Kentaro había abandonado el departamento ésta mañana, y actualmente se encontraba en la estación de tren del distrito E-34 de Tokio-3.
Miró su reloj, y luego miró el cielo.
- "Está nublado…"
El chico miró al tren acercándose como una bala, y apretó sus labios con indecisión.
Sus cejas se curvaron, formando una expresión penosa en su cara.
Aún así, se montó en el tren cuando éste se abrió.
EPISODIO CUATRO: "EMPERADOR DE LA SOLEDAD: KENTARO II"
El joven piloto se sentó en uno de los asientos más cercanos a la salida, para agarrarse de algo por si el vehículo tambaleaba.
Varias personas entraron junto a él, y se pusieron a hacer sus cosas.
Algunos leían libros, otros el periódico.
Algunos se hablaban entre sí, otros se quedaban callados y serios.
Kentaro, por su lado, estaba escuchando música en su reproductor SDAT, como siempre.
Las canciones de Masami Okui o de Lilia From Ys siempre le habían causado un efecto relajante, o más bien un extraño misticismo cálido que le tironeaba del alma.
Por alguna razón, sentía que tenía a su madre abrazándolo cuando escuchaba esas canciones viejas.
Quizás… Era un reflejo de tiempos pasados que se esfumaron más rápido de lo debido.
Quizás, una estupidez de su mente, que tanto tiempo consumía pensando las cosas a fondo.
Siempre llegar a un misterio, y tratar de desglosarlo…
¿Por qué uno puede pilotar el EVA?
¿Por qué uno debe hacerlo?
¿Por qué los humanos no queremos hacer el trabajo sucio y forzamos a los demás?
¿Por qué la esclavitud existe y existió?
¿Por qué la humanidad es cruel consigo misma y lo que la rodea?
¿Por qué existe la humanidad?
¿Por qué un Dios, o muchos otros dependiendo de las creencias, nos eligió o eligieron como el ser más digno de benevolencia, suerte y pensamiento lógico?
Un animal no podría tomar la posta de un humano, en estos tiempos al menos.
No puedes darle un libro a un perrito y esperar que te diga el abecedario.
Tanto como no puedes darle un arma bioquímica gigante a un adolescente y esperar que lo maneje como un juguete…
La mente de Kentaro no paraba de divagar, pero todo se unía al mismo punto.
Para qué pilotar el EVA.
¿Será por dinero?
¿Será porque quiere alegrar a su padre?
¿Será para proteger a la gente de la ciudad?
¿Será porque no tenía otro objetivo en la vida?
Apretó sus ojos con fuerza, cubriéndolos con su flequillo.
Se levantó de su asiento cuando llegó a un destino que ni siquiera estaba planeado, la estación A-2 de Tokio-2, la que estaba mas cerca del único cine en las tres divisiones en conjunto de Tokio entera.
Cuando bajó de la estación, fue escaleras abajo sin prisa, como había hecho cuando llegó a Tokio-3 aquel fatídico día, hace exactamente seis días y tres semanas.
Atravesó la plaza del distrito A-4, y se metió en la fila del cine.
Estarían dando una película que llamaba un poco la atención de Kentaro, la Guerra De Las Galaxias Episodio Uno.
Estas películas no eran precisamente las mejores, pero tenían un amplio público y con razón.
Sus efectos eran estelares como el mundo que presentaban y expandían, y en realidad no daban mucho que pensar para alguien tan psíquico como Kentaro, pero a él le gustaba ver los sables de luz chocar entre sí, y ver disparos.
Era ese tipo de chico… Que una persona normal esperaría que fuese normal.
Por desgracia, se giraron las mesas, y le tocó ser… Algo como esto.
Tuvo que ir a otra fila para otra película, debido a que ya todas las funciones para la anterior estaban ocupadas.
Esto era raro, ya que el cine no había mejorado en todo ese tiempo debido a su atraso sistemático industrial en funciones cinematográficas a causa de lo que en su colegio llamaron Segundo Impacto.
El Segundo Impacto fue el sucesor del Primer Impacto.
Se dice, que el Primer Impacto fue un evento mucho más que milenario, hasta posiblemente galáctico.
Resulta que un meteorito gigantesco había impactado en la Antártida hace una cantidad indefinida, pero millones, de años.
Éste meteorito deformó el planeta y lo convirtió en lo que lo conocemos ahora, destruyendo a los dinosaurios y formando nueva vida.
El Segundo Impacto… Hace años, había sido todo un misterio que ni Kentaro había querido tratar de desvelar por sí solo, aunque aprendió por otros medios, en clase, que, aparentemente, el Segundo Impacto fue causado por la misma rama de meteoritos que se había estrellado contra el planeta Tierra en la sucesión del Primer Impacto.
La cuestión es que el chico había tenido que cambiar a una función de la anticuada Beetlejuice.
No disfrutaba las películas de terror, y cuando una de ellas no le causaba terror le daba risa.
Sin embargo, no disfrutaba estar viéndola solo.
No disfrutaba estar viéndola.
No disfrutaba oír a una pareja darse muestras de cariño en la sala de cine, creyendo que estaban solos.
No disfrutaba… Ser un puercoespín humano.
Salió del cine a la hora, y, luego de estar tres horas durmiendo en un sofá tirado frente a una estación de gas de 24 horas, fue caminando por la vereda de la calle B del distrito J-9.
No había nadie que pudiera interrumpirlo, así que no era necesario sacar su SDAT para sumergirse en su mar cognitivo.
Miró la pantalla de su SDAT con melancolía.
Por un segundo, vio los rostros de Artorias, Gonta y de su padre.
Artorias… El capitán era una buena persona, pero lo había tratado mal la última vez que se dignó a contestarle como un ser humano normal.
Gonta… Era rara, su relación. El científico apenas le dirigía palabras de apoyo, y solo se mostraba satisfecho cuando cumplía una orden o una expectativa hecha con cálculos, como lo puede ser la sincronización o la estabilidad de sus armónicos.
Su padre… No podía hablarle. Le daba miedo ser lastimado por sus propias acciones. Le daba miedo decepcionar a su padre, y que éste se lo echara en cara.
De repente, notó que el cielo pasó a un color rosado muy extraño, y se sobresaltó al oír una alarma que penetró sus oídos como bala contra una bolsa de plástico.
(Ambiente: Security Alarm Sound Effect 1 Hour)
Era la característica alarma de peligro de Ángel.
No sabía qué podría estar ocurriendo, y se aterró.
El joven tembló y miró sus alrededores, girando y pisando a lugares diferentes sin rumbo claro.
En su mente, oyó el sonido del tren de llegada a Tokio-3, persiguiéndolo.
Imaginó el rostro agrietado de Sachiel, y a Shamshel sosteniendo sus aterradores látigos energéticos, con esa expresión imborrable, innombrable y monstruosa…
No debes escapar.
No debes escapar.
No debes escapar.
KENTARO, NO DEBES ESCAPAR.
(Cortar ambiente)
Horas después, el joven había escapado de la ciudad, y fue a la parada de autobús número 479 que lo llevaría al Monte Taiyo de Tokio-1.
Se bajó del autobús, y como el conductor le vio un rostro que daba lástima de mala manera, ni le reprochó la falta de paga.
- Oye, lo entiendo. No muchos viajeros vienen especialmente hacia acá a las seis y media para que un conductor les esté molestando por dinero. Mucho menos a un chico como tú.
Kentaro no osó responder, y apretó su mochila agarrada entre sus dos manos contra sus piernas.
- … Ya. Adiós. – Dijo el conductor, áspero, y llevó el bus lejos de allí.
Kentaro se sentó en la parada del monte, y miró hacia arriba.
Era un sendero largo e inhumano de cruzar, pero probablemente tenía su recompensa.
Decidió que no tenía otra cosa que podía hacer ahora, y tomó el mínimo que tenía de fuerza de voluntad para acometer hacia el sendero.
Luego de varias largas horas caminando, finalmente llegó a la punta del monte, y miró a la frontera que supuestamente conectaba el Monte Taiyo con el punto de interés más grande de Tokio-3, la reserva vital de animales previos al Segundo Impacto más grande que había en el mundo, la única prueba de que hubo vida antes que Kentaro.
Sin embargo, no era posible visibilizar la reserva por más colosal que fuera, ya que una nube gigante tapaba todo, como si de una niebla desafortunada se tratara.
Kentaro trató de ver formas en la niebla, y se acostó en donde estaba para concentrarse más.
No había nada que su cabeza pudiera formar.
De vez en cuando, unas manos.
De cuando en tanto, unas alas.
No hubo una recompensa real por llegar allí, pero había algo.
Por lo menos, había algo que lo había esperado.
Vuelta a esa calidez mística que le brindaba su SDAT…
Se hicieron las cinco de la tarde y Kentaro estaba ya pasando por un trigal, tratando de no pisar ninguno de los cultivos por respeto a los granjeros.
Allí mismo, encontró a alguien que parecía estar gritando cosas sobre fotografías, videos y el EVA-01.
Ese alguien parecía ser Taihei, así que trató de evadirlo por la culpa que sintió el otro día de haberlo metido a su Entry Plug.
Realmente no había otra manera, pero el chico no lo sabía.
Habría deseado que hubiera otra forma de haberlo salvado, a él y a Kouta.
Casi los matan por el egoísmo de Kentaro de que lo vean salvar el día, y ni siquiera pudo proteger su identidad como piloto del EVA…
- ¡Oye, transferido! ¡Ishiki! – Exclamó Taihei, saludando alegremente.
Kentaro aligeró la mirada, y sonrió levemente al ver a Taihei.
Caminó hacia él, y se dieron la mano.
(Ambiente: watch?v=g1w3IT5WnYw)
Más tarde, se estaba haciendo de noche, así que Taihei lo llevó hacia lo que parecía ser un campamento con fogata y todo que se había armado en el bosque, donde tenía para cocinar animales salvajes que había capturado, troncos para historias en la noche, e incluso bolsas de dormir y una tienda.
Kentaro se cubrió con una manta que llevaba en su mochila, y se sentó en un tronco.
Taihei trajo una olla que estaba hirviendo, y adentro traía una pata de conejo cocinándose.
- Sabes, da un poco de pena tener que matar animales para sobrevivir, pero ese es el ciclo de la vida.
- Tú… ¿Vives de esto? – Preguntó Kentaro, dignándose a hablar con una persona luego de una semana exacta.
- Más o menos. En realidad, vivo en el interior capital de Tokio-3, pero me gusta salir hacia acá de vez en cuando para armarme y mejorar mi campamento, sabes. Mi padre me dijo que era bueno para mí salir de vez en cuando por si había una guerra, y me terminó gustando como pasatiempo.
Kentaro asintió, y agarró un palito de entre muchos que había apilados en la fogata.
- Oye… Te envidio, la verdad. Puedes pilotar el EVA, y tienes a un capitán tan imponente como ese Artorias… ¡Ojalá me pudiera subir a ese robot genial, si lo hiciera por un solo minuto sería mejor que cualquier atracción de parque!
- No lo hagas. Tu madre estaría preocupada, y solo te destrozaría…
- No hay problema, oye. Mi madre no está viva, así que estoy libre, y mi padre solo quiere que sea un soldado.
Kentaro abrió los ojos bien en grande, pero lo siguiente le pegó todavía más.
- No eres el único que sufre de algo. – Comentó Taihei, melancólico mientras portaba una triste sonrisa.
Kentaro miró su palito en la mano, y Taihei abrió la olla, sacándola lejos de la fogata.
- Ya está cocinada. ¿Acostumbras a comer comida de campo?
- Unas pocas veces… Hace años venía viviendo en casa de mi profesor de literatura, y él estaba cerca de una finca.
- Ya veo…
Taihei le pasó un plato con un pedazo de pata de pollo, y se sirvió uno a sí mismo.
- Eso va para la cena, Ishiki. Ahora en un rato, deberíamos dormir.
Kentaro asintió, y se dispuso a soplar la comida.
Miró el plato con comida por un largo rato, sin un rumbo mental claro…
A las cinco de la mañana, en la carpa compartida de los dos jóvenes, se escuchó que alguien estaba tocando la entrada como si fuera una puerta normal.
Taihei despertó, molesto por el constante sonido del viento fuerte y el golpe en la entrada.
Miró hacia afuera, y se sorprendió de ver a Takanashi Roku.
- Hola, Hayashi Taihei-san. – Saludó Roku, con sus manos en sus bolsillos, y una expresión seria denotada en sus ojos rojos como el fuego. – Vengo por Ishiki Kentaro-kun. Me dijeron que venga.
- Oh… Entiendo. – Aceptó Taihei, y fue a despertar a Kentaro. – Oye, Ishiki, te vienen a buscar.
- No… No quiero subirme al EVA, papá… ¡No, capitán…! ¡NO! – Gritó Kentaro, que aparentemente estaba teniendo una pesadilla de su primer día como piloto.
Finalmente despertó con un suspiro largo, y Roku lo miró con curiosidad.
- ¿Por qué te fuiste por tanto tiempo? Tres días y no pudiste asistir a las pruebas de sincronización en triplete…
Kentaro miró al suelo con pena, y salió de la tienda de campaña.
- Quería reflexionar un poco. Me sentí amenazado cuando el capitán Armael me dijo todas esas feas palabras… Y me sentí triste cuando sabía que solo me querían por pilotar el EVA.
- Entiendo.
Pronto Kentaro fue forzado a despedirse de Taihei, y Roku lo llevó a la parada de autobús del Monte Taiyo de ayer.
- El dilema del erizo, es lo que te ataca.
- Esto… ¿Perdona? – Replicó Kentaro, confundido.
- Es una frase que me comentó el doctor Atsushi hace unos varios años. Y cito…
- "Ese es el dilema del erizo. Las personas no pueden acercarse entre sí, o se harán daño a sí mismos y a los demás. Eso es por lo que está pasando este chico. No quiere ser lastimado, y tiene miedo a estar solo. Es la peor combinación…" – Pensaba Gonta, reflexionando en medio de su laboratorio.
- Oh…
Kentaro no osó decirle nada a Roku durante todo el viaje de vuelta.
Pasaron horas, y horas, hasta que finalmente arribaron por la tarde a la estación principal de Tokio-3.
En todo ese tiempo, Kentaro no había dicho una sola palabra, y Roku había llevado el distanciamiento social demasiado lejos, y ni siquiera tenía modales pero no se daba cuenta.
Finalmente, llegaron a los cuarteles de NERV, y Artorias citó a Kentaro para otra reunión.
Kentaro ya no tenía miedo a que lo odien.
Ahora estaba convencido de que ya no pertenecía a NERV, y no debía proteger a la raza humana si no podía protegerse y escudarse a sí mismo.
- ¿Te hizo bien estar ausente por tanto tiempo? – Preguntó Artorias.
- Realmente… Me puso las ideas más claras.
- Dime. El EVA-01 está listo para piloteo de simulación… ¿Quieres? – Dijo Artorias, con interrogación imperativa, casi.
(Música: NGE OST – I. Shinji)
- No debo. Soy un aterrado, y un aferrado a sus propios miedos e inseguridades… Tú lo dijiste, si sigo con esta actitud me matarán. No quiero ser una carga para nadie… ¡No quiero pilotar el EVA para lastimar a nadie!
- Entonces, no pilotes el EVA.
Dicho y hecho, Artorias se compadeció del joven y le quitó su tarjeta de acceso a NERV.
Lo envió fuera del cuartel, y lo mandaron a recoger sus cosas para que abandonase Tokio-3.
En la salida del Instituto Marduk, Kentaro estaba por alejarse por última vez de ese lugar, cuando sintió una presión anormal que le impidió hacerlo.
(Cortar música)
¿Era culpa?
¿Era pena?
¿Era dolor, incluso?
No…
De repente, una bolsa le golpeó el estómago, pero la atajó sin chistar.
- Disculpa por el golpe brusco. Se te olvidó en el depto. – Mencionó Kouta, quien estaba ahí junto a Taihei, y ambos saludaron con una sonrisa.
Kentaro estaba genuinamente anonadado.
- ¿Por qué vinieron? ¿Cómo sabían?
- Era un presentimiento, muchos de nuestros compañeros abandonaron la ciudad porque era demasiado para ellos. – Confesó Taihei.
- Sí… Además, quería pedirte disculpas. Lo siento, no sabía que eras el piloto cuando dije que mi hermana merecía ser vengada, o esas cosas… Incluso me regañó cuando se lo conté, pero hasta que no te vi en el Entry Plug no lo había entendido. – Añadió Kouta, apenado y culposo. - ¡Y por eso, vengo para que tomes represalias en mí!
- ¿Cómo así? – Preguntó Kentaro.
- ¡Sí! ¡Yo te iba a golpear por lo de hace tiempo, así que es justo que me golpees tú!
Kentaro se vio indeciso, realmente no quería lastimar a nadie más, pero…
Imaginó que la cara de Kouta era la de todos los que lo habían lastimado.
Los Ángeles.
Los de NERV que lo trataban solo de piloto.
Rintaro…
Rintaro.
¡Rintaro!
¡PADRE!
- ¡AAAAA-AGH! – Bramó con todas sus fuerzas, y le voló la quijada a Kouta.
- ¡Qué daño! – Comentó Taihei, siseando.
Kouta se levantó, y sonrió con satisfacción. Su culpa había sido levantada, y la de Kentaro también.
- Entonces… Nos veremos. Supongo que, si tú te vas, algún día nos tendremos que ir. – Dijo Taihei.
- ¡Claro, y si alguien osa hablar mal de ti le voy a romper todo! – Reafirmó Kouta.
Kentaro se vio conmovido, y esto lo notaron los dos jóvenes.
- Vamos, sácate esa cara de pena. – Bromeó Kouta. – Ve.
- Te extrañaremos…
Kentaro miró al suelo, y un asistente de NERV que lo había llevado hasta allí le agarró del hombro con fuerza.
- Vamos. No hay tiempo, mocoso.
Kentaro asintió, y lo llevaron hacia el coche que lo trajo a la escuela.
Sin embargo, a último momento se dio la vuelta y gritó con frustración.
- ¡S-soy un cobarde! ¡Un mentiroso, y un debilucho! ¡Ustedes deberían golpearme! ¡Agh…! – Decía, mientras que era arrastrado dentro del coche a la fuerza. - ¡Pero quiero regresar, y probarme a mí mismo que puedo ser diferente al cobarde sin empatía que siempre fui! ¡QUIERO PROTEGERLOS A TODOS PARA PROBARME QUE EXISTO, AUNQUE NUNCA LO HUBIERA DESEADO Y SEA SOLO POR DEBER!
Esa última frase resonó en toda la calle, y los de NERV lo dejaron ir.
Esta vez, el chico fue corriendo hacia la estación de teléfono más cercana, sin mirar atrás.
Hizo una llamada a Artorias, y esperó un largo rato.
Pero nadie contestó.
Nadie.
Nadie…
Nada…
Detrás suyo, pasó un tren bala, y detrás del tren estaba Artorias.
Un silencio agudo se sostuvo.
Un minuto pasó.
Dos minutos pasaron.
Tres minutos pasaron.
Cuatro…
Cinco…
- Llegué a casa. – Sonrió Kentaro, feliz de ver a su tutor, capitán y amigo.
- Bienvenido a casa, Kentaro. – Sonrió Artorias a la vez.
Kentaro finalmente había decidido pilotar el EVA por algo.
Por sus amigos, que tanto lo aguantarían a lo largo de su vida, y por esforzarse en ver a Artorias, Kouta, Taihei y Pen-Pen como su verdadera familia.
EPISODE FOUR, END.
