Ranma 1/2 no me pertenece. Este fanfic está escrito por mero entretenimiento.
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—Cero—
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Capítulo 6: Luna de miel en Davao
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De nuevo el calor. Akane ya iba sobre aviso, pero eso no impidió que la salida del aeropuerto se sintiera como una bofetada.
Apenas habían tardado cuatro horas en llegar pero ya podía notar el cambio en el aire, en las propias personas que parecían moverse de otra manera. Ranma arrastraba los pies y las maletas a su lado, ella le dirigió una mirada preocupada. Lo cierto es que no se había esperado para nada que el artista marcial cayera en un estado de ánimo parecido; No estaba preparada.
Suspiró y sacó su teléfono repasando el planing. Iban a quedarse dos semanas preparando el campeonato, así que Akane había tomado la determinación de ahorrar algo de dinero alquilando un apartamento.
El dojô de entrenamiento del maestro Santos ocupaba un lugar privilegiado al norte de la ciudad. Su fama era mundial, por lo que sus alumnos eran abundantes y sus arcas cada vez se encontraban más llenas. Aún así su domicilio se emplazaba a unos kilómetros del lugar, casi enterrado en el inicio de la selva que había ido cediendo espacio a la ruidosa urbe.
Akane había tenido la precaución de alquilar un apartamento a medio camino entre los dos puntos, sabiendo que habría días en los que indistintamente tendrían que dirigirse a uno u otro. El maestro Santos se había mantenido terriblemente cauto respecto a los pormenores del entrenamiento, y muy vago en sus explicaciones. Aunque no tanto para tomar el dinero que Akane le ofreció.
Tomaron un taxi y en menos de quince minutos el transporte les dejó frente a un encantador apartamento acabado en madera oscura y a apenas unos pasos de una magnífica playa. Akane arrugó las cejas preguntándose si se había equivocado con los datos.
Avanzaron cautos y dejaron las maletas en el porche de la entrada. Akane llamó tentativamente a la puerta y una mujer sonriente salió del alojamiento y les miró con ojos brillantes.
—Bienvenidos a Alojamientos Suite Playa —dijo en un japonés básico que a Akane le recordó a la pequeña Shampoo.
—Umh, sí… Creo que reservé aquí —tentó alzando una ceja, Ranma tras ella miraba hacia la playa con aire pensativo.
—Reserva dos semanas, ¿si? Akane Tendô.
—¡Sí! Justo, menos mal, pensé que me había equivocado… En las fotos parecía menos…
La palabra que buscaba Akane era "íntimo", pero de alguna forma, se negaba a dejarla salir de su boca. En su lugar se conformó con la sonrisa de su anfitriona, la cual la invitó amablemente a pasar dentro.
Caminaron juntas por los suelos de madera natural, todo perfectamente limpio, con textiles en lino y una iluminación cálida encantadora. Pero cuando llegaron a la habitación principal Akane entendió que haber hecho la reserva a través de una agencia de viajes de Singapur (ella hablando japonés, la encargada de la agencia contestando en chino) podría no haber sido la mejor de las ideas.
Daba gracias a que Ranma estuviese aún en la entrada.
—¡Ha habido un error! —graznó con su voz dos octavas más aguda de lo normal—. Esto no es lo que yo pedí, nosotros no… Yo quería DOS camas —aclaró levantando dos dedos y señalando indignada a la cama de matrimonio llena de pétalos de flores.
—¿Dos camas en Luna de Miel? —contestó la mujer filipina en su rudimentario japonés, alzando una ceja y juzgándola muy intensamente. Akane se vio repentinamente consumida por la vergüenza, se le encendió el cuello y después las orejas y las mejillas, toda ella era un astro impactando contra la tierra, en plena combustión contra la capa de ozono.
—Esto NO es una Luna de Miel —masculló apretando los dientes—. Enséñeme otro apartamento, uno con dos habitaciones y dos camas —concluyó rígida, sin ceder ni un centímetro en su determinación.
—No más apartamentos, nosotros especializados en Luna de Miel —respondió la mujer con el ceño fruncido y la mirada molesta—. Usted pagó por adelantado, sofá también cómodo. Gracias por su visita.
Y con las mismas salió del lugar con paso airado, haciendo resonar sus tacones bajos por todo el pulido suelo de madera. Los labios de Akane comenzaron a temblar.
Un error de cálculo, uno garrafal. Sus ojos dieron vueltas evaluando las posibilidades. Se asomó discretamente al baño para descubrir que había una preciosa ducha y también una bañera con hidromasaje. Suspiró llena de anhelo pensando que en otras circunstancias podría haber pasado un par de horas dentro de ella.
Se giró y saliendo de la suite principal se dirigió al salón para echarle un ojo al sofá, y fue allí donde encontró a Ranma. El chico miraba la decoración con aprobación. Su estado de ánimo no había mejorado, pero al menos parecía distraído con las novedades. Había dejado las maletas en el suelo y al sentirla tras él se giró a mirarla con una sonrisa triste.
—Es bonito, ¿ya has elegido habitación? —preguntó lleno de inocencia, ella se mordió el labio inferior intentando encontrar la forma correcta de darle la noticia.
—Sí… yo dormiré aquí —dijo señalando el sofá, obviamente todo el lío había sido culpa suya y él necesitaba descansar correctamente, iba a matarse en los entrenamientos y no podría consentir que estuviera incómodo.
Ranma frunció el ceño sin entender.
—¿Quieres dormir en el sofá? ¿Qué le pasa a tu cama? —preguntó de nuevo sin percatarse de nada, ella suspiró de forma pesada.
—Es que… No hablo chino —comenzó.
—¿Ah?
—Te vas a reír, hubo una confusión muy graciosa con la mujer de la agencia de reservas. Pensó que éramos otro tipo de pareja —tomó aire, infundiéndose de valor—, sólo hay una cama. De matrimonio. Y demasiadas velas. Y pétalos de rosas. Y una bañera preciosa que obviamente no voy a usar.
Se observaron en silencio más de cinco segundos. La expresión del chico era inescrutable. Sin decir una palabra Ranma se dirigió como un rayo hacia la habitación, como si necesitara confirmarlo con sus propios ojos. Se quedó parado a apenas un metro del inicio de gran cama llena de pétalos.
Akane le siguió frunciendo el ceño y arrastrando los pies. El corazón le martilleaba en el pecho llenándola de una ansiedad desconocida. Desde donde se encontraba veía la espalda ancha del luchador, con sus brazos desnudos debajo de su ligera camiseta. Quieto, pensativo, expectante.
Los hombros de Ranma se relajaron lentamente y se giró tímido.
—A Shô le ocurría a menudo —dijo restándole importancia al asunto y caminando por la habitación, evaluando el gran espacio—, a lo largo de los años creo que nos pasó hasta cuatro veces, y después de varias discusiones terminaba durmiendo en el sofá —continuó su historia mientras echaba una larga mirada hacia la bañera, contuvo el aliento—. Aunque esta cama… —Le dirigió un vistazo apreciativo antes de tumbarse cómodamente en uno de los lados mientras ella le observaba lívida—... es king size, no me importaría compartirla —concluyó mientras sus labios se curvaban en una sonrisa juguetona, llena de muda burla y de algo más.
Akane apretó el nudo de sus brazos bajo sus pechos, quería replicar de forma aguda, pero el ver la curva de sus labios algo se agrietó en ella. Comprendió que no quería volver a pelearse con Ranma, y menos después de haberle descubierto tan vulnerable pocas horas atrás. Ella ya se había disculpado por la situación, pero si lo que quería él era jugar… bueno, no estaba dispuesta a dejarse amedrentar. Ya no.
—Lo cierto es que la cama es muy grande… —dijo pensativa, como si realmente lo estuviera valorando.
Vió como se movía la nuez del artista marcial mientras tragaba duro, de arriba a abajo. Akane caminó hacia el otro lado del colchón y pasó su mano de forma distraída sobre las sábanas y los almohadones.
—Parece mucho más cómoda que un sofá.
—Lo-Lo es —tartamudeó Ranma conteniendo la respiración, sin perderle ojo. Ella se sentó en el borde contrario de la gigantesca cama de matrimonio.
—Y obviamente tú te comportarías como un auténtico caballero, ni siquiera me mirarías en toda la noche —Él pestañeó, como si estuviera valorando con qué mentira convincente atacar, y mientras lo hacía Akane se tumbó con una sonrisa vencedora en el rostro—, pero te resultaría complicado, porque cuando hace calor me gusta dormir desnuda.
El silencio se tragó todo el sonido en la habitación.
—¿Qué has dicho? —repitió como si su cerebro fuera incapaz de procesar las palabras que acababan de salir de su boca, y mientras un suave rubor comenzaba a teñir sus mejillas.
—Aunque si te incomoda me puedes prestar una camiseta —siguió Akane girándose sobre su costado para mirarlo.
—Si me incomoda que… que tu… ¿qué?
—Dormir. Desnuda. Entiendo que puede ser molesto compartir cama con alguien con costumbres tan poco adecuadas.
Ranma alzó ambas cejas y necesitó tomar aire lento para poder responder si atragantarse con su propia saliva.
—Tú duermes en pijama. Conozco de memoria tus horribles pijamas —dijo afilando la mirada con la sospecha escrita en su rostro, y aún así con los nervios a flor de piel.
—Los tiré todos, consejo de Nabiki.
—Mentirosa, cuando fui a buscarte para salir a correr llevabas pijama.
—Me lo puse para abrir la puerta —replicó divertida.
—Qué conveniente —protestó apoyando la cabeza en su mano para tener una mejor visión de ella, estaban separados por más de un metro, ambos tumbados sobre la cama sumergidos en aquella broma/pelea privada tan inadecuada.
—Aún me queda algo de prudencia, podría haber sido un hombre soltero, ¿qué habría pensado de mí?
—Que le estabas haciendo una proposición. O que se había quemado toda tu ropa —respondió Ranma muy consciente de que él había sido el hombre soltero al que le había abierto la puerta.
—Una vez se me quemó toda la ropa.
—¿Esa es la verdadera historia de lo que le ocurrió a tus pijamas?
—No, esa es otra —hizo un puchero, enigmática—, entonces… ¿Qué te parece?
El guerrero la evaluó en silencio unos segundos, después soltó un hondo suspiro, surgido de la parte más profunda de su caja torácica.
—Me parece que mejor dormiré en el sofá.
—Con que eres un caballero después de todo —sonrió complacida, como si hubiera adivinado desde el principio que él se echaría atrás en su "propuesta" en cuanto ella mostrara algo de iniciativa.
—No lo soy, por eso precisamente me voy al sofá —Protestó con un gemido de lamento, poniéndose en pie y arrastrándose fuera de la habitación para recuperar su maleta.
—Espera, duerme tú en la cama —interrumpió Akane dándole alcance antes de que cruzara el dintel —. Tienes que descansar adecuadamente para iniciar el entrenamiento mañana. La competición es en dos semanas, si vas con dolor en el cuello por dormir en un sofá incómodo será tiempo y dinero perdido.
—No voy a dejarte dormir en el sofá, puede que no sea un caballero pero tengo educación —dijo mirándola serio, los labios de Akane se juntaron en una fina línea.
—El error ha sido mío y tú eres mi jefe con lo que…
—No vas a dormir en el sofá, Akane. Estoy acostumbrado a dormir en bosques y en tiendas de campaña, créeme, un sofá mullido no es lo peor que le ha pasado a mi espalda —dijo intentando una vez más abandonar el dormitorio.
—Es broma, tengo pijamas —añadió reteniéndole, inesperadamente contrariada por el resultado de su broma, y aunque desde el principio había pretendido demostrar que ella también podía incomodarle, desde luego no se esperaba que el chico protagonizara una huida hacia delante.
—Lo sé. De todas maneras es mejor así.
—Muy bien, en ese caso dormiremos los dos en el sofá.
—Eso sería incómodo —contestó el chico mirándola con el ceño fruncido aunque ligeramente divertido, sin entender su terca cabezonería.
Ella tomó aire, sin estar segura de lo que iba a decir, pero por primera vez desde que se reencontraron dispuesta a enterrar el hacha de guerra. Y no conocía otra manera que cediendo aunque fuera un poco.
—Creo… creo que deberíamos hablar del torneo, de los entrenamientos, de tus malditas redes sociales y de todos los patrocinios de los siguientes meses. También deberíamos tener una estrategia en común para responder a la prensa. Tenemos que hablar más, así que deberíamos comenzar a comer y cenar juntos.
Ranma la observó cauto, con la mandíbula visiblemente descolgada. No se atrevía ni a respirar, como si la insinuación de comenzar a compartir más tiempo juntos fuera mil veces más íntima que el hecho de compartir cama.
—Ah, eso es… —movió los pies, se aclaró la garganta—...bueno.
Akane suspiró acercándose un paso y tendiéndole una mano, como si quisiera firmar un trato de negocios, pero sus mejillas coloradas y sus gestos rígidos no dejaban lugar a dudas sobre sus tribulaciones.
—¿Podemos volver a intentar ser amigos? —preguntó finalmente, y la palabra pareció golpear el pecho del artista marcial. Ranma ocultó sus ojos sobre su abundante flequillo y cuando los volvió a alzar en ellos había una extraña máscara de contención y determinación.
—Amigos —repitió tomando su mano mientras una sonrisa relajada volvía a asomar en su expresión.
—Bien, pues entonces toma la maleta e instálate de una vez, tenemos mucho que discutir y me muero de hambre.
El artista marcial no se atrevió a contradecirla, aún con un ojo puesto en ella se giró para agarrar su maleta y la arrastró hasta la habitación de matrimonio. Comenzó a sacar su ropa cuando vio como ella ocupaba otra de las hojas del armario con sus propias cosas y se concentraba en su empeño sin más cháchara.
Las miradas sobrevolaban la estancia, silenciosas, cortas y nerviosas. Ambos terminaron de desempacar prácticamente al mismo tiempo.
—Yo… —inició él.
—Quizás yo… —dijo ella a la vez.
—Sí, dime.
—No, tu primero, por favor —tartamudeó nerviosa.
—No, no, di lo que ibas a decir —insistió él.
—Estaba pensando en tomar una ducha y después, ¿salir a comer?
—Eso suena perfecto.
—¿Si? Bien, no tardaré nada, si no te importa esperar.
—Para nada, iré a ver la playa.
Akane sonrió y asintió una vez antes de tomar sus cosas de aseo y cerrar la puerta del baño. Y mientras lo hacía el chico de la trenza se balanceó sobre sus pies, aún incrédulo de su maldita suerte.
¿Esperar?¿Que si no le importaba esperar? Llevaba esperándola una vida entera, y ahora que al fin podía gozar de su exclusiva compañía la pequeña espera se le hacía dulce y prometedora. Ella había dicho que quería volver a ser su amiga, y a él le parecía bien. Bien, todo bien. Si eso era lo que Akane estaba dispuesta a darle, él lo tomaría. Tomaría las migajas de afecto que ella dejara caer a su paso, y lo haría con una sonrisa.
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..
…
Ella se vistió con un ligero vestido suelto veraniego y con deportivas, no dejaba mucho descubierto, pero Ranma tenía una muy vívida imaginación por lo que tampoco le pareció una mala elección.
Caminaron por un sendero cercano a la carretera, y pronto descubrieron que no tenían más de quince minutos de distancia a buen paso hasta una zona de pequeños restaurantes y comercios. Era un lugar encantador, lleno de parejas y comida casera.
Por el camino hablaron de trivialidades. De lo maleducado que era el pasajero de atrás del avión, o de lo extraños que parecían los anuncios de películas filipinas. Akane se rió cuando Ranma intentó explicarle la última vez que fue al cine con Shô y como se durmió en la sala porque se metieron sin querer en una sesión subtitulada.
Se sentaron en un restaurante con mesas exteriores y se dejaron aconsejar, ignoraron deliberadamente el que se proponía como menú para parejas.
Sólo cuando habían acabado los dos primeros platos y esperaban por el postre Akane se permitió entrar en materia.
—Bien, pues vamos a trabajar —dijo sacando de su bolso su cuaderno de niñera ante la espantada mirada del pobre Ranma.
—¿Has traído eso?
—Siempre lo llevo conmigo —replicó sin un titubeo, abriendo una de las secciones a la que menos esfuerzo y atención había prestado hasta el momento—. Tenemos un problema.
—¿Que no sabes no trabajar? —intentó provocarla con un mohín, ella le ignoró sin siquiera mirarle.
—Se montó un buen revuelo después de… nuestro primer encuentro —dijo Akane de corrido repasando con un dedo las notas de Shô sobre comunicación, prensa y redes sociales.
—Ah, sí. Algo recuerdo —contestó con una sonrisa traviesa, acordándose muy fielmente de cómo su improvisado plan le había salido mejor de lo esperado.
—Lo que quiero decir es que no podemos ignorarlo por mucho más tiempo, los rumores no paran de aumentar. Mucho me temo que tengo que mandar un comunicado —dijo a su pesar, rebuscando de nuevo en su bolso y sacando su portátil. Procedió a encenderlo mientras apartaba los platos de la mesa.
—¿Pero cuantas cosas te entran ahí dentro? —dijo Ranma mirando el bolso que había llevado la chica al hombro.
—No estoy acostumbrada a este tipo de atención, pensé que si lo ignoraba el tiempo suficiente terminarían por aburrirse y desaparecer, pero mucho me temo que la prensa del corazón no funciona así —replicó mientras se conectaba a internet y abría un par de webs—. Me odian.
—¿Cómo que te odian? —discutió él contrariado.
En respuesta Akane tecleó un par de veces y con un suspiro largo dió la vuelta a su portátil para mostrarle de lo que hablaba. Ante los expectantes ojos del artista marcial se abrieron varias webs de chismorreos, con grandes fotos y letras de colores chillones a modo de titulares. Las palabras que les dedicaban iban acompañadas de imágenes de su llegada al aeropuerto de Shangai, incluso de las primeras fotos robadas en su primer encuentro.
Eran tan escandalosas que Ranma no pudo evitar ponerse rojo grana y comenzar a balbucear nervioso.
—¡Yo no…! ¡Tú y yo no…! ¿De dónde han sacado esas fotos?
—¡No hace falta que lo leas! —dijo intentando volver a girar la pantalla, pero el chico se resistió, enganchado a los falsos titulares.
"¡Lujuria a plena vista!
Después de protagonizar no pocos escándalos por sus múltiples citas con varias supermodelos, el joven Ranma Saotome sigue sorprendiendo al ser descubierto en una riña amorosa con la que fue su novia del instituto, una maestra de infantil bastante simplona.
Tras su apasionada discusión terminaron la velada en la casa de la joven, aunque posteriormente fue descubierta saliendo del hotel de Saotome a la mañana siguiente, ¡Son insaciables! ¿Es que acaso están recuperando el tiempo perdido? Fuentes fiables del hotel dicen que sus mutuos gritos se escucharon durante horas."
Ranma parpadeó lento, Akane tenía la cara oculta entre sus manos.
—Que quede claro, lo de las citas con supermodelos era cosa de Shô —puntualizó.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir al respecto?
—Bueno, lo de los gritos es cierto —Una sonrisa felina asomó entre los labios del chico.
—¡Oh, serás…! —Ella intentó volver a recuperar su pc, pero él estaba demasiado entretenido con la lectura.
"¡Obligado a casarse!
El guapo y deseado campeón asiático de la MMA protagoniza el mayor escándalo desde hace años en el mundo deportivo y del corazón. Ranma Saotome (26 años) está siendo víctima de un inexplicable chantaje al tener que saldar una serie de deudas contraídas por su padre y casarse con Akane Tendô (26 años) la hija menor de un dojô en bancarrota, aún soltera para gran pesar de sus familiares (ver entrevista exclusiva a Kasumi Tendô)."
—¿Tu hermana dio una entrevista?
—Kasumi es tan amable que responde a cualquier que le pregunte, no sé si puede llamarse entrevista a eso…
—Quiero leerla.
—¡Ni se te ocurra!
"¿Una cazafortunas? ¡Akane Tendô descubierta!
Tras varios días de intensa investigación hemos podido conocer más de la misteriosa Akane Tendô gracias a algunas fuentes anónimas y cercanas a la misteriosa nueva acompañante del campeón nacional de artes marciales."
—¿Esta no es la directora de la escuela infantil donde trabajabas? —preguntó Ranma señalando una fotografía difuminada y con una banda negra encima de los ojos.
—Esa perra… —masculló Akane entre dientes.
"La señorita Akane Tendô era una trabajadora incapaz de llegar a su hora y famosa entre el resto de empleadas por sus muchos y muy diversos escarceos con hombres, tanto solteros como casados. Le advertí en multitud de ocasiones sobre las consecuencias de sus actos impúdicos, pero ya ve que además le tenía echado el lazo a ese pedazo de hombre. Supongo que algunos se dejan engañar por una cara bonita, aunque tenga unas piernas esqueléticas".
Ranma alzó una ceja y dejó de leer.
—Vaya —dijo incrédulo.
—Ya, no me lo digas…
—¿Con cuantos idiotas saliste? —preguntó tenso.
—¿Perdón?
—Porque para ser famosa por…
—¡No es asunto tuyo! ¡Y además es todo inventado! Si sigues leyendo encontrarás toda una sección de confidentes que dicen habernos visto practicando sexo oral en el baño del avión, o incluso en la parte atrás de algún taxi —exclamó acalorada, con el rubor en sus mejillas y los ojos encendidos en indignación.
—¿En serio? —Volvió a preguntar él rebuscando el artículo en cuestión con nuevo interés, a lo que Akane no pudo más que cerrar la tapa de su portátil y arrebatárselo de malas maneras.
—¿¡Cómo puedes ser tan inocente si llevas en este mundo años!?
—Ya te dije que era Shô quien llevaba todo el tema de redes sociales, ¡yo soy un luchador!
—Eres un personaje público que no se hace cargo de sus actos, y debes entender que cualquier movimiento en falso tiene consecuencias para las personas de tu alrededor —Le abroncó señalándolo con un dedo, justo en ese momento apareció el camarero con un par de pedazos de algo dulce envuelto en sirope, que dejó discretamente encima del ordenador cerrado antes de desaparecer rápidamente.
Ambos se miraron con los ceños fruncidos durante unos tensos instantes.
—Bien, lo siento. Para mí también es la primera vez gestionando estas… cosas —Se disculpó pobremente, con sus mejillas encendidas y los ojos bailando desde el postre a la muchacha enfadada que tenía delante—. Y en todo caso, ¿cómo estás tan enterada de lo que dicen en la prensa? Pensaba que ya tenías mucho trabajo con el campeonato en dos semanas.
—Tengo una amiga divorciada, y al parecer su nueva afición somos tú y yo. Me envía cientos de mensajes al día.
—Ummh, ¿le hablaste de mí? —sonrió el chico intentando aliviar la tensión del ambiente.
Akane se aclaró la garganta.
—En todo caso tengo que enviar un comunicado a los principales medios desmintiéndolo todo. Sólo quería hablarlo contigo para estar seguros de que ofrecemos la misma versión de la historia.
—Oh, bien. Adelante —La invitó cortésmente con un gesto de la mano, mientras con la otra pinchaba con un palo lo que parecía una especie de pastel de arroz flotando en caramelo y se lo metía en la boca masticando lento.
—Nunca fuimos novios ni nada parecido, nuestros padres pretendían casarnos pero nosotros sólo éramos (y somos) buenos amigos. Tú necesitabas un nuevo representante, me lo ofreciste y yo acepté. No hubo drama ni peleas, y todo el escándalo se debió a desacuerdos empresariales. Eso es todo.
El chico de la trenza siguió mascando lento, como si el dulce se le hubiera pegado a los dientes. Puede que así fuera.
—Nadie lo creerá —concluyó tragando.
—No es mi problema, es la verdad —contraatacó ella feroz.
—Ummmh, será la verdad que contaré, si eso es lo que quieres —dijo encogiéndose de hombros, Akane le observó ceñuda pero la contestación pareció apaciguarla un poco—. Aunque creo que tenemos un problema aún mayor entre manos —concluyó misterioso, volviendo a examinar el plato como si estuviera pensando si quería otro bocado o mejor conservaba los dientes.
—¿Cómo dices?
—Mi madre. Le encantan esas tontas revistas.
—No.
—Oh, ya lo creo. Y vas a tener que ser tú quién le de las explicaciones, a mi no va creerme una palabra.
—¡Sólo tienes que decirle la verdad!
—Creo que la verdad y la verdad son dos cosas bastante diferentes —apuntó mordaz, Akane echó aire por sus fosas nasales, como un dragón embravecido y se metió en la boca parte de su pegajoso postre.
Lo tragó y se pasó la lengua sobre los dientes intentando eliminar los restos de caramelo.
—Hace años que no hablo con tu madre, soy tu representante pero hay cosas de las que tienes que ocuparte por tí mismo.
—No creo que quiera hablar contigo en calidad de representante —señaló Ranma. Ella se rindió a la evidencia.
—Bien, cuando tenga un rato hablaré con ella y le contaré la verdad.
La sonrisa del chico se torció en una burla deliciosa.
—Inténtalo.
Pagaron la comida y regresaron hacia el apartamento caminando despacio por la vereda de la carretera. Hombro con hombro, en un silencio cómodo. Inconscientemente se transportaron, viajaron en el tiempo a sus dieciséis años, a sus caminos de regreso del instituto con el sol poniéndose al fondo y cada uno encerrado en sus propios pensamientos.
A los pocos minutos llegaron al apartamento, a tan sólo unos metros de la hermosa cala de arena blanca rodeada de exótica vegetación. El sol comenzaba a bajar y el aire soplaba de forma relajada, casi fresca. Ambos suspiraron al unísono, como si hasta el momento se hubiesen encontrado demasiado tensos, como si de alguna forma acabaran de quitarse un gran peso de encima.
—Aún no me has contado lo que tendremos que hacer mañana —dijo Ranma intentando sacar un nuevo tema de conversación neutral, ella se ajustó el bolso al hombro y comenzó a caminar lentamente sobre la arena, con la vista fija en las cristalinas aguas. Se quedó callada, observando un momento el mar con algo que a Ranma le pareció añoranza.
Después se giró como si no hubiera pasado nada, desterrando sus pensamientos de un plumazo y prestándole completa atención.
—Mañana nos despertaremos temprano e iremos a entrenar al gimnasio de Santos desde primera hora. La idea es que os conozcáis un poco antes de meternos en materia. Pasaremos allí todo el día con una breve pausa para la comida. Después cena y descanso. Tenemos el mismo plan para las siguientes dos semanas, cuando tomaremos el vuelo de regreso a Japón para las preliminares del campeonato.
—¿Sin descansos?
—No tienes tiempo para eso: quiero que ganes, Ranma. Debes consolidar el título y ser bicampeón. En serio, ¿cómo lo has estado haciendo todo este tiempo? —cuestionó molesta por su falta de afectación, él se encogió de hombros.
—Soy bueno.
Akane se carcajeó sabiendo que era cierto, pero aún así en su boca sonaba demasiado narcisista.
—No durará para siempre, un día aparecerá alguien más joven y más rápido que tú, lleno de trucos nuevos. Si para entonces no tienes al menos diez títulos nadie se acordará de tí.
—Eres un poco dura conmigo, ¿no te parece?
Ella arrugó las cejas con un atisbo de sonrisa en sus labios.
—¿Preferirías que no lo fuera?
—No he dicho eso —dijo bajando el tono de su voz a uno más ronco, más sensual y dando un paso hacia ella—, pero no te mataría relajarte un poco. Estamos en la playa, hace calor… —La sonrisa del chico se ensanchó lobuna, como si con la última frase estuviera anticipando su ataque, de un gesto ágil se quitó la camiseta y la dejó tirada sobre la blanca arena.
Akane le miró con la boca abierta mientras él se quitaba sus zapatillas flojas con un juego de puntas y talones, para inmediatamente bajarse los pantalones y quedar en boxers. Unos nada discretos, color naranja fosforito. Ella dió un gritito compungido antes de cubrirse los ojos con las manos.
—¡Vístete! —ordenó muerta de nervios, sintiendo como la imponente y musculada figura del artista marcial se acercaba inminente a ella. Se estremeció cuando sus grandes manos se posaron sobre sus hombros, y antes de que pudiera adivinar qué es lo que estaba ocurriendo Ranma ya le había arrebatado el bolso y lo había dejado caer suavemente a sus pies.
Ella tragó saliva, dándose cuenta en aquel mismo instante de su escuálida voluntad, apartó poco a poco las manos de sus ojos y se obligó a enfrentarlo, pero cuando lo hizo, cuando sus ojos azules invadieron los suyos, (atentos, sonrientes y brillantes) se arrepintió de inmediato. Le temblaron las rodillas como no recordaba que le ocurriera desde la adolescencia. Él seguía teniendo ese poder obnubilatorio, él aún podía hacer que dejara de resistirse, que dejara de pensar.
—¡Vamos a bañarnos! —exclamó feliz, tomándola de la mano y arrastrándola hacia el mar mientras se carcajeaba, mientras su trenza bailaba traviesa sobre su hombros. Y de no pensar Akane pasó al auténtico terror.
—¡No! No, no quiero —trató de negarse clavando sus pies en la arena, pero la resistencia era inútil ante su fuerza arrolladora.
—Vamos, ni siquiera cubre, será divertido.
—¡No por favor, Ranma ya deja de hacer el tonto! —El agua estaba cada vez más cerca. Volvió a clavar los pies en el suelo y él la miró con fingido fastidio antes de abalanzarse sobre ella y alzarla por la cintura hasta su hombro, colgada como un saco.
—No te resistas —canturreó de forma absurdamente sexy, Akane palideció cuando sintió su estómago clavarse en su ancho hombro, cuando todo su mundo se puso del revés y sólo podía mirar la arena pasando sobre su cabeza.
—¡He dicho que…! —gritó intentando imponerse, volver a una situación de poder, pero comprendió que era inútil. Ranma le quitó las sandalias deslizando un dedo sobre sus empeines mientras ella pateaba en el aire.
Se giró como pudo intentando ver hacia atrás, el mar, el maldito mar estaba allí mismo, a apenas dos metros.
—Ah, está más fría de lo que parece —musitó Ranma para sí mismo, y aquello hizo que las sirenas se dispararan en la cabeza de la muchacha. Él no podía saberlo, él no podría entenderlo, ¡apenas y lo entendía ella! No podía permitirlo.
Se revolvió con todas sus fuerzas, como una maldita anguila en una red, intentando librarse de sus fortísimos brazos.
—¡Suéltame! ¡Déjame! —gritó fuera de sí, mientras que el artista marcial intentaba estabilizarla sobre él sin sobarle el trasero (empresa por otro lado verdaderamente complicada).
—¡Deja ya de moverte! ¡Ah!
Y justo en ese momento Akane adivinó un hueco, bajó la cadera lo suficiente como para tener ángulo y sin ningún tipo de tapujo le clavó un rodillazo en la cabeza. Ranma se tambaleó y la soltó. Ella se abalanzó sobre la tierra firme, protagonizando una caída torpe en la que terminó rebozada en la arena, mientras que el pobre artista marcial cayó de boca a la orilla del mar, quedando a cuatro patas sobre las aguas claras que apenas y le cubrían los antebrazos. Se giró sobándose el golpe que había acertado en su ojo derecho, agraviado.
—¡Pero qué… ! —inició sin entender, confuso y ya nada divertido.
—¡No vuelvas a hacer eso! —chilló ella con el pelo lleno de arena, con la respiración acelerada aún intentando recuperarse del shock, mirándole mientras se alejaba arrastrándose otro metro a modo prudencial.
—¿¡Pero qué mierda, Akane!? ¡Sólo estaba bromeando! ¡No iba a hacerte daño!
—¡Te dije que no!
—¡Era una jodida broma! ¡Yo sólo quería… sólo…!
—¡Le tengo pánico al mar! —exclamó desesperada, rogando porque aquella mentira con tintes de verdad lograra convencerle—. Yo nunca aprendí a nadar, y… y estuve a punto de ahogarme hace unos años, así que desde entonces…
—¿¡Qué!? ¿Cuándo ocurrió eso? —preguntó confuso, apartando la mano de su ojo y revelando un feo golpe que comenzaba a hincharse más y más.
—Hace unos años fui a la playa con unas amigas y me metí más de lo que debía, así que me arrastró una ola —continuó mintiendo ante su mirada incriminatoria. Ranma estaba en calzoncillos, tirado sobre su trasero y con un ojo hinchado, y aún así se las apañaba muy bien para verse amenazante—. Me salvó el socorrista y no pasó nada, pero aún le tengo miedo.
—¿Que te salvó… el socorrista? —repitió intentando darle sentido a sus palabras.
—Sí, y no quiero hablar más de ello —trató de darle carpetazo al tema.
—¿Y no se lo contaste a tus hermanas?
—¿A mis hermanas? —repitió extrañada como si aquella cuestión no tuviera lugar en la discusión.
Le miró extrañada, él le devolvió la mirada iracundo y dolido. Akane parpadeó comenzando lentamente a comprender.
—¿Llevas todos estos años… hablando con mis hermanas?
Ranma se levantó, mojado, golpeado y con un humor de perros.
—Era por seguridad —gruñó.
—¿P-pero qué seguridad? ¿De qué hablas? ¿Qué ha estado pasando sin que yo me enterara? —preguntó cómo una ametralladora, viéndole andar hacia la cabaña compartida mientras ella seguía tirada en la arena, observando cómo todo su musculoso cuerpo relucía bajo el sol crepuscular, salpicado de gotas de agua salada y granos de arena blanca—. ¡Respóndeme!
Pero él la ignoró, pasó de largo y se metió en la cabaña sin molestarse en sacudir la arena de su cuerpo, cerrando la puerta tras su espalda de un sonoro portazo. Akane se encogió sobre sí misma, se sintió inquieta: rara. Era una mezcla de vergüenza y arrepentimiento, todo ello aderezado con el inexplicable descubrimiento de la relación amistosa que mantenía Ranma con su familia.
¿Había estado en contacto con Kasumi? ¿O quizás se había tratado de Nabiki? ¿Qué tal si habían sido ambas?
Akane se puso en pie con un suspiro adolorido, se sacudió las manos haciendo un repaso de los daños y a excepción de las palmas de las manos ligeramente golpeadas de amortiguar la caída no se sentía mal. Recuperó el bolso y le echó un nuevo y melancólico vistazo al mar.
Él había tenido razón, se moría por meterse dentro. La seguía conociendo demasiado bien, con una simple mirada había podido adivinarlo.
Se mordió el labio inferior, cerró los ojos y arrastró los pies hacia la cabaña. Ranma no tenía la culpa, la culpa era toda suya. Ella le había dado pie a un tenue, casi adolescente coqueteo, él sólo había continuado el juego.
Hizo de tripas corazón entendiendo que había muchas cosas que ignoraban el uno del otro, habían cambiado las reglas del juego. De ella dependía volver a encontrar su perdido equilibrio.
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¡Hola de nuevo!
¡Perdón por el horribel retraso de esta actualización!
La verdad es que estoy pasando por una fase en la que la escritura se me resiste un poco, quizás es no poder encontrar momentos adecuados de concentración, o quizás es que 2023 está empezando con demasiados quehaceres y cambios. En todo caso y como siempre, no dejaré esta historia a medias, podeís confiar en ello.
Este capítulo me divierte mucho, me gusta el coqueteo y disfruto escribiéndolo, y entre esos dos hay cosas que caen por su propio peso, jijiji.
Muchas gracias a todas por vuestros maravillosos comentarios, os los agradezco infinito y no me canso de leerlos, insisto en que me animan a continuar siempre.
Gracias a mis betas Sakura y Luz, por sus correcciones a pesar de que siempre van igual de mal de tiempo que yo, jajaja.
Espero que tengais un fantástico fin de semana. Yo me lo voy a pasar trabajando (se seca una lagrimita).
Besos!
LUM
