Capítulo 13: Golpe de calor
Izuku pierde la cuenta de los días una vez que ya solo quedan dos celdas ocupadas. En cambio, se concentra en como los salvajes ahora transitan desde adentro hacia afuera del fuerte para pasear en sus caballos, comerciar con los pocos mercaderes que se atreven a venir al asentamiento salvaje. Traen carretas o mulas cargadas con canastos o sacos y siempre actúan como si ellos no existieran o no importaran.
Aunque ahora solo quedan dos omegas y un niño.
- Esos perros malnacidos – dice con desdén puro el ultimo omega de la jaula contigua. Es rubio y tiene los ojos violetas, viste una camisa de lino fino con un chaleco de seda. Hijo de mercader intuye.
- Podrían oírte
- ¿Crees que me importa? Por una vez que oigo a mi padre y termino atrapado aquí…Yo iba a ir a la capital…
- ¿La capital?
-Pasé la prueba para ser maestro, iba a ir como estudiante por dos años y volver, pero mi padre quería que pasara el verano con él…Viejo estúpido, dijo que era una puta por rechazar un matrimonio, querer trabajar y porque di la prueba sin su consentimiento ¿Puedes creerlo? ¿Qué pensará ahora ese viejo infeliz?
Izuku lo mira a los ojos, a pesar de las duras palabras, se da cuenta que en realidad está aterrado- Creo que se sentirá culpable por retenerte…- El joven arruga la nariz mientras empuña las manos, si no estuviera oscuro habría podido ver como se tornaban blancas por la fuerza que uso.
- ¿En serio el niño es tuyo?
- Sí – dice mientras mira brevemente hacia abajo, sobre su pierna Kota duerme mientras Izuku le rasca la cabeza.
- Al menos tu vida se arreglará un poco si te apareas con esos… ¿Por qué esperar?
- Porque no creo que me dejen tenerlo…ningún alfa quiere niños que no son suyos.
Ante la respuesta, el otro cierra los ojos y luego sigue comiendo su cena lentamente – Soy Neito Monoma…
- Izuku Midoriya
- Izuku…Ojalá alguno de esos traidores hubiera venido aquí a decirnos algo…
Ante sus palabras, Izuku vuelve a sentirse culpable por ser el único que sabe que es mejor quedarse al final, pero no dice nada, en cambio mira el cielo tapizado de estrellas donde una nueva aparece, es roja y grande.
Le recuerda a una historia que contaba su abuela. Toyotama la diosa de la creación, tenían una joya de estrellas que perdió, pero como la diosa nunca viaja de noche y se dormía temprano, jamás se enteró de que ahí había caído la joya… sus hermanos semidioses sabían dónde está, pero ninguno se lo dice porque la joya la distrae de sus responsabilidades ¿Lo perdonarán los dioses por ocultar lo que sabe?
- Ojalá pudiera ayudarte…- dice, pero Neito ya se echó a dormir.
Entonces se prepara para hacer lo mismo. Entre sueños, Kota despierta porque el otro omega se entregó y aunque intenta decirle a su mamá, no consigue despertarlo hasta que amanece.
La cabeza le pesa mientras oye la voz de Kota, el ruido resuena semejante a un murmullo ininteligible tras la puerta, en medio del retumbar constante y acelerado de su corazón. Su vista tiene un halo blanquecino y desenfocado en los bordes, hacen que sea difícil reconocer todo a su alrededor. Pero aún en medio de la bruma, fija sus ojos verdes en el niño. La mirada negra y preocupada de Kota se muestra, entonces fuerza una sonrisa acuosa y luego intenta manejar sus manos, levantar la espalda o cualquier cosa que realmente lo acompañe.
Su cuerpo se siente demasiado caliente, como esa sensación febril, dispar y abrumadora que no se alivia con el sudor o el calor de una manta. La humedad en todo su cuerpo hace un contraste frío y tibio, desagradable dónde la piel se pega a la ropa, tensa en los huesos.
Es nuestro celo, ronronea su Omega, estirando sus patas y cola como un felino que recién despierta, pero Izuku piensa que podría estar equivocado, solo una vez en su vida se sintió así y fue cuando contrajo pulmonía hace un año.
Kota se mueve de forma borrosa a su alrededor, alza los brazos y mueve la boca, pero no logra entender que es lo quiere decir, en su lugar, aparta la cabeza y se apoya contra los barrotes, entonces mira hacia el interior de la jaula contigua y se da cuenta que ya no queda nadie dentro. Antes de dormirse recuerda haber visto comiendo al Omega rubio y ególatra, pero ahora...
Su cuerpo duele de una forma en que no puede señalar a una sola parte, es todo a la vez y se vuelve peor cuando logra arrodillarse y pararse sobre sus dos pies.
La perspectiva no le permite adivinar o confirmar si alguien más queda además de ellos, pero no hace falta que ni si quiera lo intente o entre en pánico, cuando el propio Masaru Bakugo se hace presente en compañía de la lideresa Mitsuki y una comitiva de salvajes. Todos son caras nuevas excepto Nemuri, Katsuki, Tokoyami e Inasa, y se quedan parados justo detrás de la Gran Matriarca.
La presencia de todas estas personas le confirma que es el último.
Nemuri nunca entro en detalles, pero supo por la forma en que enfatizó lo advertencia que ser último tendría un significado especial para ellos.
Un beta se acerca y abre la puerta arrugando su nariz, pero ni siquiera se atreve a quedarse cerca de él.
Izuku está listo para tomar lo que le ofrezcan y sale tan dignamente como puede mientras resiente la brisa fría de la mañana, cuando esta toma contacto brusco y amplio en todo el sudor que acumuló durante la noche.
Masaru observa a Izuku y su andar lento pero erguido. Ahora es cuando sabrá de que está echo este omega, un chico que se embarazó joven y sobrevivió a los estigmas de su propia gente, un hombre que corrió medio día con un niño grande a cuestas, el que se peleó con uno de sus betas por su cachorro y que calmó con su esencia natural a un semental beligerante de las estepas.
Un muchacho atractivo según habían dicho, pero ahora que su celo ha llegado en su máximo apogeo, Izuku deslumbra belleza y erotismo. Después de esto, los Alfas estarán dispuestos a dar una pierna y un brazo con tal de aparearlo. El mismo disimula una sonrisa, cuando siente ese olor poderoso y lleno de vitalidad o cuando observa el rosa acuoso de sus labios, el rubor borracho y prístino de sus mejillas... Estaría listo para aparearse, anidar y engendrar, si tan solo sus ojos contarán una historia diferente.
La mirada de Izuku se estrechan ante la presencia de tantos Alfas, sus pupilas se dilatan anegando de negro las lagunas verdes de sus iris. El aura que dispara atrás de sus ojos contrasta con las señales de su cuerpo, pero es fiel a sus sentimientos
No sé apareará le dice su Omega a Masaru y él está de acuerdo. Los omegas cómo Izuku nunca dejan de luchar, incluso con un lazo compatible, enferman por meses antes de resignarse a una pareja, porque, así como los omegas de las tribus nómadas, no se conforman con solo ser madres. Necesitan saber que son el todo en el mundo y no una parte, lucharán y experimentaran a su propia manera, aprenderán lo que puedan y tomarán lo que tengan a mano. Y ahora mismo, si no ha intentado escapar es por un solo motivo.
Los ojos avellana de Masaru se detienen en el niño que se aferra a la mano de su madre. Un pequeño alfa que está comenzando a madurar rápido como los niños nómadas. Él es la clave. Porque incluso si sospecha que Nemuri no le dijo toda la verdad sobre ambos, Masaru sabe que por culpa de su hijo perdió su juventud más sana, los últimos años de su niñez y su libertad. Entonces, para convencerlo de establecerse con ellos de buena voluntad, sin que el lazo con su futuro alfa corra riesgo de romperse, o que caiga en una gota por dejar al niño, ahora le ofrecerá lo único que un Omega cómo Izuku podría desear y que los dagobenses nunca ofrecerían. Autonomía.
Se hace un silencio largo mientras ambos omegas se miran de hito en hito. Tasando sus voluntades mutuamente.
- ¿Cuál es tu nombre Omega?
- Soy Izuku Midoriya...
- Izuku, joven muchacho. ¿Tienes idea de que has hecho aquí? - Izuku lo mira sin contestar, en este momento está luchando por mantenerse firme y estar consciente, a la par que intenta no demostrar lo mal que se siente.
- Dagobense y pueblerino sedentario, he escuchado cosas interesantes sobre ti...No eres como ningún otro, tu sobreviste a un parto a temprana edad, la crianza de un hijo natural, el rapto, la guerra, un castigo de nuestra mano y la incertidumbre en las jaulas... ¿Dime qué destino debería reservarle a un hombre como tú? Los demás ya conviven con un pretendiente o están apareados. De ti, si soy honesto, espero lo mismo, pero no voy a ofender a un omega que porta las voluntades de dos dioses en su espíritu. Por eso voy a darte la oportunidad para que te pruebes a ti mismo.
Izuku lo observa aletargado. No pasa desapercibido en el Omega mayor que ha soltado la mano del cachorro y que sus pupilas han recuperado su tamaño normal. Ya casi no le queda consciencia, pero lucha por ella. Tiene su atención.
- Entonces te daré a elegir Izuku Midoriya, pasa tu celo en un refugio y luego comprométete con uno de nuestros Alfas. Ellos te darán un nido y te criarán sólo cuando estes listo para hacerlo
- ¿Qué pasara con mi hijo? – lo interrumpe dando un paso al frente, la vitalidad volviendo de pronto. Pero es pasajera.
- Será adoptado por una de nuestras tribus.
La boca de Izuku se abre mientras busca a tientas la mano de Kota. - ¿Y lo segundo?
- Puedes permanecer soltero en tanto pruebes que puedes cuidar de ti y tu cría.
Los ojos de Izuku se abren ante la oferta, no puede haber escuchado bien lo que le dice. No le están dando su libertad, pero...ellos…
Sin quererlo, sus ojos desvían hacia Nemuri, ella observa con seriedad e inclina un poco la cabeza hacia adelante, apenas medio centímetro.
- Si escoges el último, no podrás abandonar este asentamiento, nuestra gente te vigilará, pero en la próxima primavera tendrás que demostrar que eres digno de la libertad que los omegas de mi tribu y sangre poseen ¿Qué eliges entonces joven Midoriya?
Izuku traga saliva, pero camina hacia el hombre, los dos rubios, madre e hijo se ponen alerta, pero Masaru los detiene con un gesto de su mano.
- Lo segundo...quiero lo segundo...- y entonces se tambalea.
Tokoyami de dos pasos adelante, pero Izuku retrocede lejos de todos ellos y acompaña a las betas que estaban tras de Nemuri. Kota le toma la mano arrugando la nariz, porque el olor de Izuku es fuerte y diferente, le provoca cierta repulsión en su estómago, una que le dice "esto no es para ti".
.
.
.
El omega prácticamente se desmaya en el catre que le prestan para pasar su celo, y ahí la peor de las fiebres lo asalta con fuerza. Siente una presión inexplicable en su sexo, hay calor, humedad y cólicos que lo paralizan y retuercen sobre sí mismo.
Varios omegas se turnan para cuidarlo, le ponen paños fríos en el cuerpo, lo animan a satisfacerse, pero Izuku niega con la cabeza y llora casi todo su celo mientras la fiebre se lo lleva de vuelta a un hogar sin jazmines ni duraznos.
En sus sueños se pasea por una granja rodeada de bosques sin domar. Esta no es su casa, sino una choza de un solo piso. Con duda, abre la puerta y ahí encuentra a un joven rubio frente a un telar, tiene varios hilos de colores y con ellos ha tejido una escena del cuento de la bestia Ughot Ughot.
"Siéntate a comer…pero primero lávate las manos alfa sucio" le dice el omega con el tono duro y agresivo. "¿Por qué todavía tienes el hacha contigo? Deja eso afuera, no puedo creer que me hagas explicarte todo Deku…"
- ¡Ey, quédate conmigo…ah! ¿Cuál era su nombre? ¡Lo olvidé otra vez! ¡Chiyo-san, está delirando otra vez! - grita una mujer mientras el dagobense balbucea palabras sueltas sin sentido. Retazos de una historia inventada...
- Izuku – dice la mujer tomando la cabeza del joven entre sus manos - ¿habías tomado solaría?
- …
- ¿Tomaste solaria?- le insiste mientras ordena que cambien los paños húmedos
-…
- ¿Tomaste solaria, la flor verde amarilla estrellada? – le dice dando pequeños golpecitos en su rostro.
- No, no sé
- ¿Evitaste tu celo? ¿Cuántos has tenido después del cachorro?
- Ninguno… ¡Señora Ito! Kota está callado ¿Puede vigilarlo por mí? Hace cosas cuando está callado y creo que tengo neumonía…
- Necesitamos más agua fría…Dile a Nemuri que prepare más corteza de sauce…- ordena mientras hace que los demás lo desvistan, jamás había visto un omega que no tuviera un celo en tanto tiempo y sus pensamientos se enturbian ante eso. Izuko aparta el cuerpo de los otros que lo rodean y se cubre con la sabana.
Cuando Nemuri avisa su llegada, no entra, como alfa no puede acompañar a los omegas en celo aunque esté apareada. Chiyo sale a recibirla mientras la observa con sospecha. Más no puede probar hasta qué punto ha mentido la mujer, no mientras el omega siga sin dejarse tocar. Ahora que su celo ha llegado muchas de las marcas que antes podrían estar ausentes en un omega virgen y en crecimiento se camuflaran con el término de la maduración sexual, hay otras que podría confirmar que el omega no es la madre del niño, pero ninguna es certera, salvo la prueba de virginidad.
Izuku se levanta de la cama, pero rápidamente es devuelto por las demás omegas. Entonces lloriquea para que dejen ver a su hijo. – Necesito alimentarlo…está llorando de hambre…señora Musa, quiero a mi cachorro…está llorando de hambre, ya estoy mejor…
La anciana abre los ojos y vuelve a sostener sus mejillas mientras lo mira aprensivamente. - Izuku no estas enfermo, es tu celo…
- Pero no puedo ser mi celo… la matrona lo dijo
- ¿Qué matrona?
- La que viene a casa desde que Kota nació
-Oh muchacho… ¿y ella te ofrece té cuando viene a casa?
- Usted sabe
- Estoy vieja muchacho…se me olvidan las cosas ¿Te da té cuando viene?
- Siempre tomamos el té…
Los ojos de chiyo se cierran dolorosamente, porque sospecha que Izuku ha estado tomando por mucho tiempo hiervas para evitar su celo. Probablemente la matrona siguió ordenes de la familia del omega tras parir al niño.
- ¿Chiyo? – llama Masaru desde la puerta - ¿sabes ya que es lo que tiene? - inquiere mientras ingresa con una nueva muda de ropa para Izuku. No ha dejado de venir a verlo, se siente culpable de haberlo enfermado.
- Creo que suspendieron su celo para castigarlo por el niño, y ahora que ha vuelto regreso como una lluvia monzónica…si sobrevive a la fiebre sus ciclos serán muy fuertes e irregulares hasta que se estabilice…pobre niño…- se lamenta la anciana mientras Izuku vuelve a gemir con las manos en el vientre.
En sus sueños Izuku se arrastra fuera de una cueva herido, un brazo inutilizable y sangrando desde el estómago. Tras su espalda una bestia gigante y negra yace muerta con una espada atravesándole el pecho. El exterior revela un cambio de pastos verdes que se mecen con la brisa y a lo lejos un caballo imperial viene galopando. Su jinete desciende para tomarlo en brazos mientras lo interroga presionando su herida "Que demonios hace un un omega como tú en la frontera" pregunta el hombre.
