Capítulo 3
Ross estaba en la cocina de su casa ubicada en un barrio al oeste de Londres. Allí se había mudado luego de separarse de Elizabeth hacía casi cinco años. Había pensado que sería algo temporal, que más adelante podría conseguir algo más cómodo. Era pequeña, estrecha más bien, de dos plantas y con un pequeño patio en fondo en donde Garrick y Val podían jugar. Y estaba cerca de la casa que compartía con su exesposa en ese momento. Ahora Elizabeth se había mudado con su nueva pareja a una zona exclusiva de la ciudad, y Valentine se había mudado con ellos, por supuesto. Pero ese fin de semana correspondía que lo pasara con él. Elizabeth no tenía excusas, había labrado un cheque por el dinero que quería. Era ridículo, tener que pagar por ver a su propio hijo. De verdad, a veces creía odiarla. Pero luego se recordaba que era la madre de su hijo, que en algún momento habían sido felices, que la había amado… hacía mucho, mucho tiempo atrás.
Estaba preparando una torta. Nada muy elaborado. Un bizcocho para un pastel Victoria que luego rellenaría con crema y frutillas, era uno de los favoritos de Valentine. Tenía planeado llevarlo para compartir con su madre y su hijo al día siguiente cuando fueran a visitarla. Sabía a ciencia cierta que Elizabeth era terrible en la cocina, o sea que nunca ni siquiera entraba en ella. Y en su casa seguían una dieta estricta, nada de dulces, nada de carbohidratos. Su pareja tenía la peculiaridad de solo comer comida de restaurante, lo que era conveniente para ella. Pero a Ross no le gustaba que su hijo tuviera las mismas costumbres alimenticias, así que cuando estaba con él intentaba prepararle platillos caseros. Se le daba bien.
Cuando estaba metiendo el pastel al horno sonó el teléfono. Lo puso en manos libres, así podía seguir cortando las frutillas.
"Háblame, Dwight. Dime que tienes buenas noticias." – respondió luego de mirar quien era. Garrick, que estaba mordisqueando un hueso en el patio, entró por la puerta trasera y se acomodó en su canasto, como si también estuviera interesado en la conversación.
"Las tengo." – la voz de Dwight resonó en la cocina.
"Y dime que no es Bailando con las Estrellas."
"Esa opción está siempre abierta, pero no. Es una película, en realidad. Henry Cavill canceló a último momento y están buscando a alguien que lo reemplace con urgencia. Tendrás que audicionar."
"¿Henry Cavill? Debe ser algo grande…"
"¿No era lo que querías?"
"Sí… pero no es algo seguro."
"No con esa actitud. Yo te consigo las oportunidades, tu debes aprovecharlas."
Ross levantó las cejas, aunque su amigo no pudiera verlo. – "¿De qué se trata?"
"Es la adaptación de un libro, un best-seller. El director es Malcolm McNeil, sus últimas dos películas fueron un éxito."
"Las vi. Eran de acción. ¿Está también?"
"No exactamente…" – Escuchó el cambio en el tono de la voz de su amigo, a esa que usaba cuando no quería darle muchos detalles. – "… esto es algo distinto. Fuera de su área de confort, por eso el estudio lo eligió a él."
"Mhm… ¿me envías el guion?"
"No." – continuó en ese mismo tono. – "No lo enviarán hasta que no te contraten. Aunque te compré el libro, te llegará durante la tarde."
"¿Cuál es el nombre?"
"Escape a la Isla Marfil, aunque no están seguros si van a mantener el título para la película." – Dwight dijo. Ross dejó un momento las frutillas, se lamió la punta de los dedos y luego los limpió con un repasador, y buscó en la notebook que estaba sobre un aparador.
"¡Es una maldita comedia romántica, Dwight!" – exclamó al ver los resultados de su búsqueda. Best-seller, sí, número uno en el ranking de New York Times de novelas románticas. Esto era lo que estaba intentando ocultarle, pues se iba a dar cuenta tarde o temprano.
"¿Y qué? Lo que necesitas es trabajar."
"Yo no hago este tipo de cosas…"
"Ese es exactamente tu problema, Ross. Eres muy quisquilloso con los proyectos y por eso terminas sin nada. Mira, me pediste algo con urgencia, pues esto es lo que hay. No sé qué es lo que esperas, ¿James Bond? En algún momento estabas en la lista de candidatos, pero temo que se te pasó la hora. Dicen que están buscando a alguien menor de treinta. Este un buen proyecto, de un estudio importante y la filmación empieza en dos semanas…" – pues ese tono le gustaba un menos. Ese tono le decía "Ross, te estás comportando como un idiota." Y Dwight tenía razón, ¿qué más pretendía?
"¿Cuánto ofrecen?" – preguntó algo más acobardado.
"Un millón."
El corazón le dio un salto.
"¿Dólares?"
"Libras." – Mejor aún.
"Si lo consigo finalmente tendrás una buena comisión de mi parte."
"Si lo consigues todo el dinero será tuyo. Yo renuncio a mi porcentaje."
"Dwight…" – Ross estaba de pie, apoyado en la mesada con los brazos extendidos observando el teléfono, como si de verdad estuviera frente a su amigo. Suerte que ser su representante no era su única fuente de ingresos o se moriría de hambre. – "… es el pago por tu trabajo."
"¿Qué trabajo? ¿Buscar proyectos para que tú los rechaces uno tras otro? Nah. Mira, se cuánto necesitas esto. El dinero, y un nuevo comienzo en tu carrera, y creo que esta puede ser tu oportunidad."
"Si lo consigo." – Le recordó él.
"Hay algo que no te he dicho aún."
"¿Qué cosa? ¿Poca ropa? ¿Semidesnudos? Es una comedia romántica en una isla, eso lo doy por asumido." – Bromeó.
"Algo más. La protagonista femenina…"
"Oh, sí. ¿Quién es?" – preguntó distraído, volviendo de nuevo a sus frutillas.
"Es Demelza."
La mirada de Ross volvió de inmediato al teléfono.
"¿Demelza? ¿Mi Demelza?"
¿Mi Demelza? ¡¿Qué rayos?!
"¿Tu Demelza?" – Dwight preguntó también. Lo había dicho sin pensar. – "Eh, sí… Demelza Carne."
Ross se quedó callado por un momento. No sabía que decir. ¿Actuar de nuevo con Demelza? ¿En una película romántica? No estaba seguro de que la idea le entusiasmara mucho. Peor aún, ahora sabía que definitivamente no conseguiría el papel.
"¿Ross?" – Dwight lo llamó cuando él no dijo nada. Ross se pasó la mano por su cabello, desordenándolo en todas direcciones.
"Mierda, Dwight. Entonces debemos descartarlo. No hay forma de que lo consiga."
"¿Por qué no?" – preguntó Dwight. Por supuesto, ignoraba lo que había sucedido entre ellos. – "Pensé que sería un punto a tu favor, que ella podría ayudarte…"
"No lo creo. Ella… no nos despedimos en muy buenos términos cuando terminamos de filmar…"
"Mierda, Ross…" – exclamó Dwight, comprendiendo al instante lo que había sucedido. Que nunca se lo hubiera dicho era prueba de lo avergonzado que estaba. No había sido su momento de mayor orgullo.
"Ella… nosotros no es que…"
"Ahórrame los detalles, no quiero saber…"
"Además, ¿Por qué la superestrella de Hollywood querría ayudarme a mí?" – Ella me odia, pensó.
"Mierda…" – repitió Dwight. – "Sí que eras un capullo. Pero ya han pasado años. De seguro ella ya lo olvidó, con todo el éxito que ha tenido, su matrimonio... ¿Sabes que tiene un hijo?"
"Sí, lo leí por ahí." – Dijo con desinterés.
"No creo que vaya a oponerse. Hasta puede que le vea la gracia también. Una reunión de 'Detrás de la Colina' después de tantos años… Debes intentar de todas formas. No van a conseguir a nadie más tan pronto."
"Genial. Soy el último recurso…"
"Ross…"
"¡Lo sé! ¡Lo sé!" – lo interrumpió antes de que le diera otro discurso. – "Tienes razón. Necesito el dinero, no puedo hacerme el difícil." – suspiró al final.
"¿Irás entonces?"
Ross cerró los ojos y se tomó la frente. "Sí." – puede que sea la decisión más estúpida que haya tomado.
"Perfecto, te enviaré los detalles de la audición. ¿Tienes a Valentine este fin de semana?"- Dwight cambió de tema alegremente.
"Sí. Estoy preparando una torta para cuando vayamos a visitar a Grace."
"Oh, eso suena bien. Envíales un saludo de mi parte."
"¿Quieres venir el domingo a almorzar con nosotros?"
"Me encantaría. Mañana te confirmo, ¿sí?"
"Genial, Val se alegrará de verte."
"Bueno, te dejo para que sigas con tu pastel…"
"Oye, Dwight… ¿Crees que ella estará allí… Demelza?" – preguntó antes de que su amigo cortara.
"Es lo más probable. Tienen que hacer una prueba de cámara y no tienen más tiempo. Ya tienen todo preparado en una isla del Caribe… ¿te dije que la filmación es en una isla del Caribe?"
"No, te olvidaste de mencionar ese pequeño detalle. Pero como no me cobras comisión supongo que puedo dejarlo pasar."
"¡Papiii!" – Valentine salió corriendo a por la puerta principal apenas él bajó del auto. – "Mamá dijo que me voy a quedar el fin de semana contigo. ¿Es verdad?"
"Sí." – Le respondió Ross.
"¡Yupi!" – Val lo abrazó fuerte por la cintura y él lo abrazó también. Siempre estaba tan feliz cuando se veían, se refería a los dos. – "Iré a buscar mi mochila."
"Ve. No te olvides tu cepillo de dientes."
"¡No, papá!"
Ross siguió tras los pasos de su hijo rumbo a la entrada de esa enorme casa. Siempre que iba a ese lugar le daba una mala vibra que no podía explicar, pero afortunadamente nunca se quedaba más de lo necesario. Nunca lo habían invitado a entrar y a conocer el lugar, solo una vez cuando recién se mudaron Ross fue a ver adónde viviría Valentine, conocer su habitación que era tan grande como todo su living. Todo lo que vio de pasada era pura ostentación, pero supuso que eso era lo que la había atraído a Elizabeth, quien apareció en la puerta cuando entró su hijo.
"Asegúrate de no olvidarte nada esta vez, Val."
"¡No, mamá!" – exclamó el niño al pasar corriendo junto a ella. Luego ella dirigió su mirada hacia él, parándose en el umbral de la puerta. Como dije, Ross nunca era invitado a entrar.
Elizabeth se veía, pues, aún más hermosa que años atrás. No lo negaría, su pelo siempre suelto y suave ahora tenía tintes rubios, su rostro siempre maquillado a la perfección de forma tal que no parecía que llevara maquillaje en absoluto. Su ropa cara, aunque estuviera vestida de entrecasa, marcaba cada curva de su cuerpo. Parecía no haber envejecido ni un día. Ross no pudo evitar una pequeña sonrisa al verla, había sido su esposa después de todo y no le deseaba mal. Sabía que el bienestar de su hijo dependía de la felicidad de los padres. Claro que cuando ella se cruzó de brazos frente a él y frunció el ceño, la ligera sonrisa desapareció. Como le gustaría que pudieran hablar aunque sea una vez sin discutir.
"Hola, Lizzy." – tal vez él podría poner un poco de su parte, sabía que odiaba que la llamara así.
"¿Conseguiste el dinero?"
"¿No puedes ni siquiera tener la cortesía de saludar primero?"
"¿Lo conseguiste o no?"
Ross sacudió la cabeza. ¿Acaso siempre había sido así? Lentamente, sacó la billetera del bolsillo trasero de su pantalón y de allí el cheque.
"No podemos seguir así. Hay un día y una fecha de pago y horarios de visitas establecidos." – dijo al estirar el brazo.
Elizabeth inspeccionó el pequeño papel, levantó una ceja, lo dobló y lo guardó en un bolsillo.
"Puedes hablar con tu abogado si quieres." – Ross se mordió el labio para no contestarle.
"¿Cómo está George?" – preguntó en su lugar.
"¿De verdad te importa?"
"En lo más mínimo. Dile a Val que lo espero en el auto." – dijo y se dio media vuelta.
"Debes estar aquí mañana antes de las nueve. Morwenna lo estará esperando. Y que no se duerma después de las diez. Oh, y Ross… no lo lleves con tu madre. No me gusta que vaya a ese lugar." – dijo ella. Ross apretó los puños para contenerse otra vez. Por suerte Valentine apareció junto a ella.
Ross observó como su hijo se despedía de su madre con un abrazo. En eso no podía culparla, Elizabeth era una gran madre… cuando pasaba tiempo con su hijo.
Valentine trepó al asiento trasero, tirando la mochila junto a él. Saludó por la ventanilla mientras Ross maniobraba para salir a la calle. Elizabeth cerró la puerta antes de que se fueran.
"¿Cómo estuvo tu semana, Val?" – Ross preguntó, observándolo por el espejo retrovisor.
"Igual que siempre, papá. Fui al colegio, después vine a casa, hice mi tarea, y eso es todo."
"¿No ocurrió nada divertido en la escuela?"
"Noup. ¡Oye, papá! ¿Podemos ir a McDonald's?"
"Tengo el almuerzo ya preparado en casa."
"Oh, por favor. A mamá no le gusta ir… por favor, por favor…" – el niño juntó palmas de las manos y todo.
"Está bien. Pero comerás lo que preparé en la cena."
"¡Sí! ¡Uhu!"
"¿Qué es eso?" – Ross preguntó luego de un momento. Valentine había buscado dentro de su mochila y se había acomodado en el asiento con un iPhone en sus manos. ¿desde cuándo tenía un iPhone?
"El tío George me lo regaló. Así puedo jugar en cualquier lado." – dijo el niño, los ojos clavados en la pantalla. Ross maldijo internamente. Se suponía que darle un teléfono a un niño de seis años era una decisión que tenían que tomar los dos padres, ¿no es así?
"Pues no deberías pasar mucho tiempo con eso."
"Mamá me deja, dice que así molesto menos. Papá… ¿vamos a ir a ver a la abuela Grace?"
En ningún momento había pensado en cancelar esa salida.
"Sí. Iremos por la tarde, le llevaremos un pastel."
"¡Súper! Le pediré su número de teléfono así podemos enviarnos mensajes."
"¿Y qué hay del mío?"
"El tuyo también."
Ross cayó rendido en el sillón de su pequeña sala después de lograr que Valentine se durmiera. Había tomado su teléfono de la mesa de luz para inspeccionarlo. Era el último modelo, mucho mejor que el suyo. Un niño tan pequeño no debería tener ese tipo de cosas tan costosas. Ross entró a ver los contactos. Esa tarde le había pedido el número de teléfono de su abuela, él se lo había dictado pues ella no lo sabía. Había pasado gran parte de la visita explicándole como usar su celular. Por suerte su madre tenía un buen día y prestó atención mientras el niño le explicaba, mucho más interesada en estar en contacto con su nieto que con su hijo. Ross no pudo evitar sonreír, de seguro Valentine era mucho más entretenido que él. Sólo tenía cinco contactos contando ahora a su madre. Abuela, Emergencias, mamá, Morwenna, y tío George. En ese orden. Ross escribió 'papá' e ingresó su número. No había nada que pudiera hacer si ya tenía un teléfono. Ross escondió el celular de su hijo en un cajón. Ya había jugado lo suficiente con él por un día. Al día siguiente harían algo al aire libre. Además, Dwight iría a almorzar con ellos, y no quería que lo usara en la mesa.
Valentine se había dormido tarde, bah, más tarde de la hora de dormir que imponía Elizabeth. Ross no tenía sueño todavía a pesar de que la noche anterior había dormido poco. Se había quedado despierto leyendo el libro que Dwight le había enviado. Era una maldita comedia romántica. Era atrapante, no lo iba a negar. Pero una lectura ligera después de todo. Con algo de aventura, acción, historia, romance y un par de escenas picantes. Podía ser un éxito o una comedia mediocre, todo dependía del guion y de la química entre los protagonistas.
Ross se sentó con su notebook preguntándose porque Demelza habría accedido a hacer esa película, no era el tipo de proyectos que ella hacía. Cierto, no había visto muchos de sus proyectos, pero era algo difícil no enterarse en que estaba trabajando. Los portales que informaban noticias del espectáculo siempre lo anunciaban, pero también sus conocidos se lo mencionaban o cuando daba alguna nota siempre le preguntaban sobre ella. Como si él estuviera al tanto, como si creyeran que él seguía en contacto con la rosa inglesa que triunfaba en América.
Con la notebook sobre sus piernas, abrió una nueva pestaña y fue a YouTube. En el buscador escribió 'Demelza Carne'. Obtuvo miles y miles de resultados. Uno de los primeros videos era el tráiler de su última película que se había estrenado hacía poco, hizo click allí. Le costó reconocerla al principio, su pelo colorado estaba teñido de oscuro y pegado a su cabeza, como sucio. Pero sus ojos la delataban, parecían maniáticos. Era la idea. La película era de época, sobre una joven con problemas mentales. Era bastante impresionante y no pudo evitar sonreír mientras lo miraba. Luego clickeó en otro video, esta vez una entrevista hecha en la Avant Premiere no mucho tiempo atrás. Esta vez sí, con su famoso pelo colorado suelto, con un vestido de gala, aros y una gargantilla que tintineaban a cada paso que daba. Se veía como un millón de dólares sonriendo a los flashes que la iluminaban. Respondiendo a las preguntas dijo que estaba muy orgullosa de su nueva película, que había sido un placer trabajar con el resto del elenco y especialmente con la directora y que esperaba que al público le gustara, que habían trabajado durante mucho tiempo en ella… siempre tan políticamente correcta. Miró un par de vídeos más que se reprodujeron automáticamente de ella dando entrevistas, esta vez sentada frente a los periodistas. Sonriendo, hablando apasionadamente sobre su papel, riendo ante las preguntas que le hacían como una profesional. A años luz de esa joven inexperta que él había conocido y se moría de vergüenza cada vez que tenían que dar una entrevista. Sus dedos se movieron por voluntad propia. Junto a 'Demelza Carne', escribió 'Ross Poldark'. Otros cientos de resultados aparecieron en la pantalla. La mayoría videos hechos por las fans de 'Detrás de la Colina', compilados de sus mejores momentos, los momentos más románticos. Ross movió hacia abajo el cursor, nunca le gustaba mirar sus propios trabajos, hasta que dio con una entrevista a la que entró sin mirar cual era.
Reconoció el set inmediatamente, era el que simulaba ser la cocina de su casa. Ellos dos estaban sentados uno junto al otro con ropa normal. Era una entrevista que habían dado al comienzo de la filmación de la última temporada, se acordaba de ella. Recordaba muchas cosas de ese último año. Bajó el volumen, no queriendo escuchar su propia voz. Sólo se quedó allí, en su sala, mirándose y mirándola a ella que escuchaba atenta y lo miraba de reojo mientras él hablaba. Al parecer dijo algo gracioso y ella rio, él se giró para mirarla y despreocupadamente apoyó su mano en su rodilla por un momento. La vio a Demelza mirar su mano y seguirla cuando la soltó y la llevó de nuevo a su regazo. Solo fue un segundo, pero vio como sus mejillas se ruborizaron casi imperceptiblemente, pero él lo notaba. Luego de tantos años trabajando tan cerca de una persona, uno llegaba a conocerla. Y Ross había conocido bien a Demelza, a esa Demelza que veía ahora sentada junto a él. Cuando la miró de reojo de nuevo, ella le sonrió y él le sonrió a su vez. Así había sido todo ese último año, lleno de sonrisas, pequeñas caricias encubiertas, los besos ficticios eran un poco más largos, más apasionados. Había sido imposible que no hubieran terminado de esa forma. Se preguntó si ella seguiría siendo la misma. Suponía que no. No, definitivamente. Ella era ahora una estrella de Hollywood, de seguro no quedaba nada de aquella joven risueña y tímida que tuvo su primer éxito a su lado. ¿Qué le diría cuando la viera? ¿Qué le iba a decir ella?
