Capítulo 17
C: ¿Qué sabes acerca de la cena?
D: ¿Qué cena?
C: LA cena
C: Caroline, no se nada sobre ninguna cena. ¿Podrías ser más específica por favor?
C: Anoche, Ross y Demelza cenaron juntos con los niños. Y al parecer tuvieron una larga conversación.
D: ¿De verdad?
C: ¿Ross no te dijo nada?
D: No hablé con Ross en el día de hoy. ¿Demelza te llamó para contarte?
C: No, yo la llamé como lo hago todos los días. Deberías hacer lo mismo con tu cliente, interesarte en él y como va todo en Dominica…
D: Hablamos seguido, pero tengo otros clientes de quien ocuparme también.
C: ¿Qué quieres decir? Sabes, no importa. Lo que me importa es que tú sigas adelante con el plan, tienes que estar atento.
D: Lo sé, lo sé. Pero si comienzo a agobiarlo Ross se dará cuenta. Los enviamos a una isla desierta, ahora ellos tienen que hacer su parte también.
C: Sí... Supongo que tienes razón. Además, estuve pensando en lo que sucedió entre ellos… no quiero que Demelza salga lastimada de nuevo.
D: Eso fue hace años, cariño. Ross es un hombre completamente distinto.
C: Un tigre nunca pierde sus manchas.
D: ¿Te estas arrepintiendo de tu propio plan?
C: No… solo que pensé que sería más sencillo.
D: ¿Acaso pensaste que se volverían a ver y se enamorarían perdidamente al instante? El amor no funciona así.
C: ¿Y como funciona el amor, Señor Enys?
D: Funciona despacio, requiere de tiempo para conocer a la otra persona.
C: No fue así para mí.
D: ¿Ah no?
C: No. Yo me enamoré en el primer instante que mis ojos se posaron en ti.
D: Tus bonitos ojos… Pero no estoy seguro de que seas sincera. Nos conocimos hace años.
C: Bueno, la segunda vez que te vi.
D: Ahora puede que te crea. Pero no es así para todo el mundo. Y a veces el amor no es suficiente, también requiere confianza.
C: Mmm… ¿Crees que Demelza no volverá a confiar en Ross después de lo que le hizo?
D: Lo decía porque creo que será difícil que Ross vuelva a confiar en el amor después de lo que Elizabeth le hizo a él. Espera, ¿sabes lo que sucedió entre ellos? Pensé que no te lo había contado.
C: Oh, si que me lo dijo.
D: ¿Y qué fue?
C: Te enviaré el link.
D: Ok. ¿Cuándo iras al set? ¿No tendrías que estar allí ahora?
C: Sí, pero pensé que sería mejor darles más tiempo solos. Además, acabo de firmar con dos jóvenes actrices…
D: ¡Al fin!
C: Eso fue lo mismo que dijo Demelza.
D: No suenas muy entusiasmada.
C: Lo estoy, lo estoy. Solo que, luego de tanto tiempo de trabajar solo para Demelza, no sé, se siente extraño. Como si la estuviera traicionando.
D: Has hecho un increíble trabajo con Demelza. ¡Mira adonde ha llegado! Ya no necesita que le busques proyectos, ahora vienen solos.
C: Ahora tengo que elegir los proyectos, y los eventos, y las premiaciones…
D: ¿Crees que tendrá chances este año?
C: Ufff… no quiero traer mala suerte, pero sí. El estudio propondrá a consideración la película, a la directora y a ella como actriz principal. Apenas termine la filmación se tendrá que dedicar de lleno a la promoción.
D: Suena como una campaña política.
C: Algo así. Más como un concurso de popularidad.
D: Espero que lo logre, se lo merece. Está espectacular en esa película.
C: Gracias. Ey, hablando de películas, entre los proyectos tengo un libreto que quizás te pueda interesar para Ross. Es una película independiente irlandesa. Querían a Demelza para un papel de reparto pero es muy pequeño, pero hablé con el director y todavía no logran dar con el protagonista y me pareció que Ross puede funcionar. Les dije que lo hablaría con su representante, ¿puedo darles tu teléfono?
D: Por supuesto, confío plenamente en tu criterio para estas cosas. No sé si tanto en tu criterio para armar parejas.
C: Pues deberías. Pero tú debes hacer tu parte también, necesito información de los dos lados.
D: ¡Está bien! Hablaré con Ross, veré que puedo averiguar sobre esa cena.
C: Pues gracias, Señor Enys. Eso era lo que quería escuchar. Ahora si me disculpa estoy muy ocupada y debo volver a mis nuevas clientas.
D: No deje que el amor se interponga en su camino, Señorita Penvenen.
C: Llámame cuando sepas algo.
D: Lo haré. Hasta pronto, cariño.
Por fortuna ese día Demelza tenía unas horas libres por la mañana. Era el primer respiro después de casi dos semanas de filmación, aunque no podía quejarse. Si bien había grabado todos los días, generalmente tenía algunas horas por la tarde para estar con su hijo mientras caía la tarde, pero este era el primero en que se podía quedar un par de horas más acostada. Apenas despertar, Jeremy había corrido de su habitación a su cama, y se había acurrucado junto a ella. Le había costado dormirse esa noche, me refiero a Demelza, así como la anterior también. La conversación que tuvo con Ross hace dos días la había dejado inquieta y no había podido dejar de pensar en ella.
Todo lo que le había contado de Elizabeth, no se lo esperaba. Sabía que estaban divorciados y por ende estaba claro que las cosas no habían funcionado entre ellos, pero no se imaginaba que su relación era tan mala. Sentía pena, por Valentine más que nada. Por Ross… no estaba segura de lo que sentía. Si algo había aprendido en su corto matrimonio, era que mantener una relación depende de las dos partes. Aunque los reclamos de Elizabeth no le resultaban tan sorprendentes. Demelza nunca se había hecho amiga de Elizabeth mientras filmaban, era una compañera, sí, pero había algo en ella que a Demelza no terminaba de cerrarle. Y ninguna de las dos hizo ningún esfuerzo por conocerse. Pensándolo ahora, tal vez Elizabeth se esforzaba más en hacerse amiga de los directores o los productores de la serie, que con sus propios compañeros. Se llevaba muy bien con Ross, pero no parecía que ninguno de los dos tuviera otro tipo de intenciones, eso fue evidente más tarde. Y lo que Ross le había dicho, que su relación con Elizabeth no empezó hasta después que ellos estuvieran juntos… bueno, no estaba segura de si eso la hacía sentir mejor o peor. Pero, es más, eso no debería importarle.
"Mira, otra película de Enola Holmes, ¿Podemos verla?" – Jeremy la distrajo, estaba buscando algo para ver en Netflix. No estaba muy segura de que su pequeño llegara a entender bien la trama de esa película, pero habían visto la primera y a él le causaba gracia la picardía de la protagonista, especialmente cuando hablaba a cámara.
"Sí, mi amor."
Jeremy le dio play y se volvió a acomodar junto a ella. Pero no tardó en comenzar a reír y arrodillarse sobre la cama para tirarse boca abajo sobre sus pies, con los codos sobre el colchón atrapando una de sus piernas y su cabecita apoyada en sus manos. Ella acariciando sus pies y piernitas. La película era muy entretenida. Henry Cavill actuaba en ella también. Le envió un mensaje diciendo que la estaba viendo.
Un instante después alguien llamó a la puerta. Pudo sentir los pasos cortos y rápidos de un niño corriendo hacia su habitación. Apenas Valentine asomó la cabeza tras la puerta, Jeremy lo invitó a que mirara la película también, tanteando la cama para que se acomodara junto a él. Lo que hizo, pero primero se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla junto con un "Buen día, Demelza." Fuera como fuese, Elizabeth había educado muy bien a su hijo.
Luego hubo otro noc noc. Esta vez en la puerta de su habitación, aunque la puerta estaba entreabierta, y ella podía distinguir el cabello oscuro del otro lado. Subió la sábana sobre su pecho antes de decir "Sí, pasa."
Ross entrecerró los ojos sorprendido ante la imagen que lo recibió. Demelza estaba acostada en el centro de una gran cama, mucho más grande de la que él tenía en su habitación, o en su casa, o que hubiera visto alguna vez. Jeremy estaba panza abajo concentrado mirando algo en la gran televisión que colgaba de la pared y su propio hijo estaba allí también recostado, los pies en el aire sin zapatillas junto a ellos. Parecía una escena familiar, íntima. Demelza estaba sin una pizca de maquillaje, sus cabellos sin peinar, pequeñas bolsas debajo de sus ojos, no creía que se hubiera levantado todavía. Le recordó a aquella joven… recordó a aquella mujer junto a la que se había despertado en varias oportunidades después de pasar la noche juntos. Le recordó aquella sensación también…
"Uhmm… buen día. Lo siento, no sabía que estaban… Val, será mejor que nos vayamos…" – dijo vacilante. Solo entonces Jeremy despegó su mirada de la pantalla. Primero movió un dedito, luego dijo "No, Val se queda."
"Sí, papá. Estamos mirando una película."
"Sí, pero… molestan a Demelza que esta descansando." – insistió, dirigiendo una mirada apenada en su dirección.
"No me molestan." – dijo ella. Y eso fue suficiente para los niños, que volvieron su atención a la película.
Ross dio un paso más dentro de la habitación para poder ver que estaban mirando. En la pantalla apareció esa jovencita de la cual no sabía el nombre, que protagonizaba esa famosa serie, de la cual no se acordaba el nombre tampoco. Con las manos en los bolsillos de sus bermudas, y sin saber muy bien dónde ubicarse le dijo a Demelza que como tenían el día libre, Val y él pensaban ir a la playa, que si querían ir con ellos. A Ross no le pasó desapercibido que si bien Jeremy estaba mirando la pantalla, estaba atento a lo que él estaba diciendo.
"¿No tenemos que grabar a la tarde?"
"Hubo un cambio en el cronograma. Hoy Malcolm va a supervisar la segunda unidad, a la primera le dieron todo el día libre."
Había dos unidades filmando en la isla. Ellos eran la primera, con el director a la cabeza, se encargaban de las tomas principales. Luego estaba la segunda unidad, mas pequeña, que se encargaba de filmar las tomas de transición, como los paisajes de la isla, y de algunas escenas no muy importantes y que no incluían al elenco principal. Demelza tenía entendido que Malcolm estaría con ellos por la mañana, pero al parecer le iba a llevar todo el día.
"Oh… no lo sabía." – Demelza miró hacia la ventana, pero afuera era otro día espectacular, como todos los anteriores. Hacía tiempo que no tenía un día entero libre, bueno, no mucho tiempo, pero definitivamente hacía años que no tenía un día libre estando en una isla paradisíaca. – "Sí, supongo que sí… ¿Quieres ir a la playa, Jeremy?" – preguntó, moviendo una pierna bajo las sábanas para llamar su atención.
"Sí, pero cuando termine la película." – respondió el pequeño, que se levantó mientras ellos cruzaban miradas embarazosas y se acercó hacia él caminando sobre la cama. Sin bajarse estiró su mano y Ross se la dio, dejándose arrastrar hasta que Jeremy lo sentó en el borde del colchón y procedió a sentarse junto a él, apoyando su cabecita en su rodilla para seguir mirando la televisión.
"Jeremy, no…" – lo comenzó a regañar ella, pero se calló cuando Ross hizo una ademán en su dirección y murmuró un "Está bien." Valentine se giró para verlos, y después de un instante él también gateo sobre la cama y fue a acostarse cerca suyo. Ross tuvo que acomodarse, moverse más hacia el centro de la cama para que su hijo pudiera ubicarse también. Como estaba casi en el centro, y Demelza estaba apoyada en el respaldo de la cama, no podía ver la forma en que los observaba entonces. Solo giró su rostro cuando su celular sonó un par de veces.
Era Henry Cavill. Y por algún motivo Demelza sintió que sus mejillas le ardían, como si la hubieran pescado haciendo alguna travesura. Aunque Ross en su cama con su hijo y el suyo lejos estaba de serlo. O era la más grande travesura de todas, no estaba segura, así que se enfocó en su teléfono.
"No sabía que te gustaba." – Le había respondido Henry. – "¿Viste la primera?"
"La vi. Y me pareció genial. De pequeña adoraba a Sherlock Holmes, leí todos los libros. Se los leía a mis hermanos también."
"Espero haberle hecho justicia."
"Lo hiciste. Es difícil hacer un papel que tantos otros han hecho ya. Pero la historia centrada en su hermana la rejuvenece. Millie está increíble."
"Ella es la verdadera estrella."
"Mi hijo la adora. Aquí está, riéndose a carcajadas de sus morisquetas."
"Le diré que tiene un pequeño admirador."
"Por favor, hazlo. Dos admiradores." – Escribió. Los mensajes iban y venían sin tiempo de espera, solo entonces Demelza levantó la vista y notó que Ross la observaba de reojo. Jeremy y Valentine seguían recostados con sus cabezas apoyadas, uno en la rodilla y el otro en la pantorrilla. – "Me tengo que ir, quiero continuar viendo la película."
"¿Me dices que te pareció la segunda luego?"
"Por supuesto."
"Quizás podríamos salir a comer cuando regreses del Caribe."
"Claro, me encantaría."
"Genial. Hablamos luego."
"Hablamos luego."
Antes de dejar a un lado su teléfono, revisó los mails. Efectivamente, durante la madrugada había recibido la notificación del cambio en el cronograma de filmación. Le pareció extraño que Caroline no hubiera actualizado su agenda, generalmente no se le pasaban esas cosas, por más que el aviso hubiera llegado en plena noche. Se habían mensajeado el día anterior, hablaban todos los días, de seguro se había quedado dormida. Le envió un mensaje que decía: "¿Cómo estás? Tengo el día libre hoy, así que iremos a la playa." – después dejó el teléfono sobre la mesa de luz y volvió a intentar concentrarse en la película.
Pero era muy difícil.
Cuando los niños rieron, Demelza notó la sonrisa en los labios de Ross también. Estudió su perfil, su cabello corto y oscuro que ahora dejaba entrever algunos mechones blancos que no hacían más que hacerlo ver más atractivo. Tenía la sombra de una barba densa en el mentón y las mejillas. Recordó cuan rápido le crecía, como se quejaba de que cuando filmaba se tenía que afeitar todos los días, en ocasiones dos veces. Pues se notaba que no lo había hecho ese día. Después de que terminaran de grabar 'Detrás de la Colina', en esas semanas que pasaron juntos, se había dejado de afeitar. No pasó más de una semana y su rostro estaba cubierto por una barba negra que le hacía cosquillas cada vez que la besaba. Cada vez que exploraba su piel con sus labios. Un escalofrío la recorrió tan solo al recordarlo, y al parecer él se dio cuenta del movimiento porque volvió sus ojos hacia ella.
"¿Viste la primera?" – fue lo que le salió preguntar. Jeremy había acomodado su cuerpito y sostenía su pierna apoyada contra ella. Valentine estaba completamente estirado sobre la cama. Ross continuaba sentado en una posición incómoda.
"No. ¿Esta es la dos?"
"Sip." – dijo Jeremy.
"Yo si vi la primera con mamá y George." – comentó Valentine. Los músculos de la mandíbula de Ross se tensaron.
Y Demelza comprendió algo más de lo que le había contado la noche anterior. Lo difícil que debe ser perderse esos pequeños momentos con su hijo. Por más que fuera un padre atento y presente, siempre iba a haber cosas que no podría compartir con él al no estar en el día a día. Le dolía, estaba claro.
"Es bastante buena para ser una película de Netflix. Uhmm… acomódense mejor. Ven, Jer." – Su hijo estaba rodando su cuerpo con una pierna en alto estirándose y ocupando el poco lugar que había, así que ella se corrió hacia un lado para hacerles más espacio y acomodó las almohadas para que los niños pudieran acostarse bien. Cosa que hicieron sin dejar de mirar la televisión. Ross dudó por un momento, pero se acomodó en el borde de la cama también. Es más, se sacó las ojotas y levantó los pies sobre la cama. Él, Valentine, Jeremy y Demelza, los cuatro recostados sobre las almohadas. Los niños reían y comentaban la película, y pronto ellos se relajaron también. Ross se sorprendió al ver que Henry Cavill estaba también en la película.
"¿No es muy grandote para hacer de Sherlock Holmes?"
"Creo que ese es el chiste. Pero me gusta más que Robert Dawny Jr." – comentó ella sobre la cabeza de los niños.
"Yo prefiero a Cumberbatch."
"Él está a otro nivel. El mejor actor con el que he trabajado." – dijo sin dudarlo. Ross levantó un poco la cabeza para mirarla y notó que estaba sonriendo, que lo había dicho sin ánimos de ofender.
"¿Lo conoces?"
"Trabajamos juntos en Parade's End, y coincidimos en algunos eventos…"
No que fuera a decir nada irrespetuoso, pero Jeremy quería escuchar la película y no a su madre en ese momento, así que se volvió a levantar y se recostó de nuevo de panza a los pies de la cama. Valentine no tardó en seguirlo. Demelza se mordió el labio sonriendo al verlos, y luego lo miró a él, que parecía divertido también por el comportamiento de los niños.
"Trabajé con muy buenos actores en mí carrera, tú incluido." – agregó.
"Ah, no es necesario. Por supuesto que él está en otra liga. Podría compartir algo de su talento con el resto."
"Shhh… Queremos escuchar la película." – Fue Valentine quien se dio vuelta con un dedo sobre sus labios a regalarlos. Jeremy giró la cabecita también, y luego palmeo el hombro de su nuevo amigo, como felicitándolo por haber hecho algo bien. Ellos no pudieron contener la risa.
Luego de un momento en silencio, Demelza giró su cuerpo hacia el espacio vacío que quedaba entre ellos y comentó en voz baja:
"Él fue a la mejor escuela de actuación del país. Eso no solo enseña, también abre muchas puertas. Le da ventaja."
Ross también se acomodó, alejándose del borde y acercándose más hacia al medio de la cama, hacia ella.
"Pero su talento es innegable. Igual que el tuyo. Esa película, en la que haces de enfermera en la Irlanda rural, estuviste increíble. Quiero decir, ¡wow!"
"Pensé que no habías visto ninguno de mis proyectos."
Ross apretó los labios algo avergonzado. "Los he estado viendo últimamente por las noches." – reconoció. Los dos se habían vuelto en dirección al otro, apoyando las cabezas sobre las almohadas.
Conversaron bajito todo el tiempo mientras los niños miraban la película. Demelza contándole anécdotas sobre gente con la que había trabajado. Ross asombrado de que conociera a gente tan famosa. Se había burlado de ella cuando llamó a Tom Hanks, Tommy. "¿Quién llama a Tommy a Tom Hanks?"
"¡Era un chiste! Y luego todo el mundo comenzó a llamarlo así en el set."
Ross tampoco estaba corto de historias. De anécdotas que él intentaba menospreciar, pero que a ella le parecían interesantes. Él había trabajado con grandes talentos también, algunos con quienes Demelza siempre había soñado con trabajar pero que al irse de Inglaterra no había tenido oportunidad de hacerlo.
"No puedes quejarte, trabajaste con Stephen Spielberg."
"No me quejo, solo que cuando supe que quería ser actriz, siempre me imagine trabajado con estos actores o directores británicos. Es tonto, lo sé. Pero… sabes, a veces me gustaría dejar de hacer películas y volver a Londres a hacer teatro. Solo teatro en el West End."
"Podrías. Grandes actores lo hacen, pero no es algo que puedas hacer permanentemente, el West End es muy pequeño para ti."
Demelza frunció los labios ante esto último. Aún no había podido convencer a Caroline de que buscara alguna obra en la que pudiera actuar, y ahora Ross le decía esto. Nunca le gustaba planear en qué trabajaría con mucha antelación, pero le gustaba pensar que volvería a hacer teatro eventualmente. Actuar en vivo y hacer películas eran dos cosas completamente diferentes. Y, si bien estaba disfrutando de la filmación en ese momento, quería volver a tener contacto directo con el público, y no sólo a través de redes sociales. Y después ¿Quién sabe? Tal vez un trabajo detrás de cámaras. No estaba muy segura de si le gustaría dirigir, pero tal vez podría producir. No se veía como actriz el resto de su vida. De hecho, le gustaría tomarse un año sabático, solo para estar con Jeremy. Pronto tendría que comenzar el jardín de infantes y quería ser ella quien lo llevara y lo fuera a buscar todos los días. Pero, por lo pronto, tenía que terminar esta película y luego vendría la campaña, que le había prometido a Caroline que tomaría en serio. Aunque ella no trabajaba para ganar premios, estaba muy orgullosa de su último largometraje y le gustaría que el equipo, el resto del elenco y la directora tuvieran el reconocimiento que se merecían. Y para eso, ella era una pieza clave.
"Yo soy muy pequeña para el West End. Sería un verdadero desafío, fue lo primero que hice al llegar a Londres."
"Lo sé, recuerdo que me lo contaste."
Se dieron cuenta de que la película había terminado porque los niños se dieron vuelta, y gateando sobre el colchón, fueron a tirarse sobre ellos. Valentine sobre Ross, y Jeremy sobre ella.
"¡Ahora podemos ir a la playa!"
"¡Sí, a la playa!" – los dos gritaron.
Ellos rodaron sobre sus espaldas abrazándolos.
"Bien, pero primero ve a decirle a Rosina que prepare tu leche antes de que nos vayamos. Aún no has desayunado. ¿Ya tomaste la leche, Val?"
"Sip."
Pero igualmente el niño siguió a Jeremy, que bajó de la cama y fue en busca de su tía. Dejándolos a ellos dos solos, acostados en la misma cama.
Ross se levantó de inmediato, tardó un momento en encontrar sus ojotas y se volvió hacia ella de nuevo. Demelza no se había movido. Jeremy había desacomodado las sábanas que la cubrían, dejando al descubierto la piel de su pecho. Ross fijó su mirada en una tira de su camisón que se había bajado de su hombro. Se tuvo que aclarar la garganta antes de hablar.
"Te… te espero afuera. Veré que Jeremy tome su leche. ¿Tú tomaste algo?"
"Todavía no." – dijo reacomodando las sábanas.
"Te, ¿verdad? Te preparo uno."
"Gracias." – Ross ya estaba saliendo de la habitación, pero se volvió y le guiñó un ojo antes se cerrar la puerta.
Luego de una ducha rápida, buscó un traje de baño de dos piezas, un short y una musculosa. En un bolso colocó un par de toallas, el filtro solar, crema, su monedero, su teléfono, cerró las ventanas y salió al living. Jeremy ya se había tomado su taza de leche y estaba sentado en el sillón junto a Val comiendo snacks de cereales de una bolsa mirando dibujitos. Ross estaba sentado en otro sillón mirando su teléfono.
"Tu té ya está listo."
Cuando fue a la cocina, Rosina fue tras ella. Sus ojos claros y grandes como platos, le decían todo lo que estaba pensando.
"Iremos a la playa, prepara tus cosas, yo buscaré lo de Jeremy."
"Pero solo tienes libre hasta el mediodía."
"Hubo un cambio de planes. Tengo el día libre completo, y vamos todos a la playa."
"¿Todos como en…?" – su cuñada preguntó levantando una ceja.
"Todos. Valentine y Ross, y nosotros tres."
"Oh…" – sus ojos parecían dos faroles y las cejas estaban casi a mitad de su frente. No era tan raro como Rosina lo hacía parecer, ella solía sociabilizar con sus compañeros. Iba a cenar, a eventos. Esto no era muy distinto a aquello mas allá de lo que ella pensara. "¿Estás segura de que quieres que yo vaya también?"
"Por supuesto. Ya ve a prepararte." – le dijo, con un dejo de exasperación. – "Oh, y Rosina…"
La joven volvió a clavar sus ojos en ella. Demelza sostenía la taza de té que Ross le había preparado, y no hizo falta decir nada. Sólo se sonrieron.
Bajaron a la playa a eso de las once de la mañana. El sol ya brillaba alto en un impecable cielo celeste, no se veía ni una nube. Les habían tocado unos días increíbles, lástima que no había dejado de trabajar ni un momento, así que tenía toda la intención de disfrutar de ese día.
Al salir notaron que había gente en la piscina, pero no había señales de Jenny, quien sería la protagonista de las escenas de ese día. No se quedaron en la playa que estaba frente al hotel, en vez de eso caminaron un poco, con Jeremy y Valentine corriendo descalzos sobre la arena buscando un lugar delante de ellos. Escogieron una pequeña sombra bajo unas palmeras, con una amplia playa toda para ellos.
Ross hizo dos viajes para buscar reposeras para todos, también trajo una hamaca para colgar de los árboles y encargó que les llevaran el almuerzo. Mientras tanto, ella le puso protector solar a los niños y persuadió a Jeremy de colocarse un gorro. Lo hizo cuando Val sacó uno de su bolso también. Habían traído toda clase de cosas en ese bolso.
"Es la primera vez que venimos a una playa así. No sabía muy bien que iba a hacer él, así que trajimos toda clase de cosas para que entretenga."
"Ya veo." – comentaron mientras acomodaban las reposeras. Rosina sonrió también, y Ross se dirigió a ella al ver que miraba de reojo a los niños.
"No te preocupes por los niños, yo los cuidaré. Tómate el día, disfruta del lugar." – le dijo, y luego la miró a Demelza, dándose cuenta de que él no tenía ningún derecho a dar tiempo libre a su empleada. Pero ella estaba pensando lo mismo.
"Sí, nosotros mantendremos un ojo en ellos. Acuéstate a tomar sol." – Dijo Demelza también.
"Podemos pedir algo para tomar. Solo tenemos que hacerle señas…" – Ross cabeceo en dirección a la tienda que estaba en la playa principal, donde había ido a buscar las reposeras.
"Sería bueno tener algo fresco para los niños." – comentó Demelza.
E inmediatamente Ross se quitó la remera, la levantó en alto y chifló hacia la tienda. Era un espectáculo digno de ver. Demelza y Rosina se miraron de reojo. De repente estuvo tentada de ofrecer si no quería que le pasara protector solar en los hombros. Judas.
Enseguida un empleado fue a ver que necesitaban. Luego volvió y armó una pequeña tienda bajo los árboles, trajo una mesa y una heladera de esas de camping con mucho hielo y con todos tipo de bebidas y frutas, y les dejo vasos y algunos aperitivos. Cuando terminó, Valentine se acercó exclamando un gran "¡Wow!". Incluso Jeremy, que estaba más acostumbrados a esos lujos estaba impresionado.
"¡Esto… es… tan genial!"
"Dale las gracias a Demelza, Val. Todo eso es gracias a ella." – Le indicó Ross, señalando con un dedo la tienda blanca.
"No seas tonto. Es por todos, porque es nuestro día libre. Como si estuviéramos de vacaciones."
"Dudo que nos trataran de la misma manera si tú no estuvieras aquí."
"Lo harían si vienes aquí de vacaciones, es un hotel cinco estrellas."
"Ah, pues no vendríamos aquí entonces."
Los niños no se habían quedado para escucharlos, habían ido a ver lo que había en la tienda. Valentine sirvió un vaso de jugo de una de las jarras para cada uno.
Rosina ya se había acostado en una de las reposeras con los auriculares en sus oídos, y Ross observó con poco disimulo cuando Demelza se quitó el top que llevaba y quedó solo con el corpiño de la bikini y un short de jean. Con mucho cuidado, la vio cubrir su piel blanca con una capa de crema protectora, se puso lentes oscuros y un sombrero de ala ancha cubriendo su cabello colorado.
"¿Necesitas ayuda con la espalda?" – preguntó, era el único lugar que no alcanzó a cubrir con el protector solar.
"Erhmmm… sí." – Demelza le pasó el pote de crema y se sentó en la reposera. Cerró los ojos cuando la calidez de su mano rozó su espalda. Sólo una mano, sus dedos resbaladizos recorriendo el largo de su columna, metiéndose entre el elástico de su bikini. ¿Cuánto hacía que un hombre no la tocaba fuera del set? No desde Hugh. Involuntariamente un escalofrío recorrió su cuerpo a pesar del calor. Sus dedos se detuvieron un instante, evidentemente lo había sentido también, pero continuaron su camino sin que él dijera nada. Ella abrió los ojos para ver a Rosina que los observaba desde donde estaba recostada.
El momento pasó rápido. Y cuando él dijo "Listo" ella se dio vuelta y le agradeció con una sonrisa.
"Uhm… úsalo si quieres."
"Sí, gracias. Yo no empaque uno, no se me ocurrió."
Son cosas que se le ocurren a una madre pensó ella.
"Pero empacaste muchas otras cosas." – comentó, observando a los niños que estaban revolviendo el gran bolso que había traído.
"Papá, ¿vienes a jugar a la pelota?" – preguntó Valentine. Ross se estaba desparramando la crema por sus brazos y su pecho.
"Ahí voy."
Sin preguntar nada, Demelza se puso de pie y fue hacia él, tomando de nuevo el pote. Él se dio vuelta dándole la espalda. Y eso, hacía mucho tiempo que no lo hacía tampoco. Sus músculos se sentían firmes bajo sus dedos. Su piel siempre parecía dorada comparada con la suya. Sus hombros eran algo más anchos de lo que recordaba, pero su cintura era igual de estrecha, lo que favorecía a la forma de su cuerpo aún más. Se tomó un poco más de tiempo que él, pues Ross había olvidado sus hombros y por la obvia diferencia de tamaño.
"Ten." – dijo cuando terminó. Ubicándose frente a él que la observaba con ojos entrecerrados. Tomando su mano, la dio vuelta para colocar crema en la palma. – "Desparrámala por tu cara también."
"Gracias." – dijo, con una mirada que la hacía recordar a ese Ross de años atrás. Él hizo lo que ella le ordenó, pero él último rastro de crema que quedaba en sus dedos lo desparramo en su nariz. Lo que la hizo reír.
"¡Papá!"
Jeremy no sabía cómo jugar a la pelota. O no sabía cómo seguir el ritmo de los Poldark. Generalmente, jugar a la pelota para él consistía en que él pateaba hacia sus tíos que lo dejaban anotar, o simplemente patear la pelota lentamente de uno a otro con quien estuviera jugando. Así que se frustró cuando al principio Ross y Valentine salieron tras la pelota a toda velocidad. Estaba a punto de llorar, Demelza lo sabía. Tenía esa expresión, la frente fruncida, los labios apretados y los ojos húmedos, como cada vez que las cosas no salían como él quería y hacía un berrinche. Hacía semanas que no hacía uno, no desde que habían llegado y había conocido a Valentine.
Ella estaba a mitad de camino hacia el campo de juego, su hijo se acercaba a ella también, cuando Valentine lo llamó.
"Ven Jer, papá te enseñará a jugar. Él me enseñó a mí. Sabe hacer jueguitos con la pelota, a mi todavía no me salen." – Entonces Jeremy cambio de dirección, y en vez de dirigirse hacia ella se volvió hacia Ross que se puso a hacer jueguitos con la pelota con pies, piernas y cabeza para deleite de los niños.
Ella se quedó de pie a mitad de camino sobre la arena observando como Ross intentaba enseñarles, aunque sin éxito. Pero el momento de angustia de Jeremy pasó y pronto empezaron a hacer rodar la pelota entre los tres, de uno al otro. Jeremy y Valentine erraban a veces, pero Ross aplaudía y los alentaba a que siguieran jugando y los niños se esmeraban para seguir el ritmo, entre risas y expresiones de frustración y aliento.
Demelza les estaba tomándo fotografías con su teléfono cuando la pelota rodó en su dirección y se detuvo cerca de sus pies. De un solo golpe, la pateó directo a las manos de Ross y los tres la miraron sorprendidos.
"¿Sabes jugar, Demelza?" – preguntó Val.
"Crecí con seis hermanos varones, claro que puedo jugar."
"¡Ven! Dos contra dos." – la llamó Ross, pero fueron los niños quienes la convencieron.
Dejó el sombrero, los lentes y el teléfono sobre la arena. Ross marcó los arcos con las ojotas. Jeremy saltó de alegría cuando dijo que haría equipo con él. – "No te preocupes, Val. Puedo jugar muy bien." Dijo ella al niño, que no parecía muy convencido cuando se definieron los equipos.
¿Saben que otra cosa no hacía desde hace tiempo? Divertirse.
Y ejercicio.
Demelza y Valentine ganaron 4 a 3, pero ella no estaba llevando la cuenta. La estaba pasando demasiado bien para importarle. Jeremy anotó dos goles, gritando de contento cuando Ross lo levantó sobre su cabeza para festejar. Valentine corría alrededor de la improvisada cancha para festejar los suyos, y le dio un beso en la panza al abrazarla cuando fue ella quien anotó.
Los cuatro volvieron sin aliento hacia la tienda a beber algo fresco. Rosina parecía estar dormida, pero Demelza no creía que lo estuviera de verdad. Dios, que calor que hacía, y encima los músculos de sus piernas le ardían por correr sobre la arena.
"¿Podemos meternos al agua, Demelza? Por favor, por favor."
Pues le parecía un idea genial.
"Seguro, Val."
"¡Sí!"
El incansable niño salió corriendo rumbo al mar. Ella se giró para ver a Jeremy, que aún seguía bebiendo su jugo, pero Ross le hizo señas que se adelantara, que él se quedaría con él. Así que, previa parada en las reposeras para quitarse el short de jean, se acercó a Valentine que se había puesto unos flotadores sobre los codos, y de la mano se dirigieron al mar.
El mar verde estaba en calma. Más allá, frente al hotel, también había algunas personas metidas en el agua, pero no había nadie donde ellos estaban. Casi no había olas, bien podía ser una piscina gigante. Y el agua estaba fresca, pero no fría. Perfecta. Lo siguió de cerca a Valentine que se metió hasta que el agua llegó a su pecho, a ella no le llegaba a la cintura, pero se arrodilló bajo el agua hasta que solo quedó su cabeza sobre la superficie.
"Me gustan tus flotadores." – Le dijo, pues si no mal recordaba, Val sabía nadar muy bien.
"Siempre los uso para nadar en el mar. Mamá me dice que me los ponga."
"Y tiene razón. ¿Vas muy seguido a la playa?"
"No mucho. Pero papá tiene una casa en la playa. El año pasado fuimos, pero el agua estaba muuuy fría."
"No es como aquí."
"Nop."
"Yo también soy de Cornwall, ¿sabías?"
"¿Cómo papá?"
"Sí, como tu papá."
Hablando de Ross, Demelza observó hacia la costa. Ross estaba inflando un flotador color amarillo con Jeremy a sus pies, que se movía inquieto y le decía algo. En el momento en que lo miraba, su pequeño se dio vuelta y ella sacó un brazo del agua para saludarlo. Le parecía que estaba ansioso por meterse al agua.
El inflable resultó tener forma de pato de hule, de esos de juguete que son para la bañera. Era lo suficientemente grande para que un niño se recostara en el, cosa que Jeremy hizo apenas el agua le llegó a las rodillas. Ross lo ayudó a subir, y luego lo llevó flotando hasta donde ellos estaban.
"¡Mira, mamá! ¡Mira! Estoy arriba de un pato." – Exclamó alegre apenas llegaron a su lado.
"Ya veo. ¿Le diste las gracias a Ross y a Valentine por prestártelo?"
"Gracias Ross. Gracias Val."
Estuvieron un buen rato en el agua. Los niños se turnaron para flotar en el pato, con Ross y Demelza empujándolos de un lado al otro. Jeremy tuvo la oportunidad de continuar con sus clases de nado, con uno de los flotadores de Val en un brazo que el niño le prestó apenas su hijo quiso bajar del pato. Era un niño muy dulce y educado, y en el poco tiempo que se conocían, pareció haber desarrollado un cariño especial por Jeremy. Casi como el de un hermano mayor. Y el sentimiento era recíproco, pues su hijo lo seguía en todas sus ocurrencias. Iba a ser muy difícil despedirse cuando llegara el momento, ya casi iban por la mitad de la filmación.
"Es muy dulce." – Le dijo a Ross en un momento en que los niños jugaban con el inflable, Valentine arrastrando a Jeremy por el agua.
"Sí…" – comenzó a decir, pero tuvo que ir tras los pequeños que se alejaban de ellos una y otra vez, y ellos no les quitaban la vista de encima.
Demelza aprovechó el momento de soledad para sumergir su cabeza completamente en el agua. Estaba deliciosa. El sol brillaba alto, y ella estiró su cuerpo en la superficie del agua y comenzó a flotar. Sus ojos entrecerrados, todo lo que podía ver era el cielo celeste y la risa de los niños que le llegaban a través del agua. Eso era exactamente lo que necesitaba, esa paz.
No supo cuanto tiempo pasó. Reaccionó cuando sintió algo rozar su mano. Era el inflable con forma de pato. Demelza levantó la cabeza de inmediato, Ross estaba cerca de ella, pero a su espalda vio a los niños que ya estaban junto a Rosina que los envolvía con las toallas.
"¿Te dormiste flotando? Esa es toda una habilidad." – dijo él. Estaba de pie, su pecho sobresalía del agua y estaba medio apoyado sobre el pato, casi hundiéndolo con su peso. – "Los niños vieron que venían a traer el almuerzo y quisieron salir a ver. Yo vine a buscarte, no fuera cosa que te fueras flotando." – dijo con una sonrisa.
Ella se enderezó, haciendo pie en el fondo del mar.
"Con eso sí se saldrían de presupuesto, con lo que tendrían que pagar de seguro…" – Ross rio entre dientes y los dos comenzaron a caminar hacia la orilla, Ross con el inflable en sus manos, y observando en la distancia como los niños ya estaban en la tienda, inspeccionando lo que dos empleados del hotel les habían llevado.
"Te decía antes, cuan educado Valentine es. Debes estar muy orgulloso de él."
"Lo estoy. Aunque no puedo llevarme todo el mérito, con el poco tiempo que paso con él… y no sé lo que hago la mitad de ese tiempo."
"Te entiendo. Los hijos deberían venir con un manual de instrucciones."
"Sí, definitivamente. A propósito, Jeremy es un niño muy inteligente…"
"Es muy perspicaz. Sensible. Tiene eso de que no quiere ser un bebé…"
"Siempre será tu bebé, no importa la edad que tenga. Me pasa lo mismo con Valentine, siempre recuerdo la primera vez que lo vi. Cabía en mis dos manos, era tan pequeño…"
"Jeremy peso tres kilos y medio al nacer, así que no diría que fue pequeño." – Bromeó. Ross volvió a sonreír. Habían salido del agua y caminaban uno junto al otro, completamente empapados y chorreando agua de sus cabellos. – "Quería agradecerte por - por jugar con él hoy. Creo que está algo deslumbrado por ti… y por Valentine también."
"No tienes nada que agradecer." – dijo, desestimando el comentario con un gesto de su mano, que inocentemente fue a rozar su espalda por tan solo un segundo. – "Soy yo quien está agradecido."
"Bueno, los dos lo estamos y lo dejamos ahí."
Habían armado otra mesa bajo la tienda. Con un mantel blanco, cinco sillas, platos, cubiertos y elegantes bandejas con el almuerzo. Los niños ya los estaban llamando, pero ellos se detuvieron un momento junto a las reposeras a secarse y atar su cabello. Demelza se volvió a poner su short de jean, Ross no se cambió, solo seco un poco su pecho. Y camino a la mesa, fue ella quien rozó su espalda. Un gesto espontáneo, natural y rápido al que ninguno de los dos le dio demasiada importancia.
Almorzaron en la tienda, en ese lugar paradisíaco nadie se acercaba a molestarlos, tenían la playa entera para ellos. Ross sospechaba que la seguridad del hotel o de la producción de la película estaba involucrada, pero no se los veía a simple vista. De repente se encontró rodeado de todos esos lujos, porque eran lujos, pero en todo lo que podía pensar era en que cuanto le hubiera gustado haber tenido un día como ese en su matrimonio con Elizabeth. Y no se refería a estar en ese lugar con gente que les daba todo lo que querían, sino a un día en familia. En qué su hijo pudiera disfrutar de sus dos padres sin que discutieran, tal como lo estaba haciendo en ese momento. Observó a Demelza, Jeremy se había sentado en sus piernas y comía de su plato. Se veía joven, hermosa. Algo colorada por el sol. Y si bien todas esas atenciones eran por ella, en ese momento solo parecía una joven madre, una buena mujer que disfrutaba de su hijo y que daría todo por él. Y se preguntó como hubiera sido si él no hubiera salido con Elizabeth aquella noche. ¿Estarían ellos juntos ahora? Por supuesto que no se arrepentía de su relación con Elizabeth, de otra forma no tendría a Valentine. Pero, en aquel momento, estando juntos, porque no había dudas de que estaban juntos pese a lo que él había dicho entonces, ¿habría florecido aquella relación? Matrimonio no era en algo en lo que él pensara entonces, ni algo en lo que volvería a pensar alguna vez. Ella no sería quien es si hubiera estado con él, no se habría mudado a Estados Unidos, o tal vez lo hubiera dejado para perseguir sus sueños, ¿y que habría hecho él? De todas formas, ya no tenía sentido pensar en eso.
"Demelza, ¿Podemos ir a la hamaca?" – le preguntó Valentine. Ella levantó la vista, clavando sus ojos en 8el por un segundo, como si ambos tuvieran responsabilidad en el asunto.
"Primero deben comer una fruta, y luego pueden ir a la hamaca." – dijo, y luego le sonrió. A él, y después a Valentine. Era algo difícil negarse ante esa sonrisa y su hijo buscó en una de las heladeras un pote con trocitos de ananá y otro de guayaba, que llevo de vuelta a la mesa y se sentó a comer. Ross no pudo evitar reír. – "¿Qué?"
"Creo que comienzo a descubrir el secreto de tu éxito. Sólo sonríes y logras que todos hagan lo que tú quieres." – dijo. Lo que pareció causar gracia a Rosina.
"Sí tan solo fuera tan sencillo…" – suspiró ella.
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Los niños se quedaron dormidos uno junto al otro en la hamaca colgante después de almorzar, así que Demelza quiso ir a caminar por la playa, Ross la acompañó. Era tan distinto a las playas de Cornwall. El agua apenas se movía, casi no había olas. Bien podía haber sido una enorme piscina con agua color verde debido al reflejo del sol que parecía brillar más en ese lugar que en cualquier otro en que hubiera estado antes.
Se había vuelto a poner los lentes y el sombrero, Ross solo iba en bermudas, y ambos estaban descalzos. Caminando sobre la arena húmeda en dirección opuesta al hotel y a la gente. Rosina dijo que se quedaría a vigilar a los niños.
"¿Fue así que conquistaste a tu esposo? ¿Con una sonrisa?" – Fue lo primero que preguntó. Creyó ver el contorno de sus ojos detrás de los lentes cuando volvió su cabeza hacia él. ¿Porqué tenía tanto interés en saber de su marido? No podía explicarlo.
"Él me tuvo que conquistar a mí, si quieres saberlo."
"Ahhh… por supuesto. ¿Puedo preguntarte como lo conociste?"
Demelza no dijo nada por un momento y luego pareció suspirar.
"Disculpa, me imagino que debe ser duro hablar de él."
"No, no es eso. Hablo de él todo el tiempo… a Jeremy. Sólo que no acostumbro a hablar de nosotros. Ya sabes."
"¿De ti y él? Pero todos sabían de ustedes…" – comentó él, porque por más que él no le prestara ningún tipo de atención a los tabloides sabía que ellos habían sido un tema recurrente en su época.
"Ese es el punto. La gente hablaba, o siguen hablando, pero no yo. Nos conocimos filmando un video para su banda… podrías haber buscado eso en Wikipedia."
"No creo que sea una fuente confiable." – Ella rio entre dientes, caminando un par de pasos delante de él.
"Esa parte está bien. Pero no fue amor a primera vista, como suelen decir, fuimos buenos amigos durante un tiempo. Hugh… él era dulce, tenía un alma especial." – dijo bajando su voz, como si realmente le costara hablar de él.
"No tienes que contarme si no quieres, Demelza…"
"Nunca he hablado mucho de él excepto con Jeremy, o con Caroline ocasionalmente. Mi terapeuta, fui a una luego del accidente cuando estaba embarazada, me dijo que no debía apresurarme. Que el momento llegaría, o no… tal vez el momento ha llegado."
Ross se maldijo internamente por insistir, no debería haber preguntado nada. Cuan terrible debió haber sido, no podía imaginarlo. Pero si era tan difícil hablar de él para ella y ella quería contarle, pues él quería escuchar.
"Cuéntame algún recuerdo de él que te haga sonreír."
Demelza de detuvo a contemplar el océano, y él se paró junto a ella.
"Solía cantarme constantemente." – dijo al fin. – "Desde el momento en que nos conocimos. ¡Pensaba que estaba loco! Ni siquiera éramos amigos entonces. Solo me enviaba un mensaje diciendo, "Necesito tu opinión acerca de esta canción" y luego me enviaba un audio de él cantando o tocando la guitarra."
"¿Eran canciones indecorosas?"
"¡Nooo!" – exclamó Demelza y pareció relajarse. – "Eran solo canciones. Las canciones románticas vinieron después." – agregó. Y él podía imaginarlo, que ella fuera su musa.
"Y así fue como te conquistó."
"Tuvo algo que ver. ¿A qué mujer no le gustan los gestos románticos?" – preguntó, y lo primero que le vino a la mente fue a ese hombre que estaba junto a ella bailando en el living de su primer departamento, tuvo que desviar la mirada hacia el mar. – "Pero no fue solo eso. Nos llevábamos muy bien, y él entendía todo esto. Mi carrera. Aunque creo que yo no entendí la suya…"
"¿A qué te refieres?" – Demelza sacudió la cabeza y levantó los hombros, como queriendo sacudir sus pensamientos.
"Supongo que todo se reduce a lo que hablamos anoche. Acerca del matrimonio, que no todo es blanco o negro…"
Y Ross comprendió. O creyó entender, que tal vez su matrimonio no era tan perfecto como él lo imaginaba.
"Es duro, ¿sabes? Este negocio… por supuesto que lo sabes. No es que nos peleábamos ni nada por el estilo. Como dije, él era un joven amable, tenía su banda y muchos amigos. Y a mí. Pero, no sé, tal vez no sabía que esperar del matrimonio hasta que estuve casada. Pensé que los dos nos tomaríamos un tiempo, lo hicimos al principio, pero luego tuvieron un éxito después del otro y él tenía que salir de gira. Y yo iba con él también… por supuesto que estaba orgullosa de su éxito, tenía este talento… podía escribir canciones de cualquier cosa…"
"Debe haber escrito muchas sobre ti." – añadió él.
"Tres canciones número uno en Bilboard eran sobre mí." – dijo con una pequeña sonrisa. – "Pero, ¿sabes que? Hubiera intercambiado esos éxitos por estar sola en mi casa con mi esposo tan solo unos días…"
"Oh, Demelza…" – Ross apoyó la mano en su hombro, apretando sus dedos ligeramente. Aún con los lentes cubriendo sus ojos, podía sentir el dolor en sus palabras. Tenía la necesidad de hacer desaparecer esa pena, pero no sabía cómo.
"¿Crees que los niños se habrán despertado?" – Ross miró sobre su cabeza en dirección a su pequeño campamento. Rosina estaba aún recostada en una reposera y no se veía a nadie más.
"Creo que siguen durmiendo."
"Se me apetece meterme en el agua de nuevo."
Ross solo la soltó cuando ella se agachó para quitarse el short, que dejó sobre la arena dentro del sombrero junto a los lentes. El fue tras ella, esta vez metiéndose en el mar, nadando para adentrarse mucho más de lo que lo habían hecho con los niños. Hacían pie, pero sus cabezas apenas sobresalían del agua. Demelza se sumergió por completo, mojando todo su cabello. Él permaneció cerca, inconscientemente cuidándola como hacía con Valentine, aunque no necesitaba hacerlo. Demelza era una muy buena nadadora, y el mar continuaba calmo y tibio.
"Creo que fue una excelente idea venir a filmar aquí. Odio cuando Caroline tiene razón."
"Y yo cuando Dwight la tiene. No ocurre muy seguido."
"¿Dwight Enys? ¿Él sigue siendo tu representante?" – preguntó sin esconder su asombro.
"¿Porqué te sorprende?"
"Pues porque él…" – representa a muy buenos actores. Era el final de esa frase. – "… bueno, pensé que después de tanto tiempo… ¿Cómo está?"
Ross rio. Sí que era educada. Salpicó un poco de agua en su dirección. – "Con mucho trabajo. No es él el problema, soy yo."
"Tonterías." – ella lo salpicó también, y él rio, nadando amenazante más cerca de donde ella estaba, hasta que quedaron frente a frente.
"Ross, sobre lo que te dije antes…"
"No diré nada a nadie, tienes mi palabra." – prometió antes de que ella se lo pidiera.
"Gracias. Nunca le había contado eso a nadie."
"Entiendo, créeme. El matrimonio es una trampa infernal, por eso no volveré a caer en él."
"Funciona para otra gente… tal vez no fuimos claros o quizás no sabíamos lo que queríamos al principio ni los sacrificios que habría que hacer."
"¿Qué querías tú, de tu matrimonio?"
Demelza metió la boca en el agua, pensando por un momento. – "¿Un hogar? Alguien que me quisiera y a quien yo quisiera a su vez. Con quien compartir momentos, con quien hablar de todo y nada. Suena infantil…"
"No, para nada." – era exactamente lo que él descubrió que quería también.
"A veces era así para mí. Y tal vez si hubiéramos tenido más tiempo…"
"Estoy seguro de que lo habrías conseguido. Jeremy lo habría cambiado todo…"
Demelza sonrió con tristeza.
"Tal vez, pero entonces no habría sido por mi. Disculpa, es algo egocéntrico de mi parte. Ross, no tenía intención de que esto de volviera tan melancólico." – agregó, intentando reír para levantar el ánimo y pasando una mano mojada por su rostro.
A él no le molestaba, al contrario. Allí, lejos de todo. Del set, de sus compañeros, de su casa, incluso de sus hijos, sentía una calma difícil de explicar. Y se sentía de alguna forma conectado a esa mujer, por su pasado, pero por sus experiencias también. Encontró que la entendía, incluso más allá de lo que le había dicho con palabras. Comprendió no solo el dolor de haber perdido a su esposo, si no también la tristeza de lo que pudo ser y no fue, aún cuando él estaba vivo. Y sabía también que había mucho más que no le había dicho, pero estaba en ella querer contárselo. Pero por ahora quería hacer que sonriera genuinamente otra vez.
"Solo se me ocurre una solución para levantarnos el ánimo."
"¿Qué cosa?" – Ross estaba tan cerca de ella, que por un momento pensó que su solución iba a ser besarla. Fue tan solo un instante, que no le dio tiempo a pensar que haría si tan solo inclinaba su cabeza y rozaba sus labios. Pero no fue eso.
Ross inclinó la cabeza y dijo: "Una bomba."
"¡¿Qué?!"
"Como hicimos con Val el otro día en la laguna." – explicó. Demelza lo miraba incrédula.
"Gracias, pero no tengo seis años."
"¡Vamos! Será divertido."
"No lo creo."
"¿Alguna vez lo has hecho? Vamos, sube." – Ross se dio la vuelta dándole la espalda. Y su mente volvió a vagar otra vez a aquella noche que bailaron en el living de su casa, como la había levantado sobre su cabeza. Eso había sido inesperadamente divertido. Así que exclamando "¡Estás loco!", primero trepó a su espalda, colocó sus pies en sus manos como él le indicaba, y de allí trepó a sus hombros.
A decir verdad, de inmediato se olvidó de todo lo que habían estado hablando. Concentrándose en hacer equilibrio sobre su cabeza, Ross la sostuvo de las manos hasta que ella se enderezó sobre sus hombros. Parecía estar volando sobre el agua, y no podía dejar de sonreír y de emitir grititos.
A lo lejos en la costa, vio que los niños ya se habían despertado y corrieron en dirección al agua al verla, con Rosina tras ellos. Ella levantó un brazo en alto para saludarlos y casi pierde el equilibrio.
"¡Woa!" – Ross exclamó, levantando sus manos de nuevo para que ella se sostuviera.
"Los niños ya están despiertos." – Le dijo, inclinándose para mirarlo de cabeza. El tenía una gran sonrisa también. – "¿Y ahora qué?"
"Ahora saltas."
"¿Estilo bomba?"
"De la forma que tú quieras."
Demelza eligió un salto más elegante. Primero se volvió a enderezar, estiró sus brazos sobre su cabeza y tras una vuelta regresiva se sumergió en el agua con los brazos primero y cabeza después. Emergió con una sensación estimulante algunos metros más allá, escuchando los gritos de los niños que aplaudían desde la orilla.
"Ya veo porque a Valentine le gusta tanto."
"¿Quieres hacerlo otra vez?" – pregunto él acercándose a ella.
"Sip, pero creo que será mejor volver con los niños. Gracias Ross, de verdad." – Demelza rozó su brazo, y él paso la mano por sus hombros, acercando sus cuerpos por un momento mientras salían del agua.
Ross tuvo que volver a meterse al mar con su hijo, que quería saltar también, ella y Jeremy se quedaron en la orilla buscando caracoles, que era algo que solían hacer cuando iban a Cornwall. El resto de la tarde la pasaron armando un castillo de arena entre los cuatro al que le sacaron fotos de todos los ángulos pues les quedó increíble. Había algunas ventajas en trabajar junto a un hombre joven y fuerte, que podía excavar un foso profundo en tan solo unos pocos minutos. Hasta Rosina había ayudado, lanzándole miradas de reojo cuando Ross estiraba su cuerpo y todos sus músculos se marcaban. Definitivamente iban a tener una conversación esa noche, no quería que le contara a su hermano cosas que no eran.
Cuando cayó tarde, el empleado del hotel volvió para llevarles té helado y leche para los niños con algunos dulces que Ross tuvo que ordenar no se los comieran todos. Había sido un día encantador, todos se habían divertido, y ella algo más que eso también.
Se despidieron junto a la pileta. Jeremy iba medio dormido en sus brazos, Ross se acercó para acariciar su cabecita y dar un beso en su frente, y ya que estaba le dio un beso en su mejilla. Jeremy, medio dormido y todo, los saludó con su manito mientras se alejaban. Demelza no notó nada extraño al entrar en la cabaña, Rosina abrió la puerta que estaba con llave y ella fue directo a la habitación de Jeremy. Debería darle un baño, pero el pequeño protestó apenas quiso moverlo, así que solo le quitó la ropa y le sacudió la arena lo mejor que pudo, le colocó el pijama y lo metió en la cama. Tal vez se despertara más tarde para darle una ducha, ella iba directo a una. Solo entonces fue a su habitación.
Lo primero que notó fue que las ventanas que daban a la terraza estaban abiertas. ¿No las había cerrado antes de irse esa mañana? ¿Acaso no habían ido a limpiar su habitación ese día? Fue lo primero que pensó al ver su habitación toda revuelta.
