Ranma 1/2 no me pertenece. Este fanfic está escrito por mero entretenimiento.

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—Cero—

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Capítulo 9: Sin secretos

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Adelantaron su regreso a Japón, Akane se encargó de hacer los cambios de los billetes y gestionar el alojamiento.

La noticia les había caído encima como una losa. La limpiadora del hostal había encontrado el cuerpo de Josua Rodríguez a primera hora de la mañana, y esta vez no había lugar a dudas, había signos claros de violencia.

La policía de Davao convocó una rueda de prensa a la que acudió el muy compungido representante del luchador, explicando que se encontraba en un estado físico envidiable y que se trataba de un buen muchacho, sin problemas de dinero ni de drogas que pudieran justificar un posible crimen por deudas.

Ranma y Akane vieron la rueda de prensa desde el pequeño despacho que Santos tenía en su casa, el entrenador se encontraba muy afectado ya que el chico era habitual de su gimnasio.

De mutuo acuerdo decidieron que su colaboración había llegado a su fin un par de días antes de lo previsto. Santos había olvidado las bromas que con tanta saña no dejaba de hacerle a Ranma el día anterior, y Akane le agradeció profundamente su ayuda y le dio un sobre lleno de billetes para comprar su discreción.

Incluso la organización del torneo asiático de artes marciales mixtas emitió un comunicado expresando su preocupación por los últimos acontecimientos, así como dando el pésame a los familiares de los luchadores fallecidos.

Aún así el torneo no se aplazó. Muchos fueron los luchadores que se manifestaron en redes sociales lamentando las pérdidas, pero cada uno de los casos parecía tener circunstancias diferentes y las investigaciones seguían en curso.

De vuelta a la capital japonesa el clima cálido parecía haber quedado olvidado para siempre, y les golpeó un viento frío preinvernal a juego con su humor. Eso también ayudó a enfriar sus pensamientos.

Akane apenas contaba con unos días para organizar todo antes de que arrancara la competición oficial, y regresar a Japón le proporcionó un montón de trabajo y nuevas perspectivas. Todo aquello que no había podido hacer en persona por estar en un país extrangero de pronto se le vino encima en forma de citas, reuniones y visitas a patrocinadores. Tiendas deportivas, diseñadores gráficos, fotógrafos… Ella no conducía, así que se vio obligada a tomar un chofer personal por unos días, lo cual le provocó una sensación ingrávida de elitismo inesperado.

Decidió que ir hasta su piso todos los días no resultaba práctico, por lo que alquiló una suite en un fantástico hotel para las próximas semanas, todo ello pagado por una famosa marca de barritas energéticas.

Arrastró a Ranma a varias sesiones fotográficas a las cuales él no quería ir, y ella tenía demasiada prisa por marcharse. Sonrió educada, apretó manos, firmó contratos… hasta que descubrió apurada que el campeonato iniciaba en cuatro días más.

Le había estado prestando a su representado la atención justa y necesaria para saber que seguía vivo y entrenando. De hecho apenas se cruzaban, la suite tenía una habitación principal que ocupaba él, y una más pequeña y secundaria en la que dormía ella, cada una con su propio baño. De repente la intimidad que se había formado entre ellos durante su estancia en Davao había quedado tristemente olvidada, relegada a una nueva relación como compañeros de piso.

En varias ocasiones Akane se preguntó por si él habría continuado teniendo pesadillas, si no haría bien en preguntar si quería que se quedara a su lado, quizás sólo hasta conciliar el sueño. Pero después recordaba su última noche en la cabaña, y su confusa conversación sobre coqueteos indebidos y anticonceptivos… Y temblaba de vergüenza, se mordía los labios en anticipación y suspiraba sin poder remediarlo.

Se hizo un favor a sí misma (aunque se dijo una y otra vez que no estaba relacionado con él ni por sus palabras): pidió cita en su médico y realizó una revisión completa. También solicitó que le recetaran anticonceptivos.

Tras una mañana entera de análisis y pruebas se sintió extenuada y con un bote de pastillas ardiendo en su bolso. Se tomó la primera nada más montar en el coche, la tragó sin agua, y aquel gesto fue lo más parecido a la sinceridad que se había permitido en años.

Y tras unos segundos de silencio se encontró sobrepasada por el desasosiego y la nostalgia, pidió al conductor que la llevara a casa, a la de su familia. Casi una hora después el coche aparcaba delante del dojô Tendô. Akane se bajó con un suspiro aliviado y le dio indicaciones al chofer para que regresara a por ella cuando cayera la noche.

Se adentró en su hogar caminando con pasos impacientes, deseando ver a su sobrina, a su hermana y a su gato. Deseando un abrazo y un consejo más que nada en el mundo. La recibió el maravilloso olor a comida, el canturreo de una niña en el jardín y el tararear de su hermana en la cocina. Sonrió con las mejillas llenas cuando Kasumi y ella cruzaron sus miradas.

—¡Akane! —exclamó sorprendida, a lo que su hermana menor contestó dando pasos largos y abrazándola eufórica.

—Estoy en casa —dijo sin contenerse, apretándola fuerte.

Kasumi sonrió y le devolvió el abrazo, momentos después Akane corrió a abrazar de igual manera a la pequeña Aya, quién insistió en jugar con ella.

Finalmente, tras una hora de correteos y risas ambas mujeres se sentaron en la mesa de la sala, con los pies cruzados sobre lo pequeños cojines, mientras contemplaban cómo la tarde caía suavemente y la pequeña se entretenía alrededor del estanque.

—¿Qué tal tu nuevo trabajo? —preguntó la mayor de las hermanas mientras sorbía su té verde con una plácida sonrisa.

Akane sonrió de medio lado, era a eso a lo que había ido, ¿no? A por un consejo y un momento reconfortante.

—Es un poco complicado. A veces siento que volvemos a tener dieciséis y que somos idiotas.

Kasumi río flojito.

—Erais tan graciosos…

—A mi no me parecía gracioso —contestó Akane con un mohín.

—Supongo que encontrar el amor de tu vida tan pronto debe ser tan hermoso como aterrador —Kasumi suspiró mientras por el rabillo del ojo veía aparecer al curioso felino negro que llevaba todo el día fuera de casa—. ¡Ranma! ¿Dónde te habías metido?

Akane no pudo evitar pegar un respingo, consiguiendo que se le derramaran unas gotas de té. Después vio al animal y sonrió feliz mientras el gato olisqueaba con curiosidad. Era un gato orgulloso, no soportaba que se le echaran encima con mimos no pedidos, aunque fuera su recién aparecida dueña.

Poco a poco el gato se acercó a ella, olisqueó una de sus manos y después comenzó a ronronear, pasando el lomo por su palma en un acto cariñoso de reencuentro.

—Yo también te he extrañado —dijo Akane con una sonrisa, su hermana imitó su gesto.

—Lo dejarás más tiempo, imagino.

—Ya no sé cuándo mi vida va a regresar a la normalidad.

—A Ranma-humano le daría pánico Ranma-gato. Me temo que va a tener que quedarse a vivir en el dojô.

La muchacha de cortos cabellos meneó la cabeza.

—No puedo pedirte eso, ya haces demasiado. Tofu trabaja hasta muy tarde en la clínica y tienes una niña, no puedo pedirte que te ocupes de un gato.

—Oh, pero de veras que no es molestia. Aya y él juegan mucho y apenas da trabajo, solo quiere comida y un lugar cálido para dormir.

—Uummmmh…

—Puedes venir siempre que quieras, sabes que esta es tu casa.

Akane suspiró y se dejó caer sobre la mesa baja, agotada.

—Estoy tomando anticonceptivos —soltó a bocajarro, su hermana pestañeó rápido, impresionada.

—No sabía que estabais…

—No lo estamos. Es por si acaso.

—¿Por si acaso te resbalas en la ducha y aterrizas en su…?

—¡Kasumi, por favor! —exclamó enterrando el rostro entre las manos.

—Estoy casada, Akane. Creo que entiendo algo del tema —dijo dándole un buen trago a su té, sin alterarse un ápice, como si estuvieran hablando del tiempo.

—Es solo que… es que creo que nosotros dos no… No sé cómo reconstruirlo, no puedo olvidar todo el dolor.

La mayor de las Tendô pareció pensarse su respuesta.

—¿Te lo explicó?

—Creo que lo ha intentado, pero yo no le he dejado.

—Él era solo un muchacho y le estaban pasando cosas que le venían demasiado grandes. Lleva años intentando resarcirse, sin poder avanzar, sin saber cómo volver a hablarte.

Akane le miró alzando la vista desde su escondite, eso es lo que se temía.

—¿Hablábais?

—A veces, pero no tanto como crees.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—No hubiese cambiado nada, él tenía que dar el paso. Me alegro mucho de que lo haya hecho.

Akane suspiró y tensó la espalda, el pequeño gato negro se le acurrucó en el regazo.

—¿Y ahora? —preguntó sintiendo cómo pequeñas lágrimas acudían a sus ojos—. ¿Qué hago ahora?

—Lo que has hecho siempre, seguir a tu corazón. Escúchale, díselo todo, no os guardéis nada. Para construir una relación fuerte se necesita sinceridad, si le escondes algo de ti misma no funcionará.

Eso era lo que se temía, que no podía seguir ignorándolo ni huyendo. Debía enfrentar al artista marcial con todo. Le daba demasiado miedo, pero había acudido a su hermana en busca de un buen consejo y eso era lo que había obtenido. Kasumi la miraba con los ojos llenos de amor, con el corazón en la mano y la muda pregunta en sus labios.

—Te prometo que le escucharé —dijo tras una pausa, su hermana asintió satisfecha.

—Y no te olvides de tomar las pastillas, los hijos son maravillosos pero es mejor disfrutar antes una temporada.

—¡Kasumi! —volvió a quejarse, ante lo que su hermana soltó una sonora y sincera carcajada.

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Akane sacó su teléfono móvil del bolso y le mandó un escueto mensaje a Ranma informándole de que iba a retrasarse, que no se preocupara, pero que no la esperara para cenar. En respuesta recibió un mensaje diciendo de que él también había salido, y que llegaría tarde.

La muchacha se quedó un buen rato mirando la pantalla, sabía que estaba molesta pero no se supo contestar por qué. Él era un adulto, obviamente podía salir una noche, ella era su representante, no su madre.

Llegó a la recepción del hotel y sacó la llave-tarjeta de su bolso, después miró un par de veces a su alrededor y se sentó en una de las sillas altas del bar de la entrada. Akane no solía beber, pero sentía que aquel día necesitaba una cerveza, aunque le hubiese gustado tener a alguien para compartirla.

¿Los anticonceptivos podían tomarse con alcohol? Debería haberse leído las instrucciones antes del primer trago, no obstante se acabó la bebida, y tras dedicar una mirada melancólica a su alrededor decidió subir a su habitación.

Se subió al ascensor, y en el instante en el que se cerraban las puertas distinguió una sombra cruzando por delante de su cansada y parcialmente difuminada mirada. Vio a una mujer tomando un taxi, con un elegante y ceñido vestido de color negro, caminando sobre unos tacones de infarto. Sacudió la cabeza, estaba imaginando cosas.

Encontró la suite vacía, suspiró y se dio una larga ducha, de todas formas tenía demasiado trabajo pendiente como para preocuparse de ese idiota, ya aparecería, ¿no? Se duchó y se puso cremas en la cara, en el cuerpo y las manos. Encendió su pc y respondió algunos mails pendientes. Miró nerviosamente la hora, pasaban de las dos de la mañana.

Tomó aire antes de volver a escribir en el chat que compartía con Ranma.

2:07

[Akane: Vas a venir a dormir?]

Él no contestó inmediatamente, la muchacha se mordió el labio inferior comenzando a notar una extraña sensación en la boca del estómago.

2:24

[Ranma: Qué haces despierta aún? Acuéstate]

2:25

[Akane: Dónde estás?]

2:25

[Ranma: Cerca, te prometo que no tardaré. Acuéstate]

Eso la dejó un poco (y sólo un poco) más tranquila. Se moría de sueño así que más que obedecerle se dijo que estaba comportándose como haría cualquier adulto. Akane se metió en la cama y cerró los ojos, intentando no quedarse dormida del todo hasta saber que él había llegado a salvo, de regreso a ella.

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El despertador sonó alto y agitado, haciendo que la representante se levantara de golpe. Eran las siete de la mañana, había amanecido hacía tiempo pero a Akane le pesaban los párpados a causa de haber trasnochado, bebido e iniciado una medicación en las últimas veinticuatro horas.

Se cepilló los dientes y se vistió con ropa deportiva. Se metió otra de esas pequeñas pastillas en la boca (una al día, mejor no olvidarlas) y salió de la habitación directamente al gimnasio ubicado en la última planta.

Necesitaba correr para despejarse, no sabía a qué hora había aparecido aquel tonto, pero estaba bastante segura que no había sido pronto. Le dejaría dormir, pero solo un rato más. Mientras tomaba el ascensor en sus ajustados leggins recibió un mensaje de Tsuda, su amiga parecía haber madrugado aquel día con los chismorreos.

Entre exclamaciones y muchas letras mal escritas, Tsuda le enviaba links a varias webs especializadas en prensa rosa, que a estas alturas Akane ya conocía bien.

Ranma Saotome y Hirome Takao, ¿un romance en ciernes?

Tras la polémica nota de prensa que su representante remitió a los medios hace escasos días, parece que el gran soltero de la MMA vuelve a estar disponible, y su compañera de ring, la japonesa Hirome Takao lo sabe. Ayer fueron vistos compartiendo cena y confidencias en un exclusivo y famoso restaurante de la bahía de Tokyo, del cual salieron a altas horas según confirmó uno de los empleados. Hirome Takao es seis años menor que el campeón y su excelente forma física, así como su estilo de taekwondo, le ha permitido clasificar para el gran torneo femenino, en el cual se posiciona como una de las favoritas.

El artículo continuaba unos párrafos más que a Akane no le interesaban en absoluto, en lugar de eso miró las fotografías con expresión distante, como si el asunto no fuera con ella, igual que llevaba haciendo los últimos años. Tristemente había terminado por acostumbrarse a los ligues de Ranma, pero eso fue entonces. Ahora era diferente, ahora al tragar sentía una bola de lava bajando lenta por su garganta.

Apretó los labios y apagó su teléfono, las imágenes eran de ellos dos hablando en un restaurante, y posteriormente caminando por la calle, no muy diferentes de cuando los paparazzis les habían perseguido a ellos después de su reencuentro.

Se subió a la cinta de correr y comenzó a trotar, subió la intensidad un par de veces hasta que inició un ritmo de carrera rápida bastante impresionante.

—Buenos días —dijo una voz ronca a su lado, alguien a quien estaba tratando de ignorar con toda su alma.

No contestó y Ranma la observó unos segundos antes de subirse a la cinta de correr que estaba adyacente, comenzando a caminar. Olía a recién duchado y a pesar de haber trasnochado parecía sorprendentemente fresco y con buen aspecto.

—¿Ocurre algo? —insistió él mirando hacia delante, aumentando un punto el ritmo de la cinta, ella jadeaba por el esfuerzo, pero no dejaba de correr.

—No —contestó seca, demasiado fuerte. El artista marcial aumentó el trote, corrió en silencio un par de minutos como calentamiento. Akane subió un punto más la velocidad, comenzó a correr rápido, muy rápido.

—Vas a caerte, tonta —dijo echándole miradas rápidas que ella ignoró.

—Métete en tus asuntos —contestó, y casi como si fuera un reto puso la máquina a máxima potencia. Ranma se puso pálido, prácticamente se tiró de la cinta a tiempo de atraparla en el aire, antes de que saliera despedida del aparato con un grito y un quejido.

Aterrizaron en el suelo del gimnasio, a varios metros de los aparatos, él aún la sujetaba como buenamente podía y ella se encontraba tan agotada como humillada.

—¡No me toques! —gritó retorciéndose por el suelo, a lo que él se apresuró a levantar las manos, confundido y aún con la adrenalina a tope.

—¡Te acabo de salvar, bruta! —contestó, solo había otra persona en la sala y convenientemente decidió que ya había terminado su entrenamiento, dejándolos a ambos en soledad para continuar su discusión.

—¡Nadie te lo ha pedido!

—¡Claro que no! ¡Pero al menos podrías mostrarte agradecida!

Ella le miró y apretó los dientes en una mueca salvaje. Sabía lo que era, sabía lo que sentía, estaba más que familiarizada con el horrible y cegador regusto de los celos. Se sentía horrible.

—El campeonato inicia ya, haz el favor de centrarte —dijo levantándose, lo hizo con un gruñido percatándose que a pesar de que Ranma la había atrapado en el aire se había golpeado una rodilla, y también le dolía la cadera.

—Estoy absolutamente centrado en el campeonato —respondió él con el ceño fruncido, alzándose en su altura y mirándola grave.

—Sí, claro —murmuró cargada de ironía, y entonces Ranma comenzó a molestarse.

—¿Estás enfadada porque ayer llegué tarde? —adivinó buscando en su rostro una respuesta, y Akane sin dignarse a mirarlo se encaminó hacia el ascensor, dando el entreno por finalizado—. Soy adulto, ¿sabes? —dijo siguiéndola, se había colgado una toalla al hombro y llevaba su chaqueta deportiva arrugada en una mano junto con una botella de agua.

—Cierto, eres un adulto, puedes volver a la hora que quieras con quien quieras. Sólo no la metas en la suite.

El chico de la trenza la observó mudo, las puertas del ascensor se abrieron y entraron al tiempo, el aparato se puso en marcha y él pulsó el botón de parada de emergencia ante la mirada asesina de su representante.

—Salimos juntos varios participantes de la competición, era una cena de luchadores, estábamos más de siete personas. No sé que te habrán contado, pero no es lo que piensas.

—La prensa no opina lo mismo…

—Oh, con que ahora creemos lo que dice la prensa —suspiró negando con la cabeza.

Akane se cruzó de brazos, sabía que estaba siendo una niñata infantil, y aún así no podía remediarlo. Por más que lo intentara no podía disimular lo mal que se sentía.

—¿Acaso no la acompañaste a su hotel? ¿O quizás entraste hasta su habitación? —dijo sin querer mirarlo, acusadora. Después intentó golpear el botón de la marcha, pero él se lo impidió poniendo su cuerpo en medio.

—Sabes lo que está ocurriendo, por supuesto que la acompañé hasta su hotel. Era la única mujer del grupo y resultaba peligroso.

—Ha clasificado para el campeonato, y además de momento todas las víctimas son hombres. Habría más posibilidades de que tú fueras atacado —dijo lacónica, él se estiró peligroso.

—Soy el campeón vigente de la mayor competición de artes marciales del mundo, supongo que si quieren morir es una forma rápida de suicidarse.

—Bien. Aclarado entonces —dijo ella súbitamente avergonzada, tratando nuevamente de dar al botón, pero esta vez él utilizó un modo mucho menos sutil de indicarle que se estuviera quieta.

Avanzó inexorable y ella retrocedió hasta que su espalda chocó con el apoyamanos del elevador. Se atrevió a alzar la vista y sus ojos se encontraron a medio camino. En la cara del chico de la trenza había un gesto interrogante, una sonrisa a medio formar. Apoyó las manos a ambos lados de su pequeño cuerpo, acorralandola sin contacto, hasta que su cálido aliento estuvo absurdamente cerca de su rostro. Su trenza caía sobre su hombro, sexy y desenfadada.

—Estás celosa —afirmó, haciendo que el estómago de Akane se retorciera, que sintiera una bandada de miles de mariposas torturándola desde dentro.

—Yo…

—Lo echaba de menos —dijo con un suspiro satisfecho, ya sin esconder sus perfectos dientes y esa expresión de estar demasiado pagado de sí mismo. Oh, cómo lo detestaba.

— …no estoy… —comenzó a mentir mientras sentía cómo le faltaba el aire en aquel estrecho ascensor.

—No deberías, ya sabes en quién estoy interesado —interrumpió él bajando la voz, sin apartar los ojos de ella, seduciéndola allí, en un lugar tan poco apropiado. Los ojos de Akane bailaron de sus iris azules hacia sus labios, y se sintió morir al darse cuenta que él también estaba haciendo lo mismo.

Era inadecuado, tan inadecuado…

Ranma tomó aire bruscamente y se apartó de ella, le dio al botón para que el ascensor continuara con su función y Akane se encontró sosteniéndose a duras penas, apoyada con ambas manos sobre la barandilla mientras las rodillas le temblaban.

—Necesito seguir entrenando, luego nos vemos —dijo sujetándole la puerta cuando llegaron a su piso, como todo un jodido caballero. Ella se apresuró a salir intentando aguantar la respiración, sintiéndose arder. Se giró mientras el ascensor terminaba de cerrarse, y pudo ver perfectamente como Ranma se frotaba la cara con ambas manos y comenzaba a golpearse la cabeza contra la pared del fondo.

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Entre sus muchas tareas Akane descubrió que también debía echar un vistazo a las instalaciones deportivas donde se celebraría la final asiática.

Recibió una escueta invitación con una hora acordada y se preparó a conciencia. Esta vez sí llevaría tarjetas, se las había encargado a Nabiki. También se compró un traje de corte masculino aderezado con unos bonitos tacones de color crema. Quería imponer respeto entre sus colegas, que no creyesen que se trataba de una tonta con la cabeza hueca que había conseguido el puesto por abrirse de piernas. Ranma también había sido invitado así que, solo por ese día, prescindiría de un par de horas de entrenamiento para hacer una visita conjunta antes del inicio de la competición.

Se bajaron del vehículo frente al estadio, uno de los más grandes de Japón, perfectamente limpio y decorado para el acontecimiento. En sus muros había colgados gigantescos carteles con las imágenes de los luchadores.

Para Ranma habían reservado una pared completa con más de veinte metros de altura. El luchador aparecía en su típica pose de espera, mirando desafiante a la cámara. No llevaba camiseta y su torso desnudo brillaba por el sudor. Lucia un simple calzón negro con franjas rojas a los lados.

El mensaje de la imagen no podía ser más claro: "¿Quién osará arrebatar la corona al rey de la MMA?".

—Vaya, qué hombre más sexy —dijo Ranma parándose junto a ella, mirando su propia imagen con aprobación.

Ese día estaba cautivador con su traje de factura italiana, se había puesto unos zapatos negros bien pulidos y se había desabrochado la chaqueta. Llevaba camisa, aunque había obviado la corbata.

Akane meneó la cabeza.

—Engreído —masculló caminando resuelta hacia la entrada principal, donde se congregaban otros luchadores junto a sus managers. No habían asistido todos, muchos habían preferido quedarse entrenando o disfrutando de su tiempo.

La pareja sonrió cordialmente cuando se encontró entre sus iguales. Uno de los organizadores no tardó en salir a por ellos y comenzó el tour por las instalaciones.

Ranma y Akane comentaban la disposición de la jaula central cuando al grupo se unieron Jun Ichirakawa y su representante, Okubo.

Akane no les veía desde Davao y debía decir que ambos parecían seriamente desmejorados. Después de la repentina muerte de Josua Rodríguez en más que cuestionables circunstancias, el mánager tuvo que atender a medios, prensa, policía y más abogados y fiscales de los que podía contar.

Su otro cliente, el niño bueno de la MMA había terminado pagando las consecuencias, seguramente asumiendo más cuestiones de las habituales a parte de la gran carga emocional que suponía la muerte de un compañero. Ambos estaban ojerosos, y aún así se esforzaban por seguir adelante con buena cara.

Ranma se apresuró a dejar lo que estaba haciendo e ir a hablar con ambos, a Akane no le quedó más remedio que seguirle, arrastrando los pies.

—Lo lamento muchísimo —dijo el chico de la trenza llegando hasta ellos y con un grave asentimiento, Akane llegó tras él e hizo una educada reverencia.

—Os acompaño en el sentimiento —dijo manteniendo la vista en sus pies, intentando con toda su alma no hacer contacto visual con Ichirakawa.

—Gracias —contestó Okubo, bastante más parco en palabras que el día que se conocieron.

—¿Se sabe algo? ¿Algún sospechoso? —preguntó Ranma con preocupación, Ichirakawa meneó la cabeza.

—Nada concreto. Rumores, dicen que podría haber una mujer involucrada —dijo esquivo, Akane alzó la mirada tímida y vio el reconocimiento en sus ojos, el mismo que en Davao. Se removió en su sitio.

—En todo caso está en manos de la policía —concluyó el representante sacudiendo los hombros, como queriendo alejar un mal augurio, o un recuerdo especialmente molesto—. Las instalaciones de este año están a otro nivel —dijo dando un volantazo conversacional de ciento ochenta grados y mirando hacia las alturas.

—Sí, se nota que jugamos en casa —contestó Ranma echando un vistazo alrededor.

—En China tampoco se te veía incómodo —repuso Okubo con una sonrisa torcida.

—Soy hijo adoptivo de China, es mi segundo hogar. Allí gané mi primer campeonato.

—Que no te oigan decir eso tus compatriotas patrocinadores —rio dándole un par de palmadas en la espalda.

—De eso ya me ocupo yo —repuso Akane tras ellos, con una sonrisa tensa a causa de la familiaridad del hombre con Ranma. No sabía si solo estaba siendo amable o, tal y como le insinuó cuando se conocieron, pretendía robarle a su cliente. Cosa por otro lado muy improbable.

—Claro, claro —repuso alzando las manos, como dándole la partida por ganada sin querer entrar en más conflictos.

Ranma y Jun comenzaron a hablar sobre el torneo, se alejaron unos cuantos metros de sus acompañantes mientras examinaban la caja de competición, Akane se quedó un poco atrás, e iba a acelerar el paso cuando sintió la mano de Okubo enroscarse en su muñeca. Se giró a increparle, absolutamente indignada por semejantes confianzas.

Él la miró con una sonrisa cómplice.

—No eres nada divertida cuando trabajas —susurró a su oído antes de soltarla y alejarse tras los luchadores. Y ella se quedó plantada, sintiendo un pitido sordo en los oídos, con el corazón a mil por hora y sin entender nada.

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Cuando llegaron pidieron comida al servicio de habitaciones.

El personal estaba al tanto de que en su hotel se alojaban varios de los competidores, por lo que preparaban una dieta rica y equilibrada, llena de vitaminas y sin grasas. Ranma se moría por comerse un tazón enorme de curry con tempura de gambas y un filete de cerdo rebozado, de al menos dos centímetros de grosor. Aún así no le hizo ascos a las verduras escalfadas y a los huevos cocidos.

Akane se quitó sus tacones y los abandonó en la entrada, con un hondo suspiro de cansancio y hastío se dejó caer junto al artista marcial en el sofá. La comida estaba encima de una mesita baja multiusos, justo frente a una enorme pantalla de setenta pulgadas.

Ranma masticaba metódico, había encendido la televisión y miraba una película antigua de samurais sin demasiado interés. Ella le observó en silencio, dándose cuenta de que sus apretadas agendas les habían tenido separados, pero su propia actitud no había ayudado en absoluto.

Tomó aire dispuesta a poner en práctica los consejos de Kasumi.

Cogió unos palillos y se sirvió unas cuantas verduras con arroz, comenzó a comer con la vista en la pantalla mientras intentaba encontrar el momento ideal para iniciar una conversación.

—¿Duermes bien? —preguntó sin más, intentando que en su voz no asomara la tensión que la embargaba.

Ranma pareció pensárselo.

—Unos días mejor que otros. Me recomendaron un té de hierbas, de momento no me va mal.

—Ah, me alegro —dijo ella, sintiendo como la abandonaba el valor—. Yo… yo a veces también tengo pesadillas.

Eso pareció despertar el interés del muchacho, quién la miró mientras se metía un trozo de berenjena estofada en la boca.

—Sueño que me ahogo —confesó con un nudo en la garganta—. Sueño que sigo atrapada en aquel pozo. Ya sé que es absurdo.

Ranma se quedó mortalmente serio, de fondo los samurais habían comenzado una pelea contra un grupo de militares, y el entrechocar de las espadas junto a los gritos del sonido amortiguaban el latir de sus corazones.

Akane vio sus pupilas dilatarse, el suave vello de sus brazos erizarse, su nuez moverse mientras tragaba la comida. Comprendió que no había elegido un buen momento para hablar de aquello, él estaba a las puertas de la competición más importante del año, ¿cómo podía haberlo olvidado? No debía pensar en nada más que no fuera pelear.

—Disculpa, creo que no debería habértelo dicho. Quizás después del torneo podríamos…

—¿Qué más? —interrumpió él, dejando su comida y prestándole toda su absoluta atención—. Dime lo demás.

—No hay nada más —titubeó arrepintiéndose de haber provocado aquello, parecía que Ranma estuviera a punto de saltarle encima para hacerle confesar todos sus secretos.

—¿Crees que no me he dado cuenta? —preguntó mientras se inclinaba sobre ella, examinándola a fondo—. Te quedas perdida en tus pensamientos, titubeas cuando hablas del pasado… y estás rara.

Akane boqueó, porque aunque sabía que Ranma era un pirado detallista en cuanto a las técnicas de artes marciales, ni por un segundo creyó que pudiese estarle prestando tanta atención a ella. Se había metido solita en esa conversación, más le valía encontrar la forma de salir ilesa.

—Perdí recuerdos —confesó sin poder esquivar sus inquisitivos ojos azules—. Al principio no me di cuenta, pero después descubrí que había huecos de tiempo en los que no encontraba nada. A veces, cuando trato de alcanzarlos me quedo absorta, como cuando me encontraste ese día… No es grave, en serio. Sólo un poco molesto.

Ranma se llevó una mano al pecho y con otra se tapó la cara, parecía querer gritar, parecía que le faltaba el aire.

—¿Ranma?

—¿Por qué no me lo dijiste? —dijo aún ocultando su rostro, respirando entre dientes. Ella no pudo más que acercarse a él, sin atreverse a tocarlo, con sus manos en el aire queriendo reparar lo que acababa de hacerle.

—Nunca se lo he contado a nadie —dijo con voz trémula, con las lágrimas cuajando en sus ojos amenazando con derramarse. Ranma tomó aire y la miró, tenía la expresión descompuesta, las cejas fruncidas y mil preguntas en sus labios.

—Qué más —insistió, las manos de Akane temblaron en el aire.

—Nada más —aseveró.

—Sigues intentando protegerme, cuando fui yo el que te fallé. Fue por mi culpa que te pasó aquello —concluyó roto, hundiendo los hombros, ocultando de nuevo la cara en sus manos.

—¡No! Nada de eso fue culpa tuya, tú intentaste salvarme, ¡me salvaste de morir, Ranma!

—Tu vida no habría corrido peligro si nunca me hubieras conocido.

—¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso? —dijo intentando que él la mirara, desde luego no se esperaba aquella reacción, no a ese nivel. El sentimiento de culpa le estaba aplastando—. Yo jamás me he arrepentido de conocerte, tú… Tú cambiaste mi vida.

—¡Te jodí la vida! —estalló pasándose las manos por los cabellos.

—¡No! —gritó ella poniéndose en pie, mirándolo hecha una auténtica furia—. No pongas palabras en mi boca, ¡no te atrevas a creer que sabes cómo me siento!

—¡Pero…!

—No te he contado esto para hacerte sentir mal, lo he hecho porque no quiero que haya más secretos entre nosotros —Excepto uno, claro. Ese se lo guardó para ella misma, a la espera de un mejor momento, a la espera de reunir un poco más de valor. Si confesarle sus problemas menores había causado semejante tsunami de sentimientos, decirle que estaba maldita por su versión de dieciséis años le haría perder la cabeza.

El artista marcial la contempló desde el sofá, en su mirada se reflejaba una fragilidad sin fin.

—No hay un sólo día en el que no me arrepienta de no haber regresado antes a por ti —soltó a quemarropa, haciendo que ella se sonrojara con un gemido lastimero.

Akane titubeó, se mordió el labio inferior sin querer que aquella conversación terminara sacando a flote todo lo que se habían estado guardando, pero era inevitable, estaba perdida. Él le estaba arrastrando a su terreno con sus ojos tristes y sus gestos colmados de desesperada necesidad. Se sentía rota, no quería volver a sufrir la pérdida, no era tan valiente. Si Ranma volvía a abandonarla sabía que no se recuperaría nunca. Esta vez no.

—¿Y por qué no lo hiciste? —preguntó con la garganta seca, con las mejillas húmedas y las piernas temblando.

—Porque no sabía cómo. Cuando me fui estaba muy lejos de sentirme yo mismo, y cuando me recuperé… Cuando al fin encontré un poco de equilibrio en mi vida había pasado tanto tiempo que no sabía cómo mirarte a la cara.

Akane tragó saliva y tomó aire.

—Siempre creí que yo no era suficiente. Que después de aquella noche te diste cuenta y que por eso te fuiste.

—¿¡QUÉ!? —gritó él levantándose, mirándola desde su imponente altura con el rostro rojo y compungido.

—¿Y qué esperabas?

—Esperaba que creyeras en mí.

—Oh, lo hice… al principio —dijo cruzándose de brazos, a la defensiva.

—Pues te informo de que no fue así. No he dejado de pensar en esa noche, y te juro que fue la mejor de mi vida.

Y Akane le miró rígida, con el enfado brillando en sus iris, con las cejas fruncidas. Toda ella quería ser una roca firme que frenara el vendaval, pero las lágrimas rompían toda posible imagen de estabilidad. Ranma se acercó cauto, suavemente apoyó la gran palma de su mano en su mejilla, ella no se movió.

El artista marcial alzó la otra mano, atrapó su rostro mientras con sus pulgares se deshacía de las lágrimas, limpiándolas con caricias. De fondo los samurais y los militares estaban en plena batalla, llena de ensordecedores gritos.

La miró con contención, ella pasó de la solidez a la debilidad en décimas de segundo.

—Ranma —dijo aflojando el nudo de sus brazos, apoyando las manos contra su pecho—. Espera, espera un momento —Le pidió sintiendo el terror apropiarse de su corazón.

Y él hizo oídos sordos a su súplica, embebido de su aroma, de su tristeza y de ese espacio entre ellos que ahora se le antojaba a la distancia de una zancada. A sólo unos centímetros, a un suspiro, a un aliento.

—¿Qué tengo que hacer para que lo entiendas? Dímelo —susurró ronco, era una exigencia pero también una oración. Apoyó su frente contra la suya y cerró los ojos.

Akane jadeó, a punto de romperse. No era justo que con su sola presencia eclipsara cualquier pensamiento. No era justo que se acercara tanto, y tampoco era justo que después de haberle prometido ir a su ritmo, ahora pareciera que en aquel tenue roce ya no existiera el tiempo.

Akane cerró los ojos, intentó tomar aire de forma inútil, sus pulmones no funcionaban, su cabeza iba demasiado rápido. Comprendió que no era oxígeno lo que le faltaba, se agarró a su camiseta deportiva clavando los dedos en su marmoleo abdomen.

Le escuchó jadear de sorpresa, abrió los ojos al tiempo de ver sus iris azules cerca, demasiado cerca. La miró a ella, decidido y a la vez lleno de dudas, sus manos se tensaron en su rostro, sintió sus fuertes dedos deslizarse hasta su nuca, enredándose entre las hebras de sus cabellos.

Estaba perdida, no había salida. No podía escapar de esa conversación de verdades descarnadas y sentimientos expuestos. Quizás por eso no había querido hablar hasta el momento, porque sabía que todo terminaría exactamente así.

Sus labios se rozaron suaves, con sus bocas entreabiertas, respirando sus cálidos alientos contenidos. Los labios de Ranma apenas se movieron mientras depositaba el más tenue beso sobre los suyos. Se separaron un segundo antes de volver a caer, pesados, adueñándose de su boca con un suspiro incrédulo. Las piernas de ella se aflojaron, Ranma se apresuró a pasar un brazo por su cintura y apresarla contra sí.

Akane se agarró con aún más fuerza a sus ropas y él, embebido y entregado separó los labios haciendo del beso algo cálido, suave y maravilloso. Sus respiraciones resquebrajaban el aire, sus bocas se buscaban, sus labios perdieron toda contención, absolutamente sepultados por la necesidad de contacto. Allí estaba ese fuego que jamás se había apagado, ardiendo fuerte entre ellos, chisporroteando de placer ante la dicha del encuentro. Ella se detuvo, con sus labios hinchados, pidiendo ser mordidos.

—Deberíamos… parar —dijo con voz estrangulada, él sólo podía mirar su boca, hechizado.

—Si —asintió leve, como si la información estuviese cruzando millones de kilómetros antes de conseguir llegar a su cerebro.

—No es momento para esto, debes pensar solo en el torneo —aseveró Akane regresando de pronto en sí. Él aflojó el agarre de su cintura y ella aprovechó el lapso para escapar. Lo hizo sin dignidad ninguna, intentando colocar sus desmadejados cabellos mientras recuperaba el aliento.

Ranma tardó unos instantes en darse cuenta de lo que acababa de ocurrir. Abrió los ojos completamente mientras tomaba consciencia de sus actos, como si el sueño hubiera dado lugar a un nublado amanecer.

—Yo…

—Y ni siquiera has terminado tu cena. Debes comer, es importante. También es importante que te acuestes temprano, mañana debes entrenar, es el último día. Oh, seguro que te mueres por una ducha, pero antes come, y bebe agua. Y ese té, el té te sentaba bien, ¿no? Ay, que cabeza, ¿y mi bolso? No me digas que he dejado los tacones tirados en la entrada, qué desastre. Bien pensado no tengo mucha hambre, es más me muero de sueño. ¿Tú no tienes sueño? Debería dormir mañana tengo citas desde las nueve —dijo todo aquello sin pararse a respirar y sin dejar de moverse, aleteando como una loca por toda la suite, recogiendo cosas y volviéndolas a soltar. Finalmente, armada con sus zapatos y su bolso se metió a toda prisa en su habitación con un escueto susurro, que podría haberse traducido por "buenas noches", pero sonó más parecido a "¡asoches!" , lo cual le hizo mucha gracia al chico de la trenza.

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..

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¡Holaaaaa!

¿Me echabais de menos? Sé que me he retrasado mucho, he tenido unos meses en lo laboral bastante agitados, y también he estado disfrutando de varios viajes en fines de semana, lo cual me ha restado tiempo de escrituro, ¡pero lo pasé estupendo! En todo caso aquí está esta nueva actualización que espero hayáis disfrutado.

No puedo dejar de agradecer todos vuestros ánimos y preciosos comentarios , ¡sois las mejores! Mil gracias, ojalá y poder abrazaros a cada una de vosotras.

Por supuesto agradecer a Lucita-chan que lleva una racha regulera (¡muchós ánimos!) y a SakuraSaotome por sus correcciones y comentario.

Y sin más vuelvo a la escritura con este confuso fic, jajaja. Besos!

Lum