Capítulo 22
Estaba nerviosa, no debía estarlo, pero lo estaba. ¿Se había arreglado demasiado? No era que fueran a salir ni nada, pero como los otros dos días la había visto vestida de entrecasa pues, había decidido poner algo de esfuerzo. Era una tontería. Ross la había visto bien arreglada decenas de veces en cada evento que iban para promocionar su serie. Y un pantalón negro apenas si podía considerarse elegante. Pero él había sonado algo formal también en su mensaje. La última vez que lo había visto había sido la mañana del día previo luego de pasar en su departamento dos noches y un día entero. La despedida incluyó un abrazo incómodo seguido por un beso tan profundo que lo hizo maldecir y decir que tenía ganas de quedarse de nuevo. Ella lo habría aceptado con gusto. Pero Ross Poldark era un hombre ocupado, y se tuvo que ir al fin y al cabo.
Era difícil de creer que todo lo que había sucedido entre ellos había sido real. Demelza intentó mantenerse ocupada y tratar de no pensar demasiado en lo que había ocurrido. Después de todo todavía había cosas que acomodar en el departamento, salió a hacer las compras, habló con su hermano Drake que estaba a punto de terminar el colegio, también con Caroline Penvenen con quien había trabajado en 'Detrás de la Colina'. Le caía bien y hablaron un largo rato acerca de que harían ahora que la serie había terminado. Estaba algo ansiosa por eso la verdad. Aunque ya debería haberse acostumbrado a la incertidumbre de su profesión y no es que le hubiera faltado trabajo en el último tiempo, pero se había acostumbrado a la seguridad que le brindaba ser la protagonista de una serie medianamente exitosa. ¿Qué haría ahora? Caroline tenía la idea de irse a probar suerte a América pero no estaba segura de querer seguir actuando. En cambio para ella, actuar siempre había sido su pasión y no se veía haciendo otra cosa. En definitiva, lo había hecho muy bien el primer día. Casi que no había pensado en Ross. No que cada vez que mirara el sillón o su cama no se acordara lo que habían echo en ellos, pero eso era normal, pensó.
Era tarde ya cuando llegó el mensaje. Tan solo un "¿Estás despierta?". Demelza estaba acurrucada en su sillón mirando el final de una película. La llamó. Le preguntó qué había hecho durante el día y le contó que él había ido a ver a un amigo a una obra de teatro independiente y luego había ido por unos tragos. Ella le preguntó que cuánto había bebido y él le respondió que nunca bebía lo suficiente como para embriagarse. Ella le recordó de esa vez que fueron a la fiesta de las Portadas de RadioTimes y él dio una entrevista en la que se lo veía algo mareado. "¡Tenía sueño!" – se defendió él. – "Y no había comido nada antes." – agregó. Ambos rieron. Ella le preguntó de qué se trataba la obra y luego hablaron de las obras de teatro que habían hecho y las que habían visto. – "¿Quién sabe? Tal vez podríamos hacer alguna juntos algún día." – había dicho él. A ella la idea de trabajar con él de nuevo le encantaba. Hablaron durante más de una hora. Su teléfono celular se sentía caliente contra su mejilla, pero no quería ponerlo en altavoz. Quería escuchar su vos, su respiración, su risa cerca de su oído. Y él debía estar haciendo lo mismo porque cuando ella bostezo le dijo: "Tienes sueño. Deberías ir a dormir." Ella protestó que no, pero otro bostezo más ruidoso la volvió a delatar unos minutos después. - "Ya ve a descansar. Pero antes, en realidad te llamaba para invitarte a cenar mañana en mi casa. Yo cocinare."
Eso había dicho. Esa mañana le había enviado un mensaje recordándole de la cita, como si ella se fuera a olvidar. Le dijo que tendría todo listo para las ocho. – "¿Llevo algo?" – le había preguntado ella. – "El postre."
No estaba segura si lo decía literalmente o estaba siendo irónico, pero por las dudas había pasado la tarde en la cocina preparando una roulade de chocolate y crema, que ahora cargaba con cuidado en el Uber que la llevaba a su casa. Notaba que la mujer que conducía la miraba de reojo por el espejo retrovisor, mientras ella trataba de ignorarla. – "Me encanta tu serie." – Le había dicho a mitad de camino. – "¿Cuándo se estrena la nueva temporada?" "Ese Ross Poldark es tan guapo." – "Gracias" y "En algunos meses." – había respondido ella. No había comentado sobre lo tercero, aunque estuviera de acuerdo.
Cuando llegaron a destino la mujer agregó: "Suerte en tu cita."
Aún le costaba acostumbrarse eso de que la gente la reconociera en la calle. No pasaba tan seguido, pero siempre que ocurría había algún comentario sobre Ross. Debería ser más difícil para él, supuso, con todas sus fans persiguiéndolo. Siempre había alguna esperándolo a la salida del set, o se juntaban a ver la filmación cuando grababan en exteriores. Iba a tener mucho éxito. Ya lo tenía, pero seguramente haría películas que lo harían famoso a nivel internacional. Y aquí iba ella, con el pelo recogido, aros y las pestañas negras, con una blusa escotada, un pastel en las manos y una remera y ropa interior de repuesto en la cartera.
Cuando Ross abrió la puerta de su departamento ya tenía las mejillas coloradas.
"Postre." – fue lo primero que dijo, levantándolo frente a ella. – "Lo hice yo misma. Es una roulade con bizcocho de chocolate y crema con frutillas."
Él la miró con una pícara sonrisa bailando en sus labios, tomó la bandeja de sus manos, la llevó a la cocina, la apoyó en la mesada y volvió junto a ella que había quedado junto a la puerta inspeccionando la sala.
"Te ves muy elegante." – le dijo cerrando la puerta tras ella.
"Gracias." – fue lo único que llegó a susurrar antes de que él se parase frente a ella y acercara su rostro al suyo lo suficientemente para que fuera ella quien juntara sus labios.
"¿Estás nerviosa? Estás roja como una manzana." – le preguntó cuando se separaron.
"Noup. Solo que una de tus fans me trajo hasta aquí. La mujer que manejaba el Uber." – aclaró.
"¿Le dijiste que venías a mi casa?"
"No, no. Me preguntó sobre la nueva temporada y dijo 'Ross Poldark es tan guapo'" – agregó, imitando su voz. – "Todas las fanáticas con las que me cruzo lo hacen. 'Envía saludos a Ross', '¿Cómo es trabajar con él?', '¿Qué tal besa?', 'Es tan atractivo'"
"¿Y? ¿Qué tal beso?"
"¡Judas!" – no pudo evitar echarse a reír.
"A mi también me preguntan por ti." – dijo él, acercándose de nuevo y rodeando sus brazos alrededor de su cintura como si fuera algo completamente natural y dio otro rápido beso en sus labios y luego en su nariz. Ella pasó sus manos por sus brazos con una ligera caricia.
"Eso no es cierto… creo que deberías poner la roulade en la heladera. ¿Qué estás preparando?" – al fin el aroma proveniente de la cocina le había llegado y olía delicioso.
Ross la tomó de la mano y la guio hasta la cocina que era tan moderna como el resto del departamento. Si bien estaba en una zona de casas tradicionales, el edificio de tres plantas donde Ross vivía había sido completamente remodelado por dentro. Él vivía en el tercer piso. La sala era amplia con pisos de madera y techos altos, la cocina estaba hacia la derecha en el mismo ambiente separada de la sala por un lado de la mesada que tenía forma de U.
"Toma asiento." – le indicó señalando unas banquetas que había junto a la mesada.
"Oh, te puedo ayudar en algo si quieres."
"Nada de eso. Eres mi invitada y no debes hacer nada, tengo todo bajo control." – dijo mientras guardaba el postre en la heladera y luego buscaba un par de copas y una botella de vino.
"Ahora me haces sentir mal por hacerte armar mi mueble cuando fuiste mi invitado."
"No te preocupes, tengo un ropero en el que puedes trabajar más tarde."
Ross sirvió las dos copas de vino y conversaron mientras él terminaba de preparar la cena. Se veía muy competente en ello. Estaba preparando salmón al horno con miel y limón acompañado con espárragos y papines. Se veía riquísimo.
Ross estaba vestido de manera casual, con una remera gris algo grande, jeans oscuros y zapatillas, pero Demelza no se arrepentía de haberse arreglado de más. Más allá del cumplido, había notado las miradas disimuladas que había dirigido en dirección a su escote. Supuso que era justo, ya que ella tuvo más de una oportunidad de contemplarlo mientras él estaba ocupado en la cocina. Siguieron hablando de teatro, continuando la conversación que habían mantenido por teléfono. Ross le contó que tenía una oferta para hacer una obra, pero no estaba muy seguro de aceptar.
"No lo sé. También hay una película y se superponen las fechas."
"Wow." – Demelza sonrió. – "Cuantas ofertas, debes elegir bien que hacer a continuación. Lo mejor es hacer algo completamente distinto a Edward."
"Sí. También me gustaría dirigir en algún momento… esto ya está, vayamos a la mesa."
Demelza se distrajo por un momento. La mesa que Ross le señaló y que ella había pasado por alto por completo estaba junto a la ventana al otro lado de la sala. Era pequeña, por eso no la había visto, y estaba bonitamente arreglada. Con un mantel blanco e individuales y servilletas negras, cubiertos de plata, copas de cristal y un par de velas en dos altos candelabros que Ross encendió luego de asistirla con su silla. Se veía muy… romántico.
"¿Qué ocurre?" – le preguntó cuando ella no pudo evitar sonreír tontamente.
"Nada. Solo que esto se ve muy… lindo. Y el plato se ve delicioso, se me hace agua la boca."
Él la miró torcido por un momento. – "A mi también. Y tú eres muy linda también, no deberías esperar menos."
"Judas. De seguro le dices eso a todas las chicas que invitas a cenar… mmm, Ross. Esto está verdaderamente exquisito."
Su parte favorita era cuando lo hacía reír y él inclinaba su cabeza hacia atrás con una carcajada. Como parecía retumbar a su alrededor y como la piel cercana a sus ojos se llenaba de pequeñas arruguitas. Le gustaba el largo de su cuello, y como su manzana de adán se movía. Él le gustaba mucho, sí, pero lo que más le gustaba era lo cómoda que ella se sentía y lo cómodo que parecía sentirse él. Hablaron de lo que esperaban para su futuro. Ross le contó que le gustaría volver a dirigir, aunque no estaba seguro de cómo conseguir que lo contrataran para ello. – "Tendrás la oportunidad, estoy segura." – Le había dicho ella. Que habló también de sus inseguridades por lo que vendría. Contó que su sueño siempre había sido actuar y que trabajar en 'Detrás de la Colina' fue un sueño hecho realidad. Lo que los llevó a hablar sobre sus pasados, de sus familias.
Tiempo atrás, se habían sorprendido cuando se enteraron de que ambos eran de Cornwall y, aunque se llevaban algunos años, tenían muchos recuerdos en común de sus infancias. Lugares que habían visitado, gente conocida… era muy sencillo hablar con él. Sentados a la mesa, o cuando ella insistió en lavar la vajilla. Comieron la roulade de pie en la cocina. Esta vez fue el turno de Ross de halagar su comida. Comió dos porciones sin dejar de hacer sonidos apreciativos en el fondo de su garganta. Fue ella quien no pudo mantener sus manos quietas y se acercó a él cuando aún sostenía el pequeño plato en su mano, su boca sabía a chocolate. Ella rio cuando, después de besarla, volvió su concentración al postre. Terminó de comer mientras ella daba pequeños besos en esa parte de su cuello que tanto había apreciado antes. Eso era nuevo y excitante, tener las agallas para besarlo cuando ella quería, donde ella quisiera. A él no parecía molestarle en lo más mínimo. Cuando terminó con el postre, dejó el platito a un lado y tomó su cintura con sus dos manos, ubicándola frente a él, sus ojos volviendo a contemplar su escote, esta vez sin disimulo.
"¿Te dije como te ves esta noche?"
"Dijiste que me veía elegante."
"Quise decir sexy. Te ves muy, muy sexy." – Demelza sintió sus manos deslizándose hacia su trasero, el frente de su cuerpo apoyado en el suyo. Allí estaba, otra vez entre sus brazos. Lo había extrañado, había extrañado ese cosquilleo que recorría su cuerpo cada vez que él la tocaba.
Se separaron cuando ella emitió un gemido sorprendido, Ross había apretado las mejillas de su trasero.
"¿Te gusta esto? Debes decirme si algo no te gusta, si es demasiado."
"Me gusta." – dijo ella sin aliento. Y no estaba ni cerca de ser demasiado.
"¿Sí? Dime que otra cosa te gusta."
Le enseñó más que decirle. Volvió a recorrer su cuello con su lengua y sus labios, Ross devolvió el gesto. Él volvió a apretar su trasero, ella llevó sus manos al suyo e hizo lo mismo. Se besaron con dulzura por momentos, otros con locura. Demelza podía sentir la presión de su miembro entre sus cuerpos y la tensión acumulándose en su abdomen también. Se separaron sin aliento, debía tomarse un momento para arreglarse.
Cuando salió del baño de la sala las luces estaban apagadas, solo había una luz tenue al final de un pasillo y hacia allí se dirigió. Ross había encendido unas velas en su habitación también que iluminaban lo suficiente y creaban un ambiente como de ensoñación.
Ross se levantó del borde de la cama cuando ella se detuvo en la puerta. Sin decir palabra, estuvieron de acuerdo en ocuparse de su propia ropa de la manera mas conveniente posible. Demelza no quitó los ojos de los suyos mientras pateaba sus tacones y desabrochaba sus pantalones y los deslizaba por sus piernas hasta el suelo. Él hizo lo mismo y se sacó la remera en un veloz movimiento.
Ella quitó su blusa por sobre su cabeza. No sentía timidez. Se sentía sexy, como él había dicho, y como nunca se había sentido antes. Dio un paso hacia atrás, bajando su ropa interior por sus caderas y dejándola en algún lugar en la penumbra. Con un gruñido juguetón, alcanzó su cintura mientras apartaba sus calzoncillos.
Escuchó su risita y un dulce "Ven aquí" en su boca mientras levantaba sus pies del suelo. El deslizamiento de su duro pecho sobre las suaves curvas del de ella lo detuvo y lo hizo dar un paso a un lado, presionándola contra la pared, tirando de sus piernas alrededor de su cintura. Con un gemido ahogado estuvo allí, deslizándose dentro de ella con un solo y largo empujón. Ross exhalando un suave sonido de alivio y susurrando: "Mierda, Demelza, te sientes tan bien."
¿Cómo puede haber sido solo cuestión de horas desde la última vez que estuvieron así? Parecía una eternidad. Demelza quería tomar cada sentimiento que sacaba de ella y traducirlos en tacto: amistad, confianza, deseo. Quería verterlos en su cuerpo.
Después de unas pocas embestidas, noto que era diferente, tan bueno que sentía una paradójica ola de desesperación y euforia. Atrapada entre su cuerpo y la pared, sentía que su mundo se expandía y se contraía con cada respiración. Ross parecía terciopelo moviéndose dentro de suyo. Y ella parecía salvaje; agarrando su espalda con sus manos, rogando sin sentido porque se deslizaba con una piel tan suave sobre un calor tan increíblemente sólido. Ya le estaba dando todo, pero ella se sentía codiciosa y quería más. Se sentían duros y blandos, rígidos y húmedos.
Judas, estaba tan mojada ya. Todo se sentía resbaladizo y urgente.
En un instante Ross se quedó quieto, su respiración entrecortada y aguda. - "Espera. Mierda."
En ese instante, lo supo.
Allí, los dos. Él dentro de ella, sin barreras. Lo sintió, no sólo era su cuerpo el conectado, también su corazón. Estaba perdidamente enamorada de él. Probablemente lo había estado durante meses.
"Espera" - dijo él de nuevo, más suave esta vez, y en esa sola sílaba Demelza escuchó un significado diferente. Ese espera no significaba detenerse. Era una súplica para que lo dejara quedarse allí solo un momento más. Nunca se había sentido así, tampoco.
Ross se mantuvo quieto, pero solo bajo lo que parecía ser la disciplina más estricta. Sus brazos temblaban. Cada respiración profunda lo movía muy levemente hacia adentro y muy levemente hacia afuera nuevamente. Con él dentro de ella, tan caliente y duro, sentía cada pequeño detalle. Estaba tan profundo, presionando firmemente contra su punto mas sensible. Sabia que si cerraba los ojos y se concentraba en la presión de su cuerpo justo ahí y lo apretaba, podría correrse.
Esa era la locura hablando, el delirio de la sensación de estar tan llena, pero con él hinchado de esa manera, un cuerpo tan hambriento que era casi excesivo dentro de ella, Demelza no tenía su disciplina. Enterró sus manos en su cabello y se balanceo contra él, apretando y soltándolo lentamente. Pasó su lengua sobre su manzana de Adán, saboreando la sal y la dulzura de su piel. Le encantaba cómo sabia. Después de su voz profunda y sus besos, la calidez de su piel en sus labios era lo que más había extrañado.
Ross gimió por el roce de sus dientes a lo largo del costado de su cuello, y ella estaba al borde de una explosión tan grande que se sentía aliviada de que la estuviera sosteniendo; de lo contrario, sus piernas se doblarían.
Tan cerca. Lo sintió hincharse, y su propio alivio escaló en ella llenando cada espacio vacío.
Su voz fue una ronca advertencia; un hombre que apenas resiste. - "Demelza…"
"Estoy cerca." – suplicó con la voz temblorosa. - "Estoy tan cerca."
Él gimió, presionando su frente contra su cuello y deteniendo sus caderas. - "Vas a hacer que me venga también si sigues haciendo eso."
Ella giró su rostro, descansando sus labios en su sien. - "Hazlo. Te dije que me cuido, hazlo, Ross."
"Lo sé. Pero esto va muy rápido. Tenemos la costumbre de no llegar a la cama, y quería que esta noche fuera larga."
Todavía estaban junto a la puerta. Ross apartó su rostro, mirándola por un largo momento antes de llevarla junto a la cama. La dejó en el suelo y juntos retiraron las sábanas y se acostaron uno al lado del otro sobre las sábanas limpias y frescas. Otra vez, ella lo acercó con manos codiciosas y necesitadas. Era cálido, suave y duro por todas partes.
Justo cuando lo rodeó con sus brazos y balbuceo con un alivio feliz y hambriento en su cuello, él se acercó y encendió una lámpara. Su piel bañada por una luz tenue, los músculos se veían sombreados en ángulos perfectos. El cuerpo de Rozs Poldark era el como la mejor escultura tallada de todo Londres o de cualquier lugar.
"No te he podido sacar de mi cabeza… te extrañé. " - admitió, sus dedos curvándose con devastadora familiaridad alrededor de su pecho. Se inclinó, besándolo.
Inmediatamente, Demelza sintió que su cerebro se enfriaba, mientras otra parte de su cuerpo latía a toda velocidad. – "Y yo a ti."
Ross sonrió satisfecho, deslizando la palma de su mano sobre su cintura, a lo largo de la curva de su cadera. "Solo quería ir un poco más despacio. Disfrutar que estás aquí, pero es un poco difícil…"
Vio su expresión cambiar mientras seguía el camino de sus manos con sus ojos. Cuando llegó detrás de su rodilla, levantó su pierna sobre su cadera. Su boca se aflojó, los labios se abrieron cuando se estiró entre ellos, guiándose hacia ella.
Y luego ya no pudo mantener los ojos abiertos. Cada vez que estuvieron juntos pensó , esto, esto es lo máximo que puedo sentir. Este es el clímax del anhelo. Pero olvidaba cómo se sentia el sexo así, había pasado tanto tiempo desde que no sentía una conexión tan fuerte. ¿A quién engañaba? Nunca la había sentido, no de esa forma.
Se detuvo tan adentro de ella como pudo empujar, su mano extendida posesivamente en su espalda baja. - "Haz eso que estabas haciendo."
Con su boca en la suya, distraída y abierta, húmeda y hambrienta, Demelza se balanceo contra él, apretando con un ritmo que comenzó provocador pero que se volvió febril, hasta que estuvo jadeando su nombre, rogando por su ayuda, preparándose para un orgasmo tan intenso que no podía siquiera emitir sonido, atrapada en un grito silencioso. Ross observaba su rubor subiendo por su pecho, cuello, inundando sus mejillas, y comenzó a moverse en movimientos largos, extrayendo el placer y prolongándolo hasta que el grito brotó de su garganta, ronco y desesperado.
Lo sofocó con su boca, tragándolo hasta que se detuvo jadeando y sin aliento a su lado. Rodando completamente sobre ella, Ross apartó su cabello de su frente sudorosa, besándola. Sus ojos eran oscuros, brillantes y salvajes, y con sus grandes manos agarrando sus caderas, la arrastró con él mientras se ponía de rodillas, acomodándose sobre sus talones, y colocó sus piernas sobre sus muslos. Suavemente, se estiró por encima de su cabeza y regresó con una almohada para colocar debajo de su espalda baja.
"Recuerda decirme si algo no te gusta."
Ella movió la cabeza hacia arriba y hacia abajo, todavía confusa, con los labios y los dedos de los pies hormigueando. Cuando se agachó, agarrándose a sí mismo, ella envolvió su mano alrededor de su antebrazo, queriendo sentir el fascinante y tenso agrupamiento de músculos allí.
De esa manera, miró hacia abajo absorto mientras la provocaba con la punta apretada e hinchada antes de deslizarse hacia adentro y luego hacia afuera nuevamente. "Mírate. Tan increíblemente sexy." - Se mordió el labio, las fosas nasales dilatadas por el hambre. – "Estás mojada hasta los muslos."
Y sus palabras dichas con esa voz grave y algo ronca no hacían si no mojarla cada vez más. Ross inclinó su rostro hacia el techo, ahogando una exhalación abrumada, y bajó su atención para mirarse a sí mismo hacerlo de nuevo. "¿Quieres que baje allí a limpiarte con mi lengua?" – preguntó volviendo sus ojos a su cara con una sonrisa maliciosa.
"¡Judas!"
"¿Ves lo mojada que te estás poniendo? Mira, preciosa."
Pero no podía. Demelza apretó sus ojos cerrados. Todo en su pecho estaba apretado y se sentía salvaje otra vez; ¿Cómo la convertía tan rápidamente en algo primitivo e indómito? Había una bestia aullando atrapada allí con su corazón, lanzando puñetazos, gritando por todo su cuerpo. Cógeme, pensaba la bestia. Tu lengua, tu polla, tu mano. No le importaba. Empuja todo dentro de mí, rogaba. Cualquier cosa.
En cambio, Ross apenas se deslizaba dentro de ella y volvía a salir. Como si el movimiento fuera tímido, como si fuera otra vez su primera noche. Pero esta vez también había emoción. Cruda y frágil, pero real. Lo sentía.
Y esta vez iba a durar más. La iba a destruir con burlas. Refrenándose a sí mismo. Acercándose cada vez más a su propio punto de ruptura.
Acababa de venirse, debería estar saciada, todavía agotada por el alivio, pero en cambio se siente vacía, hinchada y anhelante de nuevo. Trató de mirar su rostro, de concentrarse en el placer que sentía al contenerse, pero en lugar de eso, estaba desesperada por sentir su duro impulso dentro de ella hasta ahogarse en el placer. Cada vez que la provocaba con el empuje de la cabeza de su miembro justo dentro, se deslizaba hacia afuera, exhalando un gruñido áspero. Cada pasada, le daba solo pulgadas, pero ella necesitaba millas.
"Ross… me estás volviendo loca." – logró decir.
"Lo sé."- Ross deslizó su pulgar sobre su clítoris y luego lo siguió con la punta dura de su polla, dando vueltas. - "Eres como seda mojada. Es todo lo que puedo hacer para no enterrarme en ti por completo."
"Por favor."
"En un segundo," - dijo con voz áspera, - "pero ahora mismo no puedo dejar de ver esto. No dejo de pensar" — susurró, tragando saliva— "Una vez más. Solo una vez más y no podré soportarlo más, pero luego quiero volver a verlo. La forma en que se ve cuando empujo."
Sus palabras se interrumpieron y miró hacia debajo de nuevo. Y ella estaba hipnotizada por su cara. La expresión de Ross mientras lo hacía una y otra vez, empujando apenas dentro de ella y luego afuera, deslizando la punta hacia arriba y alrededor de su clítoris y luego hacia abajo, apenas hacia adentro, hacia afuera, era hipnótica. La curva suave y carnosa de su boca, el enfoque severo de su frente. Era casi demasiado. Debería cerrar los ojos para mantenerse conectada a la tierra en ese momento, en la cama y en la tierra, pero no podía obligarse a apartar la mirada.
Sabía por qué no podía dejar de hacer eso una y otra vez. Por lo menos, se estaba convirtiendo en una experta en Ross Poldark como amante. Le gustaba hacerlo así; sabía cómo hacer que su cuerpo esperase y luego explotara. Pero mientras lo veía experimentar en pulgadas enfocadas y cuidadosas, se dio cuenta de que también había otra razón detrás de eso, algo más tierno y sincero: dijo que quería que esa noche fuera larga. Él también quería pasar mas tiempo con ella. Y así, ella estaba encerrada en el ciclo con él: solo una vez más quería ver ese salvaje alivio del empuje hacia adelante, la hermosa devastación cuando se retiraba, la fuerte anticipación al regresar.
"Estoy tan cerca." – susurró con fuerza al fin, hablando consigo mismo. Aspiró una bocanada de aire entre dientes, acariciando su mano a lo largo de su longitud y luego cerró los ojos con fuerza. "Demelza, no creo que pueda aguantar mucho más."
Esa grieta visible en su resolución la desgarró y ahora la bestia codiciosa estaba de vuelta, más fuerte, golpeando sus puños en sus costillas. Le dijo una y otra vez que estaba cerca, que estaba justo ahí. Demelza dejó escapar una sola súplica profana, rogándole que se enterrara en ella, pero él se burlaba de ellos una y otra y otra vez hasta que la volvió silenciosamente loca, hasta que sintió el deslizar de una lágrima por su sien rodar hasta su cabello.
Pero sabía que si se detenía, ahí era donde vendría la verdadera locura.
Estaba tan cerca.
Ross soltó un sonido abrupto y sorprendido, y ella volvió sus ojos a su rostro. El sudor brillaba como polvo de estrellas en su frente, sus labios, su cuello. "Oh, Dios" - respiró, y su voz se rompió en un jadeo. - "No puedo…"
Aún así, apenas estaba dentro de ella, solo unas pocas pulgadas, y ella lo necesitaba todo. Luego se alejó, inclinándose para provocar su clítoris de nuevo.
"Ross… Judas…" – gimió ella.
Ross gruñó extasiado, con la mandíbula apretada y los ojos centelleantes.
"Oh, mierda."- Su voz sonó más tensa entonces, mientras presionaba hacia abajo y hacia adelante, respirando superficial y entrecortadamente, follándola con pequeños movimientos oscilantes. Cerró los ojos mientras se adentraba un poco más en ella. - "Oh. Ay, dios mío."
Por favor, pedía ella en silencio. Por favor, vente en mí.
Pero también: Por favor, no termines nunca.
Un gemido agudo y familiar le dijo que estaba a punto de correrse, pero él se alejó, jadeando un "No", acariciando la locura entre sus piernas, tocándola con su polla increíblemente dura, y ella estaba en la cúspide. Sintió su orgasmo escalar inevitablemente, saliendo como la luna.
No pudo evitar el sollozo que la desgarró y que era una marea de emoción que crecía y se derramaba por todas partes. Había caído del otro lado, ya sea que se hundiera en ella completamente o no, el orgasmo la había capturado, solo por los roces burlones, la anticipación, su cuerpo había llegado al punto de ruptura. Le dio la bienvenida a su fuerte apretón, lo quería, lo quería tanto, y cuando Ross se movió hacia adelante, dándole lo suficiente para ponerse en marcha, su propia moderación llegó a su límite. Empujó profundamente, dejando escapar un agudo grito de rendición mientras ella caía. Con él empujando con todo lo que tenía, el placer la golpeó como un tren, dejando todo negro en el borde de su visión.
Lo echó de menos en el momento en que cayó tras de ella, pero escuchó la fuerza de su pesado jadeo unos inconscientes segundos después. Colapsando a un lado, Ross la acercó hacia su pecho, besando sus mejillas mojadas, su cuello. "Demelza." - Se quedó quieto, acariciando su mejilla de nuevo. - "¿Estás llorando?"
"Demasiado increíble." – se las arregló para decir. "No puedo hablar." - Sus brazos se sentían como concreto cuando trató de levantarlos alrededor de sus hombros. Se rindió. - "No puedo."
Él se rio sin aliento. - "Dame un segundo y nos meteremos en la ducha."
"Solo trae la ducha aquí. No creo poder levantarme de esta cama nunca." – Su risa sonó tímida a su lado. - "¿Estoy diciendo esto en voz alta?"
Ross pasó la mano por su estómago, entre sus pechos. Estaba sudada, o él lo estaba. Siendo realistas, ambos lo estaban. "Crees que no te gusta que te provoquen, pero te corriste tan fuerte cuando te hice esperar."
"Judas. Eso no fue gracioso."
Se rio de nuevo y luego se pasó una mano por la cara. "Casi me desmayo."
"Creo que yo si me desmayé."
Besó su barbilla. "Sí, creo que lo hiciste… ¿Te molesta que te hable así?" – le preguntó unos segundos después.
"¿Así cómo?"
"Así tan… crudamente."
"Oh…" – no se había dado cuenta. Pero si que había dicho unas cuantas cosas indecentes en el último rato. – "No… en realidad…"
No pudo terminar. Ross se acomodó hasta que sus ojos se posaron en los de ella.
"… se siente como algo… íntimo. No me molesta cuando estamos así. Al contrario."
Ross besó sus labios una vez más, luego se levantó y desapareció. Escuchó correr el agua de la bañera, el chapoteo de su mano en el agua. Nubes de vapor se filtraron en el dormitorio, y él volvió, deslizando cuidadosamente sus brazos debajo de ella, levantándola.
"Puedo caminar." – protestó sin mucha convicción, y volvió su rostro hacia su cuello.
"Eres una invitada. Y no quiero quejas sobre este establecimiento."
Los días que siguieron fueron ajetreados. Para Ross principalmente, que de pronto se vio lleno de responsabilidades en su nuevo trabajo, además del que ya tenía. Pero todo el mundo estuvo contento con el cambio y dispuesto a ayudarlo luego que en su primera charla con el equipo les aseguró que él trabajaría tanto o más que ellos para hacer de esa película un éxito, a diferencia del anterior director que sólo iba por el dinero. Bueno, esa última parte no la dijo, pero sí que trabajaría codo a codo con el resto del equipo. Era el primero en el set por la mañana y el último en irse. E incluso cuando volvía al hotel se quedaba planeando las escenas para los días siguientes. Había hecho algunos cambios en el guion, y además quería rehacer algunas escenas luego de ver todo lo que Malcolm había filmado. Demelza lo había ayudado en esto último, lo había ayudado bastante, la verdad. A él se le había acabado el tiempo libre pues, si no estaba filmando alguna escena siempre tenía algo que hacer o que planificar o revisar, así que no tenía tiempo de ocio como antes. Cosa que lamentaba, no solo por Demelza sino por Valentine más que nada. Casi que no tenía tiempo para pasar con su hijo, pero ella le dijo que no se preocupara, que ella y Rosina cuidarían bien de él.
Otra cosa que lo preocupaba era el silencio de Elizabeth. La noticia del cambio de director y el pequeño revuelo que esto ocasionó en algunas revistas de espectáculos tampoco motivó a que su exesposa se comunicara con él, y esto lo ponía más nervioso que sus conversaciones ásperas y acusadoras. Lo peor era que a Val también le estaba comenzando a llamar la atención el silencio de su madre, pues hacía varios días que no hablaba con ella y él ya no podía justificarla diciendo que estaría ocupada o no tendría señal. Todo era muy extraño y no quería hacerlo, pero estaba comenzando a preocuparse.
Acerca de Demelza, habían mantenido su plan de no volver a involucrarse físicamente luego de esa noche. Ella había dicho que no se acostaba con sus directores y guardó su palabra, pero no por eso las cosas se habían enfriado entre ellos. Varias veces se habían quedado juntos hasta la madrugada viendo los cortes crudos de las tomas y dando su opinión de las ideas que él tenía sobre como podía filmar esta escena o la otra. Habían vuelto a ser amigos de nuevo. Amigos que habían dormido juntos, lo que siempre añade un condimento más a la relación. No que él tuviera mucha experiencia en ello, no consideraba a las mujeres con las que se acostó en esos años sus amigas. Pero era distinto con Demelza. Había ciertos comentarios, palabras dichas con otro tono, miradas fugaces y no tanto, sonrisas y pequeños gestos de cariño que antes no estaban allí. Principalmente cuando él se quejaba de lo cansado que estaba o que no sabía cómo hacer algo en particular. Había gestos que le encantaban, como sentir su mano en su hombro, o el calor de sus dedos haciendo a un lado su cabello para rozar su mejilla. O cuando simplemente decía "Puedes hacerlo" en voz baja, no como si fuera una orden o si quiera una frase de apoyo, si no como si su voz fuera la de su propia conciencia y, sí, con su aliento se creía capaz de hacer cualquier cosa.
Las horas de filmación eran largas, pero así y todo no podrían compensar el tiempo que se había perdido gracias a Malcolm. El Estudio había emitido un corto comunicado anunciando el cambio de director alegando diferencias artísticas con Malcolm para este proyecto, pero a quien seguían considerando un director de gran talento con quien querían seguir trabajando. No hubo ningún comentario alentador sobre él y eso había creado ciertas especulaciones acerca del estado del proyecto y que había ocurrido en realidad. O eso le había dicho Dwight, él estaba muy ocupado para prestar atención a esas cosas. Básicamente habían dicho que él y Malcolm no se llevaban bien y que, como los rumores acerca de él y Demelza aparentaban ser ciertos, entre ellos se habían encargado de despedir a Malcolm y Demelza había convencido al Estudio de que lo contratase o ella renunciaría. Era una distorsión poco favorable de la realidad. Pero luego, gracias a un artículo de Variety y a Caroline, que fue la fuente de dicho artículo, esos rumores no se esparcieron y Malcolm no quedó tan bien parado, aunque el destino de la película se siguió considerando incierto.
"¿No has hablado con Caroline todavía?"
Demelza levantó la barbilla desafiante y sacudió la cabeza.
"Ella habló conmigo."
"¿Acaso no la vas a perdonar nunca? Lograr que Variety publicara ese artículo fue bastante impresionante."
"Es su trabajo. Le pago por eso, ¿sabes? Y ese es exactamente el motivo por el que estoy molesta. ¡Ella es mi amiga! Mi mejor amiga, nos decimos todo. Bueno, casi todo, evidentemente." – agregó haciendo un ademán exasperado.
"¿Tú siempre le cuentas todo?"
Ross la vio dudar por un momento.
"¿Y porqué has perdonado tu a Dwight tan fácilmente?" – preguntó, evitando responder.
"Porque yo no le pago. Además, estoy contento por él. Dwight con una novia, es algo bizarro. Créeme. Ese hombre está casado con su trabajo, me alegra que se interese en otra cosa. Y Caroline… bueno, es hermosa y… muy lista." – terminó de decir bajo su atenta mirada.
"Yo también estoy contenta por ellos." – confesó. – "Es por el hecho de que me lo ocultara que estoy ofendida. No es que no se lo hubiera preguntado, no soy una persona tan egocéntrica… oh, ya deja de reírte." – dijo, dando una palmada en su hombro.
"Lo siento. En todo caso, le he pedido a mi asistente que le envíe una nota de agradecimiento junto con unas flores."
Demelza puso los ojos en blanco. Siempre lo hacía cuando hablaba de su nuevo asistente. Era extraño para él también, era la primera vez que tenía uno.
"Estoy segura de que ella apreciará el gesto. Puede que la llame más tarde, el calendario del mes que viene es una locura."
"¿Tuvo en cuenta los días que tendremos que agregar aquí?"
"¿Dos semanas más? Sí. ¿Crees que será suficiente?"
"Eso espero, no creo que el Estudio acepte más que eso. Tendrás que soportar unos días más en este horrible lugar y con un director inexperto."
Ella giró su cabeza para mirarlo.
"No ha estado tan mal."
Ross se acercó, dejó las hojas que tenía sobre la mesa de maquillaje delante de ella, apoyando una mano en ella y otra sobre el respaldo de su silla.
"Para nada mal." – concordó mirándola a través del reflejo del espejo.
Ella levantó una ceja, sus mejillas se colorearon levemente. Si los dos giraran sus rostros, sus labios se rozarían.
"¿Qué es eso? ¿Una nueva escena?"
"No nueva, pero agregué algunas líneas y cambió la locación. Si el clima ayuda, la filmaremos mañana… Creo que deberíamos ensayarla más tarde. Iré a ver que todo esté listo para comenzar."
Ross miró sobre su hombro al salir del trailer de Demelza. Ella había tomado las hojas y comenzaba a leerlas. La escena que quería filmar en la piscina del hotel consistía en que ellos, bueno, sus personajes, mantendrían un intercambio mordaz en la pileta y luego acabarían nadando en ella juntos, con algunos besos incluidos. Era una escena sexy pero dulce, habían estado de acuerdo en que faltaban más escenas de ese tipo.
Ese día, Rosina llevó a los niños y los cinco almorzaron juntos, y con el resto del equipo, en la carpa de catering. Valentine sentía mucha curiosidad por el nuevo trabajo de su padre, y con Jeremy se turnaban para hacerle toda clase de preguntas sobre que era lo que hacía un director.
"Pues, no mucho si es como el director anterior." – se había entrometido un técnico. – "Pero tú papá no es como él, es mucho mejor."
Todos se alegraban del cambio y trabajaban igual o más duro que antes. Sabían que no todos volverían en esas dos semanas en enero, sólo el elenco principal y una pequeña unidad a completar algunas escenas que faltaban. El descanso de Navidad le daría la oportunidad de revisar las cintas y ver lo que faltaba. Necesitaba mucho más tiempo, por supuesto, pero él Estudio no quería invertir más dinero y él estaba presionado a concluir todo lo antes posible.
Como el día siguiente comenzarían a filmar a la madrugada, ese día había terminado más temprano que lo habitual. Valentine aún jugaba en la cabaña, así que él aprovechó para revisar como habían quedado las últimas tomas que habían filmado. Eran cortes crudos, con mucho que editar y sin la mezcla de sonido, pero aún así podía ver su potencial. Las imágenes parecían iluminarse cada vez que Demelza estaba frente a cámara, Jenny era hilarante y el villano no parecía un cliché. Y él, él no se veía mal tampoco. Era lo más entusiasmado que había estado por un proyecto en años, y todo era gracias a Demelza. En ella pensaba cuando recibió su mensaje. Decía:
"Los niños están jugando aquí todavía. ¿Quieres que practiquemos la escena de mañana?"
Él respondió rápidamente con un: "Sí, ven." Y sintió sus músculos tensarse. El fluir de su sangre dirigirse a una zona en particular de su cuerpo. Se estaba refrescando en el baño cuando escuchó sonar su celular de nuevo, está vez era una llamada.
Era Elizabeth. Al fin.
"Elizabeth, ¿adónde rayos has…"
"Soy George Warleggan." – dijo una voz al otro lado de la línea. Ross quedó desconcertado por un momento. ¿Porqué demonios lo llamaba el novio de su ex esposa?
"… ¿Adonde está Elizabeth? ¿Porqué no ha llamado a Valentine?"
"Elizabeth ha estado enferma. Está internada…"
"¿Qué? ¿Qué le sucedió? ¿Está bien?" – preguntó, de repente alarmado. George continuó como si no lo hubiera escuchado.
"Contrajo una especie de virus. Los doctores creen que la picó un insecto con algún tipo de veneno…"
"Rayos, ¿Cómo está ella? ¿Hace cuanto que está internada?"
"Ella está bien… ahora. Está mejor."
"Ponla al teléfono." – ordenó.
"Estuvo… con mucha temperatura y la fiebre afectó su organismo, pero despertó está mañana…"
"Pásame con ella, George." – dijo entre dientes.
"Está durmiendo ahora. Pero me pidió que te avisara, que le digas a Valentine…"
"¿En todo este tiempo no se te ocurrió decirme? Es la madre de mi hijo."
"Y está siendo excelentemente cuidada. Me encargué de eso."
"Eres un maldito."
"¿Y te preguntas porque no llamé antes? Escucha, Ross. Ella estará bien…"
"Pero no estuvo bien antes…"
"Hablará con Valentine apenas tenga las fuerzas para hacerlo sin preocuparlo. No creo que quieras que él se preocupe."
"¿Cuándo van a volver a Inglaterra? ¿Está bien para viajar?"
"No por algunas semanas…"
"Pero Navidad es tan solo en unos días."
"Es demasiado pronto. El niño tendrá que quedarse contigo. Después de todo, eso era lo que querías."
"Eres un bastardo. Quiero saber lo que está pasando con mi esposa."
"Ella ya no es tu esposa, Ross. Yo estoy cuidando de ella, quédate tranquilo. Tú preocúpate por la pequeña comedia romántica que tienes que dirigir. Ya me tengo que ir, Elizabeth hablará con Valentine cuando pueda hacerlo." – dijo y cortó.
Ross no podía creerlo. ¿Qué rayos le había sucedido a Elizabeth? ¿Cuán enferma estaba? ¿Había estado inconsciente? ¿Durante cuantos días? En medio de todo esto alguien llamó a su puerta. Ross se había olvidado de quien estaba por ir a su habitación y para qué.
Demelza lo vio en sus ojos al instante. La sonrisa insinuante con la que lo esperaba del otro lado de la puerta desapareció apenas lo vio.
"Ross, ¿Qué ocurre?"
