevar por sus impulsos, aquellos que había estado ignorando tanto tiempo. Akane le miraba muda y sonrojada, con el corazón latiendo tan rápido como el de un animalillo. Entreabrió los labios para rogar una vez más, siento consciente de que deseaba aquello tanto o más que su prometido, pero no en ese momento, no así.

—Ranma… —musitó suplicante, llena de miedo y dudas, y él se inclinó sobre su boca queriendo sentir la suavidad de la que tanto había renegado, queriendo beber de la vida y la luz que ella irradiaba. Era imposible resistirse, tembló de anticipación cuando sus labios rozaron los de Akane, sintiendo su aliento caliente, acariciando con su lengua apenas el borde de sus dientes.

—Akane, ¿me dejas la falda roja? No tengo nada que ponerme —Nabiki irrumpió despreocupada en la habitación, con el pijama a medio abrir y dando un bostezo. Se quedó parada dos segundos en la puerta mientras ambos, mortificados, se separaron a la velocidad del rayo—. ¡Oh! ¡perdón! Digo… ¡perdón! No sabía que… ay no, ¿dónde he dejado mi cámara? —preguntó antes de salir disparada, pero no más que Ranma, quien de un salto prácticamente se encaramó a la ventana y de allí al tejado, aún con el corazón en la boca.

Estaban metidos en un problema, no… ¡Él estaba metido en un problema! ¿Ahora con qué cara iba a enfrentar a Akane? ¿¡Qué demonios le estaba pasando!? Se golpeó las mejillas varias veces, intentando espabilarse, encontrar el sentido común que había mandado lejos en cuanto sintió la atracción del calor de su cuerpo.

Deseó cavar el agujero más profundo que pudiera y meterse dentro.

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La distancia entre ellos se había ensanchado unos metros más. Y si bien en un primer momento le había parecido salvable, ahora visto con más calma parecía inabarcable.

Pero Ranma no estaba arrepentido de lo que había dicho, de ni una sola palabra. Podía sentirse enfadado con su "yo" del pasado por quizás, haber sido poco claro respecto a sus sentimientos con ella. Podía incluso estar avergonzado y desde luego que entendía su punto, pero Akane no hacía ni el más mínimo esfuerzo por entenderlo a él.

Sabía que no podía controlar ni lo que pensaba ni lo que sentía Akane, y sabía también que por más que se autoimpusiera calma y serenidad todo parecía irse a la mierda en cuanto ella entraba en su campo visual. Necesitaba tranquilizarse, pero después de tantos años inútilmente desperdiciados, soñando con el momento en que la volviera a ver y ella le sonriera como hacía entonces, aceptándole sin más, rodeándole con sus brazos y sin cuestiones ni preguntas… La realidad le caía encima con un peso ensordecedor.

Vuelta a la casilla de salida.

Y si en ese punto estaban, entonces mejor no cometer los mismos errores que en el pasado. Debía empezar con una sincera disculpa.

Ranma tragó saliva y alzó su mano por tercera vez, en esta ocasión dispuesto a no dudar y golpear la puerta de la habitación de la muchacha. Se sentía igual que aquella vez, hacía ya tantos años después de prácticamente haberla asaltado en su propia cama, consumido por la vergüenza, con las mejillas y el cuello en combustión.

Pero la diferencia en esta ocasión radicaba en que no podía coger su mochila y largarse a de acampada durante las siguientes tres semanas, ahora debía enfrentarla mientras aplastaba contra el fondo de su cerebro todo pensamiento que se acercara mínimamente a sentimientos. Poco a poco. Paso a paso.

El chico dio un golpe en la puerta y esperó. Esperó pacientemente unos veinte segundos antes de volver a golpear y meterse las manos en los bolsillos, dio tres pasos hacia la derecha, y luego otros cuatro a la izquierda, como un maldito merodeador acosando a su víctima, nervioso y con las manos sudadas.

La puerta le contestó con un silencio lánguido, de no estar hecha madera estaba seguro que le hubiese alzado una ceja. No estaba en su habitación.

...

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Ranma caminó hasta la recepción del hotel donde se dejó caer sobre uno de los lujosos sofás e hizo lo que durante años no se atrevió a hacer, ni siquiera en sus peores momentos. Sacó el teléfono móvil de su bolsillo y marcó su número.

Se apretó el aparato contra la oreja de forma impaciente y soltó una maldición cuando tras muchos tonos la llamada se cortó. Volvió a intentarlo una vez más con el mismo resultado.

—¿Pero qué…? —Se mordió la lengua antes de abrir su aplicación de mensajes y mandar un escueto requerimiento por su presencia.

"Dónde te has metido".

Se sintió orgulloso de no haber empleado la palabra "mierda" ni "coño" y volvió a guardar el terminal. Movió la rodilla impacientemente en el sitio, lo de esperar sentado no estaba hecho para él. Y de pronto una inquietante idea se abrió paso entre sus pensamientos, ¿y si la razón por la cual no contestaba es que había renunciado? ¿Y si aquella misma tarde, tras su discusión había hecho la maleta y se había largado sin un triste "adiós"?

Ranma se alzó sobre sus tembloroso pies, ahora sí que comenzaba a ponerse nervioso. ¿Cómo podía haberlo jodido todo de semejante manera? ¿¡En menos de setenta y dos horas!? Se tironeó del pelo mientras se precipitaba como un energúmeno sobre la mesa de recepción del hotel.

—Necesito saber si la mujer de la habitación 346 se ha ido —dijo de forma atropellada a la muy confundida chica de recepción.

—¿Disculpe?

—¡La habitación 346! ¿La mujer que la ocupaba ha dejado el hotel? —repitió con una falta de paciencia que sobrepasaba la impertinencia, la muchacha de la recepción suspiró como si se enfrentara a un problema habitual.

—No puedo facilitarle información privada de otro huésped, señor —dijo con más paciencia de la que cualquiera podría pedirle en aquella situación.

—No te estoy pidiendo información, sólo que me digas si la maldita habitación está ocupada —Ranma rechinó los dientes mientras la perforaba con la mirada, y para dar énfasis a sus palabras apoyó las palmas de ambas manos encima del mostrador.

—P-pero señor…

—¿Has despertado tarde y te han cerrado el buffet? —Con un movimiento de cuello que en cualquier otra persona podría haber ocasionado (mínimo) un esguince cervical, el artista marcial se giró a mirar a la chica que se había detenido a su lado, con un vaso de café para llevar en una mano y cara de pocos amigos.

El alivio que sintió al volver a verla sólo se vio opacado por la mirada suspicaz que ella le devolvió, cargada de algo más que cara de pocos amigos y sueño vespertino. Además, llevaba un pantalón corto, demasiado corto. Y no es que a Ranma le disgustara verle las piernas (todo lo contrario), si no que le parecía cruel provocar de esa manera a un pobre hombre hambriento.

—¿Dónde demonios te habías metido? —preguntó abandonando a la muy aliviada recepcionista, Akane pestañeó lento y frunció el ceño.

—Estaba trabajando.

—Yo soy tu trabajo.

—Ya lo creo que lo eres —respondió con fastidio—, haz las maletas, he comprado billetes para salir esta misma tarde a Davao.

La información cogió al chico absolutamente desprevenido, tanto así que frunció el ceño sin entender nada.

—¿Pero cuándo has…?

—Resuelto el tema de los patrocinadores debes centrarte en tu entrenamiento. Vamos a pasar dos semanas en Filipinas, entrenando ejercicios de suelo con el maestro Danilo Santos en su dojô. No lo estropees.

El chico alisó su semblante y la contempló con algo parecido a la admiración. Abrió la boca aún intentando recuperarse del shock.

—¿Cómo has conseguido que ese tipo acepte? ¡Si es un capullo inaguantable! El año pasado siquiera quiso darme la mano en los pasillos de la competición del este asiático.

—A lo mejor no estabas empleando la palabra mágica: "Por favor", pero te aseguro que han bastado unas pocas llamadas para que nos entendamos. Y también le he pagado, por supuesto.

Ranma rechinó los dientes.

—No pienso…

—Ni se te ocurra tirar por la borda mis esfuerzos, haz las maletas de una vez, en una hora deberíamos estar saliendo para el aeropuerto.

Y sin más fue ella misma la que encaró sus pasos hacia la zona de ascensores y comenzó a pulsar violentamente los botones hasta que un pobre elevador tuvo a bien hacerla caso.

El chico de la trenza se mordió la lengua con cientos de pensamientos revoloteando al filo de su lengua: "Cuanto me alegra de que estés bien, temía que siguieras enfadada", "Acabamos de llegar, ¿por qué no nos quedamos apenas un día más y me dejas enseñarte la ciudad?", "Puedo ganar aún sin lo que tiene que enseñarme ese tipo (aunque sea muy bueno en el suelo)", "Me pones a mil cuando te enfadas, y más con esos pantaloncitos".

Y sin embargo guardó silencio hasta que ella desapareció y procedió a seguir sus pasos y pulsar el jodido botón del elevador. Suspiró pensando que el jetlag iba a matarlo.

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La salida del hotel era lo más parecido que había visto Akane a las puertas del infierno. Cientos de almas se agolpaban en dos desgarradas orillas, frenadas por vallas metálicas y agentes de policía. Frunció el ceño, agarró con fuerza su maleta de mano.

¿Pero cómo se habían enterado esa panda de locas desesperadas de que él estaba allí? Tenía tantas cosas en la cabeza, tantas citas, cobros y miles de apuntes con los que ponerse al día que el jodido club de fans de Ranma Saotome había sido, obviamente, ignorado por completo en su cabeza.

Pero allí estaban, una horda de mujeres (y algunos hombres) gritando a la salida del hotel, y no parecían contentas. La iban a despellejar. Si todavía entendiera una palabra de lo que estaban diciendo aún podría dar algún tipo de excusa, o una corta explicación, pero mucho se temía que no tenía ni opción a réplica.

Los nudillos se le pusieron blancos por encima de su agarre mientras observaba a todas esas personas, quizás no podía prolongar durante mucho más tiempo el asunto de la rueda de prensa, que tantas veces le había insinuado Nabiki en sus mensajes y correos.

—Vaya, ¿todo eso es por mí? —Ranma dejó caer su maleta en recepción y observó con cierta satisfacción el montón de personas que le esperaban a la salida.

—¿Tú qué crees? —respondió Akane con resquemor.

—Que soy irresistible —apuntó pasándose una mano sobre el flequillo, al más puro estilo Kuno Tatewaki, Akane torció los labios en un gesto de repulsión.

—¿Cómo se han enterado de que estamos aquí? No lo entiendo, fui muy cuidadosa al respecto…

El artista marcial pareció recapacitar.

—Ni idea, pero siempre lo hacen. Qué quieres que te diga, soy muy popular.

La muchacha le observó cargada de la más absoluta de las sospechas.

—No habrás publicado algo en tus redes sociales sin mi consentimiento, ¿verdad?

Él tragó saliva.

—¿Y-yo? Ese tipo de desconfianza me ofende.

—Bien, en ese caso no te importará que revise, por si acaso… —dijo ella sacando su carísimo teléfono y comenzado a abrir una a una todas las aplicaciones que se suponía debía estar manejando, pero honestamente, ya bastante tenía con saber dónde estaba parada.

Mientras lo hacía echó mano a su cuaderno de niñera, donde Shô le había dejado pulcramente apuntadas todas las contraseñas en una letra apretada y clara.

—No es necesario que lo hagas ahora, vamos a llegar tarde al aeropuerto —dijo el chico intentando quitarle el cuaderno.

—No podremos llegar al aeropuerto si no se disuelve la multitud de locas de la puerta —razonó intentando no distraerse de tu tarea.

—Hay un taxi esperándonos, sólo tenemos que correr un poco, saludar, firmar un par de autógrafos y…

—¿¡QUÉ DEMONIOS!? ¡RANMA! ¡Publicaste esta mañana una maldita foto de las vistas desde el hotel! –chilló llamando la atención de todas las personas a un radio de cincuenta metros, le mostró la fotografía absolutamente indignada.

El chico de la trenza se encogió de hombros, como quien es pillado cometiendo una pequeña travesura sin importancia.

—¿Cómo iba a saber que lo adivinarían? A veces dan miedo.

—Ya entiendo lo de niñera, también que el pobre Shôichiro renunciara. Eres imbécil.

El insulto sin embargo no le supo amargo, una pequeña sonrisa tironeó de la comisura de sus labios sabiendo que el enfado de la chica era una buena señal. Sí, que se enfada con él implicaba que le preocupaba, y eso sólo podía significar que no le era en absoluto indiferente. ¿Quizás había algo de celos en su reacción? Ranma no quería hacerse ilusiones, pero francamente, verla así le recordaba demasiado a las riñas de su adolescencia.

—Bueno, entonces es mi turno de enseñarte algo —insinuó dejando emerger aún más la sonrisa en su rostro. Ranma la miró como si lo tuviera todo controlado, como si supiera exactamente lo que había que hacer, y quizás así era. Akane tragó saliva mientras el chico agarraba su mano sin permiso ni vergüenza y comenzaba a tirar de ella directo a la salida, a los brazos de sus fans.

La muchacha a su lado experimentó un momento de terror cerval, frenó sus pies intentando hacer fuerza de forma absolutamente inutil, pues él tenía la fuerza de un huracán, y no admitía resistencia. El aire cálido les golpeó a la vez que las luces de los flashes, las cámaras de los teléfonos y los gritos y jadeos se volvían ensordecedores. Y ante todo aquello Ranma no dejó de sonreír ni durante un segundo.

Se acercó hasta el taxi mientras las vallas aguantaban lo imposible, hizo un gesto de calma a la comitiva y dejó a Akane a salvo dentro del asiento trasero antes de regresar sobre sus pasos y proceder a atender a la enfervorecida masa. Durante los siguientes diez minutos respondió preguntas, se hizo fotos, firmó autógrafos (incluso sobre despampanantes pechos), y después de despidió tirando besos al aire, obviamente encantado por las atenciones.

Para cuando ingresó en el taxi estaba agotado, pero con una inigualable sonrisa de satisfacción.

—Bien, ¿nos vamos? —dijo mirando hacia su representante, la cual no podía tener la boca más abierta.

—¿Qué les has dicho?

—Nada, a las chicas que son muy guapas, a los chicos que me encanta que me apoyen… a algunos también les he dicho que son muy guapos —Y le guiñó un ojo, pretendiendo con aquel gesto romper la atmósfera tensa, ella pestañeó.

—Vaya, desconocía esta faceta tuya. Desde luego que has aprendido un par de trucos —dijo a la vez que el taxi arrancaba y les alejaba de la multitud.

—Pero tú seguías mi carrera, ¿me equivoco? No veo por qué estás tan sorprendida.

Akane se quedó en silencio unos segundos, sopesando su respuesta.

—Supongo que nunca lo había visto en directo, te desenvuelves sorprendentemente bien. Y además, siempre me pareció que en las revistas exageran mucho con esos artículos bebiendo los vientos por tí, parece que les pagues cincuenta yens por cada halago.

Ranma se revolvió en el sitio.

—Es verdad que exageran un poco, a veces me hacen sentir incómodo con ciertos… rumores.

La muchacha alzó una ceja, sabiendo exactamente a lo que se refería. Ese era otro de los temas con el que tarde o temprano iba a tener que lidiar.

Llegaron al aeropuerto con el tiempo justo y no hubo muchos más momentos para charlar. Se subieron al avión a la carrera, prácticamente sudando y cuando finalmente se sentaron y se abrocharon el cinturón no pudieron más que abanicarse e intentar recuperar el resuello.

Akane respiró, había reservado billetes en primera clase por primera vez en su vida y aunque el vuelo no duraba más de tres horas aquel lugar se sentía… íntimo, prácticamente ideal para una buena charla de negocios. Decidió que dado que él había sacado el tema mejor dejar algunas cosas en claro cuanto antes.

Ranma se encontraba aparentemente relajado, pidió una botella de agua y comenzó a masticar una pequeña bolsa de frutos secos.

—Aprovechando que tenemos un rato —inició ella—, me gustaría que me explicaras qué debo hacer con esto —dijo sacando del bolso una pequeña libreta de color rojo que procedió a tenderle a su jefe. Ranma levantó una ceja, le resultaba vagamente familiar.

—¿Qué es?

—Tu agenda de chicas.

El luchador se atragantó con los frutos secos ante la impávida y gélida mirada de la muchacha. Se dio un par de golpes en el pecho mientras comenzaba a toser y necesito de media botella de agua hasta que finalmente consiguió respirar.

Akane ni se inmutó, siquiera cambió el gesto mientras el muchacho se ahogaba, gélida como el hielo, rígida.

—Creo que tengo un cacahuete en el pulmón —dijo finalmente con voz estrangulada.

Ella terminó por lanzarle la libreta.

—No pienso ocuparme de esto. Tú vida personal no me importa —declaró con un rictus pálido, con la espalda recta y la vista al frente. Ranma cogió la libreta con desdén.

—Shô tenía la ridícula idea de que necesitaba tener citas, ¡las agendaba él! Decía que era parte del marketing —trató de explicar.

—Ajá —contestó ella en un tono absolutamente impersonal.

—Nunca tuve nada con esas tontas modelos que salen en las revistas, en el peor de los casos si se ponían demasiado cariñosas las acompañaba a su hotel y…

—¡He dicho que no me interesa tu vida personal! —estalló Akane sacando una revista de su bolso, una de las habituales sobre deportes que había conseguido de puro milagro antes de embarcar, y en perfecto japonés.

—Escúchame, maldita sea —gruñó el chico arrebatándole la publicación—. Ellas no son nadie, ¡no son nada!

—No tienes que darme explicaciones.

—¿En serio? Porque parece que es todo lo contrario… —dijo él afilando la mirada sobre su rostro pálido y tembloroso.

—En serio, es sólo que no me pienso rebajar en concertar citas con… —Le arrebató la agenda roja y la abrió por una página al azar, repasando con sus finos dedos los nombres apuntados—. "Min Whou, pelo largo preciosas tetas" —leyó de corrido ante la cara de espanto del artista marcial—, o "Minami Yûu, piernas infinitas culo perfecto" —terminó su alegato volviendo a lanzarle la dichosa agenda mientras Ranma se llevaba ambas manos al rostro y lo frotaba frustrado, con el sudor comenzando a correr por su frente.

—¡Esas cosas las escribía Shô, no yo! —protestó.

—¡Es lo mismo! —gritó Akane recuperando su revista y comenzando a pasar las páginas furiosa.

—¡No, no lo es! ¡Shô es gay!

—¿Qué? —dijo ella sin entender.

—Es gay, le dan exactamente igual las mujeres, por eso se apunta esas cosas porque si no ni se acordaba de cómo eran las malditas modelos —replicó sobándose el puente de la nariz, Akane a su lado contuvo el aliento.

—Supongo que sus atributos era con lo que negociaba las citas contigo, ¿o me equivoco? —volvió a atacar, mordaz.

—Akane… —suspiró su nombre, frustrado, y lo hizo con tal calma, tan cargado de anhelo que ella no pudo más que tragar saliva y apretar con más fuerza la revista, como si así interpusiera un duro muro entre los dos. Un muro que estaba dispuesta a no traspasar. Sus mejillas se colorearon, sus manos temblaron y sus pupilas se llenaron ocupando casi todo el iris, enviando pinchazos a todos sus nervios. Y aunque hubiese intentando cortarle, incluso rogarle porque no lo volviera a hacer ella sabía que el guerrero era un estúpido cabezota, incapaz de dejar las cosas estar, incapaz de perder una pelea—. Bien —concluyó el chico de la trenza, tomando la agenda y poniéndose en pie.

Akane le dirigió un par de miradas fugaces por encima de su revista mientras veía a Ranma dirigirse hacia una azafata.

—Señor, no puedo hacer eso…

—Yo no veo el problema, como ve es una agenda pequeña.

—Pero vamos a despegar, no se puede abrir la puerta para tirar basura —dijo ella apretando los dientes.

—Será solo un momento, abrir y cerrar, menos de dos segundos.

—Señor, vuelva a su asiento.

—Se lo ruego, me estoy jugando mucho. No puedo aterrizar con esta cosa en mis manos.

—Si quiere puedo tirarlo yo misma y…

—No, debe ser destruida. Ella debe ver que la destruyo —susurró tenso señalando con la cabeza hacia Akane.

—Señor…

—¡Bien! ¡No me ayude! —protestó por última vez ante la atónita mirada de su manager, quién no podía más que mirar su errática actuación absolutamente anonadada.

El chico de la trenza procedió a encerrarse en uno de los baños, del cual no salió hasta pasados más de diez minutos. Regresó a su asiento malhumorado, aunque sin la agenda.

Akane estaba demasiado tensa para preguntar, aunque su mal intento de mostrarse interesada en la revista no engañaba a nadie.

—¿Qué has…?

—Creo que he atascado el retrete —confesó él frunciendo el ceño—, será mejor que no tengas que usarlo.

Ella alzó una ceja y por más que lo intentó no pudo reprimir la sonrisa que tiraba de sus labios. Anguló el rostro para que él no pudiera ver su expresión, pero falló en su intento de contener la risa que se escapaba a borbotones de su garganta.

—¿Te estás… riendo? —preguntó tentativo.

—Nooo —dijo ella presionando una mano contra su boca, completamente girada para darle la espalda.

Ranma apoyó todo el cuerpo sobre el apoyabrazos que separaba sus dos asientos, mientras en su propio rostro también se comenzaba a formar el atisbo de una sonrisa.

—Te estás riendo —afirmó prácticamente volcando sobre ella, a lo que Akane respondió tapándose completamente el rostro con la revista.

—Yo… no me estoy… —dijo haciendo su mayor esfuerzo, pero toda su contención se escapó de su garganta cuando él pellizcó sin preaviso su cintura. Akane dio un bote en su asiento, seguido de un grito y después más risas.

Y él la miró eufórico, como si estuviese contemplando su primer amanecer, riendo con ella, bebiéndose aquella sonrisa sediento, tanto tiempo sin verla. Un pasajero tras ellos les mandó callar y Akane enterró su rostro entre sus manos y después intentó apartarlo de ella, pues Ranma seguía volcado sobre su asiento.

—Compórtate —dijo aún sonriendo, intentando recuperar la seriedad.

Ranma lanzó un suspiro largo y relajado. Pero todo su buen humor se transformó en otra cosa, la sonrisa en su cara cayó de golpe tornándose en un gesto serio y concentrado cuando contempló la portada de la revista de Akane, la cual había acabado en el suelo.

La tomó con dedos temblorosos y la alzó mientras sus ojos azules leían incrédulos el titular.

—No puede ser… —murmuró incrédulo.

—¿Qué ocurre? —dijo ella mirando por encima de su hombro.

Y es que con las prisas hasta el avión no se había percatado, ninguno de ellos lo había hecho, ni había prestado la más mínima atención a la foto de portada. Esa semana el bicampeón de peso medio chino sonreía en primera plana. Nada parecía preparar para el titular que lo acompañaba: "Encontrado el cadáver de Zhang Lao".

Akane tragó en seco, las manos de Ranma temblaron mientras comenzaba a pasar las páginas hasta llegar al artículo central. Ambos juntaron sus cabezas para leer atónitos que el campeón había sido visto por última vez en una fiesta en una famosa discoteca de Tokio, tras lo cual se le había perdido la pista durante dos días.

Su cuerpo había sido encontrado en un pequeño hostal por el servicio de habitaciones. De momento no había más detalles sobre la investigación.

Guardaron silencio un instante, como si el peso de la muerte hundiera sus hombros y aplastara sus espíritus.

—¿L-le conocías? Es decir, sé que no es de tu categoría pero…

—Sí —respondió Ranma con los ojos aún en las páginas de la revista, aunque ya no la estaba leyendo—, alguna vez entrenamos. Era un tipo duro, se tomaba muy en serio los campeonatos.

Akane vio como la nuez del artista marcial pasaba saliva y sintió que debía decir algo más. Los años no habían pasado en balde, y ella se había hecho promesas a sí misma… Algo sobre no implicarse, no dejarse tentar por el sueño de una vida de promesas que volverían a quedarse en nada.

—Ranma —Antes de que pudiera darse cuenta su mano ya estaba sobre su hombro. Había costumbres adheridas a su ser, y verle vulnerable las revivía todas. No podía evitar preocuparse por él. No si ponía esa cara de niño perdido.

—Es el segundo este mes —murmuró para sí, pero Akane estaba lo suficientemente cerca como para oírlo—, el segundo que se suicida este mes.

Ella sintió que sus pulmones se quedaban sin aire. Era cierto, recordaba haber leído un artículo hacía no más de unas semanas sobre otro luchador encontrado en circunstancias similares.

—E-el mundial asiático está a la vuelta de la esquina, es mucha presión… —intentó razonar Akane, aún manteniendo la mano sobre su hombro, sintiendo la calidez de su piel a través de la suave tela de su camiseta deportiva.

—Tonterias —Despachó él cerrando la revista, sus ojos fijos en el asiento delantero—. Él no… él… —Sus ojos parecían perdidos, se puso en pié, como si en la longitud del avión hubiera un sólo sitio al que ir, miró a su alrededor buscando, escrutando por un lugar de soledad, pero la mano de Akane se asió a sus ropas, tirando de la camiseta con apenas un tenue pellizco. Sus ojos marrones, oscuros y preocupados le devolvieron la imagen de sí mismo, y no se reconoció.

—Te pediré un tranquilizante —dijo poniéndose en pié y obligándolo a sentarse, presionando sus manos pequeñas contra sus hombros, pero él negó. Antes de que le diera tiempo a retirarlas, Ranma atrapó una de sus manos y la estrechó fuerte, de manera significativa. Akane volvió a tomar asiento sin apartar los ojos de él.

—No es necesario, sólo… sólo… —tartamudeó, apretando su mano.

—Sí —contestó ella, entendiendo—, vale.

Akane se acomodó en su asiento, entrelazó sus dedos con los del chico sintiendo la piel caliente y tostada contra la suya. El calor nacía en la punta de sus dedos y se extendía por su brazo, por todo su cuerpo. El olor de Ranma era embriagador, como madera, como el bosque. Tomó aire, intentando normalizar su respiración, los latidos de su corazón.

Contempló su perfil, absorto, con las cejas fruncidas y una extraña neblina bañando sus ojos. Se quedó a su lado, y ninguno de los dos se movió ni desenlazó sus manos hasta que tomaron tierra.

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¡Hola otra vez!

Si os digo la verdad si no publiqué antes fue porque simplemente... se me olvidó que debía hacerlo. En serio, perdería la cabeza si no la llevara pegada al cuello, jajaja. Las navidades fueron intensas y llenas de compromisos, ¡y además hasta tuve vacaciones! No es la gran cosa, pero os aseguro que no estoy acostumbrada a trato mínimamente humano en el trabajo, así que para mi fue una novedad.

Ya de vuelta a la rutina os traigo esta actualización que espero os guste, es un capítulo con el que me reí mucho. Y también se ve un poco de lo que ocurrió entre ellos antes de su separación, ir contando a la vez el pasado y el presente siempre me ha resultado entretenido.

Muchísimas gracias por todos los reviews y menciones, ojalá y me fuera posible sentarme a contestaros, pero me temo que mis tiempos delante del pc cada vez son más escasos. ¡Gracias, gracias, gracias! Aprecio, leo y contesto mentalmente (jajajaja) cada una de vuestras reviews. De verdad.

Gracias a mis betas SakuraSaotome y Luz (homogeiniza tus nics que me vuelves loca) por sus correcciones y comentarios.

¡Nos leemos pronto!

Besos

LUM