Capítulo 18: Reconocimiento

"El habitante invisible de la mente de los hombres prejuiciosos, era violento y grande, sumiso y rastrero, pero ahí lo vi sentado entre aliados y amigos, vistiendo la sotana de un monje…"

Ese era uno de los tantos relatos que nombraba a la bestia de los mil ojos y bocas en "El Libro Perdido de los Hijos del Este". Siempre despiadada, era en realidad una alegoría de lo peligroso que son los rumores y las mentiras. Por eso, Masaru ha estado preparándose ante cualquier eventualidad que ocurra con el omega que tiene supervigilado, más nunca espero que el chico siguiera probándose ante su gente, demostrando la impronta atávica de su sangre.

En las incipientes eras del hombre, la vida estaba bajo la oscuridad del mundo salvaje. Las bestias no tenían respeto o miedo por los humanos y los caballos eran criaturas míticas indomables, solo respondían ante los dioses. La doma era entonces una batalla donde ocurría el choque de espíritus entre humano y animal, una proeza que sólo los humanos de fuerza excepcional podían lograr.

Ulgen, según los chamanes y la magia de los espíritus negros, proviene de una alarga línea de sangre conectada a las extintas razas salvajes, pero por su temperamento territorial y abrasivo ha sido un problema desde que Katsuki lo trajo, y los dioses saben que él personalmente ha querido la muerte de ese caballo. Lo habría matado ahora mismo sino fuera considerado una flama viviente de la voluntad de Erlik Khan, el dios de los infiernos, por tanto, sería estúpido no asegurar su descendencia primero.

Para bien o para mal, el destino quiso que fuera Izuku y no Katsuki quien domara al caballo tras el accidente…haciéndolo de la misma forma en que lo habrían hecho los primeros nómades...

Qué batalla fabulosa debió ser esa, una que no habría creído posible de no haberla escuchado en boca de su propia sangre. Ahora todos murmuran sobre el omega alabando su hazaña exactamente por lo que es, una demostración de fuerza. Por todo el fuerte se repite el mismo relato: "el omega dagobense luchó sobre el lomo de Ulgen hasta apaciguar su ira", "Izuku de Midoriya, tiene buena estampa y su sangre es fuerte".

Entonces, ahora debe replantearse muchas cosas con él. Izuku es una amenaza, pero no de la forma en que estiman las matriarcas del sur y el oeste, sino por como se ve reflejado su liderazgo a través de la prueba. Además, Ulgen ayudó a probar que los dioses nunca abandonaron esta tierra y por ende quizás sea más beneficioso para ellos otro resultado en primavera.

Porque si estos omegas, que siempre creyeron incompetentes y débiles, pueden hacer más que sólo devolver la sangre perdida en la guerra del exterminio, entonces es mucho más probable que Yuei pueda renacer. Más esto sin duda será el mayor desafío que ha tenido hasta ahora como líder político. Tendrá que acelerar la recopilación de información genealógica de las parejas apareadas, necesita saber que tan diluida está la sangre nómada en estas tierras y mientras no pueda acceder a los orígenes de Izuku, deberá ganar su confianza.

Así que, aunque Masaru quiere estar furioso porque su general de caballería lo visitó temprano para suavizar su juicio, no pudo mantenerse firme por mucho tiempo una vez que el hombre se fue y sólo unas pocas horas después el propio Inasa llegara personalmente a su yurta.

Cuando lo vio entrar estaba listo para rechazarlo, sin embargo, no esperó que Inasa viniera mejor preparado de lo que cualquiera daría crédito, exponiendo sus razones con tal nivel de madurez y nobleza, así que resuelve tomar este giro inesperado como una oportunidad...

- ¿Puedo confiar en que todo esto no viene de tu interés por el omega?

Inasa baja los ojos un poco ante la pregunta severa – Mentiría si dijera que no, algo de eso hay. Nunca conoceré a otro omega como Izuku, pero tampoco voy a tomar lo que no me corresponde. Él es mayor que yo, con más experiencia en la vida y mucha más astucia e inteligencia… cuidará más de mí de lo que yo pueda cuidar de él.

- Tienes 17 años Inasa, ya has logrado mucho más que cualquiera de tu edad, así que no seas tan duro contigo mismo. Pero es cierto que emparejarse es la empresa más grande que una persona puede tomar. No se trata solo de hacer que el otro prospere, sino de que no te pierdas a ti mismo en esa aventura y será difícil si todavía estás haciéndote un nombre…

- Muchas gracias por su consejo madre…- le dice con sinceridad y, de pronto, se siente menos tenso- Me gustó su espíritu desde el primer día. Y siempre me toma desprevenido, pero eso también significa que es casi tan imprudente como yo, necesita un alfa que lo desafíe y pueda cuidarlo cuando tome más de lo que puede…Temo que no soy esa persona, porque si el diera un pie delante de forma equivocada, yo lo daría con él sin pensar.

Una risa suave escapa de Masaru. Le alegra saber que los cachorros que liderarán la tribu cuando ya no este, hayan prosperado tanto, sin embargo, no puede evitar querer protegerlos.

- Inasa, debes estar preparado, veras como otro lo aparea, será doloroso de una forma diferente a cualquier otro dolor que hayas conocido hasta ahora.

- Espero que no, aunque quiero creer que no dolerá más de lo que nos dolería una vida de frustraciones- le dice a su matriarca mientras se inclina firmemente con los brazos rectos- Por favor, deje que Izuku trabaje en las caballerizas.

Los ojos de Masaru se suavizan un momento antes de tornarse serios- No puedes darle los mismos beneficios que a tus subordinados…Si cree que puede ganar este reto, su esperanza lo matará al final…

Inasa se levanta lentamente mientras sopesa las palabras de la matriarca. En sus ojos, queda clara la duda que lo asalta. – Inasa, Izuku tiene un lazo casi kármico con su cachorro, soy duro con él porque tienen que cortar ese cordón umbilical…Si lo hacemos súbitamente, enfermará de una gota cuando el niño se vaya con Tsunagu…Casi lo hizo en su celo, por eso tardó tanto en recuperarse…

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En el lavadero, el sol se refleja en el agua con rayos de arcoíris mientras entibia la piel cansada y lastimada de unas manos pálidas. La voz de Kota resuena con la melodía de una canción que interrumpe para soplar burbujas con el agua de jabón e Izuku las atrapa juguetonamente a pesar de la sensación tirante en sus nudillos.

Han estado esperando trabajo, pero nadie ha venido salvo por un beta que trajo una pila de sabanas sucias con manchas blancas y olores de amor. Extrañamente es ahora, por estas cuestiones y no antes que reciente tanto la ausencia de su madre, le habría gustado hundirse en su falda un rato, pedirle consejos, hacerle preguntas que a nadie más podría hacer.

Más no está y ahora solo puede esperar a que los clientes lleguen o que la beta venga a recoger sus sábanas limpias que se secan al sol. Cierra los ojos para sentir el calor y olvidar la picazón en sus manos, los nudillos rojos, o las pequeñas costras que sangran cuando se deshacen con el agua.

Entonces disfruta las nostálgicas melodías que va cantando Kota, aunque algunos párrafos están mezclados…

- Así no va la canción.

- Así me gusta – se queja Kota e Izuku se ríe aliviado porque ha vuelto a discutir con él. Hasta hace dos días, ya no sabía que más hacer para reconfortarlo, pero quizás solo necesitaba tiempo.

Las sábanas ondean con la briza primaveral, brillantes y luminosas en esa pequeña plazoleta, hasta que la figura de un hombre alto se trasluce como una sombra. El rostro de Inasa se asoma y les sonríe con mucha animosidad. Llega con su uniforme y agita su mano para saludarlos cuando los encuentra.

- Inasa - llama Izuku, luego de que el alfa no dijera nada y a él no se le ocurriera que pueda querer cuando no trae ropa para lavar.

- Hola…- responde Inasa, pero sus ojos negros se tornan serios cuando se da cuenta que ya sabe cuántas pecas hay en el rostro del omega- Izuku, vengo a hacer una propuesta…- le dice en tono firme, al recordarse porque está ahí.

Kota los mira de un lado a otro y se detiene en medio de los dos. – Hola Inasa – dice con voz aguda, mientras se cruza de brazos con los ojos afilados. El alfa baja la vista hasta el niño y sonríe encantado cuando descubre el mohín enojado.

- No le hagas caso Inasa, está en una edad complicada.

- Oh, claro…Bueno, estoy aquí porque supe…no, yo estaba ahí cuando el caballo te arrastró…fue muy peligroso lo que hiciste Izuku.

- Aaah…no estaba pensando, aparté a Kota porque estaba en el camino y…-. No puede continuar, su voz se apaga avergonzado, había sido imprudente y tampoco sabe de dónde vino todo eso. -Por un momento, fue como si el mundo se detuviera. Me engancho del chaleco y creí que si me soltaba me aplastaría, entonces me alce hacia la silla…Juro que no pensé en domarlo …

- Supongo que era una posibilidad ¿Qué estabas haciendo ahí de todas formas?

- Buscaba a un vendedor…no lo encontré.

- … ¿Habías domado un caballo alguna vez? ¿Cómo supiste que hacer?

- Nunca, pero vi a mi padre domando caballos y a otra gente del campo. Los caballos se cansan rápido después de un arrebato…o eso parecía siempre, no planeo repetir esa experiencia, enserio.

La mirada de Inasa se torna reflexiva, mirando un lugar distante mientras rememora todas las cosas que sabe de Izuku. – Entonces, sabes montar a caballo, conoces cada pieza en la silla de montar, y sabes la diferencia entre una silla para hembras y otra para machos.

- Sí, criábamos caballos de tiro antes…también cabalgaba a menudo, los campos son grandes y la compuerta del canal estaba bastante lejos, así que solía ir a caballo, yo tenía mi propia silla y ayudaba a mi padre tanto como podía.

Inasa asiente mientras lo escucha. -Francamente estoy impresionado de tu espíritu ardiente, tienes la mente aguda, me servirá bien alguien como tú ayudando a calmar a los caballos beligerantes. – le dice, tomando nota de la expresión atónita de Izuku, como el ligero brillo en sus ojos y la apertura de sus labios. Pero no dura demasiado, esa esperanza se va al tiempo que sus cejas se unen con aprensión.

- ¿Quieres que te ayude con los caballos otra vez? Puedo hacerlo…Pero no por tanto tiempo como la última vez porque tengo que trabajar aquí…

- Izuku, no quiero un favor, te estoy ofreciendo un trabajo.

Y aunque el omega lo escucha, un silencio tenso se arma entre ambos. La nariz de Izuku enrojece y retrocede medio paso- Te vas a meter en problemas por eso…

- Sí, en este momento, debe haber mucha gente enojada, pero la ira de unos no es motivo suficiente para que no haga lo que haga falta para organizar y cuidar de los caballos de guerra. Lo que pasó ese día, no puede volver a ocurrir y tu olor es bueno para los caballos ahora que no pueden salir tanto como quieren…Les recuerdas al campo.

El rostro de Izuku enrojece rápidamente al tanto que gruesas lagrimas se forman en sus ojos verdes- ¿Tengo un trabajo? – pregunta sin poder creer todo esto.

Inasa da dos zancadas y lo atrapa contra su pecho, abrazándolo con fuerza mientras siente los dedos de Izuku clavarse en sus costillas y el llanto desesperado que humedece su pecho. Después de un momento se separan lentamente, Inasa limpia las lágrimas con la manga de su ropa.

- Tengo que volver a mis quehaceres Izuku, pero cuando termines aquí búscame en las caballerizas y hablaremos más tranquilamente.

Izuku asiente mientras trata de calmarse, y aunque el alfa se va y Kota trata de consolarlo también, pasa una hora antes de que Izuku pueda dejar de hipar. Entonces se moja la cara y espera a que el cliente vuelva por las sábanas, pero cuando el Beta por fin llega a buscar la ropa, Izuku se va corriendo hacia las caballerizas, tomando la ruta larga por ser pleno día.

Tiene miedo de que Inasa se haya arrepentido, pero cuando atraviesa el campo, el Alfa lo invita a entrar al granero y ahí le entrega un durazno a cada uno mientras le ofrece pan y queso. – Se que no te di tiempo de comer así que conseguí esto…Ahora los términos.

- Sí…- acepta mientras saca un papel arrugado y el carboncillo para tomar notas.

- Tuve que hacer bastantes movimientos para que Masaru no se interpusiera.

El peliverde levanta la cabeza, lejos del papel que tiene en las manos. - ¿Él lo sabe?

- Sí Izuku, de otra forma no habría podido traerte aquí.

- E-entiendo…estoy sorprendido- repuso, más si lo pensaba bien, era verdad, Inasa no habría podido esconder que estaba trabajando para él.

- Es un hombre inteligente y amable Izuku, sobre todo accesible, mucho más de lo que son las otras matriarcas…. me atrevería a decir que fue gracias a él que Mitsuki fue elegida como Gran Khan.

- Supongo – responde por cortesía, pero le es difícil creer que ellos en verdad vayan a dejarlo en paz.

- Tienes derecho a tener tu opinión. Ya tendrás tiempo para conocerlo. Ahora, lo que puedo ofrecerte es un trabajo de 10 horas, día por medio. Todos los días saldrás del granero al amanecer cuando te abra la puerta principal. Alimentaras los caballos, mantendrás llenos y limpios los bebederos…- dice Inasa cruzando los brazos para concentrarse y no olvidar nada. Izuku hace un ruido para hacerle saber que está escuchando mientras toma nota del horario y las tareas.

- Eso no te tomará más de unas pocas horas en la mañana y si acaso en la tarde tendrás que cargar más agua, así que el patrón que este a cargo de este corral te enviará a otras funciones que pueden ser, limpiar la mierda de las postas, adecentar y cepillar los caballos, ensillarlos y hará falta que aprendas cual es la brida y la silla de guerra, que es bastante pesada…

- Puedo levantar mi peso…como 60 kilos ¿Pesan más que eso?

- No, estarás bien entonces…- dice perplejo- ¿Por qué levantabas tanto peso?

- El forraje y los cajones de fruta, los llevaba de dos por vez o más, de lo contrario estábamos todo el día al sol.

- Claro…el campo. – le dice reflexivamente, ahora puede entender porque Izuku es tan diferente a los otros omegas. La gente del campo profundo a menudo es fuerte y sana, fruto del trabajo duro en la tierra, además está claro que su familia le dio menos privilegios y más responsabilidades que los demás- Bueno, una vez al día un carro pasa entregando el almuerzo y repartiendo agua limpia, tendrás que conseguir un plato para eso y un riñón para el agua que necesites beber en el día.

- ¿Todavía puedo venir a aquí?

- Sí, discutí un largo tiempo sobre eso. Como son menos días de trabajo, no recibirás el mismo salario y me temo que tendré que descontarte por el alojamiento una vez que comiences a trabajar. Nadie sabe de la entrada secreta y es preferible que así se mantenga.

- Inasa, no te preocupes, todavía estoy agradecido porque tendré que lavar menos ropa…- le dice limpiándose las lágrimas de las esquinas de sus ojos. - no podré pagarte esto nunca…

- No me debes nada Izuku…Mi padre y Bakugo quedaron muy impresionados contigo…Mierda, no se supone que te lo diría, pero ellos hicieron su parte. Solo mantén en calma las yeguas preñadas y sus sementales, mas todo lo demás…Es sólo un trabajo de los que podrías conseguir. - Le insiste con un tono extraño mientras observa el papel en las manos del omega.

Izuku decide que es mejor no insistir, intuyendo que, así como le dieron este trabajo, se lo quitaran cuando menos lo espere.

De pronto jadea sorprendido cuando Inasa le quita el papel y revisa lo que puso

- ¡Izuku! ¡Sabes escribir! – grita, su voz escuchándose hasta afuera del granero.