Capítulo II
Sorpresa de Bienvenida
POV Ginny
Tan solo hace una noche que regresamos del mundial de quidditch, después del susto inicial por lo que había ocurrido paso, fue que nos dimos cuenta de que ni Hermione ni Harry estaban con nosotros.
Harry fue encontrado solo en medio del desastre de tiendas quemabas y escombros, sobre el se erguía la marca tenebrosa, la cual nos enteramos después que, había sido conjurada con su varita por la elfina de Barty Crouch.
Si bien habíamos logrado encontrar a Harry, la preocupación por Hermione creció aun mas al ver que esta no aparecía por ningún lado; no fue sino hasta casi una hora después, que Hermione llego hasta nosotros, con un brazo envuelto en vendas.
Cuando todos nos abalanzamos sobre ella para preguntarle que había ocurrido, esta solo había dicho que se encontraba bien y que solo necesitaba un poco de descanso.
Luego de todo eso, fuimos enviados de regreso a la madriguera, al llegar mi madre se encontraba en medio de una crisis nerviosa que, en vez de disminuir con nuestra llegada, solo aumento más.
Por alguna razón Hermione no había querido decirle a nadie donde había estado el día del mundial, ya había pasado un día entero y esta solo se había dedicado a leerse todos los libros del año escolar.
Me encontraba sentada en la cama en mi habitación en la madriguera, Hermione estaba sentada en el alfeizar de la ventana leyendo un libro sobre runas antiguas, esta situación de silencio auto impuesto estaba haciendo mella me la poca paciencia que tenia.
"¿vas a pasar todo lo que queda de vacaciones en silencio?" dije sacando a flote el mal carácter que había heredado de mi madre.
Hermione solo levanto la mirada del libro y con calma me dijo "yo no estoy haciendo la guerra del silencio Ginny, lo que ocurre es que ya me canse de responder la misma pregunta tantas veces"
"solo quiero saber lo que le ocurrió mientras estuvo desaparecida a mi mejor amiga" dije haciendo pucheros, logrando que Hermione dejara de lado el libro y se acercara a mí.
"y yo quisiera saber ¿Por qué todo el mundo cree que miento, cuando digo que no paso nada?" dijo mientras colocaba sus manos en mis hombros.
"al momento de correr, fui empujada, los perdí de vista y me ataco un Mortifagos provocando la herida en mi brazo, logre esconderme, busque ayuda, me vendaron el brazo y llegue con ustedes, eso es todo"
"estuviste desaparecido dos horas Hermione"
"bueno, se tardaron en poder atenderme lo del brazo, habían personas con peores heridas que las mías" dije en un suspiro cansado "ahora podemos cambiar de tema"
Estudie su rostro por unos minutos, la verdad es que ella no tenia porque mentirme a mí, y su historia era lo suficientemente coherente así que en pro de la paz, di por zanjado el tema.
….
Llegamos a la estación Kings Cross con segundos de retraso, casi ni logramos pasar la barrera mágica, cuando entramos en el andén, este se encontraba vacío de estudiantes puesto que todos se encontraban ya dentro del tren.
A paso presuroso entramos en el tren y comenzamos la ardua tarea de encontrar un sitio libre, en el camino encontré a Luna, quien estaba sentada con algunos compañeros de mi año y me invitaron a unirme a ellos.
Lo pensé por un momento, les dije que después de que encontramos un sitio donde colocar los baúles vendría a charlar con ellos un rato. Continuamos con la travesía de los asientos, hasta que casi al final encontramos un compartimiento que estaba sin persona alguna, rápidamente entramos y comenzamos a acomodar nuestro equipaje.
Delante de mi quedo Hermione quien tenía en sus manos una copia de El Profeta y llevaba a Crookshanks en su regazo, a su lado estaban los gemelos, quienes susurraban sobre vaya a saber Merlín que, luego estaba Ron, quien se encontraba a mi lado y a su lado, Harry.
Mientras el tren tomaba velocidad, cada quien se metía aun mas en sus asuntos, los gemelos cuchicheaban aun mas, Ron y Harry se metían en un debate sobre el mundial y Hermione enterraba la cabeza dentro del periódico.
Todos solían creer que yo no prestaba atención a mi entorno, pero la verdad era que crecer rodeada de hombres y sobre todo de unos tan peculiares como Fred y George, despistados como Ron, demasiado inteligente para su propio bien como Percy, arriesgado como Charlie y misterioso como Bill te hacía una persona observadora.
En estos momentos podía leer como un libro abierto a mi mejor amiga Hermione, que con su cara de concentración al leer intentaba ocultar la preocupación que sentía, aunque, la verdad no lograba descifrar cual era su motivo, el misterio que rodeaba el ataque de los Mortifagos o los recurrentes sueños que tenia.
Así era, sabía perfectamente bien que ella tenía esos sueños, por más que ella los ocultara, cuando compartías habitación con alguien como yo, era muy difícil mantener en secretos pesadillas que te hacían revolverte entre las sabanas.
No negaría que tenia curiosidad de saber sobre que eran sus pesadillas pero, lo alterada que siempre lucia después de tenerlos y la experiencia propia de lo que es que te obliguen a hablar de tus pesadillas, me detenían de preguntarle nada sobre el asunto.
Luego estaba Harry, el eternamente preocupado chico con complejo de héroe de dulces y brillantes ojos verdes, que a pesar de las risas y las burlas que tenían con Ron, era evidente la tensión en su rostro y la angustia en sus ojos.
Su situación era más comprensible, puesto que no todos los días vuelven los sirvientes de el hombre que intento matarte y que asesino a tus padres cuando eras un bebe, poniendo así sobre tus hombros, el peso de ser el niño que vivió.
Harry Potter el niño que vivió, el mejor amigo de mi hermano y el chico del que he estado enamorada desde que lo conocí; me decía a mi misma cada año que intentaría demostrar mis sentimientos, que haría que me amara pero fallaba estrepitosamente con cada intento.
Pero este verano me había dado por vencida, ya que había escuchado una conversación de Harry y Ron donde Harry decía lo mucho que le gustaba Cho Chang.
Las palabras de Harry me habían roto el corazón, pero la verdad no era una sorpresa que eso pasara, el no parece verme como algo más que la hermanita menor de su mejor amigo y eso era claramente una de las cosas que más me frustraba ¿acaso no tendría nunca una oportunidad por ese simple hecho?
Después observe a Ron, el hermano que me llevaba tan solo un año y el mayor idiota que había conocido jamás, era celoso, rencoroso, mal educado y un cretino en toda regla.
Pero todos y cada uno de sus defectos yo lograba entenderlos, al ser el menor, había sido dejado de lado muchas veces y sentía que debía siempre luchar por un lugar en nuestra familia.
El tener a cinco hermanos mayores como estándares que superar no era fácil, el problema con Ron era que, no lograba terminar de entender que el no tenia que superar la inteligencia de Percy, ni tener un trabajo riesgoso como el de Charlie, tampoco el sentido del humor de los gemelos y mucho menos la vida misteriosa que llevaba Bill, para ganarse el orgullo de nuestros padres porque, a su manera el los hacía orgullosos.
Al mirar a los gemelos simplemente decidí no meterme en aguas tan profundas, hace un tiempo intente descifrar el porqué son como son y llegue a la conclusión de que, mientras más trataba de entender, más loca me volvía.
…
Nos encontrábamos en el gran comedor para la cena de bienvenida, el profesor Dumbledore estaba haciendo el anuncio de que este año seriamos la escuela cede para el Torneo de los Tres Magos, vendrían dos escuelas más de magia y pasarían todo un año con nosotros.
Luego anuncio el pequeño detallito de la clausula, esta prohibía la entrada al torneo de personas menores de 17 años por su propia seguridad, esto causo un revuelo en toda la población estudiantil.
Fred y George se unieron al alboroto que se armo en forma de protesta por ese hecho, honestamente me importaba poco la edad para participar y en esto si coincidía con Hermione, era un torneo demasiado riesgoso como que entraran niños que no tenían los conocimientos necesarios para salir bien librados de él.
Mi conflicto se originaba en, si todos los participantes debían tener mínimo 17 años, eso quería decir que todos los estudiantes nuevos que llegaran tendrían esa edad o más, lo que se resumía a, absolutamente nadie prestándome atención por ser demasiado pequeña.
El profesor mando a silenciar a los alumnos para seguir dando la información, nos aviso que ambas escuelas llegarían el viernes de esta semana y que tendríamos esta desde mañana libre de actividades, hasta que nuestros invitados llegaran.
Todo esto con el fin de no intervenir las actividades escolares por cualquier eventualidad que se presentara, lo cual significaba dormir hasta tarde y nada de tareas, además de tener a una muy histérica Hermione Granger por no tener una razón válida para ir a la biblioteca.
…
Cuando bromee sobre Hermione estando histérica por la falta de clases, no pensé que esto de verdad fuese a suceder, al menos no con esta magnitud.
Hermione había pasado por todas las fases de un duelo, la primera fue la negación, esta se dio en el gran comedor y durante todo el trayecto hasta los dormitorios, no lograba comprender el porqué de suspender sus preciadas y adoradas clases.
La que le siguió fue la ira, esta se dio al día siguiente en la mañana, al ver la cara que Hermione traía durante el desayuno nos advirtió sobre el no buscarle un motivo de enfado, lamentablemente, Ron no pudo contener la imperiosa necesidad de molestar a Hermione y eso lo había hecho terminar en la enfermería.
Después vino la negociación, esta vino un poco mezclada con la ira y termino con una Hermione gritándole a Dumbledore sobre la importancia de la educación, luego intento por la vía amable que el director restituyera las clases, a lo cual este se negó, con el único propósito de divertirse a costa de la histeria de Hermione.
Inmediatamente entro en la etapa del dolor, cuando salió de la oficina de Dumbledore su rostro estaba bañado en lagrimas silenciosas, que explotaron en llantos descontrolados, cuando paso frente a las puertas de la cerrada biblioteca.
Finalmente y para alegría de todos, llego la fase de la aceptación, después de llorar su peso en lagrimas, comprendió que esto le daba incluso más tiempo libre para estudiar del que tendría con las clases en su curso normal, ese no era el sentido de esta semana libre pero, si ella era feliz nadie iba a contradecirla.
Lo más preocupante de todo el asunto no había sido el ver a Hermione de una forma en la que nadie, y repito, nadie jamás se había imaginado verla sino que, apenas había pasado un día del anuncio del torneo, por le todavía nos quedaban tres días a la expectativa de que el ciclo del dolor se repitiera.
….
Finalmente era viernes, aunque todavía faltaban bastantes horas para la llegada de los nuevos estudiantes, la emoción y la expectativa podía sentirse en cada rincón del castillo.
Estaba en mi habitación cuando Maya y Samantha entraron hablando sobre lo emocionante que sería conocer a los nuevos estudiantes, obviamente no falto el tema de conversación sobre los chicos, si serian guapos, de donde serian y sobre todo si estaban solteros.
Yo solo me limitaba a reír internamente, no pretendía ser yo quien las hiciera llegar a la misma conclusión que yo llegue el día del anuncio del torneo, no importaba si eran solteros o no, porque ninguno chico de 17 o 18 años se fijaría en niñas de 13, en caso de llegar a salir con alguna, seria con las chicas de ultimo año, quienes eran las que más cerca de su edad estaban.
Estaba a punto de hacerme una trenza cuando Sam se acerco y me dijo "¡oh Ginny! ¿No es emocionante? Vamos a tener chicos nuevos en el castillo, puede que este sea nuestro año de suerte"
"¿nuestro año de suerte? ¿Suerte con qué?" pregunte mientras le permitía a Maya hacerme una trenza en el cabello.
"Sam quiere recibir su primer beso y cree que este año tendrá suerte" dijo la calmada voz de Maya.
"vamos, ¿Quién no querría tener su primer beso con un chico extranjero?" dijo Sam mientras se tiraba en la cama con mirada soñadora.
"Sam, si quieres tener tu primer beso con un chico extranjero, solo besa a uno de aquí y ya" dije.
"la pelirroja tiene un punto Sam, teniendo en cuenta que eres de Holanda, para ti los chicos de Hogwarts ya son extranjeros" dijo Maya.
A esto Sam se levanto de la cama con un puchero que la hacía ver aun más tierna de lo que ya era, provocando la risa de Maya, la mía y finalmente la de la misma Samantha.
Mis dos compañeras de cuarto tenían una habilidad increíble para hacerme reír; Samantha Lander era una pequeña rubia de largo cabello ondulado, con un bronceado eterno, y facciones de niña, unos enormes ojos castaños ocultos detrás de un par de lentes hipster negros.
Había nacido en Holanda y era hija de un mago con una muggle, lo cual la hacía bastante peculiar a mis ojos, si bien tenia las costumbres inculcadas de los sangre pura por parte de su padre, su madre le había dado el carisma, la simpatía y los conocimientos de una muggle.
Haciendo de Samantha una muggle a toda regla con los modales de una sangre pura liberal, lo cual la hacía el complemente perfecto para Maya.
Maya Ferreira era una morena, alta para su edad, con corto cabello negro e impactantes ojos color whisky, había nacido en Portugal pero sus padres se mudaron a Inglaterra hace varios años.
Era hija de dos sangre pura pero de extraña mentalidad, su madre trabajaba en un estudio fotográfico muggle mientras que su padre era director de una compañía, también muggle.
Mientras que Sam era una romántica empedernida, Maya era arisca, Sam le gustaba cocinar y a Maya los deportes, Sam usaba faldas y vestidos mientras que Maya usaba jeans y botas, Sam aplicaba todos los modales aprendidos de su familia paterna mientras que Maya, tenía complejo de rebelde sin causa.
Eran ciertamente, las personas más diferentes del mundo y era eso lo que las hacía perfecta la una para la otra; si bien mi relación con ellas era cordial, no eran mis amigas, solo éramos compañeras de cuarto con las que pasaba un buen rato.
Además, los cambios de humor y las constantes discusiones de esas dos eran demasiado agotadores, y yo ya tenía suficiente con las de mis hermanos y las de mis amigos, como para querer agregarlas a ellas.
No fue hasta casi el medio día que decidí bajar a la sala común, para mi sorpresa los chicos iban saliendo al estadio de quidditch a jugar un partido, al verme bajar me invitaron a unirme a ellos, lo cual acepte.
Mientras íbamos caminando, Neville, quien iba de espectador, se acerco y me saludo efusivamente, de igual forma le devolví yo el saludo. No era idiota, sabía que Neville estaba extraño conmigo, no sabía bien que era lo que le ocurría pero mentiría si dijera que no tenía una idea de lo que podría ser.
"es bueno saber que iras a jugar Ginny, creí que estarías con Hermione" dijo Neville.
"no he sabido nada de Hermione desde ayer en la noche, ¿la has visto?" pregunte interesada por el paradero de mi mejor amiga.
"Nadie la ha visto desde anoche de hecho" dijo Fred, quien iba a unos pasos de nosotros.
"¿y por qué nadie está preocupado por ese hecho?" pregunte en tono alarmado.
"porque Hermione ha estado desapareciendo mucho desde que llegamos" dijo Seamus.
"apuesto a que ha estado intentando buscar una manera de entrar a la biblioteca sin que Dumbledore se entere" dijo Ron.
"o quizás solo quiere estar sola" dijo Harry, luego se acerco a mí y susurro para que nadie más escuchara "seguro está leyendo donde tú sabes"
El lugar secreto de Hermione, era un enorme y viejo árbol que se encontraba cerca del lago, normalmente ella iba ahí para leer con tranquilidad, escribir, tocar música o solo estar sola.
Harry y yo descubrimos el lugar a finales del año pasado por accidente, habíamos estado buscándola durante horas, después de una discusión con Ron, simplemente había desaparecido.
La buscamos en la biblioteca, en los salones de clases, en los baños e incluso yo subí a su cuarto para ver si se encontraba allí, pero no lográbamos encontrarla, fue en ese momento que a Harry se le ocurrió revisar el mapa del merodeador y vimos el nombre de Hermione en las cercanías del lago. Al llegar al sitio, escuchamos el sonido de una guitarra y el murmullo de una voz que tarareaba al ritmo de la música.
Cuando buscamos la procedencia de la voz, descubrimos que era Hermione, quien se encontraba recostada en las raíces del árbol con una guitarra y un pequeño cuaderno en su regazo, esta al vernos se sobresalto y se levanto con nerviosismo.
Cuando Harry y yo le preguntamos qué hacía en ese lugar, fue cuando ella nos explico que, cuando quería estar sola, venía a ese sitio y nos pidió que por favor no dijésemos nada sobre a donde se encontraba en sus ratos libres.
Lo más seguro era que Hermione estuviese allí en este momento, quizás tratando de matar el tiempo libre que la semana sin clases le había dejado, además la biblioteca estaba cerrada por ordenes de Dumbledore y esta no tendría otro lugar a donde ir.
….
Toscana, Italia 1 de octubre de 1994
Querida extraña, una carta más que te escribo y una carta más que es probable que nunca leas, ¿Cómo estás? Si ya se, es una pregunta absurda teniendo en cuenta que nunca será respondida.
Las cosas por aquí están bien, el verano se va para darle paso al otoño, frio otoño de largos días tristes; mi madre siempre decía que esta época del año trae consigo los días más melancólicos del año.
Y que sabias eran sus palabras, no fue hasta hace unos años que entendí lo que trataba de decirme con ellas, cuando te perdí sin siquiera tenerte, mis días se volvieron un eterno otoño.
Lamentablemente, arrastre a mí soledad a todos a los que amo, pero tranquila, no te sientas culpable, el único culpable de las desgracias del hombre, es el hombre mismo.
Pero no todo es otoño últimamente, a mi vida entro un pequeño rayo de sol, mi pequeño, quien ya no es tan pequeño, fue elegido para un torneo en el cual solo participan quienes poseen el valor, la destreza y la inteligencia suficiente como para afrontar grandes y peligrosas pruebas.
La emoción en su rostro no tiene comparación alguna, su felicidad desbordante hacía que mi orgullo creciera inmensamente aunque, con cada sonrisa que él me daba, llegaban dolorosos recuerdos de tu sonrisa, una sonrisa que jamás logre ver, tampoco pude verte brincar de alegría, tampoco celebre tus triunfos como celebro los de él.
Mi mente se llena de incontables preguntas referentes a ti ¿tu sonrisa y la de él tendrán algún parecido? ¿Tus ojos brillaran de la misma forma que los de mi pequeño cuando hablas de algo que te apasiona? Incluso me pregunto sobre el color de tus ojos.
Tan cruel ha sido la vida y el destino, que no solo te arrebato de mis manos sino que, también me lleno de culpa, una enorme culpa que no me deja ser completamente feliz, que no me deja disfrutar de los pequeños momentos de alegría que parecen rondar últimamente por aquí.
¿Será esa una señal? ¿Será que la alegría que azota nuestra casa tiene que ver contigo? Deseo con todas mis fuerzas pensar que así es, no sabrías la enorme alegría que me daría el poder verte, el poder cabalgar contigo por los viñedos, incluso el discutir contigo por cosas sin sentido.
Lamentablemente tengo que despedirme querida extraña, tengo que escribir otro triste adiós, un adiós cargado de remordimiento y culpa, un adiós lleno de incalculable dolor por el hecho de saber que estas, pero no saber dónde.
Te amo extraña.
Papá.
