Ranma 1/2 no me pertenece. Este fanfic está escrito por mero entretenimiento.

.

.

⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜

—Cero—

⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ¤ ⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜⁜

.

.

Capítulo 7: Cazada

.

Desgraciadamente la tierra no se lo tragó, pero al menos se esforzó lo suficiente para que lo pareciera.

Consumido por la vergüenza, por el más absoluto de los bochornos, el artista marcial decidió que era un momento igual de bueno que cualquier otro para empezar el viaje por todo Japón con el que siempre (desde hacía escasamente quince minutos) había soñado.

Debía estar poseído, sin duda eso era lo que le había pasado. Un espíritu depravado se había adueñado de su cuerpo y le forzaba a desear… cosas.

En circunstancias normales jamás se habría metido en su cama, jamás se habría quedado a dormir, jamás la habría abrazado debajo de las sábanas y desde luego, jamás de los jamases la habría besado.

Claro, que hacía semanas, meses tal vez que se encontraba muy lejos de estar en circunstancias normales. A pesar de todo, de la vergüenza y de la sensación de haber transgredido todas sus reglas, se sentía bien. Más que bien, estaba descansado y la ansiedad había desaparecido completamente de su organismo. Ella había actuado como un bálsamo para su agitado espíritu.

Y aún así la idea de enfrentarla con la verdad, con su verdad, se le hacía demasiado grande. Tomó la decisión de los cobardes, la única posible. Se metió en su habitación y empacó las pocas prendas limpias que encontró en su mochila de viaje, y justo después hizo una breve aunque bastante provechosa visita a la cocina para hacerse con víveres.

Nadie de la casa Tendô le vio, nadie preguntó, y Ranma dio gracias de que así fuera. Aunque justo antes de marcharse, quién sabe durante cuánto tiempo, echó un último vistazo hacia la ventana de su prometida. Enrojeció antes de agarrar con fuerza las asas de su mochila y comenzar a correr.

Ranma nunca lo supo, pero Akane le vio marchar. Estaba escondida tras una de las paredes laterales del dojô y desde ahí le vio trastabillar, dudar y finalmente marcharse. Y ella le dejó ir sabiendo que estaba raro, que necesitaba tiempo y espacio… Que aquel último vistazo hacia la ventana de su habitación sólo podía significar que la iba a echar de menos.

La muchacha suspiró y no le buscó, se esforzó todo lo que pudo en fingir sonrisas y en atender en sus clases. Incluso se hizo la sorprendida cuando Kasumi le informó que inexplicablemente Ranma había vuelto a salir de viaje. Nabiki sin embargo parecía pensativa, como si aún estuviese intentando dilucidar la forma en la que iba a sacarle provecho a la información que ahora poseía. No le importaba, de hecho, había pocas cosas que pudieran darle más igual.

Ella y Ranma… Ella notaba que entre ellos dos las cosas eran evidentes y al mismo tiempo no atisbaba un camino claro. Suspiró dándose por vencida al tiempo que una presencia interrumpía en el jardín.

La miró extrañada, casi ajena a su existencia. Obvio Shampoo seguía regentando el restaurante chino cercano a su casa, pero después de lo sucedido en Jusenkyo había tenido el buen juicio de no dejarse ver demasiado por el dojô Tendô. No obstante ahí estaba, en su jardín, escrutando alrededor con expresión ansiosa.

—Ranma no está —dijo Akane mirándola impávida desde la distancia.

Y en contestación Shampoo dio un pequeño brinco en el sitio.

—Akane… No, no buscar a Ranma —contestó apretando sus dos manos contra su regazo—, ¿haber visto a Mousse? —preguntó tímidamente.

—¿A Mousse? No, no desde hace semanas —dijo ella extrañada, pues sabía que en circunstancias normales Shampoo jamás buscaría al chico, era demasiado orgullosa para ello y se esforzaba demasiado en hacerle ver su desprecio como para caer en la tentación de parecer mínimamente preocupada por él.

—Si ver… ¿poder avisar? Llevar días desaparecido —dijo la china, y ahora que Akane se fijaba la muchacha parecía levemente desaliñada, con el cabello encrespado y con ojeras debajo de sus ojos, ahora apagados. Retorcía las manos en una especie de automatismo mientras miraba hacia ninguna y todas partes.

—Claro —contestó sabiendo que había algo que se perdía, que había un detalle importante que Shampoo no estaba mencionando—. ¿Es que pasó algo? —tentó inquisitiva,

—¡Ah! no, no pasar nada. Mousse solo raro… más raro que de normal. Recoger sus cosas y no dejar ninguna nota —dijo susurrando, mirando hacia sus pies, pareciendo avergonzada quizás por primera vez en su vida.

Y entonces Akane comprendió con consternación que Mousse se había marchado, que había sacado valor quién sabe de dónde y había conseguido abandonar a su vanidosa y querida Shampoo. Reprimió la sonrisa jactanciosa que quiso escapar de sus labios.

—Quizás solo necesita un tiempo —dijo sin embargo, y sintió un escalofrío en reconocer en sus palabras los últimos pensamientos que le había dedicado a su prometido.

Shampoo asintió, poco convencida.

—Marchar ya —murmuró abatida, dándole la espalda, saltando hacia el tejadillo del muro, sin despedidas.

.

..

Ranma movía la pierna derecha de forma nerviosa, histérica. Era un movimiento de sube y baja difícil de ignorar, y más para Akane que permanecía sentada a su lado en la lujosa sala de recepción.

Cuando finalmente se decidió a entrar en la cabaña tras él, el artista marcial ya se encontraba en la ducha. No quiso molestarle y se retiró discretamente al salón, se estiró sobre el sofá y allí se descubrió a la mañana siguiente. Se había dormido con el pelo lleno de arena y sin haber podido disculparse, con su pelea inconclusa y con un peso extraño sobre el corazón. Obviamente las cosas no serían tan incómodas si no fuera porque compartían el apartamento.

Akane se estiró con la espalda dolorida y se dirigió a la habitación donde esperaba encontrar al muchacho, no obstante Ranma tampoco estaba allí. Suspiró asumiendo que se había levantado temprano y que habría salido a correr, como tenía costumbre. Aprovechó el instante de intimidad para encerrarse en el baño, darse una larga ducha, limpiarse el pelo y cepillarse los dientes.

Salió renovada, lista para el largo día que les esperaba. Tomó su portátil del bolso y lo abrió sobre la mesa de la cocina mientras calentaba agua para preparar té. Descubrió algo de arroz instantáneo y verduras encurtidas en la nevera, supuso que formaba parte del ágape de bienvenida.

Preparó una porción y comenzó a trabajar. Abrió su portátil dispuesta a programar su agenda hora a hora, empezando por responder correos y enviar unas cuantas notas de prensa creíbles. Miró de pasada las noticias internacionales, espantandose por los nuevos detalles que saltaban a la prensa sobre la desafortunada muerte del luchador Zhang Lao hacía apenas dos días.

Los titulares eran escandalosos: Ajustes de cuentas, problemas de drogas, deudas con la mafia, una pelea clandestina con una decena de heridos… Todo lo que había tratado de tapar su agente saltaba ahora en forma de titular y los medios destripaban su vida personal sin remordimientos. Akane tragó saliva y cerró la web de noticias. Visto con perspectiva el suicidio había sido una triste escapatoria para toda la vorágine de perdición. Suspiró e intentó concentrarse en toda la tarea mientras le echaba rápidos vistazos a la puerta de la cabaña, esperando que su propio problema personal hiciera acto de presencia.

Abrió su bandeja de correo.


Hola Akane,

Estos días es complicado no verte en la prensa, cada vez que pongo la televisión o leo alguna revista tu foto aparece, no me puedes culpar por haber estado pensando en ti. Espero que nos veamos pronto.


Akane alzó una ceja, no era raro recibir un montón de email con propuestas o con falsos ganchos publicitarios, pero aquel le resultaba raro e inquietante a partes iguales. Lo cerró mientras intentaba distinguir la publicidad habitual de la información relevante, y justo entonces se abrió la puerta.

Ella le miró compungida, se puso recta en la silla con los ojos fijos en los suyos. No obstante el chico actuó con normalidad, le dirigió un asentimiento a modo de saludo y después abrió la nevera en busca de agua fría. Era obvio que venía de correr, el sudor resbalaba por sus sienes y mojaba la parte superior de su camiseta. Al cuello llevaba una toalla con la que se secaba la cara mientras le daba cortos tragos a la botella.

—¿Dormiste bien? —preguntó Akane regresando la atención a su portátil, intentando establecer los nuevos límites de la relación desde primera hora.

—Maravillosamente —contestó él con un tono amargo en la voz.

—Bien, ¿desayunaste? —dijo como quien no quiere la cosa, Ranma entrecerró los ojos.

—No.

—Entonces dúchate y mientras yo te prepararé el desayuno.

El chico alzó una ceja.

—¿Qué tu qué? —repitió horrorizado.

—Te prepararé el desayuno.

—No gracias, hoy tengo que entrenar y necesito mi estómago intacto.

Ella dejó de teclear en su pc.

—Es arroz instantáneo y verduras, no voy a incendiar la cocina.

—Eso está por verse.

—Vivo sola, sé preparar comida en el microondas.

—¿Segura?

—¿Quieres o no quieres desayunar?

El resquemor por la pelea del día anterior seguía muy presente entre ellos, sobre todo en la cara de Ranma, donde se adivinaba una sombra morada bajo su ojo derecho.

—¿Aprendiste a cocinar? —preguntó tentativo.

—Lo suficiente para sobrevivir —contestó ella tragándose el orgullo y mirándole con decisión. Ranma movió la cabeza de lado a lado, aceptando el trato y después se fue hacia la ducha. Sólo cuando le perdió de vista Akane se permitió dejarse caer de nuevo en la silla, agotada por la tensión.

Y eso les llevaba de vuelta a la sala de espera. Ranma se había tomado el desayuno ciertamente sorprendido de que nada estuviera calcinado, lo cual era bastante ofensivo aunque dentro de lo esperable. Después tomaron un taxi. Ninguno mencionó los acontecimientos de la tarde anterior y no parecían querer sacar el tema, suficiente tensión había en el ambiente por estar en el gimnasio principal de Santos, mientras su nuevo "entrenador" les hacía esperar.

—Es un capullo —dijo Ranma poniéndose en pie y dando largos pasos por la sala, abandonándose a la ansiedad.

—Es un hombre ocupado —Le corrigió Akane tomando una revista de una de las mesas cercanas, después se dió cuenta de que había un gran titular sobre ella y Ranma en portada y la soltó con el mismo asco que si acabara de tocar el cadáver de un lagarto puesto al sol.

—Yo también estoy ocupado, por eso sé que es un capullo —Le corrigió él, severo, mientras se pasaba las manos por el cabello.

—¡Señor Santos! —exclamó Akane poniéndose en pie ante la inesperada presencia de su anfitrión en el quicio de la puerta, esperando que no hubiera oído los insultos que le acababa de dirigir el idiota de su cliente.

Se trataba de un hombre alto, aunque algo menos que Ranma. De musculosa espalda y piel tostada, con puños como piedras. Lucía un estricto corte de pelo y sus ojos eran pequeños y analíticos. Vestía ropa deportiva, como si estuviera listo para empezar a combatir en cualquier momento.

—Señorita Tendô, déjeme decirle que es un placer conocerla en persona —dijo él sonriéndole en un muy correcto japonés, luego miró a Ranma como al mocoso molesto que pensaba que era (y muy posiblemente tenía razón)—. Saotome —asintió como reconocimiento.

—Señor Santos —dijo él con una levísima inclinación de cabeza.

—Un buen golpe —señaló hacia su ojo morado, a lo que el chico torció la boca.

—Tenía la guardia baja —Se excusó sin poder evitar mirar con resentimiento a la muchacha. A Santos no le pasó desapercibido el gesto y esbozó la primera sonrisa que le había visto Ranma en toda su vida.

Siya ay matigas sa negosasyon. Iniisip ko na magkakaroon din ito ng mahabang kamay —dijo en su idioma natal soltando una carcajada. Akane puso una sonrisa tensa, mientras que el artista marcial entrecerró los ojos sospechando del significado de sus ininteligibles palabras.

—¿Empezamos ya? —dijo tomando su bolsa de deporte y mirándolo amenazante, el propietario del gimnasio le hizo un gesto para que lo siguieran sin perder la sonrisa.

Las instalaciones eran espaciosas, modernas y ordenadas. Todo el lugar olía a lona y desinfectante. Aunque era primera hora de la mañana ya había personas entrenando, unos cuantos saltaban a la comba, otros daban puñetazos, e incluso había un par practicando patadas altas contra un grueso saco.

Akane no perdió detalle, sabía que Santos era un luchador con un tren superior poderoso, pero sin duda su punto fuerte estaba en los ejercicios de suelo. Por eso se encontraban ahí.

—Puedes cambiarte en los vestuarios de la izquierda y empezar el calentamiento. Hoy quiero conocer tu nivel e iniciar ejercicios simples.

—Bien —contestó Ranma dirigiéndose hacia donde había señalado con cara de pocos amigos, estaba claro que no le gustaban las evaluaciones, mucho menos las realizadas por un antiguo rival.

Akane miró alrededor buscando un buen lugar desde el que mirar la práctica y al mismo tiempo poder atender todos sus emails. Tarea complicada. Con un suspiro dejó su bolso en el suelo cerca de uno de los rings y comenzó a contestar correos con el teléfono móvil mientras Ranma se cambiaba.

El guerrero reapareció escasos minutos después vistiendo un pantalón corto deportivo y una camiseta ajustada, muy ajustada. Akane tomó aire de forma discreta antes de volver a mirar su bandeja de entrada.

El entrenamiento comenzó tenso, tirante. Los dos hombres se medían y desafiaban con miradas frías y pasos llenos de desconfianza.

Comenzaron calentando con unos cuantos golpes de tanteo, con pies firmes y potencia medida. Después Santos rompió el frío ambiente pidiendo a Ranma que se acercara, comenzó a hablar despacio, de forma didáctica, el artista marcial asintió comprendiendo, y entonces comenzaron a practicar los agarres.

Akane sonrió satisfecha, eso era justo lo que estaba buscando. Hacía tiempo que no se sentía tan orgullosa de sí misma, bajó la mirada de nuevo hacia su correo, concretando un par de citas y recordatorios para hacer llamadas.

—Toda una representante ocupada —dijo una voz masculina apareciendo de la nada, sobre su hombro. Akane dio un brinco mirando hacia atrás y allí encontró a un tipo perfectamente japonés y con una sonrisa entusiasta—. Disculpa, no quería asustarte —dijo haciendo una inclinación de cabeza. Un compatriota en Davao. Akane pestañeó llevándose el teléfono hacia el pecho.

—Ah, sí lo hiciste… —dijo intentando emular una sonrisa.

—Discúlpame otra vez, soy Okubo, también represento luchadores —explicó, y mientras lo hacía sacó una pequeña tarjeta del bolsillo de su camisa. Akane la recibió y se dio cuenta de que ella no tenía ninguna de esas. Otra cosa a solucionar.

—Encantada, yo soy Akane Tendô, represento a Ranma Saotome —dijo inclinando la cabeza, él sonrió aún más.

—Lo sé, os habéis hecho bastante famosos…

—Ah, eso. La prensa habla demasiado. En realidad estaba pensando emitir un comunicado al respecto.

—¿Entonces no es verdad? Vaya, era una buena historia —dijo manteniendo su sonrisa, sin ningún tipo de registro en su voz que pudiera indicar que estaba apenado al respecto.

—Siento decepcionarte —Akane le miró, claramente incómoda y queriendo seguir ocupada en sus propios asuntos—. ¿Y representas a alguien que deba conocer o sólo estás mirando? —preguntó un tanto cortante, hecho que hizo que el hombre a su lado soltara una pequeña carcajada.

—Represento a Josua Rodríguez que entrena aquí, y también al subcampeón Jun Ichirakawa —dijo con orgullo, y Akane se congeló ante la mención del japonés. Era el tipo que la había encontrado debajo de la lluvia en Singapur, con la apariencia de su yo de dieciséis años. Por un momento temió que estuviera allí, en cualquier lugar, pero se dijo que un representante no tenía que ir acompañado de sus clientes siempre. Afiló la mirada sobre su colega.

—Qué curioso, Ichirakawa estaba en Singapur hasta hace apenas un par de días, igual que Ranma… —dijo Akane mirándole de soslayo—. ¿Le estás siguiendo?

Okubo rió mientras miraba la práctica en el ring.

—Puede que esté intentando robarte a tu cliente —confesó sin tapujos, ella guardó su teléfono en el bolso.

—No lo conseguirás.

—Son negocios y tú eres una novata. ¿O acaso es verdad que te mantiene a su lado por algo más?

Akane le sostuvo la mirada, una llena de desprecio. Sabía que se había metido de cabeza en un negocio de hombres pero hasta el momento ninguno había tenido la osadía de echárselo en cara.

La tensión fue rota por la estridente risa de Okubo, quién de forma absolutamente falsa le palmeó un hombro mientras afirmaba que era una broma. Akane no le dio el lujo de parecer divertida.

—Si no te importa tengo asuntos que atender —dijo dándose la vuelta y echando a andar hacia las afueras del gimnasio, con la esperanza de encontrar una cafetería con aire acondicionado y sin pesados. Aquel hombre había conseguido ponerla de mal humor, y de paso había servido de recordatorio para ocuparse de una buena vez de ese asunto de la nota de prensa que no hacía más que retrasar (no quería pensar en porqué).

Caminó apenas un par de manzanas antes de encontrar un lugar que parecía agradable, pidió un bubble tea de tapioca y abrió su ordenador portátil llena de rabia. Colocó la pantalla, comenzó a teclear a toda pastilla mientras sus dedos chocaban iracundos contra las pobres teclas, los demás clientes la miraron, las camareras comenzaron a murmurar detrás de la barra. Akane bebió tres tés en dos horas y finalmente envió su dichosa nota de prensa.

Inmediatamente después fue invadida por dos sensaciones opuestas.

Por un lado alivio al haberse quitado de encima un asunto engorroso, por otro, vacío.

El vacío tirando de la boca de su estómago hacia abajo, más y más profundo.

Se obligó a pensar, una vez más, que era trabajo. Que eso era lo correcto ya no solo para ella y para ser tomada en serio, si no también para la carrera de Ranma, ¿pues qué pensarían los demás luchadores y profesionales si supieran la verdad? Obviamente que él era un imbécil, y ella una aprovechada.

Y Akane tenía muchas cosas en la cabeza, pero por encima de todas ellas estaba el hecho de demostrarse a ella misma que era capaz de realizar aquel trabajo. Que era una persona válida. Aunque por el camino tuviera que hacer acopio de todo el orgullo que poseía para ignorar sus sentimientos.

Tomó aire y los empujó profundo, al fondo, hasta los tobillos.

Era una mujer adulta con muchísimos asuntos que resolver, no podía permitirse lujos como el romance. Ranma y sus estúpidas y sexys camisetas ajustadas no la tentaban en absoluto.

Luego estiró la espalda en la silla y se dijo que sus pobres huesos tampoco se podían permitir otra noche en el sofá. ¿Acaso ellos dos seguían enfadados? Diría que sí que lo estaban, aunque por las razones equivocadas.

Akane cerró su portátil, lo guardó en su bolso y se puso en pie. Salió de la cafetería y en menos de cinco minutos se encontraba de regreso en el gimnasio.

Ranma y Santos estaban hablando tranquilamente mientras hacían los estiramientos tras una buena práctica. Parecía que al fin habían conseguido romper el hielo completamente, eso era bueno.

Akane sonrió, iba a acercarse a ellos cuando otro hombre lo hizo antes. Le bastaba con verle de espaldas para saber de quién se trataba. Era Jun Ichirakawa, el jodido Ichirakawa en persona, justamente él.

Se puso tensa de inmediato, el gimnasio era una gigantesca sala abierta, sin lugar en el que esconderse. Dio unos cuantos y disimulados pasos hacia uno de los laterales, esperando que Ranma no la hubiera visto y no la echara de menos si decidía huir de nuevo, pero la suerte hoy no solo le daba la espalda, si no que le hacía una peineta enseñando su dedo medio alzado de forma nada figurada.

Ranma alzó la vista y sus ojos hicieron contacto apenas unos segundos, la observó mientras seguía hablando con los dos hombres, no reclamó su presencia. Pronto sus ojos azules se apartaron de su figura, pero lo hizo apenas para recoger una botella de agua del suelo tras lo cual se dirigió derecho hacia ella, acompañado del otro japonés. Los dos mantenían una charla que parecía de lo más animada.

Akane sintió pánico, sintió la necesidad de fingir un desmayo o un ataque al corazón y rodar por el suelo mientras gritaba. Se encogió sobre sus hombros, intentó ocultarse alisando sobre sus mejillas su corto cabello, y finalmente, les dio la espalda pareciendo ocupada en su teléfono. El corazón se le iba a salir por la boca. Sólo le quedaba rezar porque no la reconociera.

—Akane —Llamó su atención Ranma ya a apenas medio metro de ella—, deja que te presente a Jun Ichirakawa, casualmente va a pasar dos días aquí entrenando.

Atrapada, absolutamente acorralada. Akane tomó aire y conteniendo el aliento se giró y le tendió la mano al guerrero, como toda una profesional.

—Encantada, soy una gran admiradora. Hace un rato tuve el placer de conocer a tu representante —dijo de corrido mientras sacudía su mano y la soltaba de forma abrupta. Después miró hacia Ranma, el cual, ajeno a la tormenta desatada en su interior, parecía medir el encuentro entre compatriotas sin ningún tipo de maldad.

Ichirakawa sonrió dispuesto a contestar su charla banal, pero Akane captó el momento exacto en el que su expresión cambió, sus cejas se arrugaron y posteriormente se arquearon con muda sorpresa.

—Espero que no entrenéis juntos, vais a veros las caras en apenas dos semanas —continuó ella intentando mantener las apariencias, como si realmente aquella fuera la primera vez que se vieran.

—Ichi me servirá como sparring —bromeó Ranma lanzándole un par de puñetazos al aire que su rival apenas pudo esquivar, centrado como estaba en la morena que tenía enfrente. Le dedicó una mirada llena de confusa molestia antes de barrer a la muchacha de arriba a abajo.

Ni a Ranma ni a Akane les pasó desapercibido el gesto.

—¿Qué edad tienes? —dijo abruptamente, Akane boqueó intentando parecer sorprendida.

—Y-yo…

—Tiene veintiséis —interrumpió Ranma agarrando al japonés por un hombro, apretando un poco más de la cuenta—, ¿hay algún problema? —preguntó, y su tono de voz no ocultaba su desconfianza.

—¿Qué? No, es sólo que ella…

—Quizás me está confundiendo con otra persona —apaciguó Akane con una sonrisa divina, Ichirakawa la observó con las cejas aún fruncidas y ladeó la cabeza.

—Sí, eso debe ser… —dijo dejándolo estar, pero se encontraba claramente confuso, le echó un nuevo y largo vistazo que Ranma interpretó de la peor de las maneras.

—Pareces cansada, ¿por qué no regresas a la cabaña? A mí aún me queda un rato, pero te acompañaré a buscar un taxi —dijo el artista marcial, y no era una sugerencia. Agarró la mano de Akane y tiró de ella hacia la salida del gimnasio sin dejar lugar a réplica, cosa que de todas formas ella tampoco pensaba hacer porque era cierto que estaba agotada, pero sobre todo, estaba deseando perder de vista a Jun Ichirakawa antes de que dijera algo aún más inadecuado.

Llegaron a la calle principal, el chico de la trenza llevaba su ropa deportiva y miraba con una expresión indescifrable hacia la carretera cercana en busca de un transporte. Akane sopesó la calidez de sus dedos envolviendo los suyos, la presión innecesaria que ejercía por la turbación que invadía sus sentidos.

—Ranma… —dijo ella intentando captar su atención—, ¿estás enfadado?

—No —contestó secamente, pero su agarre se acentuó más. Alzó la mano cuando vio un taxi libre. El coche se detuvo delante de ellos.

—Prométeme que no vas a golpearle por esto —Le amenazó Akane adivinando sus pensamientos—, estás aquí para entrenar y os vais a ver las caras en el campeonato. No te puedes permitir otro escándalo.

—No voy a golpearle por mirarte como si fueras un filete, tranquila. No lo hacía con dieciséis, no voy a empezar ahora —contestó acercándose al taxi y abriéndole la puerta trasera.

—Promételo —repitió Akane resistiéndose a entrar.

Ranma apretó los dientes.

—Lo prometo.

—Gracias —dijo ella con una sonrisa de alivio, soltó su mano y se acercó a la puerta, pero antes de sentarse se lo pensó mejor. Regresó hasta él con paso ligero, mirada firme y mejillas sonrojadas. Se alzó de puntillas a la vez que tiraba de su brazo y depositó un suave beso en su mejilla.

Fue liviano, más cerca de su mandíbula de lo que podría haber calculado. Se alejó a toda prisa, sin querer conocer la expresión de su cara a causa de su inesperado gesto.

—Te estás esforzando y me siento orgullosa —dijo antes de cerrar la puerta del taxi y esconder su rostro ardiendo entre sus manos.

El vehículo arrancó y Akane se acordó de respirar.

.

..

Se dejó caer rendida en la cama de matrimonio. No se había dado cuenta de lo cansada que estaba hasta que Ranma no se lo hizo notar. Necesitaba una ducha, una comida en condiciones y dormir cinco horas en ese maravilloso colchón.

También necesitaba que su teléfono de trabajo dejara de recibir notificaciones, y ya de paso que Jun Ichirakawa se diera un golpe en la cabeza y que olvidara por completo que la había visto con su apariencia adolescente. Demasiado pedir.

De momento tendría que conformarse con el reparador sueño, cerró los ojos así tal y como estaba, con la ropa que había llevado puesta todo el día y sin quitarse el maquillaje. Sólo un instante de descanso, solo un momento de silencio.

Y entonces su teléfono comenzó a vibrar por una llamada entrante. No pensaba cogerlo.

Se hizo la remolona y le dio la espalda hasta que la llamada se cortó, pero apenas dos segundos después volvió a iniciar. Con un suspiro y sabiendo que ya descansaría el día que se muriera, Akane tomó su teléfono, miró el número desconcertada, no lo tenía en agenda. Como fuera otros de esos dichosos reporteros…

—¿Sí? —respondió adormilada.

—Akane, querida. Qué gusto oírte —dijo la calmada y conocida voz de una mujer al otro lado de la línea.

—¡Tía Nodoka! —exclamó levantándose de la cama, poniéndose en pie como si la mujer estuviera allí, frente a sus narices.

Las manos comenzaron a sudarle, sintió como las piernas se le transformaban en gelatina. Maldito fuera Ranma por haberla advertido sobre su llamada, y maldito fuera mil veces otra vez por tener razón.

—¿Cuánto tiempo llevamos sin hablar? Yo diría que han pasado años. Kasumi me mantiene al día pero no es igual…

—Ah, sí, si. Kasumi es bastante habladora, sí. ¿Q-qué tal estáis? ¿Qué tal el tío Genma? —preguntó intentando llegar a un terreno de conversación neutral, pero la mujer al otro lado de la línea tenía otros planes.

—Nosotros estamos bien. Genma hasta encontró un pequeño empleo enseñando artes marciales a los ancianos del barrio. El que me preocupa en estos instantes es Ranma… aunque supongo que ahora puedo contar contigo para cuidarlo.

Akane tragó saliva, sentía la garganta más seca que un desierto.

—Yo… llevamos poco tiempo trabajando juntos. Intento que siga unas rutinas deportivas y que no se haga daño en los entrenamientos, aunque a veces no me hace caso y se salta la dieta y…

—Él siempre ha sido disciplinado con su entrenamiento, me preocupan más las distracciones —dijo Nodoka, atacando directamente al hueso.

—Oh no, no, no. No tiene distracciones, está absolutamente centrado en el campeonato —esquivó Akane mientras se trasladaba a la cocina y se servía un vaso de agua fría.

—Ajá —murmuró sin más—. He leído la nota de prensa que has publicado hace unas horas —concluyó, y la chica supo que la madre de Ranma acababa de ponerse seria, estaba preocupada, o peor, enfadada.

—Es… es que la prensa estaba hablando de más, obvio como su representante no puedo dejar que se extiendan falsos rumores sobre su vida sentimental que podrían hacer que perdiera el foco. No es conveniente.

—¿Son falsos rumores? ¿Es que acaso no estábais prometidos? —preguntó la mujer con voz tensa.

—Estábamos prometidos pero éramos demasiado jóvenes y nunca hubo… —comenzó con su discurso estudiado, sintiendo que se le soltaba la lengua en su excusa febril.

—Akane…

—...nada entre nosotros, así que no hay porqué remover el pasado con ese asunto que…

—Conozco a mi hijo lo suficiente para saber que hubo y hay algo entre vosotros, no te llamo para cuestionar eso. Lo que quiero saber es cuanto más tiempo vais a mantener esta farsa, mis vecinas preguntan a diario.

Akane se aclaró su árida voz.

—Te estoy diciendo la verdad, actualmente entre Ranma y yo sólo hay una relación de negocios. Desde que nos reencontramos nosotros…

—¿Acaso no se está comportando de forma varonil? —preguntó acongojada, la muchacha negó con la cabeza.

—No es eso, él es muy varonil. El problema es que nosotros no… Yo no…

El silencio se adueñó de repente de la conversación, Nodoka suspiró pesadamente.

—Entiendo. Déjalo en mis manos.

—¿Qué?

—Ranma suele necesitar un empujoncito.

—¡Eso no es lo que…! —Y colgó.

Akane miró el aparato con miedo, con horror creciente sabiendo que nada bueno podría salir de Nodoka Saotome y sus tejemanejes. Justo lo que no necesitaba es que Ranma comenzase a ser más cercano con ella. Sería su fin. Caería rendida en un chasquear de dedos, lo sabía bien.

Pegó un pequeño gritito histérico, soltó el teléfono en la primera mesa que tenía cerca e intentó tomar aire sin marearse. ¿Qué iba a ser de ella? ¿Por qué parecía que estaba metida en un lío cada vez peor?

Decidió darse una ducha y refugiarse en lo único que le quedaba y que le mantenía la cabeza ocupada: el trabajo. Y aunque durante la ducha sintió que todos sus problemas se hacían pequeños, al comenzar a contestar emails de diferentes medios de comunicación y varias agencias de prensa volvió a verse superada por las preguntas. ¿Pero por qué eran todos tan metomentodo?

Sin poder contestar una tontería más sobre su inexistente relación amorosa, Akane se decidió por invertir lo que le quedaba de día en estudiar a los rivales que tendría que enfrentar Ranma en el campeonato de la Copa Asia. Abrió una de sus webs favoritas de artes marciales mixtas y comenzó con la tarea. Ojeó por encima a los luchadores de peso welter, sabiendo que los de su interés se encontraban un peldaño más abajo. Ranma competiría en peso ligero con toda una selección de tiparracos rudos y raros.

Akane estudió con detenimiento al birmano Suu Thaw, quien tenía habitualmente problemas con la justicia y daba más que hablar por lo que hacía fuera que dentro del ring. Solía ganar sus combates por TKO lo cual le colocaba en el número uno del ranking de luchadores violentos. También estaba el camboyano, Keo Moeuk, el cual había saltado a la fama tras derribar a un ladrón callejero. En su perfil de instagram salía dando la mano a un político con fama de corrupto.

Resaltaba la pareja de chinos, los hermanos gemelos Wan. Una pareja que competía al más alto nivel normalmente en pesos más altos, pero que este año había decidido entrar en la categoría ligera. Sus movimientos de piernas eran peligrosos, y sus férreos agarres les daban todo un récord de combates ganados por sumisión.

El filipino era sin duda la sorpresa de la temporada, Jayson Moreno era joven y ambicioso, impulsado al éxito. En los videos que encontró Akane de sus combates le vio usar con destreza el jiujutsu en combinación con kitboxing y varias llaves de agarre brasileñas. Era polifacético y desconocido, por tanto peligroso.

Y obvio no podía olvidar a su ya conocido Ichirakawa, uno de los pocos japoneses que junto con Ranma sobrevivían en la élite de las artes marciales mixtas. Ichirakawa era poderoso en el suelo, bebía de los principios esenciales del Aikido y era prácticamente imbatible si conseguía llevar al rival a su terreno. Ranma sin embargo era un luchador completo, ágil como una rana y con reflejos rapidísimos. Estratega, listo y flexible, nunca cesaba en sus ataques hasta encontrar el punto débil de su adversario.

Eran como la noche y el día. Jun Ichirakawa era rígido, con un entrenamiento tradicional y estricto en su perfección. Además, era el nieto que toda abuela querría; De buen carácter, educado y comprometido con las causas sociales. Su vida sentimental jamás había resultado escandalosa y llevaba con buen humor su soltería. Visitaba hospitales, salía en los periódicos plantando árboles y jugando al go con ancianos. En resumidas cuentas, era el orgullo de Japón.

Y es allí donde entraba en el juego Ranma Saotome, l´enfant terrible, irremediablemente guapo, como un actor. Presumido, busca líos, el rey del escándalo y de los combates espectaculares. Un genio vivo, un derroche de adrenalina en el cuadrilátero, absolutamente impredecible. A Akane le quedaba un montón de trabajo por delante hasta conseguir limpiar aquella imagen.

Además, si se enfrentaban era difícil predecir el resultado. Akane miró con ojo crítico algunos videos de sus últimos combates, bebiendo de su esencia, estudiándolo a fondo… No se percató que la noche había comenzado a caer, y mucho menos de la presencia de otra persona en el pequeño apartamento.

—Ya veo que haces los deberes.

—¡Ranma! —exclamó dando un bote en la silla, tuvo la tentación de cerrar su portátil pero él ya lo había visto y a estas alturas era absurdo negar lo evidente—. E-estaba…

—Estudiando a Ichirakawa —concluyó sin sorpresa, dejando su bolsa de deportes en el suelo y otra de la que salía un delicioso olor en la misma mesa que estaba usando Akane para trabajar.

—¿Compraste la cena? —preguntó sorprendida, de repente se percató de que tenía muchísima hambre. No había ingerido nada en todo el día a excepción del té de la cafetería.

—Puedes estar tranquila, son todo verduras con carnes bajas en grasa. También traje fruta.

Ella estiró los labios en una pequeña sonrisa.

—¿Te vas a tomar en serio tus obligaciones para el campeonato?

—Faltan pocos días y nos hacen un control de peso diario. Tendré que hacer caso a la pesada de mi representante —dijo con fastidio, dejándose caer en uno de los sofás del salón.

Akane oteó la bolsa llena de comida y vió varias cajas de cartón con diferentes salteados dentro: verduras con gambas, unos tallarines de arroz con calamares y otro tipo de carne que no supo identificar, pero que parecía deliciosa. También había fruta cortada y varias botellas de agua.

Ranma parecía extenuado, había cerrado los ojos y juraría que era capaz de dormirse allí mismo. Seguro que había entrenado muy duro. La muchacha le miró unos segundos, pero entendió que no iba a hacer la menor mención al pequeño beso que le había dado antes de entrar en el taxi, y era mucho mejor así.

Akane agarró la bolsa de comida y la puso delante del chico, también tomó su ordenador y abrió la pantalla de forma que él también pudiera verla.

—¿Cenamos y vemos videos de peleas? —preguntó mientras se sentaba a su lado en el sofá. Eso pareció despertar al cansado artista marcial, quién abrió los ojos sorprendido mientras ella le ponía una de las cajas desechables de comida entre las manos.

Ranma olía a jabón mezclado con un perfume masculino delicioso, atrayente y seductor.

—S-sí, claro. Estoy agotado —dijo tomando unos palillos, mientras tanto la chica reinició el video que estaba viendo antes de que él llegara.

—Es demasiado bueno en los agarres, tendrás que tener cuidado. Tiene un porcentaje de un 80% de combates ganados por sumisión —dijo Akane apuntando con sus palillos, recogiendo sus piernas desnudas debajo de su trasero en un gesto que al chico no le pasó desapercibido—. Mira eso, posee una velocidad de ejecución monstruosa. También quiero que veas este otro vídeo, es del filipino que debutó en el campeonato de Malasia. Mezcla varios estilos, pero hay uno que no consigo identificar… —dijo acercándose de nuevo al pc y cambiando de video.

Ranma intentó que su distraída atención regresara a las artes marciales, lo consiguió a duras penas, pues lo que realmente le gustaba de aquel momento era estar con ella. Compartir una conversación de artes marciales se le antojaba cálido, una especie de comodidad añorada, una complicidad en pleno proceso de restauración.

Atendió a sus inquietudes, repasó los puntos fuertes y los débiles de sus futuros adversarios. Comió distraído mientras la miraba lleno de admiración por su más que destacable fijación en los detalles.

—¿Entonces te ha gustado el entrenamiento de hoy? —dijo Akane después del decimoctavo vídeo y de que el portátil le avisara que estaba próximo a quedarse sin batería.

Ambos habían terminado de comer y estaban tomando un poco de mango cortado.

—Ha sido instructivo, Santos sabe unos cuantos trucos.

— ¿...y con Ichirakawa? —Se atrevió a preguntar la muchacha, intranquila.

—No le he golpeado si es lo que temías.

—¿No lo has hecho?

—No, ha estado entrenando por su cuenta con otro tipo. Está practicando golpes altos.

—Con esos tú no tienes problema.

—Somos muy diferentes—sonrió arrebatador, lo cual hizo que Akane se sonrojara sin remedio, como en su temprana adolescencia. Giró el rostro bruscamente esperando que él no se diera cuenta.

—L-lo sé, no tenéis nada en común.

Casi nada.

Pero antes de que Akane pudiese preguntar a qué se refería, Ranma se aclaró la garganta evidentemente nervioso.

—Por cierto, ¿hablaste con mi madre?

—Ah, sí. Iba a contártelo, ella me llamó. Estaba… molesta por la nota de prensa que envié por la mañana.

El chico de la trenza asintió con comprensión.

—Te dije que no lo entendería.

—Traté de explicarle.

—Seguro que lo hiciste, pero por alguna razón ahora ella tiene la idea de que yo… —Ranma no terminó la frase, inclinó la cabeza como si estuviera midiendo al milímetro sus palabras. Akane le miró por el rabillo del ojo, en absoluta tensión—. Quizás tiene razón —concluyó enigmático, con una sonrisa triste lanzada al aire, a todos, a nadie. A ella y solo a ella.

—N-no deberías distraerte del campeonato con los cotilleos de tu madre. Esto es importante. Debes ganar —dijo Akane intentando alisar todo titubeo que pudiera arrugar su voz.

—¿Y si pierdo? —preguntó, como si aquella idea tuviera algún tipo de cabida en su cabeza, Akane casi ríe ante la insinuación, pero se contuvo.

—Si pierdes… entonces tendremos que preparar mejor el siguiente torneo.

—¿Te quedarás conmigo? —incidió, cargado de intenciones.

—Trabajo para tí… —contestó ella con obviedad, aunque sintiendo los nervios a flor de piel.

—Vaya, pensé que contestarías algo parecido a lo de esa vez —Soltó haciendo un puchero, echándose despreocupadamente en el sofá.

—¿De qué hablas?

—Esa vez, cuando perdí mi fuerza por culpa del maestro Happosai y tú me dijiste aquello de: "Si quieres irte no te detendré, pero me iré contigo" —dijo de corrido, dejando claro que aquel instante seguía fresco, demasiado presente en su memoria.

Akane le miró durante tres segundos infinitos hasta que un amago de sonrisa arribó a sus labios.

—¿Dije eso? Ha pasado tanto tiempo que apenas lo recuerdo —farfulló comenzando a recoger rápidamente los restos de comida, mientras su ex-prometido la miraba alzando una ceja.

—¿Me tomas el pelo? Estuviste a punto de morir, te metiste en mitad de una pelea para conseguir el maldito pergamino…

—Bueno, han pasado años. No puedes esperar que recuerde todas esas locuras —dijo a la defensiva, pero había algo más. Un temblor en su voz—. ¿Vamos a dormir? Estoy agotada.

Akane nunca había sido una gran mentirosa. ¿Cabezota? Seguro. ¿Orgullosa? La que más. Pero la mentira transparentaba en su voz.

Un peso se asentó en el pecho del artista marcial, una pequeña sospecha. Y se quedó allí, agazapada, al acecho. Se puso en pie y ayudó a recoger. Después ambos se metieron en la cama de forma absolutamente civilizada.

La cama era grande, por lo que sus cuerpos no se rozaban, ni tan siquiera sus manos. Aún así ambos respiraron agitados durante la primera hora, hasta que les venció el sueño, hasta que el agotamiento del día atrapó sus torturadas mentes.

Ranma no le dijo que la noche anterior apenas y había podido dormir, no habló de sus pesadillas en las que ella gritaba o se desintegraba, en las que atrapaba su cuerpo vacío tarde, siempre tarde. Y Akane tampoco le dijo que a veces su mente era un caos, que sus recuerdos de antes de Jusenkyo se mezclaban y parecían imágenes lejanas, como si solo pudiera adivinarlos por el rabillo del ojo.

Tampoco le dijo que a veces ella también tenía pesadillas llenas de burbujas de agua oscura, que ascendían desde sus ahogados pulmones hacia una superficie inalcanzable, como si se encontrara en lo más hondo de una poza.

.


.

¡Hola!

Traigo nueva actualización y salgo corriendo, lo cierto es que como voy escribiendo a mi ritmo no tengo una idea clara del tiempo que pasa entre actualizaciones hasta que alguien no me lo hace ver, ¿soy un desastre? Posiblemente, pero en todo caso siempre sin maldad, ¿eso cuenta?

Lo cierto es que las ultimas semanas han sido provechosas y puedo decir que estoy escribiendo el nudo principal y desenlace de este fic (aqui donde me leeis ya estoy escribiendo el capítulo 13, jijiji), y pensando en los siguiente. Qué horror no poder dejar la cabeza quieta y centrada, qué maravilloso seria que con pensar mucho en ello las escenas se escribieran solas y no tuvieras que arrancarlas de las hojas en blanco.

Bueno, no os entretengo más, gracias a todAs por vuestro apoyo y comentarios, que me alegran el día y la semana, y atesoro más que nada. Es mi salario emocional, jajaja.

Gracias a mis betas Lucita-chan y SakuraSaotome por aguantarme y por sus correcciones.

Nos leemos pronto, estoy segura de que vais a apreciar mucho el próximo capítulo, jijiji.

Besos!

LUM