Capítulo 7
Bella
La cola de Bear me golpea hasta despertar, y lo aparto.
—Bear —gruño, girando y buscándolo con mis manos antes de jalar su cuerpo peludo hacia mí. Ronronea fuertemente, haciendo que sonría. Es agradable despertar y saber que alguien va a estar ahí esperándote—. Déjame dormir un poco más y te alimentaré —lo acaricio, deseando cinco minutos más. Mi cuerpo se siente pesado y no quiero despertar todavía, así que me acurruco más en las cobijas. Inhalo, y un aroma profundo y fuerte invade mi nariz. Despierta algo en mi cerebro y jadeo—. ¡Mierda!
Me siento y todo lo de anoche regresa y me golpea fuerte.
El arte robado, Mike y Jessica juntos, el hombre extraño que me abrazó mientras lloraba.
Mi mano se dirige a mi brazo, presionando para ver si algo me duele. Creo que me encajó una aguja, pero eso parece loco.
Miró alrededor en la habitación, peor no veo a nadie. La única luz en la habitación es la lámpara junto a la cama, que proyecta sombras de todo.
Mi respiración se detiene mientras observo la habitación. Definitivamente no es mía, o como ninguna habitación en la que he estado antes.
Bear sube a mi regazo y se deja caer. La habitación es gigante y parece incluso más grande que mi departamento. La habitación está llena de muebles oscuros y antiguos y pinturas que se ven incluso más viejas y elegantes que los muebles.
¿Dónde estoy? La cama es gigante, con un dosel sobre este, recordándome a algo de una mansión vieja del sur. No me sorprende que durmiera tan bien; almohadas y cobijas me rodean a cada lado, y se siente como si estuviera en una nube esponjosa.
Busco en mi cerebro por algún recuerdo de anoche, esperando que algo me venga a la mente. Quizás tuve un ataque de pánico y me secuestró alguien rico. Me rio de la idea, porque parece loco. No existe explicación racional por la cual esté aquí.
Muevo a Bear de mi regazo y miro abajo hacia mi cuerpo. Mi cuerpo no parece dolorido o con marcas, pero estas no son mis ropas. Si tuve alguna clase de crisis mental anoche, ¿no debería de estar en el hospital en este momento? En su lugar, estoy en una lujosa habitación usando pijama realmente costoso y mi gato me mira como si estuviera loca.
Muevo mis piernas al costado de la cama y me doy cuenta lo lejos que esta del suelo. Me deslizo hacia abajo y me detengo en una gruesa y esponjosa alfombra. Mantengo mis manos en la cama, sintiéndome un poco mareada del repentino salto. Es cuando me doy cuenta de que el "pijama" costoso es realmente una camisa con botones que cae a mis rodillas. También me doy cuenta de que mis pies están cubiertos con gruesas medias de lana que tampoco son mías. Llevo la camisa a mi nariz, y el mismo aroma llena mis pulmones. Es tranquilizador. Suelto la camisa y camino hacia las gruesas cortinas grises y las separo. Está completamente oscuro afuera sin estrellas o luz de luna en el cielo. Salto cuando un rayo cruza el cielo e ilumina kilómetros y kilómetros de tierra. Se va antes de que pueda analizar más. Suelto las cortinas y me tropiezo cuando el trueno retumba. Me abrazo y trato de no entrar en pánico.
Odio las tormentas. Me aterran por completo. Me recuerdo que no soy una niñita atrapada en un tráiler sola mientras un huracán golpea, haciendo temblar todo en el interior. Cierro los ojos y respiro profundamente, tratando de controlar el temor que siempre llega con el mal clima. Abro los ojos cuando siento a Bear frotándose contra mis piernas, tratando de calmarme. Me agacho y lo acaricio por la espalda, haciéndole saber que estoy bien.
—Bear, ¿qué día es? —pregunto y él mira hacia arriba y maúlla.
Tiene que ser la misma noche. No pude haber dormido todo un día, ¿verdad? ¿Y dónde estoy? No estoy cerca de la ciudad. Lo sé con solo un vistazo por la ventana.
Cierro los ojos, intentando recordar de nuevo. Mike entra en mi mente, y me siento enferma. La imagen de él y Jessica hace que mi estómago dé un vuelco. Intento alejar ese pensamiento de mi mente y concentrarme en lo que sucedió después de eso. Recuerdo correr. Mis ojos se abren cuando dos ojos verdes brillante regresan, ojos que conozco. Los he visto antes, pero no puedo ubicarlos.
Miro la pintura en la pared. Es vieja y probablemente cuesta mucho dinero. Mi cabeza comienza a golpear. ¿Y si esto tiene que ver con el arte robado? Este parece la clase de lugar de alguien que trabaja con arte. Quizás alguien que lo roba.
Niego. No seas dramática, Bella.
Primero, pienso que fui secuestrada y ahora pienso que estoy envuelta con una banda de arte robado. Si tengo que adivinar, probablemente me asusté tanto y me abrumé con lo que vi que me desmayé contra ese extraño anoche. Charlie estaba ahí también, ¿no es así? Mi cerebro está tan brumoso.
Miro alrededor de la habitación tratando de encontrar mi ropa para poderme cambiar, pero no encuentro nada. Cuando abro el closet, veo que está repleto de trajes de hombre y vestidos de mujer.
Deslizo mis dedos por estos, sintiendo envidia por quienquiera que sea dueña de estos. Me detengo en uno verde oscuro que es hermoso y me quedaría a la perfección. Como si estuviera regresando a la realidad, lo suelto. Estoy siendo grosera. Es claro que estoy en la habitación de una pareja. Quizás me ayudaron anoche y ahora estoy revisando sus cosas.
—Vamos Bear —abro otra puerta que lleva al baño.
Me detengo frente al espejo cuando noto algo. Un collar atrapa mi mirada y me dirijo al espejo, acariciando la cadena dorada. Me lleva hasta un pesado dije con una piedra en el centro. Cambia de color conforme lo muevo, y la luz golpea en diferentes lugares. Busco atrás de mi cuello tratando de sacarlo, pero no se mueve el seguro. Lo intento un par de veces más, luego finalmente me doy por vencida.
Deslizo mis manos a través de mi cabello y recuerdo que lo tenía recogido antes de trabajar, pero ahora está suelto. Miro mis uñas y me doy cuenta de que también están limpias. Alguien no solo cambió mi ropa, lavaron la suciedad y el polvo de mí. Apagando la luz del baño, salgo y me dirijo a la otra puerta misteriosa del otro lado de la habitación. Cuando la abro, un largo pasillo es revelado, sin mucha luz para guiarme.
Saco la cabeza y tan pronto lo hago, Bear sale y comienza a correr por el pasillo.
—¡Bear! —grito suavemente.
Lo persigo por el largo pasillo mientras gira en la esquina y baja por las escaleras. Lo sigo en pánico tratando de atraparlo, pero es muy rápido. Justo cuando estoy lo suficientemente cerca, y estoy cerca de tomarlo, se lanza entre la apertura de dos puertas y entra. Intento agarrarlo, pero ya entró. El movimiento causa que una puerta se abra lentamente.
—Bear, regresa aquí —vuelvo a susurrar, sin querer despertar a nadie que quizás esté dormido.
Nunca lo había visto moverse tan rápido, y por supuesto lo hace ahora.
Empujo un poco más la puerta y entro. Las luces están encendidas, y lo encuentro de inmediato. Está sobre un escritorio de madera, arriba de este como si lo llevara haciendo por años; como si fuera dueño de la maldita cosa.
Un trueno retumba fuertemente, y las luces en la habitación parpadean antes de apagarse. Mis manos vuelan a mi boca e intento detener el grito mientras mis ojos se mueven a la otra fuerte de luz en la habitación. Hoy un fuego encendido, y me congelo cuando me doy cuenta de que alguien está frente a este.
Un hombre está parado ahí, tomando una manta con una mano. Me está dando la espalda, y su tamaño es intimidante. Sin mencionar que no está usando una camisa. Solo lleva un pantalón que cuelga de sus caderas. Puedo incluso distinguir el lugar sobre su trasero, y de pronto mis labios se secan. Los lamo mientras mis ojos vagan sobre su ancha espalda, pensando en cómo cada centímetro de él es musculoso.
Cuando me doy cuenta de que estoy comenzando a babear, mis mejillas se calientan. No puedo creer que estoy sorprendida por la manera en que se ve. Mi mente debería de estar en otras cosas más importantes en este momento. Como en dónde demonios estoy y cómo llegué aquí. Miro a la camisa que uso y me pregunto si es suya. También me pregunto a quién pertenece la ropa que está arriba y dónde está ella. Eso ciertamente parecía la habitación principal y no quiero que me atrapen mirando al hombre de alguien más.
—Grillo —dice.
Su voz profunda y fuerte llena la silenciosa habitación y envía un cálido escalofrío por mi espalda. Sé que me ha dicho así antes porque ese nombre me suena familiar.
Aparta la cobija y los músculos en su espalda se flexionan. Jesús, ¿este hombre es un anuncio de Bowflex (4)? No creo que pudiera verse más grande, pero desde el frente es como Thor.
Cuando sus ojos se posan en mí, me siento completamente desnuda.
Mis palmas están sudorosas e intento no tartamudear mientras veo a este grande y musculoso dios del martillo frente a mí.
—¿Dónde estoy? —pregunto, orgullosa por ser capaz de unir un par de palabras.
Un rayo vuelve a golpear, solo que es más fuerte esta vez. No tengo tiempo para cubrir mi boca mientras me hace saltar y dejo escapar un pequeño grito.
Se mueve hacia mí, más rápido de lo que alguien esperaría de un hombre así de grande. Y antes de que pueda comprender qué está haciendo, coloca un brazo alrededor de mí para calmarme. Ese profundo aroma vuelve a llenar mis pulmones, y sé que la camisa es suya. Al igual la cama donde desperté.
Miró hacia arriba a sus brillantes ojos verdes, y todo regresa a mí.
—Estás en casa —dice, y coloca un beso en mi frente.
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