Capítulo 6

Edward

—¿Estás seguro de esto? —pregunta Charles mientras camina nerviosamente.

Ha estado así desde que le dije mis planes. Supe esta mañana cuando salió que vería a Bella por un momento. No que lo culpe. Ella tiene un magnetismo que conozco muy bien.

Mentiría si no admitiera que sentí algo de celos por la cercanía que compartían. Él tiene algo con ella que yo no. Pero lo ignoré sabiendo que Charles solo quería lo mejor para ella. Y fui capaz de calmarme sabiendo que con el tiempo la tendría de todas las formas.

—Sí —respondo calmadamente mientras reviso mi reloj por vigésima vez. Ella ya debería de haberse ido del trabajo. Me está poniendo al límite el que todavía no se fuera. Siempre me siento nervioso cuando no tengo ojos sobre ella.

—Es una buena chica, Edward.

Giro para mirarlo y meto las manos en mis bolsillos.

—¿Crees que exista algo sobre ella que no sé? —levanto la ceja y espero, pero niega—. Te contraté para hacer un trabajo y espero que lo hagas. Tú y yo nos conocemos de un largo tiempo, pero entenderé si no puedes manejar las cosas por lo que queda. Sin malos sentimientos —le digo. Estoy intentando darle una salida si la necesita, pero sé que no la tomará. Es demasiado leal. Cuando Charles dice que hará algo, lo hará sin dudarlo.

Charles exhala pesadamente.

—Tu familia ha sido buena conmigo y haría lo que fuera por ti.

Debería de sentir culpa por hacer que me ayude con esto, pero no lo hago. Todo lo que siento cuando se trata de Bella es una obsesión que no comprendo. Y que dejé de intentar comprender hace mucho tiempo. Es mejor de ese modo. Solo me volvería loco tratando de descubrirlo, y ya sé que hasta este punto me he vuelto loco. Así que no voy a luchar con ello.

He conocido a Charles desde que era un bebé. Su mamá fue enfermera de mi mamá y la cuidó cuando le dio fiebre escarlata (3) cuando era bebé.

Mi mamá dijo que Charles fue como un hermano, pues solo se llevaban unos años.

Le llamé tío Charles la mayor parte de mi vida hasta que me di cuenta de que no estaban relacionados por sangre. Pero es como si lo fuera, y siempre me aseguro de que él y su familia tengan todo lo que necesitan. Ahora me está ayudando, asegurándose que obtenga lo que necesito.

—Es solo que no me gusta mentirle —confiesa, y veo la culpa en sus ojos. No es de él engañar a las personas.

Es un buen hombre que luchó por su país. Él siempre ha sido la persona más honorable en mi vida, y sabía que pedirle esto iba a ser difícil.

—Este es el final del camino, si estás listo para detenerte —digo.

—¿Y no dolerá? —pregunta, repasando el plan.

—Se dormirá inmediatamente —nunca la lastimaría. La idea hace un nudo en mi estómago. Ya me estoy sintiendo inquieto con el temor de lo que va a tener. Miedo de mí que sé va a destrozarme. Eso es lo último que quiero ver en su rostro cuando me mire. Voy a trabajar duro en cambiar esa mirada.

Él vuelve a asentir, y luego ambos miramos hacia arriba al escuchar un ruido proviniendo del interior de la galería.

Justo en ese momento Bella sale corriendo por las puertas de cristal, ojos llenos de lágrimas y su rostro sonrojado. Mi pecho duele al verla llorar. No planeé esto. Corro hacia ella y la tomo entre mis brazos mientras se tropieza al tratar de mantenerse de pie.

Su cuerpo se derrite contra el mío, y presiono mi nariz sobre su cabeza, inhalando su dulce aroma. Amo que finalmente la tenga entre mis brazos, pero sus lágrimas me cortan.

—Te tengo —susurro mientras coloco mi mejilla sobre su cabeza. Ella encaja conmigo a la perfección. Una calma se apodera de mí, recordándome que estoy haciendo lo correcto, que voy a tomarla y asegurarme que nunca más tenga un motivo para llorar.

Intento calmarla con mi cuerpo todo el tiempo que puedo. Quiero destruir a quien fuera que la hizo llorar y nunca dejar que se acerque a ella. Ella merece ser feliz y estar llena de luz, no llorar lágrimas amargas. Ella necesita un protector.

Sostenerla contra mí es egoísta, pero lo hago todo el tiempo que pueda antes que se aparte. Ella mira a mi izquierda y ve a Charles en la parte de atrás.

—¿Charlie? ¿Qué estás haciendo aquí? —intenta separarse de mí, pero aprieto mi agarre. No quiero asustarla, pero no puedo dejarla ir.

Sus ojos viajan arriba de mi pecho hasta encontrar mi rostro. No sé cuánto de mí pueda ver, pero la veo por completo bajo la luz de la luna. Sus ojos marrones tienen manchas doradas en ellos, y sus pestañas oscuras los hacen ver más brillantes. Sus labios están abiertos, y deseo deslizar mi lengua ente ellos para saber a qué sabe.

—Shh, todo va a estar bien —digo mientras intento calmarla. Existe un momento, cuando nuestros ojos se encuentran y puedo ver que quizás sea ella la que me rompa.

Tomo la aguja de mi bolsillo y la aprieto contra su brazo. Cuando la droga para dormir es inyectada, vuelve vidriosos sus ojos casi al instante.

Ella hace un pequeño ruido, pero la sostengo cerca y espero a que la droga la tome.

—Duérmete, mi pequeño grillo —mi voz es suave, y solo toma unos segundos antes de que sus ojos se cierren.

La tomo entre mis brazos y giro hacia Charles.

—Es hora.


(3) Fiebre Escarlata: Infección estreptocócica; sarpullido rojo en el rostro, cuello, tronco brazos y piernas.