NADA DE ESTO ME PERTENECE.

CAPÍTULO 2

BELLA

—Hola, soy Bella Swan. Estoy aquí para reunirme con Jessica Stanley —digo suavemente. La galería es tan brillante y llena de mármol blanco que incluso el sonido más ligero hace eco.

La recepcionista, que no puede ser mucho más joven que yo, asiente sin sonreír mientras desliza un dedo sobre el iPad.

—Jessica estará contigo en un momento. Por favor, toma asiento —su acento británico es tan encantador que me hace sentir muy inadecuada.

Camino sobre el mármol mientras incluso mis suaves pasos hacen eco en el espacio. Puede que necesite pegar algodón a la base de mis zapatos, así puedo ser más silenciosa. De repente me siento como un elefante en una chatarrería, y todo lo que quiero es quedarme quieta.

Hay tres sillas de apariencia moderna cerca de una pared blanca y me giro para sentarme en una. De repente, la recepcionista se está levantando y gritándome tan fuerte que el sonido es ensordecedor. Su tono me sorprende, y casi me caigo mientras ella corre hacia donde estoy y me aleja de un tirón de las sillas.

—Esas no son para sentarse —reprocha, señalando la pared.

Me giro para ver una pequeña tarjeta que tiene la información sobre esta muestra de arte y el nombre Campbell con letra cursiva. Mi rostro inmediatamente se sonroja de vergüenza, e intento disculparme:

—Oh, Dios mío, lo siento mucho. No lo sabía. Este es mi primer día y estoy realmente nerviosa —estoy pensando que si soy honesta con la recepcionista podamos conectar de algún modo. Estoy segura de que ella también estaba nerviosa en su primer día.

—Sé que es tu primer día. Eres la que consiguió el trabajo por encima de mí —espeta, mirándome con desdén—. Y cualquiera que sepa de algo, puede reconocer una obra de Campbell.

Resopla mientras regresa a su escritorio. Y ahora me siento como una idiota. No solo soy completamente inepta en esto, sino que le quité el trabajo. Estoy segura de que seremos grandes amigas. Suspiro y pongo los ojos en blanco antes de deslizar mi mirada hacia el arte. Todavía pienso que para mí parecen como sillas, pero qué sé yo.

Cuando miro hacia la puerta por la que entré, veo una fila de verdaderas sillas, junto con una mesa con libros en ella. Dios, soy una idiota.

Tomo asiento y saco mi teléfono. No hay nada nuevo de Mike, así que le envío un mensaje diciéndole que voy a necesitar un abrazo después de que mi primer día haya terminado.

Meto el teléfono de nuevo en mi bolso y alcanzo una revista frente a mí. Son todas de arte, obviamente, y tomo la oportunidad para leer sobre un nuevo arte experimental con corriente eléctrica. Las imágenes de la electricidad abrasando la zona del dibujo son realmente hermosas. Antes de darme cuenta, estoy terminando el artículo y escucho el fuerte sonido de unos tacones acercándose en mi dirección.

Apresuradamente dejo la revista sobre la mesa y me enderezo antes de levantarme y conocer a la mujer acercándose a mí. Es alta y esbelta, tal vez cerca de sus cuarenta o menos de sus cincuenta años. Su cabello castaño no tiene canas, pero no parece como si se lo tiñese. Lo tiene recogido en un moño bajo, revelando una fuerte mandíbula y unos labios rojos. Sus lentes de montura negra esconden sus ojos, pero no lo suficiente para que nuestras miradas se encuentren. Está vistiendo completamente de negro, y cubre casi cada centímetro de su piel. Su jersey es de cuello alto y las mangas son lo suficientemente largas como para cubrirle el dorso de las manos. Su pantalón es holgado como el mío, pero tan largo que le tapa los pies. Escucho el taconear de sus zapatos, pero ni siquiera puedo decir cómo son sus zapatos.

—Debes de ser Bella —su acento es fuerte, pero no tan cálido.

—Sí, y usted debe ser la señora Stanley —contesto, tendiéndole la mano.

—Jessica —corrige, pero no de un modo amigable. Casi como si no le gustara su apellido—. Stanley es el apellido de mi exmarido y mantenerlo molesta a su nueva esposa. Sígueme.

Se gira y camina sin comprobar si voy detrás de ella. Tomo mi bolso y apresuro mi paso para mantener el ritmo de sus largas piernas. Estoy intentando procesar todo lo que dijo, pero no tengo tiempo para hacerlo mientras sus largos pasos son difíciles de seguir. Ella es muy escultural y me recuerda a Catherine Zeta Jones.

Abro la boca para preguntarle cuánto tiempo lleva dirigiendo la galería, pero comienza a hablar sobre mi trabajo.

—Te ocuparás de los envíos y recibos de la galería. Presentamos un nuevo artista cada mes a menos que se nos solicite por más tiempo. Esos serán aprobados por mí directamente y te lo haré saber con tiempo. Estarás a cargo de mantener el calendario de la galería, qué instalaciones irán en qué orden, entre otras cosas.

Está hablando a mil por segundo y de repente siento que debería estar escribiendo esto.

—¿Por qué no estás apuntando esto? —cuestiona como si leyera mi mente. Se detiene de golpe y casi choco contra ella mientras me lanza una dura mirada.

Saco el teléfono del bolso y abro la aplicación de las notas, comenzando a teclear lo que dijo. Jessica suspira y comienza a caminar de nuevo.

—Tus tareas diarias son simples. Tienes que inspeccionar las cajas recibidas en busca de daños y mantener el almacén organizado. Si necesito encontrar algo, mejor que sea capaz de hacerlo —me mira sobre el hombro y agacho la cabeza—. Cuando cada presentación de artista termina por el mes, serás la que supervise e inspeccione el arte siendo empacado y luego firmarás en todas las cajas de envío. Tú sola estarás a cargo de esto.

Jessica se detiene de repente, pero esta vez estoy prestando atención y me detengo con ella. Tengo el teléfono preparado para más instrucciones y asiente, como si de algún modo estuviese feliz que no me chocase con ella.

—La única vez que estaré involucrada es si hay algún problema, así que esperemos que no tenga que monitorearte tan de cerca —sonríe, pero no alcanza sus ojos.

Hacemos unos cuantos giros, y me estoy preguntando cuán enorme es este edificio si hemos caminado tanto y ella está hablando sobre el almacén.

Mis pies ya están protestando por los tacones bajos, y me pregunto si debería haberme puesto zapatos deportivos en su lugar.

—Aquí es donde pasarás la mayor parte de tu tiempo —indica Jessica cuando alcanzamos una gran puerta. Es completamente blanca, como cada centímetro de este edificio, pero tiene una manilla plateada—. Esta pared se abre para que las cajas grandes sean llevadas a la planta de la galería.

Señala una pared y solo puedo averiguar las líneas donde posiblemente podía haber dos grandes puertas. Ella empuja una pequeña sección de la pared al lado de la puerta y aparece un teclado numérico.

—Tu código es 0925 —menciona, pulsándolo, y la manilla plateada hace ruido.

Abre la puerta y la atraviesa, y me apresuro detrás de ella, no queriendo perderme nada. Estoy tecleando tan rápido como puedo cuando entro en el almacén y miro alrededor. Si mi mandíbula no estuviese encajada probablemente se me caería al suelo. Este lugar debe ser del tamaño de una cuadra. Es como la escena de Indiana Jones donde esconden el arca perdida entre cientos de cajas. Nunca he visto tantas cajas de madera.

—Dios mío —murmuro, pero no debe haber sido lo suficientemente bajo. Jessica me mira y pasa la mirada por mi ropa. Supongo que lo acepta, porque no parece disgustada por lo que llevo puesto.

—Necesitarás traer un cambio de ropa cada día. Cuando tengas que estar en el piso de arriba necesitarás estar presentable. Pero cuando estés aquí imagino que arruinarías lo que llevaras puesto.

—Sí, señora —contesto, tomando más notas.

—Este lugar ha estado descuidado desde que abrimos. No tengo tiempo para hacerlo yo misma y no confío en Lauren —dice.

—¿Quién? —pregunto, y tengo que morderme el labio para evitar reír cuando Jessica pone los ojos en blanco.

—El rayo de sol de la recepción —se gira para enfrentarme por completo, como si fuese a dar su evaluación final—. Por lo que Mike me dice, eres perfecta para el trabajo. Aprendes rápido y tomas la iniciativa.

Me pavoneo un poco por su apreciación.

—Todo lo que necesito es alguien que sea organizado y que acepte órdenes. No quiero a alguien buscando tener mi trabajo en un año como Lauren, y no quiero a alguien que esté buscando su camino a las páginas de sociedad a base de follar.

Me lanza una mirada apreciativa, como si estuviese preguntando si soy algo de eso y niego. Tengo mucha ambición en mi vida, pero ciertamente no haciéndome cargo como administradora de una galería de arte. Y aunque amo a Mike, su nivel social en la comunidad nunca ha sido la razón por la que me enamoré de él.

—Bien. Todo lo que pido es que hagas tu trabajo y no la jodas —salimos del almacén y se encamina por otro pasillo blanco a una oficina pequeña—. Esta es tu oficina. Deberías tener todo lo que necesitas. Si tienes alguna pregunta sobre el arte, pregúntame a mí. Si tienes alguna duda de cómo funciona el computador, pregúntaselo a Lauren. No está feliz de que tú estés aquí, pero lo superará.

Me hace un gesto para que entre, y lo hago, colocándome detrás de la mesa de cristal y mirando alrededor.

—Los archivos con los horarios te serán enviados por correo electrónico, pero también recibirás un sobre con documentos cada semana. Tengo muchos clientes que prefieren manejar las cosas de forma privada, así que alguna información será manejada de ese modo.

—Entiendo —contesto, de algún modo sintiéndome confiada de que puedo hacer esto.

—Bella, necesito preguntarte una última cosa —dice, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón y acercándose al escritorio.

Por un momento pienso que va a pedirme un riñón o algo por el estilo, porque está muy seria.

—Mis clientes están invirtiendo decenas de millones conmigo. Así que entenderás que este trabajo es sobre discreción absoluta.

—Por supuesto —aseguro, ya asumiendo eso.

—Así que, si estás en un evento y escuchas el nombre de un comprador, o alguien menciona esta galería, necesito que te mantengas callada. El anonimato es muy importante para esta galería y para mí. Mike dijo que podía confiar en ti, y no confío con facilidad.

Pienso por un momento cómo aliviar su mente, y decido ir con la honestidad.

—Jessica, no tengo ningún amigo. Y no digo eso como si tuviese uno o dos. Quiero decir que tengo cero. La universidad no fue un juego para mí y me centré en eso. Mike es la única persona que dejé acercarse a menos de mil kilómetros, y pasados esos mil kilómetros no hay nadie con quien me interese hablar —me río de forma irónica—. Incluso si pensara en contárselo a alguien, no podría. Y este trabajo significa más para mí que crear un círculo de chismes.

Jessica asiente y veo una sonrisa curvar de sus labios.

—Está bien. Te dejaré con ello —dice y se marcha por el pasillo taconeando.

Dejo salir un suspiro que no sabía que estaba conteniendo y me hundo en mi asiento. En realidad puedo sentir el estrés sudar en mis axilas, pero creo que puede que haya logrado pasar mi primer círculo de fuego.


¡Hola! Me alegro de que les esté gustando la historia. Gracias por todos sus comentarios.

Sé que algunas no entendieron mucho del capítulo anterior, pero las cosas se irán aclarando conforme avancemos. Solo para confirmar: Bella es novia de Mike. Y el desconocido de ojos verdes es nuestro narrador secreto, ya se imaginan quién:)

En un rato publicaré otra actu de El Rey Infame, por si también me siguen en esa historia. Y también de El Maestro de Nada (si quieren leer ese fic pueden unirse a mi grupo de fb Spicy Dreams FF, ahí lo subo).

Nos leemos ¿mañana? depende de sus comentarios :)