Capítulo 14 Prueba de Autonomía

Para el término de su celo, Izuku pasa al menos una semana más en cama bebiendo todo tipo de líquidos que le presenta la abuela Chiyo. Ella le explica que tuvo una reacción adversa severa en su celo tras dejar de consumir la hierba que se lo estaba impidiendo. Y luego le advierte que Masaru le explicará los términos de su prueba tan pronto esté en condiciones de iniciarla.

Kota corre a su cama cuando lo dejan acercarse. Le explica que Nemuri se hizo cargo de él y cuando esa noche se quedan solos, la mujer se apresura a darle una bolsa con monedas.

- Escúchame bien, a partir de ahora estas casi por tu cuenta, están vigilándonos a ambos. Masaru te hará venir aquí para una revisión de salud y yo intentaré estar presente para ayudarte con las cosas que pueda.

- ¿Dónde está mi ropa?

- La tengo guardada…logré quitárselas antes de que encontraran en tu chaleco los bolsillos secretos, pero no te preocupes no las revisé. Ten. - el joven toma las prendas, pero las revisa inmediatamente. - vístete tras esa cortina. No miraré

Izuku se apresura a vestirse y solo cuando está lejos de la vista de la mujer palpa el contenido de los bolsillos. Todo estaba ahí, aunque no puede sacarlos porque no tienen una apertura para ello, su plan siempre fue abrirlos sólo cuando estuviera en un lugar seguro. Al salir, Masaru y la anciana están entrando a la carpa mientras Nemuri sale a petición de Masaru. Izuku los reverencia y agradece que lo hayan cuidado.

- Hoy es tu primer día. – dice Masaru mientras lo conduce fuera de la carpa.

La diferencia de luz le molesta los ojos, pero se fuerza a mantener la vista en frente donde dos omegas mayores vestidos de forma parecida a Masaru lo esperan silenciosamente, en compañía de Alfas y otra comitiva de nómades.

- Shinya es la matriarca de la tribu nómade del oste. El alfa junto a él es Tsunagu Hakamada su esposo y Khan de la estepa perseverante. – ambos visten exactamente el mismo traje salvo por las insignias donde uno lleva un buey y el otro una serpiente. Lo saludan de forma solemne. - Él es Mirai Sasaki la matriarca de la tribu nómade del sur en el desierto y el mar. A su lado está el Khan del rigor del sur, Mirio Togata.

Izuku se inclina más con los últimos porque mientras Mirio le sonríe de forma luminosa y afable, Mirai lo observa de forma penetrante y casi despectiva. Toma aire nervioso porque nunca ha tenido que saludar a personas que tengan rangos superiores y no quiere sonar grosero. Mierda, debió preguntarle a Nemuri.

- Muchas gracias por cuidar de mi…-dice sin levantar la cabeza- aprecio los favores con que me han honrado. Solo soy un humilde campesino, pero tomaré el desafió con respeto sin importar lo que suceda al final. - le dice mirándolos a los ojos. Kota se mantiene firme a su lado, sosteniendo fuerte su mano, sin demostrar miedo en su rostro.

Tsunagu sonríe levemente ante lo dicho por el omega, palabras sinceras y correctas para la situación, sin falsos afectos que sin duda hubieran terminado de ofender a Mirai. Puede decir que es muy despierto e intuitivo. Tiene la mirada inteligente pero la humildad lo disfraza, haciéndolo ver más cándido de lo que es. Si las matriarcas se descuidan, dará grandes sorpresas.

El niño por su parte intenta verse mayor a lo que parece, en especial tras el celo de su madre, según puede notar. También es protector, vigilante y puede que eso cause algún problema, pero respeta a su madre. Incluso el, que es padre de 2 cachorros, se da cuenta que ambos poseen una extraña línea de comunicación sin habla, como si bastara una mirada o un gesto del otro para saber que deben hacer o como deben comportarse.

- Joven Izuku, a partir de este día comenzará la prueba de autonomía. Mantenemos en pie nuestra propuesta. Demuestra que pueden cuidarse hasta la próxima primavera, pero hará falta más que una vana supervivencia. Los omegas de mi pueblo trabajan en los quehaceres del hogar y tienen algún oficio, han creado sus propios nidos y mantienen sus hogares sin la necesidad de un protector. Y eso es lo que pediremos para que pruebes tu valía, consigue un trabajo con ingresos fijos, un nido para tu cachorro y mantén la salud de tu familia. Se te permitirá moverte en torno a este castillo, el pueblo y el fuerte, los limites son los que forman nuestros vigilas que estoy seguro, todavía recuerdas. Puedes hacer tres preguntas.

Izuku intenta pensar en las cosas que ha visto, pero hasta ahora no tiene mucho. Nemuri le dio dinero, pero sería estúpido gastarlo ahora que no tiene con que justificarlo. Mas importante aún, los términos de la prueba parecen demasiado simples, y uno de ellos es confuso ¿Qué es un nido? Ha escuchado muchas veces esa palabra, y variaciones de ella ¿Es una casa? No hay forma de que consiga una casa para la primavera…no, tiene que ser algo más…

- Yo primero quisiera saber qué es un nido. - dice y el rostro de muchos cae ante su pregunta, mirándose entre sí. Excepto Masaru, los khanes y las matriarcas.

- Me refiero a un refugio donde puedas dormir con tu cachorro y pasar la noche seguros.

La mirada de Izuku se concentra y alivia un poco. No ha dicho que tiene que ser necesariamente de su propiedad, así que podría buscar un lugar que pueda pagar. Entonces recuerda los regalos de su abuela y se pregunta si podrían venderlos ahora o se lo prohibirán. No, lo mejor será ocultar esa información y ver si Nemuri puede ayudarlo con eso luego.

- ¿El oficio puedo dedicarme a cualquier cosa? – pregunta, pero tras decir esas palabras la mirada de Masaru se estrecha seriamente

- En tanto no se trate de comercializar una parte de tu cuerpo- acota e Izuku se sonroja porque eso no era que estaba pensando.

- Oh dios mío, no mi señor no es eso lo que…- dice cubriendo su rostro con ambas manos, los alfas de su alrededor se ríen. - yo tenía prohibido muchas cosas en el pueblo, cazar estaba prohibido, visitar la herrería era prohibido, la gobernación…la cruza de…ahm, quiero saber si les importa uhm…

- No, si puedes hacerlo y cumplir las exigencias de tu patrón puedes tomar el trabajo que consigas. -contesta riendo suavemente al final.

Izuku toma una profunda respiración, su rostro se siente caliente al igual que sus orejas. "Cielos, concéntrate idiota", se reprende porque ahora solo le queda una pregunta. En cuanto a salud, es lo que necesita aclarar, ¿Estaría remitido sólo a enfermedades contagiosas? Sería un problema si incluyera accidentes, considerando la frecuencia con que se accidentaba en casa …Ah, por supuesto que sí serían accidentes también, y ¿Que pasará ahora que su celo llegó? Diosa, debió preguntar esas cosas de ante mano, tenía tanta vergüenza, encima ¿Cada cuanto llegará? No conoce su propio ciclo…oh ¿Porque dejaría que le prohibieran algo tan importante…?

-Izuku si murmuras tan bajo no puedo escucharte- le dice Masaru y los demás vuelven a reír.

Los ojos de Izuku se cierran y el tono rojo de su rostro se oscurece. ¡Por supuesto que seguiría humillándose!

- los cuidados de un celo son de libre acceso para todos en nuestra tribu,- interrumpe Chiyo- eso incluye extranjeros residentes, al igual que cualquier atención sexual o reproductiva que requieran…No así cualquier otro servicio porque debemos abastecernos y ningún mercader regala los suministros.

- Izuku, supongo que nuestras diferencias culturales serán un espuelazo para ti un tiempo, entonces ven a mi yurta cuando tengas lista esa última pregunta y si acaso algo grave pasa…

Izuku se muerde los labios, y asiente. De pronto, siente como si hubiera tragado melaza espesa tras escuchar el tono suave, afectivo y maternal en la matriarca. Mas intenta empujar esos sentimientos lejos de él, porque no puede olvidar que ellos son los que le quitaron su hogar, familia y futuro.

- Tienes 7 días para encontrar tu propio refugio, por ese tiempo puedes pasar la noche en las carpas de las matronas, pero tienes que llegar antes del anochecer. Si no lo consigues, estarás por tu cuenta por la noche…- advierte Masaru y dicho eso todos se van. Tsunagu, el Khan del oeste, es el último que queda y lo reverencia levemente antes de irse.

Así comienza la prueba de autonomía.

- ¿A dónde iremos ahora?

- Tengo que ir al pueblo… -Le dice sin soltar su mano. Se queda parado en medio del camino mientras ríe aliviado de que lo dejaron, al tiempo que pequeñas lagrimas caen por su rostro.

- ¿Estas triste o feliz? ¡Decídete por una! -dice Kota confundido.

- Lo siento- dice limpiándose el rostro- escúchame Kota, necesito que te quedes aquí ¿Está bien? Necesito recorrer todo el fuerte, el pueblo y los alrededores, tengo que saber muchas cosas y no puedo hacerlo contigo…Solo será un día más

- ¿Vas a volver?

-Por mi vida

-Yo misma te cuidaré – le dice Nemuri, estaba fuera de la carpa observándolos- has lo que debas Izuku y vuelve antes del anochecer…

- ¡Sí! – dice para luego correr tomando un camino diferente al de los nómades.

Su primera parada es el pueblo de Yukai.

El asentamiento tiene una estatua de la diosa Toyotama en las faldas del dios Aodoth en medio de una plaza con piso de adoquines. El ambiente de todo su alrededor rápidamente le trae recuerdos de su antiguo hogar, el mercado, con los puestos abriendo, gente comprando o regateando precios, niños paseando con sus padres...Entonces se da cuenta de como la vida había seguido adelante mientras estaba encerrado en una jaula.

A su alrededor varios salvajes están sentados sobre alfombras de lana donde han puesto objetos para la venta o intercambio, en su mayoría son joyas pequeñas hechas de plumas, plata y hueso, con piedras semipreciosas de varios colores. Otros han puesto para la venta pieles y telares de diversos tipos. Uno de ellos tiene una jarra grande con un tapón de papel y cerámica, en la mano sostiene un cucharón con el que reparte una especie de licor blanquecino "Airag, Airag" dice el salvaje cada cierto tiempo. Junto a ellos, en puestos más o menos vacíos, hay dos comerciantes de pueblos vecinos dagobenses que traen sacos con granos y harina, y una mujer beta que lleva una canasta llena de huevos.

Toda la plaza también está rodeada de diversos locales fijos, una herrería con 4 hornos encendidos y dos peones atados de los pies con cadenas. Atienden a varios salvajes para afilar espadas, reparar yelmos o pedazos de armaduras.

Hay una casona grande con pequeñas mesas donde dos alfas comen carne mientras una beta les trae dos pintas de cerveza. En la ventana cuelga un letrero que dice cuartos disponibles. Allí entra a mirar y pregunta a la joven, pero el cuarto resulta ser en realidad dos alas gigantes en el segundo piso, uno para omegas y mujeres betas y otro para alfas y betas machos. Están separados por una muralla de tablas delgada. Al interior hay varios cubículos separados por cortinas de tela raída y un futón viejo en cada espacio. "7 monedas la noche sin comida, 10 con una cena o desayuno…" le dice la chica con una sonrisa.

Al salir, se detiene en otra casa con un cobertizo donde un joven está moldeando arcilla, el horno encendido atrás. Izuku lo observa, pero no se detiene a hacer preguntas porque ese es un trabajo que requiere experiencia y conocimientos que no tiene.

Otras casas están vacías, las puertas rotas con hachazos o las bisagras desprendidas desde sus goznes. La mayoría están siendo tomadas por salvajes que perecen estar reparando y tazando la vivienda para usarla luego en alguna cosa.

Entonces encuentra una plazoleta, húmeda, con pasto y hiervas sobresaliendo entre las piedras del piso. Justo en medio hay un pozo ancho de 3 poleas de las que cuelgan 3 baldes. A su alrededor encuentra una serie de tendederos, barriles llenos de agua, omegas, betas y un alfa lavando ropa. En el piso hay un desagüe que intuye da a parar a la propia fosa del castillo.

En medio de eso encuentra una casa con dos mujeres adentro, una le entrega a un hombre un barril sellado para cargarlo en una carreta pequeña. Izuku se detiene a mirar con cierta curiosidad, la mujer porta un sombrero grande vistosos terminado en punta, las ropas negras sin detalles y la casa tiene una escoba ensartada en un hueco situado justo encima de la puerta…

Cerca de la muralla externa del fuerte en construcción, encuentra un aserradero donde trabajan varios alfas con uniformes de soldado sucios, están cortando leña mientras una pila de beta los vigila de cerca con fustas y espadas. Ese lugar queda descartado de antemano.

Justo fuera de la ciudad una pequeña choza esta apiñada contra una muralla de piedra sin terminar, frente a ella hay un campo de unos pocos metros cuadrados repleto con verduras de estación, ahí un hombre mayor se palmea la espalda mientras un jovencito de unos 12 años sigue recolectando las cosechas.

A la derecha y al fondo, el bosque Yukai se muestra herido y profundo, detrás de enormes pilas de troncos y tocones de madera donde betas talan árboles o preparan leña. Hay troncos sobre mesas de trabajo y trozos pequeños apilados en pequeñas pirámides, y son tantos que casi no puede llevar la cuenta.

A lo lejos en el horizonte, la meseta lunar se eleva con sus riscos escalonados y verdes con bonsáis y matorrales. Sobre la meseta una línea de árboles se alza con forma irregular, y en los niveles inferiores hay humo blanco en volutas delgadas que se desasen rápidamente con el viento, pero son tantas que nadie puede negar que están ahí. Una alfa salvaje se encuentra cerca de los tocones de madera rodeada de betas, tiene el cabello negro recogido en una cola de caballo y un escote muy pronunciado que le recuerda a la propia Nemuri. A su alrededor hay carretas cargadas con trozos de madera, y entre los vehículos uno de los Khanes está discutiendo algo con todos los presentes.

Izuku toma la presencia del hombre como señal para irse rápido de ahí.

Ya es medio día cuando termina de revisar el pueblo y piensa que es el mejor lugar para buscar un trabajo, aunque será difícil ya que muchos aún están reconstruyendo sus vidas tras la guerra. Puede que no tengan dinero para pagarle, pero con alimentos será suficiente por el momento.

Lo siguiente que hace es ir a la zona donde los salvajes se han establecido dentro del fuerte. La mayoría son carpas y echan humo desde el techo. Dentro se escuchan las voces de salvajes alimentándose, riendo o cantando en su lengua gruesa. Los olores son fuertes y le recuerda que no ha comido nada salvo un pan y el té que le ofreció Chiyo-san por la mañana.

Aquí la vida cotidiana es diametralmente distinta a la del pueblo, y de lo que vio antes de que ganaran la guerra. Sus costumbres son muy diferentes en cuanto a cómo deben comportarse una casta con otra. Los omegas son difíciles de distinguir, porque no tienen la diferencia de altura tan marcada y se visten todos igual. Lo otro que lo sorprende es que son muy abiertos en cuestiones…amorosas

Vio a un alfa echarse al hombro a una omega soldado y esta se reía cuando la metió a la carpa. Las parejas se besan en la boca en público, y un par retoza a plena vista, con la entrada de su carpa recogida con un lazo, suspirando y gimiendo sin sentirse cohibidos por la mirada inescrupulosa de los que pasan por ahí. Izuku pasa corriendo por ese lugar completamente avergonzado por los sonidos y los olores que no conocía.

Por suerte, la mayoría sólo bebe alcohol sobre una estera de paja a la par que juegan con otros alfas al cacho y otras brincas que no conoce.

Lentamente comienza a llamar la atención, pero se apresura a recorrer lo que más puede, hasta que un alfa se levanta del suelo y lo saluda con la mano. Rápidamente lo esquiva, caminando en dirección contraria hasta que de pronto casi choca de bruces contra un círculo de salvajes que grita, abuchea o vitorea el nombre de Katsuki Bakugo.

- ¿Quién dijo que esta tullido? – se queja lastimeramente un salvaje entre el mar de personas que se congrega formando un círculo, y tras eso un grito feroz y animal resuena por todo el campamento.

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Esa mañana Katsuki se levantó listo para retomar sus responsabilidades, pero 5 minutos hablando con su madre fue suficiente para que terminara con toda la mierda hirviendo. Es un héroe de guerra, pero todos los imbéciles de su alrededor creen que una triste herida de nada lo ha condenado a vida de miseria y lastima. No puede mover el meñique, pero no necesita ese dedo, los demás en su brazo esta casi igual que antes de su pelea con la basura de Dagobah. Pero la gente insiste en tratarlo diferente.

Masaru lo visita casi todo el tiempo a pesar de que esta enormemente ocupado vigilando a las parejas apareadas o buscando un alfa adecuado para los pocos omegas que aún no encuentran un olor compatible con su naturaleza. Su madre le quitó más de la mitad de sus funciones para obligarlo a descansar y Tokoyami está encima de él como si fuera una especie de mocoso malcriado.

Pero como premio final a su maldito día, Mashirao se presenta con tres alfas listos para tomar su mano.

-Me tienes que estar cagando Ojiro.- sisea

-Estos ilustres soldados quieren retarme a un duelo por mi mano- dice con una sonrisa. Tokoyami se para a su lado con los brazos cruzados, negando con la cabeza por la situación- Pero como estoy enfermo – agrega con una tos fingida- solicito mi derecho para que el Alfa de Alfas de mi manada defienda mi Honra.

- ¡Honra! Eres peor que un grano en el culo ¡¿Cómo es posible que duermas más que yo?!

Ahora tiene pelear a mano desnuda y si pierde Ojiro tendrá que casarse con uno de esos pobres diablos. Lo que es malo porque tendrá que aceptar un alfa de mierda en su manada o dejar ir a Ojiro…De pronto su amistad con el imbécil pesa menos en esa balanza. Quizás debería perder la pelea a propósito…

- Ojiro no vale una pelea con Katsuki – murmura un tipo del círculo de curiosos. Y Katsuki está plenamente de acuerdo con esa afirmación.

- Ojiro vale 3 peleas con Katsuki o cualquier otro igual de fuerte y mejor – repone otro

- ¡Cierren la boca! esta tullido imbéciles, claro que pueden ganar – dice otro y eso es suficiente para que Katsuki decida que va a partir a esos hijos de puta a la mitad.

El primero de ellos da un paso al frente y Katsuki lo lanza por encima de su hombro tan rápido que se detienen las apuestas y se arma un silencio sepulcral. Por su puesto el tipo se levanta y entonces comienza el intercambio de golpes, o más bien el pobre diablo termina aturdido en el suelo tras lograr conectar un solo golpe.

El segundo es más cauteloso, con muchas menos ganas de humillarse y altos deseos por ganar. Se rodean, esperando a que el otro haga el primer golpe. La guardia de Katsuki es diametralmente más pulcra pero los gritos de los curiosos y los comentarios mordaces hacen que desvíe la mirada brevemente.

Rápidamente el otro aprovecha para lanzar un golpe con el puño hacia el plexo solar de Bakugo, pero este logra poner la mano para amortiguar el golpe. Entonces recibe otro golpe en el costado izquierdo y Katsuki jadea de dolor, pero aprovecha para abrazar al alfa más alto y conectar dos fuertes golpes en el hígado con lo que cae inconsciente.

- ¡¿Quién dijo que esta tullido?! - Grita una beta con una mano en la cabeza. Había apostado contra Katsuki y parece que va a perder su dinero.

Katsuki se da vuelta y grita de rabia, rechinando los dientes mientras su habilidad comienza a calentarse en sus manos. La gente gime y retrocede.

- ¡Katsuki no me hagas intervenir! -advierte Tokoyami y el otro le muestra el dedo medio.

Ahora solo queda un alfa de mierda y el beta de antes. Toma posición y el otro ataca rápido sin darle mucho tiempo para pensar, pero Katsuki no es considerado un luchador poderoso por la fuerza de sus golpes sino por sus reflejos salvajes. En un soplo desvía el puño del otro alfa al tiempo que conecta otro golpe en el pecho con la mano izquierda abierta. Por su puesto no tiene el impacto de un puño, pero es suficiente para aumentar la distancia entre ellos, con lo que conecta una patada fuerte en el costado de su contrincante, derribándolo. Ahí pisa su garganta o más bien le muestra que hubiera pasado de ser esto un ajusticiamiento, y se detiene para luego ofrecer una mano.

La gente se dispersa rápidamente para no pagar y en medio de esa marea Izuku queda atrapado contra una carpa mientras los alfas que reparan en él lo miran con una ceja enarcada y sonrisas presumidas.

- No puedo hacer esto 4 veces – gruñe Katsuki cuando encuentra Izuku bajo la sombra de un alfa al azar que ha puesto un brazo contra el costado de su cabeza.

- Apártate imbécil.

- ¿También eres el alfa de este? – espeta el otro.

- Abre los ojos, idiota, no pertenece a la tribu y no trae el cinturón para anidar…Y por su rostro es obvio que no está interesado en ti, o ningún otro.

El tipo pone los ojos en blanco y se va- Gracias por la ayuda -dice Izuku mientras intenta escapar, pero Katsuki lo agarra por el cuello del chaleco.

- ¿Dije que podías irte? -pregunta abusando de su altura - ¡Para alguien que no quiere aparearse, ha hecho un movimiento muy audaz!

- No creo que sepa donde esta ¿Hoy, es el primer día verdad? -acota Tokoyami todavía de brazos cruzados.

- Sigue siendo un movimiento estúpido…- espeta Katsuki sin soltar a Izuku.

- ¿Quién es? ¡Mira sus pecas, son lindas! - dice Ojiro tras la espalda de Katsuki.

- Quería hacer un reconocimiento del lugar. - se queja Izuku con los ojos cerrados.

- Es sensato pero peligroso-dice Tokoyami- te metiste en el área de solteros…es una suerte que estos dos te encontraran.

- ¿Área de solteros?

- Claro, cuando estas apareado quieres privacidad y una yurta. – dice Ojiro mientras camina por su alrededor para mirarlo bien. - y un lugar más amplio para abastecer tu nido para los cachorros.

- Ah entiendo… ¿Me puedo ir ahora? – pide, pero Katsuki sacude brusco su chaleco

- ¿Cuál es la prisa? ¿No vas a hacer tu reconocimiento? - se burla el alfa.

- Katsuki suéltalo para que pueda guiarlo, el pobrecito debe estar muy confundido- dice Ojiro.

- ¡Ja! ¿Qué le vas a enseñar tú Mashirao, además de un pésimo gusto en alfas y a evadir peleas?

- Son buenos en lo que cuenta- le dice sin una pulgada de timidez- Joven pon atención, las carpas son para omegas y alfas que todavía quieren disfrutar su juventud y últimamente - dice mirando hacia Katsuki- alfas rezagados…

- Muy bien, fue suficiente de peleas- dice Tokoyami cubriendo la cabeza de Bakugo con su magia de sombras. – Llévalo devuelta a las carpas de Chiyo, Mashirao…

Y cuando no están a la vista suelta a Katsuki que respira largas bocanadas de aire.

- ¡Ah, infelices! ¡¿Dónde se fueron?! ¡Me las van a pagar! ¡Yo elegí estar soltero!