Capítulo 6

"¿En qué estabas pensando, Caroline? ¿Cómo se te ocurrió llamarlo para audicionar?"

"Yo no lo llamé, estaba ahí cuando llegamos. Además, no entiendo porque tanto alboroto. Es Ross, trabajaste con él antes…"

Demelza había esperado a que estuvieran solas para descargar su molestia con su amiga/representante. Habían regresado al hotel donde se quedaba, ya era tarde, las pruebas de cámara les habían llevado todo el día y Jeremy dormía cuando llegaron. Lo había arropado y le había dado un beso en su frente antes de hablar con su amiga.

Ross.

¡Judas!

"Sí, pero Caroline…"

"Pensé que estuvo bien, mucho mejor que Kit Harignton. Incluso hasta puede que sea una buena idea… una reunión de los protagonistas de 'Detrás de la Colina', sería excelente publicidad…" – dijo su amiga, sus ojitos brillando con las ideas que daban vuelta en su cabeza. Así era Caroline, y probablemente ese era el motivo por el que habían triunfado. Era lista, y siempre le buscaba el lado positivo a todo. Lo hacía jugar a su favor.

"A nadie le importará eso y además…" – Demelza se detuvo. No le había dicho a nadie lo que había ocurrido entre ellos años atrás, ni siquiera a su amiga.

"¿Además?"

Demelza vaciló. Bueno, si quería que entendiera porque no quería saber nada con Ross Poldark más vale que se lo contara, de seguro comprendería.

"… Además, mi relación con Ross no terminó muy bien después del final de la serie."

"Oh."

Sí. 'Oh' era la reacción apropiada.

Caroline sirvió dos copas de vino y se sentaron en el elegante sofá del living. Demelza se quedaba en la habitación presidencial del Savoy, así que todo era puro lujo. Se había cambiado, ya se había puesto su pijama, y se veía como una chica normal. Como la misma chica que se había ido de casa en búsqueda de su oportunidad en la actuación y a veces se sentía como una impostora en esos lugares. Incluso hasta en su propia casa…

"Nunca volvimos a hablar."

"Eso sí lo sospechaba. Pero supuse que, bueno, que era por como es él. Ya sabes, vengo a trabajar y no a hacer amigos y toda esa pavada."

Sus labios se curvaron. Sí, eso era lo que él solía decir para excusarse cuando no quería salir con el resto del equipo después de filmar. Iba en contadas ocasiones, a las fiestas de fin de grabación o a algún cumpleaños, pero generalmente no socializaba con los demás. Pero lejos de conseguir que pensaran mal de él, creaba un aura de misterio alrededor suyo. Le daba un aire inalcanzable, de enigma, una imagen distinta que lo hacía atractivo entre sus propios compañeros y con el público. Claro que cuando uno lo conocía, era el hombre más encantador. Con ella particularmente había sido más que generoso. Existió verdadero compañerismo entre ellos, Demelza había aprendido mucho de él. Siguiendo su ejemplo, o haciendo lo contrario. Y él había sido un gran apoyo en esos primeros tiempos en que empezó a hacerse conocida. Ella quería actuar, sí, pero la fama que viene asociada al triunfo en su profesión, bueno, con eso no sabía muy bien que hacer.

"Nosotros sí éramos amigos, más que amigos. O eso fue lo que pensé…"

"¿Más que amigos?" – Caroline abrió mucho los ojos. – "No me digas que él y tú … ¿Qué hay con eso de que no salgo con mis coprotagonistas?" – preguntó.

Demelza dio un sorbo a su copa antes de contestarle. – "¿De dónde crees que viene esa regla?"

"¿Qué? ¡No!" – exclamó su amiga.

"Shhh…"


8 años atrás…

Demelza estaba llorando. Durante la última hora no había podido parar de hacerlo. Cuando las lágrimas se detenían, alguien venía a saludarla, a abrazarla o a darle un beso y el llanto comenzaba de nuevo. Recordaba anécdotas, gente que ya se había ido, los días fríos, las lluvias y a ellos corriendo sobre las colinas para protegerse del clima implacable al que no le importaba que estuvieran en medio de una escena. Se había reído y las lágrimas eran de alegría también. Era el último día de grabación. Eso sería todo. Sólo quedaba el estreno y sabía que allí volvería a verlos a todos, o a unos cuantos, pero no sería lo mismo. Ese era el final de esa etapa. Una etapa que le había dado tanto.

Le habían regalado un gran ramo de rosas, tan grande que le costaba cargarlo. Más cuando las lágrimas le nublaban la vista y no podía ver bien por donde iba.

"Te ayudo." – Escuchó la voz de Ross detrás ella, que se acercó de prisa para abrirle la puerta de su tráiler.

Con él había estado hacía un momento en medio de aplausos y discursos. Había dicho unas palabras muy bonitas a todo el equipo, y sobre ella también. "Y gracias Demelza, tú has sido el corazón de este programa. No hubiera sido el éxito que fue sin ti." – Ella no había podido decir nada después de eso, solo abrazarlo mientras todos alrededor se sacaban las lágrimas.

Era a él a quien iba a extrañar más que nadie.

Ross la siguió dentro de su tráiler, cerró la puerta tras él. La ayudó a buscar un recipiente donde poner las flores provisoriamente, pero allí no tenía nada.

"Solo será un momento, no les pasará nada." – hipó. Ross le sonrió con tristeza. Se daba cuenta de que él estaba afectado también. Ross no era propenso a sentimentalismos, o al menos ella nunca lo había visto quebrarse. No fuera de su papel. Pero en ese momento podía ver el brillo en sus ojos también. Había tantas cosas que quería decirle, que tenía que agradecerle, pero en ese momento tenía la lengua como adormecida.

"Hey…" – dijo y posó sus manos sobre sus hombros cuando otro ataque de llanto la invadió. Ross la empujó despacio contra su cuerpo, frotando su espalda mientras sus lágrimas caían sobre su pecho, mojando la camisa blanca de lienzo que aun vestía. Ninguno de los dos se había cambiado, todavía iban con las ropas de época de sus personajes.

Las lágrimas cedieron después de un momento de estar enterrada en la calidez de su pecho. Demelza no pudo evitarlo, inhalo para sentir su perfume. Lo extrañaría también. Habían trabajado tan cerca en todo ese tiempo, literalmente. Y los últimos meses habían sido… bueno, habían sido especiales. No estaba muy segura cuál era el motivo, tal vez porque ambos sabían que esa sería la última temporada y que luego ya no trabajarían más juntos, pero ese año se habían acercado mucho más. Se habían vuelto amigos, más que amigos ¿quizás? Demelza no negaría que se sentía atraída por él, ¿Qué mujer no? Y lo que hasta la temporada anterior había sido una relación estrictamente profesional, ahora no creía que fuera solo eso. Si no él no tendría sus labios apoyados sobre su frente y no la estrecharía de esa forma contra su cuerpo, ¿no es así?

"Shhh…" – Ross susurró contra su temple. Demelza se movió en sus brazos, levantando despacio la cabeza. Soltando su cintura para limpiar sus mejillas.

"Oh… soy un desastre. No pensé que me iba a afectar tanto." – dijo en voz baja.

Ross la contempló con ojos comprensivos por un momento y luego llevó sus dedos a su rostro intentado ayudarla a limpiar sus lágrimas.

"Ten." – dijo, luego de tironear de su cuello para desatar la tela. Era el pañuelo de su personaje.

Ella lo tomó de sus dedos riendo entre dientes.

"Te lo regalo."

"Que amable." – agradeció en tono burlón, pero secretamente le gustaba el gesto. Tener algo suyo, de su personaje. Ella había guardado algunos souvenirs también en esos meses.

"Diré que lo perdí. En realidad, venía a darte otra cosa…" – dijo cuando las lágrimas cedieron.

Ross buscó en los bolsillos internos de su característico sobretodo, mientras Demelza lo observaba con ojos cristalinos y las mejillas suaves y coloradas por el llanto. No se había apartado mucho, y tampoco había mucho lugar adonde ir dentro de su pequeño tráiler.

"Un pequeño recuerdo de mi parte." – dijo, ofreciendo una bolsita de papel.

¿Le había comprado algo?

Con dedos temblorosos, Demelza sacó una cajita aplanada de dentro de la bolsita. Lo miró antes de abrirla. Tenía una sonrisa bailando en la comisura de los labios.

"¿Qué has hecho?... ¡Oh, Ross!" – exclamó cuando vio el contenido.

Era una cadenita de oro con un delicado dije y una pequeña piedra verde.

"Es lo más parecido que encontré al color de tus ojos."

Las lágrimas amenazaron de nuevo. El dije eran las letras 'A' y 'E', las iniciales de sus personajes.

"Ross… me encanta. Gracias, muchas gracias…" – dijo antes de rodear su cuello y abrazarlo de nuevo. Quería seguir abrazándolo lo más posible.

"Para que me recuerdes…" – lo escuchó decir junto a su oído.

"Nunca podría olvidarte." – respondió ella.

Demelza sacó la delicada cadenita de la caja, Ross la ayudó a colocársela cuando sus dedos le fallaron. Ella levantó su pelo con una mano, despejando su cuello. No se sorprendió cuando él se inclinó un poco más y plantó un beso allí, por debajo de su oreja. Llevaban haciendo eso por buena parte de la temporada. Era algo inocente, no habían hecho otra cosa. Bueno, tal vez se habían besado estando a solas con la excusa de ensayar para alguna escena. Pero se habían besado tantas veces ya que no era necesario practicar. Y esos besos… digamos que no se besaban así frente a cámara.

Con una pequeña sonrisa, Demelza se alejó y fue en busca del espejo que estaba amurado a la puerta de un ropero. Lo primero vio fueron sus ojos hinchados, sus mejillas redondeadas llenas de color, pero luego bajó la vista a su cuello. Sus pechos enmarcados por el corsé que aún no se había quitado y la cadenita colgando sobre su piel.

"Es hermosa, Ross." – dijo otra vez, acariciando el collar con sus dedos con delicadeza. Ross fue a pararse justo detrás de ella.

"Sí, lo es." – respondió él mirándola a los ojos a través del reflejo y ella sintió sus mejillas arder. Era horrible pensarlo, que no se verían todos los días, que no reiría con él o ensayarían sus líneas juntos. Ni que la esperanza de empezar de nuevo en algunos meses en la siguiente temporada quedaría ya. Fue ella quien se volvió hacia sus brazos y apoyó las manos en sus hombros, apenas inclinándose para rozar sus labios con los suyos.

Él se quedó quieto un momento, como saboreando la quietud de su beso. Pero luego de un suspiro sus labios capturaron los suyos, y se le escapó un gemido cuando sus lenguas se tocaron. Ross la rodeó por completo entre sus brazos, su lengua haciendo estragos en sus sentidos. Jamás se habían besado así, pero en ese momento era justo lo que necesitaba.

Pensamientos efímeros pasaron por su mente. Uno de ellos era que él le gustaba hacía tanto tiempo y, a decir por el fervor de su beso, él parecía desearla también. Se había contenido, ¿había esperado a que terminaran de filmar? ¿A qué ya no fueran compañeros de trabajo? Pero Demelza no podía detenerse a dar respuesta a ninguna de estas cuestiones en el calor del momento. Todo lo que sabía era que lo quería, que quería estar con él. Como un deseo alimentado y a su vez negado por muchos meses y que ahora debía ser saciado con urgencia.

Sus dedos se flexionaban sobre su hombros, arrastrándose hasta su cuello y volviendo hacia sus brazos. Sus músculos eran firmes, tibios, su altura la justa para sentir que su cuerpo la envolvía. Era a su vez tranquilizador y excitante. Sintió sus manos moverse hasta que la hizo retroceder, su muslos chocando con una de las puertas de los pequeños roperos.

"Demelza…" – su voz sonó afectada, como si le faltara el aliento. – "¿Estas segura de esto?" – Le preguntó.

Ella asintió antes de decir que sí. Pero incluso en ese estado, afectada por el largo y último día y media intoxicada con el sabor de sus besos, una pequeña parte de su cerebro estaba lo suficientemente despierta como para darse cuenta que hacerlo en el tráiler del estudio con todo el mundo fuera probablemente no era una buena idea. Pero las manos de Ross se movieron a sus pechos antes de que pudiera decir algo, atrapados en ese ridículo corsé que las mujeres del siglo dieciocho usaban, pero que los enmarcaban de una manera provocativa.

Ambos se miraron cuando ella jadeó. Sin apartar los ojos de ella, Ross desató las cintas que sujetaban la parte de arriba del vestido. Una por una las pasó por los ojales, aflojando la presión en su pecho. Todavía quedaban más capas de ropa cuando terminó.

"Tal vez… tal vez podamos ir a cenar. O puedes venir a cenar a mi casa." – murmuró en ese momento de silencio que se hizo mientras él contemplaba las otras dos prendas que aprisionaban sus senos.

Ross asintió, pero Demelza no supo si fue una respuesta a su proposición o a la pregunta tacita de seguir abriendo su ropa o no. Lo siguiente fue el corsé. No lo desató del todo, solo hasta que llegó por debajo de sus pechos. De un tirón que le hizo pegar un gritito agudo, bajó la camisola de lino que era lo último que cubría sus senos. Su pecho subía y bajaba agitado.

Ross volvió a mirarla por un instante con una mirada llena de lujuria, y con un imperceptible movimiento de su cabeza ella le dio permiso.

Vio como en cámara lenta llevaba sus manos a cada uno de ellos y les daba y pequeño apretón, luego bajó la cabeza y sus labios encontraron su pezón. Un sonido a medio camino entre un gemido y un jadeo salió de sus labios mientras su lengua acariciaba su carne. Demelza se arqueó, intentando acercarse más y entonces…

Y entonces alguien golpeó la puerta.

"¿Demelza? ¿Ya estás lista? Vamos a ir a tomar algo en el Red Lion, ¿quieres que te esperemos?"

"¡Judas!" – exclamó Demelza y se tapó la boca con una mano. Ross se había detenido y se había enderezado frente a ella, cubriéndola con su cuerpo en caso de que alguien entrara y la viera.

"Mmm… ¡Todavía no me cambié! Ustedes vayan, yo iré en un momento." – dijo en voz alta en dirección a la puerta, volviendo a subir la camisa para cubrir sus pechos.

"¡No te tardes!"

"Decía que este no es mejor lugar para hacer esto." – Le dijo a Ross una vez que escucharon que los pasos se alejaban.

"¿En qué momento dijiste eso?"

Judas. Las mejillas le ardían, y Ross la miraba con una picardía imposible de resistir.

"¿Vienes? Si quieres después…" – dijo luego de que la besara tiernamente de nuevo y no fue capaz de terminar la oración.

"Nah, ya me he despedido de todos. No voy a repetir lo que dije ya." – típico de Ross.

"Bueno, yo si quiero ir." – Demelza dudó. Sí quería ir a una última salida con sus compañeros, pero también quería quedarse allí con él. Quería terminar lo que habían empezado. – "¿Y escuchaste cuando te dije que puedes venir a cenar a mi casa?"

"Hasta que terminen será muy tarde para una cena." – dijo él, apoyando sus manos en su cintura y acercando su boca de nuevo.

"¿Postre?" – Ross rio, una de esas carcajadas que llenaban todo su rostro, achinaban sus ojos y le fruncían la nariz.

"Sí, eso sí me gustaría."

"Te aviso cuando esté en casa."

Casa era un pequeño departamento de dos ambientes que Demelza había logrado comprar hacía un par de meses, ahorrando su sueldo y con un crédito del banco. Había llegado casi a las once de la noche. El estudio donde filmaban los interiores de la serie estaba en las afueras de la ciudad.


"Fui tan tonta, Caroline." – Demelza sabía que después de tantos años ya no se debería sentir así, pero aún se avergonzaba al recordar esos días.

"¿Porqué? Tú no hiciste nada malo."

"Lo sé. Pero es que yo pensé, no sé, me hice un rollo en mi cabeza, inventé una historia que nunca existió."

"¿Y por qué no me dijiste nada?" – le reprochó su amiga.

"No – no era algo de lo que estaba particularmente orgullosa, Caroline. Me avergonzaba haber sido tan tonta. ¿Qué ibas a pensar de mí? Recién nos estábamos haciendo amigas…"

"Bah." – Caroline chisto e hizo un movimiento con su mano. – "Nos ha pasado a todas. Pero dime, a ti te gustaba, ¿verdad?"

"Por supuesto que sí, y luego de tanto tiempo interpretando a su esposa creo que se me había metido en la cabeza…"

"Y… ¿había algo más? ¿Estabas enamorada de él?" – preguntó su amiga.

Demelza respondió con un ofendido Judas primero, pero luego lo pensó mejor.

"Era tan joven e inocente. De verdad creí que había algo entre nosotros, pero no era así. Era solo… diversión." – todavía le dolía esa palabra, era la que él había utilizado la última vez que hablaron.

"Ya veo porque no quieres saber nada de él."

"No es – sé que no debería ser así. Ya pasó mucho tiempo, todo quedó atrás. Es solo que verlo hoy me tomó por sorpresa."

"Mhmm…" – Caroline le lanzó una de esas miradas que ponía cuando no le creía. – "¿Y nunca más volviste a hablar con él? ¿nunca te llamó para pedirte disculpas?"

"Nop. Él no creyó que me debía una. Nunca me prometió nada, en eso tenía razón."

"Que idiota. Pues ahora las está pagando, se lo merece…"

"¿A qué te refieres?"

"Está quebrado. Elizabeth le saca cada penique que tiene. Para su hijo supuestamente, pero en realidad es para mantenerse al ritmo del estilo de vida de George Warleggan."

"¿Y tú cómo sabes eso?"

"Mi trabajo es saber este tipo de cosas, cariño. Pero no te preocupes, por más que Ross necesite este papel, el estudio querrá a Harry Styles en los afiches."

"Oh, sí. Seguramente." – vaciló ella. Porque no era que le deseara ningún tipo de mal a Ross.

"Ahora ya vete a dormir. Mañana tenemos la reunión al mediodía, pero no creo que nos lleve mucho tiempo. La decisión está prácticamente tomada. Buenas noches, cariño."

"Sí, hasta mañana."


Demelza se despertó de su sueño agitada. Estaba soñando con, bueno, ya se imaginaran con quien. Judas. Se dio vuelta hacia el otro costado de la enorme cama, llevando consigo las sábanas y el cubrecamas, enterrándose en ellas. Intentó cerrar los ojos y trató de no pensar. Quería dormir, las noches frías de mediados de noviembre se prestaban a eso. No a tener sueños de besos con una persona que hacía años había salido de su vida.

Su habitación quedó en un completo silencio durante algunos minutos. Luego el silencio fue interrumpido por un gruñido y una mujer destapándose y abriendo los brazos sobre la cama. Ya no tenía sueño, no podría volver a dormir. Diablos.

No podía culparla a Caroline, ella no sabía lo que había sucedido entre ellos ni tampoco fue ella quien lo llevó para que hiciera la audición. Era de esperarse tarde o temprano. Los dos actores, en esa ciudad. De repente se le antojó volver a la soleada Los Ángeles.

"No seas estúpida." – susurró para ella misma. Ya no significaba nada. Había sucedido hace años. Un hombre le había roto el corazón, a todo el mundo le sucedía. Todos tenían una historia de ese tipo. Ella tenía dos, y su historia con Ross no era la peor. Pero no había sido una historia, ¿no es así? No para él, al menos. ¡Así que deja de pensar en ello!

Ya pasaron ocho años, él se casó, tú te casaste, los dos tienen hijos, él se separó, tu enviudaste. ¿No era todo eso suficiente para olvidar ese sensación de desengaño y desilusión? Sí, más que suficiente. Sé una mujer adulta. Eres una madre, una actriz exitosa, y ahora cerrarás los ojos y volverás a dormir, se dijo.

No funcionó.

Lo que vino a su mente fue el recuerdo de esa noche después del último día de filmación. El mensaje que le había enviado cuando estaba por llegar a su casa. Y su respuesta, "Estaré allí en veinte minutos." El absoluto horror cuando entró a su departamento y vio todas las cajas aún apiladas por cada rincón. Su ropa desparramada sobre el sillón. Judas. En menos de un minuto levantó todo lo que estaba dando vueltas por la sala y lo metió en el ropero sin ningún tipo de cuidado. Comida, pensó en comida. ¿Querría comer algo? Seguramente que no. Venía para algo en particular. Demelza recordó haberse metido a la ducha de prisa, haberse secado el pelo a toda velocidad. Haber dudado que se pondría. Pues… no mucho. Recordaba cómo sus ojos vagaron a lo largo de sus piernas desnudas cuando la encontró solo con un pijama corto de seda negro y rosa. Era lo más atrevido que tenía.

"Traje esto para brindar." – había dicho él, entregándole una botella de champaña que Demelza apoyó en la mesita que estaba junto a la entrada porque apenas puso un pie en su departamento estuvieron uno encima del otro, continuando lo que habían dejado pendiente.

"Hola." – "Hola." – se dijeron cuando se separaron un momento. Ella había tomado su mano y lo había arrastrado con ella hacia el living.

"¿Cómo estuvo la reunión?"

"No lloré tanto."- Respondió mientras lo rodeaba por la cintura y él bajaba sus manos hasta su trasero, apretando sus mejillas sobre la suave tela del short del pijama.

"Bien."

"Te extrañé… todos te extrañaron…" – se corrigió inmediatamente, pero ya era tarde. Esa media sonrisa suya relució en sus labios. Volvió a apretar su trasero, levantándola y apoyándola sobre el respaldo del sillón, moviéndose con ella para quedar de pie entre sus muslos abiertos.

"Yo te extrañé también. Estuve pensando en ti desde la tarde."

Demelza se estremeció de solo recordarlo, tal como lo había hecho esa noche. Sus labios habían vuelto a los de ella. Y ella había abierto su boca para rozar su lengua con la suya.

Demelza había envuelto sus brazos alrededor de su cuello, presionando su cuerpo contra el de él. Plenamente participe de ese momento, el momento más excitante de su vida, al menos hasta entonces, pudiendo sentir la evidencia de su deseo latiendo fuerte e insistente contra su vientre.

Cuando las manos de Ross fueron a sus rodillas y luego rozaron los largos músculos de sus muslos hasta sus caderas, el estómago de Demelza se había contraído de anticipación. No que ella no tuviera experiencia en sexo, pero con él se había sentido… especial. Y ese había sido el problema.

Recordaba su mano deslizándose entre sus muslos para ahuecarse sobre el ápice entre sus piernas, sus largos dedos acariciándola a través de la tela. Un calor familiar había latido insistente en sus venas, un vacío que se había abierto en esos meses y que ella necesitaba que él llenara.

Sintió la risa cómplice de Ross, luego sus manos se movieron a los botones de la camisa de su pijama. La idea de la cama ni siquiera se cruzó por su cabeza. Con la solapas abiertas, sus manos se movieron hacia sus caderas. Demelza movió su trasero, se inclinó hacia atrás, deslizándose despacio sobre el sillón, tirando de su remera. Ross retrocedió un paso para quitarse las zapatillas que salieron con facilidad, comenzó a bajarse los jeans mientras ella terminaba de quitarse el pequeño short. Ross, con sus piernas desnudas se arrodilló junto a ella, tomando el elástico de sus bragas y deslizándola por sus piernas dejándola desnuda de cintura para abajo con la camisa completamente abierta exponiendo sus pechos. Recostándose sobre los codos, Demelza recordó como sus mejillas ardían entonces. Pero había olvidado sus inhibiciones en el instante en que su mirada se encontró con la suya. Llamas doradas ardían en sus ojos. Chispas de pura pasión encendían sus profundidades.

Demelza lo vio enderezarse, su aliento atrapado en su garganta, un sensación de estar a punto de ser devorada se apoderó de ella. Se había estremecido con deliciosa anticipación y estirado un brazo hacia él. Ross sonrió, extremadamente atractivo, y cerró la distancia entre ellos, sus manos en los costados de sus boxers que ella lo apresuró a quitarse. Un instante después, cuando se posicionó entre sus muslos separándolos ampliamente, su virilidad saltó libre y completamente erecta.

Sus ojos se habían abierto de par en par, su mente había dejado de funcionar, el latido de su corazón retumbaba en sus oídos. Sus deseos se cumplirían allí, en su sillón. Ross se dio prisa con el preservativo.

No tuvo tiempo ni para un gemido. Las manos de Ross se cerraron alrededor de sus caderas y estuvo dentro de ella. Su cuerpo le dio la bienvenida, arqueándose, atrayéndolo más profundamente. Ella había arrastrado los dedos sobre sus brazos, apretando sus músculos. Cuando él se retiró y luego volvió a empujar, situándose firmemente dentro de ella, Demelza sintió lo resbaladizo de su excitación que había facilitado su paso. Había estado lista para él. Ella lo había deseado, y su cuerpo lo sabía. Él lo sabía también.

"Eres tan hermosa, Demelza." – susurró Ross, inclinándose sobre ella para rozar sus labios. Ella estaba completamente desparramada sobre el sofá, sus caderas ligeramente hacia un lado, unida a la de él. Ross murmuró algo más en el hueco de su cuello mientras estaba escondido allí besando y lamiendo su piel pero no le entendió. Ella había enrollado su remera hacia arriba de su torso hasta que él no tuvo más remedio que levantarse y quitársela con brusquedad.

Los ojos de Demelza se nublaron cuando sus embestidas se convirtieron en un constante golpeteo. Y como si la urgencia que corría por sus venas controlara sus movimientos, Demelza respondió instintivamente, levantando las caderas, inclinándolas para atraerlo aún más profundo. Sintió que sus dedos se apretaban alrededor de sus caderas. Sus párpados se cerraron mientras se apartaba de los codos para levantarse un poco del sillón, pero pronto se dio por vencida y sus manos se sujetaron a los antebrazos de Ross, sus dedos clavándose en los músculos que se flexionaban mientras él la mantenía inmóvil contra sus repetidas invasiones.

Demelza se retorció en la cama al recordar ese calor dentro de ella que floreció y creció, superando rápidamente todas las demás sensaciones. Todo su ser concentrado en como la poseía, como nunca nadie lo había hecho antes, completa y devastadoramente.

"Levanta las piernas."

Demelza las envolvió alrededor de su cintura.

Ross gimió y penetró más en ella, y ella deseaba cada fracción de pulgada de miembro que pudiera obtener. Su cuerpo lo recibió con humedad y aún más calor, sus músculos se apretaron a su alrededor al ritmo de sus embestidas.

Demelza emitió un pequeño gemido en la oscuridad al recordar aquella explosión cegadora que había sacudido todo su cuerpo. Su espalda se había arqueado, sus uñas se habían clavado en sus brazos.

Ross se había inclinado hacia delante y se llevó un pezón a la boca. Chupando con fuerza, ella había gritado. Las oleadas de sensaciones se habían intensificado abruptamente, rompiendo en un clímax glorioso que fluyó como pasión fundida a través de sus venas. Sus contracciones palpitantes continuaron durante mucho después. Todavía estaban en ella cuando Ross alcanzó su propia liberación, respirando entrecortadamente.

Sus ojos habían buscado los suyos, medio recostado sobre su cuerpo que se extendía flojo sobre el sillón de su sala a medio arreglar. Apenas estaba consciente, luchando por respirar como él, esperando recuperar algo de su capacidad física y mental. Había sido la experiencia mas sensual que había vivido hasta entonces. Los días siguientes habían sido iguales o aún más excitantes. Ross era un hombre que sabía lo que hacía, pero en ese momento, cuando estaban los dos quietos recuperando el aliento no lo había pensado así.

No cuando esa sonrisa incitó a la suya, y los dos habían comenzado a reír al unísono.

"Había soñado con esto durante mucho tiempo." – había dicho él un momento después, enderezándose y acariciando sus piernas en el proceso.

Demelza cubrió sus pechos cerrando la camisa de su camisón y se sentó mientras él se ocupaba de sus asuntos y se ponía los calzoncillos. Con el pecho desnudo, así como había salido en tapas de incontables revistas, se acercó a ella con una pequeña sonrisita en los labios que resonaba en sus ojos que parecían oscuros bajo la sombras.

"Espero haber estado a la altura." – dijo ella algo cohibida luego de que el acto en sí ya hubiera ocurrido. Pero Ross había quitado su timidez con tan solo un beso.

"Estuvo increíble. Tú eres increíble."

"Tú no estas mal tampoco." – Le respondió rodeando sus hombros y besando su nariz. Él rio.

"¿Qué pasó en este lugar? Parece que hubiera explotado una bomba aquí adentro."

"¡Oh, Judas! No está tan mal, ¿verdad? Me mudé hace poco y todavía no tuve tiempo de ordenar."

"Ahh… y ¿tienes una cama donde podamos dormir?"

"¡Por supuesto que sí! Que tonto eres…"

"Vamos, levántate."

Ross había tomado sus manos, tirando de ella para que se pusiera de pie. Buscó sus bragas en el piso y la ayudó con ellas, pero nada más. Demelza lo guio a la habitación y se habían dormido acurrucados uno junto al otro.

Al día siguiente Ross se había ofrecido a ayudarla a ordenar. Y a continuación habían venido los días más felices… no, no debería decir feliz. Porque nada de eso había sido real. Para él no había sido más que sexo. Sexo de despedida con su coprotagonista a quien no tenía la intención de volver a ver cuando se hubiera cansado de ella. Ella había sido la tonta, inocente. Y eso no volvería a ocurrir. No, en un par de semanas estaría en una isla del Caribe lejos de Londres, con otro actor, filmando lo que Caroline describía como la versión moderna de "Romancing the Stone" y ella no volvería a pensar en Ross Poldark.


C: ¿Acaso tú sabías lo de Ross y Demelza?

D: Me enteré hace solo unos días, lo juro.