Capítulo 5: El cielo se teñirá de rojo

Una de las primeras cosas que nota Kirishima tras de terminar su ronda de vigilancia, es que Bakugo está comiendo lejos de los demás, sentado contra su caballo. Lo segundo que nota es que el omega está apoyado contra el cuerpo de Kyoka quien lo ayuda a beber agua mientras Tokoyami alimenta al niño.

Claramente algo pasó mientras estaba fuera, Katsuki tenía esa mirada oscura que le advierte que es mejor dejarlo solo para pensar, así que se sienta junto a Mina quien le ofrece una porción alimentos antes de que se vaya a descansar.

Mientras se alimenta, observa que el omega prácticamente se desmaya en el suelo. Kyoka lo ayuda a recostarse y lo cubre con una manta que no había visto nunca. Probablemente era la misma que estaba entre las pertenencias de la yegua enana que atrapo antes. El niño también se mete debajo de la cobija murmurando un bajo gracias. Luego Tokoyami abre una estera de paja y se acuesta en el espacio que queda sobre las cabezas de los dos prisioneros.

- ¿Puedo saber que ocurrió? – pregunta en voz baja hacia Mina.

- ya sabes cómo es Bakugo, solo esta gruñón- responde encogiéndose de hombros, Kirishima lejos de calmarse insiste.

- Vamos Mina, que hizo el omega.

- Nada…él lo interrogó sobre porque estaba aquí en primer lugar.

Kyoka frunce el ceño, mirando a Mina con reproche. -Kirishima tiene derecho a saber - espeta acercándose hacia ellos.

-Saber qué. – pregunta mirando el rostro de incomodidad de los demás.

-Bueno- comienza la joven mientras se planta frente a él- Resulta que el niño es un "bastardo" y por eso ahora no le interesa el omega. -simplificó sin perder el rastro de la mirada de Kirishima.

El pelirrojo abre la boca y vuelve a cerrarla, incapaz de creerlo, pero al notar las expresiones del resto tal parece que así fue. Luego mira hacia Bakugo, quien está demasiado lejos para escuchar la conversación del grupo y una sensación amarga se anida dentro de él. Katsuki es un hombre orgulloso, pero es hijo de la verdad del este, y su hermano de armas así que se niega a creer que eso fue todo lo que pasó.

Sin embargo, al día siguiente la historia no es muy diferente, Katsuki rechaza todo contacto con Izuku y Kota (Mina le dice como se llaman). Tiene que preguntar, pero este no es un buen momento. Están a menos de medio día de la ubicación en que deben encontrarse con Mitsuki, lo que significa que en cualquier momento podrían encontrar una vanguardia rondando la zona. Además, la lideresa tendrá muchas cosas que decir a su llegada, luego de que enviaran la carta de Mirio Togata, con Ojiro sin compañía.

Justo como pensaron, son interceptados por los exploradores de la tribu. Se ocultaban entre los árboles a la espera de encontrar dagobenses desertores o espías, pero tan pronto reconocen la bandera que portan, salen de su escondite para darles una bienvenida tensa. Nadie cuestiona el hecho, principalmente porque ya tienen una idea del porqué. Se supone que debieron llegar hace 2 días, para confirmar ciertos términos de alianza con los clanes del sur, una vez que estos ratificaran su lealtad con Mirio, ya que, para ese momento, todavía no era nombrado formalmente como el Kahn de la tribu de los nómades del rigor del sur.

Lo habrían conseguido hace días, de no ser porque los grupos de vanguardia cometieron un error que casi les cuesta toda la estrategia para dividir y desviar las tropas dagobenses que vigilaban la frontera.

Dagoba a través de los siglos anexo reinos vecinos, los cuales al momento de la conquista perdieron su identidad para ser anexadas en uno de los 3 territorios: región norte, región central y la región sur agrícola.

Entonces, por el norte habitan burgueses que organizan los campamentos mineros para abastecer al imperio de hierro, cobre y otros minerales. En la región central se ubica la capital amurallada donde se asienta el palacio y pequeñas provincias campestres que abastecen la ciudad con grano y otros alimentos. Luego viene la región agrícola que es una vasta extensión de tierra fértil, con grandes prados y fuentes de agua ideales para el cultivo, pero también está llena de accidentes geográficos como bosques, montañas, montes y ríos, haciendo muy difícil para el imperio mantener su territorialidad, en especial cuando cada pueblo esta tan separado de uno de otro, haciéndolos vulnerables contra saqueos. Esa debilidad se reparó en parte con la creación de las torres de vigilancia fronterizas y los castillos o fortalezas. Pero con el pasar del tiempo y la falta de guerras, las fortalezas perdieron utilidad y comenzaron a usarse prácticamente como depósitos de grano y otros recursos que luego son comercializados en la capital.

Sin embargo, pese a la antigüedad de estas construcciones y la difícil comunicación entre cada región, los castillos por mucho tiempo se consideraron un obstáculo infranqueable, porque incluso si sus ocupantes fueran apenas unas cuantas centenas, esa cantidad de soldados era suficiente para defender el castillo debido a los arqueros.

Mucha sangre nómada fue derramada por culpa de esos gigantes de piedra, debiendo resignarse a ofrecer largas y penosas guerras de desgaste, donde todo lo que les quedaba era sitiar el castillo por meses hasta que los soldados dagobenses murieran de hambre. Pero ahora, tras siglos de adquirir nuevos conocimientos y hallar formas para incorporar ingenieros al interior de sus clanes, han logrado crear un arma que promete derribar las puertas de cualquier castillo, solo necesitan un poco más tiempo y ganar la primera batalla que se avecina.

No mucho tiempo después de ser rodeados por el grupo de exploradores, Izuku puede ver el fin del bosque y un horizonte de humo sobre formas blancas. Poco a poco la perspectiva de la tierra le permite ver qué es lo que se oculta más allá de las lomas del páramo, reviviendo sus miedos, o más bien cumpliendo las profecías que su abuelo advirtió antes de que abandonaran el pueblo. Su corazón de agita de miedo cuando reconoce una hilera interminable de carpas, cada una alojando al menos 10 personas y son tantas que no puede ni si quiera imaginar cuantos salvajes pueden haber reunidos ahí.

Por los alrededores del campamento hay tanto ajetreo que nadie repara necesariamente en ellos. Las carretas con suministros se ordenan en fila mientras algún hombre desengancha los caballos, las cajas de madera atiborradas con alimentos se apilan unas sobre otras, fogatas humean moribundas bajo los trípodes que sostienen ollas sucias por hollín, mientras que encuentra una que otra mesa pequeña cargada con cascos de metal. Un grupo de jinetes pasa trotando frente a ellos, siguiendo toda la extensión del campamento mientras otro grupo de soldados monta guardia cuidando las jaulas, o va acarreando armas hacia el interior de las carpas.

Sin darse cuenta, Izuku comienza a hiperventilar aterrado de lo que quieran hacer con ellos una vez que pisen el suelo de ese lugar. Sero, inmediatamente identifica el cambio en la respiración del omega junto a las lágrimas silenciosas que caen por su rostro, le preocupa que haga algo estúpido como saltar del caballo, por lo que rodea su cintura para contenerlo mientras le dice que nadie va a montarlo.

Izuku jadea ante las palabras dichas por el hombre, se muerde los labios al tiempo que su estómago se hunde, porque eso era lo último que necesitaba oír, no lo había pensado.

Los caballos se detienen dentro del mismo campamento, y rápidamente Sero se baja de su caballo para ayudar a Izuku a bajar, pero lo rechaza y en su lugar se lanza al piso y aparta de él. Los demás atan las monturas a un poste que encuentran clavado en el piso, pero aunque todos notan la palidez enfermiza del omega, Tokoyami es el único que finalmente le habla.

- Sé que tienes miedo, pero guárdalo para ti o te quitarán al niño.

Izuku lo mira de reojo, tiene ganas de vomitar, pero de nueva cuenta se traga sus emociones cuando siente una presión contra sus piernas, al bajar la vista encuentra el cabello negro de su hermanito. La vista es suficiente para adormecer el dolor y el miedo, tiene que ser fuerte por ambos y por la diosa hasta ahora se da cuenta que lo peor todavía no ha pasado.

Quiere convencerse de que al menos no tienen planeado nada para Kota, pero no está listo, ¿Se enojaran con él si pregunta que pasara ahora con ellos…con él? Su rostro se enfoca en Tokoyami, pero, aunque separa sus labios, su boca se niega a liberar ni siquiera un sonido. Tokoyami, endurece la mirada, un poco de su olor se filtra, pero no es amable sino duro, casi juicioso, sabe que el otro omega esté al borde de la histeria, pero el niño necesita que su madre se mantenga firme, o algo peor ocurrirá si de pronto Bakugo lo escucha llorar otra vez.

-Escúchame, Bakugo no es un imbécil todo el tiempo y ahora que estamos aquí no los separará, no tiene motivos para eso. -promete con cuidado y la voz baja. Pero lo cierto es que ni siquiera él sabe que pasa por la mente del Alfa. Lo correcto o más bien el procedimiento común, era abandonar a las crías con los progenitores y traer solo omegas sin marca para aparearlos, pero esta era la primera vez que estaba frente una situación así, donde la propia madre era el omega sin marca. En parte, esta agradecido de las cosas se dieran así, no está seguro sobre como habrían reaccionado él mismo o Mina si Bakugo hubiera ordenado abandonar al niño en el bosque, puesto que ellos han gestado crías propias.

Izuku agacha la cabeza y asiente tras procesar lo dicho por el omega, pero no puede evitar estremecerse cuando escucha la voz de Katsuki bramar órdenes desde lejos. Ahora le preocupa que lo que quieran hacer con él suceda frente a Kota.

-Llévenlos a las jaulas …- grita Katsuki dando largas zancadas hacia ellos, pero al mirar de cerca a Izuku nota que luce más pálido de lo que recordaba, tiene ojeras oscuras empobreciendo sus facciones y el sudor recorre sus sienes, frente y cuello. -olvídenlo, antes presenten a éste con algún sanador. Si se ponen curiosos sólo díganles que lo encontramos de camino aquí. No necesitan saber nada más.

Tokoyami asiente y rápidamente toma a los dos por el brazo, dándose por aludido para sorpresa de Katsuki. Tokoyami es el que tiene el rango más alto dentro de la manada, por lo que esperaba que lo acompañara directamente en la reunión con su madre. Mientras lo observa irse, el cenizo se encoge de hombros- Mina acompáñalo…Luego quiero a todos en mi carpa para comer y contarles la mierda que ocurra con mi madre. – La chica asiente y se va trotando para alcanzarlos

- ¿Todavía estas enfermo? – dice Kota sosteniendo la mano de Izuku

- No – contesta él mientras se esfuerza para sonreír, pero sus labios se tuercen en una mueca extraña- Vamos a estar juntos ahora. – agrega tomando aire profundamente, intentando olvidar que lo violaran tan pronto entre dentro de una carpa.

Katsuki los vigila un momento en la lejanía, pero de nueva cuenta el niño le produce un montón de sensaciones desagradables difíciles de controlar. La mitad de ellas se relacionan con su madre. No va a decirlo nunca, pero inicialmente pensó que era admirable la tenacidad e inteligencia del omega, incluso si es un llorón y al final no logró escapar, el chico demostró que no es un peso muerto como los otros omegas que conoció estas dos semanas por la región, sin mencionar que es inteligente, pero quizás juzgó mal su vitalidad.

Toda la vida siempre supo que los omegas de Dagobah son débiles y en este minuto, una enfermedad contagiosa podría ser un flaco favor para todo lo están por hacer.

Apesadumbrado, se retira rumbo a la carpa de Mitsuki arrastrado sus pensamientos. "Si no sobrevive, al menos sabré que no es la pareja que me han predicho". ¿Pero si lo hace? Dice una voz desde el fondo de su mente, entonces estará frente a un verdadero problema. Izuku no solo es un extranjero, sino uno que no podrá contribuir a ninguna de sus ambiciones. El niño es prueba fiel de que falló en protegerse a sí mismo, y sin duda fallara en proteger a otros si todo lo que tiene a su favor es su inteligencia. Incluso si decidiera aceptarlo, ni siquiera él puede evitar que su padre lo someta a las mismas pruebas que pasarán los demás para demostrar si pueden o no sobrevivir la vida cambiante y dura que los nómadas llevan sobre sus caballos, sin mencionar que conoce a Masaru y será especialmente duro con Izuku de notar su interés en él.

Mientras camina, tras él va el resto de la comitiva a excepción de Eijiro quien pide permiso para ir a descansar directamente. Katsuki lo mira con curiosidad y cierto deje de preocupación, pues siempre se pega a él cómo una sombra. Además, no han hablado mucho desde que todo el embrollo con el omega sucedió, lo cual es extraño considerando que estuvo muy curioso por saber porque había decidido cazar a Izuku.

Suspira cansado, sea lo que sea que le esté molestando, no es un asunto que pueda ni deba resolver ahora mismo, así que lo deja ir y cómo pocas veces le palmea el hombro amistoso, recibiendo una pequeña sonrisa de parte de Eijiro.

Sin sus dos capitanes, se da cuenta que no tiene sentido retener a Kyoka y la despacha para que se vaya a descansar.

Ni siquiera tiene que pedir direcciones para saber dónde se encuentra su madre porque su morada no es una carpa como las demás, sino una yurta. A su alrededor, los estandartes de todas las tribus nómades están alzados en mástiles de madera mientras ondean contra el viento. Las pieles que cubren la casa tienen grabados 13 escudos, uno por cada criatura mística desenmascarada por Eutuken, la gran diosa omega. Cada escudo encierra la forma de un animal, pero es casi imposible distinguirlos porque están veladas por marcas de quemaduras.

La entrada está custodiada por una omega y una beta que lo recibe con un asentimiento. Katsuki toma un respiro y se inclina con respeto ante la mujer que lo espera impaciente sobre una silla tapizada con piel de oveja y lino.

-A mala hora llegas aquí- saluda la mujer de brazos cruzados, mientras observa el talante enojado de su hijo.

-Puedes culpar a la avanzada, se adelantaron dos días al plan y casi no pudimos cruzar las llanuras por su incompetencia, por poco hacen que la fortaleza se acuartele antes de tiempo- espeto Katsuki, más la mujer se encogió de hombros.

-Siendo honesta pensé que te adelantarías al menos un mes, pero debí suponer que Yagi no te pondría fácil la batalla de dominancia. - La mirada de Katsuki se incendió con incredulidad y ella se burló- Lo importante es que estas aquí, y que no has manchado el nombre de mi casa.

Los ojos del cenizo se estrecharon hasta ser una rendija - Exijo saber cómo es que lo sabes.

-No estás en posición de exigir nada mocoso, no todavía. - advierte con una sonrisa divertida, sin embargo, todavía le responde- Mirio envió un halcón de guerra y este llego aquí mucho antes que tus pies torpes regresaran a casa con el mensaje que necesitaba.

- ¿Esperas que crea que el halcón te encontró aquí sin una guía?

- Claro que no tonto, pero si dejas la ira de lado, hallarás la respuesta.

Katsuki se acomoda mejor en el asiento mientras se relame los labios resecos.-Ese infeliz ya había preparado a su avanzada antes de que yo confirmara el ataque- acusó el cenizo y la mujer se rio con fuerza.

-Un movimiento casi temerario, pero iniciar la guerra no es su lugar. Ese honor no le corresponde a nadie más que a nosotros. Así que, el resto de ellos estarán aquí mucho antes de lo que esperamos y con un tributo para mantener las apariencias.

- ¿Fue Mirai quien lo aconsejó? Ese viejo zorro dice que se retirará, pero todos lo saludan antes que a Mirio, y luego a Tamaki…Nada se mueve sin que lo sepa…fue un maldito infierno estar ahí, no podía caminar sin sentir que alguien estaba mirando mi espalda. ¿Saben esos idiotas que los pueblos de la frontera solo tienen Betas?

-Creo que en realidad no les importa, o más bien puede que Mirai haya visto algo que no nos ha dicho todavía- expresa la mujer encogiéndose de hombros, ella sabe que él omega es en realidad muy astuto, jamás mueve una pieza sin saber el resultado por ende solo tiene que esperar a que el hombre llegue para interrogarlo- Así que por el momento todo sigue igual, los hijos del rigor del Sur arrasaran con los pueblos que rodean el bosque, mientras nosotros aseguramos Yukai sin que caiga o se derrumbe un solo muro. – agrega, mientras toma una copa con licor para entregársela a Katsuki.

El alfa acepta la copa y la vacía de un trago - ¿Me harás pelear? - dice limpiándose la boca con la mano.

- ¿El viaje te dejó agotado?- se burla la mujer.

- Sabes que no…pero pensé que me darías tiempo para afilar mi otra espada

- Deja que las betas se encarguen de eso. Mañana el cielo se teñirá de rojo y la fortaleza cerrará sus puertas para que podamos exterminarlos desde adentro. Así se hará y nuestra sangre derramada será pagada, como Otuken me ha exigido en mis sueños hijo mío.

Por continuar