Capítulo 16 Duelo
El cielo apenas aclara cuando el solitario potrero es interrumpido por el gemido de una yegua enojada y el relincho de un semental aprensivo. La bestia se había soltado nuevamente y ahora rodea a la hembra. La yegua deja que se acerque mientras el semental retrae los labios para embriagarse de su nuevo olor a madre gestante.
Katsuki silva levemente cuando encuentra a su caballo y el semental trota hacia él, dejándolo acariciar su lomo. De reojo mira a la yegua preñada y su postura tensa. – Y elegiste a esa entre las demás…-le susurra al caballo con una sonrisa.
Inasa permanece de pie unos palmos más atrás observando con admiración al alfa mayor de quien ha tenido que aprender tantas cosas. Antes fue Katsuki quien se hizo cargo de las caballerizas en la estepa y luego le dio la responsabilidad a él cuando cumplió los 15 años, y casi dos años después Inasa sigue aquí para demostrarle que hizo una buena elección.
- No te tomes personal que Ulgen no te deje montarlo. Lo canse por dos semanas a través de la estepa, pero no me dejaba acercarme ni comía lo que dejaba como ofrenda, hasta que vio como trataba a Tordo. Entonces probe y así logre tocarlo. Al día siguiente comenzó a comer y ahora estamos aquí. Te dejará acercarse un día como ahora- le dice mientras Inasa logra pararse al costado de la bestia. – no bufa ni agita la cola, solo sigue imitando la conducta de la yegua matriarca, siempre firme pero no invasivo.
- Es un hermoso ejemplar de sangre caliente – alaba Inasa mientras lo acaricia con más confianza- es raro que haya elegido una hembra de sangre fría y tan pequeña.
- Es una yegua de tiro, la usaban para arar la tierra, pero tiene buen nervio y socializa bien con los otros caballos, seguramente le gustó su carácter e inteligencia y por eso la apareo.
- Esta también la trajiste tú.
- Sí, le pertenecía a la omega esmeralda…-le dice mientras toma la brida de la yegua.- abre el granero para que podamos guardarla dentro, ahora me hare cargo de mis caballos, no quiero que la vieja bruja me siga molestando por ellos.
Y era cierto, todos sus caballos son igual de temperamentales que él, no les gusta cualquier persona, aunque nunca han rechazado a sus padres, o a Tsunagu. Fue curioso que se alteraran tanto la última vez. Como si hubieran presentido que estaba herido en Deika.
- A sido una buena experiencia. – le dice Inasa con una sonrisa mientras quita el candado y la tranca del granero.
Dentro, dos yeguas los saludan con pequeños arrullos y Katsuki las mira con cierto orgullo. Las tres fueron apareadas por sus sementales y las tres le darán una cría fuerte para las arcas de su manada. Además, con eso Inasa podrá ingresar a su manada. Sólo le faltan 2 ritos de iniciación para ser declarado adulto: imprimir un caballo nuevo desde su gestación y la ofrenda de protección al dios alfa.
Desde la puerta, Inasa se queda estirándose y bostezando porque ha dormido poco pensando en lo que le han dicho los espías de Masaru. Izuku no tiene donde pasar la noche, pero sigue apareciendo sin falta en el lavadero, trabajando de mañana a noche. Si hubiera vuelto le habría preguntado cómo se las arregla, pero no lo ha visto en casi 7 días.
Katsuki camina hasta casi llegar al fondo y abre una puerta de un cubículo para meter a la yegua. La hembra ingresa rápido sin oler el lugar, bufar o quejarse cuando la toca sin su permiso y hasta se echa sobre el montón de paja para dormir un rato. Entonces, las cejas de Katsuki se unen ligeramente.
Como hembra de sangre fría, ser dócil es común, pero este comportamiento es nuevo hasta para ella, desde un principio notó que no le gustan mucho los espacios cerrados por eso no la había metido al granero tan pronto comprobó que estaba preñada, era mejor esperar a que el potro se asentara bien en el vientre antes de estresarla con un lugar nuevo.
Sin embargo, no se va a quejar de que un omega quiera cooperar con él por una vez y la ayudará a estar más cómoda. Cerrando la puerta, va al fondo para tomar una manta solo que cuando lo hace, encuentra dos pies pequeños tras los barriles y luego a Izuku. El omega está durmiendo, sentado contra la muralla y el niño a su costado dormitando incluso más profundo, con pequeños ronquidos.
Katsuki mira hacia Inasa, pero es obvio que él no los dejó pasar y en silencio regresa con la yegua para ponerle la manta encima. La duda que tiene ahora es como lo hace para evadir a los espías.
- Tu primer amo es una pequeña rata escurridiza ¿No es así? -Le susurra a Kora y la yegua lo mira con sus ojos negros brillantes.
- Eres inteligente… Lo oliste primero que nosotros y por eso te metiste sin quejarte ¿verdad? – agrega sentándose en el piso, luego toma su cabeza entre sus manos con cuidado. -¿Le hará gracia saber que mi semental te preñó? – y en respuesta agita la cola.
Entonces se despide de las demás yeguas y camina directo hacia Inasa que está apoyado contra el dintel de la puerta de brazos cruzados. Se detiene frente a él, colocando una mano en su hombro. - ¿Recuerdas que me debes un favor? Quiero cobrarlo ahora.
Los ojos de Inasa se abren con sorpresa, pero escucha que va a decir- Al fondo tienes una ratita verde, no lo asustes y no se lo digas a mi padre. – agrega riéndose de la cara de tonto que ha puesto Inasa- Sólo averigua como entró, porque si él pudo, otros lo harán. Llega a un trato con él. - finaliza para ir directo al semental que lo espera en el campo para su paseo diario por los alrededores del fuerte.
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- No me gusta cómo te mira- Berrea Kota contra el suelo y un balde de madera en la cabeza. – Mi papa se puso histérico cuando vio a ese soldado hacer lo mismo en el mercado.
- Silencio- regaña Izuku levantando el cubo de la cabeza. – el abuelo querrás decir- le susurra y luego empuja la cosa hacia abajo.
- Ay, ¡me dolió!
- Nanai – berrea Izuku mientras vigila por encima de su hombro.
No hay nadie a su alrededor, pero nunca se sabe.
Realmente tuvieron mucha suerte. Inasa les hizo prometer que ya no le mentirían, especialmente para tomar cosas de los potreros. Hasta le dio una llave para el candado que afianzo en la puerta auxiliar de la paja y forraje. "Izuku no quiero saber cómo llegas aquí sin que te vean, pero promete que no te verán entrar… yo veré que nadie haga guardia durante la segunda hora de la noche" le dijo cuando los encontró durmiendo tras 7 días de infiltrarse exitosamente.
- Puede mirarme como quiera si con eso nos aseguramos un techo para el invierno- le dice a Kota, como advertencia.
Sin embargo, debe hacer que acepte su dinero. Ya le ofreció exactamente el mismo valor que cobra el hostal por dormir, pero el alfa lo rechazó. Sin embargo, no puede quedarse tranquilo porque tarde o temprano tendrá que pagar este favor y no podrá decir que no.
- Ahora no volvamos a hablar del asunto aquí- le dice con el tono más grave que puede reunir y Kota se saca el cubo de la cabeza con la boca abierta por el regaño.
Mientras lava dos canastos de ropa, se concentra en los demás problemas que supone el reto de las matriarcas. La salud es el más fácil, ya está buscando donde comprar hiervas y regaliz para proteger los pulmones, pero el nido es una cosa muy difícil de conseguir.
Por Ojiro se enteró que es un concepto abstracto y físico. Va más allá que un simple refugio, también son una cama y no lo son. Los nidos están formados de colchones más moldeables que los futones y tienen múltiples capas entre: sabanas, mantas, pieles y cojines mullidos. Y de todo eso lo único que Izuku no puede comprar ni cocer son las pieles.
Aquí, son caras en extremo porque no hay muchos talabarteros, ni hay tantos animales grandes para cazar, la mayoría se ubican al norte y al este, pasando la meseta lunar. Por suerte, Ojiro le ha dicho que, en su caso podría ser una excepción porque son regalos de los alfas "…Y poco aportan, yo voy a pedir piel de Manul y la voy a guardar en un baúl solo para fastidiar y pagarme las molestias de equipar mi yurta…"
- Mamá… ¿Puedo hacerte otra pregunta? – dice el niño cruzando y descruzando los pies.
Izuku suspira cansado mientras estira una sábana en el tendedero. – Sí
- El… ¿Hisashi no va a venir?
Las manos de Izuku caen resbalándose por la tela mojada. Una sensación de aturdimiento lo embarga mientras su corazón aletea. – Kota – le dice buscando su mirada- ya…hablamos de esto.
- Dijiste que se había ido ¿No va a volver?
Izuku lo mira aturdido y asustado. No puede hacer esto de nuevo, piensa al tiempo que siente una presión en el estómago. - No puede volver Kota…
- ¿Pero y si vuelve?
Izuku retrocede mientras la frustración lo domina súbitamente- ¡Kota! No va a regresar, está muerto… ¡Deja de pre…! - y se detiene en cuento ve el rostro asustado de su hijo. Había dejado que sus emociones lo dominaran y se abalanzó hacia él- Perdón…diosa…-retrocede cerrando los ojos hasta que siente la humedad de las sábanas limpias contra su espalda.
El niño llora más fuerte y se cubre la cabeza con ambas manos, su rostro se llena de ira y pena, luego se limpia las lágrimas y sacude las piernas contra el suelo. – Kota…mírame, lo siento.
- No quiero – responde con las manos en puños y su rostro enrojecido sin mirarlo a la cara- ¡Aah! – grita, frustrado golpeando la mano de Izuku.
El omega contiene el aire porque es la primera vez que su hermanito reacciona de esa forma. Verlo tan confundido y asustado lo aterra, pero se sienta a su lado mientras espera a que su respiración se calme.
- No lo entiendo – dice hipando y respirando con dificultad. – Porqué…si se van no pueden volver…No quiero de esto de nuevo
- Kota…escúchame…-pide atrapando su cabeza y hombros. No sabe cómo es que tiene que decirlo, la palabra muerte y fallecimiento es confusa hasta para él, pero tiene que hallar la forma de hacerlo entender. - ¿Recuerdas a la gallina con pantalones? – le pregunta, cuando recuerda a la vieja ave con plumas largas en las patas.
- ¡No! ... Sí, la que se murió – responde mientras capta el olor reconfortante que proviene del cuello de Izuku. Pero no se da cuenta de la semejanza entre lo que paso con esa ave y su papá.
- Esperaste todo el día y la noche…pero no se levantó, no se levantó y lloraste mucho por eso.
Entonces Kota se aparta de su abrazo, su rostro se torna pálido mientras lo mira a los ojos asustado, pero Izuku toma sus manos con fuerza y lo mira con seriedad, su valor apenas interrumpido por una lagrima en las esquinas de sus ojos.
- El castillo fue atacado en la guerra. Y mucha gente murió. Hisashi no está entre los esclavos, no está en el pueblo, y no está en casa. Esta muerto, como la gallina y como mamá…Ahora sólo quedamos tú y yo
Izuku se estremece cuando se da cuenta de lo que acaba de decir, porque ahora la muerte de Hisashi es más real y su recuerdo punza, ahoga y escuece. Nunca volverá a ver a su padre y están solos. Ni tienen nada para recordarlo, porque incluso Kora les pertenece a ellos.
Nota:
El duelo en los niños es una cosa difícil de abordar porque no entienden que la muerte es irreversible y que es igual al termino de las funciones corporales. Si alguien de su cercanía fallece ellos piensan que van a regresar pronto, y cuando no lo hacen es cuando comienzan a llorar y sentir la pérdida.
El duelo tampoco se cierra si no puedes ver el cuerpo, o una tumba y en mi experiencia es doloroso encontrarte con cosas que confirman que la persona ya no está, como cuando quieres pedirle consejo y te acuerdas que ya no se puede o cuando pasan unos días y te das cuenta que ya dejaron lista la inscripción en la lápida…
Hice este capítulo porque me di cuenta que no aborde este punto que es importante para la trama, aunque no se si lo hice tan bien...
Igual me base un poco en mis experiencias personales, pero soy una persona a la que le cuesta identificar emociones más allá de lo que me han echo sentir...
