Capítulo 21

No del todo despierto, Ross estiró su brazo hacia el otro lado de la cama para atraerla a él, solo para encontrarla vacía. Abrió los ojos, aún era de noche. La música del exterior ya no se escuchaba, todo parecía en calma. Se sentó en la cama pasando una mano por su rostro para terminar de despertarse. ¿Había sido todo un sueño?

No.

Su desnudez y el ligero aroma dulce proveniente de sus dedos delataban que había sido real. Pero, ¿dónde estaba ella?

Una rápida inspección por la habitación le indicó que sólo Valentine y él estaban allí. Todavía no eran las cuatro de la madrugada, Demelza se había ido a hurtadillas mientras él dormía.

Tomó el celular para enviarle un mensaje pero, luego de pensarlo dos veces, lo volvió a dejar en la mesita de luz. En su mente daban vueltas mil motivos por los que se podría haber ido. Tal vez se arrepintió o le dio pena. Tal vez algo no le gustó o se había ofendido por algún motivo. Aunque era poco probable. Ross se volvió a acostar, repasando los eventos que habían ocurrido horas antes. Había sido ella quien tomó la iniciativa, sí, pero él había respondido con igual fervor. Dios Santo. Era tan hermosa que parecía irreal. La forma en que se había rendido a esa pasión… le encantaban sus besos, sus labios suaves y calientes en los suyos. La manera perfecta en que sus cuerpos se amoldaron, como recordaron de inmediato como era estar juntos y lo que le gustaba al otro. Como sus pequeños gemidos sonaban como música cerca de su oído mientras sus dedos lo acariciaban dulcemente. No, definitivamente no podía haberla ofendido. Quizás solo quiso ser prudente y no arriesgarse a que Valentine los encontrara juntos. Tal vez era solo eso, aunque le hubiera gustado despertarse con ella por la mañana. Iría a verla apenas se levantara.


Al bajar de su habitación se encontraron con Rosina y Jeremy, los niños corriendo al encuentro del otro luego de un largo día sin verse. Él preguntó por Demelza intentando sonar lo más casual posible, pero por la forma en que lo miró la joven no creyó haberlo logrado. A Demelza la habían convocado para una sesión de fotos en la playa, para aprovechar el tiempo que tenía libre hasta que se solucionara el tema del director, le informó. Los horarios para ese día no le habían llegado como era habitual y al parecer al resto del equipo tampoco, pues la mayoría deambulaba por el lobby sin saber muy bien que hacer.

Habiendo dejado a Val con Jeremy y Rosina, se dirigía hacia la playa cuando se cruzó con Paul, el productor, o, más bien, el hombre se acercó corriendo detrás de él al verlo salir a la terraza.

Que se sorprendió al escuchar su propuesta es una obviedad. Después de todo él no tenía experiencia como director, menos como para dirigir una película con alto presupuesto y de un estudio importante.

"Pero, Demelza dijo que habías dirigido antes."

Eso fue lo que lo sorprendió más.

"Erhm, sí. Pero solo dirigí un capítulo de una serie y algunos cortos en la universidad… disculpa, ¿ella sabe de esto?"

"Sí. Fue su idea, en realidad. Pero desde el Estudio te apoyaremos en todo lo que necesites."

"¿Desde cuando?" – balbuceo.

"¿Cómo dices?"

"¿Desde cuando lo sabe Demelza? ¿Cuándo… te dijo su idea?"

"Desde el momento en que comenzamos a buscar un director. Y su razonamiento no es erróneo. Encontrar un director que quiera dirigir esta película y que conozca el proyecto y traerlo aquí, todo eso nos llevará tiempo. Tendríamos que enviarlos a todos a casa y retomar la grabación más adelante. Pero tú ya estás aquí y conoces la historia y al equipo, es bastante lógico…"

Pero Ross no estaba realmente escuchando. En su cabeza el único pensamiento que daba vueltas era que ella lo sabía la noche anterior y se lo había ocultado. Y una idea más aviesa aún; que ella se había acostado con él porque sabía que lo nombrarían director.

"Paul," – dijo interrumpiéndolo. – "lo siento pero no creo que yo sea la persona adecuada."

"Es una decisión extraña, no te voy a mentir. Pero si Demelza cree que puedes hacerlo…"

"Demelza se equivoca. Mira, te agradezco el ofrecimiento pero simplemente carezco de la experiencia para encarar semejante tarea."

"Sabemos eso. Y te doy gracias por tu honestidad, pero todo el mundo tiene que empezar en algún lado. No tienes que decidir ahora, ¿Por qué no lo piensas un poco? Háblalo con tu representante, con Demelza, y luego me dices, ¿está bien?"

Ross asintió.

Temperamental como era, su humor había cambiado completamente al llegar a la playa. Había un par de carpas blancas montadas cerca de donde ellos habían hecho su campamento el día que compartieron en la playa, cuando les tomaron las fotografías… ¿Porqué le había mentido? La cabeza le daba vueltas.

Demelza vio algo en sus ojos apenas entró a la carpa. Vio como las palabras quedaron atrapadas entre sus labios cuando se dio cuenta de que no estaba sola.

Para aprovechar el día libre la habían llamado temprano por la mañana para realizar una sesión de fotos en la playa, y esto implicaba que al menos una docena de personas revoloteaban alrededor de ella con maquillajes, secadores de pelo, cremas y cambios de vestuario. Ella le sonrió dubitativa. Había estado mal en irse así, en plena madrugada y sin despertarlo. La noche anterior había sido, bueno, extraordinaria y desestabilizadora.

"Quería hablar un momento contigo… a solas." – dijo él.

Las miradas de todos alrededor se dirigieron hacia ella. Por supuesto que ya habían visto las fotos del DailyMail, seguramente creían que era cierto que existía algo entre ellos y hablarían a sus espaldas haciendo correr la voz de cada detalle que podrían averiguar sobre ellos.

"Seguro… solo será un momento." – y con una sola mirada indicó que los dejaran solos. Había mucho que hacer, ya habían hecho una sesión y se encontraban en pleno cambio de look al llegar Ross, que permaneció inmóvil hasta que todos se fueron y solo entonces dio un paso hacia ella.

Demelza esperaba esto, sabía que no había hecho bien en dejarlo a mitad de la noche, pero tampoco había creído justo despertarlo y descargar en él toda su angustia. No era por lo que habían hecho, para nada. Era algo más complejo y profundo, algo que debía enfrentar ella sola. O eso le había parecido en ese momento. Había estado pensando en ello toda la mañana, en que le diría cuando fuera a verla, y había decidido que la verdad era lo mejor.

"Lo sabías, y no me dijiste nada." – su tono salió más áspero de lo que pretendía. Sus palabras sonaron exactamente como lo que eran, una acusación.

Ross notó las cejas de Demelza fruncirse en sorpresa. Claramente no esperaba una acusación de su parte, no a decir por la pequeña sonrisa que había dirigido en su dirección un momento atrás que le había pasado completamente de largo y no había hecho nada por disminuir la decepción que sentía.

"¿Qué?" – balbuceo ella. Esperaba una acusación o más bien preguntas de porqué se había ido, pero no tenía idea de lo que Ross estaba hablando.

"Acabo de hablar con Paul, me ofreció que reemplace a McNeil y que sea el director de la película."

"Oh…" – Cierto. Todo ese asunto se le había olvidado por completo desde el momento en que había entrado en su habitación. Sus labios comenzaron a esbozar una sonrisa otra vez. Estaba a punto de decir "Felicitaciones" cuando él la cortó en seco.

"¿Porqué no me lo dijiste?"

"Lo siento. Me olvidé, no estaba…"

"¿Es por eso que dormiste conmigo anoche?" – preguntó él, porque eso era lo que había estado rondando en el fondo de su mente desde que Paul le hizo el ofrecimiento. Que ella se había asegurado que él fuera el director, que tuviera un trabajo importante, una oportunidad de ser alguien, y entonces se había acostado con él y se había ido en la mitad de la noche como si nada. Se sentía usado.

"¿Qué es lo que dices…"

"Viniste a mi luego de asegurarte de que tuviera un cargo que valiera la pena. Tal vez así es como les das la bienvenida a todos tu directores, tal vez es así como llegaste a ser quien eres…" – esto último, fue gratuito e innecesario. Y sus propias palabras resonaron en sus oídos como algo que Elizabeth había dicho alguna vez y eran eco de ese desdén que Ross sentía por ese mundillo superficial que despreciaba tanto y en el que Demelza estaba tan profundamente instalada. Había una distancia entre ellos y él siempre había sido consciente de ello, pero nunca había sido tan claro ni tan enorme como en ese momento.

Inmediatamente, Ross fue consciente del dolor que había causado. Estaba escrito en sus ojos que brillaban con un fuego parecido al que había visto la noche previa, cuando ninguno de los dos podía dejar de mirarse.

"Judas." – suspiró ella. – "No puedo creer que hayas dicho eso, que pienses eso…" – Que tonta había sido, ella había creído que era su amigo y era eso lo que él pensaba todo ese tiempo que pasaron juntos. – "… de mi. ¡No me conoces en lo más mínimo!" – exclamó, elevando el tono, y luego respirando una, dos veces para calmar su corazón que parecía querer salir de su pecho.

Ross pareció ser consciente también de sus palabras, no era lo que pensaba. No de verdad. Habían salido en un momento de enojo. Uno de esos tantos momentos a los que Dwight echaba la culpa cuando se quejaba de los pesares de su vida.

"No quise…" – tartamudeo, avergonzado. Porque la cuestión no era lo que pensaba de ella, sino lo que pensaba de sí mismo. Y la realidad era que Demelza sabía que tendría la oportunidad de ser algo más la noche anterior y que ella misma había querido que así fuese. – "… deberías habérmelo dicho. O no decirle nada a Paul, yo no soy un director."

Pero Demelza no iba a dejar pasar sus palabras así como así. Se había levantado del sillón de maquillaje, Ross no se había acercado del todo, pero ella se alejó aún más.

"No soy, en lo más mínimo, eso que crees que las actrices famosas son, ni jamás he hecho lo que piensas para llegar adonde estoy. He trabajado duro toda mi vida. Lo he dado todo…" – su voz se quebró en esta última parte. Porque durante años no había hecho más que trabajar ¿y para qué? ¿Para vivir en soledad de set en set, arrastrando a su niño entre extraños sin un lugar que llamar hogar. Sí, estaba su casa de Los Ángeles, pero no habían pasado más que un par de semanas en ella en los últimos cuatro meses. No debería haberse dejado convencer de aceptar este proyecto, su primer instinto había estado en lo correcto. Aunque hasta el día anterior lo hubiera estado disfrutando.

Ross había dado un paso en su dirección, no había sido su intención herirla. O sí. Porque él estaba herido también. Pero no había querido insultarla de esa forma. Mierda, él y su maldita bocota. Si fuera mudo probablemente le iría mejor en la vida.

"Ten eso bien claro." – agregó con más seguridad.

"Lo sé. Lo siento, no es lo que quise decir."

"Pero es lo que piensas. Ya lo has dicho antes. Piensas que este mundo es frívolo y superficial, y por ende piensas que todos en el son frívolos y superficiales, yo incluida."

"No…"

"Pensé que sería una buena oportunidad para ti, obviamente no quieres saber nada con esto. Me equivoqué."

Eso dolió también. Se estaba maldiciendo por dentro, una y otra vez. Pero al mismo tiempo no podía dejar de notar lo bonita que se veía cuando estaba enojada. No recordaba haberla visto nunca así. Ni siquiera cuando eran jóvenes, siempre había sido más bien tímida y callada. Ahora lo intimidaba un poco.

"Nunca te pedí que hicieras eso por mi." – dijo él, un poco más tranquilo. – "No soy capaz de dirigir una película como esta."

"¿Cómo lo sabes si no lo intentas?"

La pregunta quedó flotando en el aire por un momento. Ella estaba cruzada de brazos, con la silla entre ellos, el cabello a medio peinar y el rostro sin una pizca de maquillaje y mirándolo con una intensidad que hacía sus propias mejillas arder.

"¿Porqué no me lo dijiste anoche si ya lo sabías?" – insistió.

"Lo olvidé. Estaba- estaba pensando en otra cosa." – su voz salió como un susurro, como si fuera algo difícil de admitir. Ella había ido a estar con él, y ahora él lo había arruinado.

"¿Y por qué te fuiste sin despertarme?"

"Uhmm… lo siento, noc noc. Debemos continuar, ¿Ya está lista, Señora Carne?"

Demelza miró por un momento a Ross y luego detrás de su hombro a la asistente que acababa de asomarse por la puerta de lona de la carpa, y que había dicho en voz alta "Noc, noc" porque no había donde tocar. Había estado pensando en como contestar esa pregunta desde que bajó sus piernas desnudas de su cama, pero de repente no se le antojaba responderle. De repente se sentía sola de nuevo.

"Ya estoy lista, si. Dile a los demás que vuelvan a entrar." – dijo dirigiéndose a la asistente y volviendo a tomar asiento en el sillón.

Ross metió las manos en los bolsillos, sin saber muy bien que hacer.

"Deberíamos… ¿hablamos más tarde?"

"Estaré ocupada todo el día."


"Explícamelo de nuevo."

"Paul. Uno de los productores, habló conmigo esta mañana y me ofreció que yo sea el director de la película."

"Ross… ¡eso es magnífico! Felicitaciones."

"No voy a aceptar."

"¿Cómo dices? ¿Porqué no? Es una oportunidad impresionante, una de esas que tanto esperabas."

"No soy un director, Dwight."

"Has dirigido antes."

"No a esta escala. Además, no es por mi porque me lo ofrecieron…"

"¿Qué quieres decir?"

"Es por Demelza. Ella fue quién lo sugirió."

"¿Y…?"

"¿Crees que me lo habrían ofrecido si ella no se los decía?"

"Tú estás allí, ya has dirigido antes. Les ahorrará unos cuantos dólares, es probable que llegarán a la misma idea."

"Bah." – Ross bufó exasperado.

"¿Porqué estás molesto exactamente, Ross?" – preguntó su amigo casi suspirando. No se podía esconder de él, lo conocía demasiado bien.

¿Porqué estaba molesto? Porque acababa de meter la pata en grande. Porque después de una noche increíble él no había hecho más que arruinarlo por un impulso y su temperamento mordaz.

"Demelza está molesta conmigo." – balbuceo.

"¿Porqué? Creí que iba todo bien entre ustedes."

"No me dijo nada acerca todo esto."

"No creo que sea su lugar decirte. Es el trabajo del productor, y al final es decisión del estudio."

"Si, pues… no es solo eso." – agregó bajando aún más la voz.

"Ross… ¿ocurrió algo entre ustedes?"

Ross permaneció en silencio por unos segundos. ¿Cómo responder a eso? Había pasado tanto entre ellos en las últimas horas que no sabría por dónde empezar. Y ya podía escuchar el sermón de su amigo en su cabeza si es que le contaba lo que acababa de hacer. Era un idiota, eso ya lo sabía, no le hacía falta oírlo.

"No debería haberle sugerido eso a la producción. No es así como quiero conseguir trabajo."

"¡Por Dios Santo, Ross! ¡Es una oportunidad! Un primer paso para puedas demostrar lo que sabes hacer. De seguro ella lo vio así, de seguro solo trataba de ayudar."

"Yo no pedí su ayuda."

"Eres tan malditamente testarudo. ¿Cómo crees que conseguiste este papel en primer lugar?"

"¿Cómo dices?" – Ross preguntó sin comprender. Y hubo un silencio, esta vez del otro lado de la línea.

"Está bien…" – Dwight suspiró luego de un instante, como si se diera por vencido. – "¿Cómo crees que conseguiste este papel?" – repitió. – "Un estelar, en una película de un gran estudio con alto presupuesto junto a la actriz más conocida del momento. Ella te eligió, Ross. Personalmente. De hecho, tuvo que luchar por ti, porque te contrataran. Creo que sabías que Harry Styles quería tu papel también, ¿no es así? No dijeron felizmente que sí a un actor relativamente desconocido, sabes que Malcolm McNeil se oponía firmemente a que te contrataran. Fue Demelza quien los convenció."

"Pero yo… pensé que me odiaba." – dijo incrédulo.

"Bueno, ya vez que no. Claramente ella se preocupa por ti, ¿qué tiene eso de malo?"

Ross no lo podía creer. Estaba seguro que el día del casting y cuando empezó la filmación ella no estaba nada a gusto con que fueran a trabajar juntos de nuevo. Su frialdad y distancia así lo demostraba. Se contradecía totalmente con lo que Dwight le acababa de decir.

"¿Y tú como lo sabes?" – preguntó.

"Solo lo sé. Tengo mis fuentes."

"Tal vez tus fuentes están equivocadas."

"No, no lo están."

Entonces algo pareció hacer click click click en su cabeza.

"¿Es Caroline Penvenen tu fuente?... ¿Ella es la mujer con quien te has estado viendo en secreto los últimos meses?"

Y por el "Yo… ahhh…" sorprendido de su representante supo que había dado en el clavo. Pero eso también significaba que lo que le había dicho era cierto.

"Mierda, Dwight. Estoy… feliz por ti."

"¿Acaso era tan obvio?"

"Solo para mi que te conozco hace años. Es una mujer inteligente y muy bella."

"Lo es. Y ella estuvo allí en el casting."

"Fue por ella que me conseguiste el casting." – fue una afirmación, no una pregunta. Pero Ross solo llegó a captar los hechos superficiales y no supo nada del plan que su amigo y su novia habían diseñado.

"Y el guion de la película Irlandesa que te pase también me lo envió ella. Demelza rechazó un papel secundario en ella, y Caroline se enteró de que aún no tenían al protagonista y pensó en sugerirles que te contactaran a ti."

"Mhmm… tal vez deba contratarla a ella como representante."

"Tal vez. Es muy buena y te haría trabajar hasta los huesos. ¿Lo leíste? ¿Al guion?"

"No todavía. Las cosas han estado movidas aquí."

"Hazlo apenas puedas. Principalmente si no piensas aceptar el trabajo como director, lo que creo que deberías hacer. La filmación es el mes que viene y no eres su única alternativa."

"Lo leeré apenas pueda."

"¿Ross?"

"¿Sí?"

"Yo también te conozco hace muchos años… lo que sea que hayas hecho, trata de arreglarlo. Ella es una mujer extraordinaria."

"Lo sé."

Ese era justamente el problema.


La había llamado un par de veces, pero ella no le había contestado. Había bajado de nuevo a la playa, y se había quedado observando desde la distancia la sesión de fotos. No sabía de dónde habían conseguido un hermoso caballo y Demelza galopaba ágilmente por la costa con un impresionante vestido de gasa amplio que se inflaba detrás de ella mientras el agua del mar salpicada en todas direcciones. Se veía como una bella amazona salvaje con su pelo rojo al viento y sus ojos resaltados por el maquillaje. Era todo un espectáculo, y él o era él único espectador. Varias personas del equipo habían bajado del hotel también y estaban sentados sobre la arena contemplando la sesión de fotos. Ross incluso llegó a escuchar algunos comentarios preocupados, comentarios sobre la incertidumbre de la filmación ahora que no tenían director y que probablemente los enviarían a todos a casa y vaya a saber uno si los volverían a contratar si la grabación se retomaba. No se quedó mucho tiempo allí, Demelza estaba ocupada y no podrían hablar en ese momento.

Decidió entonces ir a pasar tiempo con los niños que saltaron de alegría cuando les dijo que irían a la pileta. Rosina lo miró preocupada, pero él le indicó que se quedara tranquila, que él los cuidaría. Valentine le volvió a prestar los flotadores a Jeremy que se quedó cerca suyo todo el tiempo, conversando sin cesar en esa particular manera que él tenía. Lo distrajo un rato de sus problemas. Después de un rato, alrededor de la pileta se juntó un grupo de público también, liderados por Jenny que hacía comentarios con doble sentido cada vez que lo tenía cerca, pero los niños no se percataban de eso. Ellos solo se divertían jugando en el agua, trepando a sus brazos o tirándose de sus hombros o desde el borde de la pileta y hasta él dejó de prestarles atención también y se enfocó en los niños. Principalmente en Jeremy que en un momento nadó con algo de esfuerzo hacia donde él estaba, se estabilizó sosteniéndose de su hombro y luego puso sus manitos en su cuello y dijo: "Te quiero mucho, Ross." Y dio un beso en la mejilla.

Lo dejó medio aturdido y con un nudo en la garganta. Él lo sostuvo entre sus brazos, abrazándolo ligeramente por un instante, sin saber que decir. Cuando el niño se separaba le dijo también "Yo también te quiero, amiguito… ¿Quieres tirarte de mis hombros?"

"¡Siii! De tu cabeza."

Jeremy había inventado un nuevo truco. Como era más pequeño, de sus hombros podía trepar a su cabeza sin aplastarlo, siempre tomado de sus manos. Allí se trepó y cuando estaba a punto de saltar se escuchó un "¡Jeremy!"

El pequeño cayó con un gran splash al agua y en el instante que le tomó salir a la superficie Ross vio a Demelza acercarse con paso firme hacia el borde de la pileta.

"Jeremy, ¿Qué haces? Te puedes golpear."

"¿Viste lo que hice, mamá? ¿Lo viste? Puedo hacerlo yo solo."

"Te dije que no lo hicieras, es peligroso."

"¡Pero es divertido!"

"Vamos, sal de la pileta."

"Mamá…"

"Ahora."

"Vamos, Jer. Hazle caso a mamá." – le dijo él acercándose al niño y ayudándolo a flotar hasta la orilla. Valentine se acercó a ellos también.

"Pero quiero quedarme con ustedes…" – seguía protestando el niño cuando llegaron junto a Demelza. – "Por favor, mamá. ¿Puedo?" – insistió una vez más.

"No lo volveré a repetir."

Y Jeremy era un buen niño. Con la mirada caída, Ross lo sentó en el borde y le ayudó a quitarse los flotadores de los brazos.

"Otro día nos volveremos a meter, ¿si?"

"¿Lo prometes?"

"Lo prometo. Ahora ve con tu mamá que no te ha visto en todo el día."

Jeremy volvió a abrazarlo antes de irse, esta vez, bajo la atenta mirada de Demelza, y saludó con tristeza a Valentine que le había pedido a Demelza si se podía quedar un rato más.

"Ya es hora de ir a tomar la leche." – le respondió al niño con una punzada de culpa por llevarse a Jeremy e interrumpir lo que probablemente era su último día juntos. Lo ayudó a Jeremy a secarse, su hijo aún cabizbajo, lo que la hacía sentir peor. "Me asusté cuando vi como te tirabas, habíamos dicho que no harías eso." – Le susurró a su pequeño.

"Pero Valentine lo hace, no es peligroso porque Ross nos cuida." – le respondió el pequeño. – "Me gusta Ross. El es divertido."

"¿Y yo no soy divertida?"

Su Jeremy movió la cabecita de un lado al otro. Grandioso, era lo único que le faltaba. Sentirse una mala madre. Y todo bajo la mirada de Ross, a quien veía de reojo que estaba al borde de la piscina mirando en su dirección.

"Sí, lo soy. Vamos, vayamos a hacer algo divertido en la cabaña." – Le dio un fuerte beso en la mejilla y quiso levantarlo en brazos, pero Jeremy se retorció hasta que no le quedó otra que volverlo a bajar al piso y tomar su mano.

"¿Demelza?" – Escuchó que la llamaba. – "¿Tienes un momento?" – cuando se dio vuelta de nuevo hacia la pileta Ross salió de ella en un solo y ágil movimiento. Empapado de pies a cabeza, no pudo evitar que sus ojos recorrieran su dorado cuerpo que parecía brillar por el reflejo del sol en las gotas de agua. Se le hizo agua la boca, y otras partes se humedecieron también. Era tan condenadamente guapo, y su mirada seria, el ceño fruncido no hacía más que hacerlo ver más atractivo todavía. Y pensar que tan solo la noche anterior había acariciado ese cuerpo, esos hombros perfectamente rectos. Era una debilidad.

Cuando estuvo frente a ella volvió su mirada a sus ojos. También se percató de la gente su alrededor que los observaba.

"¿Podemos hablar? Bajé de nuevo a la playa pero seguías ocupada y yo… quiero terminar la conversación de esta mañana…" – dijo, y vio a Demelza sonreír dulcemente. Casi que se sintió aliviado por un segundo, hasta que ella dijo que no, que quería pasar tiempo con Jeremy.

Aun seguía molesta aunque su expresión decía lo contrario. Estaba actuando, disimulando para todos los demás. Y sin dejarle más tiempo para decir nada dio media vuelta y se fue, con Jeremy junto a ella que lo saludó con su manito para despedirse. Era un muy buen niño de verdad, Valentine hubiera hecho un escándalo.

"Quiero salir, papá. Así voy a jugar con Jeremy."

"No, Val. Quedémonos un rato más en el agua, así Jeremy pasa un tiempo solo con su mamá que hoy no lo vio en todo el día. A propósito, ¿cuándo fue la última vez que hablaste con tu mamá?"

Hacia días que no sabía nada de Elizabeth. Había esperado su llamada el día que las fotos con Demelza se hicieron públicas, pero no había tenido noticias. Luego se había olvidado.

"Le envió fotos todos los días y ella me manda mensajes."

"¿Pero no hablas con ella?"

Valentine sacudió la cabeza.


Era tarde ya. Jeremy se había dormido con la cabeza en su regazo mientras miraban una película. Si que era aburrida. La cabeza se le partía. Con sus dedos, acariciaba su cabecita sobre sus cabellos. Era tan pequeño y ella lo amaba tanto que dolía. Cuando lo vio sobre la cabeza de Ross el corazón se le quiso salir por la garganta del susto. Pero su pequeño no estaba asustado, se estaba divirtiendo, tal y como se lo había dicho. En esos días en la isla, había descubierto que su niño tenía un espíritu aventurero tal como su padre. Podía imaginárselos, a su esposo alto y delgado, de la mano con su pequeño en algún bosque, o tal vez solo en el jardín de su casa, explorando. Riendo. Era tan injusto. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas por segunda vez en menos de veinticuatro horas pensando en Hugh. Tomó su teléfono para distraerse. Tenía varias notificaciones de su agenda que se iba llenando de eventos para el mes siguiente. También tenía mensajes de sus hermanos que querían organizar una celebración por el cumpleaños de su padre y querían coordinar la fecha para que ella estuviera también. Tal vez era una buena idea que Jeremy pasara más tiempo con su abuelo, después de todo era la figura paterna más directa que tenía. Buscaría unos días para ir a Cornwall, quizás en Navidad o quizás podrían salir hacia allí mañana mismo si la filmación se suspendía.

Tal vez Caroline tenía razón. Tal vez tenía que buscar una pareja, salir con alguien. Rehacer su vida y encontrar para Jeremy un padre. Eso no era lo que su amiga decía, por supuesto, pero era lo que su niño necesitaba. En el teléfono aún en su mano, vio las llamadas perdidas de Ross. Había también un mensaje que no había leído. No él, por supuesto – pensó Demelza. Él le había dejado bien en claro que no quería ningún tipo de relación. La noche anterior había sido solo eso… sexo. Y, además, él tenía razón cuando decían que pertenecían a mundos distintos. Definitivamente, él no era el indicado. Judas, Demelza. Ten un poco de orgullo, se dijo. El hombre la había insultado esa mañana, y ya la había lastimado antes. ¿Porqué rayos sigues pensando en él de esa forma? Porque todo lo demás era difícil de ignorar, se respondió ella misma. Estos días en la Isla, o aquellas semanas que pasaron encerrados en su viejo departamento o en el de él. Cuando estaban juntos, se sentía como si todo estuviera en su lugar, como si ese vacío constante no estuviera allí. Pero claro, todo estaba en su cabeza. Así no era como él se sentía, eso se lo había dejado claro. Una y otra vez.

Demelza abrió el mensaje. Se sorprendió por lo largo que era. Decía: "Sé que no quieres hablar conmigo y estás en todo tu derecho luego de lo que dije esta mañana. Tal vez no te has dado cuenta aún, o tal vez si y por eso no quieres saber nada conmigo. Soy un estúpido. Me dejo llevar por mis primeros impulsos y nunca me detengo a pensar antes de hablar. Eso me ha traído muchos problemas en mi vida. Me ha hecho perder trabajos, incluso un matrimonio. Me ha hecho perder amistades porque lastimo a la gente sin querer. Te he lastimado a ti, y no por primera vez. No sé porqué, pero siempre tiendo a pensar lo peor de la gente. Sé que no es escusa, pero cuando me enteré que tu habías tenido la idea de que me ofrecieran el puesto de director y después de lo de anoche, y como te habías ido esta mañana sin decir nada pensé que las dos cosas estaban relacionadas. Como dije, a veces mi temperamento y mi orgullo nublan mi juicio. Por supuesto sé que no eres así. Eres, supongo que ya los sabes. Todo el mundo lo dice, y tienen razón. Increíble. Y lo de anoche, eso fue increíble también. Al menos para mí. Quería hablar contigo para preguntarte, para disculparme si hice algo que no te gustó y por eso te fuiste. Para disculparme por todo lo que dije esta mañana, lo siento de verdad. Para hablar contigo sobre la propuesta, explicarte porqué no puedo hacerlo. En fin, solo para hablar. Pero entiendo si no quieres hacerlo. Yo solo lo siento."

Las lágrimas habían caído entonces. Las limpió rápido con una mano. Judas. Si que era extraño ese hombre. Como una montaña rusa. Quería acogotarlo y a su vez protegerlo, abrazarlo y no soltarlo nunca. Era demasiado, mucho y poco a la vez.

Mordiéndose un labio, respondió el mensaje con lo que había pensado que le diría cuando le preguntara porque se fue, con la verdad.

"Dirigir o no, es tu decisión. No quise ponerte en un compromiso, solo pensé que sería una buena idea. Para ti y para la película. Respecto a lo otro, a lo de anoche, fue la primera vez que estuve con alguien desde que falleció mi esposo. Fue algo abrumador para mi. No porque hayas hecho algo mal, quédate tranquilo. Simplemente no quería despertarte en medio de la noche por algo en lo que tú no tienes nada que ver. Eso fue todo."

Eso fue todo.

Demelza esperó un momento luego de enviar el mensaje pero no recibió respuesta. Estaba cargando a Jeremy en brazos para llevarlo a su habitación cuando alguien golpeó a la puerta. Era Ross, por supuesto.

"Deja que acueste a Jeremy en su cama." – lo interrumpió cuando él abrió la boca. Y lo dejó con la puerta abierta y se fue rumbo a la habitación del niño.

Ross aguardó un momento nervioso, las palmas de las manos le sudaban. Asomó la cabeza para ver si Rosina estaba allí, pero no vio a nadie así que entró, pero dejó la puerta abierta.

Había escrito el mensaje hacía horas pero al no obtener respuesta pensó que ella lo había leído y lo había ignorado directamente. Debía dejar de hacer asunciones, siempre se equivocaba. Y al leer su respuesta, pues automáticamente se había levantado del sillón y salido rumbo a su cabaña.

Escuchó a su espalda el ruido de la puerta cerrarse. Se giró, Demelza lo observaba.

"Hablemos afuera." – susurró. Y Ross la siguió a la terraza adónde habían conversado aquella noche tomando mojitos. Esta vez no se sentaron, ella se fue a parar en la parte más lejana y más cercana al mar, apoyándose en la baranda y mirando a la distancia.

"Soy un canalla." – comenzó, Demelza lo miraba de reojo. – "Perdóname, Demelza. No pensé… Ni se me cruzó por la cabeza que te podrías haber sentido mal por eso. Debí haber sido más considerado. No sé, pensé que en estos tres años…"

"No. No he estado con nadie en estos tres años. Al contrario de lo que la gente pueda pensar de los actores de Hollywood. No somos todos iguales." – dijo ella con más calma de la que sentía.

Ross se acercó, apoyó una mano en la baranda también y miró primero hacia la lejanía, tratando de encontrar la línea que dividía en mar de las estrellas. – "Tú no eres así. Lo sé. Ya lo sabía. No quise decir lo que dije esta mañana, no es así como pienso de ti."

"Lo piensas de todo el resto de la gente que trabaja en este ambiente."

"Pero no de ti. Estaba enfadado."

"Es raro que la gente se enoje cuando le ofrecen un trabajo."

"Tú misma dijiste que soy raro." – dijo esbozando una pequeña sonrisa. Demelza tuvo que desviar la mirada para evitar devolverla. – "Y acerca de eso, nunca te lo pedí."

"Lo sé. Simplemente pensé que sería una oportunidad para ti. Ellos buscan un director y tú estás aquí. Pero olvídalo. Ya encontrarán a alguien o cancelarán la filmación. Es solo una película, no es el fin del mundo."

"¿Porqué yo?" – Demelza lo miró sin comprender. – "Podrías haber sugerido a cualquier otro. De seguro hay una fila de directores que quieren trabajar contigo."

"¿Por qué dormiré con ellos?"

"Porque eres una gran actriz. Y yo no soy nadie, Demelza."

"Eso no es cierto. Tú eres el único que cree que no eres nadie, pero no es así. Eres un actor con mucho talento y yo sé que eres un buen director. Sé que no has dirigido nada como esto antes, pero todos tienen su primera vez, todos deben comenzar por algún lado. Creo en ti, en que puedes hacerlo. Pero no quieres, es tú decisión y está bien. Solo no pongas escusas que no son verdad. No me lo pediste, lo sé. Y no me debes nada, aceptes o no, no espero nada a cambio. Simplemente creí que sería una oportunidad para ti."

"Así como creíste que sería una oportunidad para mi actuar en la película."

Sus ojos se clavaron en los suyos. Ross volvió a sonreír, pues ella no entendía como él sabía eso.

"Alguien me dijo que fuiste tú quien me eligió para el papel."

"¿Quién?"

"Ya llegaremos a eso. A lo que voy es que sé con seguridad que yo no te caía bien hace unas semanas atrás, y aún así tú quisiste que estuviera en la película y yo sé porqué."

"¿Sí? ¿Y por-porqué?" – tartamudeo ella.

"Porqué eres una excelente persona y una gran profesional. Y, a pesar de que estuvimos distanciados todo este tiempo, siempre has sido una buena amiga." – dijo, acercándose un poco más hacia ella y apoyando su mano sobre la suya.

Demelza dirigió una mirada fugaz a sus manos, pero no se movió. Tragó saliva antes de hablar.

"Sólo quería lo mejor para la película."

Él asintió. – "A pesar de que eso implicaba trabajar con alguien que te había lastimado en el pasado."

"Puedo ser profesional." – afirmó. Pero también dio vuelta su mano bajo la suya para rozar sus dedos. Era apenas un contacto, pero ese calor en esa pequeña parte de su cuerpo parecía serenarla. Y a él también.

"Cuéntame de tu esposo." – susurró él luego de un momento de haber estado mirando sus manos sobre la baranda de la terraza. La luna apenas si comenzaba a salir sobre el horizonte y no había ni una nube en el cielo. Tampoco había viento, ni siquiera una brisa, pero no estaba tan caluroso como en otra noches.

"El punto es que no quería contarte, por eso me fui sin decir nada." – susurró ella también.

"Me gustaría saber... ¿Te recordé a él?"

Y entonces ella rio por primera vez desde que él había llegado, aunque fue más un bufido que una risa.

"No exactamente. Ross… olvídalo, no lo entenderías."

"Podría hacerlo si me lo explicaras." – insistió, apretando un poco sus dedos entrelazados. – "¿Lo extrañas? Digo, ¿estar con él de la forma en que estuviste conmigo anoche?"

"Judas." - ¿Cómo siquiera comenzar a explicarle? – "… Lo extraño, sí. Todos los días. Pero, es difícil, extraño la idea de él. La idea que teníamos de estar juntos. Pero no tanto lo que fue nuestra realidad. Anoche… Dios, anoche me sentí como no me sentía hacía tiempo. Años, probablemente. Y no sólo tres. Hugh, pues, él no era así. Él era dulce, cariñoso y yo lo amaba, sí. Pero siempre pensé que nos faltaba algo. Y anoche, no lo sé, creo que me sentí con culpa. Culpa por desear algo que ya no puede ser…"

"No tienes que sentirte culpable por lo que hicimos…"

"Lo sé. Los dos somos adultos, y los dos estuvimos de acuerdo. Pero no era justo para ti que yo te despertara para contarte esto…"

"¿Qué dices, Demelza? Me gustaría que lo hubieras hecho. Se supone que los amigos son para eso. No me molesta que me hables de tu esposo…"

"No creo que pueda reciprocar ese sentimiento." – dijo ella, porque la idea de Ross hablándole de Elizabeth le erizaba la piel.

Pero Ross hizo un gesto, volteó los ojos al cielo y balbuceo un "Sí, bueno" que ella no supo como interpretar.

"Sólo bromeaba… ¿Ocurre algo?"

"No. Bueno, no lo sé exactamente. Puede que no tenga importancia, olvida que dije algo."

"No, dime."

"Es solo que hace días que Valentine no habla con su madre. Y estuve intentando llamarla y no puedo dar con ella. Pero probablemente no sea nada. De seguro está en medio de la nada y no tiene señal. Descuida, volvamos a lo que hablábamos."

"Oh…"

"Volvamos a la parte en la que dijiste que soy el mejor sexo que has tenido en años." – Bromeó, para borrar al fantasma de Elizabeth de la conversación.

"¡Judas! No creo haber dicho eso." – dijo ella riendo. Además de tomarse de la mano, ahora él tenía su otra mano sobre su brazo, que lentamente subió hasta que sus dedos acariciaron su mejilla. Ella cerró los ojos un momento, apreciando el ligero roce de su piel en la suya. Cuando los abrió estaban tan cerca que sus frentes casi se tocaban.

"¿Puedes perdonarme? ¿Otra vez?"

"Mmmm… creo que aun no te he dicho que te perdoné lo de la primera vez."

"Es verdad." – murmuró, antes de acercar sus labios para rozar los de ella.

Demelza no se movió. Solo dejó que él presionara sus labios en los suyos una y otra vez. Aunque los dedos de sus pies se enrollaron y su corazón quería salir por su garganta.

"Ross…"

"¿Mmmhh?"

Él se alejó unos centímetros, pero antes de decir nada Demelza lo siguió, capturando su labio inferior en los suyos.

Ross soltó su mano, sus palmas presionadas una a cada lado de sus mejillas mientras la besaba con más vigor. Abriendo su boca mientras ella movía la suya también. Eso no era… ¡no! Eso no era lo que tenía planeado.

"Esto no es una buena idea." – jadeo cuando se separaron para tomar aire. – "Somos amigos."

"Sí. Lo somos." – afirmó él cerrando los ojos para hundirse en el hueco entre su cuello y su cabello.


A diferencia de ella, Ross sí se quedó a pasar la noche. Demelza despertó de madrugada sintiendo la presión de algo duro entre sus nalgas y la mano de Ross sobre su abdomen trazando líneas de cosquillas mientras besaba la parte de atrás de su cuello. Con un simple movimiento de sus caderas le indicó que estaba despierta, y él se acomodó para penetrarla desde atrás.

"¿Estás bien?" – susurró en su oído.

"Sí. Más que bien." – suspiró ella a su vez.

"Más que bien. Increíblemente sexy." – estuvo de acuerdo él.

"Ross…" – Demelza cubrió su otra mano que estaba haciendo rodar su pezón entre dos dedos.

"¿Te molesta que hable así?"

"No. Y lo sabes. Sabes tantas cosas de mí, pero quizás te hayas olvidado."

"No. No me olvido lo mojada que te pones cuando te digo cosas al oído."

Una ola de rubor la cubrió desde sus pechos hasta su rostro.

"Sí, así." – Ross empujó más fuerte. Y ella podía sentir todo, hasta los vellos que rodeaban su miembro rozando la piel de su trasero. Judas, descubrió una nueva zona erógena, aunque todo su cuerpo parecía un zona erógena cuando él la tocaba. Y como si pudiera leer su mente, Ross movió su mano de su abdomen a su trasero para apretarlo y acariciarlo. Moviendo sus dedos hacia donde estaban unidos, presionando, y volviéndolos húmedos a su trasero otra vez. Judas. La combinación de su miembro estirándola y la caricia de sus dedos casi al borde de lo que podía soportar.

"¿Todavía bien?"

"Judas." – gimió. Su otra mano bajó también entre sus piernas y la hizo venirse tan fuerte que tuvo que apretar sus labios contra la almohada para evitar gritar.

Temblando, su cuerpo aún se sacudía por el orgasmo mientras Ross se movía rápido detrás de ella. Una de sus manos sujetando con fuerza la suya hasta que exclamó algo inentendible en su oído, hundido profundamente en ella, y luego cayó lánguido sobre las almohadas.

Otra vez, como la noche anterior, sintió sus labios recorrer su rostro dando pequeños besos en toda su cara. Él permaneció con los ojos cerrados, disfrutando con una sonrisa sus atenciones. Hasta que con un último beso en su nariz la sintió acomodar su mejilla sobre su hombro. Ross se acomodó también, rodeando su espalda con un brazo para acercar su cuerpo más al suyo, dando un beso sobre sus cabellos.

Ella suspiró.

"Lástima que nos tengamos que ir."

"¿Ir adónde?" – preguntó, su cerebro aún sin mucha sangre.

"Nos tendremos que ir hasta que encuentren un nuevo director." – la escuchó decir.

Ross abrió los ojos, la luz estaba apagada pero entraba la claridad del amanecer por las puertas ventana que daban al mar.

"¿Acaso me estás chantajeando?"

Demelza se acomodó hasta que su cabeza estuvo alineada con la suya.

"En lo más mínimo. Acordamos que esto sería por una última vez. Solo digo lo que es."

"Mhmmm… de repente no me dan ganas de irme de esta isla."

"Lástima."

"Sí yo fuera, y no digo que lo vaya a ser, si fuera a aceptar la propuesta del Estudio. ¿Me ayudarías? Yo no sé nada de proyectos como este." – dijo luego de pensarlo por un buen rato.

"¡Por supuesto que sí! No tienes ni que preguntarlo."

"Mmm… y nosotros no…?"

"Dijimos que probablemente no era una buena idea."

"Tienes razón."

Se habían puesto de acuerdo. Ella sabía que él no quería una relación seria y, a pesar de todo, no estaba segura de si ella la quería tampoco. Y ninguno quería arruinar su amistad, y ese día había corrido un alto riesgo de arruinarse. Y dicho entre besos y caricias, se habían puesto de acuerdo en una vez más. La última. Y el otro había dicho que sí, que solo otra vez. Aunque abrazados y desnudos al amanecer, ninguno sonaba muy convencido.

Un rato después, cuando él casi dormía, Demelza levantó de golpe su cabeza sobre la suya.

"Ross… ¿Quién te dijo que fui yo quien te eligió para el papel?"