Capítulo 9: Un cuento antes de la tormenta

Cuando los rehenes de las jaulas despiertan, la tierra tiembla en medio de la brisa que trae sonidos robados de carretas y caballos. Hay gente de todo tipo desarmando las carpas, pero nadie se siente aliviado al ver desaparecer el campamento militar, porque al mismo tiempo cientos de guerreros van pasando, cargando cosas en carretas, otros empuñan espadas y lanzas guiando compañías pequeñas por la región, pero siempre se dirigen a la misma dirección, el norte.

Inmediatamente Izuku se levanta, esquiva las preguntas de Kota para saber porque estuvo llorando de nuevo y en cambio, se justa la ropa para luego agacharse frente a su hijo. Sus manos toman sus zapatos para justarlos bien a sus pies y meter sus pantalones dentro.

Kota se enoja cuando Izuku no le dice porque tiene lagrimas secas en sus mejillas, ni porque sus ojos se ven tan cansados y rojos, así que hace algo que solo vio una vez con su padre.

Izuku jadea cuando siente el olor leñoso junto a las manos pequeñas de Kota. Ambas descansan sobre su rostro, mientras lo observa serio. – Iz..Mamá, no pasa nada ¡No estoy asustado, entonces tu tampoco!- el omega esboza una sonrisa rara, tanto por el nombre como por el aroma que hace cosquillas en su nariz. El olor le recuerda a su padre, madera, nuez moscada y flores. Entonces se rinde a sus emociones y descansa la cabeza sobre el hombro de su hijo, nostálgico y feliz, porque esta es la primera vez que puede oler sus feromonas como alfa y porque hay cierta liberación cuando se da cuenta que siempre quiso escuchar esas palabras al tiempo que tenía miedo de eso.

-Lo siento mucho, soy yo el que tiene que cuidarte

-No todo el tiempo- se queja Kota mientras lo abraza para ocultar las pequeñas lagrimas que se le escapan- padre dijo que ya soy grande.

-Es verdad, estas creciendo mucho– dice Izuku limpiándose las lágrimas y los mocos, Kota refunfuña y se queja que es asqueroso, pero igual se acomoda y lo abraza tanto como lo permiten sus brazos.

Izuku acuna su cuerpo mientras se regocija en las feromonas de su hijo, deseando memorizar a fuego en su mente este momento, en que el niño por fin deja atrás el olor de sus padres para ser su propia persona. Por un momento casi lo olvida, la vida de ambos termino en el mismo momento en que fueron capturados en el bosque, así que ahora, aunque sea doloroso disfrutará de cada momento de paz mientras puedan.

Las horas pasan sin que nadie explique qué está pasando, pero a su alrededor las carpas desaparecen, y con ello ven grupos de omegas portando espadas, jóvenes de diferentes castas acarreando bultos hasta que solo quedan las carretas que avanzan con la carga de las carpas y provisiones para la guerra. Trabajaron rápido y antes de que puedan sospecharlo la primera jaula comienza a ser desalojada.

Una beta los saca de a uno por vez para atar una soga a sus cuellos a modo de collar, con un cabo largo que luego usan para amarrarlos a una vara de unos 3 metros tirada en el suelo. Cuando terminan, los obligan a levantar la vara y ponerla sobre un hombro, luego los hacen marchar en fila. Al llegar el turno de Izuku, madre y cachorro se tensan, asustados de que esta vez vallan a separarlos. Uno de los soldados bufa molesto, tiene la espalda ancha y es bastante grande pese a su casta, es el primero en acercarse a ellos con una cuerda en la mano, mientras otro los rodea por detrás.

-Ataré al mocoso a tu pierna, pero si se cae, llora o intenta escapar, yo mismo me encargaré de él- dice gravemente. Izuku descubre su cuello ante el tono de voz y acepta las condiciones. La cuerda que los une los separa por poco más de medio brazo, pero es suficiente para que puedan caminar sin estorbarse mutuamente.

El sol se extiende alto, cálido, repartiendo energía a los cuerpos entumidos por el miedo. La hierba y las flores de finales de primavera se mecen con la brisa cálida y ellos transitan entre sus hojas. A veces la hierba es áspera otras son frías, húmeda con el rocío de la mañana.

Izuku se distrae con el paisaje y los murmullos distraídos de Kota.

A su lado el niño salta y escupe cuando el pasto se le mete a la boca por ser demasiado alto, a veces se tambalea aburrido. Izuku cambia de hombro con que tiene apoyada la vara para empujar con el codo al niño llamando su atención.

- ¿La abuela alguna vez te contó la historia de Gogo y Yamikumo en las tierras perdidas?

- No- dice apegándose a su costado para escucharlo mejor

"Cuenta que, hace muchos siglos atrás, medio reino fue destruido por la guerra y el odio. La gente sin esperanza veía con horror las cenizas en los campos y las montañas, bosques enteros derribados y quemados hasta las raíces, pero en medio de esa desolación sobrevivió un pequeño bosque de manzanos y ciruelos brillando y rebosantes de frutos. En ese bosque, había un árbol esplendoroso, el más grande y rico de todos, donde termino rendido de cansancio un joven omega llamado Gogo. Parecía que iba a morir tras sobrevivir a la guerra, pero el árbol que era habitado por un espíritu se apiadó de él y le propuso un trato: curaría sus heridas y salvaría su vida, a cambio de que Gogo plantara semillas de Yuei allá donde los sobrevivientes de la guerra estuvieran perdidos, de no hacerlo, tendría que volver a él para hacerse uno con el bosque. El omega adolorido, aceptó y el árbol lo acunó con su cuerpo, sumiéndolo en un sueño que duró vaaarios años…"

"Te vigilare con ojos de mirlo. Cantó el espíritu mientras Gogo perdía la conciencia…"

En ese momento, Kota tomo la mano de Izuku preguntándose si esa guerra seria la misma batalla que su abuelo hablaba casi sin parar cada vez que iban de visita. Iba a preguntar, pero cuando sus ojos encontraron el rostro apacible y maternal, el sol iluminaba las pecas dulces desperdigadas en las mejillas de Izuku.

Entonces toca sus propias mejillas recordando las veces que Hisashi había alabado las pecas de Izuku con adoración, entonces se preguntó si su padre lo habría querido más de haber nacido con ellas también.

"Un invierno". Continua Izuku, ajeno a la mirada intensa del niño. "Un leñador apareció en el bosque, estaba buscando el árbol adecuado. Ojalá grande, seco, sin habitar. Uno muerto, para no ofender a ningún espíritu del bosque. Así que caminó un largo trecho sintiéndose observado, pero el leñador era joven e inocente así que no se preocupó demasiado por el escalofrío que le provocaban esas tierras místicas…De pronto llego a un claro rodeado de flores donde un árbol de ramas torcidas, y sobrecogido en sí mismo como un enorme nido de pájaros, soltaba la última hoja verde de vida. Este es el indicado, pensó y dio el primer golpe con su hacha, pero retrocedió, el corte liberó un olor dulce que emanaba de las astillas del tronco. Curioso, dio otro hachazo y el olor se hizo un poco más fuerte, pero en medio del estruendo, un eco reboto de sus profundidades acusando que estaba hueco. Con cuidado, volvió a cortar el tronco y…"

- ¡Encontró al omega!- grito Kota sacando risas entre todos los que habían comenzado a escuchar la historia. Entre ellos un hombre alto, muy delgado de mirada penetrante y hundida.

Izuku lo miró de reojo y afianzo su lazo con Kota. No era un rehén, pero tampoco un beta, nunca lo había visto antes y su ropa eran diferentes al uniforme que portaban sus vigilantes. Se preocupó.

El hombre le devolvió la mirada y silenciosamente se quedó atrás, lejos de su campo visual. A pesar de esta primera impresión, Izuku tuvo la sensación de que el hombre estaba un poco avergonzado de ser descubierto, pero también interesado, así que decidió ignorarlo para continuar con la historia a ver si se aburria de ellos.

"E-El…el leñador soltó el hacha ¡Estaba muy asustado! ¡Una persona, un omega nada menos, atrapado dentro del árbol! Así que intento liberarlo y cuando lo hizo. Dos ojos rojos lo saludaron. El joven quedo impresionado con esos ojos y de buena gana le extendió la mano para ayudarlo a salir con una sonrisa, pero el omega, que antes lo había mirado con sueño y un tanto desorientado, lo empujo lejos de él asustado, porque se había dado cuenta que el leñador era de echo un alfa…."

"Salió de un salto del árbol y corrió."

"El leñador intento alcanzarlo y seguir sus pasos para que no fuera a perderse en el bosque, pero sus gritos no fueron escuchados."

"Gogo, había despertado sano y salvo como prometió el árbol, pero no sabía cuánto tiempo había pasado desde se durmió en el lecho, así que siguió corriendo para salir del bosque y encontrar sobrevivientes de la guerra. Sin embargo, por más que corría y corría el bosque no tenía final y preocupado de haberse perdido ascendió hasta a lo más alto de un monte para orientar sus pasos…"

"…Cuando llegó a la cúspide sólo pudo ver el magnífico paisaje verde, sano, recuperado después de tanta muerte, junto a la ausencia total de su pueblo en los páramos, y ahí lo entendió. No había nadie esperándolo, la vida había continuado sin él y con ese pensamiento se echó a llorar. En su dolor, no sintió la presencia del leñador, no hasta que la briza delato su presencia. Alertado, el omega lo enfrento lleno de ira…"

"…Maldijo al alfa por sacarlo del árbol tan tarde, usando las palabras duras, llenas de desprecio, pero el joven no se defendió y le dio la razón. Entonces Gogo le lanzo una piedra a la cabeza, y aunque logro herirlo, tampoco se protegió. El omega incrédulo caminó hacia el alfa y tomo el hacha, le dijo que lo mataría si no se iba, pero no se movió y su olor, aún después de sentir el filo del arma contra su cuello, mantuvo el mismo temple calmado y paciente, confiando con inocencia que no lo mataría, no después de rescatarlo. Pero Gogo sentía ira, pena, abandono, de corazón iba a matar a ese alfa tonto, pero cuando miró a sus ojos supo que no había fuerza sobre la tierra que impidiera al leñador irse de su lado, así que cuando la noche trajo consigo el viento frío y la promesa de una lluvia, acepto ir con él a su choza y ahí supo que el alfa tonto y confianzudo se llamaba Yamikumo…"

-¿Se quedaron juntos? - pregunto Kota

-Sí, por muchos años. Se casaron, tuvieron hijos, pero incluso con toda esa felicidad el omega nunca olvido su promesa. Cada año, salía a emprender un viaje junto a su esposo para encontrar a su familia y así cumplir su parte del trato, pero no podía hallarlos. Había pasado mucho tiempo y ya nadie recordaba ni siquiera el odio terrible y casi infinito que dejo la guerra en esas tierras. Mas no se rindieron, temerosos de que el bosque los separara cualquier día desafortunado…

"… El bosque, siempre vigilante, estaba enamorado de la inocencia y el amor de esa pareja y decidió darles mucho tiempo para que se amaran. Entonces, cuando muchos inviernos pasaron por esa tierra, Yamikumo y Gogo volvieron de un largo viaje, el más largo de todos, tan largo, que ahora ambos tenían el cabello gris y la mirada llena de nostalgia, porque ahora arrastraban consigo el primer aviso del bosque para que el omega cumpliera su palabra…

"…Pese a lo mucho que habían temido ese día, ninguno lucho contra su destino y obedientemente regresaron al claro despidiéndose para siempre de sus hijos ya adultos. Allí el omega se acuno dentro del mismo tronco que lo había salvado hace tantos años, listo para hacerse uno con el bosque, pero el espíritu, que había estado siguiendo a Gogo disfrazado de mirlo durante todo ese tiempo, fue testigo de cada gesto, suspiro, la adoración y amor puro de Yamikumo, así que no soportó ser testigo del dolor silencioso en el alfa y se apiado de él."

"Propuso, entonces, un nuevo trato…"

"Puedes vivir como humano y morir solo, rodeado de sus recuerdos, le dijo el espíritu, alzando toda su altura sobre el alfa envejecido, o pueden dividir sus almas en muchas vidas para que puedan cumplir la promesa. Yamikumo, que por primera vez conocía al espíritu que le iba a quitar a su compañero, no halló espacio para la ira, en cambio se llenó de agradecimiento. Entonces preguntó: Cuándo cumplamos la promesa ¿Qué pasara con nosotros? y el espíritu sonrió: Volverán a estar juntos para siempre, pero, y escuchen bien, mientras más vidas pasen, menos recuerdos tendrán, puede que incluso olviden tu tarea. Sentencio…."

"…Mas el alfa miro a su compañero y acepto el trato sin una sola duda, desde el fondo de su corazón y su alma, sabía que ni siquiera mil vidas serían suficientes para dejar de amar al omega. Y si tenía que olvidarlo o no quedaran sucesores que pudiera contar su historia, siempre bastaría una mirada a sus ojos para saber que esa era su alma gemela…"

Por un tiempo, se arma un silencio agradable, Kota juguetea con la mano libre de Izuku y sonrió pensando en la historia que le contó.

-Pensé que los espíritus eran malos. - dijo Kota caminando más lento por el cansancio. Por suerte ya todos habían disminuido la marcha, tras pasar varias horas caminando. Izuku sólo estaba esperando que dijera una palabra o una queja para tomarlo en brazos. No le preocupa cansarse porque la tarde está menguando, al igual que los ánimos de los betas que los vigilaban a cada lado. Piensa que llegarán pronto a su destino.

-Mmmm- tararea juguetonamente Izuku- supongo que no todos son malos- reflexiona entrelazando los dedos con Kota- …o puede que ese no haya sido un espíritu.

- ¿No? ¿Y qué cosa era? – pregunta Kota entusiasmado mientras memoriza todas las leyendas que se sabe- ¿Y si era un hada? O un kodama, o un duende o una bruja o…

-Un dios- repuso Izuku y los ojos de Kota se abrieron grandes de emoción.

-Los dioses hacen cosas impresionantes, seguro que si era

-Era- interrumpió el hombre de antes y ambos se encogieron ante su presencia. De hecho, se habían olvidado de él- Otuken, es la diosa que buscas- dice para sorpresa de ambos. Su mirada penetrante se ilumino con curiosidad - ¿De dónde un Dagobense aprende un mito del libro perdido del éste? - cuestionó, pero no había daño, solo curiosidad.

-Mi abuela me la conto una vez, hace muchos años.

-¿Y dónde la escuchó ella?

Izuku dudo un poco, para el solo era un cuento, pero él hablaba de un libro y un dios que no conoce. Su mirada decía que había más valor del que alguna vez intuyo en la historia. Así que respondió.

-No estoy seguro… Ella era muy reservada, sé que vivió por esta región toda su vida, pero si tenía más familia nunca lo supe, sufría de una enfermedad rara. Creo que sus memorias se estaban perdiendo mucho antes de que yo naciera, aunque a veces estaba muy despierta y entonces contaba historias.

-Entiendo joven muchacho, muchas gracias por compartirla. – dijo el hombre, con el ceño fruncido como si meditara en sus palabras. De pronto se despidió de ellos y se alejó silvando fuerte con dos dedos. A lo lejos se escuchó el relinchar de un caballo que galopó a toda velocidad alcanzándolos. – Por cierto, mi nombre es Toshinori Yagi, ojalá puedas contarme otra historia. – se despide estando ya arriba del caballo y se va.

El omega lo observa irse pero no logra distraerse mucho tiempo cuando nota que están a solo unos cientos de metros del castillo.

-¡Mira! ¿Qué es eso? - grita Kota, pues nunca antes había visto una construcción tan grande.

-El castillo de – mas no pudo hablar más, a pesar de la distancia, vio el tráfico de gente a través del castillo, cientos de carpas organizadas en fila formando anchas avenidas. Entre ellas había grupos de hombres y mujeres acarreando troncos de madera, piedras, bultos, comida, todo con rapidez y entre ellos, el estandarte del gobernador de su región al frente de una caravana de carretas cargadas con sacos, cajas con verduras y personas. Son hombres o mujeres, pero aún a esa distancia puede adivinar que son omegas solo por los colores de la ropa.

Fue cuando lo supo, el castillo que debía ser impenetrable fue tomado por los salvajes, y el gobernador se rindió.

-¿Ahí teníamos que ir? – dice Kota sus ojos maravillados por la imponente construcción, aunque estaba confundido ¿No se supone que debían estar peleando?

-Sí- contestó, sintiendo el estómago hundido ¿Cuánto tiempo había pasado desde que marcharon los salvajes? ¿Eran siempre tan cortas las guerras? Su abuelo siempre lo hizo parecer como si durasen meses o hasta años. – pero ahora les pertenece a ellos.

A lo lejos, hacia el oeste, las jaulas reaparecen apiladas en fila, pero ahora había torres de vigilancia situadas entre 2 celdas. Estaban hechas con prisa y no eran muy altas, apenas un metro más alto que las jaulas, a su alrededor hay picas de madera enterradas en ángulos. Sobre ellas, un vigilante aguarda, aunque estos usan uniformes diferentes a los Betas que hasta ahora los habían vigilado.

La mente de Izuku que siempre estaba ocupada, corre como caballo desbocado con cada trozo de información que atrapa a partir de lo que ve. "Ellos no sólo desplazaron el campamento más al norte, están reuniendo recursos, tributos, madera, quieren mejorar la protección porque van a quedarse un tiempo, pero la organización de las carpas es diferente, hay más espacio para moverse, para escapar…No todavía siguen llegando. No veo soldados imperiales ¿no vinieron o están todos muertos? ¿Cómo hicieron para que el castillo se rindiera? No, eso no importa, todavía temen que algo venga del bosque, por eso pusieron las jaulas ahí, somos prescindibles, pero pusieron torres de vigilancia… ¿Esos hombres son dagobenses?

Los hombres que antes había visto trabajando la tierra están más cerca, y con ello puede ver que están levantando un muro de madera. Más su impaciencia debió ser grande porque uno de los betas lo amenazó con la fusta. – No te muevas o vas a tirar a todo el grupo, y ya te lo dije, te daré con esto como intentes escapar- espetó.

La mirada de Izuku se estrechó, pero aguanto. Este era el mismo Beta que siempre los insultaba y pateaba sus Jaulas. El hombre era alto para ser Beta, y macizo como una montaña, pero se aburrió rápido de él y se alejó.

Entonces Izuku le quitó la vista y se concentró en los trabajadores para confirmar que eran Dagobenses, como él. Súbitamente, siente un revoloteo familiar en el pecho, con matices de felicidad, deseo, hasta desesperación. Pero, si alguno de ellos es alfa, o realmente si existiera la remota posibilidad que hubieran dejado vivir a alguien del castillo, nunca dejaran que esos prisioneros se acerquen a ellos. O eso cree.

No hay forma que deje pasar esto, piensa y sintiendo el corazón en la garganta, llenó sus pulmones y silbó. Agudo y fuerte, el trino atravesó veloz el campo con un ritmo que solo una persona el mundo podría identificar, su padre. Frenético, intento distinguir si alguno reaccionaba al llamado. Pero era difícil a esa distancia y con tan poca luz.

Cuando no obtuvo respuesta volvió a silbar, espero y repitió hasta que los hombres pararon de trabajar y miraron en su dirección. Izuku sintió las manos de Kota tensarse a su costado, pero lo ignoró porque esos prisioneros ahora miraban hacia ellos, buscando conocidos mientras su caravana frenó la marcha casi de golpe.

Alguien a su espalda dio un grito, era el beta de antes, alzando una vara llena de tiras de cuero.

Izuku detuvo la fusta justo antes de que alcanzara a Kota. Las tiras de piel picaron sus manos, pero no se quejó del dolor. El otro recupero su herramienta de un tirón y volvió a golpearlo al tiempo que tiraba a Kota al suelo por el cabello.

-Cierra la maldita boca- escupió el hombre para amedrentarlos, aunque tuvo justo el efecto contrario. Furioso de que buscara desquitarse con Kota en vez de él, Izuku se abalanzo contra el hombre, sin embargo, casi se asfixia cuando la cuerda del cuello lo ahorca. Entonces tose, sin perder de vista al Beta.

Los otros omegas se quejaron por el brusco tirón, pero no soltaron la vara, en cambio miraban con ojos abiertos entre miedo y sorpresa el brío de Izuku. - ¿Qué es esto? - dijo el salvaje con una sonrisa cruel y burlona- ¿Se supone que quieres protegerlo? ¡No eres más que un omega, un ser completamente inferior a mí!

El hombre le dio un revés en la mejilla y luego comenzó a golpear la espalda de Izuku con la fusta. Entonces miró al niño y decidió que ese era un mejor castigo. Mas no llego a tocarlo. La cuerda que sostenía a Izuku por el cuello se cortó y el cuerpo del omega calló sobre su hijo apoyado sobre sus cuatro extremidades. - No importa si puedo o no- dijo Izuku con los ojos llenos de lágrimas por el dolor- pero es lo que tengo que hacer. Cuesto lo que cueste.

Kota miro aterrado a Izuku, no entendía porque estaban castigándolos. En su mente el silbido solo era el llamado que hacían en casa para traer los animales devuelta al refugio por la noche, a veces, muchas veces un juego, eso era, un ruido, nada más.

El ruido de la fusta contra la espalda de madre sacó quejidos lastímeros, y como si eso fuera un interruptor, Kota pateo los genitales del beta en cuanto vio la oportunidad. El hombre grito y se encogió por el dolor, retrocediendo unos pasos para luego caer de rodillas

-¡Deja a mi mamá en paz! - gritó poniéndose de pie

-¿Qué demonios está pasando aquí? - espetó un hombre joven de cabello negro y nariz aguileña, e Izuku lo reconoció, era Tokoyami.

-Ese infeliz- comenzó a decir el beta, con una mano en sus genitales- estaba silbando, ¡Llamo la atención de los esclavos! Iba a hacer un desastre

-¿Y? ¿Desde cuándo a un soldado raso le corresponde dictar castigos? Tu estas aquí para vigilar y avisar si algo pasa, nada más. - espeto avanzando directo al hombre que le doblaba en tamaño, como si esa diferencia no importara en lo más mínimo. - Te vi desde lejos- agrego ante la falta de respuesta del otro, su la mirada estrechándose con severidad- el niño no estaba haciendo nada y fue tu primera opción.

El hombre se sorprendió y bajó la cabeza. Pero no había sumisión ni vergüenza en el gesto

-Vete de aquí- ordenó Tokoyami

-Pero y él, merece un castigo. - Insistió desafiante.

Tokoyami elevó la barbilla y de pronto sus facciones se oscurecieron al igual que las sombras que lo rodeaban- ya lo golpeaste 10 veces. -siseó

-¡El mocoso me golpeo!

-Goto- llama una voz tras ellos, era profunda, severa y cargada de orden- Vete, yo tomare tu lugar y luego responderás ante Masaru por faltarle el respeto a un superior- dice parándose entre los dos, era enorme, más alto que el beta, brazos fuertes y el rostro medio cubierto por una máscara.

-Si señor.

Cuando el beta se fue, Tokoyami se cruzó de brazos enfadado- Estaba manejándolo y tú no puedes quedarte aquí Shoji

-Estabas tratando de matarlo- repuso el alfa- y la última vez que mire tu cuello, seguías emparejado conmigo, así que puedo quedarme para que tú vayas descansar y de paso ver a nuestro hijo. Te está esperando- dice con la voz más suave en las últimas palabras

El omega lo miro severo, pero su gesto se hablando cuando recordó al niño que dejo atrás en favor de servir a Katsuki, no lo había visto en meses, sin embargo, centro su atención en Izuku. Se había levantado del piso.

-Eres muy impertinente- dijo, su mirada fija en la mejilla que se hincha con un tono rojo. – y me parece que no entiendes cuál es tu lugar aquí.

Izuku cierra los ojos, la ira todavía burbujeante en su pecho. Intenta calmarse, pero la cara le pica al mismo tiempo que se calienta por la inflamación y la espalda le arde también. Sin embargo, a riesgo de que él también lo golpee, todavía pregunta- ¿Te refieres antes o después de mi celo?

Tokoyami sin embargo no se molesta, o más bien no lo demuestra. - Tienes razón, formar un lazo con un "Salvaje" es un destino mucho más oscuro y funesto que emparejarse a un alfa apenas competente, uno que fue designado de ante mano por un funcionario del reino. – se burla.

A sus ojos era prácticamente lo mismo. Los omegas son el pináculo de toda sociedad y Tokoyami creció convencido de que son los alfas los que ruegan por tomarlos y no al revés. Un alfa que puede raptarte, es un alfa que puede proteger a tus cachorros y proveer, pero incluso entonces el enlace no ocurría esa misma noche. Pero aquí, los alfas y betas más débiles de carácter, ocupan cargos que no merecen y toman esposas o esposos como una moneda de cambio…

Incluso ellos que comúnmente son llamados salvajes, ofrecen al menos la oportunidad a todas las castas para que se eduquen y gobiernen por sus propios intereses ¿Pero aquí? Sin educación, vienes para heredar, es una gran cosa que los omegas sepan escribir su nombre y diferenciar una cortesía básica de un mérito para ganar su mano.

– Casamentera es el nombre que usan ¿O no es así? – pregunta Tokoyami sin esperar respuesta- Ella te pone un precio y ese precio es lo que deben pagarle los alfas a cambio de llevarse un omega sano que arrastra como único bien un ajuar y un dinero para el niño que sin duda tendrás en un año.

Izuku levanta la vista- No es así, podemos elegir

- ¿Eso crees? – dice con incredulidad, luego mira a los demás que lo observan asustados o con ira silenciosa. Entonces eleva la voz fuerte para que todos lo escuchen. -Pueden sentir todo el odio que quieran, no podemos impedirlo, pero antes háganse una sola pregunta ¿De verdad fueron libres alguna vez de elegir algo en sus vidas? Miren a sus esposos, padres, alfas o como quieran llamarlos y compárenla con la vida que llevaban ustedes.

-Piensa eso omega, ¿Eras libre antes? - le dice, dejándolo solo para que reflexione en sus palabras.

El alfa enorme siguió a Tokoyami con los ojos, luego centro su atención en Izuku y el cachorro que ahora se paraba frente a su madre forzando todo su coraje para mantenerse firme contra él. Shoji observo la postura defensiva del niño y aspiro un poco de las feromonas de ambos que flotaban por el aire, pero no necesitaba reconocer nada en ellas para saber que este era un alfa, uno muy protector.

-Tengo que atarlos de vuelta- dice. - ya no queda mucho para lleguen a su destino, pero agradecería que lo hicieran en silencio.

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Izuku se derrumba contra una esquina de la jaula con Kota sentado entre sus piernas. Los otros omegas le dan la espalda y esta vez Tsuyu no está ahí para hacerle compañía, la dejaron en otra jaula.

- ¿Por qué? -dice Kota de pronto, pero se calla con el rostro culpable.

El omega lo acomoda para que puedan verse a los ojos, y cree saber qué es lo que quiere preguntar- ¿Sí? ¿Porque estaba molesto el beta? Fue mi culpa, no estamos en casa y fue estúpido

-No… si también, pero quería saber – dice mirando con cuidado a Izuku porque esta pregunta le valió un castigo cuando se la hizo a su padre - ¿Por qué un celo es tan importante?

La boca de Izuku se seca mientras presiona el cuerpo de Kota. No esperaba esa pregunta. Su mente comienza a trabajar frenéticamente, aunque todos sus pensamientos se resumieron a un ¿Ahora? ¿Tengo que decírselo ahora?

-Hisashi habló con el abuelo de eso…la señora Ito también pregunto una vez y tú también estas preocupado ¿Es malo? Estas respirando raro

-No- dijo conteniendo la respiración para no asustarlo más- el celo es lo que hacen los omegas cuando quieren formar familia. – contesta recitando las mismas palabras que la matrona del pueblo le dijo a los 13.

-Pero yo soy tu familia

-Sí, pero… amh, creo… me refería a cuando quieres expandir la familia…

-¿Cómo un…? "sobrino"- dice solo moviendo los labios en silencio e Izuku ríe sintiendo una rara mezcla de ternura, miedo y orgullo. Kota era muy intuitivo y extremadamente consciente de él.

-Se supone que no deberíamos ser sólo nosotros dos- susurra mientras intenta ver si alguien de ahí está escuchando lo que dicen- se supone que debería encontrar un alfa, un día, en unos años.

Los ojos de Kota se cristalizaron, pero se limpió las lágrimas mientras su mirada se volvía seria- ¿te vas a ir?

- ¿Qué? No, no, tú eres mío, no me voy a ningún lado- dice pero es mas un deseo que una promesa. "Una mentira Izuku" le dice una voz tras su cabeza

-Ella se fue- interrumpe enojado- ustedes se van…

-No kota, te lo dije, ella murió…

-Pero tú quieres irte

- ¿De aquí? Claro que sí, esto no está bien

-No- Kota se mira las manos mientras busca las palabras adecuadas para explicar lo que está pensando- En casa, también era igual, tenías esa cara a veces…

- ¿Qué?

- A veces- insiste

-Jamás nadie nos golpeo así- dijo Izuku confundido ¿Qué casa era igual a esto? No era verdad, casa era su hogar- Esto no es igual a casa

-Siempre es igual, los omegas son así a tu edad, padre lo dijo

- ¿Decir qué? ¿Así cómo? no te entiendo

-Pero estabas aburrido

Confundido Izuku echa la espalda hacia atrás para tener una mejor vista del rostro de Kota, pero no encontró nada que lo ayudara a entender un poco sus palabras.

-Estabas aburrido e incómodo, caminando, murmurando cosas- explica sin quitar sus ojos del rostro de su hermano- no llorabas como ahora, ni te enojabas así, pero siempre estabas aburrido y cansado. Él dijo que es lo que pasa cuando un omega está listo para tener su propia casa y que te ibas a ir.

Ah, ahora lo entiende. A los 11 años su infancia terminó, y aunque los primeros años cuidando a Kota fueron suficientes para mantener su cabeza cerrada, enfocada en criarlo y mantener la casa limpia…fue teniendo más tiempo para pensar y darse cuenta que, aunque amaba a su familia, no estaba seguro de que criar niños, limpiar, cocinar y cocer, fuera todo lo que quería hacer. Que fuera para siempre hacía que esas tareas se sintieran inquietantes a veces.

veces también se preguntaba, si podría hacer algo diferente, pero cada vez que lo intentaba alguien de su familia estaba ahí para reprenderlo. Como si no fuera natural tener algo que sólo fuera suyo. Por eso se escapaba al pueblo montando el caballo, para imaginar que era el quien viajaba por la región. Por eso también hablaba con soldados y betas mercantes en el pueblo…Son esposos que nunca estaban en casa y entonces…tal vez, podría…

-Mírame- pide poniendo todo su esfuerzo en hacer que sus sentimientos fueran claros, lejos de la tormenta hirviente que han sido desde que todo comenzó- yo amaba vivir en casa, pero a veces trabajar en la cocina, lavando ropa, cultivando, cosechando, cuidando caballos, era sencillo, mucho

- ¿Fácil?

Ajá, pero cuando terminaba esas cosas, me quedaba sin hacer nada, entonces, supongo que mi mente se distraía pensando, imaginando fantasías, como la abuela

- ¿Te estas enfermando?

-No, no, me refiero a que necesitaba, distraerme, hacer algo diferente a las cosas de la casa. Pero nunca. Y escucha bien esto- dice juntando sus frentes- he querido estar lejos de ti. Eres mío, incluso más de lo que le perteneciste a pa… Hisashi, y si vuelvo a ponerme estúpido puedes patearme. Los dos somos un par, si algo pasa, y no olvides eso, volveré para cuidarte siempre.

-Y si llega

-Siempre- jura abrazándolo con fuerza hasta que se duermen completamente agotados.