Capítulo 12
La actuación era una profesión peculiar.
Podía empezar desde la infancia, como había sido su caso. Una forma de escapar de los conflictos de la vida real. Abstraerse de los problemas que formaban parte de su vida cotidiana, de no sentirse tan sola. Porque Demelza se sentía sola, aunque tuviera seis bulliciosos hermanos en casa. Tras la muerte de su madre, su padre no supo muy bien qué hacer con ellos, así que solo se preocupó por llevar comida a la mesa de su numerosa familia. Y no siempre lo había conseguido. Así que Tom Carne buscó su refugio en la bebida. Y ella, la hija mayor y mujer, se vio con responsabilidades que no correspondían a una niña de su edad. De esa manera fue que descubrió la actuación, ya que cada vez que había un acto en el colegio ella se ofrecía para interpretar cualquier papel que quisieran darle. Se hacía su propio vestuario, que visto a lo lejos debió parecer bastante rudimentario, pero para Demelza estar en el escenario pretendiendo ser otra persona eran sus momentos de mayor felicidad. Los esperaba con ansias. Su padre nunca había ido a verla, solo sus hermanos que iban a la misma escuela. Y sus profesores, que la felicitaban y le decían que tenía un verdadero talento. Y desde entonces siempre se había considerado una actriz.
Aun cuando terminó la secundaria y tuvo que buscar un trabajo para pagar las clases de actuación y ayudar en su hogar. A su padre nunca le gustó la idea, pero mientras aportaba su parte a la economía de la casa no se había quejado. En realidad, nunca hablaban demasiado. Con el tiempo, Demelza se dio cuenta que, tras la muerte de su esposa, Tom Carne no sabía cómo conectar con su única hija mujer, la única tan parecida a su madre que le recordaba a ella. Con los varones era distinto, podían beber y ver un partido de fútbol y crear un vínculo a partir de eso, pero no con ella. Así que Demelza se sorprendió cuando al decirle que se iría a vivir a Londres para probar suerte en su carrera su padre puso el grito en el cielo. No se esperaba que le diera tanta importancia. Nunca lo había visto tan enojado, ni en sus peores borracheras. Básicamente la acusaba de ser una niña tonta, que como se le ocurría que ella podría ganarse la vida siendo una actriz y abandonar sus responsabilidades en la casa, y que pronto volvería a pedirle vivir bajo su techo otra vez. Su relación no se había recuperado después de eso. Demelza nunca había vuelto a vivir en casa de Tom Carne, aunque si retomó sus responsabilidades económicas cuando pudo hacerlo.
No había sido fácil. Verán, hay miles y miles de actores y actrices por ahí que ustedes no conocen. Que no aparecen en blockbusters, o en las series de moda. Ni en películas de bajo presupuesto o en series de Hallmark Channel. Por cada uno que ven en la pantalla, hay decenas atrás que querían ese mismo papel. Es un negocio despiadado, y debes acostumbrarte al rechazo desde el principio o no podrás soportarlo. Una vez en la ciudad, Demelza había conseguido un trabajo en una casa de comidas que estaba dentro de una estación de tren. Trabajaba en el último turno, así que tenía todo el día para ir a audiciones, e incluso llegaba a tiempo para ver las funciones matinee del teatro. Le encantaba. Y también le encantaba su nueva libertad. De por sí una niña solitaria, ahora vivía sin sus hermanos, pero compartía un piso con otras jóvenes. Cada una ocupada intentando empezar sus vidas lejos de casa.
El primer trabajo que encontró fue como extra en una película que se rodaba en el centro de la ciudad. Habían cortado varias calles y causado un caos de tránsito y todos en Londres parecían estar de mal humor, pero ella aún recordaba su felicidad al caminar hacia el set. Su emoción al ver las cámaras, las luces, hasta la había visto a Kate Winslet desde lejos. Después de eso, como ya tenían sus datos, la llamaron para extra en un par de proyectos más. No pagaban lo suficiente, claro. No para poder renunciar a su trabajo en la casa de comidas. No. Tuvo que renunciar cuando consiguió un pequeño papel en una obra de teatro meses después de haberse mudado a la ciudad. No pagaban mucho tampoco, pero no le coincidían los horarios. Fue una experiencia increíble. Su siguiente papel en otra obra ya no fue tan pequeño. Allí lo había conocido a James, se habían hecho buenos amigos. Unos meses después él consiguió un papel en una miniserie de época de la BBC y la recomendó para un rol pequeño pero recurrente. Fue la primera experiencia de ambos frente a las cámaras. Y su primer corsé.
Luego la habían llamado para audicionar para una nueva serie. Esta vez con posibilidad de varias temporadas. Y que suerte, porque ya se le estaba acabando el dinero que había ahorrado. Así que se esmeró en la audición, de verdad quería el papel. Porque lo necesitaba y porque había leído los libros en los que se basaba la historia y se había enamorado del personaje de Amelia. Después de eso, todo había cambiado.
Había hecho series, películas. De época, dramas, alguna que otra comedia. Romance también. Ahora todo el mundo sabía su nombre, todos la habían visto en alguna u otra película o serie. Doce años después de que se fuera de casa era una actriz reconocida y con experiencia. Así que uno supondría que ya estaba acostumbrada a ese tipo de situaciones. Pero la realidad no era tan sencilla.
Habían sido dos días desafiantes. Hacer papeles románticos es algo que rara vez falta en la carrera de una actriz. Piensen en alguna, la primera que se les venga a la mente. ¿Meryl Streep? ¿Julia Roberts? ¿Sandra Bullock? Cada una tenía en su haber alguna película romántica icónica. Entendía lo que Caroline pretendía con este proyecto, quería que ella consiguiera su comedia romántica definitiva. Ella ya había hecho romance antes, o escenas románticas, pero esto… esto presentaba todo un nuevo desafío. Y así lo habían sido los primeros dos días de grabación.
Se le ponía la piel de gallina de solo pensarlo. ¿Habría sido así con Henry Cavill? ¿Hubiera estado así de nerviosa? Siempre era algo embarazoso. Imagínense, que besar a un extraño sea parte de tu trabajo. Por más que en estos días existiera alguien como Kitty para guiarlos y hacerlos sentir más cómodos, no era fácil. Y no era nada fácil si a eso le sumaba el hecho de que tenía que hacer la escena con un hombre que le había roto el corazón. Tener que besarlo, abrazarlo, acariciarlo, y pretender que nada había sucedido entre ellos. ¿Era eso más difícil que si fueran extraños? Era como una doble actuación. ¿Existía tal cosa? El punto es que, a pesar de mucho atormentarse por la escena, creía que habían hecho un buen trabajo. Y eso era lo que importaba, se decía.
Era extraña, su profesión. Tener que habitar en la mente y los sentimientos de otra persona. A veces no se conseguía. Los actores de primer nivel siempre lo logran, pero a veces otros no consiguen transmitirlo. De ahí lo que conocemos como malas actuaciones. Algo simplemente no hace click y no se logra conectar. Pero algo sí había hecho click para Demelza. Estaba siendo tan cerebral, sobre analizando cada detalle, que no fue hasta que voló por el aire que se soltó realmente y dejó que el personaje fluyera a través de ella.
No era Ross a quien debía besar. Y ella no era Demelza. Eran Joe y Mary. Después de eso todo había fluido con naturalidad. Me refiero a que se había podido conectar con la escena y su personaje, con Ross todavía había una distancia que no habían podido sondar. Sí, habían filmado una escena íntima. Sí, las últimas tres horas las había pasado aprisionada entre su cuerpo y una puerta, besándose la mayor parte del tiempo. Pero no se habían dicho más que lo necesario para filmar la escena. Ni siquiera cuando estuvieron desnudos. Bueno, semidesnudos. A él la cámara le enfocó el trasero, de pie frente a ella. Demelza lo vio sonrojarse aun cuando se había puesto uno de esos taparrabos que se parecían a una media para cubrirse. Ella intentó ser lo más discreta que pudo, no se tentó. Solo hicieron falta dos tomas. Y él fue igual de profesional cuando fue su turno y recostada sobre la cama se le veía el perfil de un seno.
¡Está bien! No era completamente de hielo. Cuando Ross se recostó sobre ella y la besó bajando hacia sus pechos, su corazón se había acelerado. Pero se suponía que eso era lo que debía estar sintiendo Mary, así que lo usó a su favor. Incluso cuando Malcolm gritó "¡Corten!" desde la habitación de al lado y él la había cubierto rápidamente con la sabana le había parecido muy dulce y fue esa sensación la que guardó para el momento final cuando debían, pues, hacer el amor. Si quieren saber, Kitty había colocado un almohadón entre ellos y los dos estaban vestidos de la cintura para abajo. Nada era real, pero en la pantalla parecía verdad. Había visto algunas tomas.
Demelza todavía estaba en su camerino sentada frente al espejo quitándose el maquillaje cuando alguien golpeó la puerta.
"¡Pase!" – exclamó Caroline.
"Oh…" – Ross sonrió al asomar la cabeza detrás de la puerta. Al parecer no esperaba encontrarse con tanta gente. Caroline y Kitty estaban comentando como había salido la escena. La chica de vestuario esperaba a la estilista que arreglaba su pelo, y Rosina estaba allí también porque iban a salir a cenar. – "Uhmm… pasaba a despedirme." – vaciló mirando a Demelza.
"¡Ross, querido! Estuviste fantástico. Iba a ir a verte antes de irme, pero me distraje comentando con las chicas lo increíbles que ambos estuvieron." – dijo Kitty.
Ross desvió su mirada de ella hacia la mujer. Demelza no dijo una palabra.
"¿De verdad lo crees?"
"¡Por supuesto!" – Demelza la vio a Caroline asentir también a través del espejo. Ross, algo avergonzado, dio un paso hacia dentro de la habitación, aunque no cerró del todo la puerta. – "Es mi trabajo saber estas cosas. Y si en el resto de la película van a ser tan buenos como lo fueron hoy, pues no puedo esperar para verla."
"¿Tú no vendrás con nosotros al Caribe?"
"Me temo que no. Tendrás que lidiar con Malcolm el resto de la filmación, pero no te preocupes. Creo que después de hoy ya no te causará problemas."
Eso sería un alivio, pensó. Y volvió sus ojos hacia Demelza, que no le había quitado la mirada de encima desde que se asomó por la puerta, pero tampoco había dicho nada.
"Puede que vaya para la otra escena, ¿creo que hay otra más?" – continuó Kitty.
"Sí, hay otra." – confirmó ella.
"Pues no diré que no a un viaje a una soleada playa…"
"¿Eso no será en un estudio también?" – preguntó Caroline.
Kitty puso cara de decepcionada.
"Están construyendo un set en la isla. No hay mucho que suceda puertas adentro."
"Solo las partes interesantes." – Kitty le guiñó un ojo a Ross. Demelza la vio a través del espejo.
"El resto del guion es bastante interesante también." – dijo Ross sintiéndose halagado. – "En realidad quería preguntarte, Demelza, si tendrás un momento para repasarlo. Como me perdí la lectura con el resto del elenco…" – se atrevió a preguntar.
"Oh… hoy no puedo. Estábamos por salir a cenar. Tendremos tiempo cuando lleguemos a la isla. Y allí estará el resto del equipo. Seguro podemos organizarlo allí directamente." – Le respondió, maldiciéndose por dentro. Porque sabía que una lectura entre sólo ellos dos era necesaria a esta altura.
"¿Quizás quieras venir a cenar con nosotras?" – Caroline preguntó alegremente detrás suyo.
"¡No!" – exclamó ella de inmediato e inmediatamente se arrepintió de su exabrupto. Lo había dicho sin pensar.
Demelza lo miró a Ross, estaba serio. El ceño fruncido sobre sus ojos le indicaban que se había percatado de su renuencia a socializar con él fuera del set. Eso, y que no se habían dicho mucho durante el día fuera de la escena que tenían que filmar. Ni siquiera un ¿Cómo has estado?
"Quiero decir, el – el estudio todavía no anunció su participación en la película. Si nos llegan a ver juntos sospecharán." – agregó, intentando arreglar la situación con la primer excusa que vino a su mente.
"Supongo que tienes razón. Bueno, en otra ocasión entonces. Tenemos que ponernos al día." – dijo Caroline.
"Cuando quieras, Caroline. ¿Tú sí irás a la Isla …?"
"Lo haré, aunque más adelante. Tengo que volar a Los Angeles primero. Así que cuida de Demelza por mí, ¿sí?" – agregó su amiga, ignorando su mirada asesina en el espejo.
"Uhmmm… creo que Demelza no quiere que la cuiden. Bueno, me tengo que ir. Esas maletas no se van a preparar solas. Hasta la próxima." – Ross saludó a las chicas que estaban sentadas en los sillones con un movimiento de su mano, luego se volvió hacia ella y levantó su rostro en su dirección. – "Nos vemos, Demelza. Es un gusto volver a trabajar contigo." Dijo antes de irse. Ella no hizo más que asentir levemente.
¡Judas!
¿Porqué rayos estaba actuando de esa manera?
"Eso no fue muy cortés que digamos." – Caroline le dijo al oído cuando iban rumbo al restaurante. – "Creí que habías decidido dejar lo que pasó atrás. Que te enfocarías en hacer la mejor película posible."
"¿Qué fue lo que pasó con quien?" – preguntó Rosina. Demelza miró de reojo a su amiga, no había hablado lo suficientemente bajo.
"No pasó nada. Sólo, sólo gajes del oficio, eso es todo." – dijo ella, y se volteó hacia la ventanilla.
No hacía falta que se lo dijera. Sabía perfectamente que se había comportado como una engreída. Y sí, había decidido actuar como una profesional. Podía hacerlo, lo había hecho durante esos dos días. Más allá de lo incómodo de la situación había llegado a… a divertirse. Siempre se había divertido trabajando con él. Judas. Demelza se volvió hacia Caroline de nuevo.
"Tienes… ¿tienes su número de teléfono?"
Ross estaba empacando. O más bien, estaba lavando ropa que esperaba que se secara antes de que tuviera que salir hacia el aeropuerto. El vuelo salía al día siguiente por la tarde, pero antes tenía que pasar a saludar a su madre y a buscar a Valentine y asegurarse de que él tuviera todo lo necesario en su maleta también. Así que sería noche de lavado. Aunque después de lo que había sucedido hacía un rato, no estaba muy seguro de si quería ir.
Tonterías. Tienes que ir, lo necesitas. Se decía mirando como daba vueltas el tambor del lavarropas como hipnotizado. Cruzado de brazos, apoyado en la mesada. Garrick ya se había ido a casa de Dwight, así que estaba solo, así como se sentía.
Ella todavía lo odiaba. Ahora estaba seguro. No era para menos. Y ahora se sentía un poco engañado. No debería sentirse así, ella era una gran actriz y había hecho su trabajo. Había estado actuando. Y él había caído en ese cuento cuando filmaban la escena de que todo estaría bien. Se había sentido bien, se había sentido como antes. Claro que lo que habían tenido que filmar fue mucho más subido de tono de lo que estaban acostumbrados, pero creía que había salido bien. Incluso se habían hablado entre las tomas, de lo que sucedía en la escena, claro. Nada más. Nada más excepto los besos y caricias.
Lo recorrió un escalofrío. Ross sacudió sus cabellos intentado no pensar en sus labios en los suyos, ni en sus dedos arrastrándose sobre la piel de sus brazos. Ni en un millón de años hubiera pensado que volverían a estar así. Aunque todo fuera una puesta en escena. Por qué eso es lo que había sido. Ella hubiera preferido a cualquier otro actor en su lugar, estaba seguro. Su frialdad cuando fue a despedirse era la prueba. ¿Debería renunciar? ¿Hacérselo más fácil? Si ni ella ni el director lo querían en la película, ¿Cómo se las arreglaría para filmar durante un mes sin hablarse con su coprotagonista?
Ross estaba pensando seriamente en dejar de lavar ropa e irse a dormir. Por la mañana llamaría a Dwight y le diría que renunciaría. Pero justo entonces su celular hizo un ruido. Había entrado un mensaje.
Antes de abrirlo, vio la carita de Valentine que tenía como fondo de pantalla. No, no podía renunciar, tenía que hacerlo por él.
Abrió el mensaje, era de un número desconocido.
"Hola Ross, soy Demelza. Solo quería decirte que para mí también es un gusto volver a trabajar contigo. Tuvimos suerte de que estuvieras disponible con tan poco tiempo de anticipación. Será un placer tenerte a bordo. Nos vemos en el Caribe."
La lavadora se había detenido. Ross apoyó el teléfono sobre la mesada y se apresuró a poner otra carga.
