Capítulo 12 La prueba de campo
Cuando Katsuki abre los ojos, se arrepiente en ese mismo momento. La mano izquierda le duele como el infierno, al igual que todo el pecho arde como si todavía se estuviera quemando vivo. Cuando voltea, Masaru esta arrodillado junto a él con los ojos enrojecidos y húmedos, a sus pies Mitsuki jadea con fuerza, mientras presiona con dos dedos su nariz.
- Cualquiera diría que estaba muerto- bromea, pero se arrepiente en cuento escucha a su padre llorar más fuerte.
- Oye…carajo estas apretando – se queja mientras fuerza una sonrisa y aleja la mano derecha de los dedos fuertes de Masaru.
El hombre se aparta de su brazo, lo mira con felicidad desesperada, besa su frente y luego tira un mechón de cabello rubio.
- ¡Qué demonios! ¿Y eso por qué?
- Primero te adelantaste un mes al parto, luego te caíste al río con 5 años, te escapaste a los 8 para ir a cazar con tu madre y ahora esto…Como si buscaras motivos para alejarte de nosotros…Tu hombro estaba mal desde antes, no lo dijiste y ahora tu mano…- reprende Masaru levantándose.
- ¿Perdí el brazo? – pregunta escapando de los ojos enojados de su padre.
-No, pero faltó poco. En un tiempo sabremos que tan bien…si se recupera- dice con sinceridad. Entonces camina hacia la salida - Tu Dam te hará compañía un rato. Es mi deber regresar para preparar la prueba de Campo que harán los omegas. – dice para ocultar las lágrimas pesadas que caen por su rostro.
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Hace 20 días o más Izuku vio llegar otra comitiva de salvajes por el puente y el sur. Eran gentes vestidos de blanco y gris, con collares de plumas, venían acompañados familias con niños y caravanas de gente provenientes del desierto. De las carretas descargaron una serie de raíces, hongos secos y recipientes extraños con gusanos vivos.
Pero lo más extraño no ocurrió hasta hace 6 días, más o menos, cuando Redestro, el nuevo primer ministro, se presentó en Yukai. Llegó sin fanfarrias y desarmado, con la piel manchada de forma irregular en tonos negros, sobre las manos y parte del cuello. Portaba el emblema imperial de los Todoroki.
El hombre recorrió todo el exterior de las jaulas sin guardias ni embajadores, rodeado por la Gran Khan, Mitsuki Bakugo y sus generales. Sólo caminaron lentamente deteniéndose un breve momento en las jaulas donde el olor de la angustia omega era más fuerte. Ahí el hombre arrugó la nariz, luego hablaron en la lengua de Yuei. La discusión fue larga y jactanciosa, aún a la lejanía Izuku pudo notar como Redestro se hundía en ira silenciosa cuando no podía responder abiertamente a cada demanda de Mitsuki y luego su rostro se llenó de miedo, cuando los magos dejaron notar sus flujos de energía.
Que cosas dijeron exactamente, no le importa en lo más mínimo si luego se fue sin que ninguno de ellos haya sido liberado.
El pecho de Izuku dolió cuando lo vio irse, pero no halló espacio para llorar como los demás, incluso si sabe que ya no tiene oportunidad de escapar. Debe navegar con este nuevo futuro sin importar nada.
Nemuri también se presentó a las jaulas, por ese mismo espacio de tiempo. Ella se lamentó de las pequeñas costras en su espalda producto de las heridas que le hizo Goto, el soldado Beta, pero él no se detuvo a hablar al respecto y ella ante el silencio volvió a darle la misma advertencia antes de que se lo llevaran de vuelta a las jaulas, "Quédate hasta el final".
No sabe porque quiere ayudarlo, pero en este punto tiene que tomar cualquier migaja que se le presente.
A su alrededor, los omegas comienzan a conversar entre sí más allá del miedo, resignados a este nuevo futuro. Preguntan por nombres, apellidos, de que pueblo vienen, que estaban haciendo antes de que todo pasara y hablan de sus familias, especialmente de sus familias porque casi ninguno ha tenido otros contactos ni aspiraciones fuera de ella. Muy pocos saben leer y los que escriben solo conocen su propio nombre para firmar el acta de matrimonio.
Izuku había escuchado que el rey estaba creando puestos de trabajo para omegas, cabildos abiertos para tratar temas de crianza puesto que quería expandir la creación de escuelas en las regiones más remotas del imperio, y había mandado embajadores a las provincias para incentivar el ingreso escolar entre betas mujeres y omegas. Pero Izuku había llorado en silencio cuando se dio cuenta que no podría asistir a la escuela como las niñas betas, porque no podían permitirse pagar a una nodriza que cuidara de Kota siendo tan pequeño, mas nunca se sentó a pensar que realmente los demás omegas tampoco hubieran podido asistir.
Tal parece que era tradición que los hijos de campesinos se dedicacen a cuidar hermanos pequeños, porque sus madres tenían muchísimos niños y al igual que él sembraban y cosechaban la tierra. La única diferencia que tenía es que ellos jamás habían matado una gallina para hacer una comida, aunque si sabían desplumarla y hacer un caldo. "Los omegas no pueden matar animales, porque nosotros no quitamos vida solo podemos darla" zanjo un chico, cuando otro de alta familia le preguntó.
Los omegas de familias adineradas, era un punto y aparte en cuanto a educación y responsabilidades. Ellos sí saben leer y escribir, aunque sólo fueron educados en casa, y sólo se les permitían leer cuentos o historias de romance, si acaso practicaban con pintura o instrumentos, pero en ningún caso podían mostrar sus dotes en público.
Otra cosa que aprendió de ellos es que todos estaban de acuerdo con que trabajar era un lugar que no les correspondía y asistir a los cabildos era una falta de respeto a sus familias. El alfa es quien provee y ellos deben pagar con devoción y servicio.
Izuku entonces se da cuenta que fue criado más como las niñas betas que como omega y que en realidad tenía una imagen muy deformada del matrimonio alfa-omega. Es decir, no se imagina quedándose sentado en casa esperando a que su alfa llegue para aparearlo o que hable por él en cosas de crianza cuando no están en casa nunca, ni está de acuerdo con que no puedan trabajar por un salario sí toda la vida han reemplazado a sus esposos cuando estos enferman. Sin embargo, sus pensamientos tienen muy poco peso cuando todos creen que eres madre soltera.
Entonces lo que aprendió con ellos es que, a la hora de elegir novios, Izuku seguramente habría sido lo último del barril. Y que algo de razón tenía su padre en comenzar a prohibirle tantas cosas. A lo mejor, nunca se hubiera casado y habría sido insospechadamente feliz con eso.
El tiempo pasa y es obvio que no falta mucho más para que comience lo que más temen. Sobre todo, desde que un hombre castaño se pasea junto a su guardia personal. Viste con ropas más elegantes que los demás salvajes, con bordados que ilustran paisajes de tierras sin árboles y montañas rodeadas de nubes, en los brazos lleva múltiples brazaletes de metal con filigranas que representan muchos tipos de animales.
Su nombre es Masaru Bakugo, la Gran Matriarca del Sur, Este y Oeste. Así lo presentaron la primera vez que llegó a las jaulas para supervisar la entrega de alimentos. Tiene el porte fuerte y solemne de un gran señor y la guardia lo reverencia cada vez que mira en su dirección.
Hoy reaparece y olisquea el aire, junto a Nemuri y el resto de las matronas que llegaron en la última caravana de salvajes. Izuku sabe que están esperando a que el primer omega tenga su celo y esta aliviado de que el suyo no quiera venir. No quiere ver cuando saquen a la primera omega de la jaula, porque se compadecerá de su suerte y puede que haga algo estúpido de nuevo.
Pero cuando sucede, Izuku vuelve a llorar.
Es de noche cuando un beta corre hacia el interior de la empalizada. Pasa un buen rato, pero cuando regresa vuelve con Masaru y su guardia, acompañado de una anciana bajita que lleva un cayado que dobla su altura. Cuando están a medio camino Tsuyu aparece con el rostro ruborizado y las manos rectas a los costados de su cuerpo. - No es mi celo, sino mi precalentamiento, pero estoy lista- les dice con voz firme.
- Bienvenida- saluda el hombre con una sonrisa amable mientras la guía con una mano en la espalda, al tiempo que una comitiva de omegas salvajes los rodea murmurando palabras de aliento en su idioma nativo.
A la mañana siguiente todos hablan de Tsuyu, y basta sólo un día más para que otros anuncien su celo sin miedo. Izuku se aferra a los barrotes mientras ve los pequeños grupos de omegas que son recibidos al interior del asentamiento, sin entender porque se entregan sin luchar.
Pero las jaulas se vacían al tiempo que las carpas son reemplazadas por Yurtas, enormes casas ambulantes redondas, hechas de piel. Se arman casi a la misma velocidad con que ingresan los omegas que salen de las jaulas y humean 7 días seguidos antes de que se escuchen cantos y ruidos lejanos, como una celebración.
Masaru regresa, revisa las jaulas y los saluda. Incluso los acompaña cuando tienen que reacomodarlos a medida que se vacían las jaulas. Ante su astuta mirada vigila de cerca a los que van quedando al final porque pronto, serán los que intenten ocultar su celo.
Su mirada se distrae en un joven muchacho de cabello verde y piel besada por el sol, es el único que tiene un niño y aunque nunca han hablado ya siente que conoce bastante sobre él. Nemuri finalmente le dice que revisó al omega, confirmando que es madre del niño y que no tiene una marca, pero ahora Inasa, el hijo de su general de caballería, también tuvo palabras sobre él.
Y tal parece, que no puede evaluar a este como ha evaluado a todos los demás. Inasa ha dicho que sabe ensillar un caballo, las diferencias entre las sillas de montar, sin mencionar que fue el quien ayudó a recapturar el caballo salvaje de su hijo.
Entonces se retira tras comprobar que el chico tiene todas sus marcas de cortejo pero ningún indicio de que este escondiendo su celo. Al regresar al asentamiento, se reúne con las demás matriarcas de las tribus y las matronas en torno a una mesa.
- ¿Cuántos alfas quieren aparearlo? -Dice Mirai una vez que todos han terminado los saludos formales.
- Los suficientes para que sea un problema, Inasa es uno de ellos, pero todavía no tiene edad suficiente y le faltan ritos de iniciación, no pasara adelante. Además, ninguno de los alfas quiere al niño.- dice Masaru.
- Lo bueno es que es joven y tiene justo la edad para reeducarse – advierte Shinya, la Matriarca del Oeste- mi tribu puede adoptar al niño, nos lo llevaremos a la estepa donde entrenan los demás cachorros y que vuelva aquí a ver a su madre como hacen todos los demás cada 3 años.
- El problema es que, si separamos al niño de su madre ahora es muy, muy probable que entre en una gota. -dice Nemuri llamando la atención entre todos en la mesa.
- Estoy de acuerdo – interrumpe la mujer mayor del grupo, su nombre es Chiyo Shuzenji- independiente de las circunstancias en que fue engendrado, con lo que he observado hasta ahora, su postura alrededor del niño es propia de las madres con lazos anormales en sus hijos. No soportaran separarse, al menos, así como están las cosas.
Nemuri mira de reojo a la anciana mujer, pero se abstiene de comentar nada o se pondrá más en evidencia.
- Solo hace falta que renuncie al niño. – agrega la anciana ante el silencio de todos en la mesa.
- Ninguna madre haría eso – dice Nemuri con voz monótona.
- Lo harán y lo hacen, si creen que el niño estará mejor lejos. Puedo hacer que su celo se retrase.
- ¿Chiyo? El uso de esas hiervas es algo peligroso ¿No es así? – cuestiona Shinya
- No debería si no la ha tomado antes. Además, la solaria no es fácil de conseguir en Dagoba. Solo hará que su celo se precipite sin un precalentamiento una vez tome el antídoto o se suspenda la bebida. El problema es si podemos hacer que beba el té sin que sospeche que estamos dándole algo diferente al resto.
- Pero el ultimo omega es que el que se entrega a los Khanes o en su defecto un general y héroes de guerra. Porque son los más fuertes, a menudo con las virtudes de dos o más dioses. Darle ese favor es romper la tradición- dice Mirai.
- La mayoría de las veces resulta ser el más fuerte- corrige la anciana- pero este chico ya demostró su valor en lo que a nosotros nos importa, tiene un cachorro sano al primer embarazo. En tus palabras Nemuri el niño nació tras un abuso, pero si logró quererlo después de eso, en especial en un lugar como este, es que sabe cómo caer y ponerse de pie. No necesita más pruebas, sin embargo, tenemos que guiarlo un poco más lejos de sus orígenes y lealtades.
- ¿Guiarlo? – pregunta Masaru – …Quieres que vea lo peor de su propia gente.
-Exactamente – dice Chiyo- Cuando el día llegue le ofreceremos dos alternativas: aparearse con uno de nuestros alfas entregando al niño a tu tribu Shinya o tomar una prueba de independencia.
- ¿Y ofrecerle la libertad? -Mirai mira a Masaru y la anciana. - eso puede salir mal de muchas formas.
- Creo lo mismo – Dice Nemuri - ¿Si no se aparea al final de la prueba? ¿Será libre?
-No pasara la prueba- dice Masaru- Y será tarde cuando se dé cuenta de eso, pero no lo suficiente para que rompa el lazo anormal con su hijo.
- ¿Y cómo haremos eso? – pregunta Shinya sin entender del todo la propuesta de la matrona.
- Le daremos todo el invierno para que demuestre que puede cuidar de sí mismo y el niño. Tendrá que buscar un trabajo estable y preparar un nido, pero la salud de los dos será lo más importante. Parece poco, pero no lo logrará porque nosotros no tenemos muchos oficios estables que ofrecer y dudo que alguien lo ayude tras rechazarnos. Pero los dagobenses son una cosa diferente, tienen trabajos que la mayoría de los omegas dagobenses no saben o no pueden hacer, y si eso no fuera suficiente, lo echaran de cualquier lugar porque a sus ojos no es mejor que una puta.
- Incluso si fuera tan estúpido de pasar hambre a costa de su libertad, uno de los dos enfermará inevitablemente y con eso habrá fallado. - agrega Mirai en comprensión.
- Ni siquiera tendremos que intervenir demasiado…- continua la anciana Chiyo – el mismo se dará cuenta, que lo que sea que tuvo a su favor para cuidar del niño, ya no lo tendrá más y solo le quedará una salida, resignarse…Pero habrá que vigilarlo, porque todavía podría intentar escapar. No tiene a donde ir, pero podría intentarlo, lo que podría ser peligroso para todos nosotros con todo lo que seguramente ya sabe.
- Efectivamente, para cuando su celo termine, cada uno de nosotros aportará con un espía y que lo vigilen... – ordena Masaru.
Entonces Nemuri contiene la respiración, con Chiyo aquí es imposible que pueda ayudar al chico, al menos de la forma en que pensó que podría hacerlo. Probablemente ahora sólo pueda suavizar el golpe.
