Capítulo 18
Cuando Ross llegó a la cabaña detrás del hotel ya era todo una conmoción. El productor de la película estaba allí, también Malcolm. Había un tipo de seguridad en la puerta, otro inspeccionando los alrededores y un tercero estaba junto a Demelza que revolvía el ropero en su habitación para ver que se habían llevado. Lo primero que hizo él fue ir a la habitación de Jeremy. Allí lo encontró al niño durmiendo y a Rosina junto a él, sentada en el borde de su cama.
"¿Qué ocurrió?" – susurró para no despertar al niño.
"Parece que alguien entró en la habitación de Demelza mientras no estábamos. Cuando llegamos encontramos todo revuelto."
"¿Ustedes no vieron a nadie? ¿Nadie les hizo daño?" – preguntó preocupado. Demelza le había enviado un mensaje hacía un instante que decía: "Ross, ¿puedes venir? Alguien entró a mi habitación." - Y él había ido corriendo.
"No. A nadie. Ahora están buscando a ver si encuentran a alguien, si alguien está escondido afuera."
"No van a encontrar a nadie. Quien quiera que haya sido buscó lo que quería y se fue." – Era Demelza quien habló, iba a ver como estaba Jeremy, pero al encontrarse con Ross sintió un gran alivio de que estuviera allí.
Su voz tembló de forma casi imperceptible. Se veía algo pálida, y la alegría que tenía minutos atrás cuando se despidieron se había perdido. Fue algo instintivo. Ella dio un paso y él abrió sus brazos para abrazarla. La sostuvo por un momento, el suficiente para sentir el cosquilleo de su respiración en su cuello.
"¿Estás bien?" – le preguntó cuando ella se separó, sosteniendo su rostro entre sus manos para mirarla a los ojos.
Ella asintió y luego agregó: "Sí. No vimos nada. Sólo se llevaron mi portátil."
"¿La notebook?" – exclamó Rosina, y Demelza miró sobre su hombro hacia ella asintiendo.
"¿No se llevaron nada más de valor? ¿Joyas? ¿Ropa?..."
"No, solo eso."
"¡Ah, Demelza! Aquí estás, llegó el sargento de policía. Quiere hablar contigo." – Era Malcolm, quien lo miró de arriba a abajo al verlo allí. Demelza seguía junto a él y Ross continuaba con una mano en su espalda.
"Sí…" – susurró ella. – "Ross, te quería pedir si puedes llevar a Jeremy a dormir en tu habitación contigo y Valentine. No quiero que se despierte y se asuste con toda esta gente aquí."
"Por supuesto."
"Gracias."
"No hace falta que me des la gracias. Llevaré a Jeremy, Rosina se puede quedar con ellos y yo volveré enseguida."
"No, creo que yo prefiero quedarme con Demelza." – dijo la joven.
"… Sí. Creo que será mejor que ella se quede conmigo y tú cuides de los niños. No creo que quien haya entrado este por aquí todavía, pero me quedaría más tranquila si tú estás con él. Luego iré a buscarlo."
Así que eso fue precisamente lo que hizo. Demelza besó la frente de su hijo cuando ya lo tenía en brazos, pero el niño estaba profundamente dormido y no se despertó. Las dejó a Demelza y a Rosina entre esa vorágine de gente preocupada que le aseguraban una y otra vez que encontrarían al intruso.
El comisario le informó a Demelza que habían abierto varias líneas de investigación. En primera instancia descartaban a los integrantes de la producción, definitivamente a los que se encontraban filmando ese día, pero de todas formas el hombre le solicitó a Malcolm una lista completa de los que habían tenido el día libre. Cosa que Malcolm no dudo en proveer. Demelza estaba segura que no podía haber sido nadie vinculado con la película y lo miró a Malcolm pensando que podría haber defendido a sus empleados. Cosa que el productor sí hizo.
"Por supuesto, por supuesto. Sólo para tener un registro de quién estaba y quién no en las cercanías del hotel." – aclaró el comisario.
Las otras personas que interrogarían sería a los pocos huéspedes que estaban alojados en las habitaciones que no estaban ocupadas por la producción. Demelza los había visto, o había visto como la miraban al cruzarse con ellos. Eran familias, y veía muy poco probable que tuvieran algo que ver.
"Tiene que interrogar a los empleados del hotel también." – dijo Malcolm al comisario.
"Y lo haremos."
"¿Qué hay de las cámaras de seguridad?" – el productor preguntó mucho más sensato.
"Ya hablé con el encargado de seguridad del hotel, está en camino. Cuando llegue podremos verlas." – luego el hombre se volvió hacia ella. – "Señorita Carne, ¿tiene usted alguna idea de quien puede haber sido?"
Demelza la miró a Rosina antes de contestar. – "No específicamente. Pero, verá, esta no es la primera vez que me pasa." - Los tres hombres la miraron sorprendidos.- "Existe este grupo de personas… por Internet…" – comenzó, tomándose el puente de la nariz entre dos de sus dedos, siempre la ponía mal hablar de eso. No era que tuviera miedo, sabía que no le harían daño, o eso le gustaba pensar. Era Caroline quién había tomado las riendas, quien la rodeó de seguridad. Había ocurrido hacía unos meses y no había vuelto a pasar.
"Son fanáticos de su esposo." – fue Rosina quién habló al notar su angustia. – "A principio de año alguien entró a su habitación en un hotel también y revolvieron todo. No se llevaron nada. Caroline, su manager, contrató un detective privado. Unos días después encontró algunos comentarios en redes sociales que decían que "no habían encontrado nada". Mencionaban el hotel donde había estado hospedada Demelza y el número de habitación, pero no pudieron dar con ellos. Los usuarios ya se habían dado de baja."
El comisario tomó nota de todo lo que Rosina le dijo. Desde entonces Demelza siempre tenía custodia personal que iba con ella a todas partes, algo que particularmente odiaba. Otro de los motivos por el que había aceptado participar en esa película, era que la custodia personal no sería necesaria allí pues el ingreso a la Isla estaría controlado. Al parecer no había dado resultado.
Era frustrante. Que un pequeño grupo de personas la persiguiera de esa forma. Que tuviera que preocuparse por ellos, tan solo porque querían algo que no les pertenecía. El productor estaba muy ofuscado también por la brecha en el sistema de seguridad, le aseguró que reforzarían la custodia. Malcolm quería que revisaran a todos quienes no habían estado con él durante el día, como si todos fueran sospechosos. Los demás lo ignoraban, él y el productor no se dirigían la palabra.
Otra persona frustrada era Ross. En su habitación con dos niños que dormían, sin dejar de pensar en lo que había sucedido y en lo inútil que se sentía. Sí, cuidar a los niños era importante, pero ¿Quién estaba cuidando de Demelza en ese momento? Su consuelo era que al menos cuando ocurrió lo que fuera que pasó, él estaba con ella y con Jeremy y ellos no estuvieron en peligro. ¿Estaban en peligro ahora? ¿acaso alguien quería hacerles daño? No terminaba de comprender. Quizás habría sido un simple robo, pero ¿allí? Estaban en una Isla adonde solo se podía acceder por agua o por aire, de seguro tenían un control de todos los que entraban y salían. Habría una lista de nombres y no sería muy difícil encontrar al responsable.
Alguien llamó a la puerta, Ross abrió de inmediato sin preguntar quién era. Y sin decir nada, ni dejarla a ella emitir palabra, la atrajo hacia adentro, cerró la puerta y la abrazó de nuevo, está vez durante más que solo un momento.
Su cuerpo tembló rodeado por sus brazos. Sus dedos tirando del ruedo de su remera y cerrándose en un puño. Suspiró aliviada en el hueco de su cuello, liberando la tensión y los nervios de los últimos minutos.
"¿Estás bien?" – le preguntó luego de un momento, sosteniendo sus mejillas delicadamente, inspeccionando su rostro por algún rastro de alguna herida física como si no supiera que ella no había estado allí cuando entró el intruso, como si aún estuviera en peligro.
"Sí… sí." – le aseguró ella, aclarándose la garganta para sonar más firme.
"¿Encontraron algo?"
"Aun no. Buscaron en los alrededores, pero no hay nadie. También llego el encargado de seguridad del hotel y miraron las cámaras, pero solo hay una que apunta a la entrada a la cabaña y quien sea que haya sido entró por mi ventana." – dijo. Aún estaban cerca de la puerta, Ross aún tenía sus manos apoyadas en sus hombros y una intensa mirada de preocupación. – "¿Cómo está Jeremy? ¿Se despertó?"
"No. Continúa durmiendo, no se enteró de nada." – intentó tranquilizarla, apuntando hacia la puerta abierta de su habitación adonde se lo veía dormir al niño.
"Menos mal." – dijo, y su voz se escuchó angustiada.
"Ven, siéntate." – Ross la guio hacia el sofá. – "¿Quieres agua?"
"Tal vez algo más fuerte."
Ross le sonrió, y ella lo hizo también a través de su tristeza. Porque esa era la forma en que se veía. No asustada ni preocupada, se veía triste.
Ross se dirigió a la pequeña heladera que había en su habitación. No era una cabaña completamente equipada, pero no se quejaba. Tenía un bonito sillón frente a una televisión de 30 pulgadas, una pequeña mesa con un par de sillas, varias mesitas, el frigobar siempre lleno y al que debía cuidar de que Valentine no se comiera todas las golosinas que había en él, y desde la pieza tenía una hermosa vista hacia el mar. – "Creo que no podré ofrecerte mucha variedad…" – Le dijo, inspeccionando el contenido de la heladera y las botellitas que había. – "Al menos no como la que tú tienes."
"¿No hay para hacer mojitos entonces?"
"¿Quizás whisky? Vino blanco o tinto, champaña o… ¿oporto?" – esa era toda la variedad de bebidas alcohólicas que tenía.
"Oporto." – aceptó Demelza. Los dos volvieron a sonreír, pues ambos se acordaban de que la bebida favorita de su personaje en aquella serie que hacían juntos era el oporto.
"Sabia elección." – Ross apoyó la botellita frente a ella en la mesa ratona y fue en busca de un vaso, pero cuando volvió Demelza ya bebía del pico. – "Lo necesitabas…"
"Sí." – Hipó, cubriéndose la boca con el dorso de la mano y ofreciéndole la botellita con la otra. Él la aceptó, se sentó junto a ella y bebió un trago. Ya no quedaba mucho, así que se la devolvió.
"¿Tienes idea de quien pudo haber sido? Rosina dijo que ya te había sucedido antes…"
"Hace meses. No sé quién pudo haber sido, no concretamente. No los conozco, pero ellos me conocen a mí …"
"Todo el mundo te conoce a ti."
"Creo que son fanáticos de mi esposo. No "fanáticos", un verdadero fan no estaría tan desquiciado."
"¿Son peligrosos?"
"No lo creo…"
"Pero lo que dicen en Internet…"
"¿Leíste algo?"
"No… leí un artículo hace poco donde mencionaban que había un grupo que quería que se publiquen sus canciones inéditas."
"Eso es."
"¿Y que ganan entrando a tu habitación? ¿Qué hubiera pasado si estabas allí? Te podrían haber hecho daño."
"No serían capaces. Se llevaron mi notebook, creo que son tan estúpidos de pensar que los archivos de Hugh pueden estar allí."
"¿Y donde están?"
"En una central de seguridad cibernética en Suiza. Ni yo puedo acceder directamente." – Demelza dijo sin más. Vaya seguridad.
"¿Y tenías algo privado allí? No lo sé, ¿algo con lo que puedan perjudicarte?"
Demelza sacudió la cabeza antes de contestar. "No, solo la uso para ver videos para ensayar, tal vez alguna serie o película. Además está encriptada. No creo que hayan logrado abrirla, y ahora toda la información ya se borró. Yo tengo mis trucos tecnológicos también. O, más bien, Caroline los tiene." – dijo, bebiendo el último sorbo de oporto que quedaba.
Ross apoyó su espalda contra el respaldo del sillón algo más relajado. Luego de dejar la botellita vacía sobre la mesa, ella hizo lo mismo, casi recostándose. Apoyando la cabeza hacia atrás, suspiró.
"¿Segura que estás bien?" – susurró. Ella se quedó quieta por un instante, pero luego giró su cabeza clavando sus ojos apesadumbrados en él.
"Esto no sucedería si Hugh estuviera aquí." – dijo. Y sin siquiera pensarlo, Ross movió su mano y la colocó sobre la de ella.
"¿Porqué no les das lo que te piden?"
"¿Porqué debería hacerlo?"
"Para que estés a salvo, tranquila." – Ross apretó sus dedos sobre su mano.
"Estoy tranquila. No cederé ante un pequeño grupo de desquiciados, no es suya la elección. Es de Hugh, si él no quiso publicar esas canciones por algo será. Y como él no está aquí pues, la elección es de Jeremy. Pero él todavía es muy pequeño, cuando tenga edad decidirá."
"¿Y mientras tanto? Estarás en peligro…"
"No…"
"Lo estás, Demelza. Tienes que pensar en eso también." – dijo, quizás con un poco más de vehemencia de la que pretendía. Porque de pronto él se encontraba seriamente preocupado por su seguridad. Porque quería que estuvieran a salvo, saber que nada les sucedería.
"No viviré pendiente de un grupo de locos."
"Dios, Demelza. Eres tan cabeza dura. Puedes editar solo una canción, eso calmaría las cosas."
"Eso no puedes saberlo. Luego podrían seguir pidiendo más… ¿acaso me acabas de decir cabeza dura?"
Ross se rio entre dientes. De pronto dándose cuenta de que se habían acercado a pesar de estar discutiendo, o hablando acaloradamente más bien. Hizo su cuerpo hacia atrás, pasando la mano que estaba sobre la suya por su cabello. No vio la mirada de Demelza, como ella siguió con sus ojos el movimiento de su mano que se había sentido reconfortante en la suya.
"Lo siento. Solo… me preocupó lo que sucedió. No creo que a tu esposo le importara, estoy seguro que él querría que estés a salvo." – dijo, y se maldijo internamente al ver la mirada que cruzó sus ojos. Pero no se arrepentía, estaba convencido de que era así. Incluso pensando en su propia situación, él quería lo mejor para Elizabeth y no le gustaría que estuviera en ningún tipo de peligro.
Demelza se enderezó, hasta entonces había estado medio recostada en el sillón, su cuerpo girado en dirección a Ross. La mención de Hugh había llevado lágrimas a sus ojos que luchó por contener, pero lo hizo. Ross había vuelto a tomar su mano, esta vez entrelazando sus dedos. Ella le devolvió el apretón.
"Estoy a salvo. Los dos lo estamos." – Allí, sentada junto a él se sentía así de verdad. No sabía lo que era acerca de Ross que la hacía sentirse segura. A salvo. Tal vez era porque había estado sola durante tanto tiempo, a pesar de sus hermanos o amigos que siempre la rodeaban, desde que Hugh se había ido la sensación de soledad había sido constante. Pero esos últimos días en la isla, ese día en particular, esa soledad había estado ausente. Y a pesar del intruso y todo el estrés de esa noche, se sentía así sentada junto a él en ese sillón. Él era diferente al hombre que había conocido cuando ella no era más que una jovencita. Ross había crecido, los dos lo habían hecho. Pero si bien ella no creía haber cambiado tanto, no esencialmente, él sí. Ese tinte rebelde parecía haberse atenuado, reemplazado por un hombre responsable, por un buen padre. Aunque aún seguía siendo igual de guapo. O tal vez incluso más.
"Supongo. Reforzarán la seguridad del hotel y de toda la producción."
"Ofrecieron poner a un guardia en la puerta de la cabaña."
"¿No pensarás volver a dormir allí está noche, verdad?"
"No dieron otra habitación por hoy. Rosina ya esta allí."
"Estaría más tranquilo si te quedas a dormir aquí. Digo… puedes dormir con Jeremy en mi habitación. Yo puedo dormir con Val."
"Gracias, Ross. Es muy generoso de tu parte, pero no es necesario…"
"Estoy seguro de que no, solo lo decía por mi paz mental."
"¿Nos defenderías del intruso?" – Bromeó ella. Pero no era una broma para él.
"Lo haría." – dijo, tan seguro que su respiración quedó trabada en su garganta.
"Mmm… tendría… tendría que avisarle a Rosina." – dijo. Pensando en su niño, de esa forma no tendría que moverlo y arriesgarse a que se despertara. Y porque la idea de quedarse allí le apetecía a ella también.
"¿Estará bien ella sola? Puede venir y dormir en el sofá."
Demelza le preguntó por mensaje, pero Rosina le contestó que ya estaba acostada, que no tenía miedo y estaría bien sola. La habitación que les habían dado estaba en el tercer piso y el hotel estaba bien custodiado.
Había tenido que soltar su mano para tomar su teléfono, pero Ross seguía sentado a su lado. Y después de darle las buenas noches a su cuñada, se volvió a recostar sobre el respaldo mirándolo. No había dudas de que sus hermanos se entrarían de esto.
"¿Quieres algo de comer? No has cenado."
"No tengo hambre, pero ordena algo para ti si quieres."
"Yo tampoco tengo apetito. El susto me lo quitó."
Demelza le sonrió con dulzura. En sus ojos ya no había tristeza sino algo más, distinto.
"Pobre Ross…"
"No creo que pueda dormir tampoco, pero tú tendrías que descansar. Supongo que cancelarán las escenas que teníamos que filmar mañana."
"Espero que no. Tenemos que ponernos al día."
"No estamos muy atrasados, a pesar de lo que Malcolm diga."
"Desperdiciamos el día de hoy… oh, eso sonó mal. No quise decir que fue un desperdicio… Hoy fue, fue…"
Las comisuras de los labios de Ross se curvaron. – "Se lo que quieres decir. Lo fue."
"Especial. Me gustaría poder tener más días así… con Jeremy."
"Y a mi con Val. Verlo divertirse como lo hizo hoy."
"Sí." – A mi también me gustaría divertirme como lo hice hoy, pensó Demelza. – "Gracias de nuevo, por ser tan bueno con él, y por cuidarlo."
"Ya te lo dije, no tienes nada que agradecerme. Jeremy es un niño muy listo, me agrada." – aseguró él, porque esa era la verdad.
Ella se había movido. Ross tenía el brazo estirado sobre el respaldo detrás de su cabeza pero Demelza se había acercado. Podía sentir el calor que emitía su cuerpo, la ligera presión de uno de sus senos sobre su pecho, aunque no creía que ella se diera cuenta de eso. No había vuelto a tomar su mano después de que dejó el teléfono pues ya no se veía abatida, pero notó que su mirada se desvió hacia su mano un par de veces. Cuando levantó los ojos la última vez, los clavó en los suyos.
Fue un movimiento imperceptible, solo un momento. Demelza movió su cabeza acercándose aún más hacia él… y él se hizo hacia atrás. ¿Acaso… había querido besarlo?
Demelza pestaño una vez, y otra. Enderezó su espalda, desvió su mirada. Sus mejillas se enrojecieron.
"De…" - ¿Qué iba a decir?
"Tal vez tienes razón, creo que ya debería ir a descansar." – cuando volvió a mirarlo ese algo pareció desaparecer de sus ojos y, peor, movió su cuerpo alejándose de donde él estaba.
"Demelza…" – él se movió también, fue él quien se acercó ahora pero no del todo.
Ella sonrió, pero la sonrisa no fue sincera.
"Eres muy amable al dejar que nos quedemos aquí. Iré a ver a Jeremy. Que descanses."
Se fue tan de prisa como si se escapara de algo. Cuando reaccionó, la puerta de su habitación ya se había cerrado.
Ross todavía continuaba sentado en el sofá, se pasó la mano por la cara y continuó por el cabello. ¿Qué acababa de ocurrir? Ella había querido besarlo, y él… ¿la había rechazado? Definitivamente no dormiría esa noche.
