Capítulo 16

Demelza se dio cuenta de que le estaba dando mucha importancia cuando captó la mirada de reojo de Rosina a través del reflejo. Sobre su gran cama en la cabaña del hotel, estaban desparramados todos los vestidos elegantes que había llevado y ella estaba de pie frente al espejo probándoselos uno por uno.

"Todos son muy bonitos." – Le dijo la joven cuando ella no se decidía e iba por el quinto vestido. Que tontería.

"Sí, tienes razón. Me pondré éste, es que hace bastante calor." – dijo, para disimular que elegía ese vestido en particular porque era de una tela fina y no tenía mangas y dejaba al descubierto la mitad de su espalda.

"¿Quieres que te peine?" – ofreció su cuñada.

"No no, no hace falta. Solo bajaremos al restaurante. ¿Estás segura de que no quieres venir?"

"Gracias, pero no. Me quedaré a hablar con Sam. Iré a cambiar a Jeremy." - Le dijo y lanzó otra perspicaz mirada en su dirección.

¡Judas! Era solo una cena, nada más. Para pasar tiempo con los niños, se dijo. Tanto Ross como ella habían llevado a sus hijos y con la apretada agenda de filmación no pasaban el suficiente tiempo con ellos, y como los niños se habían hecho buenos amigos y las cosas estaban mucho mejor entre ellos, pues no era nada raro que fueran a cenar los cuatro juntos. Después de todo se hospedaban en el mismo hotel, en esa isla en donde no había mucho que hacer por las noches. No era nada especial, ella solo quería verse bien porque, bueno, era ella. Siempre se vestía bien, definitivamente Rosina estaba sobre analizando la situación. Una vocecita en su cabeza le dijo que ella también estaba sobre pensando las cosas. Sí, estaba disfrutando del lugar y las grabaciones iban bien, dentro de todo. Era un rol bastante físico, y era distinto, pero nada que no pudiera hacer y se estaba divirtiendo, tal como Caroline le había dicho que sucedería. Y con Ross… se estaba divirtiendo con él también. Los dos se habían relajado, habían vuelto a ser los buenos compañeros que eran mientras filmaban 'Detrás de la Colina', su invitación a cenar no era más que una simple cordialidad entre amigos.

Aun así, Demelza se miró al espejo por un buen rato antes de salir.

Jeremy también se había producido. Se había puesto su remera favorita que tenía el dibujo de un gran dinosaurio en el frente y cuando apretaba su pecho, brillaban sus ojos y se escuchaba el rugir feroz del animal. No veía la hora de mostrársela a Valentine. Cuando llegaron al restaurante, Ross y Val ya estaban allí. Habían acordado una hora, pero ellos se demoraron un poco porque Jeremy quiso ir caminando y sus pasos eran algo cortos todavía, aunque fue corriendo hacia ellos apenas los vio.

"¡Hola, Ross!" – Ross se había puesto de pie al verlos y su niño corrió hacia él, levantando sus bracitos y estirando sus labios para saludarlo. La timidez que había mostrado al conocerlo completamente olvidada.

"¡Hola!" – mientras esquivaba las mesas, Demelza lo observó agacharse frente a su hijo quien rodeó sus hombros y plantó un beso en su mejilla. Luego lo soltó y pasó por su lado para ir a saludar a Valentine.

Demelza llegó a su lado cuando él aún estaba agachado y al levantarse no pudo evitar que su mirada vagara desde sus pies, sus tobillos descubiertos y hacia arriba. Llevaba un vestido natural, suelto, pero que enmarcaba sus caderas y tenía finas tiras que dejaban sus hombros al desnudo. De su cuello colgaba una cadenita de oro con un pequeño dije que caía justo sobre el escote, su pelo suelto y maquillaje ligero. Se veía hermosa, y Ross se maldijo por su elección de ropa. Tenía puestas unas bermudas de colores, una remera blanca y ojotas. ¡Estaban en una playa! Pero claro, iban a cenar con la actriz más codiciada de Hollywood, se tendría que haber dado cuenta y haberse vestido más formal.

"Te ves muy bonita, Demelza." – Valentine dijo tras él, antes de que él pudiera abrir la boca siquiera.

"Gracias, Val." – dijo ella, desviando su mirada sobre su hombro.

"Uhmm… sí. Hola… te ves… creo que no me vestí de forma apropiada." – mascullo él, y se aclaró la garganta. – "Ven, siéntate."

"No… está bien. Creo que yo me arreglé demasiado." – Demelza dijo, mientras Ross corría una silla para que ella se sentara junto a él. – "Gracias."

"Pedí una silla alta para Jeremy, ¿está bien?"

"Oh, sí. Solo no le digas que es para bebés o no querrá saber nada con ella."

Jeremy estaba enseñando su remera a Valentine, que también apretó su pecho para ver brillar los ojos del Tiranosaurio Rex. Ross se acercó a ellos y quiso ver también el efecto especial de su remera. Su hijo se lo mostró encantado.

"¡Eso es genial! Me gustaría tener una remera como esa. ¿Crees que podrías prestármela?"

Jeremy, preocupado, bajó los ojos estirando el dobladillo de la prenda y luego los volvió hacia él.

"Es pequeña para ti. Tú eres muy grande."

"Sí, papá. La romperías." – estuvo de acuerdo Valentine.

"Oh, no. No quiero eso, pero lástima. Me encanta de verdad." – los ojos de Jeremy volvieron a iluminarse. – "Ven a sentarte tú también, Jer. En tu silla súper especial, así podemos ordenar la cena. ¿Tienes hambre?"

"Un poco."

"Yo también."

"Y yo."

Demelza observó todo el intercambio con una pequeña sonrisa. Jeremy se dejó levantar por Ross, que lo sentó en la sillita junto a ella y lo acercó a la mesa. Ella lanzó un beso en el aire hacia su bebé cuando estuvo acomodado. Ross había elegido dos pequeñas mesas ubicadas juntas en la galería con vista al mar. La luna comenzaba a subir por el horizonte, y el aire salado y caliente llegaba a ellos de a ráfagas. Nunca refrescaba en ese lugar, ni siquiera de noche. Todas las noches desde que había llegado, habían cenado en la comodidad de su cabaña, en el pequeño comedor donde el personal del hotel llevaba la comida que ellas solicitaban. Podría bajar al restaurante o al comedor del hotel, pero el asunto era que al comer afuera sabía que todo el mundo la estaría observando. Aunque la mayoría fueran miembros del equipo que la conocían, siempre estaba el personal del hotel y tenía entendido que había algunos huéspedes que no eran parte de la producción. Siempre habría alguien que se acercaría a hablar con ella o a pedirle una foto o un autógrafo, cosa que en general no le importaba. Pero las noches eran los únicos momentos que tenía para compartir con Jeremy y no quería que nadie los interrumpiera. Pero esa noche se alegraba de haber bajado al restaurante. La ponía contenta verlo a Jeremy reírse de las monerías de Valentine, que le decía que le enseñaría esto y aquello. Y Jeremy le contestaba a que podían jugar en la playa. Era algo muy tierno de ver, y durante una gran parte del principio de la cena ella solo los observó en silencio. No se percató de que Ross la había estado mirando a ella también.

"Se llevan muy bien, ¿no lo crees?" – le preguntó cuando ella alzó la vista, él estaba sentado frente a ella.

"Sí. Me alegra que tenga un amigo, pasa mucho tiempo solo, o con adultos." – dijo ella en voz baja, para que solo él escuchara.

"Él tampoco tiene muchos amigos." – Ross dijo en voz más baja aún, moviendo la cabeza en dirección a su hijo. – "¿Es por eso que habla tan bien?"

"No, bueno…" – pero justo entonces la moza llegó con sus platos. Jeremy comería pastas de verdura, fideos verdes como le decía él, Valentine una hamburguesa de pollo con papas fritas y tomate a pedido de Ross que no estaba segura de que el niño fuera a comer, y ellos pidieron carne uno, pescado el otro con distintas ensaladas que acordaron iban a compartir. La chica fue y vino dos veces para traer la comida y las bebidas, los niños agradeciéndole con una sonrisa.

"De nada. Uhmmm… ¿Señorita Carne? Mis compañeros y yo nos preguntamos, si no le molesta, si podría sacarse una fotografía con nosotros. Nos encantan sus películas y nos gustaría colgar su foto allí, para que la gente vea que usted estuvo aquí. Si usted quiere, claro."

Ross, Valentine y Jeremy se quedaron en silencio mirando a la joven y luego volvieron su mirada a ella. Eso era justamente lo que trataba de evitar cuando estaba con Jeremy, pero como la profesional que era, Demelza sonrió educadamente y le dijo: "Por supuesto, me encantaría. Antes de irnos pasaré por la cocina a saludar a tus compañeros y tomarme la foto."

La chica se fue dando las gracias. El primero en volver a hablar fue Valentine.

"¿Va a querer una foto mía también?"

"No, Val. Solo de Demelza." – Le aclaró Ross.

Era algo difícil de explicarle a un niño, a ella le costaba hacerle entender a su hijo porqué todo el mundo quería hablar con ella cuando salían.

"¿Y por qué?"

"Porqué mi mamá es la actriz más famosa del mundo. Eso dice la tía Caroline." - aclaró Jeremy.

Claro que a Caroline le parecía sencillo.

"Ahhh… papá es famoso también. ¿No papá?"

"No tanto como Demelza."

"¿Y tu papa, Jeremy? ¿Él es famoso?"

A Demelza no le pasó desapercibida la mirada de reproche que Ross dirigió a su hijo, no que el niño se diera por aludido.

"Val…" – advirtió Ross, a la vez que Jeremy se giraba hacia ella. Ahora que su hijo era un poquito más grande y entendía un poco más, Demelza solía hablarle de su padre. De cuanto lo quería y la ilusión que le había hecho saber que iba a tener un hijo. Cuanto lo había querido antes de nacer y cuanto lo quería ella. Claro que, para un niño de esa edad, por más inteligente que fuera, el concepto de la muerte, la pérdida, era imposible de entender. Jeremy sabía de su padre, que lo quería, y que no estaba allí. Siempre habían sido solo ellos dos. Sí, su familia, sus hermanos, Caroline estaban presentes, pero en el fondo su familia eran ellos dos y esa otra persona, presente en sus vidas, pero que no estaba allí.

"¿Papi también era famoso?" – le preguntó Jeremy.

Ella miró a su pequeño a los ojos. "Eso no es importante, cariño. Tú sabes lo que es importante, que te quería mucho."

Jeremy asintió con la seguridad de algo que le han repetido muchas veces.

"Pero… ¿adónde está?" – insistió Valentine.

Ross enderezó su espalda y se volvió hacia su hijo también. Le susurró al oído: "Val, el papá de Jeremy está en el cielo."

El niño levantó las cejas, haciendo un gesto que lo hacía parecer mucho a su padre. Lo observó a Jeremy, que se había vuelto a enfocar en su plato de fideos, y luego a su padre.

"¿Cómo el abuelo Joshua?" – le preguntó.

"Sí, como el abuelo."

Demelza cayó en la cuenta de que Ross debía hablarle de su padre a su hijo. Decirle que estaba en el cielo. Creía recordar que Elizabeth tenía a sus dos padres cuando trabajaban en la serie, y de seguro la madre de Ross también hablaría de su esposo a su nieto. La pérdida de un ser querido era de por sí difícil de explicar a un niño cuando ocurre, ¿pero como explicar una pérdida tan cercana cuando ocurre antes incluso del propio nacimiento? Era algo que había pensado durante mucho tiempo, incluso lo había hablado en las ocasiones en que fue a terapia luego del accidente de Hugh. Allí había comprendido que no era algo que debía afrontar de forma urgente, que su hijo no nacería preguntando por su padre. Y que tendría tiempo para decidir como hacerlo. Y fue algo natural, y lo había hecho desde el primer momento que lo tuvo en brazos. Hablarle a Jeremy de su padre. De su padre vivo y de lo mucho que lo amaba. Y Jeremy parecía conformarse con eso. Pero sabía que algún día la pregunta llegaría, y ella no había decidido cómo responderla todavía. Así que la tomó por sorpresa cuando la pregunta se hizo esa noche en medio de la cena, así como si nada.

"Oh…" – había dicho Valentine en un tono que indicaba que había comprendido lo que su padre quería decir. Jeremy levantó sus ojitos de su plato hacia el niño que tenía en frente y, curioso como era, se volvió hacia ella y le preguntó con un par de fideos colgando de su boca.

"¿Y adónde está papi?"

Con un nudo en la garganta, Demelza levantó la vista por un instante y la clavó en Ross que la observaba con un 'Lo Siento' escrito en el rostro.

"Él… él está en el cielo, cariño." – Le respondió, robando las palabras que Ross acababa de usar para explicarle a Valentine.

"Ahhh…" – Jeremy se tomó un momento para masticar sus fideos y tragarlos. – "¿Se puede volver del cielo?" – preguntó después. Demelza había colocado una mano sobre su cabecita.

"No." – "Me temo que no, mi amor." – Valentine también le había respondido.

"Pero el cielo es un lugar hermoso, Jeremy. Allí puedes hacer lo que quieras, jugar y saltar todo el día." – continuó el niño, obviamente repitiendo lo que seguramente su padre le había dicho alguna vez. – "Y eres muy, muy feliz."

Ella estaba sin poder moverse, congelada en su lugar, y podía sentir que Ross estaba igual de tenso, o concentrado, o como sea que se llama esa sensación cuando tu corazón parece que ha dejado de latir.

Jeremy volvió a tomar un puñado de fideos y se los metió a la boca, no tenía mucha paciencia con los cubiertos y ella estaba demasiado abstraída como para corregirlo.

"Mi papá era músico, así que debe estar cantando." – dijo asintiendo, como si en esos pocos segundos hubiera procesado la información que acababan de darle y hubiera llegado a una conclusión.

"Estoy seguro que sí, Jeremy. Era un excelente músico." – Le dijo Ross, quien hacía un rato que estaba en silencio. – "Escuché varias de sus canciones, eran muy buenas."

Jeremy sonrió orgulloso y a Demelza le volvió el alma al cuerpo.

"Sí, con mamá siempre las escuchamos."

"Yo no sé cuales son."

"Eso es porque tú solo conoces las canciones de tus dibujitos animados." – Bromeó Ross.

"¡Eso no es cierto! ¿Puedo escucharlas yo también, Jeremy?"

"¿Se las puedo hacer escuchar a Val, mamá?"

"Por supuesto que sí, cariño. No son un secreto." - Bueno, no todas.

Cuando el momento pasó, Ross murmuró un "Lo lamento". Ella levantó los hombros, y susurró un "Está bien, son niños." Y los niños pronto volvieron a sus graciosas charlas y risas.

Cuando llegó el postre, Jeremy incluso se puso a cantar una de las canciones de su padre de la alegría, helado de frutillas era su postre favorito y Hugh tenía una canción llamada 'Strawberries' que ella y su hijo siempre cantaban cuando comían algo con frutillas de postre. Los tres se rieron, Valentine incluso se tapaba los ojos, fingiendo que le daba vergüenza, pero Jeremy no dejó de cantar. Supuso que era más natural para él hablar de alguien que nunca había conocido que para ella.

"Supongo que es por eso habla tan bien para su edad." – Demelza dijo a Ross, luego de que Jeremy terminara de cantar y de sus aplausos. – "Escucha las canciones de Hugh desde que estaba en la cuna."

"Y las canta contigo. Tú tenías muy buena voz también, ¿no has cantado en alguna de tus películas?"

Bueno, dado que una de sus películas más conocidas era un musical, estaba claro que Ross no había visto muchos de sus trabajos. Ella se lo quedó mirando intentando no sonreír.

"¿Qué?"

"Papá, quiero hacer popó." – anunció Valentine apenas terminó de comer su helado y golpeando la mesa con sus dos palmas.

"¡Valentine! Eso no se dice en la mesa." – Le reprochó su padre.

"¡Pero si quiero hacer popó!" – Jeremy se echó a reír y se frotó los ojos con las manos sucias. De inmediato Demelza le limpió la cara y las manitos, ya tenía sueño.

"¿Qué va a pensar Demelza? Esas cosas no se dicen frente a una dama."

"Podrías decir," – comentó ella mientras se ocupaba de Jeremy. – "Disculpen, pero me tengo que retirar un momento."

Empujando con sus manos la mesa, Valentine corrió su silla hacia atrás diciendo: "Disculpen, me tengo que ir un momento… a hacer popó. ¿Vienes papá?"

"Pues que propuesta tan tentadora." – dijo él riendo y ya levantándose también. "Ya regresamos." – les dijo poniéndose en marcha rumbo al baño.

Cuando regresaron, Jeremy se había cambiado de lugar y no estaba más en su sillita. Ahora estaba sentado en el regazo de su madre, prácticamente dormido.

"¿Qué ibas a decir, Val?" – Ross le recordó al niño, habían tenido una conversación en el baño.

"Ah, sí. Demelza, siento haber dicho popó antes."

"¡No, Val!" – Ross se tomó la frente, lo que a ella le causó mucha gracia. Y él comenzó a sonreír también. Tener hijos era un sinfín de momentos incómodos, ella lo entendía bien.

"Está bien, Val. Solo recuerda que no debes decirlo en la mesa."

El niño asintió, se había acomodado de nuevo en su silla, pero él se había quedado de pie junto a la mesa. Ya habían terminado de cenar, y Jeremy ya estaba prácticamente dormido. Val no tardaría mucho en hacerlo ahora que su compañero no estaba para divertirlo.

"Uhmm… ¿deberíamos irnos?"

"Creo que sí, aunque antes debo pasar por la cocina." – agregó ella, observando detrás de Ross en dirección a la barra, desde donde algunos empleados los miraban con poco disimulo.

Demelza cargó a Jeremy hasta la puerta donde la chica que los había atendido la esperaba con una sonrisa nerviosa.

"No lo he olvidado." – La tranquilizó ella. Pero no podía sacarse fotos cargando a Jeremy. Demelza lo miró a Ross que estaba a su lado. – "¿Te molestaría? Solo será un momento…"

"Claro que no, para nada. A ver, ven Jer…" – Jeremy pasó de los brazos de su madre a los de Ross, abriendo un ojo para ver quien lo sostenía ahora pero volvió a cerrarlo de inmediato y acomodó su cabecita en el hueco de su cuello. A Demelza se le habían desacomodado los breteles del vestido e intentó acomodarlos disimuladamente, solo que lo hizo frente a Ross que con un dedo acomodó la tira de su corpiño debajo del vestido. Fue como si el ligero contacto hubiera estado cargado de corriente eléctrica, pero cuando levantó la vista él no pareció notarlo.

"¿Cómo me veo?" – le preguntó a Valentine que levantó los dos pulgares dando su aprobación y luego fue tras ella con curiosidad, pues quería ver la cocina del restaurante. Al final fue él quien terminó sacando las fotografías a todo el grupo.

Al volver un momento de selfies después, se encontraron con un Jeremy profundamente dormido. Ella quiso volver a cargarlo, pero Ross le dijo que no se preocupara, que lo llevaría él.

"¿No es muy pesado para ti?" – le preguntó cuando salieron a la noche caribeña y emprendieron rumbo por el camino de madera que los llevaba de vuelta al hotel. Demelza no respondió de inmediato pues se distrajo cuando Valentine tomó su mano para caminar junto a ella.

"N-no. Creció mucho en este último tiempo, pero todavía puedo cargarlo sin problemas."

Ross estuvo a punto de decir que cuando Valentine dejó de ser un bebé, a Elizabeth solía dolerle la espalda después de cargarlo por mucho tiempo, pero no lo dijo.

"¿Qué ibas a decir?"

"¿Cómo?" – de hecho apenas si había abierto la boca.

"Ibas a decir algo y luego te detuviste." – dijo Demelza, mirándolo de reojo. ¿Cómo lo supo?

"Sólo… nada. Iba a decir algo de la madre de Valentine, pero no viene al caso." – dijo bajando la voz.

Valentine los distrajo. Al ver la luna llena en el mismo lugar que la habían contemplado ellos días atrás, salió corriendo sobre la arena de la playa. Ella tuvo que salir tras él, pues su padre no podía, enterrando sus sandalias en la arena y casi perdiendo el equilibrio. Ross llamó a su hijo desde el camino, y éste se volvió hacia ella, tomando su mano de nuevo.

"Nunca había visto una luna tan grande." – Le aseguró. Esa noche el cielo estaba despejado y la luna llena parecía pintada en el oscuro cielo.

"Yo tampoco."

"¿De verdad?"

"De verdad."

"¡Maldición! Me gustaría sacarle una foto para enviarle a mi mamá, pero papá no me dejó traer mi teléfono."

Demelza lo miró con ternura, y luego buscó en su carterita su celular y le sacó una foto a la luna.

"Luego me das tu número y te la envío ¿Sí?"

"Sí. Espera, sácame una a mí también."

Demelza hizo lo mejor que pudo para controlar la luz y que tanto el niño como la luna salieran en la misma foto. No estaba mal. Luego volvieron hacia su padre que los esperaba en el camino, Val dictando los números de su teléfono que ella digitaba para registrar un nuevo contacto.

Unos metros más y Valentine también empezó a bostezar y levantó los brazos hacia ella, pero a él si seguramente no lo podría cargar, más teniendo que caminar con sandalias llenas de arena. Así que ella volvió a tomar a Jeremy de los brazos de Ross y él cargó a su hijo sin ningún esfuerzo. El niño se prendió a su cuello y acomodó su cabeza de modo de poder mirarla.

"¿Me enviaras las fotos?"

"Sí, ya lo hice. A tu mamá le van a encantar."

Otro pensamiento no bienvenido apareció en su cabeza, y esta vez Ross miró hacia otro lado en caso que Demelza se diera cuenta otra vez. No era por ella particularmente que no quería mencionar a Elizabeth, solo que no quería hacerlo en frente de su hijo. No estaba bien que un padre hablara mal del otro en frente de un hijo, por más que a su ex mujer pareciera no importarle quien la escuchaba a la hora de criticarlo.

Para cuando llegaron a la cabaña ambos niños estaban profundamente dormidos. Ellos venían hablando bajo, sobre la película, sobre el hotel, Demelza le acababa de decir que había visto todos sus trabajos.

"Nah, no te creo."

"Lo hice. Trato de seguir los trabajos de la mayoría de mis compañeros, en los sets hay mucho tiempo de espera."

"Pues lamento que hayas tenido que ver eso."

"¿Qué cosa?"

"La mayoría."

"Algunas series estaban bastante bien. Tú siempre haces un buen trabajo." – Ross desestimó el comentario con un movimiento de su cabeza. – "¡Es verdad! Mmm… ¿Qué hora es? Me parece que es temprano todavía. ¿Quieres tomar algo? La terraza tiene una hermosa vista."

Ross aceptó, y no por la vista de la terraza, que sí era impresionante. Aceptó porque le gustaba hablar con Demelza, y ahora que las cosas estaban bien entre ellos, le gustaría saber más acerca de su vida. No todo el mundo tiene la oportunidad de sentarse a hablar con una estrella de Hollywood.

Dejaron a los niños dormidos, Jeremy en su cama, y a Valentine en el sillón, ella le prestó una almohada y una sábana para taparlo. Rosina asomó la cabeza por la puerta de su habitación, pero volvió a meterse cuando Demelza le dijo que los niños ya estaban dormidos. Él le sonrió y movió la cabeza en su dirección, debía agradecerle a ella también por cuidar de Valentine mientras él trabajaba.

La terraza era un deck de madera lustrada con vista al mar, la luna llena a lo alto se reflejaba en el agua. Allí había un par de reposeras para tomar sol y un elegante juego de mesa y sillones con cómodos almohadones que fue donde se sentaron, luego de que él la ayudara a preparar unos tragos en el bar que había en el living. No que Demelza necesitara ayuda. Años atrás, cuando trabajaban juntos, ella no sabía cómo hacerlo. Era algo que había aprendido en esos años, y Ross se preguntó quién le había enseñado. Su mojito estaba suave pero no muy dulce, tal como le gustaba. Se sentaron en distintos sillones, pero al estirar sus piernas casi que se tocaban. ¿Era extraño? Para él, por supuesto. Allí estaba, en una Isla del Caribe a miles de kilómetros de su casa, de su madre, en ese aire caliente que hacía sudar su piel, sentado como si nada con una mujer que creyó que lo odiaba. Con una mujer que había sido su amiga, su mejor amiga tal vez, y por la que alguna vez creyó sentir algo. Algo que él arruinó antes de siquiera comprender que era. Que ahora era una hermosa mujer, pero Demelza siempre había sido hermosa. Eso siempre fue obvio para él, la atracción que sintió por ella años atrás, la que trató de olvidar o pretender que no había sentido para justificar sus acciones, no la podía negar.

"Así que, tu carrera ¿no estás conforme con ella?"

"¿Cuál carrera?" – retrucó tomando un sorbo de su mojito, el toque frutal se sentía fresco en su lengua.

"No está tan mal, tienes unos proyectos interesantes en tu haber. Me gustó la serie de investigación, en la que hacías de psicólogo."

"¿La que no pasó de la primer temporada?"

"A veces series excelentes no son renovadas. Así es el negocio. Ninguna de las series que yo hice tuvo segunda temporada, salvo 'Colinas', claro."

Ross sonrió. Últimamente había estado investigando, mirando sus películas por las noches, cuando Valentine se dormía. Y, aunque aun no había comenzado con sus proyectos de televisión, sabía que eran miniseries.

"Eso es porque tú haces series de antología."

"¿Y como sabes eso? Creí que no habías visto ninguno de mis trabajos." – Ross torció la cabeza e hizo una mueca avergonzado. Demelza ocultaba su sonrisa detrás del borde de su vaso.

"¿Porqué crees que no vi ninguna?" – Ella levantó los hombros.

"¿Cuál viste?"

Ross titubeó. "La de… esa de época… que estás en el campo y… esta bien, lo reconozco. No vi ninguna de las series. Me declaro culpable." – se rindió, levantando las manos y sintió sus mejillas entibiarse.

"Está bien, Ross. No te estoy acusando."

"No de eso, al menos." – dijo sin pensar.

"Creí que ya habíamos hablado de eso." – Ross la vio enderezarse, tensarse.

"Pero no me terminaste de decir… si me perdonabas."

Demelza bebió un largo trago de su bebida. El ron la calentó por dentro, pero no ayudó a desacelerar los latidos de su corazón. Si algunas semanas atrás alguien le hubiera dicho que estaría sentada bajo un cielo estrellado, una luna llena, en una Isla bebiendo un trago en soledad con Ross, no lo hubiera creído.

"¿Y que harás con mi perdón, Ross? ¿De que vale ahora? Ya pasó mucho tiempo."

"Lo valoro. Te valoro a ti. No quise lastimarte."

"Entiendo lo que dijiste aquel día, ¿sabes? Que nosotros no éramos nada en realidad. Que tú no me habías prometido nada, ni yo te había dicho que quería otra cosa…"

"Pero éramos amigos, y después de aquello dejamos de serlo. Tú… cuando te fuiste, sabía que estabas en contacto con los demás. James siguió siendo tu amigo durante todo este tiempo, pero no volviste a hablar conmigo."

"¿Me lo estas reprochado?"

"No. Solo quiero decir que… noté tu ausencia. Aunque haya sido mi culpa, y claro, no quisieras volver a hablar conmigo."

"¿Cómo podría haberte llamado? ¿Qué iba a decir Elizabeth?"

Ross sonrió irónicamente. "Probablemente se hubiera alegrado de que conociera a alguien famoso."

"¿Se hubiera alegrado de que te hablaras con quien la habías engañado?"

"No la engañé contigo. Lo mío con Elizabeth no ocurrió hasta después…" – aclaró.

Demelza volvió a beber un sorbo de su trago, esta vez para darse tiempo a analizar lo que acababa de decirle. Siempre había asumido que él ya tenía una relación con Elizabeth durante esas semanas, aunque fuera temprana, pero aparentemente resulta que no. Y no estaba segura de que fuera un consuelo, porque eso significaba que él la había preferido a Elizabeth antes que a ella. Aunque eso ya no debería importarle…

"¿Cómo está ella? ¿Elizabeth?" – preguntó. Porque eso es lo que preguntaría una amiga. No que Elizabeth le importara particularmente, nunca habían sido muy cercanas. Solo compañeras de elenco, aunque sí sabía que era más amiga de Ross. Pero en su momento, mientras Elizabeth estaba en la serie, pensó que era solo eso. Ross tendía a tener muchas amigas mujeres.

De un último y largo sorbo, Ross se terminó su trago antes de responder. No mentiría, ahora que Valentine no estaba y podía hablar libremente. De hecho, ahora que estaba hablando con ella quería contarle.

"Ella está bien, está en pareja con un productor de documentales. Quizás hayas oído hablar de él, George Warleggan."

"¿De la familia Warleggan? No de George, pero sí de escuché de su familia. Tienen mucho dinero y parte la invierten el producir ficción también. Cary Warleggan, creo que era su nombre, produjo alguna serie en la que actué."

"Sí, ellos."

"Que raro que Elizabeth no le haya pedido actuar en alguno de los proyectos de su familia." – comentó, y lo vio alzar una ceja. – "No hizo muchas cosas más luego de 'Colina', ¿no es así?"

"Estuvo en un par de series, pero luego quedó embarazada de Valentine..."

"¿Y no quiso volver a actuar después? Era muy buena."

"No, ella… ella quiso quedarse a cuidar de Valentine y luego…"

"¿Luego?"

"Luego… supongo que fue cómodo para ella."

"Eso es muy machista de tu parte, Ross. Que una mujer se quede en su casa a cuidar de su familia no significa que no trabaje, al contrario. Generalmente eso requiere más esfuerzo que esto." – Demelza hizo un gesto con su mano libre, indicando el lugar que los rodeaba.

"Lo sé. No es eso lo que quise decir, créeme. Crecí viendo a mi madre trabajar hasta el cansancio en Nampara, dándonos todo a mi padre, a mi hermano y a mí. No menosprecio su sacrificio." – aclaró él. – "El tema es que Elizabeth no estaba conforme solo con eso. Quería más… más de mí."

"¿De ti? ¿Cómo?"

Ross se movió incómodo sobre el sillón.

"Lo siento, Ross. No tienes porqué contarme si no quieres…"

"No, no. No es eso. Solo que… mis problemas pueden parecer frivolidades frente a lo que has pasado tú."

Ella se movió también. "No es justo comparar la circunstancias de nuestra vida con otra, de esa forma siempre encontraríamos alguien que está peor. Seguro, eso puede ser un consuelo a veces, pero no por eso hay que menospreciar nuestros propios sentimientos."

Ross sonrió con algo de tristeza ante sus palabras. Porque, ¿no debería ser él quien debería brindar consuelo y no al revés?

"Tal vez otro trago te suelte la lengua." – dijo ella, poniéndose de pie y estirando el brazo para tomar el vaso vacío que Ross había dejado sobre la elegante mesa de jardín. – "Ya vuelvo."

El segundo trago estaba más dulce que el primero y Ross se bebió casi la mitad con el primer sorbo.

"Esto sabe muy bien, Demelza. No recordaba que preparases tan buenos tragos, o que te gustará beber."

"No me gustaba, y aún no soy de beber mucho. Pero después de ir a tantas fiestas y Hugh… a Hugh le gustaba pasar tiempo con sus amigos, él me enseñó."

"Debes extrañarlo."

Demelza torció la cabeza y lo miró entrecerrando los ojos.

"Estábamos hablando de ti. Ya hablaremos de mi luego."

"Maldición, pensé que te olvidarías."

"Cómo bien sabrás, yo no me olvido."

"¡Ouch!"

"Así que… ¿Elizabeth?"

"Elizabeth… Elizabeth era una pesadilla. ¡Rayos! ¿Qué le pusiste a esto?" – preguntó, levantando el vaso luego de su exabrupto.

"Mi ingrediente secreto." – respondió, bebiendo para no reírse.

"Todavía es una pesadilla, ya que estamos." – ya que estaba sería sincero. Y se sorprendió a sí mismo con sus palabras, nunca la había llamado así en voz alta, ni siquiera a Dwight. – "Me hace la vida imposible. Y con Valentine…"

"¿Qué sucede con Valentine?"

"Apenas si lo veo. Es como si me estuviera castigando, y sabe que eso es lo que más me duele."

"Pero, ¿no tienen la custodia compartida?"

"Cómo si eso significara algo para ella… lo siento, Demelza. Estoy siendo cruel."

"No conmigo. Estas diciendo tu verdad, pero ¿por qué no haces respetar los horarios de visita? De seguro tu abogado…"

"Ah, llegamos a la otra cuestión." – la interrumpió. – "Primero, ¿no crees que no es necesario que intervengan terceros en el funcionamiento de una familia? Más allá de que ya no estemos juntos. Podríamos sentarnos a hablar, ¿no es así? Respetar lo que acordamos. Y no jugar con la vida de nuestro hijo. No digo que… es una buena madre, eso nunca lo negaré…"

"Pero tú eres su padre también."

"Exacto."

"Pero aun no entiendo porqué…"

"Por dinero. Por qué no cumplí con sus expectativas. Porque ella dejó de trabajar y acordamos que yo proveería en ese sentido, que trabajaría. Y en esa época yo tenía más oportunidades. Pero me equivoqué en la elección de algunos proyectos, no fueron un éxito. O no el éxito que ella pretendía. Y luego llegó Val, y yo también quería pasar tiempo con él, no estar todo el tiempo en el set un proyecto tras otro. Pero no era que estuviéramos mal económicamente, era suficiente para nosotros tres, para nuestro pequeño hogar. Pero no para ella… de verdad, Demelza, ¿Qué le pusiste a esto?"

"Vi los primeros proyectos que hiciste después de la serie. Un tiempo después, claro. No eran malos, solo no estaban pensados para ser un éxito. Los elegiste porque los papeles eran distintos a Edward, que era el personaje por el que todos te conocían."

"Sí... ¿Cómo lo sabes?"

"Tú me lo dijiste."

"Siempre te digo demasiado." – reconoció.

"No creo que esté bien lo que hace Elizabeth, lo de Valentine. Pero tu hijo sabe cuánto lo quieres, y él te quiere mucho a ti, eso es más que obvio. Y eso es mucho más de lo que se puede decir de algunos hombres en esta industria. Que te importa tu familia. ¿Por qué… por qué no estaba conforme con eso?"

"Supongo que pensó que mi carrera iría en otra dirección. Que sería algo así como la tuya. No que jamás soñara con tener el éxito que tú tienes, nunca podría hacerlo. Pero ella quería los lujos que vendrían con eso. Y la decepcioné, y con el tiempo esa decepción se convirtió en resentimiento. Ahora este tipo, George, él puede darle lo que ella quiere." – Ross levantó la vista de su trago tras unos segundos de silencio. En la quietud de la noche, sólo se escuchaba el murmullo de las olas que rompían en la arena no muy lejos. Un par de risas, de un hombre y una mujer los hizo a ambos girar la cabeza en dirección a la playa, pero no vieron a nadie.

"Podrías haberlo logrado si hubieras querido." – Demelza dijo después. Estaba sorprendida por lo que Ross le había contado. Jamás se le hubiera ocurrido pensar en Ross como una decepción. Siempre le pareció tan seguro, tan decidido en sus elecciones. Todo ese tiempo había creído que, si no estaba actuando en películas taquilleras o series exitosas, era su elección, para mantener ese perfil bajo. Pero no porque no fuera capaz de hacerlo. Ya lo había demostrado antes de que se conocieran, cuando actuó en una de las trilogías más taquilleras de aquella década. – "Actuar en otro tipo de proyectos."

"¿Proyectos como este?" – Ross movió la cabeza de un lado al otro. – "No, no lo creo. Tienes que ser mucho más que un buen actor para triunfar en Hollywood, ¿no es así? Y yo soy un actor promedio…"

"Eso no es cierto."

"Y nunca podría hacer todo lo demás. Fingir, estar todo el tiempo metido en ese mundo frívolo y superficial. Con gente a la que solo le importa la apariencia, el dinero y cuantos seguidores tienen en Instagram…"

Demelza intentó no apartar su mirada, no pudiendo evitar sentirse dolida por sus palabras. Quizás el gin le había soltado la lengua, pero estaba siendo sincero. Así creía él que era su vida, así creía que era ella. No que estuviera del todo equivocado, sí, mucha gente en Hollywood era así, pero no todos. Y le dolió saber que la incluía entre ellos.

"Estás en ese mundo ahora." – Le dijo. Ross pareció no darse cuenta de lo que sus palabras habían implicado para ella.

"Mmm…" – Ross bebió otro trago y apuntó con el dedo de la mano con la que sostenía el vaso. – "No. No lo estoy, o al menos no lo estaré permanentemente. Esto es solo por necesidad." – afirmó.

"¿Para darle a Elizabeth lo que ella quiere?" – preguntó.

"Por mi hijo. Y por mi madre."

"¿Tú madre?"

"¿Sabes lo costoso que es un hogar en que la cuiden como corresponde?" – dijo, sirviéndose más bebida de la jarra que ella había traído y apoyado sobre la mesita. – "Me gustaría llevarla a vivir conmigo, pero eso es más complicado aún. Por empezar porque ella no quiere."

"¿Por qué no?"

"Porque piensa que sería un estorbo, cuando no es así. Tendría que contratar a una enfermera para que estuviera con ella mientras yo trabajo, pero lo que ella de verdad quiere es volver a vivir a Cornwall. Y yo no puedo dejar Londres, o no lo vería nunca a Val. ¿Y de qué demonios trabajaría en Cornwall?"

"Hay teatros en Cornwall." – comentó ella, con lo que Ross pareció salir de su trance y levantó la comisura de sus labios.

"Lo siento, todo esto debe parecer muy mundano para ti."

"¿Por qué dices eso?"

"Porque ¡mira quien eres! Todo lo que has logrado, todo lo que tienes. Casi no puedo creer todo lo que has conseguido. Lo valiente que fuiste al irte de Inglaterra a perseguir tu sueño. Y ahora todo el mundo sabe de ti, jamás lo hubiera imaginado…"

Esta vez sí se dio cuenta del cambio en su mirada. Y de que sus palabras no habían sonado bien. "No porque no fueras una gran actriz." – se apresuró a agregar.

"¿Y por qué no?"

"Bueno… el mundo está lleno de grandes actores y actrices." – Titubeó. – "Pero no todos consiguen llegar hasta donde tú lo hiciste. Se necesitan otras cosas…"

"¿Cómo cuáles?"

"Bueno… no sé. Suerte, supongo."

Demelza rio ente dientes, pero dejó que continuara.

"Talento, por supuesto. Aunque no necesariamente… conocer a las personas adecuadas, ir a fiestas…"

"¿Salir con gente importante?" – agregó ella levantando una ceja. Ross pensó en lo que Elizabeth le había insinuado por teléfono y se maldijo por haber llevado la conversación en esa dirección. – "Requiere trabajo duro. Requiere que te rechacen una y otra vez, que te estereotipen y te encasillen, y requiere tener la fuerza para poner la otra mejilla y exponer tu alma en cada casting, en cada actuación y seguir intentando hasta el punto en que crees que no tiene sentido, pero tú mejor amiga te insiste en que lo sigas intentando hasta lograrlo y en que debes aprovechar cada oportunidad."

"Lo sé…"

"No, no lo sabes. No creo que sepas mucho de mí, Ross. Creo que piensas que mi vida es ir de fiesta y está llena de lujos."

"No estoy diciendo eso, digo que eres distinta a esa chica que conocí años atrás. Tú eras una gran actriz, pero… eras tímida, sencilla de alguna manera. Sabes lo que quiero decir…"

"Todavía lo soy."

"No lo creo."

"Lo soy. En el fondo todavía soy esa chica, con unos cuantos años más, claro. De la misma forma que tú eres aquel hombre, solo que ahora tenemos años de experiencia encima." – dijo. – "Trabajé mucho para vencer esa timidez de la que hablas, ¿sabes? Descubrí que si quería conseguir los papeles que quería debía ser mi mayor promotora. Junto con Caroline, claro está."

"Y dio resultado."

"En ese aspecto, sí. Pero trajo de la mano muchas otras cosas con las que aún estoy aprendiendo a lidiar."

"¿Fama?"

"Sí. O lo que la gente piensa de mí, incluso aquellas que me conocen desde hace años…"

"No quise ofenderte, Demelza. Lo siento."

"Y yo siento que tu matrimonio con Elizabeth haya terminado así. No puedo imaginarme el estrés que debe causarte. ¿Por eso se separaron? ¿Porqué ella…"

"¿Me odiaba?"

"No creo que sea tan tajante. Nada en un matrimonio lo es, ¿no es así?"

"No, tienes razón. Nada es blanco o negro, solo que ella veía todo gris oscuro. Y yo también. Al final discutíamos todo el tiempo, no tenía sentido… Seguir juntos, digo."

"Lástima… El amor debería conquistarlo todo."

Ross sonrió con tristeza.

"¿Amor?"

"¿Acaso no la amabas?"

"Supongo que sí. Durante un tiempo al menos."

"Pues no deja de ser triste. Una oportunidad perdida."

"¿Oportunidad de ser feliz? ¿Para eso es el matrimonio?"

"Una oportunidad de tener un compañero que este junto a ti para toda la vida. Que te ame y te apoye, con quien compartir los momentos felices y te consuele en los tristes…" – dijo de forma ausente, con la mirada fija en algún punto frente a ella.

"No es la idea que tengo del matrimonio, supongo que depende de quien es tu pareja."

"Ya encontrarás a alguien."

"No lo creo. Es difícil si no lo estás buscando. Y yo ya he tenido bastante con un matrimonio para el resto de mi vida. No volveré a caer… ¿Y qué hay de ti? ¿Tu matrimonio era así?"

"Estuve casada durante muy poco tiempo."

"¿Lo amabas?"

"Por supuesto… Pero…" – pero justo cuando ella iba a agregar algo más, Ross habló también y no la escuchó.

"Debe haber sido terrible para ti perderlo. A tu esposo, tu compañero. Más estando embarazada. Lo mío no es nada en comparación."

"Te dije que no debes comparar. Pero lo fue. Durante un tiempo, no podía hacer nada. Todo lo que quería era dormir y no pensar, hasta que Jeremy me sacó de la cama. Y luego Caroline me puso a trabajar de nuevo. Me hace bien, perderme en otra persona…"

"Debes extrañarlo mucho… ¿Cómo lo conociste?" – preguntó. Pero Demelza no quería hablar de Hugh en ese momento.

"Ya es tarde. Creo que ya deberíamos ir a dormir."

"No quieres hablar de él conmigo. Entiendo, yo no soy…"

"Te contaré sobre él, pero no ahora. Ya es tarde y te has bebido tres vasos y medio de eso y mi ingrediente secreto es una medida más de ron. No tardarás en quedarte dormido."

De hecho, Ross ya estaba medio recostado en el sillón. Con las piernas estiradas y la cabeza apoyada en el respaldo.

"Pues sabía muy bien."

Demelza se puso de pie, y él intentó levantarse también y al hacerlo tambaleó un poco. Demelza lo tomó del brazo para estabilizarlo y él vio su sonrisa algo borrosa. Hasta hacía un momento no había sentido el efecto del alcohol.

"Creo que debería haberte advertido antes. ¿Crees poder caminar hasta tu habitación?"

"Por supuesto que sí. No es la primera vez que bebo un poco de más."

"¿Crees poder cargar a Valentine?"

"¡Rayos!"

"Te ayudaré."

"No, no. Puedo hacerlo."

"Te acompañaré de todas formas, no sea cosa que acaben los dos en la piscina."

Ross sonrió mientras ella lo guiaba dentro, de nuevo al living. Casi que ni estaba mareado, pero la dejó que los acompañará de todas formas.

Valentine no se despertó al alzarlo en brazos, ni tampoco en el trayecto al hotel, ni cuando entraron en el ascensor. Generalmente usaba las escaleras pues su habitación estaba en el primer piso, pero pensó que sería mejor evitarlas esta vez. Sin decir nada, Demelza tomó de su mano la tarjeta para abrir la puerta de su habitación apenas la sacó de su bolsillo. Sus manos se rozaron por un instante. Habían estado cerca en esos días, se habían tomado de la mano y él había acariciado su rostro, pero todo en el contexto de la película. Ella le había dado un beso en la mejilla esa mañana al verlo, y ahora sus dedos se sintieron suaves y tibios en los suyos. O tal vez era el alcohol que estaba haciendo su efecto, pues al mirarla ella no pareció darse cuenta. Se dio vuelta al dar un paso adentro. Valentine aun profundamente dormido, con la cabeza apoyada en su hombro, ella pasó una mano sobre sus cabellos.

"Cayeron rendidos. Hoy tuvieron un día muy agitado." – susurró. Ross volvió a pasear su mirada en ella de abajo hacia arriba. Todavía tenía puesto ese elegante vestido color crema, el maquillaje estaba intacto pero sus mejillas estaban coloradas, por los tragos supuso él. – "Bueno, ahora que sé que llegaron a salvo me voy tranquila." – continuó diciendo en tono bajo.

Y por su vida que no podía pensar en una excusa para que se quedara. Porque por algún motivo no quería que esa noche terminara. Quería saber sobre su esposo, que le contara. Escucharla, de la manera que ella lo había escuchado a él. Quería seguir disfrutando de su compañía, de su amiga…

"¿Y quién te va a acompañar de vuelta a ti?"

"Puedo cuidarme sola." – los dos sonrieron.

"Gracias por la velada, y por los tragos. Yo no tengo nada que ofrecerte aquí." – dijo, implicando que no tenía un bar en su habitación, pero Demelza por un instante interpretó otra cosa.

"Oh. Puedes venir a mi cabaña cuando quieras." – Judas. Eso había sonado muy mal. – "Sé hacer otras cosas." – Y eso peor. – "Otros tragos, quiero decir. Bueno, mejor me voy."

Ella bajó los ojos en el preciso momento en que él atinó a inclinarse para besar su mejilla. Cuando levantó la mirada, hizo un ademán que terminó siendo un saludo con la mano y el momento pasó. Un instante después ya se alejaba por el pasillo.

"Apúrate. No sea cosa que te cruces con Malcolm por el camino." – Le dijo asomado a la puerta. Ella volteó la cabeza y puso los ojos en blanco. Ross se quedó allí hasta que ella desapareció escaleras abajo. Solo entonces volvió a entrar a su habitación.

Se quedó un momento quieto con la puerta a su espalda. A decir verdad, ahora sí que se sentía algo mareado. Con mucho cuidado fue hacia la habitación de Valentine, corrió las sábanas y recostó a su hijo sobre las sábanas. Le quitó las zapatillas y los shorts, lo tapó y besó su frente antes de ir a su habitación. En el espejo del baño miró su reflejo. Su simple remera blanca y sus bermudas coloridas, y peor, sus ojotas de playa. Estaba tan mal vestido y ella…

Cuando cayó solo en calzoncillos sobre la mullida cama, la conversación que habían tenido se repetía en su cabeza. Creyó haberla insultado en un par de ocasiones y se maldijo por eso. Ese era su problema, siempre que hablaba lo hacía sin pensar, sin filtros. Cuando era pequeño, su madre siempre le recordaba "Está bien ser honestos, Ross. Siempre debe ser así. Pero también debes tener consideración por los sentimientos de las otras personas." Esperaba no haber herido sus sentimientos. No otra vez. Sin pensarlo mucho, tomó su teléfono que había dejado en la mesa de luz cargando y tipeó un mensaje.

"¿Llegaste sana y salva?"

La respuesta no tardó en llegar.

"Hace rato. ¿No estas dormido ya? Eres resistente."

"No es el alcohol lo que me hace dormir." – Iba a agregar un 'lo sabes'. Porque a su mente llegó el recuerdo de una tarde en la que durmió por horas luego de haberle hecho el amor toda la mañana. Pero más vale no mencionar esos recuerdos. – "Gracias por escucharme hoy."

"De nada."

"Y perdona si dije algo fuera de lugar."

"Siempre dices lo que piensas, Ross. Y siempre aprecié eso en ti. Ya me voy a dormir, y tú tienes que estar en maquillaje temprano por la mañana."

"Sí. Una cosa más, sabes que puedes hablar conmigo ¿verdad? Para eso son los amigos."

"Lo sé, Ross. Lo haré. Hasta mañana."

"Que descanses."