Capítulo 2: El emisario

El acceso al templo era supervigilado casi cien arcos torii tan rojos cómo la sangre. De cada uno de ellos colgaban versos de antiguos eruditos en honor a la divinidad pues se consideraba la más importante al ser la madre de todas las razas y quien intervenía sobre los cultivos y la abundancia.

A los costados del tembló, un bosque nativo crecía indómito, apenas profanado por pequeños animales entre presas y zorros. Las leyendas contaban que allí vivían espíritus traviesos y astutos con los que era mejor no buscar tratos si no querías encontrar tu destino demasiado pronto.

A menudo las abuelas murmuraban haber visto sus formas inocentes, como infantes sin voz que se arropaban entre las hojas y la turba a los pies de algún manzano. Sólo había que aguzar el oído para escuchar sus pasos a través del bosque. Los viajeres en cambio, daban testimonio sobre espíritus menos inocentes, con rostros salvajes o máscaras de zorros y avecillas negras. Se suponía que eran mensajeros de los dioses, pero no sienten aprecio por los hombres, así que acostumbraban a advertir los designios divinos por medio de acertijos con la esperanza de que fallen o se pierdan en su camino.

Izuku no puede evitar pensar que algo de cierto debe haber en esos cuentos, pues el ingreso del templo y el bosque más profundo oculta estatuas con formas fabulosas talladas en la piedra, tan antiguas que nadie sabe quién o porque fueron creadas.

Junto a él su padre caminaba sosteniendo el atado de flores secas y un paquete con ofrendas, siempre vigilando la espalda de Izuku que acostumbra a distraerse viendo el pasaje de alrededor.

En poco tiempo llegaron hasta la fuente de agua que brotaba desde una gruta de tierra situada al costado del templo. Allí la gente hace fila para lavarse las manos cómo rito de iniciación, luego inclinarían la cabeza ante los guardianes de piedra y se adentrarían para arrodillarse uno a uno en el enorme altar.

Izuku sostiene en sus manos un trozo de incienso y lo encendió mucho antes de que fuera su turno. El humo según se le había enseñado, era una guía para los espíritus de los ancestros, por lo que cuando alguien deseaba pedir consejo al mundo divino, el humo atraería los espíritus benevolentes de su familia para ayudarlo una vez que se incara ante la figura de la madre otome.

Ella era una diosa de figura recia, a menudo vestida con lino y perlas de río. Para muchos fue considerada una beta, porque sus historias, en especial aquellas donde se relataban sus aventuras por el mundo humano, estaban plagadas de ingenio y secretos. Se decía que de ella vino la semilla que permitió a la tierra crear a los primeros hombres. Fue la descubridora del fuego, el cultivo, la creadora de los hogares, pero incluso si estas eran virtudes propias de esa casta, Izuku siempre pensó que ella debía ser una omega. De sus manos, broto la vida sobre la tierra, un fenómeno que solo un omega podría entender y compartir. Además, ¿Qué es más propio de su casta que el instinto místico de crear y proteger un hogar donde los cachorros crezcan?

De pie ante ella, la observó en paz. Con 16 años, Izuku sabe que no es su lugar pedir por la abundancia y fuerza, sino el de su padre que hará su parte ante el dios Aodht en la pagoda del cielo. No, este año debe preocuparse por el siguiente pasaje de su vida, una vez que llegue su celo.

Cuando por fin alcance su maduración, será considerado un adulto ante las leyes y eso significa que alfas y betas podrán cortejarlo en base a la tradición.

Se supone que el pretendiente debe ofrecer un regalo a la familia del omega, para demostrar sus intenciones, luego, si es aceptado, inician los 7 pasos del cortejo. Cuando este concluye y solo si lo hace, es la familia del omega quien deberá ofrecer un regalo que demuestre devoción y servicio. Entonces viene el matrimonio, celebrado en la misma semana en que comienza un nuevo ciclo.

Sin embargo, el proceso de conocer pretendientes puede ser largo y problemático para las familias. La mayoría deja todo ese trabajo a las casamenteras, un ministro que entrevista los alfas y omegas, de ese trabajo, él o ella determina que omega complementa adecuadamente al alfa. Por su puesto, la casamentera cobra por sus servicios a todos por igual, aunque es sabido que los pretendientes de familias adineradas siempre pagan dinero extra para obtener exclusividad y parejas virtuosas.

Muchas familias pagan ese servicio, pero él no cree que su padre pueda costear algo así. Su granja es próspera pero no para derrochar. Además, siempre ha pensado que no le gustaría conocer a su pareja así, sino más bien como su madre conoció a su padre, un otoño bajo la lluvia mirándose a los ojos.

Aunque, en este punto, hay poco que pueda exigir, no fue a la escuela y si bien sabe leer y escribir, hay gente que considera esa habilidad innecesaria en los omegas porque su lugar es la administración del hogar. Además, la mayoría de los betas prefieren casarse con otros betas por miedo a una infidelidad mientras están fuera de casa, y los alfas de la región son escasos, la mayoría provienen de otras regiones y podría terminar emparejado con alguien que lo lleve muy lejos de su casa, tan lejos que no pueda volver a ver a su familia, tal y como ocurrió con los hijos de su abuela.

Así que, tras meses de pensar en ello, ya tiene una idea clara de lo que quiere en una pareja potencial, o más bien de lo que debe ser su futuro alfa sin perder, quizás lo único que en verdad lamente de perderlo, su hermanito.

Kota llegó en el peor momento para la familia, justo un mes después de que los sanadores del pueblo le diagnosticaran una enfermedad grave a su madre Inko, pero fue el parto quien se cobró la vida de la mujer en una lenta agonía. Tan sólo una noche después del nacimiento despertó bañada en sudor por la fiebre para luego morir durmiendo en su cama.

El ojiverde todavía recuerda los lamentos de su padre, el grito desgarrador junto al olor amargo y angustiante que impregno toda la casa cuando el lazo se rompió. Llegó a pensar que no sobreviviría a eso. Y él mismo casi se sumerge en la misma desesperación.

Cuando vio el cuerpo y entendió que estaba pasando, la verdad lo golpeo tan duro que por un momento pensó que algo lo había golpeado en la cabeza. Su cuerpo se desestabilizó y casi se derrumba de no ser por el llantos desesperado y agudo de su hermano.

En niño estaba en su cuna, ahogado en lágrimas, su rostro rojo por el esfuerzo y la pelusa negra pegada a su frente por el sudor, pero en cuanto sus miradas se encontraron un escalofrío atravesó todo su cuerpo, y el dolor que sentía por la muerte de su madre se fue. Supo entonces que lo amaba.

Por su puesto, en ese momento Izuku no tenía idea ni de lo primero que hay que saber sobre el cuidado de un bebé y ciertamente, aún ahora, tras años de cuidarlo, hay mañanas en que se despierta pensando que no tiene idea de que está haciendo, pero desde que se conectaron, una voz profunda comenzó a susurrar pistas que lo fueron guiando hacia la dirección correcta.

Su padre le dice que es el instinto omega, que debe estar orgulloso de tener un lazo tan fuerte con su casta, pero Izuku ha tenido experiencias con su omega, un lenguaje que no se traduce en palabras, sino impulsos, como si de pronto tuviera respuestas a desafíos que no ha experimentado antes. Esta voz se siente diferente, son advertencias, guías, y no siempre está ahí, no al menos como su omega. Le gusta pensar que es Otome escuchando las plegarias de su madre.

Hincado, deposita el incienso a los pies de la diosa para luego inclinarse hasta recostar su cabeza sobre el suelo como signo de pura sumisión.

Madre, ancestros…ya sé qué clase de pareja necesito. Debe tener salud para cultivar la tierra y que cuide de los suyos. También debe ser seguro, que su orgullo no lo obligue a alejarme de Kota. El sigue siendo un niño, me necesita y sé que sabe porque lo veo como si fuera mi hijo…- entonces Izuku guarda silencio, conteniendo sus deseos hasta que recuerda que debe ser agradecido- lo siento mucho madre Otome, espero no te ofendas con mi falta de tacto, debí comenzar por agradecer la comida que nunca nos ha faltado, las cosechas abundantes, el agua que corre por el río y los canales de riego…estoy agradecido por crear las flores que nos guían al templo, por darme un padre tan atento, un hermano tan inteligente y la salud- recitó hasta que sintió la impaciencia de la omega que esperaba su turno tras él.

Se levantó sintiéndose tranquilo, seguro de que sus deseos serían satisfechos, pues si la diosa estaba demasiado ocupada para poner atención a esta cuestión tan mundana, su padre estaría como un halcón, vigilando el menor paso en falso del alfa que se atreviera a cortejarlo. Por momentos se pregunta como sobrellevaran ese momento, cuando por fin decida formar su propia familia, y si acaso su padre habrá rezado al dios Aodht por las mismas cosas que él ha pedido.

Fuera del templo, el día es cálido aunque hay cierta brisa fresca jugando con la brisa de los árboles. Allí, mira hacia el templo del cielo y a lo lejos, bajo el umbral de la pagoda encuentra al hombre de espaldas.

Con tranquilidad lo saluda llamándolo, corriendo hacia él, pero no alcanza a llegar ahí cuando el torrente calmado y fluido de personas se incendia entre voces grabes, exclamaciones y el relinchar de un caballo bravo e incómodo que se agita cerca del camino.

Desde ahí no puede ver todavía que es lo que sucede, pero su padre se acerca dando grandes zancadas hacia él, el gesto serio y preocupado. Ni siquiera tiene tiempo de preguntar qué está pasando cuando Hisashi toma su brazo y los obliga a caminar rápido entre la gente directo hacia sus monturas.

Papá.

Tenemos que irnos ahora

¿Qué es lo que pasa?

Un emisario de las fronteras trajo malas noticias, así que debemos volver a la casa…

¿Ahora, ah, pero vamos a ir pueblo primero cierto? – con la pregunta se distrae antes de escuchar una respuesta, a lo lejos se oyen gritos de sorpresa y una buena cantidad de gente se abalanza hacia la salida como si un nuevo incendio hubiera aquejado al pueblo.

Izuku, escúchame, el emisario ha dicho que los pueblos nómades están a 3 días de la frontera oeste…- agrega y lo insta a subir al caballo.

Pero…no entiendo…pensé que la guardia

Izuku vamos, tenemos regresar a casa.

Entonces cabalgan por la colina hacia el camino principal, donde pueden ver como la noticia se propaga rápidamente entre la gente. Su padre en todo momento lo vigila, preocupado de que el pánico ponga a la gente violenta o azuce a los ladrones, pero a medida que están cerca del pueblo, comprende que la mayoría de las personas no está tan asustada por la inminente invasión sino por la seguridad de sus cultivos.

Papá, la entrada está llena de gente…tenemos que parar

No, después regresaremos por tu hermano

No papá, no podemos dejarlo solo en casa de los abuelos,

Izuku, escúchame, eres muy joven y necesito que sigas mis ordenes sin chistar, debemos ir a casa para empacar ¡Hijo! – llama cuando Izuku detuvo abruptamente el caballo y se devolvió por el camino.

¿Qué estás haciendo? ¡Izuku ven aquí!

Papá, sé que sigo siendo un niño a tus ojos, pero tengo edad para saber que antes de llegar a la frontera, la vanguardia del reino se interpondrá a los nómades, y eso solo si llegaran a ser una amenaza. - repuso mirándolo a los ojos enojado.

Eso no me importa, iremos a la casa a recoger nuestras pertenecías de valor y volveremos con Kota para ir a la fortaleza.

¿Fortaleza? ¿Papá, quieres que dejemos la casa y los cultivos? No podemos hacer eso ahora, perderemos la cosecha...

¡Suficiente! – ruge. El instinto dominante filtrándose a través de la voz de Hisashi. Izuku se encoge con la espalda rígida tanto por la sorpresa como por el miedo. - quieres ir por Kota, bien, iremos por tu hermano, pero soy el alfa de esta familia, y si te digo que cojas un caballo y te vayas, te vas. – bramó, aunque su tono se volvió aprensivo a medida que las palabras fueron dichas. La culpa lo golpeo, pero se obligó a mantenerse firme ante las lágrimas de su hijo.

Nuestra casa no irá a ningún lado hijo…- agregó. Luego dirigió el camino.

Por toda la aldea se fueron formando pequeños grupos de personas, no solo familias completas discutiendo las noticias, sino jóvenes y comerciantes que no podían evitar airearse y exigir a los pocos soldados que patrullaban la zona, que mantengan el orden a cualquier costo.

¡El rey! El rey debería haber mandado más soldados ¡es fecha de cosechas! ¿Qué pasará con las ventas al fuerte? ¡tendrán que adelantar las compras de suministros, no pueden suspendernos! – grito un hombre e Izuku no dejó de sentirse confundido. ¿Por qué su padre estaba tan asustado cuando nadie más lo estaba?

Más, pronto comprendió que no era el único alarmado. Fuera de la casa familiar, su abuelo los recibió rápidamente, cerrando las puertas con la tranca de madera tan pronto cruzaron el umbral con los caballos.

Si escuchaste las noticias era mejor que fueras directamente a tu casa Hisashi

Tu nieto no me dejo hacerlo. – y el anciano miro reprobatoriamente hacia Izuku

Debí suponerlo, entren, Kota se quedó dormido hace poco tiempo, pero es bueno que estén aquí, podré darles algo antes de que se vallan.

¿Abuelo? ¿Porque están actuando así? la guardia del rey debe estar en la frontera

Izuku, hijo hablaremos adentro- dijo el hombre y los llevó hasta la sala de estar donde su esposa los esperaba con un cofre tapizado en cuero y cajas de madera abiertas.

El omega no sabía que era lo que estaba pasando pero entre todo ese desorden reconoció los tesoros que la anciana guardaba al interior.

¡Abuela! Se supone que me los darías cuando tuviera un pretendiente.

Es una suerte que no recuerde esa promesa- repuso la anciana antes de sentarse sobre un cojín al tiempo que su abuelo la acompañaba.

¿Alguien va a decirme algo?

Sí, cariño, lo que diremos es que tú y tu hermano deben ir a pedir asilo al castillo de Yukai y quedarse ahí hasta que este alboroto pase.

Pero no podemos irnos, es tiempo de cosechas, ¿Qué pasará con la casa?

La casa no irá a ningún lado hijo, pero no podemos quedarnos ahí porque somos el segundo pueblo más cercano a la frontera. Si las noticias son ciertas, entonces los nómades iniciaran una rebelión y la guerra será devastadora.

¿Pero qué pasa con la vanguardia? Papá, se supone que ellos están para protegernos en la frontera, y todo eso está a casi una semana de aquí, mientras que la fortaleza está a 2 días de nosotros.

Querido nieto, sé que a menudo estoy hablando de las glorias de nuestro ejército- agregó el anciano- pero que no te engañes mis palabras, la frontera es una extensión de tierra llana, con miles de millas de tierra, apenas franqueada por unos pocos bosques, ríos, montes y cisternas…No es posible vigilarla de cabo a rabo. La vanguardia resistirá sin duda, se pagan buenas contribuciones para entrenar a los soldados, pero los nómades, han tenido siglos para recuperarse de la guerra del exterminio y no han cambiado su forma de actuar. A donde quiera que van, causan desmanes y casi no dejan sobrevivientes. - le explica conteniéndose de ser todavía más franco pues a menudo roban omegas para aparearse con ellos. Decirle eso solo puede asustarlo demasiado y por su experiencia, la histeria puede paralizar a un omega, sobre todo uno que no conoce lo peor del mundo.

La anciana mira los 3 en el cuarto y se apega a Izuku quien la abraza para demostrarle que no esta nervioso. El hombre mayor mira a su esposa con cierta aprensión, pero niega con la cabeza y vuelve a hablar.

Escúchenme. El vigía ha sido astuto para entregar la advertencia sin despertar el pánico. Sin embargo. Existe otra realidad. El castillo solo puede albergar a 2400 personas, entre ellas, los soldados lo que nos deja un total de 1000 cupos para resguardar a la ciudadanía. ¿están entendiendo? Deben irse incluso si los bandidos saquean su casa y las tierras con los cultivos se pudren, porque si la vanguardia llegara a fallar, todos los pueblos que rodean la fortaleza serán arrasados y las puertas del castillo se cerrarán una vez que se hayan terminado los cupos.

Izuku se muerde los labios, mirando entre su padre y el abuelo, pero ambos no están actuando en torno a una posibilidad, están asumiendo que así será.

Hijo, sé que estas asustado, pero debemos irnos ahora …en casa tomaremos ropa cómoda, el dinero que haga falta, comida y los caballos, aún si solo soy un granjero, necesitarán mano de obra.

Algo de eso no siente bien, pero nunca ha estado en una guerra, de hecho, nadie en la región ha librado una sola batalla en toda su vida, pero el abuelo era un soldado jubilado que si lucho por el país en las guerrillas Kili al norte. Si alguien sabe que hacer es él, aunque tiene que preguntar- ¿Qué pasará con ustedes abuelos?

Nos quedaremos aquí a vigilar el consejo en lo que se demoran a tomar una decesión. Además, tu abuelo, todavía puede empuñar una espada, quizás no tan bien como los soldados jóvenes, pero mejor que alguien sin experiencia

¡No pueden quedarse!

La vanguardia protegerá la frontera, como dijiste, pero debemos tomar resguardos, y aunque queramos, la fortaleza no dejará pasar a dos ancianos. No vale la pena.

¿Abuela? - la mujer levanta la cabeza y lo mira a los ojos con una sonrisa, luego agita la cabeza.

Yo me voy a quedar con tu abuelo, no nos quedan tareas pendientes pero tu – dice tomando el rostro de su nieto entre sus suaves manos- tienes que seguir adelante, para que puedas contar tus propias historias cuando seas tan viejo como yo, para que luego tus hijos y nietos busquen su propio camino. Así siempre han sido las cosas, y así deben ser. – Izuku lloró pero aceptó que tenía razón, en parte todavía se aferra a que nada malo pasará. Entonces se secó las lágrimas para luego besar la frente de su abuela, se da cuenta que no vale la pena llorar por cosas que todavía no han pasado.

La mujer lo abraza por la cabeza, despeina su cabello para animarlo y luego toma el cofre tapizado en piel. Dentro hay una piedra redonda de color verde oliva con forma de gota de agua y un emblema de metal parecido a una moneda, pero mas grande.

Este es un magatama, con el símbolo de otome en él. Es Jade Izuku, así que guiará tus pensamientos por el buen camino. Era para que pudieras iniciar tu hogar con un alfa, puedes venderlo, no me importa, pero esto de acá- dijo entregándole la moneda grande, gris como la plata, grabada con un pájaro entre otros detalles que se han perdido por el óxido- No importa lo que suceda, jamás te separes de este…Cóselo al reverso de tu ropa y nunca olvides que lo tienes, es el emblema de nuestra familia.

Izuku asiente curioso por que su familia humilde tenga ocultos tesoros como ese- ¿De dónde sacaste jade?

Es la herencia de mi padre, Yamikumo. Quien recibió el regalo del suyo. Yo se lo di a mi pobre Inko, pero ya vez, murió antes de darle un uso. Se supone debe honrarse con una ceremonia, pero esos conocimientos se perdieron antes de que la piedra llegara a mis manos, así que supongo que ahora puedes usarlo como prefieras, tu abuelo y yo siempre pensamos usarlo como dote para ti en un futuro.

Esto también es para ustedes, dijo el anciano y les extendió un cuchillo largo acanalado a Hisashi y una daga corta a Izuku.

téngalos a mano, cualquiera que se acerque a ustedes puede ser un ladrón así que eviten aglomeraciones, protéjanse a ustedes mismos y los caballos, pero no duden en desprenderse de sus pertenencias si así preservan la vida.

A menos que sea la moneda. Queridos, no pueden perder la moneda

Cariño por favor

No lo perderé abuela, y volveré para devolvértelo, - dijo Izuku abrazando a su abuela y respirar su olor solemne en despedida.

Con los dioses mediante Izuku, ahora deben irse con el cachorro. Y no lleven más de lo que puedan cargar en brazos, ese camino será largo

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Para el momento en que logran cruzar la avenida principal, Izuku se da cuenta de que ahora hay más gente asustada, algunos cargando caballos y las carretas con pertenencias. Otros sólo llevan verduras y frutas. El resto va a pie.

Su padre inca espuelas e Izuku lo sigue de cerca sin perder de vista los jinetes que le siguen detrás, pero se desvían a hacia sus propias tierras.

Ya en casa, Izuku corre directo a su cuarto para desvestirse a paso veloz, tomar el kimono y guardarlo en su caja mientras el pequeño kota lo mira entre intrigado y asustado. Su padre en cambio toma dos bolsos de cuero para llevarlos a la cocina. Allí los llena con alimentos, e insumos que podrían necesitar en el viaje de casi dos días hacia la fortaleza.

Mientras tanto Izuku esconde los trajes ceremoniales en el entretecho, toma su ropa de trabajo y se viste con ella, luego agarra la capa que usa en invierno y revisa sus costuras ya que tiene unos cuantos años de uso. Entonces comienza a coser, primero refuerza la capulla de la capa y luego cocer bolsillos en un chaleco, para guardar el sobre de cuero que le dio la abuela temprano en la mañana, la magatama y la moneda.

Por un momento se detiene a mirar la pieza de metal, el pájaro tiene rastros de un tinte azul, aunque podría ser una mancha o suciedad de otra cosa, pero por el reverso puede distinguir palabras inconexas entre el óxido negro: Hijo del este, semillas y una silaba que podría corresponder a cualquier cosa.

Hisashi entra al cuarto con retazos de tela, su chaleco y monedas de plata. No tiene que explicar que quiere, Izuku le quita las cosas de las manos para comenzar a cocer un bolsillo.

Voy a cargar los caballos y trancar las puertas ¿te falta algo?

No, kota ya está listo, pero esa manta de ahí es ligera creo que podemos llevarla

La pondré bajo tu montura- dice tomando la manta de lana, luego mira a su hijo menor y piensa que será un problema si por la noche no soporta dormir a la intemperie- has que kota se ponga otro chaleco encima- entonces se va, sus pasos resonando pesados por las escaleras.

Un momento después, ambos hermanos salen de la casa. Afuera el clima es incluso más cómodo que en la mañana, solo unas pocas nubes cruzando los cielos. Izuku se concentra en el campo, las plantaciones de fresas, el bosque de duraznos en flor al fondo y la huerta con las verduras que consumen en casa, Todo era fruto del arduo trabajo familiar y lo estaban dejando atrás.

Entonces intenta imaginar toda la vida que conoce quemada y arrancada de cuajo como cuentan las viejas historias, pero no puede. Este es todo el hogar que ha tenido y quiere creer que este será el único hogar que conocerá. Que nada malo va a pasar.

Al bajar la vista, cae en cuenta que toda esta locura podría durar un tiempo largo, así que corre al corral de las gallinas. Ahí toma un saco de granos y le hace un hoyo para que las gallinas puedan comer cuando no estén y deja abierta la puerta para que se vayan al campo a pastar. Si vuelven o no, no es un problema, normalmente siempre las dejan salir hasta el anochecer que es cuando regresan solas porque saben que esa hora Kota les lleva la cena.

Metros más allá, el balido de los 3 corderos que tienen se queja del encierro por toda la mañana y al igual que con las aves, les abre la puerta mientras deja a su alcance el alimento.

Hijo justo iba a hacer eso ¿Falta algo?- dice Hisashi ayudando a cargar el forraje

No papá, estamos listos- Entonces se arregla la ropa y camina hacia el establo

Allí el niño está esperándolos inquieto, pero Izuku le sonríe ampliamente antes de subirlo a su caballo. Su padre monta el suyo cargando dos bolsos de cuero, uno a cado lado de la montura. - Izuku, esta mochila tiene algunas cosas, pero lo de mayor valor lo tengo yo, así que, si algo pasa, deja que se pierda. Ahora, tenemos que seguir adelante por el camino principal, pero a la menor señal de problemas quiero que corras lejos de mí y del peligro.

Pero no sé como llegar a la fortaleza, sé que hay un camino cerca de los molinos, pero- el alfa niega con la cabeza

Eso está demasiado cerca de los campos de maíz. No me gusta ese lugar, hay todo tipo de peones, mucha gentuza del norte y ningún lugar donde esconderse. Además, el castillo está río arriba, cruzando los cerros gemelos. Es la ruta más corta. De hecho, es lo que haremos, evitar los caminos principales e ir por un sendero en el Monte menor, nadie lo usa porque es tierra blanda, pero yo sé cómo pasar, lo hice muchas veces en mi juventud y es una zona segura

Con eso espera apaciguar las dudas de su hijo, pero quizás más adelante tenga que ser más franco, si insiste. Los campos de maíz son conocidos por contratar peones sin preguntar, así que no es raro que haya prófugos de la justicia sin mencionar que de ahí salen la mayoría de los bastardos de la región.

Es solo precaución, no dejaré que nada les pase- promete con una sonrisa.

La familia pasa por el camino principal y justo como lo advirtió su padre, hay mucha gente abandonando sus tierras. Las carretas y transeúntes ya atochan todo el ancho de las distintas avenidas accesorias para llegar a la avenida principal que conecta todas las granjas de la frontera con el pueblo.

El alfa, sin embargo, no se impacienta, en su mente sabe bien como rodearlos sin perder más tiempo puesto que en sus 20 recorrió toda la región empleándose en cualquier cosa que le asegurara un techo hasta que conoció a Inko y supo que debía volver a la granja familiar para tomarla como esposa.

Sin mediar palabras, toma las riendas del caballo de su hijo y los desvía por el canal de regadío de los Takejiko, luego los lleva entre los árboles que rodean la propiedad, cruzan las sarsas y de nuevo terminan directo en la avenida, en un tramo más despejado donde pueden retomar la marcha hacia los cerros gemelos.

Poco a poco se unen más y más personas, pero mientras unos siguen sus pasos la mitad se desvía hacia el pueblo o siguen derecho hacia el norte.

El patriarca, le echa una mirada de advertencia a su hijo, quien inmediatamente sostiene la daga al comprenden casi al mismo tiempo que de pronto hay demasiados hombres y ningún soldado a la vista. La mayoría parece preocupado, perdidos en sus pensamientos mientras caminan, probablemente sopesando que perderán las cosechas, pero otros no ocultan el interés por los caballos, siguiéndolos con la mirada.

Un grito se escucha a lo lejos, asustando las yeguas. Hisashi se pone en guardia solo para ver como un hombre cae muerto de su montura a metros de ellos, con una flecha en el cuello y ningún agresor a la vista entre el tumulto de gente.

Rápido, Hisashi libera una fuerte carga de feromonas amenazantes haciendo que la gente del camino se aparte de ellos asustada. Padre e hijo espolean fuerte los caballos y corren antes de que la marea del terror los alcance e impida el paso.

¡Bandidos! - grita alguien y la gente forma una avalancha de cuerpos que casi los detiene.

Hisashi, inmediatamente golpea fuerte a Kora, el caballo de Izuku, en sus cuartos traseros para que no frene por la gente que tiene delante. Si le dan tiempo el caballo se encabritara y tirará a sus hijos. La yegua se queja por el golpe y se impulsa hacia adelante atropellando a quien se cruce por el camino mientras Hisashi franquea su espalda sin importar la gente herida que dejan atrás.

¡Papá esa genta!

Sigue adelante. Ya comenzó – grita con autoridad para luego guiarlos lejos del peligro. Lo ultimo que entre el tumulto son un grupo de hombres peleándose por el caballo.

A la primera oportunidad los saca de la avenida principal, tierra adentro, por un campo sin trabajar. Se mantienen ahí hasta que ya no pueden escuchar los gritos. Izuku intenta identificar donde están, y aunque pregunta, Hisashi no responde, en cambio, tampoco pierde el ritmo. Su rostro se mantiene seguro y enfocado en la dirección que están siguiendo. El piensa que, si le da tiempo a Izuku de pensar en el hombre asesinado sobre su caballo, y en como pasaron por encima de la gente, la angustia lo dominará retrasándolos.

Allá- grita de pronto el alfa apuntando hacia la enorme masa de tierra cubierta de árboles- esos son los cerros, podemos llegar por aquí, no debería haber nadie cerca, porque son las tierras de barbecho de los Kato, no te distraigas y prepárate para saltar vallas.

Izuku entonces, enfoca la vista hasta la sombra del cerro mientras deja que las lágrimas se sequen con el viento. El creía que conocía a esas personas, porque creció alrededor de ellos, pero estaba equivocado otra vez, ellos estaban dispuestos a matarse unos a otros con tal de sobrevivir a una guerra que ni siquiera comenzaba.

Sin darse cuenta, tiene un brazo alrededor de Kota y él se aferra con los ojos cerrados para evitar llorar y gritar. Tiene miedo, el pensó que iban a pasear, se entusiasmo con ver un castillo, pero ahora quiere irse a casa o quedarse con los abuelos, pero su padre tiene ese olor y sabe que no se tomara bien su pedido.

- Hijos, pase lo que pase deben mantenerse por el sendero viejo que recorre la cintura del cerro menor, el más chico. Luego, descenderemos cuando estemos en medio del bosque, nunca en la pradera ni a orillas del río. – medio grito mientras baja velocidad y se acoplaba a la izquierda de Kora, el caballo de Izuku.

Papa esos hombres

No importa, pase lo que pase padre estará franqueando tu espalda ¡Izuku!- grita cuando un caballo negro y grande sale desde unas zarzas galopando demasiado rápido para ser un caballo ganadero. Su jinete es un alfa despidiendo feromonas de dominancia y no viste como un peón o soldado.

Hisashi, ruge y desvía directo hacia el hombre para interceptarlo, al tiempo que Izuku grita y espolea a kora casi en el mismo segundo que la orden de su padre lo despierta del pánico "¡Véte ahora!".

Kora corre en forma recta, salta una valla que les cruza y mantiene la marcha de forma tan irreal que Izuku se sumerge demasiado en la impresión de haber logrado esa proeza. Tiene que recordarse guiar a la yegua directo al cerro mientras vigila sus flancos en busca de nuevos maleantes que intenten interceptarlo o de su padre que ya está a la vista.

El niño llora de terror e Izuku lo insta a callarse por miedo a que su voz los delate frente a nuevos bandidos. El caballo corre, ahora solos, bajo un súbito silencio, la oscuridad de la avenida de árboles cerniéndose sobre sus cabezas. Mas, a medida que se acercan a su destino, Izuku deja de ver el mutismo del campo abierto como un signo de seguridad cuando se da cuenta que su padre está demorando en alcanzarlos.

¡mi papá! ¿Dónde viene? – insiste kota, trayéndolo a la realidad. Izuku entonces se traga la pena mientras le seca las lágrimas a kota con la manga de su ropa antes de retomar marcha hacia el camino viejo ataviado de pasto y piedras hundidas en barro y hojas secas.

Papá – contesta perdiendo la voz, agobiado por la idea frenética de quedarse solo en el mundo- papá vendrá cuando pueda, solo está cuidándonos la espalda para que los hombres malos no nos sigan. - agrega mientras se muerde los labios

Ya sólo le queda la fe.